Morfema Cero

  • Cuerpo monasterio

    Cuerpo monasterio

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

     “Cuando hice de mi cuerpo mi propio monasterio, abandoné el monasterio de la ciudad”. Estas líneas fueron escritas por Milarepa, el mago, poeta, ermitaño y sabio iluminado que nació en el Tíbet en 1040 y llevó la ascesis del renunciante y el esplendor del cuerpo hasta la vida inmediata de la cotidianidad.

          “Vivo en mi propio templo, en mi cuerpo”. La frase apenas audible la musitó Elena Gouliakova, una rusa extraviada en Monterrey que hace años llegó al país como maestra de patinaje en hielo y ahora vaga por las calles, duerme en cajeros automáticos, mendiga un cigarro donde puede y desconfía de todos.

           “Tú no podrás ser mejor que tu época —pero, cuando mucho, serás tu época”, sentenció Hegel en uno de sus poemas de juventud. Si tal advertencia es cierta, entonces en estos tiempos uno resulta ser esencialmente un cuerpo, porque hoy el ego es un ego corporal: la época radica en el cuerpo. Ego Gym se llaman los gimnasios.

           “Los ancianos son asesinados. Las jóvenes son violadas. Y a los varones fuertes se les dan martillos, machetes y palos y se les obliga a luchar a muerte entre sí”, contó el miembro de un cártel mexicano a la reportera Diane Schiller. La semiótica del narco representa un código cuya sangrienta grafía queda expuesta en los mancillados cuerpos de sus víctimas y enemigos. No buscan mentes: devoran cuerpos.

           “Esencial: seguir el cuerpo y utilizarlo como guía. Es la gran razón”, consignó Nietzsche, el sagrado bailarín anticristiano que sentía una mayor agilidad muscular cuando su fuerza creadora fluía de manera más abundante. Aquel que aconsejaba dejar fuera del asunto el alma cuando su cuerpo estaba entusiasmado.

           Si toda persona, como afirmaba Montaigne, “lleva en sí, por entero, la condición de toda la humanidad”, entonces el cuerpo suma todos los cuerpos y todos hemos sido alguna vez Iskander derrumbando en la India un elefante, la Sulamita tocando con pies de fuego aquella agua clara que esparció su amante. Somos aquel torturado que muere en la hoguera o Ulises gozando del amor entre los brazos de Circe.

           “Recuerda, cuerpo”, cantó el poeta Cavafis, para enfatizar que cualquier memoria del placer y del dolor representa un acto somático, como también lo supo Proust al iniciar con el cuerpo su búsqueda del tiempo perdido a través del sabor de una magdalena y el aroma de una taza de té.   

           Todas las religiones ofrecen un camino horizontal y al mismo tiempo otro cuya experiencia es discontinua, visionaria y extática, al cual se denomina “camino vertical”. Involucra un proceso de ascensión síquica donde mediante ciertas disciplinas “el alma individual puede ascender al cielo” y el cuerpo quedar atrás como un muñeco de trapo temporalmente abandonado.

           “Uno primero es irresistible, luego resistible, después repugnante, a continuación invisible y al final se vuelve un lindo viejito”, ironizó Leonard Cohen para ilustrar la metamorfosis del cuerpo y su cosificación en estos días cuando predomina el fetichismo de la juvenilia, esa patética compulsión obligatoria para parecer siempre joven ante uno mismo y los demás. 

           El cuerpo es la cárcel del alma, aseguró un idealismo platónico debido al cual la doctrina eclesial cristiana lo condenaría durante siglos como sucio asiento del pecado, hasta que el materialismo lo llevara a su narcisista divinización. En lugar de este trágico error epistemológico, Morris Berman propone “una nueva calidad, un nuevo cuerpo, una nueva historia y una nueva creatividad compartida por todos”, única posibilidad de salvación.

           Foucault denunció el “biopoder” del Estado moderno como un control autoritario de la política democrática sobre el cuerpo y la biología de los ciudadanos. Iván Illich habló de la “Némesis médica” como la venganza de la ciencia que mata a la gente en vida, o casi, mientras afirma su compromiso con la salud pero se entrega a la enfermedad. Fue Nietzsche quien supo señalar el advenimiento histórico de una deidad antidivina, aquel ídolo de los últimos hombres a la cual llamó la Diosa de la Salud.    

            “El santo olor de la panadería”, escribió López Velarde en líneas imborrables. “Hay perfumes que en toda materia suelen hallar lo poroso: diríase que filtran el cristal”, dijo Baudelaire. Los dos versos involucran al cuerpo y sus sentidos, templo del alma reverenciado como un noble vehículo por el pensamiento oriental. No como fin en sí mismo, según propone la reducción occidental, sino como medio para vivir con aceptante plenitud, en el dolor donde nos hacemos o en el placer donde nos gastamos, el milagro insondable del mundo y su existencia. 

           La ahora olvidada unidad del ser humano consta de dos partes: cuerpo/mente, para entender. Descartes se equivocó, pero no aquella mujer que advierte en sus entrañas la muerte del hijo que ocurre allá lejos. El cuerpo también piensa al sentir, la mente también siente al pensar. Ello es la reunión del ser.

           Entonces podremos asistir agradecidos aunque nostálgicos al espectáculo de nuestro envejecimiento y no rechazar la flacidez en el cuerpo y las arrugas en el rostro, mapas del tiempo vivido, de la risa y el llanto, de la tristeza y la plenitud, del esfuerzo y la intención, del éxito y el fracaso. Confieso que he vivido, reconocería Neruda. 

           No vivimos la vida; la vida nos vive; sus vivencias se marcan en la piel. Al fin —seres impermanentes— el cuerpo claudica y todo termina. Así esta oscura desbandada: deja de haber cuerpo, deja de haber mente, deja de haber ser.  Hete ahí el canto de Rilke: “¿Quién habla de victorias? Sobreponerse es todo”.

  • Aún no hemos nacido

    Aún no hemos nacido

    Colaboraciones

    Eduardo Subirats

    Salvador, Bahía, abril 1964

    Almuerzo con Lina Bo en su Casa de vidro. La plática gira en torno a Bahía y a los proyectos museográficos, artísticos y arquitectónicos que ella había desarrollado en los años cincuenta y sesenta. Una vez más, Lina ha enfatizado la efervescencia intelectual y artística que le rodeaba. Y que ella alentaba. ¡Hasta que, en 1964, los militares plantaron sus cañones frente al Museu de Arte Moderna de Bahía y clausuraron su exposición de arte popular en Brasil! 

           En esta exposición Lina había formulado un programa artístico renovador: el renacimiento de las memorias populares, sus mitos y sus expresiones artísticas; y su integración en una concepción contemporánea del arte y la cultura que no se limitara a reproducir los lenguajes automáticos del modern o el postmodern decretados por los Estados Unidos. Su objetivo era crear nuevas formas artísticas a partir de las raíces indígenas, africanas, asiáticas y europeas de Brasil y de América latina. Una obra de arte integral comparable a los sueños expresionistas en la arquitectura de Poelzig, Taut o Steiner, en la Europa anterior a los fascismos del siglo veinte. 

           La exposición de arte popular de Lina también redefinía la función del museo como lugar de la memoria. Eso quería decir abandonar el principio de la museografía europea y norteamericana: el museo como depósito de trofeos y teatro de ejemplaridad imperial. Por otra parte, Lina abría enfáticamente su espacio público a la reflexión, la expresión y la creación. Y transformaba el museo en un sentido práctico e inmediato: punto de partida de su proyecto de rehabilitación de los edificios barrocos y las culturas africanas que habitaban el Pelourinho, el centro histórico de Salvador de Bahía. 

           “Uma época nova já começou – había escrito Lina Bo a propósito de su exposición – e quem não chega a compreender sua necessidade lúcida e rigorosa, melancólica sem pieguice, profundamente poética, corre o perigo de ficar de fora. A consciência crítica e a continuidade histórica são a grande herança do homem moderno… O Brasil está conduzindo hoje a batalha da cultura… ser um país de cultura autônoma, construída sobre raízes próprias, ou ser um país inautêntico, como uma pseudocultura de esquemas importados e ineficientes. Um ersatz da cultura de outros países…”. 

    Palomares, Almería, 17 de enero de 1966

    Dos aeronaves norteamericanas, uno de los temidos bombarderos B-52 y su avión nodriza, chocaron en una operación rutinaria de abastecimiento de combustible en los cielos de Andalucía, precipitándose inmediatamente después sobre el pueblo de Palomares. Con los aparatos cayeron cuatro bombas de hidrógeno. Dos de ellas se rompieron en tierra esparciendo uranio y plutonio en un vasto territorio Las autoridades políticas, el ejército nacional y la guardia civil cerraron inmediatamente el acceso a la zona afectada, mientras el aparato de estado y sus medios de comunicación abrieron una campaña mediática para desmentir los acontecimientos y sus trágicas consecuencias ecológicas y humanas. 

           Se sabía y no se sabía del accidente. La censura había suspendido sus víctimas y sus efectos en la surrealidad de un acontecimiento virtual. Incluso en los círculos politizados de estudiantes en los que te movías no se hablaba de ello. Sólo lo supiste más tarde. Isabel Álvarez de Toledo, la duquesa de Medina Sidonia, pudo pasar los controles militares, entrar en las aldeas y en las casas de la región afectada por la diseminación de la radiactividad, esclarecer a sus habitantes sobre la envergadura del accidente y sobre sus derechos. Los organizó y los movilizó. Y puso en efecto toda una serie de acciones encaminadas al reconocimiento oficial de la catástrofe y sus efectos tóxicos, al tratamiento médico de los afectados y a la indemnización económica por los daños que el accidente había causado. 

           “Los reactores llegaron puntuales –escribió la duquesa en su diario de Palomares –. Nadie se asomó para ver la maniobra. La costumbre había quitado interés al lejano espectáculo. Una tremenda explosión hizo temblar la tierra. Los fuselajes plateados se transformaron en inmensa hoguera. El cielo se cubrió de humo. Trozos de acero, iluminados por el chorro de combustible incandescente, se precipitaron sobre el pueblo. Se abrieron paracaídas – ¿cuatro? ¿seis? –. Nadie tuvo tiempo de contarlos. Nuevas explosiones acompañaron su descenso. El choque del metal sobre la tierra, las llamas encendidas por los bancales y dos últimos truenos, más potentes por cercanos, fueron la culminación de aquellos macabros fuegos… El terror se adueñó del vecindario…”.

           Luisa Isabel fue detenida por las fuerzas de seguridad del estado y condenada por su resistencia civil a un año de prisión. La publicación de su libro La Huelga, en París, el año de 1967, y de sus memorias de cárcel en la revista Sábado Grafico, en 1969-70, le valieron otros tantos sumarios con una demanda fiscal de 17 años de prisión. Tras un año en los centros penitenciarios de la Venta y Alcalá de Henares, Luisa Isabel huyó clandestinamente del territorio político español.

    Basel, 20 de Junio, 1968

    El ayuntamiento había ordenado terminar anticipadamente unas obras públicas en calles adyacentes a la Universidad por temor a que los estudiantes levantasen las mismas barricadas que en París, unas semanas antes. Se había convocado una asamblea de estudiantes de la Außerparlamentarische Opposition. La reunión se celebraba a cielo abierto, en un cálido atardecer, sobre los céspedes del campus. El ambiente era festivo. Una autoconciencia naive frente al acontecer político europeo con los gestos de una intachable responsabilidad política e intelectual. Hablaron dos o tres líderes de Frankfurt y Berlín occidental. Rostros dulces, gestos masculinos, una oratoria expresionista.  

           Los motivos políticos de su discurso eran: capitalismo, desigualdad, guerra… Pero te quedaron en la memoria una de sus reivindicaciones más determinantes: las parejas de clase obrera no pueden hacer libremente el amor por falta de un espacio independiente. Desigualdad capitalista. Su segundo argumento: el consumo masivo de ansiolíticos y narcóticos son el síntoma manifiesto de una civilización decadente. Hubo calurosos aplausos y un par de decenas de estudiantes fuisteis a levantar protesta, junto a la Klagemauer de la legendaria Barfüsserplatz, contra una sociedad antierótica y psicológicamente enferma.

    Praga, Agosto 1968

    Karel Kosik reside en una casa medieval, en las inmediaciones de la catedral de Praga. Te ha introducido a un grupo de intelectuales reformistas en el galpón de un periódico de oposición al régimen de Moscú. Muchos eran miembros del Partido Comunista y estaban estrechamente vinculados a sus dirigentes. Todos participaban en el proyecto de reforma socialista y democrática del país, en Europa oriental y en la Unión Soviética. Comprometidos con un cambio político en un sentido humano, cuya definición había formulado Kosik con argumentos que remontaba a las utopías sociales de Les Lumieres y la Aufklärung, a la crítica de la alienación capitalista de Marx y a los socialismos revolucionarios del siglo diecinueve.

           Los nombres de todos o casi todos ellos estaban en las listas negras de organizaciones criminales vinculadas a la policía secreta. Recibían constantes amenazas de muerte. Eso encendía su desprecio por los imperialismos del Este y del Oeste, y animaba su aspiración ideal de un socialismo y una democracia participativas, directas y reales. En sus exposiciones definían jurídicamente un proyecto de cambio político, un programa de gestión económica, una definición de las tareas educativas en una sociedad democrática, una organización federal de las naciones lingüísticas, culturales y políticas centroeuropeas.

           Una semana más tarde los tanques soviéticos ocuparon la ciudad. No hubo resistencia.

    Paris, mayo de 1969

    En una cafetería del Quartier latin te has dado cita con un estudiante portugués y un poeta del grupo de los Enragés que se había unido a la Internationale Situationiste. Querías crear una sección ibérica de la Internationale. La sola mención de la unidad de las culturas ibéricas de ayer quemaba ingenuamente cinco siglos de imperialismos católicos constitutivos de las monarquías de España y Portugal. Al mismo tiempo recogías una pálida tradición intelectual del romanticismo ibérico. La conversación derivó en las posibilidades de gestión autónoma del conocimiento, de transformar las aulas universitarias en asambleas permanentes de discusión intelectual, de desarrollar una cultura democrática moderna junto a las tradiciones populares y revolucionarias europeas. Se hablaba del proyecto de una cultura estética de Asger Jorn.

           La revolución de mayo había sido violentamente destruida. Triunfó la izquierda oportunista, al lado de los partidos más próximos del poder militar y corporativo. Y por encima de todas las cosas, venció el espectáculo. La resistencia contra el espectáculo como síntesis del erotismo fetichista vinculada a la mercancía y a la economía del mercado capitalista había sido derrocada, de la noche a la mañana, por la omnipresencia de las pantallas. Global Village: síntesis de la mentalidad provinciana del village y las tecnologías de la comunicación global. Debord contaba anécdotas sobre Cohn Bendit, que se había apropiado, tergiversado y banalizado las tesis de la IS en un bestseller sobre el “izquierdismo”. Criticaba la izquierda francesa representada por Sartre o Lefebvre. Presagios de la disolución final del proyecto intelectual y artístico de la IS, y de una nueva edad oscura.

    Ost-Berlin, verano 1969

    Decidisteis crear una situación esclarecedora y al mismo tiempo tan emocionante como una verdadera obra de arte. Hans iba al volante del VW descapotable. Vestía una camisa de colores, un scarf de seda roja alrededor del cuello, pantalones de pana, cabellos largos y una barba a la Karl Marx. La avenida Unter den Linden estaba jalonada por incontables banderas y estandartes rojos. Los escasos paseantes asistían a la celebración nacional del Partido Comunista. En este instante plantamos dos banderas rojas a los lados del descapotable y cruzamos la avenida a una velocidad moderada. El recorrido partió de la Friedrichstrasse en dirección al Altes Museum. Al llegar a la Humboldt Universität habíamos causado la consternación general del público. No podías contenerte la hilaridad. De pronto, varios camiones militares aparecieron desde diferentes esquinas. Nos cercaron. Punto final de nuestra aventura. Un capitán joven, impecablemente uniformado, se acerca. Ademanes perfectamente cultivados, pero severos. Tras él, un puñado de soldados con galones. Pasaportes. Documentación del automóvil. Que pretenden con esta provocación. Demostrar nuestra solidaridad con el socialismo. Bajen las banderas. Pueden manifestar sus emociones con un banderín en la ventana lateral de su carro. 

    París, Les Halles, 27 de julio de 1970

    Françoise te ha acompañado por las calles bulliciosas de Les Halles a lo largo de la noche. Bajo las elegantes arcadas del viejo mercado se dan cita algunas instalaciones artísticas solitarias junto a los torsos despellejados de las carnicerías adyacentes. Todo resplandece bajo los gestos de una protesta melancólica. Una comunidad deslumbrante de estudiantes y clochards, y turistas y militantes de todas las agrupaciones políticas imaginables parecen haberse adueñado de las calles de Les Halles. Dicen que hasta las prostitutas hacen hoy libremente el amor a los clientes que las deseen. Junto al ambiente bohemio distingues grupos de argelinos, hablas centro-europeas y una presencia hispanoamericana. Por todas partes miradas seductoras y rostros iluminados.

           Tu amiga te ha recordado el ánimo más energético y transparente que había recorrido estas mismas calles solo dos años antes: “En la primavera de 1968 había una verdadera esperanza de cambio. Todos queríamos solidariamente la transformación de la sociedad, la creación de una nueva memoria histórica, la reforma de la democracia, una nueva relación con la naturaleza, replantear el papel de los artistas que no acabara en los basureros del mercado y las burocracias museográficas, reflexionar sobre los objetivos de una educación con un sentido humano. Todo eso se ha desvanecido; se ha transformado en nostalgia.” 

           Camiones de la policía militar habían rodeado el barrio y asediaban nuestros movimientos. Una fuerte tensión nerviosa atravesaba el ambiente. De repente, una descarga violenta. Gritos. Y el silencio.

           Has percibido algo sombrío a lo largo de esta manifestación contra la demolición de Les Halles. Más que una protesta parece el ritual de un duelo. Un adiós al París popular y revolucionario del siglo XIX que se daba cita en estas mismas calles. Adiós al París de la bohemia artística de las primeras décadas del siglo veinte. Adiós al espíritu de revuelta de las barricadas de 1871 y 1968. En los próximos días las empresas constructoras arrasarán este mercado, expulsarán a sus moradores y eliminarán su memoria. Lo mismo que una guerra. En su lugar se proyecta un centro para la nueva administración corporativa de la cultura.

           Les Halles ha sido hoy un alegre carnaval. Se presienten las cenizas que pondrán un punto final. 

    Berlín, noviembre 1977

    Die Schwarze Botin es un símbolo trinitario. Alude a una mensajera espiritual en la tradición de Hermes o Macunaíma. Al mismo tiempo, la incorpora a una tradición feminista radical. En tercer lugar, no solo es una mensajera mitológica, sino también una mensajera negra. 

           El color negro tiene la connotación simbólica de la noche, la oscuridad y el inconsciente: jurisdicción mitológica de la Gran Madre. En la conciencia europea de los dos últimos siglos el negro se asociaba con la anarquía, y se combinaba con el rojo de la libertad. Ese era el programa de la revista Die Schwarze Botin: un feminismo mitológico, libertario y matriarcal.  

           Las directoras de la revista te han invitado a una Generalversammlung. Unas diez o doce mujeres. Habías agradecido el privilegio de ser el único hombre invitado a la reunión a título de testimonio ocular sin voz ni voto.  

           El feminismo debía asumir una actitud lingüísticamente beligerante con la cultura patriarcal. Tenía que combatir abiertamente los símbolos de una masculinidad agresiva y una educación sexual sexista. La conciencia de los mitos matriarcales era la puerta abierta a la recreación de las formas de expresión de la mujer en el arte y el pensamiento. Y punto de partida de una revisión feminista de la comprensión de la realidad que abarcase desde la lucha sexual entre los géneros, hasta la agresión industrial y militar a los ciclos biológicos de la Tierra. Asumir esta posición intelectual radical significaba buscar los territorios de conflicto entre una floreciente conciencia feminista a un lado de la barricada, y una familia, un estado y una civilización patriarcales, al otro lado. 

           “Los conflictos – escribió Gabriele Goettle – solamente se reconocen allí donde su resolución no provoca colisión alguna con el poder patriarcal. Las mujeres se cuidan todavía hoy de no caer en la “falsa” sospecha que pudiera poner en peligro su crédito. Se retribuye la impresión de un progresismo y una emancipación obedientes, en la misma medida en que se dispensan dudosos honores a las tentativas más apasionadas mientras se encierren en campos vigilados. Las mujeres no rechazaron en modo alguno una razonable complacencia de los hombres, y lo hicieron renunciando a una clara posición de combate”.  

    México, marzo 1977

    “La Marcha de la Humanidad es una marcha total, impulsada por el tremendo anhelo de superación… ansia de creación y de triunfo” – pronuncia David Alfaro Siqueiros en la grabación que introduce la obra de arte integral La Marcha de la Humanidad, en el Polyforum de la ciudad de México. La historia mundial que representó la obra de Siqueiros en este templo, que debía inaugurarse el mismo año de la matanza de Tlatelolco de 1968 por el gobierno de la “Revolución Institucional”, arranca de un impulso de poder y creación. Sus símbolos son las semillas y los árboles que nacen de esas semillas, árboles espléndidamente floridos en una tierra fértil y creadora en el mural de la pared Norte de este templo: la pared de la esperanza, de la eutopía y la utopía, del buen lugar y el no-lugar, que representa esta monumental obra de arte. Siqueiros define un objetivo determinado para este impulso. Su voz lo describe como “un futuro preciso” y una “transformación de la vida material” y “espiritual” de los seres humanos. 

           La historia épica de esta Marcha se origina en el lado izquierdo de la entrada al Polyforum, es decir, la pared Sur de su majestuoso “óvalo” poliangular. Obediente a la nomenclatura marxista-leninista de la época, Siqueiros la tituló “La Marcha de la Humanidad hacia la Revolución Democrático-Burguesa”. Una voz en off resuena en los altavoces del templo con tonalidades litúrgicas: “Empieza con los períodos más crueles…” El origen de la historia moderna de la humanidad es, de acuerdo con Siqueiros, la violencia. Este comienzo coincide con la conquista y colonización de América. 

           En el tercio inferior del espacio abovedado se divisan masas humanas en conjuntos abigarrados y dinámicos que se pueden asociar con la marcha de guerreros, pero al mismo tiempo tiene todas las trazas de un éxodo de masas. Las figuras son intrincadas y confusas, como en una pesadilla. Siqueiros consigue expresar intensas disonancias y tensiones de las masas, las líneas y los colores. Las luces cambiantes que recorren los paneles de esta arquitectura mural móvil intensifican la sensación angustiante de conflicto y desorden. 

           En esta pared meridional llegas a reconocer las figuras terribles de un negro linchado, un payaso arcaico, una madre protegiendo a su hijo en medio de un tumulto, y hombres y mujeres sublevándose o doblegándose al liderazgo de demagogos y falsos profetas. Son imágenes dolorosas y su expresión plástica es ostensiblemente confusa, inarmónica y violenta. Pero predomina un movimiento vibrante del conjunto de la masa de materia y color hacia su frente, hacia el extremo occidental del templo, a través de agresivas líneas de fuerza. 

           “Continúa pues adelante esa marcha, sigue adelante. Es necesario tomar las armas para independizarse…” – pronuncia a continuación la voz grave de Siqueiros. Efectivamente, las masas humanas del tercio superior del mural están representadas por formas más abstractas, y están animadas por un ritmo regular y ordenado, que parece impulsar un movimiento y una ascensión hacia lo alto, hacia las superficies planas y las formas geométricas del cenit de la bóveda. 

           Bajo el horizonte de este cosmos geométrico y cristalino se extienden masas escultóricas enmarañadas. Sus formas son dinámicas, sus colores, oscuros, y sus figuras representan seres abatidos. Pueden distinguirse árboles quemados y movimientos quebrados. “Hemos sido vencidos y hemos sido derrotados…” – exclama la voz con un énfasis emocional en el dolor que encierran esas palabras. “Hay indecisión, cansancio…”. Las formas retorcidas y sus colores rojos, pardos y negros confieren a sus figuras una expresión sombría. Aquí y allá distinguimos figuras humanas torturadas y doblegadas, madres que arrastran a sus hijos y agresivos ritmos militares.

    Berlín: Tu Nix, enero 1978

    Un evento ambiguo. Organizado desde el rectorado, pero utilizando la lingüística de mayo del 68. Los decanos presidian la representación, pero sus actores eran una diversidad de acciones comunicativas y praxis micropolíticas supervisadas por la administración municipal. La palabra sagrada era Alternativ denken, un “pensar alternativo”. El encuentro era público y abierto: todas las alternativas, desde la cocina macrobiótica hasta exposiciones de design estaban permitidas. Solamente el “dogmatismo” estaba prohibido en el reino de ese “Tu-nix”. Ese dogmatismo quería decir la dialéctica negativa. Significaba la conciencia intelectual capaz de expresar en una sinfonía o un poema el desorden del mundo actual. El pensar alternativo nacía sobre la prohibición de la conciencia esclarecida de Lessing a Bloch.

           Su gurú era Foucault: legitimación del desplazamiento institucional del intelectual por el experto, y del ágora pública a los cubículos departamentales, y las subsiguientes jerarquías y subdivisiones indefinidas del conocimiento: “It has become possible to develop lateral connections across different forms of knowledge and from one focus of politicizations to another.  Magistrates and psychiatrists, doctors and social workers, laboratory technicians and sociologist have become able to participate, both within their own fields and through mutual exchange and
    support, in a global process of the politicizations of intellectuals
    «. 

           Conclusion: “There is no locus of great Refusal, no soul of revolt, source of all rebellions, or pure law of the revolutionary. Instead there is a plurality of resistances, each of them a special case.” Localización, segmentación, atomización de la crítica: el microintelectual, la micropolítica.  Y la esquizofrenia como última consecuencia filosófico-política. 

           Tu-nix significó la disolución postmoderna de la Außerparlamentarische Opposition (“Oposición extraparlamentaria”) de manera análoga que su militarización terrorista anticipaba su aniquilación política autoritaria. Pero su mensaje iba más allá de la declaración de una micropolítica intelectual. Tu-nix es una contracción de Tu nichts, que en castellano solo se puede traducir por una doble negación: ¡no hagas nada! Su posición metafísica es un regreso al existencialismo de La Nausée: la desrealización del acontecer, una conciencia vaciada y la ética del absurdo.  

           El significante Tu-nix posee una última connotación más banal todavía: Tunis y Tunisien designan una nación del Mediterráneo norafricano que en aquellos días era el objetivo preferido de las generaciones jóvenes. Poseía el sex appeal de un lugar lejano, misterioso y colorido. Tarjeta postal para turistas alternativos. 

    El triunfo del espectáculo, Roma, primavera de 1990. 

    En 1969 conociste a Guy Debord y a cuatro o cinco miembros de la Internationale Situanioniste. Inventaron la categoría del espectáculo a partir de la crítica del fetichismo de la mercancía de Marx y de la crítica de la cosificación de Georg Lukács. Crearon el concepto de espectáculo para confrontar una realidad cultural y política crecientemente intranscendente, volátil y autodestructiva. Y articularon esta crítica en un universo intelectual que mezclaba la tradición literaria y bohemia de los anarquismos de mediados del siglo diecinueve, con los vientos agitados de las las avant-garde europeas de la primera mitad del siglo veinte. 

           El espectáculo es la representación fetichista corporativamente producida y legitimada de la realidad: una combinación del proyecto de revolución cultural formulado por Tziga Vertov en su Kinopravda, y del poder moralmente corrupto de los medios de comunicación capitalistas que Orson Welles inmortalizó en Citizen Kane. Sus mensajes son necesariamente banalizados, comercializados y falsos. Pero el espectáculo no solo es la representación fetichista de una ficción diseminada como verdad: Disneyland en lugar de la experiencia religiosa de lo mágico o los cultural studies en lugar de las dimensiones mitológicas, místicas y metafísicas en las que se fundan todas las culturas históricas. El espectáculo es una Versanstaltung: la instauración política de una apariencia tan falaz como el sex appeal de una Miss Universe.

           Desde la ocupación del Theatre de l’Odeon en 1968, bajo el grito de guerra “Quand l’assemblée nationale devient un théâtre…”, hasta los eventos electrónicos, los war-games, las selfis y las cámaras de vigilancia postmodernos, asistes a la implosión del espectáculo global. En su universalidad ha adoptado también algunos de los significados del Maya hindú: la ilusión de una realidad hologramática en permanente cambio y un poder de fascinación que elimina la conciencia de la realidad y toda actuación éticamente responsable.

    Bogotá, mayo 2017

    “El liberalismo postdemocrático se distingue por la ausencia de voces y debates intelectuales independientes, por la falta de una conciencia social autónoma con respecto a los sistemas de propaganda, y por el triunfo incontestable de la vigilancia electrónica y el espectáculo… – pronunció por toda introducción el organizador del evento—. Y prosiguió: “Un mundo de ruinas que ha degradado la función del esclarecimiento a la repetición de lingüísticas políticamente correctas: la paz para designar la guerra; la democracia para legitimar la expansión de los pentágonos de poder; los derechos humanos como coartada de continuas atrocidades; el slogan de la sustentabilidad para encubrir la destrucción masiva de los equilibrios ecológicos y culturales de la tierra; y la libertad como el emblema de una existencia sitiada.”

           La inauguración de la sesión, titulada “Circos, Intelectuales y Payasos”, tenía lugar en un salón de actos prácticamente vacío de un Instituto de lenguas de Bogotá, una mañana fría y húmeda de 2017. El presentador continuó: “En la era en que el postintelectual asume los formatos del conocimiento corporativamente departamentalizado, y se doblega a la banalización lingüística de la academia y el espectáculo, nosotros asumimos la creatividad transgresora del Payaso sagrado. El que da risa porque hace llorar, y da pena porque hace reír. Y en la era en que las universidades asumen la degradación masiva del pensamiento bajo el principio de su rentabilidad económica, mantenemos el espíritu itinerante y lúdico del Circo.”

           El profesor terminaba con una defensa del ensayo como síntesis de rigor científico y libertad intelectual. Abogó por un programa esclarecedor. Inmediatamente presentó al artista Jorge Castillo. Su comunicación se titulaba “El Payaso Sagrado”. Castillo se había distinguido en 1967 con un tríptico de Palomares en el medio de una sociedad española enmudecida por décadas de intolerancia y persecución, exponiendo la memoria del accidente militar que, unos años antes, había asolado una vasta zona rural en la provincia de Almería con materiales radiactivos. Ello le valió el silencio oficial sobre su obra en la España postfranquista. Desde esta doble experiencia de la protesta artística y su enmudecimiento intelectual definía al payaso sagrado y su cometido social. 

           El payaso es “el mensajero de un reino que quizá no exista… pero le permite percibir el prestigio ridículo de nuestra especie”. Y terminaba con un poema:

     “Aún no hemos nacido.
    Aún no estamos en el mundo.
    Aún las cosas no están hechas”.

    *

    Ilustración: Jorge Castillo, Palomares, (Óleo sobre tela: 300 x 611 cm; 1967)

    (En 1966 cayeron sobre la aldea andaluza de Palomares cuatro bombas de hidrógeno en una operación de abastecimiento de los temidos bombarderos B-52 que rutinariamente sobrevolaban el territorio español.

  • Sus Señorías II: el poder perjudicial

    Sus Señorías II: el poder perjudicial

    Administración de los males públicos

    Jorge Pech Casanova

    ¿Por qué personajes como Carlos Romero Deschamps, cuando lo persiguió la ley, fueron a Oaxaca a buscar amparos judiciales contra la acción que la autoridad pretendía aplicar a sus peculados? La respuesta obvia es la corrupción del poder judicial en esta entidad históricamente agraviada por la prevaricación de sus funcionarios públicos: gobernantes, jueces, legisladores.

    Sin embargo, hay que analizar a fondo la clase de personajes que integran este poder en Oaxaca (y en otras partes de México) para explicarnos la profunda descomposición de ese sector de la autoridad, que lo ha llevado a convertirse en un poder perjudicial.

    La novela Su Señoría, de Israel Castellanos, en su brevedad y concisión elabora un retrato a fondo de cómo los integrantes del poder judicial han llevado a este gremio del servicio público a convertirse en una maquinaria brutal que privilegia los pagos y los favores para rendir los procedimientos judiciales al mejor postor y convertir el aparato legal en un atroz sistema de injusticia.

    El escritor Castellanos ha narrado a profundidad cómo se construye la impunidad de criminales violentos en el sistema legal oaxaqueño, en su vasta novela de 2012 En algún lugar. Ahora relata en la breve obra Su Señoría cómo un personaje inepto, ineficaz y deshonesto —el juez Francisco, lo llama— logra ascender por la jerarquía del poder judicial para convertirse en un elemento de lo más perjudicial en ese sistema, y para peor, validado por otros integrantes del mismo poder.

    En la novela, el sistema perjudicial de “justicia” está sintetizado en el Juez Francisco, su innominado secretario, el notificador del juzgado Gregorio y una anónima defensora de oficio. Todos desempeñan papeles trastrocados en los procedimientos judiciales y quienes pierden son quienes acuden a solicitar justicia: nunca la obtendrán. Estos guardianes ineptos son peores que el feroz guardia del cuento de Kafka Ante la ley: en particular, el juez obstaculiza la entrada sin necesidad de amagar con su fortaleza, pero siempre exigiendo sobornos.

    Castellanos retrata al juez Francisco como un individuo a quien no dejarían entrar “en ningún cenáculo de la ciencia y del arte; ningún taller de las artesanías, ni siquiera un grupo de beneficencia”. Y se pregunta: “¿cómo funcionaba ese hombre sin atributos en el complicado Sistema Judicial, sin elementos teóricos ni prácticos, jurídicos ni morales? Muy simple: no funcionaba”.

    El narrador concluye, en cuanto define la falta de funcionalidad de su personaje, que el juez Francisco, “esa humilde presencia, ese átomo de la existencia mostraba que el minúsculo aparato judicial del cual yo formaba parte, era la expresión certera de un sistema que estaba fincado desde la raíz en la improvisación”.

    Después de esa explicación por parte de un autor que es además un profundo conocedor del sistema legal y de la filosofía jurídica, no sorprenden los casos de altos cargos en el poder judicial que han copiado sus tesis y que en la práctica han ascendido hasta sus mayúsculos cargos mediante la trampa personal y el trabajo ajenos.

    Al retratar al juez Francisco, el novelista recrea a no pocos magistrados y ministros del poder perjudicial: “El ignorante no es tonto aunque le falte ciencia. En lugar de la teoría, el juez tomó el sentido común de la gente de vecindad como método, copió a conciencia de otros el ejemplo, caminó por el mundo con la imitación al hombro, y de pronto se encontró con el puesto”. Por ello, en el relato y en la vida real, los empleados de menor nivel se burlan del inepto funcionario refiriéndose a él como “Su Señoría”.

    Sin embargo, el narrador no deja de señalar la comodidad con que semejantes nulidades asumen su sitio en el sistema: “Sabía que ser juez era un privilegio de pocos, entre tantos que deseaban estar en su lugar, pero no hacía ningún esfuerzo por merecerlo y no le importaba ser el último en la escala del saber. […] Sólo le quedaba la astucia como modo de supervivencia, en un medio donde se compite por los puestos ‘honorables’. Ningún pillo es tan tonto como para no intuirlo. Y él entraba en esa escala como anillo al dedo, en un lugar donde la honradez no valía un céntimo”.

    En la novela de Israel Castellanos, el innominado secretario del juzgado termina corrido de su precario puesto porque el juez Francisco decide que el abogado inexperto pero honesto es un riesgo para sus manipulaciones de la ley. Sin embargo, el propio juzgador es finalmente procesado y sentenciado por cohecho y corrupción, en dos juicios sucesivos. Por lo tanto, lo suprimen del cargo, le imponen el pago de una fianza y luego el de una multa y le suspenden sus salarios y prestaciones en el juzgado.

    Si el lector teme que el final del libro Su Señoría sea un edificante ejemplo de cómo un juez corrupto recibe justa sanción, puede sentir alivio. El implacable novelista confirma los terribles defectos del sistema legal mexicano con un sucinto resumen de cómo el cohecho del juez Francisco resultó comprobado, no así su corrupción, por lo cual no sólo fue declarado absuelto, sino que para él se ordenó “la restitución en el puesto, la devolución de la fianza, de la multa, y lo principal, el pago de todos los salarios, prima vacacional y aguinaldos, caídos durante el tiempo que duró el juicio”. Quizá esto suceda con los insultantes fideicomisos millonarios que ahora se le han incautado al poder perjudicial, pues han entrado a juicio y es posible que los altos magistrados se devuelvan a sí mismos esas inmorales prebendas.

    La historia del juez Francisco que relata Israel Castellanos es antigua pero no deja de repetirse en Oaxaca y en otras partes del país. A esto contribuye que —como recordaba en noviembre de 2019 en el portal informativo Página3 el periodista José Luis Sarmiento Gutiérrez, en su artículo «Oaxaca, corrupción autorizada»—, “al finalizar el sexenio de Ulises Ruiz Ortiz, fueron modificados los Códigos Penal y el de Procedimientos Penales, para que el peculado fuera removido del catálogo de delitos graves y reclasificado como ilícito menor, invitando a las y los funcionarios públicos a cometer latrocinios en perjuicio del pueblo, con la garantía de que, en caso de ser castigados, la sanción sería mínima”.

    El peculado sin sanción mayor es un caso de tantos incentivos al delito oficializado entre los perjudiciales poderes de la nación. Que cada quien revise su legislatura estatal y exponga lo conducente.

  • Diario de Gaza

    Diario de Gaza

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    “La noche en la ciudad es oscura, / excepto por el brillo de los misiles; / silenciosa, excepto por el sonido del bombardeo; / aterradora, excepto por la promesa tranquilizadora de la oración, / negra, excepto por la luz de los mártires. / Buenas noches.” Al día siguiente de éste, su último poema, un misil israelí mató en Gaza a Heba Abu Nada, joven escritora palestina. 

    Diversas informaciones ponen en duda la versión oficial de que el violento ataque de Hamás a Israel “tomó por sorpresa” a sus autoridades. Desde el mes de mayo hubo rumores en el Líbano de lo que vendría. El 30 de septiembre la inteligencia de Egipto puso sobre aviso al primer ministro hebreo. Días después una empresa de israelí de seguridad privada lo advirtió a la seguridad estatal israelí. El 5 de octubre la CIA informó al Mossad hebreo. Los procedimientos de seguridad rutinarios no fueron aplicados el día del ataque y el ejército israelí tardó cinco horas en intervenir. ¿Por qué Netanyahu permitió la muerte de 1 300 de sus compatriotas?, se pregunta un analista. Por un diabólico cálculo político, respondería la impensable obviedad.

    Mosab Hassan Yousef, palestino hijo de un fundador de Hamás, se convirtió en espía al servicio de Israel y se hizo cristiano estando preso en una cárcel judía. En su opinión, “Israel está haciendo el mayor favor al pueblo palestino al derribar a Hamás”. Vive en Estados Unidos y culpa a Irán del ataque sionista. La traición, según la Biblia, es renegar de un compromiso de lealtad. Etimológicamente, traidor es aquel “que entrega”. Judas entregó a Jesús. “Israel no empezó esta guerra —dice el converso—, pero Israel la terminará”. Yousef entrega a Palestina.

    Los niños palestinos que mueren ya están muertos. Pero los que sobreviven también. Los padres escriben sus nombres con tinta negra sobre sus cuerpos al llevarlos a los pocos hospitales aún abiertos. Los bombardeos los dejan irreconocibles, lo mismo que los derrumbes de los edificios donde viven, uno de los lugares más densamente poblados de la tierra. El asedio total de Israel a Gaza destruye los cuerpos con los nombres de los niños. Tal vez los padres los anotan para que los identifique Alá.

    El mismo día en que son muertos por la noche 700 palestinos en los ataques aéreos, entre ellos más de 300 niños, son liberadas dos ancianas judías secuestradas por Hamás. Esa será la noticia principal en los medios occidentales al día siguiente. Las otras muertes no cuentan, no importan, no son. 

     El portavoz de la cancillería israelí declaró ante periodistas: “Hoy no hay término medio: si no apoyas a Israel, eres partidario de Hamás”. De ahí la condena sionista a los tantos “No en nuestro nombre” que grupos judíos de diferentes partes del mundo proclaman ante “la política de limpieza étnica, de masacre persistente de la población palestina instrumentada por los gobiernos de Israel”. De ahí la acusación a Yocheved Lifshitz, una de las ancianas judías liberadas, por “perjudicar los intereses de su país” al declarar que durante su cautiverio tuvo acceso a atención médica y fue bien tratada. “Los mensajes con este espíritu sirven al enemigo”, afirmó el portavoz.

    El reconocimiento de Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, de que los atentados de Hamás no se habían producido en el vacío, provocó la ira del embajador israelí, quien calificó el discurso del secretario como chocante y desconectado de la realidad, y pidió su inmediata renuncia argumentando que no era apto para dirigir el organismo. Al tiempo que condenó enérgicamente los actos terroristas injustificables del movimiento palestino, Guterres afirmó: “El pueblo palestino lleva 56 años sometido a una ocupación asfixiante. Ha visto cómo su tierra era devorada sin cesar por los asentamientos y asolada por la violencia; su economía asfixiada: su población desplazada y sus hogares demolidos. Sus esperanzas de una situación política a su difícil situación se han ido desvaneciendo”. Estas verdades resultaron insoportables. Israel acusa de antisemitismo a todo aquel que llame las cosas por su nombre.

    Haciendo un paralelismo entre el gueto de Varsovia y el gueto de Gaza —“donde la muerte está en todas partes”—, en el cual hasta hace poco sobrevivían casi un millón de niños y niñas menores de 14 años que desde su nacimiento sólo han conocido el bloqueo impuesto por Israel, los bombardeos, la pobreza y la desesperanza, Miguel Salas cita a Emanuel Ringelblum, autor de la Crónica del gueto de Varsovia escrita en 1940: “La situación es muy difícil. Carecemos de lo esencial para el desarrollo de una vida normal. Faltan tres cosas: carbón, gas, electricidad”. En Gaza, además de combustible, insumos, medicinas y alimentos, también falta el agua. En Varsovia los nazis no la cortaron.

    Yanis Varoufakis, el ex ministro de Finanzas griego, identificó como el creador de la atrocidad no a Hamás, los colonos israelíes, Netanyahu o la autoridad palestina —meros actores de “un infame drama”—, sino a la imposición atroz de un apartheid permanente y blindado. El apartheid es violencia, dijo, y causa fundamental de una violencia sin fin. “El camino para acabar con la trágica pérdida de vidas inocentes —tanto palestinas como israelíes— comienza con un primer paso crucial: el fin de la ocupación y el apartheid israelíes”.

    Entre las pancartas más perseguidas por la policía británica durante la represión de las prohibidas manifestaciones populares contra la masacre sionista en Gaza está una consigna: “El terrorismo es la ocupación”.

    En estos días funestos algunos han recordado el libro de Jean Baudrillard La guerra del Golfo no ha tenido lugar. “Esta guerra libera —escribió entonces—, gracias al poder de los medios de comunicación, una masa exponencial de estupidez, no la estupidez propia de la guerra, ya de por sí considerable, sino de estupidez funcional, profesional, de quienes pontifican el comentario perpetuo del acontecimiento”. Reemplacemos “estupidez” por “inmoralidad”, sangrientos sinónimos.

     Nayla, la de los ojos grandes, como era conocida en su cuadra, se escapó a la tienda de la esquina para comprar un buñuelo antes de que cerraran. El ruido de las bombas que caían sobre Gaza era lejano todavía. Salió de la tienda con tres pastelillos. También llevaba para Laila y Léa, sus hermanas. De pronto un ensordecedor ruido la paralizó. Su edificio había sido alcanzado por un misil judío y ahora era un amasijo de fierros y cemento con toda su familia adentro. Esa tarde murieron cuarenta y dos de sus parientes. Nayla fue resguardada en un hospital. La fotografía de Reuters la muestra con un rictus de espanto en el rostro, los ojos más abiertos que de costumbre y la bolsita de buñuelos aún en la mano. No ha vuelto a pronunciar palabra desde entonces. 

    Una nota de prensa de Memo Middle Esast Monitor casi desapercibida difundió el llamado de Netanyahu al exterminio palestino como una ley divina. El primer ministro judío citó a Samuel 15:3 al anunciar una nueva fase en la ofensiva a la franja de Gaza: “Ustedes deben recordar lo que se manda en nuestra sagrada Biblia sobre Amalec y los amalecitas: ‘Ahora vayan y hiéranlos y destruyan absolutamente todo lo que tengan y no los perdonen, pero mátenlos, tanto a hombres como mujeres, infantes y lactantes, bueyes y ovejas, camellos y burros’”. En otra parte del Deuteronomio se ordena que en la tierra que Yahvé da por heredad a los judíos debe borrarse la memoria de Amalec de debajo del cielo.

    Gaza es un cementerio para miles de niños. Hasta ayer antes de escribir estas líneas 3, 450 niños habían sido asesinados por el ejército judío. En tres semanas murieron en Gaza más que en las guerras de todo el mundo desde 2019. La Unicef calcula que cerca de ochocientos mil, tres cuartas partes de su población infantil, requieren con urgencia atención mental y apoyo psicosocial. Además de agua y alimentos. Gaza apenas produce el cinco por ciento de su consumo diario de agua. Las muertes infantiles por deshidratación, sobre todo de lactantes, crecen sin cesar. Es la guerra sionista entre “la barbarie y la civilización”. La niñez palestina representa la barbarie.    

    El ataque de Hamás asesinó a 1, 400 personas en Israel. Las represalias de Israel han matado hasta hoy a 8, 300 palestinos, entre ellos los miles de niños mencionados. Netanyahu ha dicho que no acordará un cese al fuego con Hamás. Califica los llamados a ello como llamados a que Israel se rinda ante el terrorismo. 

    Dos terceras partes de hospitales y clínicas de atención primaria en Gaza están cerrados por los ataques sionistas y la falta de combustible e insumos médicos. Los que todavía están abiertos lo hacen en total precariedad. Se practican cesáreas sin anestesia y las mujeres son dadas de alta dos o tres horas después del parto. Cada día aproximadamente 160 embarazadas dan a luz en la franja. Las casas son inseguras para hacerlo, los hospitales también.

    Además de los documentados crímenes de guerra, de la limpieza étnica y la masacre que perpetra Israel contra los palestinos, las empresas globales de comunicación estadounidenses se encargan de censurar toda información objetiva o que muestre simpatía con Palestina. Cientos de contenidos desaparecen misteriosamente de Facebook, YouTube u Twitter todos los días. Medios de comunicación masiva, parlamentos, gobiernos, dirigentes políticos y agencias de prensa censuran testimonios de las víctimas y pruebas documentales del genocidio. La violencia militar israelí se oculta y los apagones y el bloqueo de Internet impiden “el acceso a información crítica que permite encontrar medicinas, alimentos o salvoconductos”, así como el derecho de los habitantes de Gaza a mostrar lo que sucede en la franja. Rosa María Elizalde reporta que en los primeros días de la guerra Meta traducía la palabra “Palestina” y el emoji de la bandera palestina como “terrorista palestino” para censurarlos. No es un error sino una conducta sistémica.

    Detrás del genocidio palestino, Netanyahu y quienes Alfredo Jalife llama neoconservadores “straussianos” de Estados Unidos, incrustados en el Departamento de Estado y responsables de las guerras y desestabilizaciones mundiales de los últimos años, buscan el enfrentamiento bélico con Irán. Los submarinos israelíes dotados de misiles acechan la oportunidad para bombardear y destruir el milenario país persa que consideran responsable del ataque de Hamás. Buscan desatar el infierno del infierno acaso final.

    Hace 56 años, poco después de la Guerra de los Seis Días, el reconocido matemático, filósofo y activista judío antisionista Moshé Machover firmó una declaración que hoy ha refrendado publicándola de nuevo: “La ocupación implica un gobierno extranjero. El dominio extranjero implica resistencia. La resistencia implica represión. La represión implica terror y contraterrorismo. Las víctimas del terror son en su mayoría personas inocentes. Aferrarnos a los territorios ocupados nos convertirá en una nación de asesinos y víctimas de asesinatos”.

    Marx se equivocó. La historia ya no se presenta la primera vez como tragedia y la segunda como comedia. La Shoah (el holocausto o catástrofe) de los judíos a manos de los nazis se convirtió en la Nakba (la catástrofe) de los palestinos a manos de los judíos. Los mártires de ayer se convirtieron en los verdugos de ahora. La tragedia antes, la tragedia hoy. ¿Cómo se nombra el mundo invertido que va más allá del horror?

    Antes de morir asesinada, mientras aún había Internet en Gaza, la poeta Heba Abu Nada envió un mensaje a los suyos: “Si morimos, sepamos que estamos contentos y firmes, y transmitamos en nuestro nombre que somos personas de verdad… Oh, Dios mío”.

    Hoy no hay lugar más triste en el mundo que la franja de Gaza. 

  • Sus Señorías / I

    Sus Señorías / I

    Administración de los males públicos

    Jorge Pech Casanova

    Mientras la población del estado de Guerrero, particularmente la de Acapulco, se debate en medio del desastre ocasionado por el violentísimo huracán Otis, el poder judicial de la nación ha tenido que hacer un alto en sus protestas por la eliminación de los privilegiados fideicomisos para magistrados y jueces, obligados por la tragedia de la entidad sureña.

    Sin embargo, a pesar de la dolorosa emergencia, los máximos jerarcas de ese poder no han sido capaces de olvidar su rencor por los privilegios abolidos ni, mucho menos, emitir un llamado de solidaridad hacia la población guerrerense en angustiosa necesidad.

    No es extraño que un gremio tan distante de las necesidades de la población insista en preservar sus privilegios y desatienda las urgencias de quienes poco o nada tienen. Si algún poder del Estado da un cotidiano ejemplo de insensibilidad y deshumanización en México, ese es el poder judicial.

    En Oaxaca, para muestra, el poder judicial se distingue por su ineficacia, corrupción y abusos. No sólo por casos de evidente venta de la justicia, como cuando el recién fallecido Carlos Romero Deschamps obtuvo en septiembre y octubre de 2003 sendos amparos para no ser arraigado, detenido o presentado ante las autoridades judiciales federales por el delito de peculado.

    Crisóforo Tomás Quiroz Robles, juez segundo de distrito de Oaxaca de Juárez, otorgó esa prerrogativa a Romero Deschamps para suspender actos detención ordenados por el juez primero de distrito en Oaxaca y otras autoridades judiciales federales, locales y foráneas, concediendo al entonces líder petrolero una fianza de 240 mil pesos.

    Peor aún, el poder judicial en Oaxaca ha cometido graves abusos contra inocentes falsamente acusados de delitos e inclusive contra víctimas de delitos potencialmente mortales. Tales son los casos de Pablo López Alavez y María Elena Ríos Ortiz.

    López Alavez, defensor comunitario del patrimonio ambiental, fue acusado de un delito que no cometió. Lo detuvieron en 2010 de manera arbitraria y lo encerraron en un Centro de Rehabilitación Social durante 13 años, en un proceso judicial plagado de irregularidades que violaron y siguen violando sus garantías y derechos como defensor indígena.

    Inclusive un tribunal federal reconoció en 2020 las graves violaciones al debido proceso cometidas y ordenó la reposición del procedimiento, pero el tribunal local responsable volvió a dictar auto de formal prisión “reproduciendo incluso los mismos errores ortográficos de su primera resolución”, según reseñó La Jornada. Así, después de 13 años de privación de su libertad, Pablo López Alavez aún no recibe sentencia. ¿Qué fideicomiso judicial le devolverá la década arrebatada a este defensor comunitario a quien privó de su libertad el siniestro Ulises Ruiz Ortiz?

    En cuanto a María Elena Ríos Ortiz, víctima de cuatro individuos que conspiraron para bañarla con ácido y tratar de causarle la muerte, sigue luchando no sólo contra sus agresores (uno fallecido, dos de ellos en la cárcel y el cuarto, prófugo) sino contra la parcialidad del magistrado Eduardo Pinacho Sánchez, presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Oaxaca desde 2020, quien intenta favorecer al presunto autor intelectual del crimen, el ex diputado priista y empresario Juan Antonio Vera Carrizal.

    Son sólo dos casos de los muchos en que el poder judicial estatal y el de la federación mantienen la depravación de un sistema que garantiza la impunidad a quienes pueden comprarla y, sobre todo, que las víctimas y las personas inocentes cuyos derechos violan las autoridades, permanezcan sin poder alcanzar la justicia. Para erradicar esta grave crisis de la licitud y la legitimidad, parece que ninguno de los millonarios fideicomisos del poder judicial está dispuesto a emplearse como remedio.

    Ahora que el poder judicial y sus comparsas gimen por el pretendido “socialismo” que afecta sus privilegios, no está de más recordar que en el descompuesto régimen soviético tan deplorado por jueces y muchos ex funcionarios, los privilegios de éstos y aquéllos eran una constante distintiva.

    El historiador estonio Olev Liivik ha estudiado las formas en que el gobierno privilegió a la llamada Nomenklatura de los regímenes falsamente socialistas en la desaparecida Unión Soviética. Una de esas prebendas eran los altos sueldos de los funcionarios, comparados con el ingreso promedio de la población. Los jueces mexicanos, sobre todo los magistrados y ministros, braman por no perder sus altísimos ingresos pagados con el erario.

    Otros privilegios eran los esquemas de pensiones personales, mucho mayores a las sindicales y a las llamadas “republicanas”. Además, los beneficiarios de estos salarios y pensiones excesivos gozaban de exenciones de impuestos en la URRSS de Leonid Brezhnev, así como de bonos vacacionales y alimentos gratuitos, en un conjunto de repúblicas “socialistas” donde los víveres eran de difícil adquisición.

    Aún más, los privilegiados soviéticos recibían alojamientos de mejor calidad y más espaciosos que los de la población mayoritaria y, por si fuera poco, el servicio de salud que atendía a los funcionarios era de mayor calidad que el destinado a ciudadanas y ciudadanos ordinarios.

    Viendo las condiciones económicas y laborales en que se desenvuelven los jueces, magistrados y ministros mexicanos, uno se pregunta si no es verdad que vivimos ya en una república soviética restaurada por décadas de gobiernos priistas y panistas. Sólo nos falta sustituir, en la bandera mexicana, el emblema del águila y la serpiente por el del martillo no pocas veces devastador que esgrime el poder judicial.

  • La Payasa principal

    La Payasa principal

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    “Mi única fuerza es mi Lenguaje. Y todo mi lenguaje está en el Libro que me fue dado. Soy la que lee, la intérprete. Ese es mi privilegio”. De este modo María Sabina, la chamana ágrafa de la sierra mazateca, definía la extraña naturaleza de su sabiduría: “Yo había alcanzado la perfección. Ya no era una simple aprendiz. Por eso, como un premio, como un nombramiento, se me había otorgado el Libro. Cuando se toman los niños santos, se puede ver a los Seres Principales. De otra manera, no. Y es que los hongos son santos, dan Sabiduría. La Sabiduría es el Lenguaje”.

          Todos los orígenes de las culturas se funden en ese punto: la palabra. Y tal como la arcaica revelación de la modesta sacerdotisa de Huautla, sabiduría y fuerza que son lenguaje, modelos de pensamiento tan distantes de ella como el cristianismo, el psicoanálisis o la hermenéutica han hecho del Verbo la primera condición de lo sagrado y el conocimiento, volcada en libros que contienen los secretos de la trascendencia, de la transformación o del sentido de lo existente.

           La fantasía borgeana del universo contenido en una biblioteca a su proporción y medida no hubiera resultado ajena a la sabia que hablaba por y con Dios; tampoco El Aleph, cifra y síntesis de todo lo existente, porque los Nixti-santo, los hongos, le habían dado el suyo, un instrumento de cura, de penetración y consuelo.

           La vida de María Sabina es una metáfora doble: historia de una iniciación mistérica cuyas reglas inmemoriales se pierden en los tiempos donde el tiempo era único y continuo, en una ascesis común a las culturas antiguas desde Laponia hasta los magos de Zoroastro o los enigmas órficos; e historia secular del despojo colonialista de las culturas indígenas y sus saberes por el etnocentrismo occidental. Nueva cuanto vieja relación de los vencidos, en ella está contenida la funesta suerte de millones de seres humanos y la secuela étnica de miseria, degradación y desesperanza, esas putas —parafraseando a Pound— que la modernidad capitalista ha llevado a Eleusis.

           “Y aunque soy la mujer limpia, porque soy la Payasa principal, la maldad ha existido contra mí”, contó alguna vez María Sabina al ser entrevistada. “Viene mucha gente a visitarme. Unos dicen ser licenciados, otros dicen tener puestos importantes en la ciudad; toman mi imagen con sus objetos parándose junto a mí y me dan algunas monedas cuando se van”. Además de su imagen fotográfica, un icono de la contracultura sesentera, la poeta chamánica fue despojada de las magras limosnas con que se le pagó su fama, entre ellas un tocadiscos donde escuchaba la grabación de sus propios cantos ceremoniales, decomisado una tarde por agentes judiciales que la amenazaron con acusarla por tráfico de drogas. Y lo que conservó, algunas láminas de zinc para el techo de su cabaña y un par de colchones regalados por un gobernador oaxaqueño, nunca puso alivio a su pobreza de siglos.

           La metáfora doble contiene también la crónica de un misterio develado y la destrucción de un sacramento, la extinción de un orden mental diferente, esos altos precios que suele cobrar el “progreso” de la modernidad. El 29 de junio de 1955 dos extranjeros visitaron a María Sabina. Esa noche la mujer aerolito, la mujer remolino, la mujer de luz, la mujer limpia, la mujer altiva, la nadadora sagrada ofició una velada con hongos para ellos. Desde entonces Robert Gordon Wasson, uno de los dos extraños, micólogo amigo de Robert Graves y estudioso de los testimonios de los frailes españoles del siglo XVI sobre el misterioso teonanácatl indígena, el hongo psicoactivo cuya ingesta se asume como la carne de Dios, haría saber al mundo sobre la recuperación de un mito perdido, la existencia del Soma védico que al encontrarse paradójicamente volvía a perderse: re-velación.

           “Desde el momento en que llegaron los extranjeros a buscar a Dios, los niños santos perdieron su pureza. Perdieron su fuerza, los descompusieron. De ahora en adelante ya no servirán. No tiene remedio”. A dicho epitafio de María Sabina sobre una cultura milenaria se sumaría el de Apolonio Terán, otro viejo sabio mazateco: “Lo terrible es que el hongo divino ya no nos pertenece. Su Lenguaje Sagrado ha sido profanado. Ha sido descompuesto y es indescifrable para nosotros… ¡Ahora los hongos hablan nguilé (inglés)! La lengua que hablan los extranjeros”.

          Alguna vez volverá el tiempo sagrado. Nosotros, los de ahora, no lo veremos. Nosotros, entonces, seremos otros y sí lo veremos. María Sabina volverá a entonar sus cantos chamánicos: 

           “Flores que limpian mientras ando, /agua que limpia mientras ando, /flores que limpian, /agua que limpia. /Porque no tengo saliva, /porque no tengo basura, /porque no tengo polvo, /porque él no tiene /lo que está en el aire, /porque ésta es obra de los santos. /No hay brujería. /No hay lucha. /No hay cólera. /Nada escupido. / Ninguna mentira. […] Cómo podremos descansar. /Estamos fatigados. /Aún no llega el día”.

  • No todo lo que brilla es oro

    No todo lo que brilla es oro

    Culturas impopulares

    Jorge Pech Casanova

    Familiares y amistades de los trabajadores de un tiradero en Goiânia, Brasil, recibieron con agrado las partículas que los pepenadores les obsequiaron en septiembre de 1987. Tenían un peculiar brillo azul y comenzaron a ser halladas luego de que en el depósito de desechos fue recibido un extraño aparato que parecía algún tipo de cámara.

    Las partículas azules fueron adoptadas como ornamento del hogar por la gente cercana al dueño del basurero y sus trabajadores. Pocos días después, la esposa del propietario comenzó a notar que sus amistades y parientes enfermaban. Al acudir a recibir atención médica, esas personas fueron diagnosticadas con un mal desconocido.

    Al investigar los casos, médicos y autoridades hallaron que estas personas se habían contaminado por el cloruro de cesio que contenían las piedras brillantes que les obsequiaron los trabajadores de limpieza. Encontraron que el aparato desguazado en el tiradero era una unidad de teleterapia de Cesio 137 perteneciente al Instituto Goiano de Radioterapia, cerrado en 1985 y parcialmente demolido.

    El Instituto Goiano de Radioterapia fue establecido por una sociedad de médicos que daban tratamiento para el cáncer con una unidad de cobalto y con otra de cesio. En 1985 comenzó un litigio entre los socios. En consecuencia, el Instituto fue trasladado a otro sitio, y sus edificios iniciales fueron parcialmente arrasados. En la parte que no fue demolida quedó la unidad de cesio, en buen estado, pero sin ninguna protección ni indicación de que era potencialmente peligrosa.

    Debido al pleito judicial, los operadores responsables de la unidad de teleterapia con cesio quedaron impedidos de disponer del aparato. Sin embargo, ninguno de los integrantes o ex integrantes del Instituto dio aviso a las autoridades de que en el edificio desalojado permanecía la cámara con material radiactivo.

    A las abandonadas ruinas del instituto se apersonaron en 1987 dos ladrones que hallaron el dispositivo de Cesio y pensaron que sería buen negocio venderla por piezas. Se llevaron el aparato a otro lugar e intentaron desmontarlo. No lo consiguieron, pero en el intento rompieron la capsula que contenía cloruro de cesio, una sal radiactiva altamente soluble y de fácil dispersión, peligrosamente contaminante en consecuencia.

    Los ladrones vendieron la máquina al dueño del depósito de desechos. El propietario halló que el contenido de la cápsula rota brillaba en la noche, con un fascinante fulgor azul. El dueño del depósito y sus trabajadores organizaron con sus amigos y parientes visitas para sorprenderlos con el fenómeno. Peor aún, comenzaron a distribuir partículas del brillante material, no mayores al de un grano de arroz. Esa mínima cantidad de cesio es suficiente para contaminar y enfermar a varios seres humanos.

    El asombro por el resplandeciente material duró cinco días de perjudicial cercanía con las partículas de sal de cesio. Antes de una semana, los afectados empezaron a padecer afectaciones gastrointestinales. Con varias personas hospitalizadas por esta contaminación, los médicos no lograban detectar la causa del mal.

    Alguno de los enfermos o las enfermas sospechó de los granos azulados. Los llevó a revisión al sistema de salud pública y eso permitió conocer el grave incidente de contaminación radiactiva en Goiânia. Un solo médico comenzó una gran acción restaurativa al identificar el tamaño del problema y recomendar la evacuación de dos zonas contaminadas. Poco después, el gobierno fue informado del caso. La detección de varias otras zonas afectadas llevó a la rápida evacuación de sus habitantes.

    El 28 de septiembre de 1987 se declaró la emergencia en la capital del estado de Goias. Cientos de personas acabaron en el hospital, más de cien mil habitantes tuvieron que ser examinados por temor a contaminación radiactiva y 40 hogares fueron demolidos por sus altos niveles de radiación. También hubo que retirar la tierra superficial de enormes extensiones de terreno. Cuatro personas fallecieron por la polución.

    Al concluir las tareas de emergencia, las autoridades hallaron que el accidente generó tres mil quinientos metros cuadrados de desecho radiactivo. Debido a las consecuencias de la contaminación, las autoridades reforzaron sus políticas de vigilancia sobre equipos radiactivos empleados con fines médicos.

    La historia de este accidente con material radiactivo no fue privativa de Brasil. México cuenta en su triste haber con dos incidentes: en 1962 ocurrió en la Ciudad de México el primer caso de contaminación radiactiva no intencional. La investigación realizada por ese primer accidente fue ocultada por el gobierno mexicano y sólo se sabe que un niño halló una pieza de metal contaminado que guardó en su casa.

    Durante cuatro meses el fragmento radiactivo afectó a la familia hasta que el niño, de diez años de edad murió por daño en la médula ósea y necrosis en las regiones abdominal y escrotal. Su hermana de tres años falleció poco después por infección respiratoria, anemia, leucopenia y trombocitopenia.

    La madre de ambos niños, embarazada, perdió la vida a sus 27 años por hemorragias severas. Y su madre, que cuidó a su hija y sus nietos enfermos, contrajo anemia hipoplásica y expiró en octubre de 1962. El padre de la familia, quien estuvo menos expuesto a la radiación, logró sobrevivir, pero no quedó reporte de las consecuencias para su salud. Se sabe que el responsable de dispersar el material radiactivo fue identificado, si bien su identidad permanece en la secrecía oficial.

    21 años más tarde, en 1983, un hospital privado en Ciudad Juárez, el Centro Médico de Especialidades, se deshizo de una unidad de radioterapia con cobalto-60 (adquirida en forma irregular) vendiéndola al depósito de chatarra “Fénix”. El encargado de llevar el equipo al “yonque” desmanteló parte del aparato para extraer el contenedor de cobalto. Al cargar en su camioneta el cilindro radiactivo, éste quedó perforado y espació parte de su carga en el vehículo.

    Poco después la camioneta del empleado del centro médico se averió. Estuvo 40 días estacionada, con su carga contaminante, junto a la casa de Vicente Sotelo. Mientras tanto, en el depósito “Fénix” el manejo de los desechos con electroimanes hizo que las partículas de cobalto-60 se dispersaran y contaminaran grúas y otros restos metálicos.

    La chatarra fue enviada principalmente a dos fundiciones —Aceros de Chihuahua y Falcon— donde el metal fue convertido en varillas y soportes para mesa. Esas piezas radiactivas fueron exportadas a Estados Unidos o distribuidas en otras partes de México. Sólo se supo de este accidente hasta que un camión de Aceros de Chihuahua perdió el rumbo y, al pasar cerca del laboratorio nacional de Los Álamos, en Nuevo México, activó un detector de radiactividad.

    La Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardas, notificada por el gobierno de EEUU, intervino las instalaciones de Aceros de Chihuahua, clausuró el depósito “Fénix” y al fin halló la camioneta averiada de Vicente Sotelo, la cual emitía lecturas radiactivas de hasta mil roentgens por hora.

    Con la confiscación de la camioneta, la Comisión pudo hallar al propietario. Sotelo declaró cómo se había deshecho del equipo radiactivo por orden del Centro Médico de Especialidades. Las investigaciones posteriores hallaron que el material contaminado también fue a parar a otras tres empresas acereras: Fundival, en Gómez Palacio, Durango; Alumetales, en Monterrey, Nuevo León; y Duracero, en San Luis Potosí.

    Las estimaciones de la Comisión, publicadas en 1985, calculan que con el metal radiactivo se produjeron treinta mil bases para mesa y seis mil seiscientas toneladas de varilla. El informe oficial estima que cuatro mil personas fueron expuestas a la radiación. La misma Comisión depositó las varillas que logró confiscar en tres “cementerios”: uno, en el desierto de Samalayuca, otro en Maquixco, Estado de México, y un tercero cercano a Mexicali, en Baja California.

    La Universidad Nacional Autónoma de México comprobó en 2004 que las varillas depositadas en Samalayuca permanecían sin medidas de contención adecuadas, con niveles de radiactividad alarmantes.

  • Donde queda Armagedón

    Donde queda Armagedón

    TA MEGALA

    Fernando Solana Olivares

                                                 I.

    El antisemitismo es una patología de la historia que concierne no solamente al pueblo que lo ha sufrido sino también a todo ser humano civilizado. León Poliakov encuentra sus orígenes desde el temprano cristianismo paulino y sus ataques contra la religión mosaica, una matriz que debía ser destruida para establecer sobre ella el cristianismo, aquel credo emergente que acusaría de “deicidio” a los judíos condenándolos a una incesante persecución.  

           Otros estudiosos aducen una causa única para el antisemitismo contemporáneo, reduciéndolo a una aberración producida por el psiquismo alemán. Algunos más han intentado explicarlo mediante el psicoanálisis, la economía, el fascismo, el capitalismo o el socialismo, factores para una comprensión relativa que sin embargo no han resuelto el enigma de un odio basado en causas diferentes que producen los mismos efectos. 

              Ante ello Gerald Messadié se pregunta en su Historia del antisemitismo: “¿Cómo explicar, por ejemplo, que la derecha religiosa y la izquierda atea hayan comulgado, en el siglo XIX, con el antisemitismo?” 

           Para encontrar una respuesta acerca del vínculo que une los tres períodos de antisemitismo de la historia (el primero, precristiano, situado entre las conquistas de Alejandro y la proclamación del cristianismo como religión del Imperio romano, tres siglos antes y tres siglos después de nuestra era; el segundo, el más largo, derivado del conflicto entre la Iglesia cristiana naciente y la religión que le daba origen, perdurable desde el siglo II hasta mediados del siglo XIX; el tercero, iniciado con el auge de los nacionalismos que termina con la Shoah, ese holocausto luciferino, y la derrota del Tercer Reich), Messadié expone que veintitrés siglos de antisemitismo habrían sido causados por el nacionalismo identitario, basado en una actitud xenófoba y racista que persiguió con saña inhumana “el celoso rechazo de los judíos para someterse a los yugos de culturas extranjeras y renunciar a su judaísmo a cambio de los beneficios de la asimilación. El caso es singular: ése es el honor de los judíos”.

             La invención del Dios único e inmanente, el primero de la historia conocida que no tiene nombre ni rostro, esencialmente interiorizado y que debe invocarse, al cual ninguna imagen le basta como representación porque no puede ser concebido ni descrito y por ende es el Dios de la fe, representa “el acontecimiento más estruendoso y decisivo de la historia de las religiones: el advenimiento del Dios interior”. En esa deidad misteriosa que brota desde una zarza ardiente radica la extraordinaria resistencia que permitió a este pueblo vagabundo sobrevivir como ningún otro a los avatares de su dolorosa persecución.

              Paradójicamente, quienes fueron chivos expiatorios durante 2,300 años no pudieron evitar infectarse con su propia experiencia histórica de exterminio, la misma que desde hace décadas aplican en Oriente Medio contra árabes, palestinos y libaneses. “¿Quién, entre los judíos, hubiera podido adivinar que la creación de un Estado judío exponía al judaísmo a los mismos errores de sus perseguidores?”, se pregunta Messadié, matizando los crímenes sionistas al llamarlos errores. 

           Partidario de la causa judía —no de la sionista— desde una sensibilidad democrática basada en una ética “crística” antes que cristiana, abierta y comprensiva hacia los otros, a la alteridad de los otros, Messadié recuerda al Estado de Israel que fue el nacionalismo identitario “la causa de sus sufrimientos infinitos y que es sin duda el veneno más violento de la historia”.  

                                                  II.

    Luego de setenta y cinco años de su transgresora proclamación unilateral, alegando discutibles derechos históricos sobre un territorio habitado también por diversas etnias y confesiones desde miles de años atrás, Israel se convirtió en una cruel y opresiva nación teocrático-militarista que bajo la excusa de crear una patria para los judíos ha despojado a árabes y palestinos de territorios y derechos humanos básicos (la soberanía, el autogobierno, el desarrollo económico y social,  la salud, la libertad de tránsito y hasta la libertad de pensamiento), haciéndolos vivir en la cárcel abierta más grande del mundo, la franja de Gaza, un sistema de opresión y apartheid racista de magnitud hasta ahora desconocida en la historia humana, que confina a los despojados de su suelo patrio en campos de concentración y los condena a la miseria crónica. La misma esclavitud de los judíos en Egipto es hoy perpetrada contra los palestinos en una vuelta de tuerca infernal: las víctimas de entonces son los victimarios de hoy

           El sionismo judío ha asesinado inocentes, destruido escuelas, hogares, infraestructura y servicios públicos palestinos desde su violenta conquista, ejerciendo una ley del talión multiplicada demencialmente como si su terrible pasado étnico le otorgara supra derechos morales para ejercer contra otros un espanto aún mayor que aquel que los judíos sufrieron. 

           De haber ocupado un pequeño porcentaje de Palestina en su fundación, Israel se ha adueñado por la fuerza de casi todo el territorio palestino de Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza. Ahora el asalto a la franja de Gaza en represalia por el sorpresivo ataque de Hamás pretende borrarla del mapa. La ocupación, un terrorismo en sí mismo, se ha convertido en una aniquilación. Si el nazismo alemán no pudo desaparecer al pueblo judío en el primer genocidio del siglo veinte, el ecosistema del mal instaurado por el sionismo teocrático contra los palestinos pretende lograrlo sin ningún disimulo. 

                                                    III.                                             

    En el universo inestable del Medio Oriente, explica Thierry Meyssan en su “Cambio de paradigma en Palestina” (Red Voltaire, 10/X/23), numerosos grupos se enfrentan entre sí. Diversas denominaciones cristianas, musulmanas y judías que a lo largo de los siglos han alternado el papel de víctimas y verdugos, integran un complejo y frágil entramado de intereses geopolíticos. Lo que hoy sucede es el resultado de 75 años de opresión y de violación del Derecho Internacional, pues Israel ha ignorado decenas de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sin que se adoptaran sanciones contra él, así como no ha vacilado en asesinar a gran número de dirigentes palestinos y en sobornar a otros tantos, saboteando incesantemente el tejido político del pueblo invadido.

          El sangriento ataque de Hamás a Israel el pasado 7 de octubre, compuesto de un diluvio de cohetes destinado a saturar el sistema de defensa antiaéreo israelí y 22 ataques terrestres con toma de rehenes, ha dejado hasta hoy miles de muertos y heridos israelíes y mayormente palestinos. La disparidad de los medios bélicos entre Israel y los palestinos es abrumadora: cazas a reacción contra parapentes, cohetes contra un sofisticado Domo de Hierro defensivo, drones caseros contra drones de última generación, morteros contra tanques. Las piedras contra las armas.

         Todo esto es producto de los 160 mil millones de dólares destinados durante 75 años por EU a Israel, un apoyo que ninguna otra nación ha recibido y que muestra que detrás de los crímenes e impunidad sionistas hay un responsable mayor. De esos fondos han salido las más de 200 bombas nucleares que Israel tiene en el desierto del Negev. En el cual el presidente egipcio Abdelfatah al Sisi ha propuesto ubicar al millón y medio de habitantes de la franja de Gaza, que sin abrirles rutas seguras de salida y aun bombardeándolos esporádicamente en su escalofriante éxodo, el ejército israelí ha dado veinticuatro horas para abandonar Gaza en tanto la invade para pulverizarla y liquidar a Hamás. “Y luego los devuelven, si quieren”, declaró inconmovible el egipcio al lado del canciller alemán.

           La dimensión de esta barbarie, el desencadenante ataque de Hamás y el delirante castigo sionista, un genocidio que sin proporción alguna con lo ocurrido se utilizará como pretexto para la limpieza étnica de los “animales humanos” palestinos, como los llaman los halcones judíos —oxímoron que sostuvo ya la no humanidad de quienes son asesinados en masa, pues fue empleado por los nazis para justificar el holocausto de cientos de miles de hebreos—, obedece también a 75 años de silencio e indiferencia mundial ante el despojo y destrucción de Palestina. Un hegemónico silencio insensible fomentado por los medios occidentales de información y la industria del entretenimiento que glorifica a las víctimas judías y culpabiliza a los musulmanes. El reciente bombardeo de un hospital en Gaza dejando 800 muertos, entre heridos y refugiados que lo consideraban uno de los pocos lugares seguros, achacado por la propaganda israelí y el presidente Biden a un misil lanzado por Hamás, vuelve a corroborarlo. O la carencia de bolsas para cadáveres en Gaza, asumida como una nota informativa secundaria ante la magnificación mediática por los muertos y rehenes judíos producto del ataque palestino, entre ellos bebés decapitados de los que se creyó sin ninguna imagen que los mostrara. O la supresión de luz y agua, la prohibición de entrada de alimentos y productos básicos para la población palestina sitiada. “¿Qué pasará con los bebés en incubadoras?”, preguntó un corresponsal al general israelí que dirige la masacre. El militar alzó los hombros sin responder. La muerte de los animales no le concernía. 

                                                         IV.

    Hoy se hace casi imposible evitar que todo termine en un baño de sangre, anticipa Meyssan en su análisis, pues todos los actores han saboteado en su momento cada posible solución. Continuará entonces la espiral del odio humano cuyo desenlace puede ser catastrófico. Más pronto que tarde sucederá una conflagración mayor. Post hoc ergo propter hoc (“Después de ello, por tanto a causa de ello”), dice la expresión latina que la lógica entiende como una falacia. Pero ahora parece haber dejado de serlo. Habrá consecuencias inevitables a causa de la aniquilación sionista de Gaza y su indimensionada cantidad de sufrimiento y dolor. Armagedón, el lugar de la batalla final profetizada en el Apocalipsis bíblico, queda a solo ochenta kilómetros de Jerusalén.

  • Una ciudad que no termina: Buenos Aires

    Una ciudad que no termina: Buenos Aires

    Colaboraciones

    Blanca Luz Pulido

    Desde hace por lo menos quince años quería yo conocer Buenos Aires. El pasado septiembre pude por fin cumplir ese deseo. Del 7 al 21, catorce días que se vuelven doce si se excluyen los días de la llegada y del regreso. Al ser mi primera vez en ese país, las impresiones siguen vívidas, cercanas. Impresiones, no siempre conocimiento. En sueños sigo estando ahí, el espíritu viaja mucho más lentamente que el cuerpo. Pidiendo de antemano la indulgencia del lector, trataré de transcribir aquí, antes de que el olvido las vuelva nada, esas ráfagas, ese primer contacto (ojalá no el último) a un lugar que para muchos es mítico, más literario que real. Como lo era para mí misma antes del pasado septiembre.

    **

    Primeros días

    Llegada al aeropuerto a las 4 de la mañana. No hay como llegar a esa hora a un aeropuerto para descubrir de qué está hecha una ciudad. Pensé que todo estaría muerto y habría de esperar horas en una banca, si alguna estuviera desocupada, antes de dirigirme a mi alojamiento. Pues para mi sorpresa, no: varias pequeñas cafeterías- restaurantes sencillos bullían de gente. Eso sí: para llegar a la ciudad, es necesario alquilar un “remise” (aún hoy desconozco por qué se les llama así), o sea, un taxi de alquiler, a precios de pánico. 

    *

    A pesar de toda la ropa para clima frío que llevé (sabía que era el fin del invierno en Argentina, que suele ser riguroso), ya los desnudos árboles y el gris del cielo de las 7 de la mañana –cuando abordé mi elegante taxi, conducido por un chofer cuyo aspecto era el de un canoso y distinguido profesor universitario de filosofía, enfundado en un elegante abrigo de lana negra– me dijeron que estaba en una tierra de clima desconocido, con un frío húmedo que cala hasta la médula. El verdadero viaje había empezado.

    *

    Me hospedé en el barrio de Belgrano. ¿Por qué ese y no otro? Es difícil elegir en una ciudad grande y diversa, pero creo que repetiría la elección si regresara. Tranquilo pero bien comunicado, con tiendas de todo tipo y restaurantes acogedores, heladerías en cada cuadra (muy propias de la ciudad), pequeños establecimientos que son, diría yo, el 80% del comercio porteño. Difícil describir cada café, cada pequeño restaurante, cada panadería que ofrece productos elaborados ahí mismo, cada confitería, que son mezclas de cafetería con pastelería. Muchos de esos comercios parecen bistrós parisinos. Y sin sentirse tales, pues la mezcla en Argentina no fue entre lo español y lo indígena, como en otros países de este lado del charco, sino entre lo francés, lo español, lo italiano, lo alemán. Muchas veces me sentía como en una Europa fuera de Europa, en un continente per se

    Un cielo color lila

    Mucho me repiten amigos que viven ahí que ese refinamiento, ese tono parisino-madrileño-barcelonés-italiano de la ciudad no es uniforme ni se encuentra en toda la extensión de la llamada “Gran Buenos Aires”. Debe ser. Era imposible para mí visitar también las llamadas “villas miseria”, ubicadas en zonas más alejadas, aunque sí noté, tanto en Belgrano como en algunos recorridos por el centro de la ciudad, hombres y mujeres vagando, miserables, rotos. Pero pocos mendigos, aunque tal vez no me tocaron por las zonas adonde fui. Al paso de los días, los fui notando, tanto en el barrio como en otros sitios más céntricos. En Belgrano, los dos primeros días, sólo noté la belleza melancólica de un cielo que se tiñó de color lila con la lluvia constante que fue mi bautizo en la ciudad. Pero el frío y la lluvia no alejaban a los parroquianos de los cafés, y el tránsito por la calle Juramento, a la vuelta de donde me alojé, ni el domingo cesaba por completo. Las aceras, que no son de cemento sino de loseta de granito en muchas partes de la ciudad, brillan con el agua, y el cuadro que forman junto con el cielo y los árboles recortados en un fondo entre azul y morado, marcaron mis primeros días en Buenos Aires. Eso y la calidez de los pequeños cafés-restaurantes, donde por muy poco dinero (de aquí) se podía desayunar, comer y cenar pequeños manjares, y beber un café exquisito.

    *

    Belleza implacable

    Como no quise definir con mucha antelación al viaje los lugares que visitar, pues en una ciudad tan grande y llena de historia, eran y son muchísimos, cafés famosos, plazas, jardines, monumentos, edificios, y un largo etcétera, dejé que en parte el azar y en parte mi literario y fragmentado conocimiento me fuera guiando. Tuve la suerte además de contar con la inapreciable ayuda de varios Virgilios, que mucho me ayudaron a dirigir mis pasos: Liane Reinshagen, psicoanalista y maga, su marido, Abel Zaurdo, periodista, Gisela Gamini y Jorge Fondebrider, poetas. Paula Zaurdo –la hija de Liane y Abel–, que participa en una pequeña compañía de teatro independiente, me invitó dos días después de mi llegada a un original paseo por algunos lugares y edificios históricos, donde un grupo de actores, caracterizados con trajes de época representaban, al aire libre, escenas de amores desdichados en la historia de Argentina. Durante el paseo grupal, que congregaba a quince personas aproximadamente, una narradora explicaba las pequeñas representaciones que veríamos, y después de ellas, nos desplazábamos a otro sitio, donde sería la siguiente. Arquitectura, historia y actuación entrelazadas. Y paisaje: fue la primera vez (y única en mi viaje) que pisé la Plaza San Martín, en el barrio de Retiro, y algunos sitios cercanos a esa zona (como la Torre Monumental o Torre de los ingleses, visible desde el parque San Martín, el impresionante edificio Kavanagh, y más). Y me cayó encima, por decirlo así, la belleza de las calles, de los árboles, de las construcciones tipo art nouveau que se multiplican sobre todo en esa parte de la ciudad, aunque no exclusivamente. Dos horas de caminata en las que miré la armonía de los colores con el paisaje, los jardines, los edificios y las calles. Dicho así suena como si fuera algo sencillo, pero no lo es: para la construcción de esta ciudad tuvo que haber una voluntad de armonía, una búsqueda consciente de equilibrio. Hasta en el abanico de colores se ve la paleta de un pintor: los tonos de las construcciones son malva, crema, azul pálido, verde pálido, gris, y rosado también pálido (a excepción de la Casa Rosada, cuyo color casi mamey se debe –lo leí hace unos días– a la sangre de buey en la mezcla que se usó para pintarla). 

    Empecé a tomar fotos de casi todo lo que veía, los pequeños cafés, los parques, los edificios donde las ramas de los árboles pintaban trazos oscuros, como si los resquebrajaran en la imagen. Ese día de mi primer contacto con la parte más antigua de la ciudad fue inolvidable. Tanto así que tardé casi dos días más en reponerme: tuve la sensación de no estar comprendiendo todo que veía, de estar ante una realidad muy compleja, de capas y capas superpuestas de realidades de las que apenas rozaba la superficie. Eso y el viento gélido del lunes siguiente a la caminata me mantuvieron por un día alejada de los otros sitios  que quería visitar, o al menos, pisar (y que pisé en los días subsecuentes): la emblemática Plaza de Mayo, el Obelisco, la flor metálica gigante que se abre y cierra con la luz del sol (su nombre, por cierto, es Floralis genérica, o sea, “cualquier flor en general”), la librería El Ateneo Grand Splendor, el Teatro Colón, así como otras librerías, de libros nuevos y usados, y la enumeración se extendería párrafos y párrafos, porque la concentración de sitios, restaurantes, cafés, museos, lugares emblemáticos o famosos o bellos que existen en Buenos Aires es tal que se necesita mucho más de dos semanas para decir que se ha conocido o al menos visto lo esencial. Concepto que por cierto es relativo, sobre todo si uno avanza de la etiqueta de turista a la de viajero, o intenta ser este último y no el primero. 

    *

    Visita de Stendhal

    Desde los primeros hasta los últimos días, me acompañó una sensación de extrañeza: todo me resultaba nuevo y al mismo tiempo tenía la impresión de haber estado ahí antes, en otra vida, en otro tiempo, a través de lecturas, de autores, de música, de tanta cultura y arte argentinos que son universales. Tantas referencias, tantos autores pueblan el imaginario años antes de poner un pie en Corrientes o acercarse a la Plaza de Mayo, que me asaltaba a ratos una sensación de irrealidad, o de realidad hipnótica o surreal, mezclada con el deseo de ver todo todo y la certeza de la imposibilidad de lograrlo.  Mi avidez se vio rápidamente contrarrestada por el tiempo y el espacio: Buenos Aires, como alguna de las ciudades invisibles de Calvino, procede repitiéndose incesante. Quererla ver con la calma que merece requiere mucho, mucho más de quince días. Así, al tercer día de haber llegado, tuve un acceso del llamado Síndrome de Stendhal: demasiada belleza, de golpe, abruma. Como resultado, tuve que pasar un día y medio refugiada en mis habitaciones. 

    Entre las primeras impresiones estuvo la de haber llegado no a un país latinoamericano, sino a uno europeo, donde en teoría se habla español, aunque no pocas veces tenía que pedir a las personas que hablaran más fuerte, o repitieran lo que habían dicho, ya que me era imposible entenderlas, sea por el fuerte acento, sea por palabras y expresiones para mí desusadas en primera instancia. Imposible ocultar mi extranjería: desde la primera oración la gente sabe que no eres de ahí. Pero no importa: una ciudad y un país construido por inmigrantes de varias procedencias, no se extraña de los viajeros, que son muy habituales. No pocas veces algunas personas, en los comercios del barrio que visité, expresaban su deseo de conocer México algún día. (No quise decirles que lo pensaran dos veces, en estos tiempos de violencia, ya que la situación económica del argentino promedio vuelve muy lejanas las posibilidades de concretar ese deseo.) 

    Al contrario de la impresión que se escucha entre quienes no saben muy bien de lo que hablan, encontré casi siempre amabilidad y buen trato, cuando pedí información, ayuda, apoyo. A veces percibí también un cierto laconismo, una parquedad cansada no exenta de melancolía. Pero la ciudad bulle, el movimiento diligente y rápido campea en las calles, en las aceras. No se ven masas de turistas por todas partes (lo que se agradece siempre), y es una cuidad organizada con precisión y sobriedad. No vi a peatones torear los autos, ni a los autos acelerar con las luces preventivas del semáforo. Detalles menores tal vez pero que dan a quien vive a pie la sensación de no estar tan en peligro, tan librado a su suerte como nos pasa aquí. Lejos de la altanería, la gente común es respetuosa, no grita, se dirige a sus quehaceres con la prisa y diligencia de cualquier habitante de una ciudad que es muy grande, pero más funcional que, por ejemplo, nuestro caótico D.F., como le seguimos diciendo muchos. 

    *

    Cerca o lejos

    Siempre a mi aire, entre deslumbrada y atenta, fui a la Catedral (una extraña catedral que por fuera parece templo griego y por dentro tiene losetas art nouveau), a la Plaza de Mayo, donde no deja de sentirse un vaho de muerte, y a todas las librerías que encontré en mi camino, que no fueron muchas, afortunadamente, pues el volumen de los libros que esperaban encontrar lugar en la maleta aumentaba poco a poco pero de manera inquietante. Mientras tanto, comía ahí donde me asaltaba el hambre, y debo decir que nunca me decepcionaron los pequeños restaurantes no turísticos que encontraba. Es Buenos Aires una ciudad hecha para caminarse: si a pesar de las heladerías que hay casi en cada cuadra, y la exuberante panadería y pastelería que desborda muchos aparadores, sus habitantes se conservan generalmente delgados, ha de ser por los kilómetros que a diario deben caminar para llegar adonde quieren ir. Cierto que el metro funciona bien y por muchas avenidas se ven correr los autobuses, además de que hay varias líneas ferroviarias que llevan a las pequeñas ciudades del Gran Buenos Aires. En mi caso, después de entrar a algunas librerías y salir con varios libros de cada una, mi capacidad de seguir caminando disminuía de inmediato. Entonces, recurría al apoyo de los taxis porteños, que abundan, por fortuna. 

    El concepto de lo que está cerca o lejos es muy distinto para los porteños que para un mexicano. Varias veces me sorprendió que algunas personas con las que tomé un café, me decían, sobre los sitios en que nos veríamos: “queda cerca de tu barrio”… , y cuando llegaba la hora de salir, una caminata que yo pensaba de diez minutos se transformaba en un recorrido tan largo que me veía obligada de nuevo a parar un taxi (o a pedir un Uber), para no llegar tarde. “Cerca”, para un porteño, es como decir que, en el D.F., Chapultepec queda cerca del Monumento a la Madre, y se llega a pie sin dudarlo. Y el tamaño de algunas manzanas… las de la famosa calle Corrientes, por ejemplo, son tan largas como las del Paseo de la Reforma. 

    *

    Norte en el Sur

    Haciendo un rápido recuento, la civilidad de la ciudad me sorprendió. Ver que existen librerías en tantos sitios de la ciudad (aunque sólo pude visitar unas siete), que el comercio es sobre todo en pequeña escala, pues hay muchos comercios de este tipo, que hay gran cantidad de zonas verdes en la ciudad, multitud de árboles cuyas raíces no levantan las aceras, señalización exacta de las calles e información de los números de los predios que abarca cada cuadra. Aceras de granito en gran parte de la ciudad, y en algunas calles de los barrios más centricos, unos curiosos sillones de concreto que imitan sillones y taburetes de verdad. Al principio, vistos desde lo alto del autobús turístico donde me trepé un día para ver aunque sea de lejos el mítico estadio de La Boca, creí que eran en efecto sillones de tela oscura, que alguien había abandonado en la acera. Me pareció raro pero no vi otra explicación al mirar a personas sentadas ahí, en la calle. Más tarde, en ese mismo día (era un lunes y yo me iba el siguiente jueves), alcancé a ver otros de lejos, y comprendí que eran mobiliario urbano. Muy útiles, por cierto. Bajé del autobús cuando llegó a la calle donde están las elegantes Galerías Pacífico, y por ahí me encontré con ellos, los taburetes o sillones de cemento, desocupados, y por fin pude tomarles foto para constatar que no los había soñado. 

    Sobre las librerías, la famosa El Ateneo Grand Splendid es sobre todo un imán para turistas (aunque el edificio que ocupa sí es muy hermoso). Vale mucho más la pena visitar las librerías de la calle Corrientes, por ejemplo, y las de ocasión, esparcidas por aquí y por allá sobre todo en Palermo, San Telmo y otros barrios. Y para los lectores de poesía, el sitio que no deben perderse es la librería Norte, en la avenida Las Heras, barrio de Recoleta. En ella, en 1967, Borges grabó un audio con algunos poemas, que más tarde se convertiría en el CD “Borges por él mismo” que, por supuesto, adquirí. La librería se fundó a fines de los años cincuenta, y desde 1967 se cambió a su ubicación actual. Es atendida hoy por Débora Yánover (hija de los fundadores, Olga y Héctor Yánover) y Sandro Barrella. Allá me mandó el poeta Jorge Fondebrider, a conseguir libros de autores que no es fácil hallar, ya no digamos en otro país que no sea Argentina, sino reunidos bajo el techo de una misma librería. Poetas cuyos nombres, debo confesar, pocas veces había escuchado y que este viaje me hará conocer.

    *

    Hoy como ayer

    Así, entre tumbos, con algunos días muy fríos y otros de un sol tibio que hacía lucir la paleta de colores de la ciudad en su apogeo, pasaron con una velocidad de vértigo mis dos semanas bonaerenses, tomando incluso en movimiento fotos de lugares que no podría visitar con calma, pues pensé que así perdería menos de esa ciudad que me pareció interminable, con una historia, como la de todo el país, compleja y en las últimas décadas aún más. Algo que me gustó es que existe una voluntad de preservar sitios, lugares, comercios que llevan ya décadas funcionando y lo presumen. Las mesas de muchos cafés tradicionales (recuerdo las de Varela Varelita, en Palermo, y las de La Biela, en Recoleta) parecen haber estado ahí desde el día de su apertura, hace décadas y décadas. Así uno se siente parte de algo más grande, que nos antecede y rebasa, y la antigüedad de lugares o establecimientos (de cualquier tipo, no sólo restaurantes o cafeterías o librerías) es una especie de timbre de honor. 

    *

    Atardecer en un mar de plata

    Y pude realizar un sueño dentro del sueño: estar en la ribera del famoso Río de la Plata. Se produce una magia especial cuando el mar –o un río– llega a las ciudades; y más este, que siendo río parece un mar casi inmóvil, como de acero. Llegamos, Liane y Abel, su marido, al atardecer, cuando la luz está desapareciendo y todo adquiere un aspecto de fantasma. Pasaron unas aves muy alto (¿cormoranes?), y había unos cuantos pescadores con sus cañas, junto al muelle. No puedo explicar por completo lo que sentí: nunca había estado tan al sur del planeta, ante el río-mar que aparece en tantas páginas de Bioy Casares, de Borges, de Cortázar, y de más autores que son mi familia literaria electiva, parte de mi identidad. Si el el azar y el destino lo quieren, volveré a ese país y a esa ciudad que es un país, a seguir descifrando sus enigmas. Los viajes nunca dejan de ser un tránsito hacia dentro, una exploración de paisajes que nos llevan a lugares insólitos, donde lo real y la fantasía se funden, en una mezcla imaginaria pero entrañable.

    Mi Buenos Aires particular, ahora que estoy lejos, sigue visitándome en sueños.

    Una ciudad que no termina: Buenos Aires. Por Blanca Luz Pulido.
  • Baticuevas y guasones

    Baticuevas y guasones

    Administración de los males públicos

    Jorge Pech Casanova

    Sandrax forever

    La práctica de la política en México alcanza niveles que serían risibles si no encubriesen un fondo de insaciable brutalidad. Las declaraciones y acciones de integrantes de la clase política desplazada del poder absoluto que antes detentaban, demuestran un aferramiento al despotismo y la prepotencia que aún acostumbran ciertas personas en cargos públicos.

    Quizá la figura más notoria por sus comportamientos despóticos, colindantes con el vandalismo, es la ex alcaldesa Sandra Xantall Cuevas Nieves, quien el 3 de octubre de este año pidió licencia a su cargo en la alcaldía Cuauhtémoc para hacer durante 16 días campaña electoral por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México.

    Al día siguiente, Cuevas comenzó su campaña confrontándose con comerciantes de la central de abastos de Iztapalapa. Llegó al mercado vestida con uniforme y casco negros, sobre una cuatrimoto del mismo color, muy parecida a la que se muestra en la película más reciente de Mathew Reeves, The Batman. La acompañaba una escolta de motociclistas también uniformados de negro. Con ese vestuario, la ex alcaldesa parecía querer mimetizarse con el hosco vigilante de Ciudad Gótica.

    Cuando un grupo de comerciantes le impidió el paso a su aparatoso vehículo, colocándose frente a la moto, Cuevas no detuvo su motor, sino que aceleró tratando de abrirse paso entre los cuerpos. Como lo hubiese hecho Batman frente a los villanos de Ciudad Gótica. Pero la cuatrimoto no pudo atropellar a nadie ni avanzó siquiera (Batman hubiese lanzado algún misil). Después del altercado, la autoridad de la Central de Abastos dispuso la detención de los vehículos de la aspirante por invadir vías primarias y no portar placas.

    Sandra Cuevas no pidió disculpas por su conducta vandálica. En cambio, presentó una denuncia ante el Ministerio Público contra la coordinadora general de la Central de Abastos de Iztapalapa, Marcela Villegas Silva, alegando “secuestro exprés, robo, daños a la propiedad, abuso de autoridad y lesiones”.

    La por ahora aspirante a la jefatura de gobierno tampoco pidió disculpas por transitar con vehículos sin placas. Alegó que así se los habían rentado, y para reafirmar su contumacia, su impunidad y prepotencia, se hizo fotografiar sobre otra cuatrimoto oscura portando una gorra negra con visera en la cual inscribió la palabra “aferrada”.

    No hay que olvidar que es la misma ex servidora pública que desde el 3 de agosto amagó con reelegirse o imponer a quien la suceda en la alcaldía: “Dejen de saborearse la Cuauhtémoc, porque antes de que se pueda elegir otro candidato para la Cuauhtémoc, si es que yo decido retirarme, les recuerdo que primero deben escuchar si yo me quiero reelegir, aunado a que por supuesto que llevo mano para el siguiente alcalde o alcaldesa”.

    Joker en Ciudad Psicótica

    Mientras la por ahora candidata Sandra Xantall se conduce como salida de baticuevas en Ciudad Psicótica, en alguna parte del mundo —no hay certeza de si en México o en Estados Unidos— el histrión Eduardo Verástegui, quien se promueve como posible candidato presidencial mexicano, montó un video en el que asumió el papel de terrorista: se grabó disparando un fusil automático (prohibido para uso civil en México) contra un blanco con silueta humana. Al publicar ese video en su cuenta de X, antes Twitter, Verástegui incluyó el comentario: “Miren lo que le vamos a hacer a los terroristas de la agenda 2030, del cambio climático y de la ideología de género”.

    Este lamentable histrión que se anuncia como político de ultraderecha dice aspirar a la presidencia de México. Mal nos sentaría en la presidencia de la república otro psicópata como Felipe Calderón, fanático de los uniformes y del aparato militar, porque ese tipo de figuras suelen encubrir su servidumbre al crimen con uniformes castrenses. Ahí está el narcotraficante García Luna, secretario de seguridad en el calderonato, para probarlo.

    Mientras tanto, en su remedo de Ciudad Gótica, Sandra Cuevas se mantiene agresivamente dispuesta para saltar a otro cargo público, pese a que el 21 de febrero de este año anunció que se retiraría de la política al terminar su trienio en la alcaldía Cuauhtémoc de la CDMX. En vez de cumplir su palabra, siete meses después se lanza a reclamar con violencia una candidatura para convertirse en jefa de gobierno de la capital de la república.

    En febrero, Cuevas Nievas aseguró que la política “es un asco” y aseguró que no buscaría un nuevo cargo público al finalizar su periodo como alcaldesa. Sin embargo, en octubre anuncia que puede buscar la reelección, si no es que imponer a quien la sucederá en la alcaldía.

    Es la misma servidora pública que incitó a otros empleados públicos a “partirle la madre” a la ahora candidata presidencial Claudia Sheinbaum. La misma que en octubre de 2022 mandó a empleados de la alcaldía a golpear a vecinos, adultos mayores e integrantes de un grupo sonidero para reprimir un baile en un espacio público.

    Con sus implantes corporales y sus desplantes batmaniáticos, la alcaldesa con licencia recuerda menos al vigilante de Ciudad Gótica que a la Sargento Callahan, personaje “de mano dura y cuerpo explosivo” de la Loca Academia de Policía, siempre dispuesta a asaltar con agresividad a sus inermes subordinados.

    Y Eduardo Verástegui, posando como talibán o Rambo de huarache, alimenta fantasías terroristas en otros grupos que aplauden la violencia como recurso político. En tanto la Franja de Gaza, en el Medio Oriente, revienta de verdad bajo las bombas y las balas de un estado israelí que declara el genocidio como una manera “justa” de combatir el terrorismo que ha propiciado desde hace más de setenta años con su inhumana opresión al pueblo palestino. En México, los personajes consentidos de la derecha se pasean por su territorio mediático, convertidos en vigilantes y villanos de su Ciudad Psicótica.

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑