Morfema Cero

  • Han Kang: describir lo indescriptible 

    Han Kang: describir lo indescriptible 

    El laberinto del mundo

    José Antonio Lugo

    I. Brevísima reflexión sobre los Premios Nobel

    La lista de los que no han ganado tiene 7, que son una vergüenza para la institución que otorga el premio: Tolstoi, Joyce, Proust, Nabokov, Musil, Kafka y Pessoa. Yo agregaría otros cuatro: Durrell, Yourcenar, Bulgakov y Borges. Los once, imprescindibles. 

        El Premio Nobel sirve para consagrar a los ya consagrados: Mann, Gabo, Canetti. Lo más importante, sin embargo, es el descubrimiento de nuevos autores en lenguas comunes o en idiomas casi inasequibles y darlos a conocer al público de lectores en todo el mundo. Es el caso de Han Kang. Le damos la bienvenida a ella y al coreano como idioma ganador del Premio Nobel de Literatura.

    II. Actos humanos

    Novela del horror, cuenta la historia de la masacre de Gwangju -el Tlaltelolco de Corea del Sur-, en episodios: dos en 1980, uno en 1985, otro en 1990, los que siguen en 2002, 2010 y 2013. A través de la evolución de los personajes, Han Kang describe el horror y sus secuencias, las heridas que no se cierran y se transmiten de generación en generación. Buena novela. He leído muchas similares, con otros horrores, en otros tiempos y espacios geográficos.

    III. La clase de griego

    Narra la historia de una mujer que entró a estudiar griego porque se quedó sin habla desde que perdió a su madre y desde su divorcio. No es que tenga un problema en las cuerdas vocales; simplemente, no puede articular palabra y siente que quizás lo pueda hacer desde una lengua muerta (como la suya). El profesor se está quedando sordo. Se establece una relación entre dos marginados por la vida. Estupenda novela. Me recordó La balada del café triste y El corazón es un cazador solitario, ambas de Carson McCullers. En el primer caso, la gigante y el enano; en el segundo, la niña/adolescente y el negro sordomudo. Hay muchas historias similares.

    III. La vegetariana

    Me deslumbró. 

       La protagonista, que comía carne, sueña una noche con pedazos de carne sanguinolenta que escurren en un tendedero y decide no volver a ingerir proteína animal. Su negativa a ser como los demás le trae conflictos con su marido y con su padre, que un día le introduce violentamente un pedazo de carne de cerdo agridulce en la boca. Ella vomita, toma un cuchillo y se corta la muñeca con un cuchillo. El cuñado, experto en primeros auxilios le aplica un torniquete, la carga y la lleva a un hospital, donde le salvan la vida. 

       Este cuñado es videoasta y está obsesionado por la mancha mongólica que la protagonista tiene en un glúteo. Le propone filmarla desnuda y pintar sobre su cuerpo flores. En su psique atormentada, Yeonghye se ha ido transformando de animal en planta. Acepta excitada. Cuando él la ve desnuda y ve la mancha, el narrador -que es él en esta segunda parte de la novela- afirma: «Era semejante a un ligero moretón y de una leve tonalidad verde, pero era una mancha mongólica sin lugar a dudas. Le evocaba una huella de tiempos primigenios, de tiempos anteriores al comienzo de la evolución o al proceso de fotosíntesis  que realizan las plantas. Es extraño, pero no tenía nada que ver con una sensación erótica y mucho con algo vegetal».

       La filma. Luego, en otra sesión, él se pinta motivos vegetales en su cuerpo y deja la cámara grabando mientras hacen el amor. Ya no son dos seres animales, han ingresado al reino vegetal.

       «Todo resultó perfecto, tal como lo había planeado. Sobre la mancha mongólica de ella, su flor roja se había movido rítmicamente, cerrándose y abriéndose. Semejante a un enorme estambre, su pene había entrado y salido del cuerpo de ella. Lo recorrió un escalofrío. Había sido la espuluznante unión de las más abominables y más hermosas imágenes a la vez. Cada vez que cerraba los ojos, le parecía ver el pegajoso líquido vegetal verde de sus sueños que le mojaba la entrepierna, el vientre y los muslos. En la última posición, él se puso boca arriba y ella subió encima. Otra vez ajustó la cámara para que tomara su mancha mongólica. – ‘Que sea eterno, que no termine nunca». 

       Son descubiertos. Ella va a dar al manicomio y él es acusado de perversión por aprovecharse de una loca. Nadie entiende nada (como siempre).

       Más allá de los temas feministas y ecológicos implícitos, La vegeteriana nos habla de cómo la diferencia es atacada, violentada, suprimida. No importa a qué diga uno «no»: familia, sociedad, instituciones, se ocuparán de callar esa voz. 

    IV. Lo imposible

    Bataille tiene una novela con ese nombre. Musil afirmaba «el absoluto no puede conservarse». García Ponce escribió un ensayo sobre Proust titulado «Imposibilidad del amor, posibliidad de la novela». Las grandes obras literarias surgen para mostrar lo imposible, aquello que, sin la literatura, no podríamos ver. Es el caso de Han Kang y su extraordinaria novela, que narra la historia de dos amantes vegetales, metáfora de los mundos interiores que puede encerrar el amor. Metáfora también de la soledad que implica descender a esos mundos interiores. 

  • Las aguas del armario

    Las aguas del armario

    Colaboraciones

    Carlotta Garjuá

    Me reconocen los monstruos. Por eso vuelven cada noche. Se me 
    acercan, y nunca sé del todo cuántos son, porque son inagotables 
    en sus metamorfosis. A veces les pongo nombre, para reconocerlos, 
    pero sin duda lo pierden con la luz del día o alguien les pone otro, 
    porque a veces se repiten y sin embargo no sé cómo se llaman
    Olga Orozco, La oscuridad es otro sol, 1967

    Presentación del libro La edad terrible, de Enna Osorio Montejo,
    en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca, domingo 13 de octubre de 2024.

    Para la artista Siegrid Wiese “La edad terrible” es un libro visceral perfectamente escrito, una obra compuesta por ranas ausentes, armarios, olores, dolores, carne y algo más que no sabe cómo nombrar. Desde su perspectiva visual el texto de Enna es como una fina línea de agua tibia que se filtra paulatinamente por los ojos al avanzar en la lectura, como si su escritura fuera una línea viva que conecta con el lector hasta armar una serie de imágenes vibrantes: retumbos serpentinos como si estuviéramos debajo del agua.*1

          Tomando como referencia esta impresión bien pudiera decirse que nos encontramos frente a un poemario que, además de capturar los avatares de la infancia, recalca el anhelo de una edad de ensoñación que antecede al nacimiento humano. Lo pienso desde “La lección de música” de Pascal Quignard- publicada en 1987- en la que se explica la naturaleza primordial de la audición y el pregnante rastro de una sensación oceánica, es decir, el desconocimiento de la falta mientras permanecemos sumergidos en la profundidad del cuerpo materno. Cito al filósofo francés:   

                      “El oído humano es preterrestre y preatmosférico. Antes del aliento mismo y antes del              grito que lo desencadena, durante dos o tres estaciones en la bolsa del amnios, en la             resonancia de un vientre” (Quignard, 2015, pp.50 y 51)

    De esta manera, toda percepción sonora es un reconocimiento y la organización o especialización de dicho reconocimiento conforma la música: prima hermana del canto poético. Hablamos de una huella somática cuyo primer gorgoreo proviene del agua; siendo una marca intraducible que hermana al lenguaje con la fonética del mar. Según Quignard, no podemos deshacernos- en el registro de los afectos- de esta nube originalmente acompasada con el latido y la vocalización materna, o, mejor dicho, de la añoranza por recuperar la estabilidad sonora violentamente transgredida en la primera inhalación. Es por ello que el placer de lo rítmico es regresivo: en la cadencia acompasada del orden musical -y en la alternancia de las formas lingüísticas que constituyen un verso- mecemos nuestro placer y angustia. Enna lo expresa muy bien en el poema “Primer encuentro”:  

                “La voz de mi madre, faro, 
                me condujo hasta la orilla del mundo.
                Antes de partir deshice el día:
                aplané la arena, 
                di un vistazo a los límites del cielo, 
                me despedí del mar y le volví sus cosas.
                Una ola como serpiente llegó a mis pies, 
                su arrullo me arrebató el equilibrio.
                Desde entonces hilvano los rumores
                de una tierra que viene y va” 
                (Osorio Montejo, 2024, pp.17 y 18)

    Como bien lo recalca en “La memoria de Eko” los seres humanos “buscamos remanso en la arquitectura de nuestras madres”; queremos su regazo antes de que la aridez del mundo endurezca nuestra piel, sin embargo, la casa que añoramos “nunca vuelve a ser la misma”; por el contrario, es presa inapelable de un conjunto de derrumbes y hundimientos. (OsorioMontejo, 2024, pp.20 y 21). Gastón Bachelard (2012) pensaría, en su famosa obra sobre la poética del espacio, que la vida comienza bien al estar encerrada y protegida: toda tibia en el cobijo de una casa que diagrama en nosotros un conjunto de costumbres orgánicas, un sendero de reacciones físicamente inscritas desde lo embrionario.   

          A la medusa que electriza nuestro ombligo antes que los ojos- como hace referencia la autora para dibujar a su querida madre- muchas veces extrañamos y arrojamos las primeras semillas de fe para recorrer novedosas inscripciones. Este ejercicio es necesario durante años, aunque también resulta imperativo encontrar otras luminiscencias para evitar el infantilismo y la prolongación de una dinámica simbiótica traducida en locura; Enna se lo propone a sí misma en los siguientes versos: 

                “-No te quedes haciendo pucheros como una rana
                En los charcos de la luna
                Es tiempo de que te hagas mujer”
                (Osorio Montejo, 2024, p.43)  

    Cabe manifestar que la fenomenología que se liga a la madre- en la mayoría de construcciones literarias de la autora- anuda los sonidos primitivos del lenguaje y unifica las texturas más primarias de su personalidad, muy a pesar de que las mujeres que la habitan parecen hablar con la nota más baja de las tumbas. La figura del padre, en cambio, teje nudos incapaces de ofrecer una sujeción distinta a la de los cabos sueltos; esto deriva en el llamado “síndrome de la niña invisible”: vestimenta psíquica con el que impera la sensación de tener un nombre lo bastante oculto, “proscrito en un barco hasta el fondo del océano”. (OsorioMontejo, 2024, p.76) Aunque esta diferencia puede generar resentimiento-porque confronta con la realidad de nunca estar a la altura de la portación del apellido paterno- la necedad de ser un ancla para la vida, como se percibe Enna, permite que siga a flote mientras el avance de la vida revela su crudeza. Estima, además, que para resolver la historia es necesario un rostro y un nombre: entrever aquello que ha permanecido oculto entre los grandes atuendos familiares; identificar las deudas genealógicas y salir de los discursos fantasmáticos que interiorizamos como propios: navegar el sinsentido hasta pescar los términos de algún nuevo diccionario. “Trazo una línea de agua en la gaveta del ropero donde guardo las ausencias de mi padre”- expone en el poema Señales de desprendimiento por heridas medulares”- agrega, también, que el aseo de dicho espacio limpia su memoria. (Osorio Montejo, 2024, p.61). Sobre esto quisiera rescatar una idea de la psicoanalista Anne Dufourmantelle de su libro “Elogio del riesgo”; según la autora francesa la infancia presente en nosotros, para la edad adulta, no tiene nada que ver con la infancia del rememorar, es decir, con aquélla que hemos acunado interiormente y a la que hemos vuelto a dibujar un contorno falsificando el ambiente y reescribiendo la cronología con la ayuda de álbumes fotográficos y narrativas parentales. 

          En su opinión, esta infancia no es tan complicada de retener, por el contrario, resulta un poco estorbosa, ya que suele reconstruirse de acuerdo a las necesidades culturales de la adultez. La forma que verdaderamente nos habita es esa experiencia de pura intensidad: una rara droga que, una vez que la probamos, cuesta trabajo olvidar. Dufourmantelle (2021, p.212) la describe como una carga de espíritu que proporciona una ligereza comparable a la de la ebriedad o a la de una creatividad intacta: una puerta de tan difícil acceso que es equiparable a un secreto de estado. Desde esta dimensión haber sido niño es “haber esperado con todas las fuerzas que algo sobrevenga”, sobre todo si hemos sido un infante maravillado, inconsciente, cambiante e indeciso: una creatura marcada por el caprichoso vaivén del desencanto y el asombro, aferrado a un sueño solitario que se confiesa y comparte con los primeros juguetes. Dicha experiencia no cesa de regresar a nosotros hasta restituir su fragancia y obsequiarnos la sensación de una noche sin fatiga. 

          En “La poética de la ensoñación” Gastón Bachelard (2011) propone que un exceso de infancia es un germen de poema, ya que toda ella debe ser inventada para reencontrarle por fuera de lo que explícitamente rememoramos. A partir de esta filosofía, el poeta “vive en el claroscuro de su ser”, proyectando alternadamente un fulgor o una sombra sobre lo real que da un matiz inesperado a sus expresiones. (Bachelard, 2015, p.69). A propósito de esta construcción ficcionada Dufourmantelle (2022) menciona que no hay un recuerdo intacto, exceptuando las veces en las que, en un deslumbramiento poético, nos es restituido un momento perfecto de la infancia; de esta forma, el fondo indómito de la memoria no siempre es un sitio hostil, ya que- como dijera Enna- guarda soles en el abismo o formas del encuentro. 

          Para alumbrar la hora extraordinaria nuestra poeta encaja sus ojos en las aguas inclementes; traza galaxias inéditas-que parecen telarañas- y en cada inmersión es consciente de perder la vida que conoce. De cierto modo se sabe sin el constreñido impacto de la identidad. Mientras contempla las representaciones imposibles en esta fila de recuerdos, va observando siluetas conocidas al filo del desplome. Se promete surgir entre ellas sintiéndose aire, calcula volver cuando la tierra se asiente y la humedad vaya hinchando la memoria. (Osorio Montejo, 2024)

          Volviendo a la perspectiva de Anne Dufourmantelle podemos cavilar que los seres humanos somos náufragos extraviados en islas del tamaño de la infancia. Este raro territorio, en aparente insolación, es una barquilla suspendida a la espera de que ocurra algo cuando todo es posible aún. La decepción paulatina, por su parte, sería “la posibilidad de un tropiezo contenida en cada suceso y en la loca esperanza que había suscitado en nosotros”. Y es que experimentar la decepción, desde su perspectiva, supone el haber creído en un mundo mágico con varitas de hadas y cielos que alojaban dragones o criaturas fantásticas; aunque también haber jugado el juego con todo y el riesgo que conlleva la pérdida: haber fallado en el cálculo sin arrepentirnos por creer en él. (Dufourmantelle, 2021, pp. 101 y 102)

          Pienso entonces que una cosa terrible, de esta edad terrible con la que Enna titula su poemario, es advertir que la decepción pertenece a la infancia más que a la adultez, ya que el niño es constantemente desengañado y confrontado en sus creencias. Lo conmovedor se expresa en que, a pesar de todo, el infante persiste en un estado natural de esperanza, como si fuera un soldadito valiente. Este niño es capaz de recomponerse, aunque su desazón sea de una amplitud inimaginable para los mayores. Lo que marca la infancia es un movimiento de “caída repentina, vertiginosa, fuera del mundo seguro”, aunque también una falla que revela bruscamente, en el paisaje desconocido, alguna línea ignorada puesta al desnudo.  Sobre la decepción del infante Dufourmantelle (2021, p.102) señala lo siguiente:

                “Es ese monstruo muy suave que lo traga y lo vuelve a escupir del lado de la oscuridad, sin             apoyo dónde encontrar el sueño; basta con una promesa olvidada para que todo un muro de             su vida se derrumbe, sin que nadie preste atención a tal hecho”. 

    La traición “reabre” los abismos de la infancia: justo cuando eso que creíamos más cercano y amado se revela “brutal”, “indiferente” o “malvado” (Dufourmantelle, 2018, pp.105 y106). Pese a todo, es en los escombros, donde aún respira el niño que ha llorado, el espacio en el que empieza a construir una lengua secreta para levantarse un refugio, ya que la disposición a la decepción es una reserva intacta de lo imaginario que permite amansar lo real y alojar un horizonte de espera (a menos que se quiebre al pequeño con una violencia inaudita). En el “El caballero que cercó los cerros”-del poemario “La edad terrible”-podemos observarlo; rescato un fragmento en concreto:  

                “Soy todo lo que se olvida
                por eso levanto un muro
                de recuerdos
                contra oquedades” 
                (Osorio Montejo, 2024, p.67) 

    Se dice que la infancia es un paraíso perdido, “pero no por pérdida de la inocencia, sino por acceso a un arte de la contradicción” expresa Jorge Pech (12 de septiembre de 2024) en un artículo para la revista Morfema Cero dedicado a “La edad terrible”. Retomando el tópico de lo acuático para Israel García Reyes (1 de septiembre de 2014), y para muchos de los que conocemos a Enna en un plano más íntimo, estamos frente a una sobreviviente de numerosos naufragios a la que la vida misma le ha ofrecido el ahogamiento por premio: a veces con las aguas de una enfermedad corporal, en otras ocasiones con las mareas del trastorno psíquico o los estragos de una oleada de duelos. No obstante, como buena rebelde, jamás se ha hundido por completo en la tribulación del cáncer ni de los diagnósticos psiquiátricos. Lo que sí es un hecho es que Enna se ha zambullido con agudeza y convulsa curiosidad en la retórica del lenguaje. De esta forma la sabemos inmersa en la filosofía, la literatura e incluso el psicoanálisis. Es por ello que le creo cuando dice: “Mi boca tiene la perla/que depura el habla” (Osorio Montejo, 2024, p.15)*2 

    *1 Comentario de Siegrid Wiese, del 26 de agosto de 2024, en la red social de Facebook. 

    *2 En el poema “La molienda” llama la atención que Enna se visualiza como una vela abandonada en el altar y como una canica que ha rodado lejos para perderse entre la hierba. Acorde a Bachelard (2015, p.16) “la vela es el astro de la página blanca”, del gran desierto que ilustra la soledad del pensador. Y aunque sea un elemento lábil y sin masa, resulta un recurso consistente porque promueve el ensueño, siendo uno de los máximos productores de imágenes que impone la intensidad de metáforas a los más diversos dominios del pensamiento.  La vela abandonada en el altar, de la que habla Enna- y específicamente la llama que su cáliz emite, bien pudiera equipararse a la voz del poeta que lo exilia de su entorno. En palabras de Bachelard la llama “cruje”, “gime” y es “un ser que sufre”, avanza a ritmo precario y vacilante, sin embargo, tiene una muerte y nacimiento fáciles. 

  • ¿Quién cuida a los cuidadores?

    ¿Quién cuida a los cuidadores?

    Administración de los males públicos

    Jorge Pech Casanova

    “La policía no me cuida”, escribieron con aerosol violeta las indignadas participantes en una marcha del 8 de marzo, sobre el letrero de una óptica al final de la avenida Pino Suárez, en la capital de Oaxaca, y ahí permanece la pinta; la única no borrada en los muros de la cuadra que hace meses mostraban diferentes denuncias, desvanecidas con premura por los dueños de casas.

    En estos días cuando numerosas voces claman por la aparición con vida de la abogada Sandra Domínguez Martínez y su pareja Alexander Hernández Hernández, cobra ominosa actualidad esa pinta solitaria en un muro, muy cerca del paseo Juárez El Llano, sitio en que coinciden innumerables personas en la capital de Oaxaca.

    En el lapso de tres años a la fecha han desaparecido sin dejar rastro tres activistas oaxaqueñas que defendían derechos humanos: Claudia Uruchurtu Cruz, el 26 de marzo de 2021; Irma Galindo Barrios, el 27 de octubre de 2021; Sandra Domínguez Martínez, la más reciente víctima, despareció el 4 de octubre de este año, junto con su compañero Alexander.

    Las tres mujeres desaparecieron después de cuestionar a autoridades estatales que, en vez de guardar la conducta responsable a que las obliga la ley, reaccionaron con amenazas y violencia política.

    Hace tres años, Claudia Uruchurtu participó el 26 de marzo en una protesta contra la entonces presidenta municipal de Asunción Nochixtlán, Lizbeth Victoria Huerta, cercana al gobernador Salomón Jara. Ese mismo día Claudia fue “levantada” y no se la ha vuelto a ver.

    La entonces edil y tres empleados suyos del ayuntamiento de Nochixtlán fueron declarados culpables de la desaparición forzada de Uruchurtu el 12 de agosto de 2022, pero en enero de 2024 el juicio contra la ex munícipe y sus cómplices fue anulado a instancias del gobierno estatal, y a la fecha no se sabe si la desaparición de la joven tendrá castigo.

    Irma Galindo había denunciado desde 2019 que personas cercanas a autoridades del municipio de San Esteban Atatlahuaca la amenazaron de muerte. Después de ocultarse durante más de un año, la activista reapareció para pedir que cesaran los ataques de Atatlahuaca a las comunidades de Ndoyonoyuji, Mier y Terán y Guerrero Grande, en la Mixteca oaxaqueña.

    Para resguardarse de sus perseguidores, Irma Galindo acudió en octubre de 2021 a la Ciudad de México a pedir medidas de la Junta de Gobierno del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. El 27 de octubre de ese año fue vista por última vez en la estación del metro Barranca del Muerto. No ha reaparecido.

    Sandra Domínguez denunció en 2020 la existencia de un chat de redes sociales llamado “Sierra XXX” en el cual un grupo de individuos publicaba con comentarios ofensivos fotos de mujeres desnudas de la etnia mixe, sin el consentimiento de las expuestas. Cien hombres compartían ese chat, entre ellos dos políticos del partido Morena: Donato Vargas Jiménez, entonces precandidato a diputado por Ayutla, y Pablo Díaz Jiménez, actual diputado por Ayutla.

    Aunque la denuncia contra Vargas Jiménez le impidió convertirse en diputado, su padrino político Salomón Jara, al obtener la gubernatura, lo nombró integrante del gabinete estatal como Coordinador de Delegados por la Paz. No importó que el 26 de marzo de 2023 Vargas Jiménez fuera exhibido en una videograbación donde se le veía revolcarse en el suelo en medio de un grupo de personas que le vertían mezcal de una garrafa, directo a la boca.

    Tampoco importó que Donato Vargas fuera denunciado en 2023 como reincidente violador de la Ley Olimpia por su uso de un chat de redes sociales llamado “Mega peda”, en el cual comete “cosificación de los cuerpos de las mujeres, pago de servicios sexuales, intercambio de fotografías con contenidos sexuales sin consentimiento de las víctimas, misoginia y violencia contra las mujeres”, según denuncia de las colectivas Red de Mujeres Mixes Mariposas, Consorcio Oaxaca y Red Nacional de Abogadas Indígenas.

    Con la desaparición de Sandra Domínguez las denuncias y exigencias de investigación sobre Donato Vargas cobraron nueva fuerza. Enseguida, el secretario general del gobierno del estado, Jesús Romero López, manifestó al diario internacional El País: “Si Donato Vargas generó esos comentarios, hubiera tenido una sanción, en ningún momento se demostró que él fuera el creador del grupo” […] “Desconozco en qué marco participó, y si generó comentarios misóginos o sexistas, esa parte no fue notificada a nosotros”.

    En la misma entrevista, el secretario Romero López trató de vincular a Alexander Hernández con grupos delincuenciales: “Circula en redes sociales, y se está verificando la información, un video donde esta persona agrede a una mujer y le dispara a una persona integrante de la comunidad lésbico gay, que atendía un bar en María Lombardo”.

    Ante las declaraciones de Romero López, la familia de la desaparecida y las agrupaciones defensoras de derechos de las mujeres exigieron no criminalizar ni revictimizar a Sandra Domínguez por supuestos vínculos con grupos delictivos, reclamo que respaldó la diputada local Aracely Cruz desde su curul legislativa: “Exijo que Jesús Romero y el gobierno de Oaxaca dejen de revictimizar a la activista Sandra Domínguez”.

    El gobierno oaxaqueño, por medio de su vocero, vuelve a complicar innecesariamente un caso de abuso de autoridad con responsabilidad criminal, en este caso, el posible feminicidio de la abogada Sandra Estefana Domínguez Martínez. No aprende el gobierno oaxaqueño la lección que recibió apenas el 31 de agosto de este año, cuando policías del municipio de Santa Lucía del Camino trataron de extorsionar y asesinaron al estudiante Diego Ignacio Paz, para después acusar al joven de agresión contra elementos policiacos.

    Dos ex policías del ayuntamiento de Santa Lucía del Camino están bajo proceso desde septiembre último por el asesinato del joven Diego. La ex alcaldesa de Asunción Nochixtlán y sus tres ex empleados están bajo proceso desde 2023 por el secuestro y la desaparición de Claudia Uruchurtu. Ninguna autoridad de Atatlahuaca ha sido procesada por la desaparición de Irma Galindo, pese a las reiteradas denuncias de la activista, de sus familiares y compañeros activistas. Por la desaparición de Sandra, ¿qué autoridad responderá?

    “¿Quién vigila a los vigilantes?”, se preguntó en el umbral del siglo II de nuestra era el poeta satírico Juvenal. Al adentrarnos en el siglo XXI, en Oaxaca nos vemos forzados a hacernos de nuevo la misma pregunta. Nos obliga a ello la corrupción remachada con violencia de las autoridades que prometen una “primavera” pero parecen dedicadas a perpetuar el invierno pertinaz entre quienes les reclaman sus nocivas acciones.

    Hasta el momento, los vigilantes no han cumplido con su tarea en la entidad oaxaqueña. La consigna que permanece en el muro cerca del parque El Llano enuncia una verdad perturbadora: “La policía no me cuida”, ni nos cuida como sociedad en Oaxaca. Más bien, la lección de los últimos tres años es que, como ciudadanía, debemos cuidarnos de las autoridades y sus acciones represivas.

  • Todos los cuerpos caen

    Todos los cuerpos caen

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    I.              

    De Simone Weil se vuelve a hablar en estos días. La publicación al español de sus Cuadernos permite regresar a uno de los enigmas espirituales más interesantes del siglo veinte. Si nuestra cultura estuviera ahora donde una visión optimista y sincrética dice que estará, esta pensadora mística francesa, muerta a los treinta y cuatro años en 1943, primer lugar de su promoción universitaria en filosofía —y en el segundo sitio, Simone de Beauvoir—, habría sido definida como el budismo llama al bodhisattva, un ser en camino a la liberación que la pospone para ayudar a los demás, o entendida también como el catolicismo comprende a los auténticos seres puros.

             En cambio, a Weil se le apodó la Virgen Roja. Fue marxista militante por un tiempo, pero salió indemne de tal elección ética. Colaboró en el campo de la República española y fue combatiente sin combatir debido a su fragilidad física, correo y miembro de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra. Pese a haber obtenido uno de los mejores promedios finales de la prestigiosa Escuela Normal Superior de París, Simone renunció a la docencia de la filosofía para trabajar como obrera en una hilandería durante un año. En ella aprendió de los obreros viejos que las heridas que sufrían los aprendices eran el oficio que entraba a su cuerpo.

           Decidió hacerse cristiana aunque había nacido en un hogar judío no creyente. No le importaron el dogma, los intermediarios, el camino horizontal, y entró a saco en la fe católica sin cumplir con ninguno de sus rituales: bautismo, confesión, comunión. Conoció a Cristo en el mundo y elevó la desdicha a la categoría de amor divino. Encarnó el imperativo de dar testimonio —martirio, en español— de lo trascendente en la vida común. Escribió siempre notas, apresurada y vital, siempre comprometida y en movimiento, de vida corta: a veces se cumple el adagio y los elegidos de los dioses mueren jóvenes.

            La obra de Simone Weil es el mapa de un viaje espiritual en el mundo tan profundo como el de Teresa de Ávila, pero desde la modernidad y el pensamiento lógico hasta la trascendencia. “Todos los cuerpos caen”, escribió. Quería decir que estaba haciendo una lectura moral de las leyes de la física. La gravedad, la ley que gobierna a los cuerpos era identificada por ella como la razón del mal: “Si no existiera gravedad, el bien sería natural, y el mal sería fortuito, sorprendente; en virtud de la gravedad es al revés.” De ese modo concebía el mal como una ley de la naturaleza y el bien como su excepción: un desafío a la ley moral de gravedad. La ligereza, la liberación del peso, la levedad las otorga el bien, un reflejo de la existencia de Dios que sólo se comprueba en la relación con los otros, con la belleza del mundo y con los sitios sagrados como el mismo pensamiento humano o el universo, textos donde está inscrita la revelación de la existencia de un orden superior.

             Era pequeña, menuda y nerviosa, vestía siempre una especie de faldón y zapatos planos, que hacían aún más simple lo poco que se ocupaba de sí misma, lo poco que dormía, lo poco que comía. Le interesaban las equivalencias del panteón griego—preparación histórica, según ella, para llegar al cristianismo: Zeus como Jehová, Prometeo como Cristo—, porque confiaba en que debía amarse a Dios aun si no existiera. “El pecado en mí dice ‘yo’ —escribía—. Es mi miseria la que hace que yo sea ‘yo’. El yo no es más que la sombra proyectada por el pecado y el error, los cuales se interponen en la luz de Dios, y a los que yo tomo por un ser.”

             Se dice que en las mismas aguas donde los sicóticos se ahogan los místicos nadan. Como la cultura popular no comprende el término y su sentido, el místico es percibido como si fuera un extraviado. Eso le ocurrió al general De Gaulle con Weil después de los apremiantes planes presentados por ella en Londres, que rogaba ser lanzada en paracaídas con un grupo de enfermeras a las trincheras de guerra. La apasionada joven que traducía del griego clásico y conocía el sánscrito y el tibetano le pareció una histérica, más molesta que peligrosa y más ingenua que atrevida. El augusto general no pudo darse cuenta de que no estaba ante un pensamiento histérico o enajenadamente devocional, sino ante una psicología distinta que descifraba las servidumbres morales de los hombres como equivalentes a las físicas: odiamos a los otros para restablecer un equilibrio imaginario ante nuestras propias desdichas, esperamos de los otros en función de nuestro equilibrio y recibimos lo que a los otros les sobra para dárnoslo.

           A diferencia de quienes suponen que el aspecto más valioso de un ser humano es la parte de él que es única, su personalidad, Weil afirmaba que sí hay algo sagrado en cada cual pero no en la persona sino en lo impersonal de ella. Es ancestral el linaje de quienes han descubierto que el secreto de todo gran logro consiste en el abandono de sí. Santos, carpinteros, artistas, pensadores o poetas conocen el valor de la atención como la fuerza que permite liberarse, aunque sea fragmentariamente, de la conciencia del yo. Weil también cree que la atención es el agente moral activo en el mundo y el instrumento para percibir el sentido de los planos generales de la vida y sus detalles, escalas donde debe intentarse la tarea de ver. Por eso indagó en el mundo del trabajo, de la mundanidad de la persona, donde encontraba no sólo el camino de la simplicidad sino el espacio de vida concreto, un lugar oportuno para investigar el mal, el bien y lo sagrado en lo profano, para experimentar su recolección y recuperar el misterio sobre lo existente que la ciencia-técnica ha desvanecido en la modernidad.

            “Aunque pudiéramos ser como Dios, valdría más ser parte del barro que le obedece.” Weil compartía la certeza de que la condición humana era una vía de conocimiento privilegiado a través del dolor, la necesidad y la desdicha, que ni siquiera los dioses podían recorrer. Para estar mujer olvidada de sí y volcada en los otros, el sufrimiento era la clave de la transformación individual: “Estoy convencida de que la desdicha, por una parte, y la alegría como adhesión total y pura a la perfecta belleza, por otra, implicando ambas la pérdida de la existencia personal, son las dos únicas claves por las que se entra en el país puro, en el país respirable, en el país de lo real.”

          Debían amarse la desdicha y la necesidad porque en ellas reside el secreto para comprender la gracia del amor de Dios y saltar por encima de la irresoluble pregunta que carece de respuesta: ¿por qué las cosas son cómo son? La belleza del mundo surge cuando se reconoce que la sustancia del universo es la necesidad y su esencia es el ser obediente a un amor divino que es sabio aunque parezca incomprensible. Weil hizo consigo misma, con su pensamiento y sus hechos lo que tantos otros sólo vislumbraron pálidamente a través de la literatura: amar a Dios y sus oscuros designios aun en un tiempo histórico donde no parece estar.

           Todos los cuerpos caen, pero al percibir compasivamente al mundo no con la razón sino con el alma, la mente y la obra de Weil ascendieron al santo logro del país respirable: la poderosa comprensión. 

    II.

    El elemento central en la filosofía práctica de Simone Weil es la atención. “La fuerza del espíritu la constituye toda la atención”, afirmó. Para ella, la atención activa es el soporte de la vida moral y del conocimiento fundado (epistemológico), y su fuerza contiene una certeza, un camino del pensamiento verdadero potencialmente accesible a todos, en el cual se constata la equitativa dignidad de los seres humanos. Weil afirma que tanto la capacidad de atención como la facultad racional son inherentes a la conciencia humana: “Las desigualdades accidentales no impiden una igualdad fundamental, incluso en el dominio intelectual, en la medida en que pensar correctamente es una virtud”. Toda virtud es energía, como creía Proust, un autor cercano a ella, y la energía es sobre todo atención activa y creadora.

           La atención, el más grande de los esfuerzos según Weil, está relacionada con la libertad del individuo, cuya característica es el abandono consciente de la inercia existencial. Así, toda acción debe estar precedida por la atención, ese único remedio para la inconsciencia, porque “la raíz del mal es la ensoñación”, es decir, la desatención. Una atención que no es propia del espíritu solitario sino del individuo existente en un contexto social, una atención a lo real. Dicho en sus propias palabras: “Es una atención intensa, pura, sin móvil, gratuita, generosa. Y esta atención es amor”.

           Surgen así de nuevo los grandes y a la vez humildes temas que significan lo radicalmente contrario a aquello hoy predominante entre nosotros como si fuera una noción cultural espontánea: el egoísmo, la inexistencia del otro, la indiferencia glacial ante la desdicha o las incompatibilidades sociales, que mientras más numerosas resultan más enfermedad pública y política mostrarán. “A los hombres —establece la filosofía moral de Weil— les toca velar por que no se haga mal a los hombres”.

           El sentimentalismo, definido por Hannah Arendt como la superestructura de la brutalidad, guarda equivalencias casi literales con la ensoñación, que Weil percibe como raíz del mal. Antiguas tradiciones advierten contra el ensueño con los ojos abiertos, contra el fantaseo subjetivo —un acto contrario a lo que se entiende por imaginación o visión inspirada—, pues esas quimeras dañan la mente porque recortan la vivacidad y la prontitud (la atención) de la vigilia, aglutinan al mundo exterior y generan ineptitud para las obras prácticas, exponen al dominio de los instintos, provocan timidez e indecisión, ya que el soñador con los ojos abiertos es insensible, está encerrado en sí mismo y se hace incapaz de tener reacciones ágiles y producir valoraciones correctas sobre lo real: no tiene acceso, dicen, a una conexión profunda con el cosmos.

           Simone Weil no testificó el ascenso irreparable de la sociedad del espectáculo y el entretenimiento, tampoco presenció la irrupción brujeril de la tecnología de la imagen, una forma todavía más aguda y definitiva de la ensoñación. Sin embargo, supo que la desatención se convertiría en la naturaleza orgánica del individuo consumista, permanentemente distraído e insatisfecho, saltando de un placer efímero a otro más. Siguiendo al filósofo Malebranche, una de sus tantas y poliédricas influencias, también creyó que la caída adánica supuso la pérdida de la atención, la cual desde entonces se convirtió en un trabajo arduo y difícil, en el paraíso extraviado del conocimiento esencial.       

            Su búsqueda de sentido abarcó tanto la literatura y la filosofía griega como los textos sagrados del hinduismo y la preceptiva budista, una ciencia del espíritu con la que compartió, aunque desde perspectivas distintas pues en su filosofía no hay ninguna técnica operativa para su desarrollo sistemático, el poder de la atención mental, un factor que va más allá de la definición de “cuidar los propios pasos” para ser considerado como un requisito indispensable del despertar de la consciencia en el mundo. La atención mental correcta es aquel “ayudante en todas partes” que lleva a la liberación del sufrimiento, del conflicto y la maldad, conforme el budismo enseña: “Todas las cosas pueden ser dominadas por medio de la Atención Mental”.  

           Simone Weil, un alma extraña, “profunda pero estrecha” clamarían sus críticos, asumió que la realidad de este mundo es el único fundamento de los hechos, y que para comprenderlos y transformarlos sólo hay una acción individual y colectiva posible: la política de la atención.   

  • Cuidado con el porro

    Cuidado con el porro

    Administración de los males públicos

    Jorge Pech Casanova

    Los caricaturistas Rius, El Fisgón y Helguera fundaron en 1994 El Chahuistle, la revista de sátira política más exitosa, hasta entonces, de entre los diferentes proyectos editoriales de Eduardo del Río, ya reconocido por historietas como La Garrapata, Los Supermachos y Los Agachados, además de numerosos libros que entretejieron la caricatura y el ensayo didáctico.

    Año en que los crímenes de Carlos Salinas de Gortari y la insurgencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional atizaban la indignación de las juventudes, mientras el desastroso régimen de Ernesto Zedillo llevaba a la ruina a la población (a los marginados, como de costumbre, pero también a desprevenidos propietarios de negocios). El Chahuistle reprobó los crímenes del gobierno neoliberal y avivó la admiración por el neozapatismo.

    Cuando la publicación estaba en su apogeo, en 1997, el dueño de Ediciones Posada, Fernando Mendizábal, bajo cuyo sello aparecía El Chahuistle, decidió apoderarse de la revista. Tras forzar la salida de Rius, El Fisgón y Helguera, convocó Mendizábal para suplantarlos a un grupo de cartonistas de periódicos conservadores.

    En una entrevista que le hicieron Maira Benítez y José Miguel Alva para el sitio Komikaze, Rius evocó su malogrado proyecto: “El Chahuistle nació cuando el hijo de Guillermo Mendizábal, Fernando (un pillo corrupto) me pidió que le volviera a hacer la historieta [Los Agachados]. Yo le reviré, proponiéndole mejor una revista hecha entre tres moneros (El Fisgón, Helguera y yo). Creo que nos quedó bien chida, pero nos topamos con un editor que no sabía nada de nada, excepto robarnos alegremente. Luego hicimos El Chamuco, añadiendo a Patricio y Hernández a la dirección colectiva”.

    En la entrevista, Rius recordó otras desafortunadas experiencias editoriales: “Creo recordar que al terminar el número 100 de Los Supermachos, sabiendo que se acababa mi participación con el bribón de Octavio Colmenares (el editor), decidí regresar a Calzonzin al cerro en que vivía, y recuperarlo después para otra historieta, cosa que no se logró por las pillerías de Colmenares, que me despojó de mis personajes”.

    Lo que Rius no comentó fue que en el despojo de El Chahuistle intervino como jefe de esquiroles Antonio Garci Nieto, actualmente señalado por infamar a la senadora chihuahuense Andrea Chávez Treviño mediante una publicación alterada digitalmente.

    Garci Nieto se identifica así en su blog personal: “Soy caricaturista y guionista de humor desde 1990, he escrito varios libros de humor, comedias para el teatro, películas y programas de comedia”. Otros medios informan que en la actualidad publica cartones en los medios conservadores El Financiero y elDiario de Yucatán, y ha colaborado en proyectos de radio y televisión, principalmente en programas para los “comediantes” de Televisa Víctor Trujillo, Eugenio Derbez, Israel Jaitovich y Los Masca Brothers.

    En 1997, cuando el editor Mendizábal despojó a Rius, El Fisgón y Helguera de El Chahuistle, requirió a Antonio Garci para dirigir a los esquiroles en la revista. Garci publicaba por entonces una tira titulada “El Licenciado”, tibia burla hacia la burocracia mexicana. El esquirol en jefe rápidamente convocó a cartonistas de diferentes medios y trató de suplantar a Rius y colaboradores con una revista renombrada El Guajolote.

    El escritor y novelista gráfico Bernardo Fernández BEF relató en septiembre de 2009 ese episodio en su blog «monorama»: “A través de Efrén, Toño Garci nos invitó a un grupo de aspirantes a moneros a trabajar en una nueva revista de humor llamada El Guajolote. Recién egresados y desempleados, no dudamos en aceptar. Éramos Bachan, Carcass y Alfonso Escudero. Una vez dentro, supimos que Editorial Posada —que era la misma donde se publicaba El Chahuistle, la revista de Rius, Helguera, Patricio y El Fisgón— había tenido problemas con los moneros y todos habían renunciado. ¿Le entran?, nos preguntaron. Difícil negarse. Quince años después lo sigo lamentando. Sí, fui un esquirol de la caricatura”.

    “El Chahuistle se editaba al vapor.  […] Las juntas creativas eran horribles. Nos juntábamos con el dueño de la editorial, hijo del fundador, unos doce colaboradores, entre guionistas y moneros. Platicábamos de las noticias y se asignaban tareas. Normalmente se tomaba la frase de la semana, alguna declaración absurda, y se repetía hasta el infinito en todos los cartones. O se hacía referencia a la película de moda para hacer una parodia a la MAD con políticos. Fue ahí donde me decepcioné de la labor del caricaturista político. El trabajo era repetitivo, apresurado y poco interesante”, detalla el novelista gráfico.

    “El período del Chahuistle se agotó rápidamente. El editor, Fernando Mendizábal, nunca pagaba a tiempo y llegó un momento en que dejó de pagar del todo. Finalmente la revista se agotó y murió silenciosamente. No rescataría nada del material que dibujé con mis amigos en aquel tiempo. No vale la pena”, concluye BEF.

    El monero garsiniestro, porro en la década de 1990 contra los caricaturistas de izquierda, se convirtió en 2017 en feroz enemigo del proyecto político del Movimiento de Regeneración Nacional. Debido a su nulo talento, Antonio Garci pronto dio en publicar insultos directos contra hombres y mujeres morenistas en la red de odio X (antes Twitter). Sus ataques ruines arreciaron en 2024 durante la campaña presidencial y el posterior triunfo electoral de Claudia Sheinbaum Pardo.

    Al asumir Sheinbaum la presidencia, garsiniestro pasó a insultar mediante cartones y la plataforma X a las mujeres de MORENA que obtuvieron cargos públicos. El 4 de octubre Garci publicó en su cuenta de X una falsificada imagen pornográfica de la legisladora Chávez Treviño, acompañada del letrero “La cenadota [sic] de la república”. El porro, junto con sus patrones derechistas, celebró su “gracia”.

    La senadora Chávez evitó al principio responder a la ofensiva publicación, pero al fin anunció que denunciará al violentador para que se le aplique la Ley Olimpia, la cual busca sancionar los delitos que violen la intimidad sexual de las personas a través de medios digitales, mediante sanciones de tres a seis años de prisión y multas de 500 a 1,000 Unidades de Medida y Actualización (UMA). Cada UMA se cotiza en 89 pesos con algunos centavos.

    Al darse cuenta de que la ley puede alcanzarlo, el porro garsniestro primero intentó desligarse de su publicación y enseguida pasó a autodenominarse “perseguido político”, a pedir derecho de asilo al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, y aun suplicó auxilio a la diputada ultraderechista española Cayetana Álvarez.

    Tan miserable ha sido el actuar de Antonio Garci, que el diario en el cual publica sus agresiones dibujadas publicó el 9 de octubre: “La senadora Andrea Chávez denunció ayer una campaña misógina de colaboradores de El Financiero, especialmente de un caricaturista que colabora en este medio. Aunque la difusión de una fotografía trucada a la que alude la senadora fue difundida sólo en las redes sociales del caricaturista, este medio condena el uso de ese tipo de imágenes en cualquier plataforma, incluso una red social. Debe tener certeza la senadora Chávez de que en El Financiero encontrará un espacio en el que recibirá un trato digno e imparcial, independientemente de diferencias en ideas políticas”.

    Unos cuantos cartonistas y “comediantes” de la derecha aplaudieron a garsiniestro. Tres, tan solo: el amargado Francisco Calderón y el lamentable René Franco se sumaron a una descabellada consigna del casi invisible Sergio Iracheta: “Todos somos Antonio Garci”. Estos rancios derechistas se niegan a admitir que la mayoría de la población en México quiere que los violentadores dejen de recibir aplausos pagados por caducos conservadores.

  • La muerte del astrólogo

    La muerte del astrólogo

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    I.

    Aquellos días londinenses de enero fueron particularmente brumosos y fríos. Pero el clima no impidió que las gentes asiduas a los merenderos de moda y los teatros de variedades, lo mismo que los abrigados transeúntes en las concurridas calles arrebataran a quienes lo ofrecían un cuadernillo de veinte peniques cuyo título era Predicciones para el año de 1708 firmado por un tal Issac Bickerstaff, vaticinador hasta entonces desconocido por el público inglés.

             Entre sus anticipaciones, fundadas todas en la ciencia del porvenir que deparan los astros, se anunciaba la muerte del astrólogo John Partridge, éste sí ampliamente conocido y hasta célebre, para el 29 de marzo de ese año. La noticia causó conmoción entre los fieles de Partridge, que sumaban bastantes, y también entre sus malquerientes, tan considerables como los primeros. La astrología era un empeño bien acreditado entonces e influía entre príncipes, hombres de poder y gente de alcurnia, los cuales solían consultar a los augures tanto para lo público como para lo privado.  

              Puede suponerse que el mismo astrólogo aludido se burló de la predicción sobre su próxima muerte, no solamente porque sus propios cálculos astrales desmentían la atrevida conjetura, sino porque Issac Bickerstaff no era nadie, y siendo nadie no existía. Pero alguna duda debió quedarle porque se sabe que discretamente pidió a un tercer astrólogo comprobar si los idus de marzo le serían fatales. Los signos del firmamento reiteraron que seguiría vivo, aunque el horóscopo obtenido contenía una revelación plutónica, ambigua e inquietante: ¿muerto en vida? Así, con signos interrogantes, lo escribió el pronosticador solicitado por Partridge al calce de la hoja que le envió con el resultado de la consulta.

              El 30 de marzo los vendedores vocearon por las calles de Londres una Elegía escrita por Jonathan Swift, deán de San Patricio en Dublín y autor entre otras obras legendarias de Los viajes de Gulliver, a la muerte de John Partridge. Días después apareció un panfleto del mismo escritor irlandés que, como el anterior, no tardó en agotarse: El cumplimiento de la primera de las predicciones del Sr. Bickerstaff y un informe completo de la muerte del Sr. Partridge.

              El astrólogo cometió la torpeza de afirmar que aún vivía, a lo que Swift respondió con una Vindicación del caballero Issac Bickerstaff: “Existe una objeción contra la muerte del señor Partridge: que aún continúa escribiendo almanaques. Pero esto no es más que lo que es común a todos los de su profesión: Badbury, el pobre Robin, Dove, Wing, y varios otros, publican anualmente sus almanaques aunque están muertos desde antes de la Revolución… La razón de esto es que, siendo el privilegio de otros autores vivir después de su muerte, los fabricantes de horóscopos están excluidos porque sus disertaciones sólo tratan de los minutos que pasan, y se vuelven inútiles cuando éstos se han ido; en consecuencia, el Tiempo —cuyos registradores ellos son— les da la oportunidad de continuar sus trabajos después de la muerte. O, quizá, un nombre puede hacer un almanaque tan bien como puede venderlo… Por consiguiente, si un cadáver mal informado anda todavía dando vueltas y se da el gusto de llamarse John Partridge, el caballero Issac Bickerstaff no se siente de ningún modo responsable”.

              El feroz asalto contra el célebre astrólogo continuó sin mostrar ninguna clemencia. Otros autores amigos de Swift tan importantes y respetados como Congreve, Pope o Steele se sumaron al ataque publicando panfletos, anuncios y disquisiciones que certificaban la inexistencia de Partridge y su muerte acaecida efectivamente un 29 de marzo conforme a la predicción del desconocido Bickerstaff. El público se regocijó ante el espectáculo de un chivo expiatorio que todos los días fracasaba en demostrar lo que de tan obvio se volvía indemostrable: el simple hecho de seguir existiendo cuando su muerte con fecha anticipada se iba convirtiendo en un decreto compartido por todos, incluso por aquellos que poco antes estaban de su lado.

              “La sátira —escribiría Swift un par de años antes— es una especie de espejo, cuyos contempladores descubren en él los rostros de todo el mundo, excepto el propio. Esta es la principal razón de la amable recepción que encuentra en el mundo, y de que tan pocos se sientan afectados por ella”. Tampoco Partridge quiso verse en tal espejo, pero le resultó imposible convencer a sus congéneres de que aquel no era su reflejo y hasta a las mismas autoridades, las cuales acabaron retirándole el permiso para imprimir y vender sus predicciones: sin morir, el astrólogo ya había muerto.

              Durante algún tiempo todavía se discutió el asunto con hilaridad y vehemencia. El astrólogo desconocido no volvió a publicar ningún otro oráculo y se evaporó del horizonte de los almanaques tan inesperadamente como había llegado. Quizá hubo quienes creyeron que el montaje había sido un invento malévolo y menor entre las muchas maestrías del deán de San Patricio, renovador del idioma, gran escritor y periodista, además poseedor de la Gaya ciencia, la Lengua de los dioses o de los pájaros, según le atribuyeron con justicia sus contemporáneos más ilustrados, pero nadie puso en duda sus rotundos alcances, pues por las buenas o por las malas, siendo real o ficticia, la predicción astrológica de Issac Bickerstaff había acertado: John Partridge murió un viernes 29 de marzo.

    II.

    La historia de las letras consigna que desde su muerte Jonathan Swift ha venido soportando un equívoco cruel: nunca escribió para divertir a los niños sino para juzgar a los hombres, incluyéndose él mismo en ese empeño, y sin embargo su corrosiva obra, vuelta pueril por la sociedad del espectáculo, hoy se conoce solamente en insulsas películas animadas y abreviados cuentos infantiles. De ahí que el poder de su genio y la índole de su mensaje permanezcan ignorados por casi todos. Aquella temeraria aventura de enfrentarse a la necedad humana y retratarla con ironía desembocó en una dirigida trivialización. El inexorable maestro de la demolición razonada que fue Swift ahora resulta una entretenida nodriza.

           “El fin principal que me propongo en todos mis trabajos —confió a su amigo Pope en 1725— es vejar al mundo antes que divertirlo”. Si consiguió esa vejación durante su vida después no fue por mucho tiempo. En el fondo nadie sabe para qué y por qué escribe, salvo que se invoque como pretexto la consigna de Joyce, otro genial compatriota del minucioso e implacable deán: “¡Escribe, maldita sea, escribe! ¿Acaso sirves para otra cosa?”

           Los críticos afirman que Swift —“un hombre que vivió la Edad de la Razón con integridad tan obstinada, tan ‘enfermiza’, que la razón se le deshizo entre las manos”— supo que los principales opresores de la gente son el prejuicio, la cómoda costumbre y la cobardía, y que no hay cárceles tan herméticas como las de la mente. Propuso saltar el abismo entre lo que los seres humanos son y lo que podrían ser mediante la burla y el sarcasmo, a la manera de un reactivo ético e intelectual capaz de modificar las acciones cometidas por la bestialidad antes que por la razón. “La sátira es una especie de espejo —escribió—, cuyos contempladores descubren en él todos los rostros del mundo, excepto el propio. Esta es la principal razón de la amable recepción que encuentra en el mundo, y de que tan pocos se sientan afectados por ella”.

           A diferencia de otro gran autor satírico del siglo veinte, el vienés Karl Kraus que aconsejaba ahorcar a los adversarios y cretinos con sus propias citas, Swift levantó el “delicado mecanismo” de sus burlas —de las cuales se decía que era posible contar las puñaladas por centímetro cuadrado— exhibiendo el sentido común de la hipocresía social, aquella que apela al lado práctico de la realidad. Así, mediante el expediente de aparentemente adherirse a ella sin reservas, hacía explotar cualquier cuestión: la sugerencia para servir cocinados a los hijos de los pobres en la mesa de los ricos, beneficiando a los sufrientes niños y a sus necesitados padres; el hundimiento de un político bajo una avalancha de elogios hiperbólicos y desmedidos; los exquisitos consejos a los criados para joder sabiamente a sus amos.

           Las reglas de la autoironía (la sátira dirigida a uno mismo) suponen tres pasos: a) no defenderse de la crítica, b) seguir su mismo sentido, y c) aumentarla. Siglos antes de que la psicología contemporánea lo propusiera, Swift recurrió al sublime ejercicio de utilizar lo que se sabe para mostrar lo que se desconoce, de entender lo normal como reverso de lo patológico.

           Del libro Viajes por varias naciones remotas del mundo, atribuido por Swift a Lemuel Gulliver, sólo ha quedado un término mundialmente conocido, el del portal cibernético Yahoo, que viene del término yahoos (por you, “usted, ustedes), los bestiales seres humanos dominados por equinos inteligentes que han fundado una sociedad racional. Esa parábola, la de los houyhnhnms y la de los yahoos, no es una denigración de la humanidad sino un desafío para lograr su dignidad. En ella Swift pone en boca de Gulliver reflexiones proféticas como ésta: “Dije que había entre nosotros una sociedad de hombres educados desde su juventud en el arte de demostrar, mediante palabras intencionalmente multiplicadas, que lo blanco es negro y lo negro es blanco, según como se les pague. De esta sociedad, el resto de la gente es esclava”.

           El escritor inglés escribió que “pensar en Swift es como pensar en la ruina de un gran imperio”. Dicho imperio fue el de la razón, que si en tiempos de Swift ya sufría decadencia ahora se encuentra en plena descomposición. Su epitafio, redactado por él mismo, condensaría aquella vida ejemplar: “Retírate, viajero, e imita, si puedes, su viril defensa de la libertad”. Esa defensa fue la de la libertad mental.

           Jonathan Swift moriría insano, según su época, o loco, según la nuestra. El maestro de la demolición (o de la deconstrucción, como se nombraría ahora su método para cambiar el eje de la significación), el gran escritor de la razón irónica y la burla que parecía seriedad perdería la cordura al final de sus días. Eso no cancela un ápice tanta como ejerció.

  • Una muerte sencilla, justa

    Una muerte sencilla, justa

    Culturas impopulares

    Jorge Pech Casanova

    El 1 de octubre de 2024 la economista Ifigenia Martínez y Hernández entregó la banda presidencial a Claudia Sheinbaum Pardo, la primera mujer en convertirse en presidenta de los Estados Unidos Mexicanos. El sábado 5 de octubre Ifigenia Martínez falleció. Se había apersonado al Congreso de la Unión con un tanque de oxígeno, pues a sus 99 años de edad su estado de salud era muy precario (nació en 1925, según datos del Congreso de la Unión).

    Sin embargo, esta mujer que se distinguió por sus logros académicos y su participación en la izquierda mexicana acudió a la ceremonia en que una mujer asumió por primera vez en la historia de México el cargo de titular del poder Ejecutivo. No podía faltar Ifigenia Martínez a ese acto, el cual esperaba desde hacía décadas. Además, la actual mandataria votó simbólicamente por la veterana izquierdista en las elecciones del 2 de junio de este año.

    La doctora Martínez y Hernández fue la primera mexicana que obtuvo un posgrado en Economía por la Universidad de Harvard. Obtuvo el Premio Nacional de Economía en 1960 y destacó en el ámbito académico. Su trayectoria política desde 1988 la confirmó como una destacada activista de la izquierda mexicana. Su muerte, en un momento en que se confirman los postulados que impulsó durante los últimos cuarenta años, la sitúan como una de las mexicanas valiosas que marcan la historia reciente.

    Como otras mujeres de izquierda, Ifigenia Martínez ha sido un ejemplo de superación y de firmeza para todas y todos los habitantes de nuestro continente. Su figura se suma a la de Rosario Ibarra de Piedra y a las de otras activistas que dedicaron sus vidas a trasformar el sistema político para que las mujeres tengan cabida en la toma de decisiones nacionales.

    Pese a los logros de la académica y política, los voceros ignominiosos de la derecha mexicana montaron en cólera cuando la difunta economista entregó la banda presidencial a Claudia Sheinbaum. Las voces más ultrajantes descalificaron a la veterana senadora por su estado físico, sin considerar el esfuerzo que hizo a sus 99 años de edad para intervenir en la toma de protesta presidencial.

    Un notorio difamador, Marco Levario Turcott, dejó este comentario en su cuenta de X al darse a conocer el deceso de la académica y política: “Fallece Ifigenia Martínez, a los 94 [sic] años de edad. El populismo en el poder la usó como símbolo (y ella aceptó gustosa). Incluso este 1 de octubre todos vimos cómo no podía sostener la banda presidencial. Ya se veía inerte, desencajada, pero eso no le importó a quienes la usaron”.

    Otro infame, Arturo Villegas, añadió insidias en su cuenta de X: “No, Ifigenia Martínez no fue una prócer de la democracia ni representó la lucha de las mujeres. Su lucha por la democratización de México, durante los años 80’s y 90’s con el PRD de Cárdenas y en algunas ocasiones haciendo equipo con el PAN de Maquío, se vio opacada por su servilismo a López Obrador durante los últimos años. La maestra Ifigenia fue coordinadora económica de las campañas de Andrés Manuel, fue testigo y cómplice del inicio de la dictadura en 2018 y de la consumación de la misma en el 2024”.

    A coro, los voceros de la derecha sórdida lanzaron injurias a la académica en la semana del 1 al 7 de octubre de este año, y seguirán perpetrando esa ignominia. Dado que carecen de argumentos contra Ifigenia Martínez, respetadísima por su trayectoria académica, su recurso son dentelladas y ladridos, tan furiosos como patéticos, porque de sus filas no pueden extraer un solo ejemplo de mujer con los méritos de la fallecida senadora.

    En el fondo, lo que suscita la rabia de los voceros derechistas es la imposibilidad de ofrecer un buen ejemplo de entre sus partidarias. ¿A quién podrían referirse el resentido Levario o el canallesco Villegas, entre las priistas que aún alientan en el partido naufragante? ¿A María de los Ángeles Moreno, cuestionada por el asesinato de su líder José Francisco Ruiz Massieu? ¿A la depredadora ex gobernante Dulce María Sauri? ¿A Beatriz Paredes, quien sumisamente abdicó a la candidatura presidencial que le correspondía cuando un grupo de hombres impuso a una sustituta inepta?

    ¿Y qué decir de las mujeres que se han exhibido recientemente en el Partido Acción Nacional como enemigas de la izquierda? El lamentable desempeño electoral de Xóchitl Gálvez demostró lo que era claro desde el principio: fue una figura designada para perder con tal de que los hombres del PRI y del PAN pudiesen asegurarse cargos públicos mediante el desvirtuado mecanismo plurinominal. Las manifestaciones soeces de Gálvez, sus desplantes de ignorancia y su carencia de programa de gobierno impulsaron a la mayoría de votantes a elegir a Claudia Sheinbaum.

    Ni qué decir de personajes impresentables y patéticos como Margarita Zavala, incapaz de articular frases inteligibles en una alocución de escasos tres minutos, o la desquiciada Lily Téllez, cuyos discursos descuellan por sus improperios y desvaríos; al margen, por ahora, los desplantes violentos, vulgares y procaces de la no menos desquiciada Sandra Cuevas, prófuga de todos los partidos y que ahora pretende crear el suyo propio.

    Ningún buen ejemplo que oponer tienen los esbirros derechistas frente a las mujeres empeñosas de la izquierda. Pero eso no es ningún cheque en blanco para la presidencia de Claudia Sheinbaum, sino una llamada al orden. Ante la carencia de buenos ejemplos en la oposición decadente, urgen figuras con ética, preparación y cordura en la oposición. No es sano que el partido en el poder crea que sólo de su lado hay personas con mérito.

    Para prevenirnos sobre esa falsa confianza están los casos de no pocos gobernantes morenistas cuyas administraciones ningún buen saldo arrojan. Como el Guerrero de Evelyn Salgado, donde no sólo padece la población los fenómenos naturales, sino las prácticas más siniestras de desestabilización política. Las emplean grupos criminales a los que no es improbable que estén vinculados actores partidistas. Ejemplo, las recientes ejecuciones del presidente municipal Alejandro Arcos y del secretario Francisco Tapia, del ayuntamiento de Chilpancingo, que incluyeron la macabra decapitación del primero.

    Es cierto que por ahora la izquierda morenista tiene una enorme ventaja moral sobre sus opositores, al contar con figuras tan íntegras como Ifigenia Martínez, y al marcar el fin del predominio patriarcal en la presidencia de la república. Sin embargo, esa superioridad provisional debe ser reforzada con una actuación responsable, estricta y urgente para que no se multipliquen las inmolaciones políticas.

    Grupos criminales han sabido capitalizar ejecuciones como los de Luis Donaldo Colosio y Ruiz Massieu. No olvidemos que esos crímenes beneficiaron a personajes como Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, emisarios del peor pasado que aún revolotean —igual que buitres— sobre los cadáveres que la perversidad multiplica en suelo mexicano.

  • Block out

    Block out

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    De pronto los asuntos se esfuman, como si la corriente del tiempo los devorara en un punto inmóvil entre las cosas. Lírica de la vida que se detiene. Bloqueo de una mente que pajarea porque el lenguaje de los pájaros la lleva a volar de rama en rama. Así es aquí. El instante inmediatamente se vuelve otro instante y otro y otro más.

           Pero hablo de las veces en que el instante se detiene, como ahorita, cuando el tiempo está fijo. No es que no sucedan fenómenos mientras tanto: la fluida danza de la realidad sigue en incesante movimiento. Pero todos sus retozos son insustanciales porque están vacíos. Entender esto puede ser clave, como afirma…

           —¡Carajo! Ya va usted a citar a alguien notable. A veces pareciera que nunca escribe algo personal.

           —Será que uno siempre es otro para los otros.

           —¿No le parece que citar es un alarde culto y discriminatorio?

           —No. Me parece que esa tendencia de uniformar todo hacia abajo y no hacia arriba es responsable de nuestra barbarie.

           —¡Ay, bájele! Nadie se muere por inculto.

           —¿No cree que también por eso se muere?

           He conocido muchos autores que no utilizan comillas; toman, pero no dicen de dónde. Por no llamarle plagio, elegantemente lo nombran intertextualidad. Escucho a Regina Spektor, su música casi desnuda. Cuando las formas y los ritmos musicales cambian, se producen cambios en los acontecimientos más importantes. Esta música posmoderna y multicultural, engañosamente simple, refinada, ¿qué tipo de cambio anunciará? Quizá la emergencia de los juglares para contrarrestar a los heraldos negros de la crisis tentacular y todo lo demás.

           Los asuntos regresan: la rueda de la fortuna nunca se pudo estar quieta. Ayer me enteré de un conocido que volvió a caer enfermo. Mi mujer dijo que es un hombre sin la fuerza interior para curarse. Yo me pregunto, ¿qué es la fuerza interior? Este sujeto está expiando las fechas cruciales de su biografía. También puedo pensar que mi conocido cambió de profesión: ahora se dedica a ser enfermo.

           Existe un poderoso vínculo entre el enfermo y el contexto del cual viene, el de las víctimas impensadas, los ciudadanos de ahora que en lugar de atender a sus abuelas viejas y enfermas demandan un sitio para su confinación. Espacios concentracionarios del moderno estado burocrático-policial: la cárcel, el trabajo, el desempleo, la escuela, el vagón de metro, el condominio, el asilo, el hospital, las casas en serie, el arroyo vehicular, el crimen organizado y el desorganizado además.

           De ahí que uno implore a los dioses llegar con el cuerpo más o menos autosuficiente y la mente en buen estado o si se puede intacta hasta el final. Y no vivir las némesis médicas de estos días de agonías eternizadas en los quirófanos y los sedantes, muriendo inconscientes entre tubos. La gente alteña del santo desierto donde vivo ha conservado su estoicismo. Mantienen la antigua costumbre de entrar a la muerte con los ojos abiertos y sin anestesia general.

           Un poeta pidió al Creador que a cada uno diera una muerte propia. La petición tiene vigencia pues hoy ocurren tantas muertes ajenas que vivir la propia es capital. Los budistas theravada aseguran que el último pensamiento al morir determina el siguiente y desde ahí toda la serie de los que surgirán en el nuevo ser, ése que como una vela moribunda que prende otra vela vuelve a existir bajo una nueva apariencia y otro destino. No es lo mismo de antes, pero es.

           —Entiendo, nos va a decir que somos lo que pensamos.

           —Sí, nada más. Presos en nuestra mente o libres desde ella.

           —Así que no hay realidad objetiva, nos la imaginamos.

           —La realidad es un modelo que la mente habita. Cambia la mente, cambia el modelo, cambia la realidad. Cambiar la mente es avanzar con ella, desde ella. El maestro es ella.

           —Ándele, dígaselo a los palestinos destruidos por el genocidio sionista, a los libaneses expulsados de sus hogares por el horror judío. Que cambien su modelo mental. Que la mente es la maestra.

           De pensamiento en pensamiento se hacen nuestros días. ¿Qué es lo que transmigra cuando un ser muere aquí y otro nace allá? La neurosis, según los budistas contemporáneos. Los problemas de la conciencia no son las definiciones, sino su aplicación. Puedo decirme que debo liberar mi corazón del odio, mi mente de las preocupaciones, vivir de forma simple, dar más y esperar menos. Lograrlo es otra cuestión.

           A los caballos se les llama pajareros cuando se espantan con facilidad. Mi mente pajarera vuelve a quedarse flotando en el instante. Me pregunto entonces de qué voy a escribir. Titubeo. Al fin decido hacerlo de la vida que pasa. El título del texto es simple franqueza: Block out. A veces existir es como vaciar un cubo lleno de nada, desagregar una parte de algo o evaporar una ilusión inútil. A veces la mente suspende su parloteo y no tiene para qué juzgar. Las golondrinas de los pensamientos se posan inmóviles sobre el alambre: practican el arte de callar.

           El texto da inicio: “De pronto los asuntos se esfuman. Hay tantos temas que hoy no hay. Se suceden las catástrofes y continuarán. El problema analítico es claramente de precisión predictiva: ¿vivimos una criba histórica, un final de época o los tímidos signos de un nuevo comenzar? Sabe, se dirá”.        —Se lo dije.. «, y no: «Se le dije…

  • De un hilillo pende la Verdad que dice Sombra… *

    De un hilillo pende la Verdad que dice Sombra… *

    Colaboraciones

    Pura López Colomé

    …como la savia

    que por el tallo asciende,

    vibra en su timbre

    y se enciende;

    apaga eso

    que estaba de más 

    esa carga de la vida;

    igual, cantando

    en otro sentido, 

    pende la hebra al aire

    de una bella telaraña rota,

    previo reflejo del cosmos.

              Sutil bordado 

              de viuda negra

              llorando.

    Sus lágrimas 

    minúsculas

    resbalan 

    perfectas 

    como el rocío,

    mientras las notas

    reverberantes                      

    se disolvían sin querer,  

    óvalos pálidos

    en uno de tantos lechos;

    y la sangre, ay la sangre 

              -sorda al desprendimiento

              del otro hilillo flotante-

    seguía su cauce

    con espesa lentitud

    trasladando, 

    sustanciando

    la poderosa intención

    de ancho río subcutáneo.

    Demasiado peso, 

    demasiada pena

    para un cuerpo común y corriente

    cuyas redes interiores 

    habían soltado ya

    tanta banalidad, tal indelicadeza.

    Y yo instalada en el recuerdo de

    la fuerza que por el verde tallo

    mientras la viuda retenía

    su misterio, 

    encerrado a piedra y lodo:

    alguien a las dos

    nos observaba 

    desde otra esfera

    a punto de articular

    el engañoso “aliento”

    que me diría al oído:

              será primavera

              cuando esta luz

              nos atraviese.

    [Me soñé despierta, vigilando tu respiración pausada, tu sonrisa involuntaria con los ojos cerrados. De la nada, comenzabas a hablar.  No entendía bien tus frases. Un remolino de palabras, sílabas sueltas, algo en torno a un tejido protector… un olvido de. Emisiones inconexas, eco vaporizando el ritmo de inhalación y exhalación.  Me acerqué y aspiré el dulce aire frío.  Principiaba el ciclo, según el calendario.]

    Misterio encarna

    la boca, 

    el burdo músculo interior

    cuyo nombre confunde

    lengua

    con multiplicación 

    babélica y deseosa.  

    Ella permite también 

    cantar a coro

    uno con uno,

    en acrobacia   

    sobre un hilillo

    de voz.  

    Que ahora lanzo a los cuatro vientos

    suplicando al buen entendedor

    al buen pastor

    al buen misterio

    a buen puerto llegar 

    a la buena de Dios

    a buena hora, 

    que cure  

    este dolor

    anónimo, 

    que nos toque la piel,

    nos toque en suerte,

    nos arranque 

    los acordes 

    que anuncien

    el fin

    dando fin

    a esta falta atroz

    de compasión.

    [Sin la menor sombra de duda y comenzando por la sombra, la palabra, profeta en su tierra, se cierne sobre esta tierra adolorida.  Un recuerdo aislado, sumergido en la emoción adolescente, ahora me grita que la elegía de W. H. en memoria de W. B. concentraba todas las respuestas.  Me pone los cabellos de punta.  Recuerdo haber leído esellanto atronador, dejándome penetrar por su verdad sin religión: “la poesía no hace que algo ocurra”, haberlo sentido en carne propia:  no revive a mis muertos, deja en su lugar un canto fúnebre.  Ese verso, tan manoseado, lleva después, en las frases contiguas, el relámpago, la tangible profecía, esa que nadie cita ni recita, en la que muy pocos reparan: “sobrevive en el valle de su decir … fluye hacia el sur, entre granjas desoladas, rebosantes de congoja, pueblos toscos en los que creemos y morimos; sobrevive, una manera de ocurrir, una boca”.  En efecto, la poesía no hace nada (como se dice de un animal que parece violento y agresivo, pero también sabe llorar, echar cataratas de ternura por los lagrimales).  No hace “nada”, (su decir) no hace daño. Solamente hace creer, hace mirar, hace pensar, hace llorar.  Esta vox clamantis vaticinó lo que seguirá vivo.  Nos iremos yendo uno por uno, de diez en diez, de cien en cien, de mil en mil, este afónico concierto de las almas. Nos iremos yendo.  Con todo y lengua.  W.B. “desapareció en pleno invierno”, según el calendario. Como mis sueños.  O mis recuerdos.]

    Mientras las cuerdas 

    vocales

    sean

    Primavera

    Mientras los hilos 

    asciendan 

    por el tallo de la flor

    Verano

    Mientras la miniatura

    de estas vidas

    alcance y conmocione

    Otoño

    Mientras llega el invierno.

    Mientras se vaya yendo.

    *Paráfrasis de Paul Celan

    Poema tomado del libro Expósita (Fondo de Cultura Económica, México, 2024).

  • El olvidado crimen contra Sali Grace

    El olvidado crimen contra Sali Grace

    Administración de los males públicos

    Jorge Pech Casanova

    Marcella Sali Grace Eiler, de 20 años de edad, fue asesinada en San José del Pacífico durante la madrugada del 15 de septiembre de 2008. En los medios informativos locales se atribuyó la muerte de la muchacha estadounidense a un pleito pasional agravado por el consumo de drogas. El periodista y escritor John Gibler, al investigar los hechos, halló que eran muy distintos a la versión oficialista.

    Sali Grace era activista de la alimentación y bailarina de danza árabe. Había llegado a residir en Oaxaca en 2007. Impartía cursos de danza en un instituto de la capital oaxaqueña y tenía contacto con organizaciones dedicadas al activismo cultural en la Ciudad de México. En Oaxaca colaboró dando cursos de dibujo infantil con la agrupación Consejo Indígena Popular de Oaxaca “Ricardo Flores Magón” (CIPO RFM).

    A principios de 2008, Sali Grace viajó a Chiapas para unirse a una caravana en apoyo al movimiento Neozapatista. Así llegó a la Ciudad de México, donde, detalla Gibler, “pasó algún tiempo con una comunidad muy unida de artesanos y percusionistas que se reunía en el auditorio ocupado ‘Ché Guevara’, en la UNAM”.

    Era septiembre de 2008. En el conglomerado del auditorio, Sali se reencontró con Julieta, amiga a la que conoció en Oaxaca. Julieta le sugirió a Sali festejar el Día de la Independencia en Oaxaca, en la comunidad de San José del Pacífico, a medio camino de la capital oaxaqueña y la costa. El plan de ambas era obtener alojamiento a cambio de clases de danza en un local llamado “La Taberna de los Duendes”, cuyos propietarios eran amigos de Julieta.

    A punto de salir para Oaxaca, Julieta tuvo que demorarse porque hubo amenazas de que desalojarían a su grupo del auditorio universitario. Le mandó un mensaje de texto a Sali para pedirle que saliera antes y buscara en San José del Pacífico a los dueños de la taberna. Ellos tenían la dirección de Paco, un amigo que alojaría a Sali en lo que Julieta la alcanzaba.

    Sali Grace se presentó en “La Taberna de los Duendes” el 14 de septiembre a las once de la noche. Era domingo y los tres propietarios del sitio iban a cerrar. Miraban la televisión cuando Sali llegó a proponerles sus clases de baile. Uno de los propietarios le pidió a la muchacha volver al día siguiente. Ella le preguntó cómo llegar a casa de Paco, en las afueras del pueblo. Como era tarde, el dueño de la taberna trataba de mandarla a un hostal, cuando un hombre se inmiscuyó en la conversación.

    El propietario del local asegura que aquel individuo, a quien llamaban “El Franky”, nunca antes había entrado a su negocio. San José del Pacífico es un pueblo pequeño, donde los lugareños sabían que “El Franky” ocupaba en el bosque el jacal de un hombre llamado Antonio, quien por entonces estaba fuera del país.

    “El Franky” dijo conocer a Paco, invitó a Sali Grace una cerveza y le ofreció acompañarla. Los dueños del establecimiento los vieron platicar un rato en una mesa y salir. Nunca más volvieron a ver a Sali ni al inesperado “guía”.

    El 24 de septiembre, Felipe, un campesino escuchó aullar a los perros en la choza de Antonio y supuso que “El Franky” los había dejado sin comer. Al acercarse al jacal para dejarles algún alimento a los animales, Felipe halló la puerta abierta. Adentro vio el piso manchado de sangre, al tiempo que un hedor terrible lo atosigó. Corrió por ayuda.

    En la cabaña estaba el cuerpo descompuesto de Sali. La autopsia indicó que fue atacada varias veces con un machete. Tenía un tajo en un antebrazo, otro en un costado, una herida penetrante en la espalda y otra en el pecho, que resultó mortal. Al cadáver le faltaban los ojos y el cabello. Además, la cara estaba ennegrecida, como si se la hubiesen quemado. La autopsia no explica cómo ocurrieron esos macabros detalles.

    La policía estatal retiró los restos, asumió que “El Franky” había asesinado a Sali después de que ambos consumieron drogas y dejó el caso sin resolver. La amiga de Sali, Julieta, tuvo que ir a reconocer los restos. Quedó horrorizada por la violencia del crimen.

    La agrupación política a la que Sali aportó clases para niños, CIPO RFM, difundió que la joven era perseguida por el régimen de Ulises Ruiz Ortiz (era conocida la represión de este bestial gobernante contra las organizaciones sociales que lo impugnaron en 2006 y 2007).

    Julieta, la amiga que reconoció el cadáver, se indignó por las falsas versiones políticas que desvirtuaban el asesinato de Sali. En San José del Pacífico le comentaron que “El Franky” provenía de la Ciudad de México. Con tal información, Julieta pidió a su red de amigos localizar al asesino. Lo hallaron con rapidez, lo capturaron y entregaron a la policía.

    El hombre llamó la atención de quienes lo abordaron porque estaba herido en una pierna. Cuando le preguntaron dijo que pobladores de San José del Pacífico lo habían macheteado al matar a su perro. Después cambió su historia. Era el asesino de Sali Grace Eiler.

    Se llama Omar Yoguez Singu. A la policía le dijo ser artesano. En ese momento tenía 32 años de edad y antecedentes penales por dos intentos de violación. Se contradijo varias veces y, al fin, admitió haber matado a Sali Grace bajo el efecto de drogas. Después alegó que había confesado bajo tortura. 

    En octubre de 2008, mujeres integrantes de la Comisión Sexta del EZLN, de la Otra Campaña y de la Zezta Internacional, publicaron un manifiesto para exigir el castigo al asesino de Sali Grace: “… justificar una violación o un crimen de una mujer a partir de su sensualidad, su estilo de vida o el ejercicio de sus libertades jamás nos parecerá aceptable. Sabemos que una mujer como Sali, con esa postura fresca y natural ante la vida, resulta ofensiva para cualquier macho o misógino, así como para un Estado represor y patriarcal, que no acepta el comportamiento digno y libre de una mujer insumisa”.

    El asesinato de Sali Grace no volvió a mencionarse en medios informativos durante dieciséis años. Dado que los medios informativos publicitaron la aprehensión del criminal, los amigos de la víctima acaso creían que su asesino estaba en la cárcel.

    Sorpresivamente, pocos días antes de cumplirse el decimosexto aniversario del crimen, se supo que Omar Yonguez estaba libre y vive bajo un puente. Lo difundieron las influencers de TikTok Conder y Name, al observar desde su departamento al hombre tratando de protegerse de una fuerte lluvia en su refugio. Las jóvenes (sin haber escuchado nunca sobre el caso Sali Grace) publicaron en su cuenta un video en el que informaban que darían ayuda al indigente, a quien sus vecinos apodaban “Trapito”.

    Debido a que al difundir ese apodo las influencers recibieron muchasreclamaciones, algunas personas dedicadas al activismo social observaron con atención el video: reconocieron en el indigente al asesino de Sali. Las informaciones se cruzaron y las dos tiktokers decidieron retirar su apoyo al presunto violador y feminicida. Sin proponérselo, descubrieron que las autoridades dejaron sin castigo el asesinato de Marcella Sali Grace Eiler.

    La extraña aventura de Conder y Name ha evidenciado que un asesino que debiera estar preso, anda libre en la calle, haciéndose pasar por amante de los perros, como cuando atacó y privó de la vida a su víctima. La autoridad no ha manifestado ninguna intención de castigar ese feminicidio, pues ocurrió cuando el delito aún no estaba configurado en la ley. El injusto fin de Sali Grace sigue siendo uno de tantos feminicidios sin sanción en este país.

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