Morfema Cero

  • ¡Esta casa no se vende! quebranto

    ¡Esta casa no se vende! quebranto

    Culturas impopulares

    Jorge Pech Casanova

    En 1981 Warren Adler narró en su novela La guerra de los Rose cómo una pareja de exitosos materialistas lograba durante su matrimonio tener un hogar de ensueño y, al divorciarse, se enfrascaban en una batalla por la propiedad hasta llegar a la mutua destrucción. El director y actor Danny de Vitto tomó la historia para su película del mismo título, estrenada en los días postreros de 1989. Diez años más tarde, el médico Nicholas Bartha y su esposa Cordula Hahn reprodujeron en Nueva York el conflicto de los ficticios Jonathan y Barbara Rose.

    En 2001, cuando el litigio por la casa de Bartha llegaba a un punto de amarga tensión, el médico hizo a su esposa y sus hijas Johanna y Serena esta advertencia: “Se transformarán de paleadoras de oro en paleadoras de basura. Siempre quisieron que vendiera la casa. Siempre les dije que la dejaría sólo si me muero. Me ridiculizaron. Debieran tomarme en serio”.

    Durante los siguientes cinco años el médico pasó por un quebranto que sus conocidos observaron con zozobra: enfermo de diabetes y del corazón, llegó a pesar más de 150 kilos. Se vestía con descuido, sin meter los faldones de su camisa dentro de sus pantalones, cuyo cierre se olvidaba de subir. Mark Baum, agente de bienes raíces que frecuentaba al galeno, notó en una de sus visitas que tenía los lentes cubiertos de una película blanca. Al preguntar Baum si era pintura, Bartha se quitó los anteojos, los sopló y le informó: “Es sólo caspa”.

    La relación de Nicholas Bartha y Cordula Hahn comenzó en 1973. Se conocieron en Italia, a donde viajaba Bartha para completar el entrenamiento médico que aseguraría su residencia en Nueva York, a donde él y su familia habían emigrado, perseguidos por la dictadura comunista rumana. Hahn había nacido en Holanda, donde su familia judía checoslovaca tuvo que emigrar huyendo de los nazis. En Italia, la mujer obtuvo el doctorado en literatura clásica alemana.

    Con ese historial de persecuciones, Nicholas y Cordula se casaron para establecerse en Nueva York. Con el tiempo, Bartha y Hahn adquirieron una casa histórica, construida en 1882 en el East Side neoyorquino. Bartha estaba obsesionado con ese hogar, en cuya sala con chimenea de mármol, candelabro y aplicaciones de hoja de oro en el techo, el presidente Franklin Roosevelt se reunía durante la década de 1940 con industriales como Vincent Astor y Nelson Doubleday.

    Al comenzar el siglo XXI y quedarse sin familia, el divorciado Nicholas Bartha tapió la chimenea, guardó el candelabro en el sótano y comenzó a acumular en la elegante sala libros y papeles. El agente Baum de cuando en cuando le sugería a Bartha deshacerse de los empolvados documentos. El médico respondía que esos papeles lo acompañaban.

    Bartha adquirió la casa en 1980 con aportaciones suyas y de sus padres, así como de su esposa. Para mantener a la familia, el médico trabajaba turnos extra y faltaba cada vez más en su hogar. El matrimonio Bartha Hahn, pese a tener el hogar de ensueño, estaba dañado en su base. Desde que adquirió la casa Nicholas quería divorciarse de Cordula, pero no lo hizo “por las niñas”. Casi veinte infelices años pasó la familia en la casa hasta que Cordula enfermó de cáncer de mama en 1999 y la madre de Nicholas falleció mientras intentaba recuperar su casa en Rumania (como al dictador Ceausescu lo fusilaron ese año, numerosos ex perseguidos políticos buscaron recuperar sus bienes confiscados).

    Nicholas Bartha se enteró de que una minera canadiense intentaba quedarse con el pueblo rumano de Rosia Montana, donde quedó sepultada su madre Ethel. Eso aumentó la amargura y la ira de aquel médico obsesionado con la noción de propiedad. Además, sus hijas le informaron que no irían a la universidad porque Johanna quería ser modista y Serena chef. El médico las desairó diciendo que serían sólo una costurera y una cocinera. Culpó a Cordula por no orientarlas a mejores aspiraciones.

    Madre e hijas se fueron a vivir a Washington Heights, suburbio de menor categoría que el Upper East End. En 2002 Cordula presentó una demanda de divorcio. El juicio duró tres años, en los que Bartha se negó a llegar a un arreglo, pues al principio la ex esposa sólo pedía repartir algunos bienes y dinero. Cuando los gastos de representación legal aumentaron, Cordula pidió vender la casa del East End.

    A Bartha lo enfureció ese año la muerte de su hermano Attila y el que la viuda de éste se quedara con su casa. En los años siguientes Nicholas intentó suicidarse en vano. Se agravaron sus padecimientos. Para 2005 su adorada casa comenzó a presentar problemas de conservación: primero se echó a perder el viejo calentador, luego el sistema eléctrico.

    En el último juicio que perdió, Bartha fue notificado de que debía pagar a su ex esposa más de cuatro millones de dólares por costas judiciales, más una pensión de cinco mil dólares al mes. La casa en Upper East End tendría que venderse, y ni así saldaba la deuda. Cordula pidió a un alguacil que desalojara a su ex esposo junto con dos escritorios. A Bartha le llegaba notificación tras notificación de desahucio, que no respondía.

    En la última semana de junio de 2006, el médico preguntó al agente Baum cuánto tiempo tardaría en vender la casa. Baum le dijo que tres meses. No volvió a tener comunicación con el exiliado rumano.

    El 10 de julio de 2006 Nicholas Bartha escribió una nota a su esposa: “Cordula, cree ahora lo que te dije. No voy a dejar que nadie me expulse como hicieron los comunistas en Rumania en 1947”. Roció su casa con gasolina, rompió una tubería de gas en el sótano y voló el edificio. La explosión fue tan pavorosa que la Casa Blanca recibió notificación del suceso.

    Bartha fue rescatado de los escombros con vida. Estuvo en coma seis días. Al fin, falleció por las quemaduras y por complicaciones de sobrepeso. Lo enterraron en la tumba de su padre y su hermano.

    Cordula Hahn vive todavía. En 2020 la entrevistaron para un reportaje sobre cómo pasaban la epidemia de coronavirus las personas sobrevivientes del holocausto nazi.

    Cordula dijo riendo a la reportera en Brooklyn. “Me di cuenta de la situación cuando faltó el papel de baño en los supermercados y me dije: ¡Ay, no! ¿Tendré que volver a usar papel periódico? Eso hicimos cuando nos escondíamos en Holanda. Crecí pobre como refugiada de guerra. Así que puedo vivir sin cosas, lo cual es muy reconfortante en realidad. No necesito cosas para sobrevivir, incluyendo el papel de baño”.

  • Por quién votar

    Por quién votar

    Parque México

    Fernando Solana Olivares

    1. No se puede hacer nada de la nada, escribió el poeta latino Lucrecio. Nada saldrá de la nada, dijo después el rey Lear. Ese principio define el no-programa político de la derecha mexicana, la cual durante seis años se ha dedicado a rechazar mediante falacias mediáticas y campañas negras las propuestas legislativas y de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, sean estas las que sean y sin ningún análisis en el cual prevalezca el interés nacional, sólo por provenir de un personaje político que concentra sus odios, sus obsesiones y su fascinación —negativa e inconfesa, al modo de un enamoramiento secreto y vergonzante—, como ningún otro dirigente había provocado en la historia moderna del país. 

           La magnitud de ese rechazo, su insistencia e invariabilidad son proporcionales a la afectación de los intereses conservadores y oligárquicos, tanto nacionales como extranjeros, que ha representado su llegada a la Presidencia, su mayoría legislativa y electoral y las medidas del gobierno de Morena y la 4T.  Afectaciones meramente discursivas algunas y otras de carácter práctico, pero suficientes para arrebatar a la derecha neoliberal el poder político y el control ideológico ejercido durante treinta años, y evitar mediante el voto democrático y mayoritario que regrese a detentarlo.

    2. La sociedad tardomoderna es una formidable empresa de sugestión que ha producido la mentalidad actual, fabricándola de tal manera que se vea obligada a ignorar la posibilidad de haber sido fabricada. Este ocultamiento, que hace pasar por natural un proceso diseñado, es el mayor secreto de todos.

           El último episodio de la batalla por las ideas, una guerra cultural todavía en curso y ahora agudizada en Occidente, empezó en la década de los años sesenta/setenta del siglo pasado cuando la contracultura liberal influía el escenario público frente al sangriento fracaso de la guerra de Vietnam, la corrupción política de las democracias y los valores del sistema capitalista rechazados por la juventud. Desde entonces fanáticos religiosos, ideólogos conservadores, agencias de inteligencia, académicos universitarios y centros de pensamiento, capitales financieros, hombres de negocios, políticos reaccionarios y economistas neoliberales se comprometieron en una “larga marcha” para capturar los Estados nacionales, imponer una globalización desigual en el planeta y moldear una ideología común.

           Poderosas fundaciones ultraconservadoras se empeñaron en contrarrestar, a través de los medios de comunicación y la sociedad del espectáculo, la crítica que surgía desde el pensamiento de izquierda y los campus universitarios. Sobrevendría el “fin de la historia” proclamado por uno de los intelectuales orgánicos de esa revolución conservadora que a partir de 2001 alcanzaría la hegemonía casi planetaria como si fuera un hecho benéfico para todas las sociedades. 

    3. Durante décadas los mensajes de la revolución conservadora han sido cuidadosamente diseñados y difundidos empleando elaboradas técnicas de marketing, relaciones políticas, gestión pública, cabildeos legislativos, agencias de espionaje y contenidos de entretenimiento que se repiten en un ecosistema colectivizado hasta ser asumidos por las grandes mayorías.

           Desde la negación de la existencia del bien común para reemplazarla por la disolvente noción del interés individual (“no hay sociedad sino individuos”, es uno de sus mantras), hasta la afirmación de que los sistemas de salud y seguridad social estatales, los derechos laborales, las escuelas públicas y las burocracias gubernamentales son ineficaces y perjudican el desarrollo económico, obsesión ideológica del necrocapitalismo, porque frenan la “competitividad” de un país. Desde la abolición de las obligaciones históricas de los Estados nacionales y sus soberanías, hasta la interesada exacerbación de la violencia del crimen organizado y la fatalidad de la inestabilidad colectiva, los mensajes se inoculan en la conciencia de la gente por múltiples medios.

           Esta sobresocialización hegemónica es una técnica llamada Mighty Wurlitzer por la CIA: propaganda pertinaz y repetida que se asume irreflexivamente como verdad. Un estudio al respecto advierte que “el resultado de esta estrategia invisible en extremo es una amplificación extraordinaria de los puntos de vista de la derecha sobre una gran variedad de temas”. A partir de ese momento lo que se hace pasar por realidad, aunque sea manipulada, nihilista y destructiva, aunque afecte los intereses públicos y comunes, se volverá inevitable y racional.  

           Tienen razón entonces porque han vencido. Han vencido porque tienen razón. Así, la filosofía de la victoria se convierte masivamente en una verdad acrítica, devocional.

    4. Las operaciones de manipulación masiva provienen de una degradación del lenguaje que busca la degradación de las personas y de la sociedad. “Lengua de madera”, le llama Georges Orwell.

           Es un lenguaje decadente compuesto de metáforas muertas, palabras vacuas, eufemismos, frases hechas. Un lenguaje mendaz que finge entregar bienes pero no hace sino liberar ruidos e impedir la comprensión de lo real. Como un “catálogo de estafas y perversiones” a gran escala, actos de engaño calculados para evitar la comprensión. 

           El lenguaje descuidado e intencionalmente empobrecido inhibe el pensamiento y convierte a las personas en víctimas inertes de las manipulaciones del poder. Elimina el conjunto de ideas y sus conceptos para ser sustituidos por una simplificación cuyo fundamento es la posverdad: afirmaciones falsas y mentirosas que no requieren demostrarse para ser emitidas y acríticamente creídas.

           La mentira como reiteración verosímil y sistemática exige un autoengaño inducido voluntariamente y solapado por quien lo afirma y por aquel que lo cree. (“Ya te lo dije tres veces, entonces es verdad”, promulga la Reina de Corazones en Alicia). Una afirmación repetida muchas veces se convierte en su misma demostración: es verdad porque se dice, porque se dice es verdad.

           Los discursos de odio se nutren de tales mecanismos. Uno de ellos es lo que se ha descrito como “el sistema de angustias” construido por los medios de comunicación masiva. Forma parte de la cultura del miedo exacerbada por el neoliberalismo. Como observa Ilán Semo, “el retorno de la extrema derecha no es casual, […] apuesta por enardecer la incertidumbre”.

    5. Alguna de las novelas políticas sobre estos crispados tiempos mexicanos estará compuesta con la suma de delirantes insensateces (abolición de la propiedad privada, nacionalizaciones “socialistas”), obscenas pendejadas (magia negra desde Palacio Nacional, crímenes políticos, libros de texto “comunistas”), falacias impúdicas (petróleo regalado a Cuba, escasez intencional de medicamentos), aseveraciones calumniosas (culto a la Santa Muerte promovido por la 4T), infamaciones gratuitas (la Casa Gris, vínculos presidenciales con el narcotráfico), credulidades públicas (cierre inminente de templos católicos, debacle del sistema eléctrico), comparaciones demenciales (Venezuela, Stalin, dictadura, Gulag, genocidio), y un larguísimo etcétera de desbarros, entre ellos los soeces insultos y las crónicas faltas de respeto contra la investidura presidencial. 

          Invenciones elementales revestidas de una supuesta seriedad que desde hace seis años saturan espacios noticiosos, opiniones y análisis, aparentemente variopintos aunque siempre negativos y parciales, obedeciendo una unificación temática a la que responden los medios del mainstream informativo. “Nado sincronizado”, llama la teoría comunicativa a esas campañas de similitud programada impuestas desde los centros del poder político y económico.

           Sus agentes y difusores responden a una perspectiva que no es espontánea. Como en todo proceso piramidal, existe un vértice desde el cual se dictan las líneas opinativas a seguir y de ahí se propagan hacia los participantes en las violentas campañas de crispación obsesiva y mentiras catastróficas contra la 4T desde 2018 hasta hoy.

           Siguiendo el principio lógico de la Navaja de Ockham —un principio de economía deductiva que propone no multiplicar sin necesidad las razones de un fenómeno dado, y postula que la explicación más simple es la más probable—, la organización opositora Fuerza y Corazón por México, formada por el PRI, el PAN y el PRD bajo la dirección del empresario Claudio X. González, es la que se encarga de marcar las tendencias y tópicos comunicacionales, en los que interviene el Departamento de Estado norteamericano, sus agencias de inteligencia (CIA y DEA entre otras) y de financiamiento a instituciones “democráticas” de la sociedad civil en México y otros países, así como los centros financieros trasnacionales, verdaderos mandantes de la política occidental.   

           Estratificado en círculos, el pequeño grupo que obedece y a la vez instrumenta las tácticas de esta guerra sucia hace llegar a los propietarios de los medios masivos y a sus opinadores a sueldo, entre los cuales se encuentran conspicuos “intelectuales” que nunca lo han sido dada su venal sujeción al poder político y económico y su mediocridad conceptual, las tendencias que deberán seguirse. En esa centralización se origina el golpeteo sistemático y unificado de las redes sociales, uniformidad que en sí misma resulta una confesión de parte y una prueba de que se trata de una operación política neoliberal de desestabilización golpista. 

    6.  Las recurrencias y límites del discurso negativo de la oposición son patéticos. 

           “Todo está mal”, afirma, violentando la lógica analítica. El todo no existe y en cualquier contexto hay matices, excepciones y salvedades. La totalización de lo negativo describe a quien lo utiliza más que a aquello que se pretende reprobar. No demuestra nada, sólo lo califica.

           El menosprecio de fenómenos como la amplia popularidad presidencial mantenida durante todo el sexenio, la cual quiere explicarse como la “servidumbre voluntaria” de una sociedad enajenada por el miedo, estupidizada por sus propias limitaciones o chantajeada populistamente por los apoyos sociales.  

           Afirmaciones retóricas como la “deriva autoritaria” del lópezobradorismo en este sexenio que, con el triunfo de Morena, se extendería por seis años más. Esa “grave amenaza para la democracia”, enarbolada por una pequeña cofradía de académicos y muy desprestigiados intelectuales, sólo podría evitarse con el triunfo de la oposición, la cual según ellos representa la pluralidad democrática del diálogo y la tolerancia.

           Es asombroso que dicha pluralidad esté representada por una clase política delictiva y cleptocrática que ha saqueado al país por décadas, sin otro proyecto político que su propio beneficio, utilizando un engendro político como el PRIAN y su limitada y hueca candidata presidencial.

           La “deriva autoritaria” invocada por los intelectuales que fungen como ideólogos de esta vergonzosa coalición de intereses, antes prosas críticas y ahora amanuenses del peor conservadurismo corrupto, es su propia deriva moral. El triste plato de lentejas, así sean millonarias, con el que fueron comprados.

           Conociendo a los tres o cuatro actores principales del complot, conociendo sus obras escritas y su trayectoria pública, no debiera llamar a sorpresa que al final de sus días continúen traicionando una obligación cultural y de independencia crítica que hace décadas abandonaron. Mediocres Faustos de caricatura cuyo destino será (ya es) el oprobio de su desprestigio. La historia no los perdonará.

    7.  A pesar de sus claroscuros, del cuestionable pragmatismo político que ha caracterizado parte de su desarrollo, de sus errores en el método de gobierno y en el tratamiento de la inseguridad nacional, de su confrontación recurrente desde la presidencia (un mecanismo reactivo de defensa que acabó demostrando su brillantez táctica y su genialidad estratégica), de su tabula rasa a veces indiscriminada, de la providencialidad que el presidente se atribuyó a sí mismo, de su horizonte mental productivista y socialdemócrata propio de una época en parte anclada en el pasado, la 4T ha representado un hito en el destino de la nación. Este gobierno deja tras de sí una sociedad informada y participativa. Su gran pedagogía civil fue hacer del ejercicio del poder un asunto público ante los ojos de todos. Reivindicar la soberanía sobre los recursos nacionales y fortalecer un Estado que el neoliberalismo de la revolución conservadora pretendió seguir desmantelando en beneficio de los intereses geopolíticos y económicos del imperio y los grandes capitales trasnacionales.

           Para contrarrestar la judicialización de las elecciones, la intentona de un lawfare —esos golpes de Estado en nombre de la “ley”, como los llevados a cabo en América Latina bajo la dirección de las agencias de inteligencia norteamericanas y con la participación de los poderes judiciales y electorales locales— es necesario votar masivamente por Claudia Sheinbaum y los candidatos de Morena. 

           La política es el arte de lo posible. No de lo perfecto sino objetivamente de lo mejor posible. Frente al antidemocrático horror económico y social que representa la derecha, en un momento de descomposición mundial como el que se vive, México sigue contando con la oportunidad de construir un mejor presente y elaborar un futuro común habitable.

           Claudia Sheinbaum es la única opción para lograrlo. Lo demás es el regreso a un purgatorio que durante treinta años este país ya padeció. 

  • El pretérito imperfecto de Flaubert 

    El pretérito imperfecto de Flaubert 

    El laberinto del mundo

    José Antonio Lugo

    A Ricardo Ancira 

    I. Un repaso por la obra del creador de la novela moderna

    A lo largo de muchas semanas, gracias a la hospitalidad de Morfemacero, hemos revisado los 11 tomos de la correspondencia de Flaubert, en la edición de Conard (1926), Madame Bovary, Salammbô, Tres cuentos, Bouvard y Pécuchet y el Diccionario de tópicos, así como la biografía de Flaubert de Herbert Lotman, la metaliteratura de las novelas Mademoiselle Bovary, de Maxime Benoit-Jeannin y Monsieur Bovary, de Laura Grimaldi; El idiota de la familia, el libro que le consagró Jean Paul Sartre, y El loro de Flaubert el que le dedicó Julian Barnes. Ha llegado el momento de la cereza en el pastel: La educación sentimental, publicada en 1868. 

    II. La ilusión de la realidad

    Decía Albert Thibaudet que: «Emma sueña con la vida pero no sueña su vida, ella la vive patéticamente y la prueba suprema de ello es su suicidio. Por eso Madame Bovary se ha impuesto más al público, que lo que pide a una novela es que le dé la ilusión de la realidad, y no que le dé a entender que la realidad es una ilusión».

    La educación sentimental nos relata el amor que despierta en Fréderic Moreau, un joven venido de provincia, Madame Arnoux (en la realidad, el amor que sentía el joven Gustave Flaubert por la más madura Elisa Schelinger, su amor de juventud). Ese amor lo enloquece y lo contrasta con todas las mujeres del mundo: «Las prostitutas que encontraba bajo las farolas de gas, las cantantes cuando lanzaban sus trinos, las amazonas sobre sus caballos al galope, las burguesas de a pie, las modistillas en sus ventanas, todas las mujeres le recordaban a ella, ya fuese por similitudes, ya por violentos contrastes […] Ella sonreía a veces, y posaba sus ojos en él un momento. Sentía él entonces que sus miradas le penetraban el alma, como esos grandes rayos de sol que descienden hasta el fondo del agua». 

    Se suceden encuentros y desencuentros. Fréderic pasa de estudiante pobre a joven rico, al recibir una herencia de su tío y llega incluso a pagar parte de la deuda del esposo de su amada, por ella; por supuesto, para poder seguirla viendo. Un día se encuentran.

            «– ¿Se ha acordado usted de mí alguna vez?

             — ¿Por qué debería haberme acordado?

            Fréderic se sintió herido.

           –Tal vez tenga usted razón, después de todo.

           Pero se arrepintió en seguida, y juró que no había vivido un sólo día sin sentirse devastado por su recuerdo.

           –No le creo ni una palabra de lo que dice, señor.

           –Y, sin embargo, sabe usted que la amo.

           La señora Arnoux no respondió.

           –Usted sabe que la amo.

            Ella guardó silencio». 

            Pasan los años. Tienen un último encuentro. Ella regresará a provincia, con su marido, arruinado económicamente. Él ha perdido la inocencia en todos sentidos (como Julián Sorel en Rojo y Negro de Stendhal). 

            «Ella suspiró; y tras un largo silencio:

            –No importa, nos hemos amado realmente.

            –Sin pertenecernos, sin embargo.

            –Tal vez haya sido mejor así –dijo ella.

            –¡No! ¡No! ¡Qué felicidad habríamos tenido!

            –Oh, ya lo creo. ¡Con un amor como el suyo!»

            Ella le preguntó si era cierto que pensaba casarse, como se rumoraba.

            Él juró que no.

            –¿Seguro? ¿Por qué?

            –A causa de usted –dijo Fréderic, estrechándola en sus brazos.

            Ella se dejó, ligeramente echada hacia atrás (como Emma Bovary en el hombro del vizconde, agrego yo), con la boca entreabierta y los ojos hacia arriba. De repente, ella le rechazó con un gesto de desesperación; y como él le suplicase, dijo ella bajando la cabeza:

           –Hubiera querido hacerle feliz».

    III. El pretérito imperfecto.  

    Siempre he pensado que en esa frase se resume, se condensa, toda la obra de Flaubert, en ese tiempo verbal tan suyo: «hubiera querido». Y es que el pasado siempre es imperfecto, en la vida de cualquier ser humano.  

    Empecemos con sus personajes: Salammbô hubiera querido morir de otra manera; Emma hubiera querido que los hombres de su vida fueran menos idiotas y egoístas; Bouvard y Pécuchet hubieran querido tener certeza sobre algo, al menos; Felicidad hubiera querido que su sobrino no hubiera muerto y que su loro viviera tanto como ella… Flaubert hubiera querido escribir con facilidad; hubiera querido que su hermana no se muriera y muchos años después hubiera querido no perder su dinero por los malos manejos del esposo de su sobrina… Y hubiera querido terminar sus libros inconclusos…

    Y, sin embargo, a pesar de que no alcanzó lo que «hubiera querido» Flaubert fraguó, escribiendo como los dioses, una obra inmortal. Sus derrotas y su desvalimiento ante la muerte de sus amigos Louis Bouilhet, Louise Colet y George Sand, lo hicieron más humano y más sabio. No era un Victor Hugo–un alma a la altura de la de Goethe– pero hizo lo que pudo. Y eso que pudo, a pesar de los «hubiera querido» que no logró, me permiten decirle: 

             Monsieur Flaubert, Merci beaucoup. Gracias por haber creado los personajes y las situaciones que nos han regalado «la ilusión de la realidad». Para mí, como para todos sus lectores, Emma, Salammbô, Felicidad, Bouvard, Pécuchet y Madame Arnoux, existen, son reales. Volver realidad los productos de la imaginación es el don y el privilegio de los grandes artistas. Usted, a quien muchos, en su tiempo y en la posteridad trataron como tonto (como Sartre) es el ganador. Estoy seguro de que sus obras, producto de «la orgía perpetua» de escribir, permanecerán por siempre en el corazón de sus lectores, por los siglos de los siglos. Amén. 

  • Los poderes contra la democracia

    Los poderes contra la democracia

    Administración de los males públicos

    Jorge Pech Casanova

    El 12 de diciembre de 2023 la presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Norma Piña Hernández, convocó a integrantes del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para una cena privada en casa del ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá. En esa cena, la ministra Piña Hernández presentó a los jueces al dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, como “mi amigo y aliado”.

    La ministra convocó a los invitados a esa cena después de enviarles mensajes telefónicos amenazantes porque impulsaron en el Tribunal Electoral la destitución de Reyes Rodríguez Mondragón, personaje vinculado al régimen de Felipe Calderón Hinojosa y a los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional. Sería una reunión “para limar asperezas”, ofreció Piña Hernández. En realidad, congregó un cuestionable conciliábulo político.

    El incidente muestra hasta qué punto la magistrada Piña Hernández forma parte de un conglomerado de intereses políticos que vulnera la autonomía de los poderes de la república y coloca a éstos en un peligroso conflicto, impulsado por los intereses personales de funcionarias, funcionarios, dirigentes y cómplices de partidos políticos.

    Esto queda de manifiesto cuando está por concluir una de las campañas electorales más sucias de la historia nacional —la de la candidata Xóchitl Gálvez Ruiz—, en la cual se han inmiscuido personajes como la ministra Piña Hernández, el magistrado González Alcántara Carrancá, el juez Rodríguez Mondragón, el líder priista Moreno Cárdenas, el líder panista Santiago Creel Miranda, el empresario Claudio X. González Guajardo y el ex presidente del Instituto Nacional Electoral Lorenzo Córdova Vianello, entre otros y otras.

    El domingo 19 de mayo se develó otra gran falsedad de la campaña plagada de engaños y mentiras: el fingido movimiento ciudadano por la democracia —que organiza marchas masivas contra la presidencia de la república desde antes de que comenzara la presente campaña electoral— prescindió de sus ropajes ciudadanos y se declaró abiertamente en apoyo a la candidata Gálvez Ruiz y al candidato panista Santiago Taboada Cortina, señalado por corrupción durante su mandato como alcalde en la Ciudad de México.

    Miles y miles de personas acudieron a la marcha partidista del domingo 19, ya sin ningún disimulo, aunque no hacía falta: desde sus primeras emisiones el 13 de noviembre de 2022 y el 26 de febrero de 2023 quedó claro que la supuesta “marcha ciudadana” era un dispositivo partidista orquestado por falsos dirigentes de la sociedad civil, que actuaban por consigna del PRI, el PAN y el agonizante PRD. Sin embargo, los propagandistas de la cleptocracia celebraron aquellas farsas con frases grandilocuentes.

    “Un nuevo triunfo democrático resultó la jornada del pasado 26 de febrero en lo que los organizadores llaman la primavera rosa y así fue como decenas de miles de personas salieron a defender la democracia, el INE y el voto libre como parte de las conquistas democráticas del verdadero pueblo de México”, escribió en 2023 uno de esos corifeos sobre la “marea rosa” que ya asumió sus verdaderos colores: los de los impresentables PRI, PAN y PRD.

    Hernández/La Jornada

    Además, una investigación periodística de El País halló que Santiago Creel, en la sesión del Consejo Nacional del PAN en diciembre de 2022, se ufanó de haber organizado la supuesta marcha ciudadana: “Déjenme decirles de las marchas y de lo que ocurrió en el país el 13 de noviembre. No fueron espontáneas, estuvimos trabajando junto con las organizaciones de la sociedad civil horas, horas construyéndolas, negociando, desde nuestra Asamblea Nacional, que fue el sábado 12, cómo podíamos hacer para poder concluir en el mismo día y estar acompañando a las marchas que se iban a dar en todo el país”.

    “Trabajando junto con las organizaciones de la sociedad civil”, en el contexto al que se refirió el panista, implica su complicidad con personajes como Claudio X. González, supuesto activista ciudadano, que en realidad es quien maneja los hilos de la alianza de partidos derechistas; o con Guadalupe Acosta Naranjo, quien, tras ser expulsado de la dirigencia del PRD, se unió al gobierno de Francisco Cabeza de Vaca, hoy prófugo de la justicia. Ahora Acosta Naranjo se hace pasar por activista ciudadano en el Frente Cívico Nacional.

    Todo esto sucede mientras la candidatura de Xóchitl Gálvez se derrumba no sólo ante la popularidad de la candidata del Movimiento de Regeneración Nacional, Claudia Sheinbaum Pardo, sino por el avance del recién llegado Jorge Álvarez Maynes, representante del partido Movimiento Ciudadano, quien puede externar un discurso muy atrayente para los jóvenes por su casi nula posibilidad de llegar a la presidencia, lo cual le permite hacer ofrecimientos tentadores que sabe no tendrá que cumplir.

    Por otra parte, Xóchitl Gálvez no presenta un proyecto de nación articulado, sino una campaña basada en el ataque personal a la candidata mayoritaria, mientras intenta atribuirse los logros del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (pensiones, aumentos salariales, programas sociales) y al mismo tiempo ofrece reactivar políticas públicas que fracasaron durante el régimen de Vicente Fox, como el llamado seguro popular, sumido en la corrupción.

    Lo único que resalta en el desastroso intento de la derecha por reapropiarse del poder es el rostro repelente y deteriorado de una gerontocracia que insiste en no abandonar sus privilegios, su corrupción y sus trampas. Esas trampas que pasarán a la historia como una falsa “marea rosa” cuyo color auténtico es el de una pandilla política gangrenada por su profunda corrupción.

  • El asesinato de un mago

    El asesinato de un mago

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    Todo crimen es un texto, y el de Ioan P. Culianu, un apenas maduro y brillante intelectual rumano experto en magia renacentista y profesor de Historia de las Religiones, asesinado el 21 de mayo de 1991 en los sanitarios del campus de la universidad de Chicago donde era catedrático, fue un texto ritual que alguno de sus colegas definió como una humillación simbólica y física, una mancha y una impureza realizadas en un sitio escatológicamente profano para terminar cualquier vida. 

              Hasta hoy no se sabe quién ajustició a Culianu con un tiro en la nuca y dejó ese maligno mensaje con su muerte. Tampoco de dónde partió la instrucción para hacerlo, pero todo indica que el autor de Eros y Magia (Siruela, Madrid, 1999), el precoz erudito que reemplazaría pedagógica e intelectualmente a Mircea Eliade, su maestro en cierto modo y amigo personal —también en cierto modo: la relación entre los dos era más compleja que la de una amistad o la de un magisterio—, fue ejecutado por la policía política rumana, la Securitate, un instrumento de inteligencia y control sobreviviente del régimen dictatorial comunista de Ceausescu derrocado en diciembre de 1989. 

              Organismo de extrema derecha nacionalista y fanático dirigido por comunistas, autónomo en sentido estricto, que parece haber sido el manipulador de la insurrección revolucionaria contra el dictador y su esclerótico gobierno a pesar de pertenecerle teóricamente, y el verdadero poder tras el escenario después de la “democratización” rumana, la Securitate preocupaba a Culianu, exiliado prestigioso y conocido desde tiempo atrás.

              “El peligro político para Ioan Culianu empezó con su narrativa”, dijeron después del asesinato algunos de sus paisanos escritores. Ted Anton, el penetrante reconstructor de esa inmolación en El caso del profesor Culianu, Siruela, Madrid, 2000), observa que un aprendiz de artes mágicas —y el especialista era mucho más que eso— no podía dejar de jugar con esas artes en sus textos. Diría Voltaire que la mayor desgracia para un escritor no es ser envidiado o ignorado por sus colegas o despreciado por los poderosos, sino ser juzgado por los imbéciles. Acaso mayor tragedia sería la de un escritor como Culianu, quien era atentamente leído por los servicios de inteligencia secretos de su país. “Todo se paga en este mundo —escribiría premonitoriamente años antes—, y las facultades supranormales son las que más caro se hacen pagar”. 

              Son ejemplares en ese sentido —“impactantes”, dice el investigador Anton— ciertos textos narrativos de Culianu que detallaban, como si las conociera, las intrigas entre bastidores de los grupos de inteligencia, o el auge político de una nueva extrema derecha rumana, o la misteriosa desaparición de figuras clave después de la revolución. 

           Las acciones acontecían en un país ficticio, “Jormania”, la historia contada describía el descarrilamiento de un proceso revolucionario luego de la apresurada y sospechosa muerte del viejo dictador, y resultaba inquietante y llamativa porque mezclando hechos reales con otros imaginarios deslizaba ambiguas pero inteligentes alusiones a la existencia de un conocimiento más profundo sobre los hechos políticos, que llevaba a los lectores atentos a preguntarse cuánto más sabía y ocultaba el autor acerca del verdadero y no visible estado de las cosas.

              Sus artículos políticos semanales, implacables y sardónicos, estaban calculados para transponer “intencionadamente el límite del peligro”. Sus observaciones eran claras y sus opiniones lógicas, pero el tono de mordacidad despectiva que empleaba en ellos contra ciertos hombres públicos rumanos, a los que veía como instrumentos de la manipulación policíaca soviética o bien como piezas de la extrema derecha comunista local, pretendía llevar la indignación del público lector más allá del pensamiento consciente e influirlo políticamente contra el poder oculto de la recién fundada república rumana. 

            Esa técnica provenía de los filósofos del Renacimiento que Culianu había estudiado, sobre todo del monje dominico Giordano Bruno, quemado en la hoguera por la Inquisición católica en 1600. Los dos serían asesinados por sus escritos, y quinientos años después Culianu aprendió en Bruno que esa magia era el prototipo de los sistemas impersonales de los medios de comunicación, de la censura indirecta y de los trusts que ejercen un control oculto sobre las masas occidentales. 

           El mago de Bruno postulaba que para controlar inadvertidamente a otros solamente debía conocerse perfectamente a los sujetos y sus deseos, tarea exigente y difícil, y utilizar un gran instrumento manipulador: el eros, aquello que se quiere, aquello que alcanza las cosas más insospechadas en la vida de cualquiera y es la voluntad principal de todos. El odio sólo resulta su reverso. 

            Culianu estudió a Bruno y su magia de psicología de masas, un antecedente de las formas de persuasión que hoy se conocen como técnicas publicitarias, y aplicó al siglo XX y a la escena política rumana contemporánea operaciones de contramagia mediante sus artículos políticos y sus narraciones fantásticas, artefactos cargados de un sentido metatextual que iban más allá del escribir sobre las cosas y significaban, a pesar del riesgo fatal, participar en ellas. 

           Y la contribución que le costó la vida consistió en entender el Estado occidental como un Estado Brujo basado en y actuante según los mismos principios de control emocional e imaginativo, colectivos e individuales descubiertos por el monje dominico exclaustrado que influyó en la arquitectura del teatro Globe de Shakespeare mientras estuvo refugiado en Inglaterra. El teatro, ya se sabe, es imaginación mágica colectiva.

              A través de la magia del Renacimiento —basada en el arte de la memoria y en complejos sistemas simbólicos, en actos influyentes sobre el imaginario común—, Culianu se rebeló, política y esotéricamente, contra la construcción única de la realidad comunista u occidental, contra las técnicas de la publicidad que penetran la vida imaginativa de los sujetos y siembran deseos, miedos, frustraciones, pautas emocionales indispensables para ejercer el control del modo colectivo de pensar, de desear, de odiar sin darse cuenta de ello. Culianu se rebeló contra la historia de nuestros días.

              El mes de abril previo a su muerte, después de haber hecho público su apoyo político al rey rumano y publicarse una incendiaria entrevista donde se manifestaba contra la extrema derecha comunista y el régimen, cuando Culianu habia decidido regresar a Rumanía y aceptar el puesto de director de un Instituto Oriental —el mismo ofrecido cincuenta años atrás a Mircea Eliade antes de que marchara al exilio—, la presión llegó a su límite y confesó a sus cercanos que lo seguían y recibía amenazas, que se sabía en peligro y tenía miedo de volver a su país. Los culpables pertenecían a las fuerzas ocultas en el gobierno. 

              Días después lo mató un asesino solitario del que nada más se tiene un retrato robot y una denuncia extraoficial sobre su pertenencia a la Securitate rumana, hasta hoy presunta responsable del complot criminal. Pero son los magos negros evidenciados quienes asesinan a los magos blancos que los ponen en evidencia y así luchan contra su poder de manipulación. Parece obvio: la política ocurre en un escenario mágico y oculto que no se suele ver.

           El crimen, señaló Anton, planteaba lo que el propio Culianu llamaría un mysterium. Y desde las artes mágicas que estudió toda su vida traspasó el límite entre el juego y la realidad. Aunque él jugara sus asesinos no.

           En Eros y magia en el Renacimiento este inusual erudito, que en sus opiniones periodísticas combinaba la expresividad de un poeta con la profundidad de un experto en ciencias políticas, escribió: “La especial dignidad de la humanidad proviene no de su obediencia sino de su oposición al mundo”. En ello radicó la suya.

  • ¿Se vale hacer psicología del creador y su obra?

    ¿Se vale hacer psicología del creador y su obra?

    El laberinto del mundo

    José Antonio Lugo

    A Héctor Iván González

    I. Sainte Beuve

    Contemporáneo de Victor Hugo y de Flaubert, se erigió como el primer crítico literario de la modernidad. Basaba su «análisis literario» en la personalidad de los autores, en sus virtudes y defectos. Esta crítica moralina provocó la irritación absoluta, ni más ni menos, de Marcel Proust, el genial autor de A la busqueda del tiempo perdido, quien en su libro, titulado precisamente Contra Sainte-Beuve, arremete contra este tipo de crítica, por considerar que se basa en una psicología superficial que elude lo más importante: el texto literario. Proust señala: hay que analizar el texto, no al autor. 

    II. Gradiva 

    Con base en la novela del mismo nombre de Wilhem Jensen, Freud escribió El delirio y los sueños en la Gradiva de Jensen. El personaje principal, el arqueólogo Norbert Hanold, se enamora de un bajorelieve que representa a una mujer -quien murió durante la erupción del Vesubio-, al punto de creer, en su fantasía, el delirio del encuentro con ella. Dice Freud: «La afirmación de que los sueños son deseos figurados como cumplidos, subsiste. (…) El primer deseo es haber sido testigo ocular de aquella catástrofe del año 79; el segundo, de índole erótica, es estar presente cuando la amada se acuesta para dormir. El deseo de ser capturado por la amada, de plegarse a ella y sometérsele, posee en verdad un carácter pasivo, masoquista».

    A partir de este libro de Freud, surgió la psicocrítica, que no busca el análisis psicológico de la personalidad del autor sino registrar los motivos inconscientes que se reflejan en su obra, tratando de encontrar, de esa manera, una supuesta objetividad. No parece una tarea sencilla. Gérard de Nérval, el gran autor francés, introdujo el inconsciente y la vida onírica en la literatura en su novela Aurelia. Después de escribirla y crear la imagen inmortal de «el sol negro de la melancolía» se suicidó. 

    ¿Es posible analizar a Nerval desde una interpretación psicoanalítica de su inconsciente o hacer lo mismo con cualquier autor? ¿Estas interpretaciones psicoanalíticas son válidas, le agregan algo a una obra literaria? ¿Son independientes del análisis de texto desde la filología o desde la hermenéutica literaria? ¿Podemos leer obras como Lolita, de Nabokov, o el incesto de Ulrich y Ágathe en El hombre sin atributos de Musil sólo desde la pulsion del deseo? El escritor ruso se mofaba de Freud, al que consideraba un simplificador, toda vez que las motivaciones de un personaje no se pueden constreñir a un solo aspecto del complejo entramado de la psique. 

    A contracorriente, un análisis psicólogico de Flaubert para explicar su obra es lo que intentó el filósofo francés Jean Paul Sartre que, por cierto, no era psicólogo ni psicoanalista.

    III. El idiota de la familia 

    En el primer tomo de su obra El idiota de la familia: Gustave Flaubert desde 1821 hasta 1857, desde el título y el inicio del libro el filósofo busca mostrarnos que Gustave era un idiota. Analizando su cuento infantil Quidquid voulueris, cita a Flaubert: «Estaba pállido como el vestido de la novia, sus gruesos labios, resquebrajados por la fiebre y cubiertos de granos, se movían vivazmente, como alguien que hablara sin parar; sus párpados pestañeaban, y las pupilas giraban lentamente en la órbita de sus ojos, como les pasa a los idiotas». Sartre señala: «Flaubert resucita intencionalmente uno de los embotamientos de su infancia y no vacila en calificarlo con las palabras que le aplicaban a él por entonces ‘como los idiotas’». 

    Casi al final de este primer tomo –el segundo no lo escribió nunca, por enfermedad o agotamiento o simplemente, porque fue un fracaso su proyecto de análisis–, Sartre escribe: «Flaubert ‘no tiene ideas’ y es consciente de ello. En otros términos, no tiene los medios para distinguir el pensamiento como actividad sintética y constructiva, del lenguaje, ni en él ni en los demás».

    El juez Sartre, con su dedo flamígero, señala: «La conclusión parecerá a la vez sorprendente y rigurosa: Gustave es tonto».

    IV. El verbo corroer

    Utilizamos este verbo para los metales y para la envidia: «le corroe la envidia».

    El Diccionario de la Real academia española nos da dos definiciones de la envidia: «1. Tristeza o pesar del bien ajeno. 2. Emulación, deseo de algo que no se posee».

    Todo parece indicar que a Sartre le pesaba «el bien ajeno» de Flaubert y le hubiera gustado tener el talento de Flaubert para crear personajes como Salammbô, Felicidad o Emma Bovary.

    Quizá soy demasiado rebuscado y la conclusión es más simple de lo que parece. Sartre escribió 688 páginas –en la edición argentina que tengo– (Editorial Tiempo Contemporáneo, 2a. ed. 1975), para decirnos que Flaubert era un tonto.

    Creo que el tonto era él. 

  • La mesura del alacrán

    La mesura del alacrán

    Colaboraciones

    Una lectura del libro Saharasia de Nallely Guadalupe Tello Méndez

    Jessica Santiago Guzmán

    Se ha señalado que todo desierto fue, hace miles de años, un mar o un bosque rebosante de vida; se han encontrado fósiles y demás pruebas de que, en un tiempo muy muy lejano, ese aparente vacío estuvo poblado de agua. Hoy, con la premisa de estos desiertos que alguna vez fueron vida, asistimos al llamado de la poesía, porque ¿de qué otra manera nos explicamos nuestra existencia si no es por la palabra que llama y regenera y rememora? 

    La imagen primera que me regala la lectura de este libro es, precisamente, la de un hogar que se desmorona, y hago hincapié en lo reflexivo del verbo: no es que el paso del tiempo haga estragos, más bien yo que soy mi casa —como dijo aquella undécima musa—, yo me desmorono. ¿Y qué ha sido antes nuestro pecho vacío si no un jardín donde se sembró el árbol más grande? ¿Qué es nuestro pecho vacío hoy día, si no las cenizas aún tibias de ese follaje? Y entonces me ha ganado, entonces este inicio me ha enraizado para el libro entero porque estos versos ya me han propuesto cómo leerlo.

    La escritora argentina Alicia Genovese ha mencionado que hay poesía que juega con registros de un tono leve, mientras que hay otra que se acerca a lo grave y una más que roza lo opaco. En el caso de los poemas de Saharasia se lee cierta gravedad, opuesta a lo leve, y que es nombrada así “porque busca ir hacia abajo, cavar, desenterrar, seguir el mismo sentido que la fuerza de gravedad”. Es decir, en los poemas de este libro leemos un registro de arañas y alacranes, de ponzoña, mucha quietud y sigilo. Se lee también cierta crudeza, pero crudeza que ilumina, ese desasosiego con el que nos identificamos y que nos llena la amígdala. Como aquel de la p. 29 que inicia: “Ante el dolor, repito / los cuentos de infancia…” 

    Me gusta pensar que soy una lectora que se lleva los versos de este libro de paseo, al trabajo, a la calle, al insomnio. Porto los poemas como objetos que se articulan con mi experiencia. Y es que la poesía que integra/proviene/mana de este libro, nos convoca también, de manera velada, a indagar en nuestro particular desierto, a preguntarnos dónde se ubica nuestra soledad más cruda. Mientras el primer golpe emocional que este libro nos da nos sitúa en el desierto que hemos visto, muy pronto se nos presenta cierto hastío, un cansancio de los días que nos hace arrastrar los pies: “Mi estufa es un despeñadero/ voy hacia ella sin voluntad…”, nos dice el sujeto del poema. Y así, surgen los poemas cortos como breve flama que poco a poco, mientras la atizamos con la mirada de nuestra lectura, se vuelve llamarada. Como dice en el poema de la p. 17: “¿Dónde está la espalda? ¿En qué lugar mi enemigo? Saharasia. / ¿Dónde empiezo a revocar mi desierto?”

    Desde su primer libro, la poesía que Nallely Guadalupe Tello Méndez obsequia a quienes nos aventuramos en sus páginas, nos construye un hogar con delgados bloques de adobe. Cada poema juega a ser haikú, en la mínima presencia de poemas con seis, cinco o siete versos hay una manifestación final, una sentencia, que nos muestra el paisaje: hay una primavera, mar, pasto donde yace nuestro cuerpo. En el poema de la p. 43, “De tanto pisar flores”, termina: “No serán mis pasos los que aplasten la primavera”, mostrando brevemente una edificación que, aunque va en ascenso, regresa a la tierra de forma irremediable. 

    La relación que la autora establece con las palabras es tan cordial que es muy fácil adoptar el duelo de la pequeña niña frente al tío muerto, la angustia de cuando se le habla a mamá para que vuelva, o la espera en la que nos sumimos “en el árbol más grande de esta casa”, mientras papá no vuelve.

    Presenciar la llegada de un libro de poesía a este discurrir de días aciagos es una locura. Imaginar que aquí afuera existen seres para quienes se escribe, lo es aún más. Pero hoy agradecemos a Almácigo Ediciones la insistencia, la rebeldía y la locura que animan la concepción y manufactura de estos bellos objetos. Y cada uno de los poemas de Sharasia, por contrastante que parezca, llega como anuncio de cigarra, un canto que trae la lluvia.

    1 Alicia Genovese en “IV. Lo leve, lo grave y lo opaco…”, en Leer poesía. Lo leve, lo grave y lo opaco. Argentina, FCE, 2011, p. 60.

  • Cleptocracia con pensión

    Cleptocracia con pensión

    Administración de los males públicos

    Jorge Pech Casanova

    El suicidio de Carlos Fernando Márquez Padilla García le permitió a su viuda María Amparo Casar Pérez obtener en 2005 una pensión de 125 mil pesos mensuales pagada por Petróleos Mexicanos. El acontecimiento ilustra uno de tantos casos de tráfico de influencias que proliferaron durante los últimos regímenes del PRI y el PAN en México. En ese tiempo, la doctora en Ciencia Política por la Universidad de Cambridge era coordinadora de asesores del secretario de Gobernación, Santiago Creel, durante la presidencia de Vicente Fox Quezada (2000-2006).

    Cuando Márquez Padilla se suicidó en octubre de 2004, luego de trabajar durante 129 días en Pemex, el difunto se estaba separando de Casar Pérez, pero ésta consiguió que en un par de meses la paraestatal le hiciera efectivo, por viudez, el pago de una pensión de ciento veinticinco mil pesos al mes, es decir, millón y medio de pesos al año. En los 129 días previos a su deceso, Márquez Padilla fue efímero coordinador de asesores del director corporativo de Administración de Pemex, Octavio Aguilar Valenzuela, (hermano del vocero de Fox, Rubén Aguilar Valenzuela, como recuerda el periodista Álvaro Delgado).

    Como el gobierno de la república le suspendió este año a Casar Pérez la cuestionable pensión millonaria que cobra desde hace diecinueve años, el juez Sexto de Distrito en materia del Trabajo, Ricardo Guzmán Wolffer, se apresuró a ordenar que “se reintegre el pago de la pensión a los [sic] que tiene derecho” debido a que tomó como cierta la afirmación de Casar Pérez “de que su subsistencia está afectada, comprometida porque le dejaron de pagar la pensión post-mortem”. Enseguida, Guzmán Wolffer se declaró incompetente en el caso, por lo que ordenó remitir el expediente a los juzgados de Distrito en materia Administrativa.

    En su precipitado fallo, Guzmán Wolffer no indagó que la peticionaria cobra por presidir Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), negocio informativo del empresario Claudio X. González Guajardo, El juez tampoco se informó de que la viuda recibe pagos por empleos adicionales (como los 47 mil 400 pesos que Casar Pérez cobró al estatal Canal Once por su participación en tan sólo tres emisiones del programa televisivo Primer Plano de octubre a diciembre de 2023). Quien se preocupe por la economía de la viuda, puede sentir alivio: al presidir MCCI, tiene un sueldo anual de tres millones 516 mil 529 pesos (293 mil pesos al mes). Y sigue cobrando millón y medio al año por viudez.

    Alberto Aguirre detalló en su artículo “Detrás del caso Casar”, en El Economista, que, por el seguro de vida y la cobertura por gastos funerarios, “Casar Pérez recibió 17.2 millones de pesos. Y de conformidad con los porcentajes asentados en la póliza del seguro de vida, a partir de la primera quincena del 2015, comenzó a recibir 124,949 pesos mensuales, como pago de la pensión post-mortem, que Pemex cubriría en forma vitalicia, a menos que volviera a contraer matrimonio o entrara en concubinato. Sus hijos, Carlos y Fernanda, recibieron 15,434 pesos mensuales”.

    La cantidad obtenida por Casar Pérez como seguro de vida y pensión se ve desmedida, obscena. Pero los defensores de la cleptocracia afirman que eso se acostumbra en Pemex. Omiten que la petrolera también le pagó a María Amparo Casar, a partir de 2005 y durante más de una década, despensas y las colegiaturas de sus hijos en colegios privados. A la fecha, la actual presidenta de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad ha recibido de Pemex más de 31 millones de pesos por concepto de pensión, seguro de vida y otros privilegios.

    El gobierno de la república difundió este caso de influyentismo por el estratosférico beneficio que Amparo Casar obtuvo con privilegiada premura de la empresa paraestatal, tras los apenas 129 días de servicios que prestó su esposo. Como lo sabe casi toda viuda mexicana que tramita una pensión, tal procedimiento toma al menos seis meses, cuando no años, para que una empresa del Estado comience a pagar la prestación.

    A Amparo Casar, su exorbitante pensión le fue pagada a los dos meses del suicidio de su cónyuge, muerte voluntaria que debió invalidar la prestación, aunada al hecho de que el marido ni siquiera alcanzó el medio año de labores en la empresa antes de saltar por una ventana del edificio de Pemex donde tenía su oficina.

    Por ello, como señala Alberto Aguirre en su artículo de El Economista, el 23 de febrero de este año “fue abierto el expediente 12151/2024/PPC/PEMEX/PP208”. Y la Dirección Jurídica de la paraestatal ha procedido a la recuperación de 31 millones 339 mil 995 pesos desembolsados por pensiones, seguro de vida y cobertura por gastos funerarios a Casar Pérez.

    Los voceros de la cleptocracia han salido a decir que el gobierno, al actuar contra Amparo Casar, “despoja de su pensión a una viuda”. Sin embargo, desde el 22 de agosto de 2018 el analista Eloy Garza González había denunciado en un artículo que, durante el sexenio foxista, “Creel y María Amparo [Casar] acabaron sirviendo a fines extraños, cobrando altos sueldos en el gobierno federal en calidad de funcionarios públicos”.

    Por entonces, Santiago Creel ganaba, según información de La Jornada en 2003, 228 mil 599 pesos, “un sueldo base bruto de 32 mil 232 pesos y una compensación garantizada bruta que asciende a 192 mil 324 pesos”; menos impuestos y otras deducciones, el salario neto mensual de Creel era de 123 mil 903 al mes. Al año, el secretario de Gobernación obtenía por su puesto un millón 486 mil 836 pesos.

    Su coordinadora de asesores Amparo Casar no ha de haber percibido menos de la mitad de lo que recibía su jefe, pero digamos que le pagaban alrededor de cincuenta mil pesos al mes (600 mil pesos al año). Pongamos inclusive que ganaba sólo medio millón de pesos anuales en la Secretaría de Gobernación. Todavía era mucho dinero en 2005.

    Además, Casar Pérez cobraba como académica en el Centro de Investigación y Docencia Económicas, donde despachaba, pues no acudía a sus oficinas en la Secretaría de Gobernación. Lo denunció Garza González desde 2018, cuando describió su relación de trabajo con Casar en el sexenio de Fox: “Una asistente suya me pidió que le dejara el documento, ya que la Coordinadora de Asesores simplemente no iba a trabajar. Si quería acordar con ella tendría que irla a visitar al CIDE”.

    La académica con doble empleo nunca padeció desamparo económico. Fue alta funcionaria del gobierno foxista. Su marido cobró durante los 129 días que trabajó en Pemex una suma nada despreciable, parte de la cual benefició a su esposa, su hija y su hijo. Antes de ese empleo, el suicida tuvo asimismo puestos muy bien pagados. Pero la insaciable Casar Pérez quiso cobrar una pensión descomunal que no le correspondía, y la consiguió gracias a su cercanía con Santiago Creel, a quien entonces se creía sucesor de Fox en la presidencia de la república.

    María Amparo Casar Pérez, al igual que su patrón Claudio X. González Guajardo, la candidata presidencial Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz, así como los hampones electorales Alejandro Moreno, Marko Cortés y Jesús Zambrano, tienen el futuro asegurado. Al igual que el gris y siempre postergado Santiago Creel. Por algo hacen equipo durante el proceso electoral de este año, que ellos han contribuido a enturbiar.

  • La evacuación de las opiniones

    La evacuación de las opiniones

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    El primer capítulo de Desgarradura, uno de los más tonificantes e indóciles libros de E. M. Cioran, inicia contando la leyenda de inspiración gnóstica según la cual, en tiempos previos al tiempo, hubo una lucha celeste entre los partidarios del arcángel Miguel y los seguidores del Dragón. Los ángeles que no tomaron partido en esta batalla metafísica fueron condenados a vivir en la Tierra y convertirse en seres humanos. De ahí nuestra condición anfibia, escatológicamente hamletiana, la caída producto de la ambigüedad. 

           Para Cioran, un neo-gnóstico sin reconocerse como tal, maestro de la duda, efervescente incrédulo, budólogo aunque no budista, ahí comienza la historia de la especie cuya causa es una vacilación y el hombre resultado de una duda original. Su castigo consistirá en ser arrojado a la Tierra “para aprender a optar”. La condena comprenderá la realización del acto, la búsqueda de la aventura, el afán por seguir una causa y el impulso para reunirse en torno a una verdad. 

           Aunque el escritor rumano se pregunta de cuál verdad se trata, pues existen dos nociones de ella conforme la escuela filosófica que él define como la más avanzada de todas: “En el budismo tardío, especialmente en la escuela Madhyamika, se pone el acento en la radical oposición entre la verdad verdadera o paramarta, patrimonio del liberado, y la verdad corriente o samvriti, verdad ‘velada’, más precisamente ‘verdad de error’, privilegio o maldición del no liberado”.

           La verdad verdadera, explicará Cioran, la “que asume todos los riesgos, incluido el de la negación de toda verdad y de la idea misma de la verdad”, es una prerrogativa de quienes se colocan más allá del ámbito de los actos y aceptan la insustancialidad de los seres y las cosas porque estos no cuentan ni con una naturaleza propia ni con una substancia íntima o esencial: son fenómenos parciales, episódicos que cesan cuando sus componentes se disgregan, obedeciendo al principio de que todo lo que es compuesto, desde el universo físico hasta los seres que lo habitan, deberá perecer. 

           Esa aceptación de la verdad relativa no significa frustración o pena algunas sino todo lo contrario, “ya que la apertura a la no-realidad implica un misterioso enriquecimiento”, una suprema realización de la conciencia.

           Arthur Schopenhauer, diría Ribot, fue el primer budista extraviado en Occidente. Cioran, en cambio, cantor insomne de nuestro final (“Pronto sonará la hora de cierre en los jardines de todas partes”), proviene de otra afiliación más próxima a las características de la occidentalidad. 

           “Durante mucho tiempo —contó a Léo Gillet en Conversaciones—, me consideré budista. Lo decía, me jactaba, estaba orgulloso, hasta el día en que me di cuenta de que era una impostura. […] La vía que propone el budismo me resulta inaccesible. La renuncia al deseo, la destrucción del yo, la victoria sobre el yo. Si sigues apegado a tu yo, el budismo es una imposibilidad. Por tanto, has de triunfar sobre tu yo, pero yo he comprobado que no podía triunfar sobre el mío y que estaba obsesionado por mí mismo, como todos nosotros, como todos los no budistas. […] Las soluciones que propugna el Buda no son las mías, ya que no puedo renunciar al deseo. Yo no puedo renunciar a nada. Y entonces me dije: esta impostura tiene que acabar. Soy budista únicamente en mi denuncia del sufrimiento, la vejez y la muerte, pero no puedo triunfar sobre el yo.”

           La razón de esa imposibilidad es lo que los budistas llaman descontextualización, una tendencia propia de nuestra herencia intelectual moderna: ser “los intérpretes de interpretaciones”, señaló Montaigne. Salvo prueba en contrario, Cioran, como Borges, otro budólogo notable, no se interesó por la psicofisiología de la atención plena, la meditación estructurada que el budismo enseña como única vía práctica para percibir la condición relativa del yo, esa “hipótesis inútil” que así podrá atenuarse y eventualmente extinguirse hasta llegar al encuentro de la verdad verdadera que consiste en la liberación del yo. 

           “Bienaventurado sea el Señor, que me libró de mí”, solía rezar Teresa de Ávila, una mística cercana a los empeños de Cioran, quien sin embargo nunca pudo (o quiso) librarse de sí. “Siempre habrá un conflicto entre lo que sé y lo que siento”, platicó a su entrevistador.

                                                   II.

    Aceptar es el secreto de los límites, escribió Cioran: “Según Nagarjuna, espíritu sutil donde los hubiere, y que llegó más allá del nihilismo, lo que el Buda ofrece al mundo es el néctar de la vacuidad”. No un concepto filosófico o una especulación intelectual sino la experiencia de la realidad última de todas las cosas, definida así por Siddhartha Gautama, según aquel dialéctico budista hindú del siglo I: “El Vencedor (el Buda) ha dicho que la vacuidad es la evacuación completa de todas las opiniones”.

           La escuela budista fundada por Nagarjuna (Madhyamika o “Vía Media”), la más avanzada y objetiva en toda la historia del pensamiento, la considera Cioran —“aquella, en todo caso, después de la cual ya no hay nada qué decir”—, consiste en la unión de las dos verdades o realidades reconocidas por el budismo: la verdad relativa o convencional que concierne a las apariencias fenoménicas, y la realidad absoluta o última en la que surge la vacuidad de los fenómenos.

            El budismo denomina realidad relativa a aquella “realidad de encubrimiento” que nos oculta la naturaleza esencial de la realidad. En el plano relativo los fenómenos compuestos surgen ante los sentidos y parecen existir realmente, pero en última instancia se encuentran desprovistos de una existencia que les sea propia, intrínseca. 

           Obedecen a una combinación de causas y circunstancias, están sometidos a la causalidad y son impermanentes. La insustancialidad de los fenómenos radica en su vacuidad. “Los fenómenos no poseen, por lo tanto, ser en sí, pero tampoco son inexistentes. Esa es la vía del medio”, afirma la escuela de Nagarjuna.   

           De tal manera que las dos realidades, la relativa o convencional y la absoluta o última, son: a) opuestas, porque la apariencia de un fenómeno no es su realidad trascendente; y b) inseparables, ya que, aunque vacíos de existencia en sí mismos, los fenómenos surgen ante nuestros sentidos.

           Lo que el budismo llama el pleno Despertar —una tarea que cumple el Buda, potencialmente posible para cualquiera— consiste en disipar los velos cognitivos y pasionales que cubren la mente, comprendiendo la vacuidad del ego y de los fenómenos surgidos. 

           La vía para lograrlo, ante la cual Cioran se declara deslumbrado, está compuesta por dos “acumulaciones”: la acumulación de sabiduría por medio del razonamiento y la meditación que conduce a la penetración directa de la vacuidad, y la acumulación de méritos consistentes en practicar la compasión hacia todos los seres vivos y sintientes.

           Cioran reconocerá la casi insuperable aunque relativa dificultad de dicha vía. “Ni un día —escribe—, ni una hora, ni siquiera un minuto sin caer en lo que Chandrakiti, dialéctico budista, llama ‘el abismo de la herejía del yo’”.

           Empero, quien practique con regularidad la desautomatización de la conciencia que el acto de meditar contiene —una ascesis que Cioran no parece haber conocido pues nunca habló de ella — sabrá que, aun por efímeros instantes, es posible suspender el diálogo interior de la mente y disolver la hipótesis inútil del yo, la construcción mental que otorga a los fenómenos una perentoriedad que no tienen.

           Entonces probará el desapego y la serenidad, dejará de ser “el secretario de sus sensaciones”, sabrá que puede liberarse del pensamiento que lo piensa y de los irritantes síquicos que lo determinan: del odio, del apego y de la ignorancia sobre la verdadera naturaleza de lo real donde los fenómenos son vacuidad.

           Los cátaros fueron los primeros budistas de Europa. Cioran, emparentado con ellos a través de la herejía bogomila, acaso sea el último de una budología occidental teórica que comprende intelectualmente la doctrina, pero que no pone en práctica meditativa, somática, sus alcances de transformación. Y a la vez será uno de los primeros adelantados que habrán dado lugar a un linaje sincrético cada vez más prominente.

           Vivir es un plagio, consignó en alguna de sus indelebles páginas. Hay que plagiar, mejorándolo, a Cioran. 

  • Verosimilitudes y realidades

    Verosimilitudes y realidades

    El laberinto del mundo

    José Antonio Lugo

    I. El loro de Flaubert

    El novelista inglés Julian Barnes le dedicó un libro del mismo título a un texto que relata una minuciosa investigación sobre los lugares en que vivió el autor de Madame Bovary y los objetos que permanecen, a pesar del paso del tiempo.  Destaca la búsqueda del verdadero loro disecado, que Flaubert tuvo en su estudio en Croiset mientras escribió el cuento «Un alma simple». Después de su largo periplo, el novelista encuentra que hay una infinidad de loros disecados cuyos dueños/museos/albergues consideran que es el «bueno». 

    Menciona también errores de la novela, ya que Emma tiene los ojos azules en alguna parte de la novela y en otros los tiene marrones o negros. Los lectores nos quedamos con la sensación de que está bien que se documenten esas pifias, pero que no le agregan o quitan algo a la magia que este personaje ha provocado en todos sus lectores.

    Hay cosas graciosas y pertinentes. Flaubert guardó un recorte de periódico del periódico L’opinion nationale, del 20 de junio de 1863, donde se describe a un loco propietario de un loro, quien se desquicia a la muerte del animal e intenta imitarlo:

    «Se enroscaba cada vez más en sí mismo, y hasta se pasaba varios días seguidos sin salir de su habitación. Comía cualquier cosa que le llevaran, pero no parecía enterarse de la presencia de sus vecinos. Poco a poco empezó a creer que se había convertido en un loro. Imitando al pájaro muerto, gritaba el nombre que tanto le gustaba oír; intentaba andar como un loro, se colgaba en lo alto de los muebles y extendía los brazos como si tuviese alas y pudiese volar.

    En ocasiones se ponía furioso y comenzaba a romper todo; su familia decidió enviarle a una casa de salud mental que había en Gheel. En el transcurso del viaje hacia allí, sin embargo, logró huir aprovechando la oscuridad de la noche.  A la mañana siguiente lo encontraron encaramado a un árbol. Como era muy difícil convencerle de que bajase, alguien tuvo la idea de poner al pie de su árbol una enorme jaula de loro. En cuanto la vio, el infortunado monomaníaco bajó y pudo ser atrapado. Actualmente se encuentra en el manicomio de Gheel».

    Podemos entender la fascinación que debió ejercer sobre el escritor normando esta enloquecida historia, aunque es imposible saber qué tanto inspiró este recorte de periódico que guardó Flaubert para la elaboración de su famoso relato. 

    El loro de Flaubert, de Julian Barnes, trae también un bestiario donde se analizan los animales que salen en la obra completa –los osos eran, además de los loros, sus preferidos–, tres cronologías, una que incluye la vida real, otra que sólo describe los honores y publicaciones y una tercera que pretende atisbar en la psique de Flaubert y sus éxitos y fracasos desde esas profundidades. 

    Tiene además un texto, escrito por supuesto por Barnes, donde le da voz a Louise Colet: «¿Entendía a las mujeres? A menudo lo dudé. Nos peleamos, me acuerdo bien, por lo de esa prostituta nilótica que le gustaba, Kuchuk Hanem. Gustave tomaba notas durante sus viajes. Yo le pedí que me las dejara leer. Él se negó; volví a pedírselo; y así sucesivamente. Finalmente me lo permitió. No son unas páginas muy agradables. Lo que a Gustave le parecía encantador de Oriente, a mí me parecía denigrante. Una cortesana, una cortesana cara que se embadurna de aceite de sándalo para ocultar el nauseabundo olor de las chinches que infestan su cuerpo. ¿Tan edificante es, pregunto yo, tan bello? ¿Tan raro, tan espléndido? ¿No será más bien sórdido y asquerosamente vulgar?». Sería interesante si tuviéramos la certeza de que lo escribió Colet, pero es Barnes colocándose en sus zapatos (de tacón).

    II. Diccionario de tópicos

    Las dos últimas obras de Flaubert quedaron inconclusas: la novela Bouvard y Pécuchet y el Diccionario de Tópicos. Barnes retoma esta idea y escribe la siguiente entrada: «JEAN PAUL SARTRE: Se pasó diez años escribiendo El idiota de la familia (el libro dedicado a Flaubert) en lugar de escribir panfletos maoístas. Es como una Louise Colet de altos vueltos, que malgastó el tiempo importunando a Gustave, que lo único que quería era que lo dejasen en paz. Concuir de todo ello: más vale malograr la ancianidad que no saber qué hacer con ella».

           El libro de Julian Barnes es divertido. Se reconoce el esfuerzo arqueológico, sus visitas a Croiset y su búsqueda del loro, así como sus textos metaliterarios. No pasa de ser un juego, interesante para los que admiramos al maestro normando. Me importa más el comentario sobre Sartre, porque el filósofo de la rive gauche efectivamente le dedicó El idiota de la familia, un libro voluminoso que no terminó. Analizaremos este libro en el próximo Laberinto.

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