Morfema Cero

  • El fulgor que aniquilaba

    El fulgor que aniquilaba

    Culturas impopulares

    Jorge Pech Casanova

    Howard Phillips Lovecraft, conocido por algunos amigos como Eich Pi, era un huraño escritor. Vivía en la ciudad de Providence, Rhode Island, donde nació en 1890. Después de pasar una niñez comprometida por una enfermedad que le causaba espasmos incontrolables, el adolescente Lovecraft comenzó a enviar artículos y poemas a publicaciones locales.

    Hijo de una aristocrática familia arruinada (su padre murió en el manicomio), Lovecraft dedicaba a las noches a recitar, junto con su madre Susan, porciones de las obras de Shakespeare en voz alta. A los vecinos esas lecturas les parecían peleas a gritos. No les extrañaba que el jovencito viviese encerrado, con las cortinas de sus ventanas corridas y alumbrándose con luz artificial mientras afuera el sol iluminaba Providence.

    Para 1912 Lovecraft vio publicado su primer poema futurista, en el que describía cómo los estadounidenses de origen inglés eran desplazados por inmigrantes irlandeses, italianos, portugueses y judíos. También escribía poemas contra los descendientes de africanos, que en 1908 habían marchado por las calles de Providence para exigir trato igualitario. En 1913, el joven envió a la revista de relatos Argosy una carta en la que se quejó de las narraciones de Fred Jackson, cuyos personajes demostraban —escribió— “las delicadas pasiones y emociones propias de los negros y de los simios antropoides”.

    La polémica que Lovecraft sostuvo por sus comentarios le valió ser invitado a formar parte de la Asociación de Periodistas Aficionados Unidos a partir de 1914. En el periódico de esa Asociación publicó en 1916 su primer relato. En 1917 Lovecraft intentó unirse al ejército que combatiría en Europa, en la primera Guerra Mundial, pero su madre le impidió siquiera prestar servicio en la Guardia Nacional. Al año siguiente Susan Phillips fue recluida en el manicomio donde murió su esposo, para fallecer allí en 1921.

    El año en que Lovecraft perdió a su madre fue también el año en que empezó a publicar relatos que involucraban un sistema mítico desarrollado por el autor con base en sus lecturas de autores fantásticos como Lord Dunsany, Arthur Machen, Robert Chambers y Algernon Blackwood, entre otros. Sus historias comenzaron a referirse a dioses venidos de otros mundos a habitar en la Tierra cuando ésta era un joven planeta, donde yacían dormidos en espera de retomar su dominio sobre el mundo.

    En 1925 Lovecraft se casó con Sonia Greene y se fue a vivir a la casa de su esposa en Brooklyn, en el distrito de Red Hook. Durante un año, el autor fue profundamente infeliz, pues sus vecinos eran “o inmigrantes, o negros”. En 1926, separado, regresó a Providence.

    Ese año, retomando la escritura, produjo varias de sus mejores piezas. Una de ellas, el relato «La llamada de Ctulhu», en cuyo primer párrafo sentenció: “Las ciencias, siguiendo sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas”.

    El vaticinio, para Lovecraft, no tardó en ser comprobado porque en 1927 tuvo conocimiento del juicio laboral emprendido por Grace Fryer y otras contra la empresa USRC (United States Radio Corporation, Corporación de Radio de los Estados Unidos).

    Fryer demandaba a sus patrones por haberla expuesto a un nivel radiactividad tan nocivo en su trabajo como decoradora de relojes, que le causó enfermedades incurables. Fryer y otras cuatro mil mujeres elaboraron para USRC relojes cuyos números pintaban con Inoscura, pintura a base de sales de radio para equipos militares que refulgían en la oscuridad. La pintura era la creación de un científico que recibió sales de radio como regalo de Marie Sklodowska y su esposo Pierre Curie, cuando los visitó en París.

    Las muchachas de USRC, al pintar, chupaban con sus labios el pincel, a fin de mantener la punta delgada. Esa operación las hacía ingerir pequeñas cantidades de radio, que con el tiempo rebasaron el límite admisible en un ser humano. Peor, porque las jóvenes, nunca advertidas sobre el peligro, llegaron a pintarse con Inoscura las uñas y hasta los dientes, como gracia.

    Para 1921 varias trabajadoras enfermaron en USRC y el profesor de fisiología de Harvard Cecil Drinker fue convocado para elaborar un informe sobre la salud de las jóvenes. El profesor Cecil, su esposa Katherine y William Castle, sus colegas, tras examinar a las empleadas, hallaron una alarmante proliferación de enfermedades causadas por radiaciones. En el informe que elaboró, Drinker apuntaba:

    “Sus cabellos, caras, manos, brazos, cuellos, los vestidos, la ropa interior, inclusive los corsés de las decoradoras eran luminosos. Una de las muchachas mostró manchas luminosas en sus piernas y muslos. La espalda de otra era luminosa casi hasta la cintura”.

    La compañía pidió a Drinker no hacer público el hallazgo. Renuente, el médico aceptó, no sin rogar que las jóvenes fuesen advertidas. La empresa lo prometió. Acto seguido, falsificó el informe que entregó a las autoridades. Alice Hamilton, colega de Katherine Drinker, le escribió en 1925 para revelarle la mentira de USRC. Los Drinker reclamaron a los empresarios. Éstos los amenazaron con demandarlos si daban a conocer su documento.

    Drinker no hizo caso a las amenazas. Publicó el informe y esto dio a las trabajadoras enfermas una base legal para reclamar indemnizaciones. Además, gracias al informe Drinker, se enteraron de otro fraude. Ya enfermas, Fredrick Flinn las sometió a exámenes que las declararon sanas; en realidad, Flinn, empleado de USRC, y un vicepresidente de la empresa se hicieron pasar por médicos para extender falsas constancias de salud a las muchachas.

    Algunas de las decoradoras de relojes habían fallecido con espantosas deformaciones óseas. Para ocultar el motivo de las muertes y arruinar la reputación de las víctimas, la firma alteró los certificados de defunción, diagnosticándoles sífilis.

    En 1927 la empresa forzó un arreglo extrajudicial con las cinco demandantes, que pedían indemnizaciones por 250 mil dólares cada una. Les dieron tan sólo cien mil dólares que Fryer y sus compañeras aceptaron; les urgían para sus tratamientos y para sus funerales, pronto verificados. Las llamaron “Las chicas del radio”. Enterada del caso, Marie Sklodowska Curie expresó: “Estaría feliz de dar cualquier ayuda que pudiese. Pero no hay medio alguno para destruir la sustancia cuando entra al cuerpo humano”.

    Desde su encierro en Providence, Lovecraft leyó la noticia y la usó para escribir uno de sus más famosos cuentos, «El color que cayó del cielo», en el cual los personajes afectados por una misteriosa sustancia morían de este modo: “Había allí una horrible fragilidad, debida a lo quebradizo de la materia, y del cuerpo se desprendían fragmentos secos. Ammi no pudo tocarlo, limitándose a contemplar horrorizado la retorcida caricatura de lo que había sido un rostro. “¿Qué ha pasado, Nahum…, qué ha pasado?”, susurró, y los agrietados y tumefactos labios apenas pudieron murmurar una respuesta final. “Nada…, nada…; el color… quema…; frío y húmedo, pero quema…;  mira, Ammi, está sorbiendo más…, sorbiendo la vida…”

    El año en que Lovecraft publicó su cuento murió el creador de la pintura Inoscura, Sabin Arnold von Sochocky, por envenenamiento radiactivo. Despojado de su invención años antes por USRC, no le permitieron advertir a las jóvenes decoradoras. En 1934 murió Marie Sklodowska Curie, de anemia aplásica causada probablemente por radiaciones. H. P. Lovecraft murió en 1938, oscuro y empobrecido, de un cáncer intestinal.

    En 2014 murió Mae Keane, una de las últimas sobrevivientes de los procedimientos de la USRC, a los 107 años de edad. Pudo vivir tanto porque renunció al poco tiempo de ingresar a la factoría. No le gustó el sabor de la pintura. La noticia de su fallecimiento permitió averiguar que Mabel Williams, ex trabajadora de USRC con 104 años de edad, aún vivía en 2015, y que algunas “chicas del radio” podían estar vivas aún.

  • Subrayados personales

    Subrayados personales

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    Lo que sigue es un glosario (o centón, como llamaban los antiguos a los fragmentos de obras ajenas transcritos conforme a un modo personal o interés propio) proveniente del simposio “La ciencia de la mente: un diálogo entre Oriente y Occidente”, auspiciado por la Facultad de Medicina de Harvard en marzo de 1991 con la participación de especialistas en medicina, psiquiatría, psicobiología, neurobiología, educación, religiones comparadas, budismo indo-tibetano y el Dalai Lama como invitado de honor. Quien firma este texto es solamente su interesado recopilador. 

    “El razonamiento era claro: si las técnicas de meditación sencillas producían cambios fisiológicos tan importantes como la reducción del metabolismo, el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y el ritmo respiratorio […] ¿cuáles serían los efectos de las técnicas de meditación superiores? ¿Podrían revelar quizá interacciones mente-cuerpo más sorprendentes?” Henry Benson, doctor en medicina.

    “El historiador Arnold Toynbee predijo que uno de los sucesos más importantes del siglo XX sería la llegada del budismo a Occidente. Podría serlo en un sentido especial para la psicología moderna: estamos despertando al hecho de que hay una ciencia de la mente más antigua y quizá más sabia que la nuestra y de que su expresión más plena está en el budismo. […] El budismo plantea a la psicología moderna dos hechos: que el estudio sistemático de la mente y su funcionamiento se remonta a mucho antes de la era cristiana, y que ese estudio se halla presente en el núcleo básico de la vida espiritual. […] Todas las religiones universales importantes poseen una psicología esotérica, una ciencia de la mente, normalmente poco conocida por sus seguidores seglares. En el islam, por ejemplo, se encontrará en el sufismo; en el judaísmo, en la cábala; en el cristianismo, en los manuales de meditación monásticos. En el budismo, la ciencia de la mente clásica se denomina abhidharma.[…] Como cualquier sistema psicológico completo, describe con minuciosidad el funcionamiento de la percepción, la cognición, el afecto y la motivación. Como modelo dinámico, analiza las raíces del sufrimiento humano y el camino para salir de ese sufrimiento: el mensaje principal del budismo expresado en el lenguaje técnico de una psicología”. Daniel Goleman, doctor en ilosofía.

    “[…] El budismo podría servir de puente entre el materialismo radical y la religión, dado que se considera que el budismo no pertenece a ninguno de los dos campos. Desde el punto de vista de los materialistas radicales, el budismo es una ideología que acepta la existencia de la mente, siendo por ello un sistema basado en la fe, como otras religiones. No obstante, dado que el budismo no acepta el concepto de un Dios Creador, sino que resalta la confianza en uno mismo y el poder y las posibilidades del individuo, las otras religiones lo consideran una especie de ateísmo. Al no aceptar ninguna de las dos partes que el budismo pertenezca a su campo, los budistas tienen la oportunidad de tender un puente entre los dos”. El Dalai Lama.

    “Si unos individuos tan potencialmente coléricos y codiciosos como podemos ser, inventasen, en un planeta frágil, armas químicas, nucleares y biológicas de inmensa capacidad de destrucción masiva, las pusiesen en manos de dirigentes que tampoco tuviesen la capacidad para controlarse a sí mismos y que desencadenaran luego los horrores inconcebibles de una Tercera Guerra Mundial, […] si tal cosa tuviese lugar, entonces se diría acertadamente que la decisión grecorromana y euroamericana de manipular el entorno sin entender ni controlar el yo era una decisión fatalmente viciada, necia y monstruosa, tomada por seres humanos que pensaron trágicamente que eran, como occidentales, los más grandes e inteligentes del planeta”. Robert Thurman, doctor en filosofía.

    “El diálogo entre las psicologías del budismo y de Occidente representa el encuentro de paradigmas dispares, cada uno con su visión especial de la experiencia humana. Y es precisamente este encuentro intelectual donde puede desarrollarse una síntesis completamente nueva, […] una espléndida oportunidad de fecundación cruzada. La ciencia cognitiva puede encontrar una profusión de ideas e hipótesis sobre las posibilidades de ampliar los límites de la atención. […] Las ciencias de la mente budistas han acumulado conocimientos sobre la capacidad de la mente para influir en el cuerpo que superan todo lo que se sabe en Occidente”. David M. Bear, doctor en medicina.

    “Los métodos de análisis y de contemplación del budismo jamás se proponen construir nebulosos sistemas filosóficos ni aventurarse en especulaciones gratuitas. Pretenden esencialmente librarnos de la confusión mental que es fuente de sufrimiento. Este conocimiento es eminentemente pragmático y conduce a cambios interiores innegables. […] Como ha demostrado Roger-Pol Droit, los pensadores occidentales han ignorado el budismo y las otras filosofías orientales durante demasiado tiempo. Daban por sentado que nunca había existido una filosofía seria fuera de Europa. ¿Y por qué no se enseñan las otras filosofías en nuestras escuelas al mismo nivel que la filosofía griega, a la que nada tienen que envidiar? […] La literatura budista abunda en tratados de lógica, en teorías de la percepción, en análisis de la realidad del mundo fenoménico en diferentes planos, y en tratados de psicología que estudian hasta en el más mínimo detalle los diferentes tipos de ‘fenómenos mentales’ y otros aspectos de nuestra mente. ¡Qué lejos estamos de la imagen del iluminado que divaga a la sombra de un mango!”. Matthieu Ricard, monje budista francés.

    “Cuando los pensadores budistas investigan la naturaleza esencial de la realidad no consideran las palabras del Buda como la autoridad última sino como una clave para ayudarles en su investigación, pues la autoridad última ha de apoyarse siempre en la razón y el análisis crítico del individuo. […] En los sutras, las enseñanzas originales completas del Buda, él mismo dice que sus palabras no han de aceptarse como válidas simplemente por respeto y veneración hacia él, sino que deben examinarse exactamente igual que analizaría un orfebre la pureza y calidad del oro que desea comprar sometiéndolo a diversos tipos de examen”. El Dalai Lama.

    “En la psicología occidental se abordaban con cierta seriedad al principio los estados interiores, pero al esforzarse los psicólogos cada vez más en encajar en las filas de los científicos ‘puros’, fueron perdiendo importancia los estados interiores, finalmente desechados como ilusorios, inaccesibles, impotentes e inútiles. Así que los psicólogos modernos tienen cada vez menos capacidad para entender y ayudar a la gente a través de sus propios canales internos. Las personas disfuncionales pueden tener a veces un problema físico que se puede tratar con la medicina física, pero lo más frecuente es que tengan problemas en su mundo interior, problemas en el software que conduce su complejo mente/cuerpo de un modo impropio. Están aprisionadas dentro de ideologías deformadas, envenenadas por emociones negativas, irritadas y asustadas por percepciones falsas, paralizadas por hábitos contraproducentes. […] Aquí es donde las tradiciones psicológicas tibetanas pueden hacer una aportación vital. Con sus métodos refinados de análisis y modificación del software, pueden ayudar a la reprogramación interna del individuo. […] Hay una vasta gama de artes o tecnologías mentales, técnicas de modificación que permiten a los individuos incorporar e integrar el software mejorado. Este es el amplio repertorio de prácticas de meditación. Pero la meditación por sí sola no puede lograr el objetivo. Debe estar apoyada […] por un estilo de vida sólidamente ético que genere un mínimo de perturbación en el individuo y sus allegados, y un máximo de armonía y energía sustentadora, y debe estar guiado por el entendimiento, por la programación inteligente a través de orientaciones o puntos de vista realistas, lo que los budistas llaman sabiduría”. Robert Thurman, doctor en Filosofía.

    “Heinrich Zimmer inició en 1950 su libro Philosophies of India con esta declaración: ‘En Occidente estamos a punto de llegar a una encrucijada en la que se vieron los pensadores de la India unos setecientos años antes de Cristo’. Creo que ya hemos llegado a ella: la encrucijada entre la exploración del mundo exterior y del mundo interior de la mente, en la que los occidentales no hemos hecho más que empezar. […] ¿Cómo sabremos lo que es ese conocimiento a menos que lo veamos por nosotros mismo? Este es el reto que los pensadores budistas han planteado a los científicos de la mente occidentales: experimentarlo directamente y ver qué ocurre”. Diana L. Eck, doctora en filosofía.

  • El Oreja Rajada

    El Oreja Rajada

    Administración de los males públicos

    Jorge Pech Casanova

    Al perder las elecciones presidenciales en 2020, Donald Trump incitó a sus seguidores a revertir las elecciones y colocarlo de nuevo en el cargo. El 6 de enero de 2021 una multitud de partidarios de Trump se reunió alrededor del edificio del Congreso estadounidense, el Capitolio, en una protesta que terminó con el asalto masivo al edificio.

    Cinco personas resultaron muertas, hubo más de trescientos heridos, incluyendo 174 oficiales de policía, y en los meses siguientes, cuatro guardias que frenaron el asalto se suicidaron. La turba causó daños por más de dos millones y medio de dólares. Trump, quien debió ser encarcelado por alentar el motín, quedó en libertad. En los años siguientes preparó su reelección y está en campaña de nuevo por la presidencia de su país.

    Hasta el 13 de julio de este año, la campaña de Trump iba ganado terreno a pesar de la cuestionable figura del ex presidente. En esa fecha, mientras soltaba uno de esos discursos de odio que entusiasman a sus partidarios, Trump fue herido en la oreja por los fragmentos de una pantalla, cuando un tirador que le disparó desde un techo, erró el blanco.

    Poco después del atentado fallido, los medios de comunicación difundieron que el francotirador, Thomas Mathew Crooks, fue ejecutado por agentes del servicio secreto segundos después del ataque. Para confirmar que el atentado fue real, se difundió asimismo que Corey Compeatore resultó muerto por uno de los disparos y otras dos personas, David Dutch y James Copenhaver, sufrieron heridas de bala, además del candidato.

    Compeatore era ingeniero de proyectos y herramientas en una empresa de fabricación de plásticos, y participaba como bombero voluntario en su localidad. Los medios pregonaron que el asesino arrancó la vida a un héroe americano.

    Al día siguiente del atentado, el gobernador de Pensilvania Josh Shapiro declaró en un discurso: “Corey era bombero. Corey iba a la iglesia todos los domingos. Corey amaba a su comunidad y, más especialmente, Corey amaba a su familia. Corey era un ávido partidario del expresidente y estaba muy emocionado de estar allí anoche con él en la comunidad”.

    Quien recibió los mayores elogios y felicitaciones fue el candidato Trump. Con una herida en la oreja derecha causada por la astilla de vidrio de su teleprompter que destrozó un balazo, Trump está recibiendo no sólo felicitaciones de sus partidarios por salir vivo, sino la mitificación de su persona: “Alguien allá arriba cuida a Trump. Puede resistir las balas. El hombre más vigoroso del mundo…”, son algunos de los comentarios que recurren por la red de mensajes de odio X, antes Twitter.

    Trump mismo precipitó las reacciones delirantes de sus seguidores al reaccionar con imprudencia tres minutos después del atentado, cuando sus guardias recibieron informes de que el tirador fue abatido. Mientras los agentes intentaban cubrirlo, el candidato se zafó de ellos e hizo un gesto de triunfo, con el puño levantado, hacia su auditorio. Las cámaras de los medios de comunicación reproducen ese gesto, y un oportunista falsificador —acaso el mega magnate Elon Musk— enseguida añadió a esa imagen una bandera de las barras y estrellas ondeando tras la cabeza del herido.

    A la semana del atentado, Trump reanudó su campaña, mostrando un llamativo vendaje en su oreja derecha para recordar a todo su auditorio el fallido ataque de Crooks el 13 de julio. Dos semanas después, quizá preocupado por la estética de su oreja, el ex presidente se presentó públicamente sin vendaje alguno.

    Por la insensatez y temeridad de Trump, no faltó quienes pensaran que el atentado fue un montaje publicitario. Los partidarios del hombre con la oreja rajada rechazan esa versión: están, para probarlo, el fallecido bombero (en realidad, ingeniero) y los heridos Dutch y Copenhaver, además de cientos de testigos. Además, el riesgo de que el tirador acertara era enorme (los medios han insistido en que un casual movimiento de cabeza de Trump evitó que la bala acertara en su sien).

    El atacante tenía veinte años de edad, tuvo una educación convencional y, aunque un año antes intentó formar parte de un grupo de tiradores, fue rechazado por su torpeza evidente. Sin embargo, el 13 de julio logró evadir la vigilancia del servicio secreto en el mitin de Trump pese a que, además de su rifle, iba cargando una escalera de mano con la cual subió a un techo para poder dispararle al político-empresario.

    El último atentado fallido a un máximo mandatario estadounidense lo cometió John Hinckley el 30 de marzo de 1981, al disparar seis veces contra Ronald Reagan un revólver calibre .22. Ninguno de los tiros hirió al presidente de 70 años de edad, aunque sufrió un rozón en el pecho.

    Hinckley, sometido por los agentes del servicio secreto, fue procesado por intento de asesinato y declarado inocente por demencia. Ingresó a un manicomio hasta 2016, cuando salió libre bajo palabra. En 2022 se le concedió la libertad incondicional. Hinckley, dedicado a escribir canciones, declaró a la familia Reagan que en 2004 recibió con pesar la muerte del ex presidente (por causas naturales). El 17 de julio de este año, el fallido magnicida dijo al público: “La violencia no es el camino a seguir. Denle una oportunidad a la paz”.

    Pese al caso de Hinckley, en el que víctima y victimario sobrevivieron, los medios insisten en comparar el atentado de este 13 de julio con el que le quitó la vida al presidente John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963. Tras ese ataque, el presunto asesino Lee Harvey Oswald no sobrevivió mucho tiempo: fue asesinado dos días después por el mafioso Jack Ruby, quien a su vez apareció muerto en su celda el 3 de enero de 1967.

    Tras el atentado, han crecido las posibilidades de Trump para convertirse en el primer ex presidente reelecto de los Estados Unidos. Su intento de reelección mientras aún era presidente en 2020 culminó en un golpe de estado fallido, pero eso no preocupa a sus enceguecidos y rabiosos partidarios, quienes en 2021 habían preparado una horca junto al Capitolio para colgar a la senadora Nancy Pelosi, vehemente opositora de Trump.

    Las consecuencias del fallido atentado son ominosas. Justo cuando el ataque del francotirador le rajó la oreja, Trump estaba lanzando un mensaje contra las personas migrantes que intentan residir en Estados Unidos: “Miren esa gráfica. Vean esa flecha en la parte inferior. La gran flecha roja. Eso era cuando dejé la presidencia […] Esa flecha es la cantidad más baja de inmigración ilegal nunca antes registrada en la historia de nuestro país. Y luego, el peor presidente en la historia de nuestro país asumió el cargo, y miren lo que le pasó a nuestro país. Probablemente veinte millones de personas [ingresaron ilegalmente]”.

    Ahora la vicepresidenta Kamala Harris sustituirá al senil Joe Biden en la campaña contra el golpista. Si Trump no odiase tanto a los mexicanos, cuando se pavonea diciendo “recibí un tiro por la democracia”, podría cantar el corrido de El Oreja Rajada, que relata cómo un potrillo con ese apodo, en la carrera contra una yegua, perdió la competencia. “Dicen que ganó el Oreja, pero que se la robaron”. Con su rasgadura, Trump aún tiene incierta la competencia en la que lo impulsan su probado rencor y la errónea conmiseración.

  • El higo y el enigma

    El higo y el enigma

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    In memoriam Francisco Piñón

    Axioma menor: “Raya y se acaba un destino / impensado y peregrino”, dice una expresión de Corneille. Eco y humo. Una imagen de la infancia puede determinar ese destino rayado y acabante. Por ejemplo, la del primer ebrio que se vio. El niño pequeño se esconde con otros infantes, hermanos y primos, bajo el piano de cola de la casa de la abuela. Desde la puerta de la entrada se escuchan algunos gritos y se adivinan aspavientos por los corredores. Nunca ve al tío beodo porque a este no se le deja llegar hasta el escondite, pero la intensa emoción de esas tardes memorables es el soporte escénico para creer que alguna vez lo vio. Representación icástica. La percepción se hace con las formas que la mente captura sin descanso y el sentimiento con el recuerdo de lo que no ocurrió como se recuerda: inexistente sustancia que alimenta la memoria emocional.

    Enigma. Cuando el niño crece se convierte en un adulto que se alcoholiza. Un día, después de envilecimientos suficientes, decide no volver a beber. Al dejar el alcohol abandona también su vínculo con aquella imagen temprana y sus significados, resonancias que no fueron escrutadas a la luz de la razón. “¿Cómo ha aparecido la razón en el mundo? —pregunta Nietzsche—. De una manera irracional, por azar. Será preciso adivinar este azar como un enigma”. Un enigma también las resonancias inescrutadas. 

    Comienzo. Debe entonces adivinarse. ¿Cómo surge la razón? El niño camina al mediodía, levanta un higo tirado en la hierba y dice: yo soy yo. Es muy pequeño aún e instantes atrás su conciencia era participativa, dúctil y plural, su psicología la de la mutabilidad. Pequeño niño taoísta que existe en medio de las partes que forman el todo y no piensa ni habla todavía en términos que se opongan entre sí. El higo es el agente que lo lleva a la razón. ¿Eso resuelve el enigma? ¿La aparición de un elemento instrumental? La razón surge cuando se encuentra un higo, una puerta inesperada, un foco parpadeante o un sentimiento de soledad hasta entonces desconocido.

    Teorética. a) La razón adviene por una influencia exterior al ser. b) La razón es una expresión de la interioridad del ser. c) La razón es producto de una mutación. d) La razón es resultado de un milagro. e) La razón se origina en la antropofagia cerebral. f) La razón deriva de formas de expresión y conocimiento religiosas. g) La razón nace del lenguaje.

    Aplicación. La causa contra a) es que si fuera externa al ser no encontraría en él su hospedaje. Para responder c) debe afirmarse que toda mutación es un prodigio merecido. Las razones de d) no pueden conocerse más que sin la razón. Hacer caso de e) sería seguir la resonancia dramática del crimen fundacional de lo humano, una pista falsa.

    Resultado. Atender a b) es iniciar el desciframiento (eso dice Nietzsche en otra traducción: descifrar el enigma de la razón, no adivinarlo: ¿descifrar es adivinar?: ya lo exigía el Príncipe Ardilla: sobre todo, no me malentendáis) del paso del Mito al Logos, cuando aparece la noción de razón. Se transita de un orden jerarquizado y fijo, regido por un canon sacramental, a otro en movimiento donde la subordinación a la proporción, al equilibrio y al acuerdo es el nuevo sentido de todas las cosas, y ese tránsito proviene de la misma razón: una resonancia que surge del interior del ser para construir el sentido del mundo.

    Abrecartas. El Mito representa y ordena el mundo. Ofrece un cuerpo de prescripciones y un principio de comprensión. Su momento primario funda un acontecimiento y así reduce la brutalidad de lo inesperado, incluye la totalidad de un ciclo que siempre podrá iniciarse de nuevo, se apropia del tiempo y lo explica haciéndolo circular. Otorga un sentido común. Las artes de la descripción, que nacen del Mito, también significan una operación humana sobre el tiempo. El cuento cancela el tiempo, pues la palabra puede obrar según la necesidad de la imaginación. El teatro obliga al tiempo a comportarse como materia y energía.

    Una llamada. La primera perplejidad humana es ante la naturaleza, que exige de los seres humanos establecer un sentido ante la catastrófica irrupción de la realidad. “Esencial: partir del cuerpo y utilizarlo como guía. Es el fenómeno más rico, el que permite observaciones más claras. La creencia en el cuerpo está mejor fundamentada que la creencia en el espíritu”, escribe Nietzsche. Puede entonces aceptarse que la hipótesis f) es correcta. El cuerpo observa al ir viviendo, de ahí su claridad. En él se llega a la razón, con él se va hacia el espíritu.

    Serpentina. Los invasores dorios derrotaron a los brillantes aqueos y al misterioso poder micénico. Esa gran crisis de soberanía precipitó el paso del Mito al Logos. Los refinados reinos cayeron ante nómadas guerreros a los que no podían llamar bárbaros porque hablaban en griego, aunque fueran culturalmente inferiores. Grecia se hundió en una enigmática edad oscura de cuatro siglos donde se produjeron transformaciones determinantes. El secreto y el tiempo rigen cualquier mutación.

    Tornamesa. El gesto artístico y el religioso coinciden en un mismo instante. Al descubrir la danza, primera de las artes religiosas elementales, y agradecer con ella la admiración que la vida le despierta, los seres humanos la ofrecen a la divinidad. Siglos después irá de la representación al concepto, cuando la narración sagrada del mundo sea quebrada por los dorios vencedores y la razón mítica se colapse sin poder explicar la catástrofe. Las ciudades recordarán tal momento, de ahí que la plaza pública se constituya en un espacio vacío.

    Dádiva. Si f) es verdadera, g) también lo es. La razón proviene del lenguaje. (“Y si mi Alfa y mi Omega es que todo lo pesado se vuelva ligero, todo cuerpo, bailarín, todo espíritu, pájaro”, canta Zaratustra.) El lenguaje nace en el contacto humano con las plantas. Mientras los hombres cazan, las mujeres recolectoras deben desarrollar términos y significados para clasificar, describir y transmitir el complejo reino vegetal. Hablamos en las lenguas que nos enseñan nuestras madres. El lenguaje, nominación femenina del mundo, teje con plantas la red de la razón.

    Espoleta. Los rizomas de las palabras crecerán en la religión olímpica, versátil, épica y tolerante, sin verdad revelada, libro dogmático o casta sacerdotal que preserven un dogma hegemónico. Sólo en el sereno mediodía del culto olímpico pudo surgir la razón y con ella el nocturno complemento mistérico de los cultos órficos: música, baile éxtasis. El arte es un residuo cuya materia se hace con ese día y aquella noche. El entusiasmo (de en theos: dios interior) y el secreto fundaron los misterios de Dionisos, dios de las fuerzas ciegas e impersonales de Zoé. Apolo es el dios de la perfección individuada de la vida que por eso está destinada a morir, dios de la luz, la forma y la belleza. Sol invictus.

    Carnaval. Se cultivarán las formas y las ideas. Es tarea de los sabios en las plazas vacías, sabiendo que en el fondo de lo real palpitan fuerzas oscuras e implacables que nunca deben ser desoídas. Una modesta partícula, el artículo neutro lo, extraordinario mecanismo de abstracción, permite desbocar el pensamiento hacia la interpretación del mundo. Los griegos modifican el alfabeto fenicio, lo vuelven fonético al introducir las vocales. Escribir igual que se habla representa el acceso a un mundo compartido, de geométrica correspondencia y fidelidad. Un principio de comprensión que coloca los acontecimientos bajo otra soberanía y es la puerta del Logos, aquel saber universal que orientará a los hombres frente a los acontecimientos y la naturaleza: la soberanía del sometimiento a la ley de lo común.

    Andamiaje. Teorizar es ver, dice la lengua griega. Así Tales de Mileto, pionero del pensamiento racional, mide la altura de las pirámides según la longitud de su sombra. Surge la astucia de la razón, un camino indirecto para mensurar lo que el cuerpo no puede: los astros, las aguas, las construcciones. Esa reducción es el invento de la escala y su aplicación a la materia, alcance donde el ser comienza a extraviarse. El primer filósofo funda la racionalidad mediante la afirmación de que el agua es el origen y la matriz de todas las cosas. Nietzsche afirma que debemos considerar esa afirmación porque establece un origen prescindiendo por primera vez del mito y la fábula y porque en ella está la certeza esencial: “Todo es Uno”.

    Pasión. Del Uno abarcador surgen los elementos. El principio con el que la razón teje la soberanía cósmica es, de nuevo, una abstracción: lo indeterminado, lo indefinido, que es infinito porque es informe y no está sujeto a las propiedades compuestas que llevan a todas las cosas a perecer. La naturaleza como un régimen expresivo donde se narra la acción de los contrarios en un ciclo interminable pero dicho, enunciado. Luego la razón hace al mundo habitable y se dice entonces que establece dominio, límites, legalidad.

    Epacta. Sigue siendo un enigma: el niño recoge el higo y llega a la conciencia. Hace caso de Zaratustra: “El cuerpo es una gran razón, una pluralidad dotada de un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor”. En el cuerpo del niño, recipiente de la idea del ser que desde ese momento lo habita, una flama se enciende y se hace metafísica, va en busca de lo demás.

  • Dos ciudadanos de Bayona

    Dos ciudadanos de Bayona

    Culturas impopulares

    Jorge Pech Casanova

    Hace casi cincuenta años, el 13 de septiembre de 1974, Beñat Oihartzabal Bidegorri y María Lourdes Cristóbal Elorga colocaron una bomba en el café Rolando, en el centro de Madrid. El estallido del explosivo causó la muerte de trece personas y dejó heridas a más de medio centenar en lo que se conoce como la masacre de la Calle del Correo.

    Por entonces la organización separatista Euzkadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad) comenzaba a desintegrarse debido a fuertes discordancias en su interior. Creada en 1958 por radicales a quienes el Partido Vasco Nacionalista expulsó de sus filas, la agrupación conocida como ETA proclamó como objetivo constituir un Estado socialista independiente de España y Francia en los siete territorios de Euskal Herria.

    Para finales de la década de 1960 las escisiones en ETA llevaron a la creación de una rama llamada ETA V Asamblea que rompió con las tácticas de resistencia pacífica y, bajo el nombre de “etarras”, emprendió asesinatos, secuestros y extorsiones para cumplir sus fines. Se fijaron como objetivos a guardias civiles, policías y militares españoles, pero al final casi la mitad de sus víctimas mortales fueron más bien jueces, políticos, periodistas, empresarios y catedráticos, así como personas inocentes consideradas “daño colateral”.

    El primer asesinato reclamado por ETA ocurrió el 7 de junio de 1968, y el último, el 16 de marzo de 2010. Hasta el año 2018 la organización —declaradamente terrorista desde 1973— asumió la responsabilidad por la masacre del Correo.

    En 1971 integrantes de ETA lograron interesar en sus acciones al escritor comunista Alfonso Sastre y a su esposa, la también escritora y activista albertzale Eva Forest. Con la ayuda de estos intelectuales, los etarras establecieron una “red de apoyo” en Madrid. Algunos implicados ignoraban el alcance de su hospitalidad para el grupo, pero Forest y Sastre sabían que sus huéspedes eran parte de una guerrilla.

    El asesinato del presidente Luis Carrero Blanco el 20 de diciembre de 1973 marcó el inicio de grandes acciones terroristas para ETA. Eva Forest escribió y publicó un libro acerca del atentado, defendiendo las acciones de ETA. Para abril de 1974, la agrupación comenzó a ejecutar policías, continuando sus ataques individuales durante septiembre de ese año.

    Mientras ejecutaban la “Operación Ogro” que eliminó a Carrero Blanco, los etarras pensaron en atacar la Dirección General de Seguridad, en la plaza de Puerta del Sol.

    El edificio oficial era inexpugnable, pero muchos de los agentes policiacos frecuentaban la Cafetería Rolando, número 4 de la adyacente calle del Correo. Enviados desde Francia por ETA, Oihartzabal Bidegorri y su novia María Lourdes examinaron el sitio. Concluyeron que era un blanco asequible, donde muchos guardias serían exterminados. La agrupación terrorista determinó colocar una bomba en el comedor.

    Bernard Oyarzábal Bidegorri y María Lourdes Cristóbal Elhorga (así aparecen nombrados en el sumario que formó el tribunal español) llegaron a la cafetería con la bomba de tiempo. Estaba cargada con 30 gramos de dinamita, más tuercas que actuaron como metralla al reventar. Oihartzabal y Elhorga la dejaron bajo una mesa. Salieron del lugar. Eva Forest los llevó a una casa de seguridad.

    Estalló la bomba. 13 de septiembre de 1974, 14:35 horas. Los comedores de la zona estaban llenos de gente. El techo de la cafetería Rolando se derrumbó sobre los comensales. El vecino restaurante Tobogán resintió asimismo el estallido. Ochenta personas sufrieron heridas y doce murieron al instante. Un herido más, miembro de la policía, sobrevivió durante algunos años. En 1977 falleció.

    Los muertos por el atentado fueron civiles sin relación con cuerpos policiacos o militares. ETA declaró que el exterminio era una maniobra de la dictadura. Negó su responsabilidad en el atentado hasta 2018. El gobierno español capturó a varios terroristas, entre ellos a los que llevaban los apodos de “La Pompadour” (María Lourdes) y “El Albert” (Begnat). Los sometió a proceso, pero tuvo que dejarlos libres por la amnistía de 1977, tras la muerte del dictador Francisco Franco. Oyarzábal y Elorga se beneficiaron del indulto.

    Alfonso Sastre y Eva Forest fueron acusados de apoyar a ETA en Madrid y facilitar la cobertura de los atentados contra Carrero Blanco en 1973 y el de la calle del Correo en 1974. Sastre pasó ocho meses y medio en la cárcel de Carabanchel y Forest permaneció en prisión preventiva hasta 1977. No fue juzgada porque se le aplicó la Ley de Amnistía.

    Arainfo, diario de Aragón, recordó en 2007, al morir Eva Forest a la edad de 79 años: “En 1974, escribió Operación Ogro con el pseudónimo Julen Agirre, entrevistándose con el comando Txikia, que había ejecutado el atentado contra el almirante Luis Carrero Blanco. Ese mismo año, sería detenida y acusada de colaboración con ETA. Pasaría casi tres años en prisión preventiva en la cárcel de mujeres de Yeserías, pero antes soportaría el infierno de la tortura y la incomunicación durante diez días. La traumática experiencia se reflejaría en Una extraña aventura y en otros textos redactados durante su encierro”.

    Sastre, mientras estuvo preso y al salir de la cárcel, sostuvo su labor como dramaturgo disidente hasta morir en 2021 con 95 años de edad.

    Gabriel Beñat Oihartzabal Bidegorri, tras ser liberado, cursó en la Universidad de Burdeos el doctorado en filología vasca. Ahora es parte de la Academia de la Lengua Vasca. Nacido en 1949, dirigió hasta 2008 el Centro de Investigación sobre la Lengua y los Textos Vascos (IKER). Es escritor, lingüista especializado en sintaxis, morfología y traslación de códigos. Vive con su esposa María Lourdes en Bayona, Francia.

    Manuel Cerdán, de Tele Madrid, recordó este crimen en un reportaje de 2014, “Calle del Correo, tras la pista de los asesinos”. Encontró el domicilio de Oihartzabal en Bayona. Logró cruzar unas palabras con el académico, quien se limitó a responder las preguntas del reportero con la frase “No quiero hablar de eso. He dejado la política”.

    Las víctimas del atentado fueron: Antonio Alonso Palacín, mecánico, y su esposa María Jesús Arcos Tirado, de 28 años, telefonista; Francisca Baeza Alarcón, de 45 años, maestra; Baldomero Barral Fernández, de 24 años, panadero, y su esposa María Josefina Pérez Martínez, de 21 años; Antonio Lobo Aguado, ferroviario de 55 años; Luis Martínez Marín, agente comercial de 78 años; Concepción Pérez Paíno, de 65 años, administrativa en la Dirección General de Seguridad; María Ángeles Rey Martínez, estudiante de 20 años; Gerardo García Pérez, cliente de la cafetería; Francisco Gómez Vaquero, de 31 años, cocinero de la cafetería; Manuel Llanos Gancedo, camarero de 26 años.

    Félix Ayuso Pinel, inspector de policía de 46 años, sufrió graves heridas en la cabeza por la explosión. En el hospital lograron curarlo y sobrevivió durante dos años y cuatro meses, hasta fallecer en enero de 1977.

  • Instantáneas de un mal tipo

    Instantáneas de un mal tipo

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

                                                      1.

    El primer golpe escénico es un anuncio: traigo un discurso escrito, está en la mesa de cada uno de ustedes, pero no lo leeré. Así comienza Salinas, hablando un inglés impecable, aunque ligeramente acentuado. Con solvencia e ironía (“si hay vida después de la deuda”), con bromas ante un auditorio receptivo, delinea el horizonte de la modernización estructural del país. Su discurso responde a una nueva generación política, a las urgencias de una hora que suena en todas partes: otros puntos de referencia, instituciones, certezas, gobernantes. Un ligero y antiguo tic de angustia en la boca del diestro orador parece desmentirlo. Faltan meses para que deje el poder.

                                                     2.

    En cuanto Salinas sale de su encuentro privado vuelve a ser seguido por quienes creen que su función en la gira es esa: pegaditos. Ex radicales, ex independientes, ex jóvenes: ellos, los de entonces, ya no son los mismos. Si se ha visto a las mejores mentes de otras generaciones buscando ansiosas la cercanía del poder, ¿por qué no a éstas, más pragmáticas y voraces, más resentidas?

                                                      3.

    Mientras cena asado de reno guarnecido de papas y verduras y un helado de chocolate con naranja agridulce en un edificio de la plaza de Estocolmo donde corre el río Melaren encajonado entre riberas de piedra, Salinas propone un brindis por el éxito de su gobierno. Más tarde se negará a explorar la pregunta de otro comensal: ¿cuáles han sido sus dudas centrales, las zonas más frágiles, no calculadas de su régimen? No sabría decirle, contestará con una carcajada que los invitados harán suya. Detrás de él un hombre no se ríe. Nunca lo hace, nunca habla y siempre lo acompaña. La pregunta debió dirigírsele a él: es el torvo visir, el espejo oscuro, la sombra. Ha testificado hasta el gesto imperceptible y la desnuda intimidad. El drama ya está en curso. Tres pescadores ciegos aguardan a la orilla del helado fiordo del Mar del Norte. El coro griego canta el sacrificio.

                                                      4.

    El barco de ruedas de molino navega entre inmensos animales acuáticos que lo doblan, lo triplican, lo tapan. En su cómodo salón un político holandés se dirige a Salinas con franqueza calvinista: me informan que la ley de su país no permite que usted continúe como presidente y que a mucha gente no le gusta esta disposición. Brillan los ojos de quienes están a la caza: olfatean nota en la perentoriedad del día que puede hacerse conmoción nacional. El grupo de periodistas abre libretas y alista plumas. Vendrá la aclaración impecable en lengua sibilina presidencial, aunque el colofón será de otro extranjero: sus leyes son una bendición de Dios. Salinas agradece el sutil agravio con toda serenidad. Su pequeño aspaviento queda fuera de todos los despachos informativos: nadie lo vio.

                                                    5.

    Preocupados, los funcionarios revisan sus relojes a hurtadillas. El programa dice que a las diez de la mañana. Son las diez y cuatro y cuando alguno señala la hora a algún ayudante presidencial vuelven a ser las diez. Minutos después, diez con siete de la mañana, son otra vez las diez. A las diez con diez se congela el reloj: tiempo fuera en la gira presidencial. La reina holandesa que aguarda a Salinas, la reina naranja, aguarda con tranquilidad. Un auto negro se detiene ante la soberana y apresuradamente desciende el presidente. Al día siguiente se informa a todo el mundo: llegó a las diez.

                                                   6.

    Uno las ve y ellas lo miran a uno. La primera es perfecta, vestida de breve y blanca lencería que se pega a su piel de durazno asiático. Es muy joven, casi virginal, y sostiene las miradas que se abisman en ella. No hace ningún movimiento lascivo porque no lo requiere, sólo se muestra intacta a través de la vidriera. Sublimes putas de Ámsterdam cuyo deseo paga la gira presidencial.

                                                    7.

    El palacio de Lange Voorhout recibe a la comitiva. Por su puerta pasaron Casanova cuando era espía del rey francés, Mozart niño prodigio, Voltaire en el exilio, Diderot perseguido. Ahora lo hace Salinas para ver calaveras y fridaskhalos en su honor durante una fiesta con la colonia mexicana en Holanda. Las dos mujeres disfrazadas de viudas de Diego, quienes lo escoltan mientras va dando a todos el amable consejo de que regresen al nuevo país que él encabeza, simulan antígonas o parcas, una vieja y otra joven, contrapunto de la banalidad de quienes nunca debieron llegar al poder. Lo crudo y lo cocido. En las casas donde se teme dar órdenes a las criadas nacen los dictadores. ¿Quiénes nacen en las casas de la colonia Narvarte donde jugando los hijos las fusilan?

                                                       8.

    El presidente pide a su esposa que abandone el salón después del saludo protocolario. El primer ministro holandés lleva con él a su pequeña hija. Salinas aprovecha la escena, está en situación. La niña se esconde molesta en el regazo del padre y suaviza el momento. Es un consumado actor este hombre que posa de inmediato compartiendo un aire paternal. La primera dama evaporada lo deja dueño del sofá. Quizá por ello gesticula un poco más de lo debido, como si perdiera el control y una parte de sí mismo no le creyera. Quien tampoco lo hace es la niña, cada vez más asustada por su proximidad.

                                                       9.

    Un conspicuo intelectual no deja en paz a Salinas. Es claro para todos que el presidente lo sobrelleva, pero no para él, que aconseja planes de gobierno y medidas estratégicas en cuanto puede. Si Heidegger creyó poder manipular a Hitler, este hombre está convencido de tener que hacerlo con Salinas. Aunque algo conseguirá contándole del elegante empresario asistente a la gira que ante una talla colonial de Santa Lucía sosteniendo en un plato sus ojos arrancados para ofrecerlos al cielo le preguntó si la exposición era de cosas médicas: las agudas risotadas del señor, un mérito disputado sin piedad entre la intrigante corte de aduladores y bufones.

                                                  10.

    La muerte deja su estela mientras un vapor exacto cruza la bahía. El mar de ahogados no muestra ningún cadáver, pero una lancha fúnebre con su dolida carga pasa en dirección contraria a este barco centenario. Salinas va a bordo y el capitán del fiordo escandinavo lleva el timón pleno de orgullo. ¿Cómo saber esa tarde que ya estaba en curso la gran novela posmoderna de las letras nacionales? Sólo que azules como acero y ligeras las ondas del mar lo dijeran.

  • El poder y su escoria

    El poder y su escoria

    Culturas impopulares

    Jorge Pech Casanova

    Eduardo Medina Mora se hizo conocido por su labor represiva en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, en la Secretaría de Seguridad Pública y en la Procuraduría General de la República. En 2015 el presidente Enrique Peña Nieto lo impuso como ministro de la Suprema Corte para que se mantuviera en el cargo hasta 2030. Sin embargo, en 2019 Medina Mora se vio obligado a renunciar en medio de investigaciones por corrupción.

    Retirado de los foros públicos para escapar a un posible juicio, Medina Mora dejó de ser una dolosa presencia en el poder Judicial, cuyo nombramiento motivó a más de 60 mil personas a firmar una petición para que no se le concediera el cargo, como señaló en 2019, al validar su renuncia, el hoy feroz derechista Emilio Álvarez Icaza.

    El ex juez Medina desapareció de la escena pública y no habría por qué recordarlo, salvo porque su hijo, el escritor Nicolás Medina Mora, acaba de publicar una novela en la que se queja de que un juez muy parecido a su padre fue víctima de un “golpe de estado” por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador (al que identifica como AMLO).

    Hijo del privilegio, el novelista Medina Mora lanza al mercado estadounidense una novela con tinte autobiográfico en la que se hace llamar Sebastián Arteaga y Salazar, descendiente de una linajuda familia virreinal.

    Como el novelista Nicolás, el personaje Sebastián —explica la publicidad del libro— “es un junior, hijo de uno de los más poderosos hombres de México, un juez de la suprema corte, quien ha criado al muchacho en un clima de privilegio abrumador, sofocante, rodeado todos los días por guaruras desde sus diez años de edad”. Pese a sus privilegios, o quizá por ellos, “el junior decide convertirse en novelista estadounidense”.

    Como buen hijo del privilegio, Medina Mora no quiere ser un escritor mexicano más: quiere ser autor gringo. Aunque titula su novela en español, América del Norte, la escribe en inglés y la publica en Estados Unidos (Soho Press, 2024). Su ambición apunta a convertirse, quizá, en un nuevo Junot Díaz, el admirable novelista dominicano que escribió La breve vida maravillosa de Óscar Wao, libro cuyo comienzo es de gran aliento mítico:

    “Dicen que primero vino de África, en los gritos de los esclavos; que fue la perdición de los taínos, apenas un susurro mientras un mundo se extinguía y otro despuntaba; que fue un demonio que irrumpió en la Creación a través del portal de pesadillas que se abrió en las Antillas. Fukú americanus, mejor conocido como fukú —en términos generales, una maldición o condena de algún tipo: en particular, la Maldición y Condena del Nuevo Mundo. También denominado el fukú del Almirante, porque El Almirante fue su partero principal y una de sus principales víctimas europeas. A pesar de haber «descubierto» el Nuevo Mundo, El Almirante murió desgraciado y sifilítico, oyendo (dizque) voces divinas”.

    A Medina Mora el aliento mítico no se le da. Su principio es más bien de crónica, pues su novela está plagada de breves ensayos que se alternan con su autobiografía encubierta, la cual atribuye al ficticio Arteaga y Salazar. Su estilo tiene la eficiencia del periodismo. Lo traduzco de su acicalado inglés, adquirido en Yale y en el Iowa Writers’ Workshop:

    “Como los españoles antes que ellos, los estadounidenses atracaron en Veracruz y marcharon al oriente, lejos de las fiebres maláricas de Tierra Caliente y cuesta arriba por las afiladas laderas de la Sierra Madre, dejando atrás agaves taciturnos y firmes oyameles y las cegadoras cumbres de volcanes semi apagados, hasta que alcanzaron el alto valle donde el aire se adelgazó y aclaró y la luz blanca del sol otoñal caía vertical e inmisericorde sobre la mal defendida capital, proyectando sombras angulares en las barricadas donde los restos de un ejército de conscriptos descalzos esperaba sus momentos finales, mitigando el terror con licores y juegos de naipes, juntando piedras para arrojarlas cuando sus obsoletos mosquetes se quedaran sin munición, no tan resueltos como resignados a morir en la fútil oposición a un enemigo destinado a regir el continente”.

    Lo servil de este inicio —a diferencia del mítico apunte con que Junot Díaz comienza su novela— no debiera extrañar en un hijo del privilegio, cuya familia por sistema daña a México porque considera al pueblo mexicano presa natural del yanqui y otros depredadores. Desde Santa Anna, los análogos a Medina Mora están dispuestos a aplaudir al invasor que profana con su planta el suelo mexicano. (El autor Medina busca que lo compren los rubios, no los prietos barridos en Chapultepec por aquéllos).

    Medina Mora pretende abarcar la vasta historia mexicana, pero termina por centrarse en anécdotas de cómo su familia perdió algunos de sus incontables privilegios. Comenta el reseñista Nick Burns en Americas Quarterly que “en el contexto mexicano, Sebastián siente desprecio por la visión política de héroes-y-villanos que atribuye a AMLO, pero este progresismo estilo EEUU a menudo toma una forma similarmente moralista. Sebastián ve que ‘la política que adquirí en EEUU’ debiera conducirlo a compartir la antipatía por la elite de México, incluyendo a su padre, pero toma el carril opuesto, calificando la renuncia de su padre a la Suprema Corte como ‘un golpe blando constitucional’ de AMLO”.

    Otro reseñista de la novela, Zachary Lazar, en el New York Times, hace énfasis en la demencial forma de vida del personaje de ficción, el cual es réplica del joven Medina Mora: “Como narrador, Sebastián parece pensar que su ambivalencia hacia el privilegio es lo que mayormente debiera ser su historia: ‘Por el tiempo en que mi padre se convirtió en procurador general tenía 20 guardaespaldas. Cuando salíamos en familia íbamos rodeados por dos docenas de hombres, diez rifles de asalto y varias granadas vivientes’”. (Esto último ha de ser una fallida traducción al inglés del término “granaderos”.)

    Añade el comentarista Lazar: “Me pregunto cómo se sintió tener esa clase de protección y vivir en tan rarificado mundo. Sebastián nunca explora realmente esto, ni se adentra demasiado en el papel de su padre en la guerra contra las drogas, aunque la herencia de su familia (es un descendiente de los conquistadores) sí le preocupa”.

    Al final, Sebastián Arteaga y Salazar culmina la historia de México con su propia, triste vida en la que le niegan una visa para residir en EEUU, lo cual le impide convertirse en un gran novelista “americano”. Arteaga no entiende por qué lo confunden con un mexicano común, al grado de negarle permiso de residencia en el país que anhela. Esa negativa la resiente en su realidad el también redactor de la revista Nexos, la corrupta empresa mexicana en la que se ve forzado a trabajar, cuando él querría ficharse en Granta.

    Hace una semana, en su columna para Morfema Cero, Fernando Solana Olivares imprecó a la miserable derecha mexicana al señalar que sus intelectuales y voceros, por practicar el pensamiento ilusorio, creen que “el criterio de verdad está dado por el sujeto que hace la afirmación”.

    La novela de Medina Mora, con sus pretensiones de explicar el destino de México como la derrota de una casta privilegiada, reincide en esa deplorable costumbre del poder perdido y del joder gratuito. Como señaló Fernando Solana: “Cuando se habita en una dimensión mental imaginaria que reduce la compleja naturaleza de una sociedad y de un país a lo que se cree o se desea, la percepción de la realidad colapsa porque se cancela el hecho mismo, la verdadera naturaleza de las cosas”.

    El hijo del siniestro magistrado que renunció, pretende que el lector simpatice con él por ser un ciudadano blanco que reniega de su feo país criollo, y sueña ser aclamado como un nuevo Junot Díaz. No entiende que el novelista dominicano logró una obra mayor porque sus personajes son personas que, pese a amar a su tierra natal, se vieron forzadas a huir de ella y sufren exterminio por negarse a reverenciar a ese poder brutal del que los Medina Mora son beneficiarios y tercos propagandistas.

  • De la miserable derecha

    De la miserable derecha

    Parque México

    Fernando Solana Olivares

    Llevan años de proferir insensateces, de decir falsedades y hacer afirmaciones que jamás se han preocupado por demostrar. Son idiotas, según la etimología griega, pues viven encerrados en lo particular. Deshonestos en igual proporción que sus histerias, limitados y confusos aunque se consideren especialistas, politólogos ignorantes de la política concreta, intelectuales que de ello han tenido poco salvo la precaria fama que construyeron alguna vez. Adjetivólogos desaforados, opinadores enfáticos y vehementes, hasta neuróticos, locutores que mucho tiempo años atrás fueron interlocutores, articulistas corrompidos que escriben para otros iguales a ellos exagerando todos sin cesar, periodistas que nunca dan fuentes de referencia porque no las tienen, interesados profetas del desastre que viven equivocándose una y otra y otra vez. Gente que nunca pedirá disculpas al público por engañarlo, a los lectores por mentirles, a quienes calumnian por denostarlos, a sí mismos por inmorales o a la terca realidad que los refuta y contradice sin cesar.

    Ellos —junto con otros que a fin de cuentas (a fin de votos) resultaron muchos menos de los que creían ser— resultan los grandes perdedores del 2 de junio. Cuando se habita en una dimensión mental imaginaria que reduce la compleja naturaleza de una sociedad y de un país a lo que se cree o se desea, la percepción de la realidad colapsa porque se cancela el hecho mismo, la verdadera naturaleza de las cosas. En eso consiste el pensamiento ilusorio, en no utilizar la prueba o la demostración, único medio para establecer la verdad de lo dicho, y en fundamentar el valor de las afirmaciones en su propia formulación. El pensamiento ilusorio cree que el criterio de verdad está dado por el sujeto que hace la afirmación. Sin embargo, el primer principio analítico de cualquier fenómeno requiere identificar el meollo del asunto, aquello que el pensamiento griego describe como “la primera base a partir de la cual se conoce una cosa”, operación que exige limpiar el asunto de convenciones y prejuicios para quedarse con lo esencial, lo demostrable. A ello se le llama objetividad. 

    Esta comentocracia venal y manipuladora que trabaja para otros intereses ha ignorado los logros (lo esencial, lo demostrable) del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el meollo de su sostenida aceptación popular y la causa de la aplastante victoria electoral de Morena y Claudia Sheinbaum el pasado 2 de junio. La reducción de los índices de pobreza en todo el país que en 2018 alcanzaban el 41.9 % y en 2023 bajaron a 36.3 %; el aumento histórico a los salarios mínimos que en 2018 era de 88 pesos y en 2023 llegó a 249 pesos, y el incremento del monto de las jubilaciones de los trabajadores al 100% del último salario recibido; el crecimiento de la economía que en 2018 registró un 2.2 % y en 2023 alcanzó un 3.2 %; el empleo formal que de 20 millones de trabajadores afiliados al IMSS en 2018 sumó 22.3 millones en 2023; los 30 millones de familias que a la fecha son beneficiarias de cuando menos uno de los programas de bienestar; la reducción sostenida de los delitos del fuero común entre 2018 y 2023: -19 % de homicidios, -70.8 % de secuestros, -29.3 % de robos; el primer sexenio desde 1970 en que no se devalúa sino que se aprecia el peso al terminar la gestión gubernamental; la obra pública impulsada luego de 30 años de su sistemática disminución; la reivindicación de la soberanía constitucional sobre los bienes energéticos de la nación. 

    ¿Por qué los perdedores electorales, los equivocados políticos, los “analistas” in-analíticos (como los llamaría Lacan) que hicieron tal ridículo no reconocen públicamente su error, su extravío conceptual? ¿Por qué los líderes políticos opositores no renuncian a una responsabilidad que tan mal desempeñaron? ¿Por qué tratan de hacer responsable de su fracaso a quien los derrotó? La decencia, la congruencia o la moral son categorías que esta oposición ignora. Tampoco sabe de lealtades, convicciones o valores sociales. No entiende que no entiende ni conoce al país. Su autorreferencialidad le hace creer que las cosas son como cree que son. “Confundir, tergiversar y mentir por principio y hasta el final”: así describe Carlos Alberto Ríos (un analista que analiza) el programa ideológico de la oposición. Decir “nos equivocamos” sería confesar que confundieron, tergiversaron y mintieron. Dado que lo seguirán haciendo, no pueden aceptar que así lo hicieron.

    Resultaría anecdótico de no parecer determinante: origen es destino. ¿Las personas van transformándose en individuos inmorales o potencialmente ya lo son? ¿El indigno nace o el contexto lo va convirtiendo en eso? Aquel que comenzó como esforzado y decoroso aunque nunca muy brillante reportero en un diario de izquierda y fue abducido por el poder y el dinero de un mefistofélico presidente hasta convertirse en vociferante opinador capaz de ir de una barrabasada a otra, superándose a sí mismo en juicios catastrofistas sobre la muerte de la democracia, la inminencia de una dictadura o el colapso del país. Aquel hoy aporofóbico y antes de modestos orígenes que dicta cátedra sobre los ciudadanos de “baja intensidad” y tutela con desfachatez la moral pública cuando su inmoralidad es tan pública como privada. Aquel cuya mediática carrera periodística fue fundada en la delictuosa servidumbre a las agendas del poder y en el cobro y la venta de la información. Aquel que comenzó como comprometido redactor emanado de la izquierda comunista y hoy dirige el periódico más reaccionario y deformante del país. Esa desgobernada maestra de teoría política que regaña a cerca de 36 millones de mexicanos por volver a encadenarse cuando ella y sus rictus faciales, amplificados sin clemencia por las cámaras televisivas, ya los habían liberado. Aquel amanerado publicista de tan escasas neuronas y raquítico lenguaje que sin pudor alguno propone públicamente la estrategia política de mentir y mentir sin cesar. O ese petulante y fracasado exministro que abrevia el hediondo método operativo de la oposición empleando un término gringo con su soberbia cosmopolita: “Go dirty”. O la directora viuda de una organización de la “sociedad civil” que encabeza la lucha contra la corrupción y corrompió el acta de defunción de su marido para cobrar una corrupta pensión. O la ridícula señora bien que pretende hacer semiótica política y analiza caracteres a partir del cabello lacio o rizado de las candidatas presidenciales y encuentra a la Virgen de Guadalupe en la candidata opositora. O el torvo junior oligarca cuya sucia fortuna familiar compró la autoridad ética y política del país para dirigir el fracaso de la oposición. O un conductor experto en montajes televisivos y difamaciones sin límite. O un patético payaso tenebroso. Finísimas personas todos ellos: ¿ya eran así o así se volvieron?    

    La función del verdadero intelectual es la crítica y el análisis de lo existente. La obligación del periodismo es presentar perspectivas que abarquen todas las facetas de un hecho, sostenidas en referencias y declarantes reales. La tarea de la oposición es articular una política que ofrezca otra perspectiva ideológica ante un gobierno dado. El quehacer de los artículos de opinión es sustantivar sus afirmaciones en ideas y no en dichos. Informar no es compartir (ofrecer un fragmento de algo) sino comunicar (hacer común un suceso). La distinción entre el a priori y el a posteriori es indispensable para conocer lo real verdadero, lo que contiene realidad común, generalizable, para separarlo de lo falso particular aunque sea compartido por muchos. El pensamiento ilusorio establece de antemano la verdad de su afirmación, la cual debe aceptarse acríticamente; no ofrece ningún otro criterio de prueba que la mera opinión, el prejuicio o la credulidad. El a priori de la oposición apenas el 2 de junio a las siete de la noche celebraba una arrasadora victoria. El a posteriori de pocas horas después documentó su aplastante derrota.

    Empero, las campañas negras continuarán. “Elección de Estado” aducen para explicar su catástrofe, cuando el INE no se tocó y el Estado no controla la institución electoral que recibió y computó los votos. En su no entender que no entienden fueron incapaces de comprender la transformación política que AMLO llevó a cabo —con claroscuros, errores y pendientes inevitables en la imperfección propia de todo lo existente—, deconstruyendo treinta años de un régimen neoliberal de envilecimiento público y putrefacción institucional. Empleando instrumentos impensadamente estratégicos como la Conferencia Mañanera, donde informó públicamente, encaró con nombres y apellidos, confrontó sin reparos y denunció sin eufemismos —a veces de manera exasperante y obsesiva—.  Así construyó una pedagogía colectiva, transformó la naturaleza, la práctica del poder gubernamental y de la función presidencial. Los logros de este histórico estilo personal de gobernar están a la vista. 

    La dipsomanía de la prensa canalla y la miseria de la derecha inane no se curarán. Continuarán tergiversando y mintiendo. Esta gente no cambiará nunca. Su patología es una enfermedad estructural.

  • “Juez Crater, repórtese a su oficina”

    “Juez Crater, repórtese a su oficina”

    Culturas impopulares

    Jorge Pech Casanova

    Al juez Joseph Force Crater lo apodaban “Buen Rato Joe” por sus aventuras con empleadas de prostíbulos. El 6 de agosto de 1930, poco después de las nueve de la noche, lo vieron tomar un taxi en Nueva York. Se supo que iba al teatro. No se le volvió a ver después de esa noche. Cuatro meses antes el gobernador Franklin D. Roosevelt había nombrado a Crater juez suplente de la suprema corte, con perspectivas de ocupar un estrado permanente.

    Como a fines de julio los juzgados entraban de vacaciones, Crater se fue con su esposa Stella al cercano Belgrade Lakes, en Maine, donde tenía una cabaña. Allí, el jurista recibió el 1 de agosto una llamada telefónica que lo perturbó. Al día siguiente le anunció a su mujer que regresaba a Nueva York para “aclarar algunas cosas” y “enderezar a unos cuantos individuos”. Stella, casada con Joe desde 1917, estaba acostumbrada a súbitas ausencias de su marido, quien le prometió estar de vuelta para el 9 de agosto, cuando celebrarían el cumpleaños de ella.

    Mark Kantrowitz, en su artículo “Juez Crater, llame a su oficina”, publicado en abril de 2023 por el Massachussets Lawyer Weekly, resume detalles de la desaparición: El 5 de agosto Crater pasó a su casa en Nueva York y le dio varios días libres a la sirvienta. Al día siguiente sorprendió a sus asistentes Joe Mara y Fred Johnson ingresando a su privado, aunque eran vacaciones. Encerrado, se le oyó revisar papeles, varios de los cuales acabaron en la basura.

    En algún momento salió de su encierro para pedirle a Joe Mara cambiar dos cheques por cinco mil 150 dólares (alrededor de 90 mil dólares actuales). Cuando el ayudante le entregó el dinero, Crater metió los billetes en sus bolsillos, tomó dos portafolios y unas cuantas carpetas. Ordenó a Mara acompañarlo a su casa en un taxi. Crater permaneció callado en el trayecto. Al llegar al hogar de su jefe, Mara introdujo los portafolios y las carpetas. Enseguida, partió.

    A las seis de la tarde Crater se presentó a la agencia de boletos de su amigo Joseph Gransky en Broadway y pidió un boleto para una obra teatral. A Gransky le extrañó el pedido, porque el 25 de julio ambos habían visto esa misma obra en Atlantic City, en compañía de dos mujeres y una pareja. Tras despedirse de Gransky, Crater fue a uno de sus restaurantes favoritos, la Casa de Chuletas de Billy Haas en la calle 45 Poniente, en Times Square.

    En ese lujoso comedor, donde las estrictas leyes contra el consumo de alcohol no aplicaban, el juez se topó con el abogado William Klein, a quien acompañaba la joven corista Sally Lou Ritz. Crater aceptó sentarse en la mesa de Klein y Ritz. Esta última actuaba en una revista un tanto pornográfica a la que el juez había llevado días antes a su amasia Connie Marcus.

    El abogado Klein declaró después que su amigo parecía nervioso y preocupado. La corista Ritz lo vio deprimido. La pareja declaró primero que, al dejar el restaurante, Crater se despidió de ambos y tomó un taxi. Después ambos cambiaron sus declaraciones para decir que ellos habían tomado un taxi y el juez se había ido a pie.

    Stella no se preocupó por la ausencia de Joe hasta que los juzgados abrieron sin que él se presentara. Para no poner en riesgo el próximo nombramiento definitivo del juez, la mujer investigó con discreción su paradero. Hasta el 3 de septiembre no avisó a la policía, que dio a conocer el caso a los medios. El 4 de septiembre de 1930 el New York Times anunció en primera plana: “Amplia búsqueda del juez Crater, extraviado hace cuatro semanas”.

    En nota complementaria, el periódico informaba del dinero que Crater había retirado antes de desaparecer, “dos días antes de que el Fiscal Federal Tuttle hiciera cargos contra Ewald”. La nota se refería al magistrado George Ewald, imputado por un presunto pago de diez mil dólares a Martin Healy, en 1927, a cambio del puesto en el juzgado.

    En el juicio por la desaparición del juez se presentaron 95 testigos cuyos testimonios abultaron 975 páginas. No se hallaron los más de cinco mil dólares que Joe Mara declaró haber retirado. Además, se supo que durante la primavera de 1930 Crater vendió acciones por un total de 16 mil dólares y retiró de su banco otros siete mil. Tampoco apareció ese dinero.

    Cuando el juicio concluyó y Stella Crater pudo reingresar a su casa, halló en un cajón oculto cuatro sobres de papel manila que contenían el testamento del juez, seis mil seiscientos dólares en efectivo, numerosos cheques, seguros de vida por treinta mil dólares y tres hojas que enlistaban a veinte compañías y personas que supuestamente le debían dinero al desaparecido.

    Por si algo faltara, el 5 de agosto Lorraine Fay, rubia oxigenada, dijo al abogado neoyorquino Samuel Buchler que demandaría a Crater por romper su promesa de matrimonio. El litigante le pidió a la mujer que volviera con pruebas al día siguiente. Fay no regresó.

    Interrogaron a coristas y otras mujeres relacionadas con Crater. Sally Ritz, tras declarar, se perdió de vista hasta que la hallaron en Ohio. Dijo que había ido a cuidar a su padre. Otra mujer que estuvo con Crater el 5 de agosto, un día antes de que el juez desapareciera, fue convocada: la corista June Bryce, de quien se dijo que era novia de un gángster que extorsionaba a Crater y al final lo asesinó. Bryce fue localizada hasta 1948, recluida en un manicomio en Long Island.

    Otra posible testigo fue Vivian Gordon, en cuyo departamento hallaron el saco de Crater. Estafadora y prostituta, departía con personajes influyentes. Aceptó testificar sobre sobornos y extorsiones, pero antes de poder declarar, la asesinaron el 20 de febrero de 1931.

    El caso manchó la nada limpia reputación de la policía. El alcalde de Nueva York renunció. Nada más se supo del juez, denominado “el hombre más desaparecido en Nueva York”.

    Cuando Harry Stein fue sentenciado a la silla eléctrica por el asesinato de Vivian Gordon, el condenado contó que él y otros delincuentes sobornaron a Crater para reducir la sentencia de un cómplice, pero al negarse el juez, lo mataron. La declaración no pudo ser comprobada.

    En 1954 el carnicero retirado Harry Krauss dijo antes de morir que poseía una casa en el condado de Westchester donde George Ewald, Martin Healy y Joseph Crater se reunían con empleadas de prostíbulos. En esa casa, vigilada por el cuñado de Krauss, los tres hombres supuestamente escondieron 90 mil dólares. Aseguró Krauss que cuando visitó la casa en la semana en que Crater desapareció, halló el sitio destrozado, con botellas rotas y manchas de sangre. No volvió a ver a su cuñado y halló que habían excavado en el patio.

    A la semana siguiente, agregó Krauss, lo convocaron Ewald y Healy para decirle que podía haber problemas con la policía, así que debía negar que conocía a Crater. Krauss dijo eso al jurado que lo citó a testificar. Sin embargo, antes de morir, sostuvo que Crater estaba enterrado en Bronxville. La policía no pudo hallar indicios que confirmasen la historia.

    Después de atender dieciséis mil reportes de todo el país y hasta de otras naciones, la policía no pudo dar con el juez. En su tiempo, la frase “Hacer un Crater” fue sinónimo de desvanecerse sin dejar rastro. En 1939 lo declararon oficialmente muerto, pero su caso —número 13,595 de Personas Perdidas— apenas fue oficialmente cerrado en 1979. Hasta la década de 1960, un chiste popular decía: “Juez Crater, llame a su oficina”.

    Muchos años más tarde, el New York Post publicó que, al fallecer el 2 de abril de 2005, Stella Ferrucci, de Bellerose, dejó una carta manuscrita. La carta cuenta que el difunto marido de Ferruci, Robert Good, supo que el policía neoyorquino Charles Burns y su hermano, el chofer de taxi Frank Burns, eran responsables por la muerte de Crater, cuyo cuerpo enterraron en Coney Island, bajo la banqueta del Acuario de Nueva York, cerca de la calle Ocho Poniente. La versión de la difunta no se pudo comprobar.

    La viuda del juez pasó por un periodo de apuros económicos tras la muerte de Joseph Crater, hasta que al ser declarado muerto el juez, logró cobrar seguros de vida por 20 mil 561 dólares (alrededor de 432 mil 500 dólares actuales). Stella se casó de nuevo con el contratista Carl Kunz, se separó de él en 1950 y falleció en 1969, a sus 70 años de edad. Durante el resto de su vida, la viuda acudió a un bar en Greenwich Village todos los días 6 de agosto. En esa fecha, sentada en un reservado, Stella pedía dos tragos y vaciaba el suyo tras decir: “Buena suerte, Joe, dondequiera que estés”.

  • La función de la retórica

    La función de la retórica

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    Consistencia: duración, estabilidad, solidez, trabazón, coherencia entre las partículas de una masa. Consistir: estribar, estar fundada una cosa en otra. Ser efecto de una causa. Estar y criarse una cosa en otra. Tener un todo determinadas partes. Definición etimológica: estribar, poseer como base, estar compuesto de. Del latín consistere: detenerse, resistir, persistir, existir (de con: cabalmente, y sistere: poner, detener).

           El tema elegido por Italo Calvino que nunca llegó a escribir para su sexta propuesta sobre este milenio fue la consistencia. Sólo se sabe que versaría sobre Bartleby, el escribiente de Herman Melville, un escritor del que Borges se conduele: “Padeció rigores y soledades que serían las arcillas de sus símbolos de sus alegorías”. La consistencia es algo que contiene otra cosa, y el narrador de la historia, los empleados, la inusual tolerancia de la oficina donde llega Bartleby, “uno de esos seres de quienes nada es indagable, salvo en las fuentes originales: en este caso, exiguas”, como quedará establecido desde el comienzo, contienen la presencia de algo más que no se muestra pero que se alude. Bartleby es narrado por otro que no sabe nada sobre él.

           El ambiente excepcional de la oficina consiste en que el patrón delega su ejercicio de autoridad en los empleados y así se quiebra una atmósfera convencional. Turkey y Nippers, amanuenses del despacho de quienes desconfiaba en la mañana, son llamados por la tarde para externar su opinión. Pero es sobre todo la simpatía del patrón por Bartleby lo que conduce a un dislocamiento: el de la autoridad que cambia su punto de vista y comprende, sustrayéndose de la decisión y aceptando lo que ocurre con pasividad, como si el acontecimiento fuera admirable porque sólo consiste en ser.

           En la tersura de la trama Bartleby consigue paradójicamente mostrarse a través de la invisibilidad, también una forma de la consistencia: el patrón exalta lo que cree su aplicación, su falta de vicios, su laboriosidad, su calma constante, su ecuanimidad. Menciona como la virtud principal del escribiente lo que después dará origen al conflicto: siempre estaba allí. Lo ha conseguido tácitamente. Y entre la amable identificación del lector con el patrón y lo que no se cuenta: ¿por qué Bartleby es así?, un efecto de agridulce comedia tiene lugar.

           El escribiente se apodera de la oficina. El patrón intenta ingresar un domingo y no puede. Desde adentro del despacho, Bartleby se disculpa por no poder abrirle: “Preferiría no recibirlo por el momento”, le dice. Pronuncia las palabras mántricas: “preferiría no hacerlo”, con lacónica determinación. La reacción del jefe es de compasión y lástima: “Su pobreza es grande, pero su soledad, qué terrible. Piensen”. La apelación a los lectores es un efecto estético. El patrón describe “los tranquilos misterios” del empleado, enigmáticos y ambiguos, siempre silencioso y con la mirada perdida, con “cierto aire de inconsciente, de descolorida altivez”.

            La descripción del empleado renuente lo define por negación y a la vez retrata al patrón mismo, en quien se despierta un sentimiento de lástima y melancolías sinceras. La compasión se convertirá en miedo cuando el misterio de Bartleby aumente y el patrón afirme que lo que el escribiente tiene enferma es el alma, a la que no puede llegar. ¿La consistencia es lo que está en el alma? Al alma no se puede llegar. 

           Bartleby nunca dice nada de sí. Existe por oposición, por su conducta anómala. Pero no hay nada directo que lo defina: las huellas de un hombre son su carnet de existencia y no hay ninguna historia conocida que lo determine. Pareciera que también el autor, Melville, prefiere no hacerlo. El patrón intenta hablar con él amistosamente y no lo consigue. Entonces se irrita y no sabe qué hacer ante esa consistente conducta ilógica:

           “—Prométame que dentro de un par de días se volverá un poco razonable —pide el patrón.

           “Por ahora prefiero no ser un poco razonable —fue su mansa y cadavérica respuesta”.

           Dos elementos opositores y a la vez consistentes están activos en la contestación del escribiente: negativa a la racionalidad mediante una cadavérica negativa y defensa de una elección personal por encima del sentido común. 

           Nippers se enoja e increpa al patrón. Éste le dice que prefiere que se retire, y cae en la cuenta de que ha dado ya en el uso de la palabra preferir: “Temblé pensando que la relación con Bartleby ya hubiera afectado seriamente mi estado mental”. El miedo a ser como el otro. No hay sí mismo sin otro, y la simpatía y tolerancia se convierten en similitud. Turkey sugiere que si Bartleby prefiriera tomar cerveza cambiaría su actitud. “Usted también ha adoptado esa palabra. ¿Cuál? Esa”.

           No la quiere pronunciar porque sutilmente convoca el desorden y el miedo. El peligro de la preferencia consiste en que decidir hacer lo que quiere hacerse conduce a la marginación de la excepcionalidad. Preferir consiste en algo más.

           Bartleby se niega a cumplir cualquier tarea. El patrón pregunta por qué y el escribiente inquiere si no ve la razón por él mismo. El patrón especula con una infección de la vista que aqueja al empleado renuente, pero después comprueba que no es así. No aparece la causa de su conducta, se muestra ella pero no su explicación. Si apareciera, el misterio del escribiente inmóvil perdería fuerza estética y valor metafórico. Un misterio revelado deja de serlo. ¿Lo conoce Melville, el patrón que narra la historia, el lector? No. Sólo lo sabe Bartleby y nunca lo dirá.

           Cuando Perrault cuenta en La bella durmiente que las hadas hacen dormir a todos diciendo solamente que las hadas hacen eso y más, emplea la facultad narrativa mencionada por Calvino de suprimir las explicaciones y así convocar imágenes en ausencia que serán completadas por la imaginación del escucha o lector. El cuento no lleva tiempo, puentes o dilataciones, y unas pocas palabras permiten aludirlo todo. No decir es otra forma de decir. Cuando Bartleby queda abandonado en la oficina ante la mudanza del despacho, el patrón lo describe “como la única columna de un templo en ruinas: quedó mudo y solitario, en el cuarto desierto”. 

           La parálisis del abandonado es consistente por y en la estratagema con que el patrón lo despide: “La belleza de mi procedimiento consistía en su perfecta serenidad”. Así el autor concluye una atmósfera narrativa dominada por lo no dicho, lo yacente, lo secreto, donde todo está pero no todo aparece.

           Tal contención narrativa, una mirada en escorzo, lateral, equivale a la perplejidad ante las preguntas que no se responden pero se formulan. Esa es la función de la retórica: servir de recipiente, consistir en. Re-velar.

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