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Elogio del vómito matutino

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
Un gran enemigo del periodismo del sigo veinte, el vienés Karl Kraus, decía que “al arte no le importa la opinión: se la regala al periodismo para que la valore por su cuenta. Cuando éste le da la razón, el arte está en peligro.” Para Kraus, como para tantos otros pensadores y artistas del siglo pasado y comienzos del presente, el periodismo y los periódicos (y ahora las redes sociales) eran el vómito matutino, el anuncio diario de la inhabitabilidad del mundo, el registro de sus miserias y el pormenor de su banalidad. “No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista”, afirmaba Kraus, antes de rematar con su legendaria descripción del oficio: “Los periodistas escriben porque no tienen nada que decir, y tienen algo que decir porque escriben.”
A pesar del riguroso desprecio, de la vitriólica dureza definitoria del escritor austríaco —y también de su contradicción activa: Kraus antes que otra cosa fue periodista y logró la perfección en el género desempeñándose por años como único director, articulista, reportero, diseñador, formador y distribuidor de su legendaria publicación Die Fackel—, es más que un lugar común en el periodismo de cualquier lugar del planeta escribir sin tener nada que decir y convertir en algo trascendente —opinión o noticia— ese vacío, gracias a la cultura alfabetizada que aún conserva actitudes reverenciales, acríticas, ante todo aquello que se plasma en letras de molde.
Pero como siempre, la verdad está en los matices, las excepciones confirman las reglas y la multiplicidad de nuestra época permite que el veneno se contrarreste con el mismo veneno. Es decir, si el periodismo ha sido el reino de lo frívolo intrascendente, de la irresponsabilidad operativa, del engaño social, también ha sido el horizonte primordial donde se ha construido el mundo contemporáneo, las nuevas sensibilidades e intercambios de lo humano y las posibilidades para el porvenir. La historia de las ideas, a pesar de su disfraz como acontecimiento, no sería la misma en la modernidad sin esos instrumentos cotidianos y adictivos, los periódicos, cuyo trasiego nos permite ser parte del delirante espectáculo que protagonizamos al vivir.
Por otra parte, la historia de la literatura como tal tampoco podría explicarse sin la existencia de los periódicos. La dilatadísima nómina de escritores cuyo oficio primario ha incluido el periodismo bastaría para demostrar que el género es una necesidad insustituible para el espíritu profundo de la modernidad, que ha sido el laboratorio de pruebas de esa red que llamamos civilización y que en él concurren todas las líneas que fabrican el tiempo: el presente del pasado, el presente del presente y el presente del futuro.
Alguna vez, configurando los términos positivos de la cultura de la época, Susan Sontag reivindicó una estética, la de la resistencia, que por años ha transcurrido entre publicaciones periodísticas y perentorias, algunas de ellas heroicas y otras hasta clandestinas, al modo de un gigantesco cuerpo de signos donde el espíritu crítico manifiesta su irreductibilidad. “Tal o cual estrategia de seriedad o de transgresión puede volverse obsoleta —escribió Sontag—. Pero no así la legitimidad y la necesidad de seguir formulando una estética de la resistencia, resistencia a las barbaridades de nuestra cultura, a los apocalípticos juegos de planificación de nuestros líderes, y al conformismo de nuestras imaginaciones y nuestras vidas.”
Simplificando, podría postularse que el buen periodismo (ni viejo ni nuevo, sino simplemente bueno) es un mero pretexto para hacer literatura con lo inmediato y convertir a las palabras en los memorables caracteres desde los cuales la conciencia observa, fija y describe aquello que lo compone mediante la escritura, y escribir, ya se sabe, es un acto cargado de misterio porque es inacabado e indefinido.
El escritor Etiemble aseguraba que “la escritura no ha hecho, pues, otra cosa que exasperar la tendencia de los hombres a considerar no sólo sagrada sino también creadora a la palabra, tendencia de la que se burla Kabir en el Cabaret del amor: ‘Si repitiendo (la sílaba) Râm —escribió el viejo poeta persa—, el mundo está salvado, entonces diciendo azúcar, la boca se azucara’.”
Aunque la escritura es menos antigua que el lenguaje articulado, su milenaria edad la hace una sustancia con lógica y voluntad propias, que escapa como un resbaloso pez de quienes tienden la red para atraparla. Una canción triste dedicada a Ts’ang Kie, el épico inventor chino de la escritura, asegura que éste lloraba por las noches después de haber conseguido su hallazgo, y que tenía motivos para ello porque quienes practican la escritura no alcanzan nunca lo deseado y aprenden en cambio, trabajosamente, que los dioses no conceden más que la alusión o la mención y nunca, o casi nunca, la expresión.
Muchas leyes, tradiciones y preceptivas han desaparecido entre nosotros, pero no aquellas que rigen y determinan la creación mediante el lenguaje. La razón de esa permanencia transhistórica proviene del origen mismo de las palabras, cuya esencia está en la germinación del universo. “En el principio fue el Verbo”, establece el libro fundacional de nuestra era judeocristiana, en el cual la divinidad crea el mundo nombrándolo, designándolo a través de las palabras. Los Upanishadas, textos sagrados de la tradición hindú, garantizan que quien medite en el sonido de una sílaba llegará a saberlo todo, porque en esa sílaba está todo. El primer contacto de un ser humano con el mundo es la voz de la madre que se escucha desde el vientre, y el último contacto con el mundo es a través del oído, percepción terminal del agonizante.
Más todavía: la metáfora, operación básica de las palabras, consiste en romper las asociaciones de uso común de los elementos habituales del lenguaje para instalarlos en otro contexto, donde gracias a la súbita diferencia que les confiere el desplazamiento cobran nueva vivacidad y componen otro significado. Al ser llevadas más allá de sus sentidos, las palabras acercan el universo que está más allá de los sentidos: muestran lo otro de lo mismo. El ejemplo es clásico: palabras como “tierra”, “habitar”, “poesía”, “hombre”, poseen un significado estable, petrificado por el uso; pero si alguien como Hölderlin escribe: “Poéticamente habita el hombre sobre la tierra”, esas mismas palabras se liberan del pétreo significado común y se funden en una serpiente que avanza, tensa y sutil, para revelar el otro mundo que hay en ellas.
De ahí que pueda informarse que los sexos se juntan, las razas se mezclan, los patos se vampirizan en petróleo catastrófico, las plañideras lloran la sangre derramada, los gemelos se abrazan, las cruces son un punto de fuga, los pezones negros amamantan carne blanca, los genitales se repiten únicos e iguales, los condones de colores flotan, los transterrados sufren, la muerte multiplica sus imágenes, el plasma sanguíneo se trasvasa, las llamas destruyen con su flama encadenada. Son las noticias de hoy, la realidad que danza, los contrarios que se disuelven. O sea: periodismo puro, y en él la época documentada.
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Lilia Carrillo e Irma Palacios

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
A Andrés Albo Márquez
- Dos libros de Juan García Ponce
A finales de la década de los años sesenta, el novelista, crítico literario y crítico de arte publicó La aparición de lo invisible -titulo de la exposición que se encuentra en el Museo de Arte Moderno- y Nueve pintores mexicanos (Fernando García Ponce, Lilia Carrillo, Alberto Gironella, Gabriel Ramírez, Vicente Rojo, Manuel Felguérez, Francisco Corzas, Arnaldo Coen y Roger Von Gunten). Con estos libros Juan García Ponce se convirtió en el crítico de la generación de la Ruptura. De esos nueve, sobreviven los maestros Arnaldo Coen y Roger von Gunten; hace muy poco falleció el maestro Gabriel Ramírez.
Hoy, a inicios de 2026, en el Palacio de Bellas Artes, podemos disfrutar una estupenda exposición de Lilia Carrillo.
- Lilia Carrillo
Sobre ella, García Ponce escribió: “Su obra no es el resultado de la inspiración: es la inspiración misma. Pero por eso es suya y no es de nadie, no le pertenece más que a la pintura. Su milagro es el abrumador prodigio del puro aparecer (…). Yo no puedo ver sus cuadros. Me ciegan. y me humillan; pero como me humillan, desde la extrema humildad, borrándose uno también, poco a poco, se hace la luz. Nos encontramos en el perdido campo de lo inmediato. Los cuadros de Lilia Carrillo, entonces, están y no están, nunca estuvieron y estarán siempre. Son el resultado de una visión interior que se ha hecho definitiva, abrumadora, enceguecedoramnte exterior”.
En la entrevista que Héctor Ramírez le hizo para su programa de radio de la UAM a Daniel Garza Usabiaga, director del Museo del Palacio de Bellas Artes y curador de la exposición de Lilia Carrillo “Todo es sugerente”, Daniel comentó, en primer termino, la dificultad de englobar en la etiqueta “Ruptura” a artistas tan distintos como Kazuya Sakai, Ángela Gurría y Manuel Felguérez, hasta llegar a la gestualidad informalista de Lilia, que se ocupó también del teatro y de la escenografía.
La exposición recorre sus inicios figurativos, en los que, afirma Garza, se encuentran ya los “fondos atmosféricos” que darían paso con el tiempo a los colleges y a ciertas influencias del surrealismo. Ella exponía en la galería Antonio Souza, donde confluyeron Gerszo, Paalen, Rahon, Bona y Pedro Coronel, entre otros, los artistas de vanguardia del momento.
El recorrido narrativo de la exposición avanza hasta llegar al Mural que se expuso en Osaka y que se encuentra resguardado por el Museo Felguérez de Zacatecas, pieza en la que confluyen objetos, pintura, dibujo, collage y costuras.
“Todo es sugerente”, de Lilia Carrillo, es una exposición imperdible que podemos disfrutar en el Museo del Palacio de Bellas Artes.
- Juan García Ponce y una nueva generación de pintores.
Después de haberse erigido como uno de los críticos más sólidos de la generación de la Ruptura -habría por cierto, que revalorar también la obra de Fernando García Ponce-, el crítico fijó su atención en una nueva generación de pintores, entre los que destacan los hermanos Castro Leñero, Gabriel Macotela, Miguel Ángel Alamilla e Irma Palacios, quien en los últimos días de 2025 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes, la máxima distinción que otorga el Estado mexicano.
En el libro Imágenes y visiones, cuyos ensayos me dictó el maestro García Ponce (Ed. Vuelta, 1988), podemos ver textos sobre Irma Palacios, Gabriel Macotela, José, Alberto, Miguel y Francisco Castro Leñero. Sobre Irma Palacios, señala: “La expresividad, la fuerza directa e inmediata de las obras de Irma Palacios capturan al espectador apenas se encuentra frente a ellas, tanto en el caso de las telas como en los dibujos. Entrar a su exposición es hallarse inevitablemente envuelto en el ámbito de la pintura. No se trata de un conocimiento sino de un reconocimiento. Irma Palacios no se ocupa de ofrecernos nada nuevo, en el sentido de que sus obras sean sorpresivas o diferentes; al contrario, nos coloca frente al puro y antiguo goce de la materialidad de la pintura”.
Por su parte, el crítico Luis Ignacio Sáinz señala: “El quehacer pictórico de Irma Palacios, en una época tan cercano al informalismo español y al discurso de algunos miembros del grupo ‘El paso’ (Manuel Millares, Antoni Tapies, Josep Guinovart) manifiesta su debilidad por lo minerales; recuérdese sus exposiciones ‘Espejismo mineral’ (Museo de Arte Moderno, 1993) y ‘Tierra abierta’ (Aguascalientes, Guadalajara, Zacatecas y Mérida, 2000)”.
¡Felicidades a Irma Palacios!
Un último apunte: en 1982, con motivo de los 60 años de Juan García Ponce, se celebró una mesa redonda en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM que fue toda una celebración. Estuvimos en la mesa Alberto Castro Leñero, Joaquín Armando Chacón, Manuel Felguérez, Juan José Gurrola, Hernán Lara Zavala, Juan Vicente Melo, Guillermo Samperio, Esther Seligson, Roberto Vallarino y el autor de estas líneas. Sólo quedamos Alberto Castro Leñero -de quien vimos hace unos meses unos murales en el Colegio de San Ildefonso- y yo. El tiempo pasa, inexorable. Pero como diría García Ponce, las obras, literarias o pictóricas, permanecen y viven otra vida, diferente a la de sus creadores.
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Las cosas

Ta Megala
Para Carmen Castellote
Denken ist Danken. “Pensar es agradecer”. El mantra pietista del siglo XVIII, tomado por Heidegger como divisa intelectual, gana sentido y densidad mientras el tiempo avanza. Todo acto de gratitud contiene un asombro luminoso ante el campo semántico inagotable que llamamos realidad. Hoy muy pocos agradecen porque muy pocos piensan más allá de los cálculos egoístas del interés personal. Agradecer es un acto impersonal que cifra lo sagrado. Y pensar es un acto de asombro ante lo insondable. Un mirar de nuevo lo que sin verse ya se vio.
La vejez es aprender a ir dejando de ser. Soltar el ego, hipótesis inútil, disolver el yo. No todos lo logran, ni siquiera se lo plantean. Mientras más viejo más libre, mientras más libre más radical, dice una fórmula. Radical es volver a la raíz. Pequeñas verdades que se aprenden con el tiempo, cuando cada vez queda menos tiempo: los otros son otros, los otros son distintos. Camino de obviedades cuya revelación es un esclarecimiento. Los otros son iguales a uno: sufren, tienen miedo, se acongojan.
Una frase griega sirve de lema a Harold Bloom para sintetizar toda su teoría literaria: “agonística como estética”. El postulado central es la angustia de las influencias como un elemento determinante de la escritura. Debe agonizarse (agón significa esfuerzo máximo) en el empeño de conseguir una voz propia, obtener aquella transformación casi mortal que supone el alcance de la originalidad, de una expresividad nutrida en lo que se ha recibido, con lo que se ha vivido, desde lo que se ha leído.
“Lo vi vivir y lo miré morir. Viví con él y fallecí al mismo tiempo. Amé a aquella su dama multiplicada por los ojos amorosos de su amante y la contemplé tan bella como él la miraba. Hablé con el labrador a quien así convertí en escudero. Monté mi cabalgadura y regresé a mi modesto castillo. Luego volví a salir para correr aventuras indispensables. Supe de razones porque al decirlas yo mismo las escuchaba. Y oí la lección de su loca sabiduría, admiré en su honor el mío y me conduje por la vida guiado de su mano. Me enseñó que hay dos sus maneras de hermosura, la del alma y la del cuerpo, la primera posible en cuerpo feo y repetí para aprenderlo que todo estaba en el entendimiento, la honestidad, el proceder bueno, la liberalidad justa y la crianza correcta. Fui valiente y humilde y fiero. Luego bajé al infierno y después subí al cielo. Ahora soy uno con él, mi propio señor y mi dueño. Mi sueño diurno. Mi imposible sueño”. Oración laica por el Quijote.
Cuatro normas deben seguirse a partir de cierto momento. Son votos, reglas, propósitos budistas. Su sola enunciación es el umbral de su cumplimiento, o cuando menos de la aceptación de su pendiente, un recordatorio del hacer. El hombre de conocimiento le dijo al aprendiz: eres como eres porque te dices a ti mismo que así eres. Quedó implícita la continuación pedagógica: serías distinto si tu decirte a ti mismo cambiara. Las palabras son el comienzo de la acción. Una pre-voluntad. 1) No esperar nada. Vendrá lo que tenga que venir. Este realismo fenomenológico abarca dejar la expectativa sentimental sobre los demás y su conducta, así como la desilusionante ilusión sobre lo real. 2) Adaptarse a las circunstancias. Lo existente es maestro de lo efímero. Lo real, un fluido ininterrumpido en constante movimiento. Por eso advierte el poeta: mira la luna, puede ser última. La sabiduría es un acto de ligereza, de levedad. Soltar el lastre, el peso muerto de la armadura de carácter, la rigidez del lenguaje inerte, de las metáforas muertas, de la repetibilidad. 3) Aceptar la injusticia. Cede y permanecerás intacto, enseña el Tao. Es un paso lateral, de autodominio y superioridad. Hay límites, pero siempre son de un orden mayor. 4) Seguir el dharma. La práctica, aquel tesón del clavo enmohecido que aún viejo y ruin vuelve a ser clavo, según Almafuerte. La perseverancia, el diario hacer. Estos cuatro votos se adecuan a cinco circunstancias que uno debe aceptar: mi naturaleza es envejecer; mi naturaleza es enfermar; mi naturaleza es morir; la naturaleza de todo y de todos es la impermanencia, la no duración; vine al mundo con las manos vacías y así me iré, sólo soy dueño de mis acciones, son el suelo que piso, el sendero que transito, el camino donde voy. La magia de esta sapiencia descansa en la diaria repetición.
Estar en la tradición, volver a donde alguna vez estuvimos, vivir en ella y desde ella. Una sociedad es “tradicional”, dice el barón Julius Evola en sus orientaciones existenciales para estos días turbulentos, terminales, para esta nuestra época en disolución, cuando está regida por principios que trascienden aquello que es tan solo humano e individual, cuando cada dominio propio es formado y ordenado desde lo alto y hacia lo alto. Son muy pocos quienes hoy se amparan en esa identidad o constancia esenciales. Sucede, en cambio, lo contrario. “El desierto crece. ¡Ay de aquel que esconde el desierto en sí mismo!”. La advertencia de Nietzsche es una profecía autocumplida. El nihilismo significa la tierra yerma de cada cual.
Quienes resisten, los que están de pie entre las ruinas, hablan de otras cosas. De una ecología sagrada, por ejemplo. Siguiendo la idea de la ecología profunda del filósofo noruego Arne Naess, pensadores euroasiáticos como Duguina entienden la necesidad de construir una filosofía ecológica más allá del contexto capitalista y la ecología superficial del liberalismo que ve la naturaleza como un “recurso” y se asigna como tarea primordial extraer el máximo beneficio de sus bienes finitos. Conservarla (“ecología sustentable”, le llaman) sólo es necesario para que produzca más “recursos”. El antropocentrismo y el enfoque capitalista destruyen el mundo como un todo integral. “La ecología sólida nos llama a ir más allá del antropocentrismo moderno hacia el desarrollo de una sabiduría de la coexistencia mutua de la humanidad y el cosmos”, escribe Alain de Benoist. Este reconocimiento de una “trascendencia inmanente” asume a la naturaleza como un socio ahora y un origen siempre y no como un adversario o menos como un objeto. Lo han sabido siempre los pueblos primigenios.
El inferus privador de la modernidad es un mundo al revés. Antes del Renacimiento, la autoría de la obra no era prioritaria. Una de las primeras firmas conocidas en Occidente está en Chartres. Es aquella pieza labrada que tímidamente dice: “Esta piedra la hizo Juan”. Hasta la hipertrofia del yo sucedida desde la Ilustración, en el arte importaba el proceso y no la personalización del resultado. La escritura, un arte alquímico, se cumplía en su mero hacer. El aprendiz no existía por sí mismo sino en tanto se entregaba a esa sustancia siempre transpersonal, así se crea propia. No es el yo quien escribe —el que alcanza la expresión y va más allá de la alusión, aquello que ilumina zonas del ser antes desconocidas— sino la escritura a través no de quien se cree artífice siendo solamente mediador. No es la persona (término cuyo significado inicial era “máscara”) quien actúa sino lo sagrado en ella (“una inteligencia impersonal, vasta, misteriosa”, “esa huella de lo absoluto”, según define Frithjof Schuon). Así, la lengua habla a través de y no gracias a. ¿Por qué entonces la ansiedad, la compulsión por el reconocimiento? ¿La búsqueda mafiosa de los premios? ¿Y la frustración al no tenerlos? Dos tipos de escritores, de artistas hay: quienes saben que la propia tarea creativa, un don ajeno que viene de otro lugar, es la retribución en sí misma, el alcance y el mérito obtenidos; o bien quienes instrumentan su realización. Para los primeros la capacidad creativa es orgánica, para los segundos es un artificio, una mera mecanicidad.
Según decía Ludwig Wittgenstein, en el cuento “Los tres staretzi” de León Tolstoi se ilustran los problemas filosóficos en toda su profundidad. El obispo de Árcangel, navegando hacia el monasterio de Solovski, supo de tres ermitaños que vivían aislados en una pequeña isla. Decidió hacerles una visita pastoral y encontró a tres renunciantes ya viejos que lo esperaban tomados de la mano. Preguntó por sus prácticas piadosas y sus oraciones. Nuestra oración es esta, le dijeron: “Tú eres tres, nosotros somos tres. Concédenos tu gracia”. El arzobispo pasó toda la tarde con ellos enseñándoles el padrenuestro. Al caer la noche se despidió y volvió en la barca que lo había llevado al islote. Pensaba en la dicha de los humildes ermitaños al aprender la plegaria correcta cuando en la oscuridad advirtió que los tres corrían sobre el mar hacia él tomados de la mano. Habían olvidado ya el padrenuestro y le pedían que se los enseñara otra vez. El arzobispo se persignó y dijo, inclinándose ante ellos: “Vuestra oración llegará igualmente al Señor, santos staretzi. No soy yo quien debe enseñaros. ¡Rogad por nosotros, pobres pecadores!”. Los ermitaños permanecieron un instante inmóviles, después se alejaron sobre el mar. “Y hasta el alba —concluye el cuento— se vio un gran resplandor del lado por donde habían desaparecido”.
Lo escribiría Francisco Cervantes en su poema Ni orgulloso ni humilde: “Dame, Señor, piedad para mí mismo / Y que mi obra te responda”.
Sólo decir por decir. Las palabras flotan… Pasa el tiempo, huye la vida, dice el poeta. Yo digo igual… El lugar en el que soy posible ¿es aquí?.. Las gotas de lluvia caen por la tarde. Son mansas, constantes… Anoche vi un camino místico. La luna llena iluminaba un sendero. Encima de ella brillaban, uno sobre otro, en conjunción perfecta, Marte y Urano. Quise seguirlo, no lo hice.
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Carnets

Colaboraciones sin permiso
Albert Camus
En diciembre de 1957, al recibir el Nobel de Literatura, Camus estableció que la escritura no representaba para él un placer artístico o un oficio mundano sino una obligación moral. “Cada generación —dijo entonces—, sin duda, se cree consagrada a rehacer el mundo. La mía sabe que no lo conseguirá. Pero su misión tal vez sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga”. Esa misión es un imperativo categórico hoy más urgente que nunca: impedir que la realidad civilizacional se desplome. Los textos aforísticos que siguen provienen del segundo volumen de sus Carnets publicados por Losada en traducción de Mariano Lencera.
En el drama antiguo, el que paga siempre las consecuencias es el que tiene razón: Prometeo, Edipo, Orestes, etcétera. Pero esto no tiene importancia. De todas maneras, con razón o sin ella, todos acaban en el infierno. No hay ni recompensa ni castigo. De aquí proviene —para nuestros ojos oscurecidos por siglos de perversión cristiana— el carácter gratuito de estos dramas. Y también lo patético de estos juegos.
Confrontar con esto: “El gran peligro consiste en dejarse acaparar por una idea fija” (Gide) y la “obediencia” nietzscheana. El mismo Gide, refiriéndose a los desheredados: “Dejadles la vida eterna o dadles la revolución”.
Goethe: “Me sentía lo bastante dios como para descender hasta las hijas de los hombres”.
Para una psicología generosa. Se ayuda más a un ser dándole una imagen favorable de sí mismo que enfrentándolo sin cesar con sus defectos. Normalmente, todo ser se esfuerza por parecerse a su mejor imagen. Puede extenderse a la pedagogía, la historia, la filosofía, la política. Por ejemplo, somos el resultado de veinte siglos de imaginería cristiana. Desde hace 2,000 años se presenta al hombre una imagen humillada de sí mismo. El resultado está a la vista. En todo caso, ¿quién podría decir lo que seríamos si hubiera perseverado en estos veinte siglos el antiguo ideal clásico, con su bella figura humana?
“Vivir y morir delante de un espejo”, dice Baudelaire. No se presta bastante atención a ese “y morir”. En vida, todos lo hacen. Lo difícil es adquirir el dominio de la propia muerte.
Llegado al absurdo, y cuando trata de vivir consecuentemente, un hombre comprueba siempre que la conciencia es la cosa más difícil de mantener del mundo. Las circunstancias casi siempre se oponen a ello. Se trata de vivir la lucidez en un mundo donde la dispersión es regla. Advierte así que el verdadero problema, aún sin Dios, es el de la unidad psicológica (en realidad, el ensayo sobre el absurdo sólo plantea el problema de la unidad metafísica del mundo y del espíritu) y de la paz interior. También advierte que esta paz no es posible sin una disciplina difícil de conciliar con el mundo. Ahí está el problema, justamente hay que conciliarla con el mundo. Se trata nada menos que de realizar la regla en el siglo. El obstáculo es la vida pasada (profesión, matrimonio, opiniones anteriores, etcétera), lo que ya ha acontecido. No eludir ningún factor de este problema.
Es detestable el escritor que habla y saca provecho de lo que no ha vivido nunca. Pero ojo: un asesino no es el hombre más indicado para hablar del crimen (¿no será, sin embargo, el más indicado para hablar de su crimen? Ni siquiera esto es seguro). Entre la creación y el acto hay que suponer cierta distancia. El verdadero artista se encuentra siempre a mitad de camino entre las concepciones de su imaginación y sus actos. Es el que es “capaz de”. Podría ser lo que describe, vivir lo que escribe. El acto en sí lo limitaría: sería sólo “el que hizo”.
Hay dos clases de estilo: Madame de Lafayette y Balzac. El primero es perfecto en el detalle, el otro trabaja en gran escala y cuatro capítulos apenas bastan para dar una idea de su aliento. Balzac escribe bien no a pesar de sus errores gramaticales, sino incluso por ellos.
Siempre hay una filosofía para la falta de valor.
La inteligencia moderna está en plena confusión. El conocimiento se ha dilatado a tal extremo que el mundo y el espíritu han perdido todo punto de apoyo. Es un hecho que estamos enfermos de nihilismo. Pero lo más sorprendente son las prédicas sobre “retornos”. Retorno a la Edad Media, a la mentalidad primitiva, a la tierra, a la religión, al arsenal de las viejas soluciones. Para atribuir a estas panaceas una pizca de eficacia habría que hacer tabla rasa de nuestros conocimientos —hacer como si no hubiéramos aprendido nada—, fingir, en suma, que borramos lo que no puede borrarse. Habría que tachar de un plumazo el aporte de varios siglos y las innegables conquistas de un espíritu que finalmente (es su último progreso) recrea el caos por su propia cuenta. Esto es imposible. La curación tendrá que conciliarse con esta lucidez, con esta clarividencia. Deberá tener en cuenta las luces que conquistamos desde el instante de nuestro exilio. La inteligencia no está confundida porque el conocimiento haya trastornado el mundo. Lo está porque no ha podido adaptarse a ese trastorno. No “se ha hecho a la idea”. Que se haga a ella, y la confusión desaparecerá. El espíritu podrá enfrentarse al desorden con la clara conciencia de que existe. Hay que rehacer toda una civilización.
Montesquieu: “Hay imbecilidades tales que más valdría una imbecilidad mayor”.
Lo que resulta conmovedor en Joyce no es la obra, es el hecho de haberla emprendido. Distinguir así lo patético de la empresa —que nada tiene que ver con el arte— y la emoción artística propiamente dicha.
Nostalgia de la vida ajena. Porque, vista desde el exterior, constituye un todo. En tanto que la nuestra, vista desde el interior, parece dispersa. Todavía perseguimos una ilusión de unidad.
No se acuesta con una prostituta que se le ofrece y que le gusta porque sólo tiene un billete de mil francos y no se atreve a pedirle el vuelto.
La enfermedad es un convento que tiene su regla, su ascesis, sus silencios y sus inspiraciones.
Incumbe al hombre fabricarse una unidad, ya sea apartándose del mundo, ya en el interior del mundo. Así resultan restituidas una moral y una ascesis que aún quedan por precisar.
Vivir con las propias pasiones es también vivir con los propios sufrimientos, que son su contrapeso, su correctivo, su equilibrio y su compensación. Cuando un hombre ha aprendido —y no en teoría— a permanecer solo en la intimidad de su sufrimiento, a superar su deseo de evasión, la ilusión de que otros puedan “compartirlo”, le queda ya poco que aprender.
Pascal. El error proviene de la exclusión.
La pobreza es un estado cuya virtud es la generosidad.
El gran problema por resolver “prácticamente”: ¿se puede ser feliz y solitario?
Nietzsche, con la vida exterior más monótona posible, prueba que el pensamiento por sí solo, ejercido en la soledad, es una aventura terrible.
Los filósofos antiguos (y con razón) pensaban más que leían. Por eso se aferraban tanto a lo concreto. La imprenta ha cambiado todo eso. Se lee más de lo que se reflexiona. No tenemos filosofía sino únicamente comentarios. Es lo que dice Gilson al considerar que a la época de los filósofos que se ocupaban de hacer filosofía ha sucedido la de los profesores de filosofía que se ocupan de los filósofos. En esta actitud hay a la vez modestia e impotencia. Y un pensador que comenzara su libro con estas palabras: “Tomemos las cosas desde su origen”, se expondría a hacer sonreír. Hasta el punto de que un libro de filosofía que apareciese hoy sin apoyarse en una autoridad, cita o comentario, no sería tomado en serio. Y sin embargo…
Toda vida orientada hacia el dinero es una muerte. El renacimiento está en el desinterés.
El hecho de escribir da testimonio de una seguridad personal que empieza a faltarme. La seguridad de que se tiene algo que decir y, sobre todo, de que se puede decir algo —la seguridad de que cuanto uno siente y cuanto es vale como ejemplo—, la seguridad de ser irremplazable y de no ser cobarde. Todo eso es lo que pierdo y empiezo a pensar en el momento en que ya no escribiré más.
Todo pensamiento se juzga por lo que sabe obtener del sufrimiento. A pesar de mi repugnancia, el sufrimiento es un hecho.
No puedo vivir fuera de la belleza. Es lo que me vuelve débil ante ciertos seres.
A propósito del lenguaje. (Parain: lo argumentos que prueban que el hombre no ha podido inventar el lenguaje son irrefutables.) Todo, en cuanto se profundiza, desemboca en un problema metafísico. Así, donde quiera que el hombre se vuelva, se encuentra aislado en lo real como en una isla rodeada por un mar fragoroso de posibilidades y de interrogantes. De esto puede deducirse que el mundo tiene un sentido. Porque no lo tendría, si se limitara a ser, bestialmente. Los mundos felices no tienen razones. Resulta pues ridículo decir: “¿Es posible la metafísica?” La metafísica es.
Cuando se ha hecho lo necesario para comprender bien, aceptar y sobrellevar bien la pobreza, la enfermedad y los propios defectos, aún falta dar un paso.
Los que aman la verdad deben buscar el amor en el matrimonio, es decir, el amor sin ilusiones.
El humanismo no me fastidia: hasta me sonríe. Pero me resulta insuficiente.
Vivir con las propias pasiones supone haberlas dominado.
B.B. “Nadie se da cuenta de que algunas personas gastan una fuerza hercúlea para ser nada más que normales”.
El arte tiene los movimientos del pudor. No puede decir las cosas directamente.
Absurdo. Si uno se mata, niega el absurdo. Si uno no se mata, el absurdo revela por lo general un principio de conformidad que es la negación de sí mismo. Lo que no quiere decir que el absurdo no sea. Quiere decir que el absurdo realmente no tiene lógica. Por eso realmente no se puede vivir en él.
La mayor economía que se puede realizar en el orden del pensamiento es aceptar la no-inteligibilidad del mundo; y ocuparse del hombre.
Me ha costado diez años conquistar lo que hoy me parece inapreciable: un corazón sin amargura. Y como tantas veces ocurre, una vez superada la amargura, la he encerrado en uno o dos libros. Así, siempre seré juzgado por esta amargura que ya no es nada para mí. Pero es justo. Es el precio que hay que pagar.
La reputación. Nos la dan los mediocres y la compartimos con mediocres o con infelices.
No habrá libertad para el hombre hasta que no haya vencido su temor a la muerte. Pero no mediante el suicidio. Vencerlo no significa abandonarse. Poder morir dando la cara, sin amargura.
El clasicismo es el dominio de las pasiones. En los grandes siglos las pasiones eran individuales. Hoy son colectivas. Hay que dominar las pasiones colectivas, es decir, darles forma. Pero al mismo tiempo que se las experimenta, se es devorado por ellas. Por eso la mayor parte de las obras de la época son reportajes y no obras de arte.
Respuesta: si no se puede hacer todo al mismo tiempo, renunciar a todo. ¿Qué quiere decir esto? Que se necesita más esfuerzo y más voluntad que antes. Lo lograremos. El gran clásico de mañana es un vencedor inigualado.
Rebelión. La libertad es el derecho de no mentir. Verdad que se prueba en el plano social (subalterno y superior) y en el plano moral.
Comunicación. El obstáculo para el hombre es que no puede superar el círculo de los seres que conoce. Hace una abstracción de los que están más allá. El hombre tiene que vivir en el círculo de la carne.
Novela. “He concedido a los hombres su parte. Es decir, que he mentido y deseado con ellos. He corrido de un ser a otro, he hecho lo que había que hacer. Ahora, basta. Tengo que arreglar cuentas con este paisaje. Deseo estar a solas con él”.
Heine (1848): “Lo que el mundo persigue y espera ahora se ha vuelto completamente ajeno a mi corazón”.
Antinomias políticas. Estamos en un mundo en el que forzosamente se ha de elegir entre ser víctima o verdugo; y nada más. La elección no resulta fácil. Siempre me ha parecido que en realidad no había aquí verdugos, sino sólo víctimas. Extremando el análisis, naturalmente. Pero es una verdad que no se ha difundido.
Tengo una viva inclinación por la libertad. Y para todo intelectual, la libertad acaba por confundirse con la libertad de expresión. Pero me doy cuenta de que ésta no es la preocupación primordial de un gran número de europeos, porque sólo la justicia puede darles el mínimo material que necesitan y, con razón o sin ella, sacrificarían de buena gana la libertad a esta justicia elemental.
Lo sé hace mucho tiempo. Si me parecía necesario defender la conciliación de la justicia y la libertad era porque a mi entender residía en ella la última esperanza de Occidente. Pero esta conciliación sólo puede lograrse en un clima determinado que hoy casi me parece utópico. ¿Habrá que sacrificar uno u otro de estos dos valores? ¿Qué pensar, en tal caso?
La gente cree siempre que uno se suicida por una razón. Pero bien puede uno suicidarse por dos razones.
A los treinta años, casi de un día para otro, he conocido la fama. No lo lamento. Más tarde hubiera podido causarme pesadillas. Ahora sé lo que es. Muy poca cosa.
Sólo puedo crear gracias a un esfuerzo continuo. Mi tendencia es deslizarme a la inmovilidad. Mi inclinación más profunda, la más segura, es el silencio y el gesto cotidiano. Para escapar a la distracción, a la fascinación de lo maquinal, he necesitado años de obstinación. Pero sé que me mantengo en pie por este esfuerzo mismo, y que si dejase de creer en él un solo instante, rodaría por el precipicio. Así me conservo a salvo de la enfermedad y del renunciamiento, irguiendo la cabeza con todas mis fuerzas, para respirar y para vencer. Es mi manera de desesperar y mi manera de curarme.
Hegel. “Solamente la ciudad moderna ofrece al espíritu el terreno donde puede tomar conciencia de sí mismo”. Significativo. Este es el tiempo de las grandes ciudades. Al mundo se le ha amputado una parte de su verdad, lo que constituye su permanencia y su equilibrio: la naturaleza, el mar, etcétera. ¡Sólo en las calles hay conciencia!
Los límites. Diré, pues, que hay misterios que conviene enumerar y meditar. Nada más.
El existencialismo ha conservado el error fundamental del hegelianismo, que consiste en reducir el hombre a la historia. Pero no ha mantenido la consecuencia lógica, que es negar al hombre toda libertad.
Naturalmente, lo que a mí me interesa no es tanto ser mejor como ser aceptado. Y nadie acepta a nadie. ¿Me ha aceptado ella? Evidentemente no.
Escribir la historia de un contemporáneo curado de su desgarramiento por la sola y larga contemplación de un paisaje.
¿Por qué se bebe? Porque con la bebida todo adquiere importancia, todo se dispone de acuerdo con una línea máxima. Conclusión: se bebe por impotencia y por condena.
El viejo militante comunista que ve lo que ve y no se acostumbra: “No puedo curarme de tener corazón”.
Nadie ha estado tan seguro como yo de conquistar al mundo por medios rectos. ¿Y ahora…? ¿Dónde estuvo la falla, qué flaqueó de pronto y determinó todo lo demás?
Para que un pensamiento cambie al mundo, primero tiene que cambiar la vida de quien lo concibe.
Como las de todos los débiles, sus decisiones eran brutales y de una firmeza irrazonable.
Según Lao Tse: cuanto menos se actúa más se domina.
De Foe. “Había nacido para destruirme a mí mismo”. Id. “He oído hablar de un hombre que, presa de una profunda repugnancia por la conversación intolerable de algunos de sus parientes, decidió repentinamente no hablar nunca más”.
Stendhal: “No habré hecho nada por mi felicidad personal mientras no me acostumbre a soportar que alguien no me haga justicia en su corazón”.
Amigo de C. “Morimos a los cuarenta años, de un balazo en el corazón que nos disparamos a los veinte”.
Vivir es verificar.
Cuando quemaban a Juan Hus, se vio llegar a una dulce viejecita con un haz de leña para añadirlo a la hoguera.
¿Superarlo? Pero el sufrimiento es precisamente aquello a lo que no se es nunca superior.
Nunca he llegado a ver muy claro en mí mismo. Pero por instinto me he confiado siempre a una estrella invisible… Hay en mí una anarquía, un desorden atroz. Crear me cuesta mil muertes, porque se trata de un orden y todo mi ser rehuye el orden. Pero sin él moriría disperso.
Según los chinos, los imperios que se aproximan a la perdición establecen una enorme cantidad de leyes.
Siempre llega un momento en que los seres dejan de luchar y desagarrarse, y aceptan amarse por fin tal como son. Es el reino de los cielos.
Moral inútil: la vida es moral. El que no lo da todo no lo obtiene todo.
Cuando se tiene la suerte de vivir en el universo de la inteligencia, por qué locura se querría entrar en el tumulto y en la casa terrible de la pasión.
¡Si la época fuera solamente trágica! Pero es también inmunda. Por eso hay que denunciarla. Y perdonarla.
Faulkner. A la pregunta: “¿Qué piensa usted de la nueva generación de escritores?”, contesta: “No dejará nada válido. Ya no tiene nada que decir. Para escribir es imprescindible que hayan arraigado en la conciencia las verdades fundamentales, y que la obra se oriente hacia una o hacia todas. Los que no saben hablar del orgullo, del honor, del dolor, son escritores sin trascendencia y su obra morirá con ellos o antes que ellos. Goethe y Shakespeare han resistido a todo porque creían en el corazón humano. Balzac y Flaubert también. Son eternos.
—¿Cuál es la razón de ese nihilismo que ha invadido la literatura?
—El miedo. El día que los hombres dejen de tener miedo volverán a escribir obras maestras, es decir, obras perdurables.
Sí, tengo una patria: la lengua francesa.
Mi robusta constitución para el olvido.
Si tuviera que morir ignorado del mundo, en el fondo de una fría mazmorra, el mar, en el último instante, invadiría mi celda, conseguiría elevarme por encima de mí mismo y me ayudaría a morir sin odio.
Todo logro significa una servidumbre. Obliga a otro más alto.
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Diario de Gaza / IX

TA MEGALA
Fernando Solana Olivares
El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes denunció la estrategia “autodestructiva” del régimen sionista al utilizar operaciones de falsa bandera para atacar a comunidades judías en el extranjero. Según nota de Diario de Octubre, el general de división Abdolrahim Musavi declaró que el régimen sionista “ha asesinado a la comunidad judía y sus miembros en otros países para prevenir la migración inversa, evitar conflictos internos e infundir temor al antisemitismo”. Refiriéndose al mortal atentado ocurrido hace un par de semanas en la playa Bondi de Sidney, Australia, donde al menos 15 personas de origen judío murieron y decenas más resultaron heridas, Musavi indicó que no es la primera vez que Tel Aviv atacaba a sus propios compatriotas para presentar a Israel como una supuesta víctima.
The Cradle informa que la reciente tormenta invernal Byron devasta Gaza mientras Israel continúa bloqueando la entrada de refugios y suministros vitales a la franja. La tormenta derrumbó 13 casas y destruyó o inundó más de 27,000 tiendas de campañas para desplazados. La Oficina de Prensa del Gobierno de Gaza reportó la muerte de varios bebés y niños por frío. Las autoridades gazatíes denunciaron que el alto al fuego firmado comprometía a Israel a permitir el ingreso de 300 mil tiendas de campaña y casas móviles, pero sólo una fracción ha entrado a la Franja. Advirtieron que el desastre que se está desarrollando es inseparable del asedio genocida de Israel, que continúa bloqueando el acceso a ropa de invierno, mantas y suministros que salvarían vidas. Desde el alto al fuego en octubre se han producido más de 740 violaciones por parte de las fuerzas armadas israelíes que han causado la muerte de 400 palestinos.
En un artículo publicado en Red Voltaire (“Después del ‘Gran Israel’, Netanyahu quiere una ‘súper Esparta’ y ‘terminar el trabajo en Gaza’”), Thierry Meyssan documenta el tránsito de Netanyahu de “un conservadurismo sin complejos” a un franco nazi fascismo. Y su súbita conversión al mito del “Gran Israel” mientras perpetra el genocidio en Gaza —una más de sus tácticas de sobrevivencia política—, compromete toda perspectiva de creación de un Estado palestino independiente y soberano no sólo en el terreno sino en las mentes, según denunció el ministro de Relaciones Exteriores de Argelia en el Consejo de Seguridad de la ONU, Ahmed Attaf, citado por Meyssan. El mito del “Gran Israel” trata de justificar, explica el analista, no sólo la anexión de todos los territorios palestinos ocupados sino también la extensión del Estado de Israel sobre el este de Egipto, parte de Jordania y de Arabia Saudita, todo el Líbano, la mayor parte de Siria y una parte de Irak, hasta reconstituir el antiguo Imperio asirio desde el Nilo hasta el Éufrates.

Durante una conferencia celebrada el 15 de septiembre en Israel, Netanyahu declaró que, en adelante, el mundo entero está en contra del Estado de Israel (“lo cual es falso —observa Meyssan—, está contra la política de Netanyahu”), y que Israel debe convertirse en un país autárquico, una “súper Esparta”, abandonar sus actividades económicas convencionales y dedicarse a desarrollar sus industrias de guerra: “Hay que recordar que ningún político se había referido a Esparta desde la caída del III Reich. Mencionar a Esparta como referencia era un leitmotiv de los nazis y sus aliados, incluyendo a los imperialistas japoneses”. Meyssan recoge las declaraciones del líder de la oposición israelí, Yair Lapid, al día siguiente de lo dicho por Netanyahu: “Esparta fue destruida. […] Me sorprendió. Esparta es una espada, ¿por qué la citó? Porque nos ha convertido en un país en guerra. No queremos ser un Estado en guerra, queremos ser un país próspero… próspero y popular en el mundo”.
Después, en su discurso al intervenir en el 80 Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, Netanyahu declaró, ante una sala casi vacía que abandonaron al menos tres cuartas partes de las delegaciones, que “Israel debe terminar el trabajo en Gaza” (o sea, comenta Meyssan, completar el genocidio iniciado): “Más adelante en su intervención, Netanyahu aseguró que Hamas llamaba ‘al asesinato de todos los judíos del planeta’, cosa que nunca ha planteado. Netanyahu dijo que toma todas las medidas necesarias para proteger a los civiles en Gaza, cuando todos los expertos no israelíes —y a menudo los propios expertos israelíes— señalan lo contrario. Netanyahu acusó a todos los que tratan de salvar a los civiles en Gaza de ser antisemitas y de propagar el antisemitismo, sin aceptar que es la política que él aplica en nombre de un ‘Estado judío’ autoproclamado, lo que alimenta el antisemitismo”.
Thierry Meyssan concluye su texto reflexionando que antes que otros deben ser los israelíes mismos quienes tendrían que rebelarse contra aquello en lo que se está convirtiendo el Estado de Israel, “contra ese algo que hoy devora a los árabes pero que acabará volviéndose contra ellos mismos”.
El 21 de octubre una anciana recogía aceitunas de sus olivos en la aldea de Al-Mughayyer, al norte de Ramallah, en Cisjordania, cuando apareció un colono sionista que la amenazó y golpeó con un palo hasta dejarla inconsciente. Ese reporte de Diario de Octubre está vinculado con la exigencia del ultraderechista ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich para acelerar el proyecto de construcción de más de 3 mil 400 viviendas en Cisjordania y anexar ese territorio palestino ocupado. Smotrich declaró que esa realidad enterraría la idea de un Estado palestino “porque no hay nada que reconocer y nadie a quién reconocer”, y llamó al primer ministro Benjamín Netanyahu a “aplicar la soberanía israelí en Judea y Samaria (nombre bíblico utilizado por los israelíes para referirse a la Cisjordania palestina)”. Así se abandonaría, dijo, la idea de los dos Estados y se garantizaría que “los hipócritas líderes europeos ya no tengan nada que reconocer”. Por eso el colono sionista apaleó a la anciana que recogía sus aceitunas.
Al 25 de agosto, Al Jazeera calculó en 61 mil 776 muertos y 154 mil 906 heridos palestinos los sangrientos resultados de la invasión sionista a Gaza. A la fecha, esa cifra no deja de aumentar. Justificando tales consecuencias, RT consignó declaraciones de Netanyahu sobre los bombardeos de Gaza: “Estados Unidos bombardeó Afganistán porque allí se encontraba Al Qaeda. Luego atacó Afganistán porque allí se escondía Bin Laden. Y nadie exclamó: ‘¡Dios mío, qué horror! Estados Unidos ha violado la soberanía de Afganistán o la de Pakistán’”. En conferencia de prensa afirmó que Israel tiene el derecho, reconocido por la comunidad internacional, de actuar contra los terroristas. Agregó que nadie debería “condenar a Israel, sino elogiarlo por sus acciones contra los terroristas de Hamas. No acepto la hipocresía y no considero convincentes estas condenas”.
Un despacho de prensa de varias agencias publicado por La Jornada informa que “el Instituto Planck, la segunda institución más grande de Europa en investigación demográfica y una de las más grandes y prestigiosas del mundo, estimó que 78 mil 318 personas murieron en Gaza entre el 7 de octubre de 2023 y finales de 2024, como consecuencia de la ofensiva israelí”. Para el 6 de octubre, escribió la misma fuente, el número de muertes superó las 100 mil, según reporte de Middle East Eye. Hamas detalló que mil 500 gazatíes perdieron la vida mientras esperaban obtener ayuda en las “trampas mortales” de los centros de la Fundación Humanitaria para Gaza respaldada por Estados Unidos. A esas cifras hay que sumar los más de 350 asesinados durante el alto al fuego impuesto, el cual ha sido reiteradamente violado por Israel.
El 1 de junio de 2018 Razan Al Najjar, una joven paramédica palestina de 21 años conocida como el Ángel de la misericordia debido a sus incansables tareas de socorro en Gaza, fue asesinada por un francotirador sionista mientras atendía a un palestino herido, a pesar de estar claramente identificada como trabajadora de salud. Al ser asesinada, Razan vestía una túnica blanca y tenía las manos sobre la cabeza, un gesto conocido en todas partes como señal de que era una socorrista intocable. La Comisión de Derechos Humanos de la ONU concluyó que su muerte fue un asesinato intencional. Después de una sesgada “investigación” israelí, el gobierno sionista ocupante de Palestina determinó que la víctima fue utilizada como escudo humano por los combatientes palestinos y por ello se le disparó. Su muerte se produjo poco antes de que ella y su prometido anunciaran su compromiso. Miles de gazatíes asistieron a su funeral y su cuerpo fue envuelto en una bandera palestina. Su padre vistió su bata de médico manchada de sangre. Ya nadie la recuerda y la indignación internacional que provocó su muerte quedó en el olvido. Diario de Octubre publicó recientemente una nota necrológica: la terca memoria.
Hace poco circuló en redes el video de un soldado israelí armado que hostiga a una niña palestina en Cisjordania y le arrebata su bicicleta. La niña corre despavorida a su casa llamando a su mamá. El soldado se lleva la bicicleta.
La prisión de Rakafet, inaugurada en 1980 para albergar a peligrosos miembros israelíes del crimen organizado, fue cerrada cinco años después por considerarse inhumana. Luego del asalto de Hamas a Israel el 7 de octubre de 2023 fue reabierta por el ministro de seguridad nacional hebreo, Itamar Ben-Givr. Rakafet es una prisión subterránea a la que nunca entra el sol. Las decenas de palestinos ahí recluidos carecen también de alimentación suficiente y contacto con el exterior. Una investigación de The Guardian consigna que aunque la guerra ha terminado oficialmente, los palestinos “siguen encarcelados en condiciones de guerra violentas y legalmente cuestionables que infringen el derecho internacional humanitario y constituyen tortura”, según denuncia del Comité contra la Tortura en Israel (Pcati). “Mantener a las personas bajo tierra, sin luz solar durante meses tiene consecuencias extremas para la salud mental”. Tal Steiner, director ejecutivo de Pcati, declaró que las condiciones para los palestinos en las cárceles sionistas son “horribles intencionadamente”. Aseguró “que es muy difícil mantenerse íntegro cuando se está retenido en condiciones tan opresivas y difíciles”.
Alfredo Jalife publica un artículo en Red Voltaire donde señala que Benjamín Netanyahu impartió una conferencia en el consulado de Israel en Nueva York en la cual anunció que la batalla cognitiva para influir en las jóvenes generaciones radica en el control de las redes sociales, TikTok y X. La intención es “darle dirección al pueblo judío, a amigos no judíos y a aquellos que pueden ser amigos de los judíos”. Dos portales turcos denuncian que Netanyahu vislumbra a TikTok y X como “arma para impulsar el apoyo de Estados Unidos con el fin de influir en la opinión pública en medio del genocidio de Gaza”. Jalife denuncia también que el lobby sionista en Estados Unidos, “vinculado con el genocida ejército israelí y su primer ministro en turno, se ha adueñado en forma perturbadora de la pléyade de multimedias y redes sociales —que a su vez dominan y controlan a la gran mayoría de la opinión pública de Occidente y cuyos países no se atreven a legislar y menos a regular al Leviatán cibernético del siglo XXI, GAFAT (Google/Apple/Facebook/Amazon/Twitter)”. Israel ofrece viajes gratuitos a Gaza para influencers de Estados Unidos y Canadá alineados con las ideologías pro-Israel o MAGA, según el perfil Wall de Instagram citado por Jalife.
Ap, Sputnik y Europa Press informan que en la Cisjordania reocupada agricultores y grupos de derechos humanos han denunciado que la destrucción de olivos y el robo de equipos agrícolas hecha por colonos israelíes con apoyo policiaco sionista es parte de la expulsión sistemática de los palestinos de las tierras donde han vivido durante milenios y la expansión ilegal de los asentamientos judíos. En Atara, al norte de Ramallah, turbas judías asaltaron a los moradores y los expulsaron de sus propiedades, matando pollos y ovejas. La organización israelí de derechos humanos B’Tselem denunció que las fuerzas militares israelíes “aplican una política cada vez más permisiva e imprudente de abrir fuego en Cisjordania reocupada, incluido el bombardeo de la aviación en zonas pobladas”. También alertó que el ejército arma y moviliza a miles de colonos judíos en batallones de defensa regional y equipos de respuesta rápida. La organización informó que desde el 7 de octubre de 2023 han sido asesinados más de mil palestinos en la Cisjordania reocupada.
Diversas agencias de prensa dieron a conocer el pasado 24 de diciembre que el gobierno de Bélgica solicitó formalmente unirse a la demanda presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia contra Israel por el genocidio perpetrado contra la población palestina en su ofensiva militar, que a la fecha se calcula haber dejado más de 70 mil 900 muertos y 171 mil heridos.
La diputada israelí de extrema derecha Limor Son Har-Melech presentó un proyecto de ley para imponer pena de muerte a quienes cometan asesinato por motivos nacionalistas contra ciudadanos de Israel. La ley no se aplicaría, informó el canal RT, a israelíes que asesinen a palestinos. Son Har-Melech apoyó en el pasado a Amiram Ben-Uliell, condenado por el asesinato de una familia palestina en un ataque incendiario en 2015, a quien calificó como “un hombre santo y justo”. Interrogada al respecto declaró: “No existe tal cosa como un terrorista judío”.
Aunque es reconocido como nación soberana por 157 de los 193 países miembros de la ONU, incluidos 4 de los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Rusia, China, Francia y el Reino Unido), así como por la Santa Sede, el Estado de Palestina “es una invención sin fundamento histórico, arqueológico y realista”, publicó recientemente en X el ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, calificando a los palestinos como un conjunto de inmigrantes procedentes de países árabes que llegaron a la tierra de Israel y no constituyen un pueblo, según una nota de RT. Ben-Gvir manifestó que la única solución en Gaza es “fomentar la emigración voluntaria y no un Estado que recompense el terrorismo”. A pesar de que los palestinos son los habitantes originarios de la tierra de Palestina, un nombre dado por escritores griegos en el siglo XII a. C. a la antigua región de los filisteos, y que el Estado de Israel no figuraba en el mapa hasta su proclamación mediante la fuerza en mayo de 1948 por David Ben Gurión, Ben-Gvir declaró que “No existe tal cosa como un pueblo palestino”. Igual que su correligionario, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, miembros los dos del partido ultranacionalista Otzma Yehudit, Ben-Givr instó al primer ministro Netanyahu a que aclare que Tel Aviv “no permitirá el establecimiento de un Estado palestino en ninguna circunstancia”.
Una nota de Paula Rosas en BBC News Mundo informa que desde los 12 años los niños palestinos son juzgados por tribunales militares en Israel. “A los niños generalmente los arrestan en sus casas. Decenas de militares asaltan en mitad de la noche la vivienda, a veces rompiendo la puerta, preguntan por el niño y entran al dormitorio del menor con los fusiles para llevárselo. Son llevados a centros de interrogatorio, donde no están acompañados de familiares ni de abogados. Allí son sometidos a tortura psicológica y a veces también física, y muchos acaban confesando bajo presión delitos que no han cometido”, según documenta el abogado Khaled Quizmar, director de Defense of Children International-Palestine. Uno de los casos más conocidos y denunciado por numerosas organizaciones de derechos humanos es el de Ahmed Manasra, que fue detenido cuando tenía 13 años acusado de intentar apuñalar a dos personas en un asentamiento. Aunque se probó que fue su primo y no él quien cometió el ataque, Manasra lleva 8 años encarcelado. Los tribunales concluyeron que no había participado en los hechos, pero de todos modos fue declarado culpable de intento de asesinato. En su encierro Manasra desarrolló trastornos psiquiátricos graves. A pesar de ello lleva dos años en régimen de aislamiento.
La “paz eterna en Medio Oriente” que proclamó Donal Trump duró menos de una semana. El ministro israelí de Seguridad Itamar Ben-Givr se pronunció el 10 de octubre en favor de “reanudar por completo las operaciones militares a gran escala en la Franja de Gaza con toda fuerza”, pretextando un ataque no demostrado de Hamas en Rafa, al sur del enclave.
En una nota elaborada por la redacción de La Jornada con material de agencias internacionales se señala que miles de soldados israelíes y jóvenes en servicio militar obligatorio declaran estar “mentalmente exhaustos” y sin capacidad para soportar “la matanza arbitraria” que realizan en el enclave. Beny, un francotirador de la Brigada Nahal declaró que disparaba entre 50 y 60 balas al día: “No tengo ni idea de cuántos he matado… muchísimos. A niños. A los oficiales no les importa si mueren niños, ni tampoco lo que eso me haga sentir. Para ellos sólo soy una herramienta más”. Ahora busca su baja del ejército: “Me está matando, me ha marcado la vida. No puedo dejar de pensar en toda esta muerte. Percibo un olor desagradable, y mi mente lo interpreta como el olor de los cadáveres. Una vez soñé que asesinaba a mi propia familia”. El medio israelí Haaretz informó en una investigación que las Fuerzas de Defensa de Israel ocultan al público los suicidios y los intentos de suicidio de sus efectivos en la franja, así como el número de soldados y oficiales dados de baja por problemas sicológicos o encarcelados por negarse a seguir combatiendo.
El mismo diario La Jornada informa que Michael Fakhri, relator especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación afirmó recientemente, al dirigirse a una audiencia de la Asamblea General, que “la ONU murió en Gaza” cuando dos bebes palestinos, Mahmoud Fattouh, de dos meses, y Yazan al-Kafarneh, de diez, fallecieron de hambre en febrero y marzo del año pasado. Mahmoud y Yazam fueron los primeros niños que murieron por desnutrición y deshidratación durante la hambruna provocada por Israel en Gaza. “Cuando un padre o una madre sostiene a su hijo en brazos, mirándolo a los ojos mientras muere de hambre, significa que toda una sociedad está bajo ataque —dijo—. Cada vez que un niño muere de hambre, deshidratación y desnutrición, el mundo se hunde aún más en el abismo”.
Salah Abu Ali, un palestino de 52 años, colocó un sofá bajó la sombra del olivo más antiguo de Cisjordania reocupada, con una edad estimada de más de 3 mil años. Es el guardián oficial del venerable árbol. Ahí pasa los días para evitar que los nazi sionistas lo echen abajo.
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11 piñata girasol

TA MEGALA
Fernando Solana Olivares
Uno. No somos dueños del tiempo porque el tiempo se nos impone. No somos dueños del espacio pues éste nos determina. Pero somos propietarios de la imaginación que disuelve al tiempo y reconstruye el espacio. ¿Será ello suficiente para tolerar, comprender y encontrarle sentido a la época histórica que nos ha sido dada por el azar o la predestinación a nosotros, los habitantes estupefactos de un período civilizacional que evidentemente ha terminado y de otro que no acaba aún de suceder, cuyo nombre preciso desconocemos, cuyas manifestaciones más tremendas también?
Dos. So musst du sein (“Así has de ser”), afirma un verso de Goethe titulado “Daimon”, aquel genio, demonio o espíritu que según los griegos guiaba el destino de cada uno: “Así has de ser, no puedes escapar a ti mismo”. Tal escapatoria imposible hoy está situada, antes que al interior del sujeto, en la historia presente, la cual por todas partes, con variaciones cada vez más relativas, se manifiesta igualmente ominosa, depresiva, violenta, inflacionaria, ecocida, catastrófica. Acaso ahora debamos corregir al viejo Goethe para decir: “Así has de ser, no puedes escapar a la época donde por ti mismo fuiste colocado”. No existe entonces un daimon innato de los individuos, sólo una fatalidad global sufrida por todos. Para ponernos de acuerdo sobre el momento, llamémosle tardomodernidad. No es una obra común sino una aflicción común.
Tres. La modernidad fue el tiempo cuando los dioses abandonaron por completo el mundo. Sus huellas permanecieron en algunas formas del arte, de la música y de la palabra. Ciertos poetas, pensadores y artistas, muy pocos desde luego, mantuvieron contacto mental y expresivo con las divinidades paganas. Uno de los últimos escritores que dejó constancia de ello fue Nabokov en su Lolita, alusión a las Ninfas actuantes todavía bajo otras ropas quizá oscuras. Y dice Roberto Calasso que la verdad esotérica de dicha novela sólo fue expresada por su autor en una breve frase perdida entre sus páginas como la astilla de un diamante: “La ciencia de la ninfolepsia es muy precisa”. Esa ciencia es la literatura.
Cuatro. Aby Warburg, citado por Calasso, llama “ola mnémica” a la intermitente manifestación de los dioses caracterizada por expansiones y reflujos: son las sacudidas de la memoria que golpean a una civilización en cuanto al vínculo con su pasado. La historia occidental está determinada por esa ola, por su disminución, como ocurrió durante siglos, y por su desbordamiento, como de nuevo empieza a suceder hoy. Aunque Homero advierte que “no a cualquiera se le aparecen los dioses con plena evidencia”. Y su manifestación, según un ilustre lingüista, siempre toma la forma de algo que sucede. Nada más, nada menos.
Cinco. Y el peligro de tal acontecimiento, según Calasso, uno de los cuantos que de ello saben, es que la epifanía de los dioses resulte arrasadora: “el advenimiento de una auténtica ‘revolución’, o tal vez un poderoso sacudimiento del cielo y de la tierra”.
Seis. Que de lo anterior abomine la secta racionalista contemporánea, la que por ser la más simple es la más extendida de todas y a la cual el mundo sólo se le presenta bajo su forma material, no demuestra otra cosa salvo que esa secta ideológicamente hegemónica, responsable del crepúsculo histórico y cultural vigente, nunca podrá saber que la tardomodernidad debe entenderse como el tiempo excepcional preñado de advertencias y señales cuando regresan los dioses.
Siete. Lo constató Ezra Pound: “No habiéndose encontrado nunca una metáfora suficientemente adecuada para ciertos colores emotivos, afirmo que los dioses existen”. Lo escribió Martin Heidegger: “El caos es lo sagrado mismo; lo sagrado es propiamente lo tremendo”. Epoca caótica, época tremenda, época sagrada.
Ocho. Acaso resulte una cuestión de preferencias inerciales o de posibilidades estrictas. Acaso entrañe la distinción entre “creer”, esa actitud compuesta por los prejuicios serviles de la razón predominante en esta época histórica, y “tener que creer”, aquella facultad intemporal que se define como la predilección del espíritu libre, del yo superior, y a la cual va unido el reconocimiento, el recuerdo de uno mismo, la firme y estable confianza en la verdadera naturaleza de lo real.
Nueve. ¿Y qué es lo real verdadero: lo que vivimos o lo que imaginamos que vivimos? ¿Es fatal la historia de estos días e infranqueable al modo de una pesadilla de la que no se puede despertar? ¿O es meramente una construcción susceptible de ser abandonada por otro espacio-tiempo, si no tangible de inmediato en una dimensión física cuando menos activo en un plano mental?
Diez. Se observa que en una época complicada (compuesta de fragmentos sin sentido, como la nuestra), siempre hay que simplificar. Ésta, aunque no lo parezca, es una acción propia del pensamiento complejo (aquello formado por múltiples partes que se influyen entre sí); por ejemplo, imaginar que la auténtica riqueza supone la reducción drástica de la falsa y superflua necesidad.
Once. Por tal motivo, transitar por el tiempo o envejecer no sólo es ir retirando cosas, sino sobre todo hacer limpieza en la conciencia personal. Llamados o no llamados, los dioses están presentes en el mundo otra vez. El momento es como una piñata que gira al sol. Diría Jünger que a los habitantes del Olimpo les resultan ajenos los récords. Si todo ángel es terrible, todo dios también.
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Aforismos

Colaboraciones sin permiso
Franz Kafka
1. El verdadero camino va por una cuerda que no ha sido tendida en lo alto, sino apenas sobre el suelo. Parece destinada más a hacer tropezar que a que se camine por ella.
2. Todos los errores humanos son impaciencia, una prematura interrupción de lo metódico, un aparente implantar de la cosa aparente.
3. Hay dos pecados capitales humanos de los que se derivan todos los otros: impaciencia y desidia. A causa de la impaciencia han sido expulsados del paraíso, a causa de la desidia no vuelven a él. Pero quizás haya sólo un pecado capital: la impaciencia. A causa de la impaciencia han sido expulsados, a causa de la impaciencia no vuelven.
4. Muchas sombras de los muertos se dedican únicamente a lamer las olas del Leteo, porque proviene de nosotros y tiene todavía el sabor salado de nuestros mares. De asco se resiste entonces el río, su corriente se vuelve hacia atrás y lleva flotando a los muertos de vuelta a la vida. Pero ellos están felices, cantan canciones de gratitud y acarician al indignado.
5. A partir de determinado punto ya no hay regreso. Es preciso alcanzar este punto.
13. Una primera señal de que empieza el conocimiento es el deseo de morir. Esta vida parece insoportable; otra, inalcanzable. El hombre ya no se avergüenza de querer morir; pide ser trasladado de la antigua celda, la que odia, a otra nueva que después aprenderá a odiar. Tiene cierta influencia un resto de fe respecto a que, durante el traslado, se presentará casualmente el Señor para ver al prisionero y decir: “No volváis a encerrar a éste. Viene conmigo”.
14. Si caminaras por una llanura y tuvieras la buena voluntad de andar y, sin embargo, retrocedieras, sería una situación desesperada; pero como escalas una pendiente abrupta, tan abrupta acaso como tú mismo eres visto desde abajo, es posible que también los retrocesos sean causados tan sólo por la condición del suelo, y no tienes que desesperar.
15. Como un camino en otoño: no bien se lo ha limpiado, se vuelve a cubrir de hojas secas.
16. Una jaula fue a buscar a un pájaro.
17. Nunca estuve en este lugar: otro ritmo tiene la respiración, y junto al sol, más resplandeciente que él, brilla una estrella.
19. Irrumpen leopardos en los templos y se beben el contenido de los cántaros del sacrificio; esto se repite una y otra vez; finalmente se le puede prever y se transforma en parte de la ceremonia.
22. Tú mismo eres la tarea. No hay ningún discípulo ni a lo largo ni a lo ancho.
23. Del verdadero adversario pasa a ti un ilimitado valor.
26. Hay innumerables escondites, pero sólo una salvación; mas, a su vez, hay tantas posibilidades de salvación como escondites.
* Hay una meta, pero no hay camino; lo que llamamos camino es vacilación.
* El animal le quita al amo el azote y se azota a sí mismo para llegar a ser amo, y no sabe que eso es sólo una fantasía producida por un nuevo nudo que hay en la correa con que azota el amo.
30. Lo bueno es en cierto sentido desesperante.
31. Me esfuerzo por lograr el dominio de mí mismo. Dominio de mí mismo quiere decir: querer actuar en un lugar cualquiera de las infinitas irradiaciones de mi existencia espiritual. Pero si tengo que trazar a mi alrededor tales círculos, entonces es preferible que lo haga pasivamente, con la mera contemplación del enorme complejo, y que solamente me lleve a casa el tónico que da e contrario esta vista.
32. Las cornejas afirman que una sola corneja puede destruir el cielo. No hay dudas al respecto; pero esto no prueba nada contra el cielo, pues cielo significa, precisamente, imposibilidad de cornejas.
35. No hay un haber, sólo un ser, un ser que anhela el último aliento, que anhela asfixiarse.
36. Antes yo no comprendía por qué no recibía ninguna respuesta a mis preguntas; hoy no comprendo cómo podía creer que podía preguntar. Pero yo no creía en absoluto, solamente preguntaba.
37. Ante la afirmación de que quizá poseía pero no era, su respuesta fue solamente temblor y palpitaciones.
39b. El camino es infinito, no hay nada que quitar, nada que añadir y, sin embargo cada uno agrega todavía su propia vara infantil. “Ciertamente, tienes que recorrer también esta vara de camino, nada se te va a olvidar.
44. Te has enjaezado ridículamente para este mundo.
47. Se les dio a elegir entre llegar a ser reyes o correos de los reyes. A la manera de los niños, todos quisieron ser correos. Por eso no hay nada más que correos, recorren a la carrera el mundo y, como no hay reyes, se gritan mutuamente los partes, que han perdido sentido. Les gustaría poner fin a su miserable vida, pero no se atreven a hacerlo a causa del juramento que han prestado para su cargo.
50. El hombre no puede vivir sin una confianza duradera en que hay algo indestructible en él; tanto lo indestructible como también la confianza en ello pueden permanecer constantemente ocultos. Una de las posibilidades de que se exprese este permanecer oculto es la fe en un Dios personal.
52. En la lucha entre ti y el mundo ponte de parte del mundo.
54. No hay nada más que un mundo espiritual; lo que llamamos mundo sensorial es el mal en el mundo espiritual; y lo que llamamos mal es sólo una necesidad de un momento de nuestro eterno desarrollo.
* Con la más intensa luz se puede disolver el mundo. Éste se mantiene firme ante los ojos débiles, se avergüenza ante los que son todavía más débiles, y aniquila al que se atreve a contemplarlo.
55. Todo es engaño: buscar el mínimo de ilusiones, permanecer en lo usual, buscar el máximo. En el primer caso se engaña al bien cuando se quiere tomar muy a la rápida su adquisición, al mal porque se le ponen condiciones de lucha muy desfavorables. En el segundo caso se engaña al bien al no buscarlo ni siquiera en lo terrenal. En el tercer caso se engaña al bien al alejarse lo más posible de él, al mal porque se espera hacerlo impotente al darle el máximo de intensidad. Preferible sería entonces el segundo caso, pues al bien se lo engaña siempre y al mal en este caso no, por lo menos según la apariencia.
62. El hecho de que no hay nada más que un mundo espiritual nos quita la esperanza y nos da la certeza.
64/65. La expulsión del paraíso es, en lo fundamental, eterna: pues la expulsión del paraíso es por cierto definitiva, la vida en el mundo es inevitable; pero la eternidad del acontecimiento (o expresándolo temporalmente, la eterna repetición del acontecimiento) hace sin embargo posible que no sólo podamos permanecer constantemente en el paraíso, sino que de hecho estemos allí permanentemente, sin que importe que aquí lo sepamos o no.
68. ¡Qué cosa hay más alegre que la fe en un dios doméstico!
69. Teóricamente hay una perfecta posibilidad de felicidad: creer en lo indestructible que hay en uno y no empeñarse por conseguirlo.
70/71. Lo indestructible es una cosa; todo hombre individualmente es ello, y ello es común simultáneamente a todos, de ahí que haya que concluir que en el mismo hombre hay diversos sujetos.
77. El trato con los hombres seduce a observarse a sí mismo.
82. ¿Por qué nos quejamos del pecado original? No hemos sido expulsados del paraíso por culpa de él, sino a causa del árbol de la vida, para que no comamos de él.
83. No sólo somos pecadores porque hemos comido del árbol del conocimiento, sino también porque no hemos comido del árbol de la vida. De pecado es el estado en que nos encontramos, aparte de la culpa.
84. Fuimos creados para vivir en el paraíso; el paraíso estaba destinado a servirnos. Nuestro destino ha sido modificado; que esto haya ocurrido también con el destino del paraíso, no se dice.
85. El mal es una irradiación de la conciencia humana en ciertas situaciones transitorias. No es propiamente el mundo sensorial apariencia, sino lo malo que hay en él, que es lo que forma sin duda a nuestros ojos el mundo sensorial.
86. Desde el pecado original somos esencialmente iguales en la capacidad de conocer el bien y el mal; sin embargo, buscamos justamente en esto nuestras ventajas especiales. Pero sólo más allá de dicho conocimiento comienzan las verdaderas diferencias. La apariencia opuesta es suscitada por lo siguiente: nadie se puede conformar con el conocimiento sólo, sino que tiene que esforzarse por actuar de acuerdo con él. Pero a tal fin no le ha sido dada la fuerza suficiente, de ahí que tenga que destruirse a sí mismo, aun corriendo peligro de no recibir por ello la fuerza necesaria; mas no le queda otra cosa que este último intento. (Éste es también el sentido de la amenaza de muerte hecha al prohibir que se coma del árbol del conocimiento; quizá tal es también el sentido originario de la muerte natural.) Ahora bien, el hombre tiene miedo de intentar esto; prefiere anular el conocimiento del bien y del mal (la denominación ‘pecado original’ se remonta a este miedo); pero no es posible anular lo ocurrido, sino sólo hacerlo borroso. Con este fin surgen las motivaciones. Todo el mundo está lleno de ellas, todo el mundo visible no es quizá otra cosa que una motivación del hombre que durante un instante quiere descansar. Un intento de falsificar el hecho del conocimiento, de transformar el conocimiento tan sólo en una meta.
89. Un hombre tiene voluntad libre de tres maneras. En primer lugar, fue libre cuando quiso esta vida; ahora ya no la puede anular, pues ya no es más el mismo que entonces quería aquello, a menos que lo fuera sólo en la medida en que realiza su voluntad de entonces, en la medida en que vive.
En segundo lugar, es libre en la medida en que puede elegir la marcha y el camino de esta vida.
Es libre en tercer lugar en la medida en que, como aquel que volverá a ser alguna vez, tiene la voluntad de marchar por la vida en cualquier condición y de encontrarse de esta manera consigo mismo, y por un camino que es ciertamente elegible, pero hasta tal punto laberíntico que no deja sin tocar ni el menor sitio de esta vida.
Tales son las tres maneras de la voluntad libre; pero como son simultáneas hay también una sola manera, y es en lo fundamental tanto una sola que no hay lugar para ninguna voluntad, ni para la libre ni para la sierva.
90. Dos posibilidades: hacerse infinitamente pequeño o serlo. Lo segundo es perfección, por tanto inactividad; lo primero, comienzo, por lo tanto acción.
93. ¡Psicología por última vez!
103. Puedes mantenerte alejado de los sufrimientos del mundo, ello queda a tu criterio y está de acuerdo con tu naturaleza; pero precisamente es este mantenerse alejado el único sufrimiento que podrías evitar.
106. La humildad les da a todos, hasta al que desespera en la soledad, la más firme relación con los congéneres, y por cierto en seguida, cuando se trata de una humildad total y duradera. Sólo se puede conseguir ésta porque es el verdadero lenguaje de la plegaria: simultáneamente adoración y la más firme unión. La relación con los otros hombres es la relación de la plegaria, la relación consigo mismo es la relación del esfuerzo por superarse; de la plegaria se toma fuerza para este esfuerzo.
* ¿Acaso puedes conocer otra cosa que engaño? Una vez que se aniquila el engaño ya no te está permitido ver, o te transformas en una estatua de sal.
108. “Entonces volvió a su trabajo como si nada hubiera ocurrido”. Ésta es una observación corriente para nosotros debido a una confusa cantidad de antiguas narraciones, aunque quizá en ninguna aparece.
109. “No se puede decir que nos falte fe. El simple hecho de nuestra vida, en su valor de fe, no puede ser agotado”. “¿Habría aquí un valor de fe? ¡Pero si no es posible no vivir!” “Justamente, en este ‘no es posible’ se encuentra la insensata fuerza de la fe; en esta negación adquiere forma”.
* No es necesario que salgas de casa. Quédate junto a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera. Pero ni siquiera esperes, quédate completamente quieto y solo. Se te ofrecerá el mundo para el desenmascaramiento, no puede hacer otra cosa, extasiado se retorcerá ante ti.
Traducción de Oscar Caeiro
Franz Kafka Aforismos Sabiduría súbita
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Lennon no cumplió 64 años

TA MEGALA
Fernando Solana Olivares
Nosotros, aquellos que fuimos, estamos a punto de dejar de ser. Mera impermanencia, como resultan las cosas: el paso del tiempo sobre la espalda. El 9 de octubre de 2004, John Lennon habría cumplido sesenta y cuatro años, según la memorable canción que compusiera con Paul McCartney, incumplida para él a los cuarenta años de edad, cuando fue asesinado en Nueva York por Mark David Chapman bajo la arcada del edificio Dakota a las once de la noche del 8 de diciembre de 1980.
El 4 de noviembre de ese año, día de las elecciones presidenciales ganadas por Reagan, Lennon especuló que éste sería muerto en un atentado y que el siniestro George Bush terminaría apoderándose del gobierno. Recordó entonces al amable pero un poco despistado presidente Carter, al que junto con Yoko había conocido en la Casa Blanca durante un baile inaugural. Después habló con su hijo Julian por teléfono desde Londres, quien le pidió dinero, como solía exigirlo, haciéndole sentir, como solía sentirlo, que sólo le interesaba para eso. La conversación fue áspera y él se encabronó.
Antes, el 9 de octubre, en su principesco departamento del edificio Dakota, Lennon despertó con las felicitaciones de su cumpleaños cuarenta transmitidas por la radio. A pesar de ser una fecha esperada con expectación, el Gran 40, como le llamaba, festejó modestamente en la cocina con Yoko, su hijo menor Sean y el personal de servicio. Pastel, velas, deseos, regalos, mientras Yoko no dejaba de hablar por teléfono para supervisar la edición y mezcla de Double Fantasy, el disco que estaba a punto de aparecer.
Más tarde el pequeño Sean subió con su nana a la azotea del edificio para mirar el espectáculo de los fans, más nutrido que de costumbre, quienes cantaron “Feliz cumpleaños” para John. Cuando alguien en la multitud gritó al niño preguntándole por su padre, éste contestó que no podía subir porque estaba dormido. Pero no era así: había salido con Yoko a hacer la remezcla final del disco, tarea que les llevaría hasta el amanecer.
El disco lo puso paranoico. Lennon tenía la sensación de que sus mejores tiempos ya habían pasado y que no volvería nunca a ser el primero en la música de rock. Llevaba veinticinco años en el camino y a menudo pensaba en retirarse para dejar a Madre, como llamaba a Yoko en ocasiones concluyentes, a cargo de los negocios y del torbellino mediático exterior. Leía sobre sí mismo artículos como el de Esquire de noviembre que se anunciaba así: “Un sabueso literario enviado para acechar a la Morsa evasiva descubre que el Beatle perdido es un hombre de ninguna parte (nowhere man).” Lawrence Shames, el articulista, lo satirizaba como un hombre de negocios maduro e inaccesible y dueño de 150 millones de dólares, antes que como un músico singular o un artista vigente.
Con motivo de su cumpleaños, su tía Mimi, con quien John había vivido en la adolescencia, le envió una carta que lo hizo salir de sus cabales. Estaba llena de críticas, como era costumbre desde aquellos años, cuando ya la tía Mimi desaprobaba la forma de vida de ese joven sobrino sin padre y abandonado por la madre que ella había recogido. Su tempestuosa relación se había atenuado, pero la tía conservaba la capacidad de irritarlo.
Procedió a contestarle en una carta que nunca mandó. En ella le comunicaba que dado que jamás le habían gustado ni sus amigos ni su estilo de vida, y porque conservaba su sólido sentido común, él nunca había escrito sus canciones para mentes victorianas ni para tías criticonas. Al final de la respuesta se jactó de no depender de gente tan retrógrada para vender su música, porque de ser así ahora viviría jodido en Liverpool con ella.
Su horóscopo lo había previsto. Era Libra-Acuario y lo consultaba regularmente. Casi a diario abría el periódico y buscaba el suyo, el de Yoko y el de Sean. Su relación con Madre había mejorado pero ella pasaba mucho tiempo fuera de casa, dirigiendo su empresa, grabando discos, editando videos, representando la marca familiar. Sólo que Double Fantasy era uno de los discos más vendidos y una de sus canciones, “Starting Over”, alcanzaba el número cuatro de las listas, más allá de sus prevenciones negativas, pero tal y como eran sus más íntimos deseos. Estaban ocurriendo cosas que lo llevaban a creer que la Divina Providencia existía: los cientos de miles de copias de la canción vendidas en Inglaterra, ese su país que maltratara a Yoko, resultaban una reparación.
La Divina Providencia, mientras tanto, también estaba en Honolulú, dejando de la mano a Mark David Chapman, un hombre miserable atrapado en un destino de diez millones de turistas, casado con una japonesa mucho mayor, sin oficio ni trabajo, electrizado por la novela de J. D. Salinger, El guardián entre el centeno, que lee compulsivamente una y otra vez y de cuyo héroe literario, Holden Caufield, se cree una especie de avatar. Y obesionado con un Lennon al que percibe rico y exitoso en demasía. Pero además hipócrita en sus letras: “Todo lo que necesitas es amor.” Sí, cómo no. “Imagina que no hay posesiones.” Sí, cómo no.
Aquello se mezcla en la biblioteca donde Chapman se refugia para paliar el insoportable calor del día hawaiano. Pide una edición de su libro mántrico, El guardián, aunque lleva la suya en el grasoso bolsillo. Como alguien lo sacó prestado, a cambio le entregan una biografía fotográfica de Lennon, su objetivo. Deriva entonces en responsabilizarlo de una conjura colosal: aquella música que él mismo tanto amara no era verdad y Lennon había lucrado con ese engaño, lo seguía haciendo para destruir las vidas de quienes, como Chapman, descubrían tal falsedad.
La envidia viscosa se derritió en la chabola del infierno honoluleño, Chapman no pudo más, consiguió una pistola, tomó algunas disposiciones, dejó una nota de despedida a su enigmática esposa, voló en avión y se apostó afuera del edificio Dakota, un decorado brujeril que lo estimulaba, para cazar a Lennon con la novela talismán en el interior del abrigo presionando su pecho y la mano empuñando el arma dentro del bolsillo.
La última anotación de Lennon en su diario, por la mañana, fue una línea poética copiada del victoriano Robert Browning, de quien John creía ser reencarnación: “¡Envejece sólo conmigo! /Lo mejor aún está por venir.” Resultó otra premomición fallida: ni llegar a los 64 años ni envejecer junto a Yoko. Después posó desnudo en posición fetal para unas fotografías ahora legendarias, dio una entrevista de radio en la que habló de sus costumbres familiares, y trabajó varias horas con Yoko en el disco “Thin Ice.”
Cuando Lennon volvió con su mujer al Dakota el destino lo alcanzó a la entrada y el homicida Chapman lo mató a tiros. Por ello nunca podrá cumplir aquella cifra premonitoria. Ni siquiera su biógrafo Robert Rosen, del que proviene mucha de la información utilizada en este texto, conjetura lo que hubiera sido de la Morsa a esa respetable edad. Esperaba con ansiedad cumplir 50 años porque quería hacerse cargo de su rostro —según una frase que atribuía al escritor George Orwell y le encantaba repetir—. Así que a las once de la noche de ese 8 de diciembre murió teniendo un inolvidable semblante de cuarentón. Hasta la fecha Mark David Chapman sigue preso, y su rostro, según dicen quienes lo han visto, sólo provoca compasión.
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Once consideraciones sobre el morir

TA MEGALA
Fernando Solana Olivares
I. La proximidad con la muerte es ajena para el pensamiento moderno. Considerarla una puerta que se abre es violentar la metáfora esencial que la define como lo contrario: no un cambio de estado sino un irreparable final. Dos actitudes pueden distinguirse ante ella: apartarla del pensamiento para vivir creyéndose libres de su servidumbre o, por el contrario, sentir que se vive con más fuerza e inteligencia acechando a la muerte en cada una de las tantas señales que hace a través de las sensaciones internas de la conciencia y los azares del mundo exterior.
II. La primera postura se encuentra en todas partes: el horror ante la muerte y la negativa a afrontar su inevitabilidad son el credo del individuo contemporáneo. Nadie acostumbra hacer ahora lo que la ética samurai enseñaba hace siglos a sus adeptos: “Morid con el pensamiento cada mañana y ya no temeréis morir”, porque la muerte es la extinción del cuerpo y con el cuerpo está relacionado, como nunca antes en la historia humana, el sentimiento de identidad personal.
III. Algún maestro de la antigüedad afirmó que la filosofía es el registro de los intentos del hombre por relacionarse con la muerte. Aunque pensadores contemporáneos tan irreprochables como Wittgenstein no lo creyeron así: “La muerte no es un evento de la vida: no se vive la muerte”, escribió, como si fuera un hecho que no concierne a la existencia. Pero si esa palabra estuviera ausente del vocabulario humano mucho de su mejor arte no existiría, quizá tampoco sus religiones, porque la muerte enseñó a los hombres el sentido de lo trágico y los obligó a preguntarse por el más allá. Sin embargo, la muerte ya no está en la vida: ahora ocurre en los purgatorios modernos que se llaman hospitales, entre torturas médicas que se consideran inevitables así se sepan inútiles.
IV. La divisa imperial de los años finales del emperador Adriano, contados por Margarite Yourcenar, es Patientia. Paciencia para esperar la muerte y resignarse a sus estragos que avanzan por el cuerpo, reino indefenso; paciencia para esperar la revelación final que la muerte trae consigo. Luminoso, hasta el instante último dueño empecinado de sí mismo, Adriano convoca a su alma, “huésped y compañera”, a morir despierta, con los ojos abiertos. Tal invitación no es una desmesura: vivir con los ojos cerrados, como se hace en nuestros días, es morir en la oscuridad.
V. Zenón, en cambio, el médico alquimista del siglo XVI, oscuro y sombrío, precipita por mano propia el tránsito, con precisión de cirujano abre sus venas y observa la agonía. Esas dos muertes, que no son excluyentes ni contradictorias, son también las de la propia autora que las imaginó. Distintas entre sí nada más en los detalles, las tres son lentas y propias, nadie interviene en ellas para alterarlas o para adormecer la conciencia natural que buscaba Montaigne, el hombre que en Occidente más se pareció a un filósofo taoísta. Julio César deseó morir súbitamente. Yourcenar pidió una cadencia distinta y la obtuvo. En su muerte está la cifra de su vida: pasar de la inteligencia que discrimina a la conciencia que engloba, dirigirse hasta el final en el sentido de las cosas.
VI. Cuando el poeta Eliseo Diego escribe que “La muerte es esa pequeña jarra, con flores pintadas a mano, que hay en todas las casas y que uno no se detiene a ver”, alude a dos características esenciales de una costumbre que suele tener la gente, como diría la milonga borgiana: su condición general —afirmar que la jarra está en todas las casas es una variante poética del conocido silogismo: “Todos los hombres son animales; todos los animales son mortales; por lo tanto, todos los hombres son mortales”—, y la perseverante negativa a reconocer esa condición —la muerte siempre le ocurre a los otros, por eso el hombre común la ignora y el poderoso envía a los demás a ella: la desvía de sí—. Sólo que el poeta acierta: todos nos vamos a morir. ¿No valdría la pena entonces mirar desde ahora la jarra?
VII. Esa fue la tesis central, el pródigo lugar común de un afamado conferencista médico en alguna ocasión: “todos nos vamos a morir”, reiteró una y cien veces, mientras su mujer, sentada en la primera fila del auditorio, se maquilló sin ningún recato durante la exposición magistral, utilizando pinzas, algodones, sustancias y afeites que profusamente sacó de una pequeña maleta puesta sobre su regazo, como si en la generalización del marido ella no quedara incluida. El hombre concluyó su disertación entre aplausos admirativos sin decir lo que parecía evidente: “todos, menos mi esposa, nos vamos a morir”.
VIII. “La realidad no sólo es más fantástica de lo que pensamos, sino también mucho más fantástica de todo lo que podamos imaginar”, escribió el biólogo Haldane, para reiterar la noción poética que establece la existencia de los muchos, incuantificables mundos que están en éste, donde lo invisible se manifiesta en lo visible, así nuestra ceguera cultural materialista se empeñe en ignorarlo. Los símbolos más simples reiteran que la pérdida de la individualidad que designamos como muerte no es una extinción sino una metamorfosis: aquí cayó el telón porque en otro lugar se levanta, donde se cerró una puerta en algún sitio se abrió. Es como el sol, cuyo ocaso acá es un orto al otro lado. Dos requisitos hay en esto: comprender los símbolos y aceptar que existe un más allá.
IX. La muerte es triste, la muerte es necesaria. Sin ella, el tiempo se volvería insoportable. Pero la muerte es insoportable porque nuestra cultura racionalista ha negado que morir signifique una reintegración en la conciencia cósmica, ya que considera inverificable tanto la existencia de dicha conciencia como la posibilidad de la vida después de la muerte. La confianza occidental en la razón, tan prominente desde fines del siglo XVII hasta ahora, destruyó la confianza religiosa en la revelación, que conducía hacia la muerte y consolaba de ella dándole un sentido, así fuera devocional.
X. Antes la vida era una preparación para la muerte y cuatro fines debían cumplirse en cualquier existencia cabal: el placer físico, la familia, la ley moral y la liberación, es decir, el bien morir. Hoy predomina sobre todos los otros fines el primero, que se entiende como la única forma aceptable de la felicidad: es el éxito, la ideología más falsa en circulación. A pesar de ello, nuestra cultura mediática predica la violencia y la destrucción sistemáticas, sus héroes son flagrantes homicidas y sus complacencias nihilistas exaltan la sangre y el horror. Hoy la muerte es electrónica y conduce la programación.
XI. Ladislau Boros, un teólogo católico, afirma que la muerte no es una separación sencilla del cuerpo y el alma, sino un proceso de transformación integral que afecta también el interior del alma. De ahí que el apego al yo sea su obstáculo central: quien muere resistiéndose a la muerte puede convertirse en un ánima en pena, en un fantasma desgraciado. La conciencia es un singular cuyo plural se desconoce, una ilusión en una galería de espejos. Bienaventurada es la muerte porque bienaventurada es la vida. A fin de cuentas, todo consiste en salir de una para entrar a la otra con los ojos abiertos.

