Morfema Cero

  • El juicio a Dominique Pellicot 

    El juicio a Dominique Pellicot 

    El laberinto del mundo

    José Antonio Lugo

    I. Dos juicios 

    A finales del siglo XIX, en 1898, Emilio Zola, afamado escritor, denunció, en la famosa carta «Yo acuso» dirigida al presidente de Francia, León Fauré, el antisemitismo y los engaños del «affaire Dreyfus» mediante el cual le querían endilgar al capitán francés culpas que habían cometido otros mandos en el Ejército. El proceso fue el más importante de la época. Hoy, ese lugar lo ocupa el juicio a Dominique Pellicot y otros 51 acusados. Veamos. 

    II. Hechos

    Durante años, Dominique Pellicot, un hombre cualquiera, sin mayores méritos ni aparentes vicios o defectos, drogó en Mazan, una pequeña población cerca de Avignon, a su mujer Gisèle para hacerla perder la conciencia y ponerla a disposición de otros hombres -igual de anodinos- para que la usaran sexualmente mientras él los filmaba. Eso pasó durante años. 

    Un policía inició una investigación contra Dominique, que filmó en la calle a una mujer con el fin de verla en ropa interior, sin su consentimiento. Fue acusado por una pena menor pero se inició una investigación. Al estar en su casa, los investigadores descubrieron un disco duro donde se guardaban las filmaciones que había hecho de su mujer siendo violada por los hombres que él contactó para ofrecérsela a cada uno. Así inició el juicio. 

    III. El juicio 

    En el caso de delitos sexuales, la víctima puede optar porque el juicio sea a puertas cerradas. Gisèle Pelicot decidió que el juicio fuera público y que en él estuvieran su marido y los 51 co-acusados. Quería «que la vergüenza no estuviera del lado de la víctima». Dominique, el marido, fue condenado a 20 años. Los demás, con diferentes penas. El segundo en número de años fue un joven seropositivo que, conociendo su condición -aunque su carga viral era baja- fue seis veces a abusar de Gisele. 

    El tribunal señaló, contundente: «No existe derecho que proteja el supuesto error de violar sin intención, de violar por accidente, de violar involuntariamente, de violar por estupidez, de violar por falta de cultura. Todos han «elegido». Todos han escogido aprovecharse de un cuerpo del que ninguno podía seriamente no percibir que era incapaz de expresar consentimiento». 

    La hija de Dominique le dijo a su padre en el juicio: «No quiero verte jamás por el resto de tu vida; morirás como un perro». Dominique contestó: «Todos morimos solos». Sin comentarios. 

    IV. Defender lo indefendible.

    «Usted y yo vamos a estar en esto totamente solos», le dijo a Dominique Pellicot su abogada defensora, Beatrice Navarro, apodada «la abogada del diablo». Y señala: «Voy a intentar que llegue un mensaje según el cual el hombre a quien yo defiendo no es un monstruo. Lo que ha hecho es monstruoso, incontestable, y no voy a minimizar su responsabilidad. Simplemente digo que se puede hacer algo monstruoso sin ser un monstruo».  Estamos de acuerdo en que todos los procesados tienen derecho a un juicio. Pero, en este caso cuando menos, defender lo indefendible sólo se puede hacer denigrando a la víctima y revictimizándola. ¿Se vale?

    IV. Elizabeth Roudinesco

    Esta historiadora del psicoanálisis publicó Nuestro lado oscuro: una historia de los perversos (Anagrama, 2009) en donde señala:

    «La perversión constituye un fenómeno sexual, político, social, psíquico, transhistórico, estructural, presente en todas las sociedades humanas. Todas las culturas comparten elementos coherentes -prohibición del incesto, delimitación de la demencia, designación de lo monstruoso y lo anormal y, naturalmente, la perversión tiene lugar en esta combinatoria. ¿Qué haríamos sin Sade, Mishima, Jean Genet, Pasolini, Hitchcock y tantos otros, que nos legaron las obras más refinadas que quepa imaginar?».

    Al final de su libro, hablando de la Queer theory afirma: «El discurso de la reconversión de las figuras de la sexualidad perversa en una combinatoria de los roles y posturas no deja de ser una nueva manera de normalizar la sexualidad. Borrar las fronteras y negar a la perversión su poder transgresivo en el dispositivo de la sexualidad humana, hasta el punto de censurar su nombre, equivale a hacer de la noción de lo borrado la medida de toda norma».

    V. La caricatura y dos películas

    Lo anterior se ejemplifica con una caricatura y con un film. En la primera, el director del circo le avisa a la mujer barbuda, al hombre gusano, al enano y a los demás miembros que el circo va a cerrar porque «ustedes ya no son raros». Lo vimos en Freaks, la genial película de Todd Browning de 1932, donde una mujer que quiere aprovecharse del enano es convertida por los otros fenómenos en una gallina. Es el precio de pertenecer a los raros. Pero, según Roudinesco, hoy, los raros somos todos, como se vio en la película Joker, donde toda la sociedad se pone la máscara del personaje.

    VI. El discurso de Gisèle

    Al salir de la corte, la víctima afirmó: «Quise, al abrir las puertas de este juicio el 2 de septiembre, que la sociedad pudiera implicarse en los debates que se celebraron. Nunca he lamentado esta decisión. Confío ahora en nuestra capacidad de construir colectivamente un futuro en el que todos, mujeres y hombres, puedan vivir en armonía, con respeto y comprensión mutua». Y añadió: «La vergüenza no es para nosotras, es para ellos», al tiempo que activistas contra la violencia sexual colgaron en una pared una pancarta en la que se leía «Merci, Gisèle«.

    Yo también digo: Gracias, Gisèle. Gracias a tu valor, a tu integridad, a tu sencillez, este juicio hará historia y sentará un precedente, como fue el juicio al capitán Dreyfus a finales del siglo XIX y principios del XX.  

     

  • Replicante octosilábico vs Sarmiento criogenizado

    Replicante octosilábico vs Sarmiento criogenizado

    ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? 
    Un contracanto argentino II

    Colaboraciones 

    Liliana Magdaleno Horta

    En la primera entrega de este texto presentamos un panorama general sobre los vasos comunicantes entre la novela norteamericana ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y la parodia que elabora el argentino Michel Nieva, ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos?, novela que contextualiza la distopía situada en el cono sur del continente. En este apartado, conversamos sobre la caracterización del replicante sudamericano: el gauchoide llega en una caja, con ropa acorde a su folclor y una guitarra incluida, la primera frase que emite, una vez armado, es la siguiente: “Salud, patrón, soy don Chuma”,el androide aprende sus labores domésticas e inicia un periodo idílico donde se dedica a cantar las estrofas del Martín Fierro o bien, a zapatear mientras prepara los mates con tortas fritas. En esta operación paródica, la esclavitud a la que eran sometidos los androides en el Marte de K. Dick pareciera ser desplazada hacia las tareas domésticas; no obstante, pronto descubriremos que otros gauchoides son utilizados como peones en las fábricas de aceite de soja o en los campos de producción de cebolla, incluso algunos de ellos son sodomizados a placer del patrón en turno: se trata de una actualización del argumento de la servidumbre hecha a la medida, que plantea nuevamente el dilema sobre el uso del cuerpo en tanto artificial con una particularidad: la asociación del androide a un grupo étnico emparentado con la barbarie y, con esa justificación, sujeto a una campaña de exterminio.

    La etapa idílica en que humano y máquina conviven armónicamente termina cuando, de forma súbita, Don Chuma empieza a renegar de sus labores y las cumple de mala gana espetando una frase bien conocida en el imaginario literario occidental “¡Habría preferido no hacerlo!2 La superposición de textos ocurre ahora con Bartleby, el escribiente (1856), de Herman Melville, cuya historia narra la decisión de un burócrata de apartarse de un sistema de producción, desacatando las instrucciones dadas por su institución y evaporándose lentamente del mundo a partir de la frase “Imaginen mi sorpresa —mejor dicho, mi consternación— cuando, sin moverse de su retiro, Bartleby, con una voz particularmente suave pero firme, contestó: «Preferiría no hacerlo»”3. Es necesario apuntar que el texto fue escrito en el auge de Wall Street, años después del caso “Dred Scott v. Sandford” (en el que la supremacía blanca se impuso a otorgar las condiciones de hombre libre a un esclavo), y entre las inconformidades de una jornada laboral producto de un capitalismo y su vorágine. En este sentido, podemos reconocer la insubordinación de Bartleby como un gesto revolucionario e irónico; no obstante, en el caso de Don Chuma, esta rebeldía resulta incoherente, pues se trata de un androide que fue creado para acatar órdenes. Un error operativo, piensa Nieva, pero se asegura de cuestionar a su gauchoide las razones de su comportamiento, obteniendo como respuesta una perfecta composición octosilábica, cristalizando la parodia en el plano lingüístico a la literatura gauchesca:

    —¡Soledá, patrón, soledá! Los días, en mí, sin sentido como lodo se acumulan,
    y más no haber nacido
    que esta hubiera preferido
    vida monótona, de mula
    ¡Estoy solo, patrón, solo!
    ¿Qué soy sino un elemental simulacro, una accidental
    copia falsa? ¿O un fundamental
    propósito acaso traigo?
    Ni padres ni amigos haigo
    y solo el encierro arraigo ¡Qué daría yo por tener
    un caballo en que montar
    y una pampa en que correr! ¡Diga, patrón, si tal vez,
    de otro gauchoide gimiente deba yo hacerme padre y juez pa no ser tan contingente! ¡Soledá, patrón, soledá!4

    La idea de la criatura consciente de su existencia condenada a la soledad y capaz de reconocer sus emociones y sensibilidades ha sido explorada en distintas obras de la historia literaria, no obstante, encuentro eco en las palabras del monstruo de Victor Frankenstein:

    Pero yo estoy solo y todos me desprecian […] Ninguna Eva calmaba mis pesares ni compartía mis pensamientos ––¡estaba solo!––. Recordaba la súplica de Adán a su creador. Pero ¿dónde estaba el mío? Me había abandonado y, lleno de amargura, lo maldecía […] Soy una criatura desamparada y sola; miro a mi alrededor y no encuentro bajo la capa del cielo amigo o pariente alguno.5

    Michel Nieva reconoce las influencias góticas de la ciencia ficción y elabora un Don Chuma que evoca a la criatura frankensteiniana: un androide susceptible al dolor de la experiencia humana. No será su creador (que son los chinos, en una broma a la producción en serie originada en Asia), sino su patrón quien, en un intento por resetearlo, lo lleva a una estancia campirana con sus primos, ambos configurados como terratenientes modernos con miles de gauchoides a su cargo. A partir de este viaje, la elaboración paródica continúa ahora con una superposición textual con obras de la historia literaria argentina6. Una vez que los primos observan la rebeldía de Don Chuma, deciden que la cura contra su subversión es la tortura y proceden a realizar numerosas vejaciones a su cuerpo.

    Una de las escenas más cruentas ilustra una violación despiadada al gaucho, posterior a que cercena parte de su cuerpo eléctrico para lograr sus propósitos: “El gauchoide, entonces, se hincó en el costado izquierdo de su vientre el cuchillo y digitó con precisión de cirujano un círculo, arrancó un cilindro amorfo y palpitante de carne que cayó al suelo […] Francisco empezó a penetrarlo por ese hueco embarrándose de sangre, sangre que salpicaba”.7 Esta imagen es elaborada años atrás por Osvaldo Lamborghini, escritor argentino de las vanguardias, en “El niño proletario” (1973), texto que ahonda en las consecuencias del desprecio clasista de tres chicos burgueses hacia un chico precarizado:

    Esteban se lo arrancó y quedaron al aire las nalgas sin calzoncillos, amargamente desnutridas del niño proletario. El goce estaba ahí, ya decretado […] Gustavo, quien nos lideraría luego en la edad madura, todos estos años de fracasada, estropeada pasión: él primero, clavó primero el vidrio triangular donde empezaba la raya del trasero de ¡Estropeado! y prolongó el tajo natural. Salió la sangre esparcida hacia arriba y hacia abajo, iluminada por el sol, y el agujero del ano quedó húmedo sin esfuerzo como para facilitar el acto que preparábamos. Y fue Gustavo, Gustavo el que lo traspasó primero con su falo, enorme para su edad, demasiado filoso para el amor.8

    La similitud entre las escenas se resuelve de manera involuntaria en una frase que pertenece al texto que funciona como engarce “Con el correr de los años el niño proletario se convierte en hombre proletario y vale menos que una cosa”.9 Don Chuma es ese hombre proletario transformado en objeto, es una cosa; Nieva plantea un futuro y un dilema ético respecto a la violencia ejercida contra los cuerpos no humanos, susceptible de concretarse en el tecnocapitalismo más avanzado.

    Sarmiento criogenizado, zombie y desacralizado

    Domingo Faustino Sarmiento, recordado como “el padre del aula”, fue un escritor, militar y estadista argentino. Presidente de la nación entre 1868 y 1874, se alude a su figura como un gran impulsor del progreso en la región; no obstante, la historia oficial ha descartado numerosos aspectos de su actuar que son altamente condenables. El quinto apartado de ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? es titulado Sarmiento Zombi: se trata de una elaboración satírica del personaje histórico. Con la inserción de este elemento, la parodia en Sueñan los gauchoides… amplía su blanco: sale del límite de lo textual y se expande hacia lo extratextual, con lo que se constituye como una parodia satírica, atenta a la ridiculización y visibilización manifiesta de las ineptitudes del comportamiento.

    Previamente apuntábamos lo comentado por Hutcheon respecto a la elaboración de la sátira: para que esta construcción sea efectiva “debe centrarse sobre una evaluación negativa”.10 Michel Nieva comprende en su totalidad el rebajamiento que debe realizar para revelar los atributos ocultos de una figura de poder de la talla de Sarmiento, por lo que elige asimilarlo con monstruo sin vida, putrefacto y sin voluntad propia: el zombi. Para delinear la operación satírica formulada por Nieva, es necesario contextualizar la figura de Sarmiento en dos vertientes: la de escritor y la de estadista.

    Domingo Sarmiento escribió Facundo Civilización y barbarie en 1845, un texto donde sitúa la antinomia del título posicionando a Europa del norte y a las ciudades como vehículos de la civilización; mientras que establece el territorio americano desde una imagen de miseria y atraso. El civilizado es pulcro: va de traje; el bárbaro lo vincula a las vestimentas rurales como el poncho o las botas de potro, es asociado a la suciedad. Se trata de una obra que presenta un discurso binario y jerárquico, donde necesariamente uno debe transformarse, o bien, ser eliminado. Esta dicotomía tiene como base la razón, en los discursos de la barbarie, la razón se adjudica la potestad de transformar (en sus distintos grados, hasta la eliminación) a ese otro, que contamina el estado racional. Ahora bien, Civilización y barbarie pudiera haber permanecido en el plano de lo literario, no obstante, Domingo Sarmiento ascendió en sus aspiraciones políticas hasta presidir un país y tener las facultades para cristalizar un discurso que negaba la humanidad de aquellos que consideraba bárbaros, reduciéndolos a bestias sin valor.

    Durante los años 80, se llevó a cabo la “Conquista del desierto”, una campaña militar que pretendía consolidar el estado argentino a partir de una identidad homogénea de élite blanca, que excluía a los pueblos originarios (compuestos mayormente por gauchos e indios tehuelches y mapuches), tomando a algunos como prisioneros con destino a la esclavitud, mientras que otros fueron directamente exterminados. En 1861, Domingo Sarmiento, en una carta al Coronel Bartolomé Mitre, también presidente y gobernador de Buenos Aires, aconsejaba lo siguiente: “No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos”.11
    Más de una década después, expresaba el diario argentino El Nacional:

    ¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado12

    Este es el comportamiento al que Michel Nieva apunta, su sátira opera como una desacralización a una figura que ha sido aplaudida por su prosa, la eficacia de su escritura o por sus acciones como estadista de la educación y el progreso; poniendo de relieve las manifestaciones cruentas de su persona y una percepción literaria distinta a la canónica: “Yo, de Sarmiento, solo sabía que había sido el ideólogo de una matanza descomunal de indios y de gauchos, y que había escrito un libro aburridísimo, el Facundo”.13 Dentro de la evaluación negativa construida por Nieva a la figura presidencial, se incorporan elementos del carnavalesco bajtiniano: “la desacralización del cuerpo humano […] frases alusivas a los órganos sexuales conllevan injurias, blasfemias y groserías verbales relacionadas con principios de la vida material y corporal”14, el presidente se quita el traje para conformarse como una encarnación de la barbarie en un cuerpo hipertrofiado, amorfo, cuya vida es sostenida por fuerzas artificiales:

    cuando bajé las escaleras con mi máscara veneciana me topé sin más frente a la cápsula cargada de un líquido transparente y adentro flotando el cuerpo desnudo y enorme de Sarmiento, rollizo, el abdomen super hinchado y plegado, abanicos de grasa, los pectorales que parecían senos con pezones del tamaño de pelotas de tenis, y la carne blanca, tan blanca como el marfil pero brillosa como una luz bien blanca y, lo más siniestro, los ojos abiertos que parecían observarte desde una lejanía muy honda […] El famoso falo del que tanto me habían hablado le colgaba, morado, hasta la altura de las rodillas.15

    Lo bajo corporal se manifiesta, incorporando además la función pragmática de la ironía: Sarmiento ocupa ahora la barbarie y es despojado de su carácter civilizado a partir de uno de sus elementos por el que ha sido mayormente elogiado, el lenguaje:

    Le colgaban clavados mediante agujas unos cables que le salían de la frente y las mejillas […] y la boca abriéndose y cerrándose con una agilidad enloquecida hacia todas las direcciones, como si hablara en un lenguaje primitivo, incomprensible, y justamente por eso terrible

    Si anteriormente Ezequiel Martínez Estrada lo había considerado “el más grande prosista del habla” o Enriquez Ureña hablaba de su “ímpetu romántico pleno, la energía de la imaginación y el apasionado torrente de palabras”, Nieva desvanece estas caracterizaciones, acercando a Sarmiento al personaje bárbaro en sus acepciones más antiguas: a la persona que se expresa de manera estridente, balbuceadora, difícilmente comprensible. Si se le despoja a Sarmiento del lenguaje, se le anula en muchos sentidos: se trata de un rebajamiento radical: lingüístico y corporal, donde permanece la crítica al Sarmiento despiadado, en la ficción el personaje recorre la ciudad atacando mujeres.

    Hasta aquí se apunta una brevísima radiografía de la productividad en términos paródicos de ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos?, lo cierto es que quedan pendientes aspectos como el control de las emociones, que en la obra de Philip K. Dick se efectúa mediante el Órgano de Ánimos Penfield; en la reescritura de Nieva, a través del benereoTT y el binodinal, píldoras que aluden al auge de la farmacoquímica y la prescripción de antidepresivos en amplia demanda; el tratamiento paródico de la escritura borgiana que opera como un rebajamiento al intelectual desvinculado de su realidad circundante; las alusiones al discurso publicitario, entre otras evocaciones a diferentes escritores tanto argentinos, como de otras latitudes. A la par, se elabora el desplazamiento del texto hacia los alcances satíricos, vislumbrando ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? como una novela que incorpora el discurso crítico en distintos niveles, pero de manera específica, hacia la clase política dominante, ensalzada por las narrativas oficialistas.

    La obra de Michel Nieva se posiciona entonces como un contracanto de la ciencia ficción estadounidense y permite vislumbrar experiencias distintas del futuro a través de su parodia instalada en el sur global. Esta intención se mantendrá incluso en sus obras más recientes, como La infancia del mundo (2023), o en las actualizaciones ensayísticas a partir de textos como Tecnología y Barbarie (2024). Las operaciones intertextuales constituirán una vía luminosa para comprender la obra de este autor, tan interesado por indagar en el presente a través de los lenguajes pasados y futuros.

    1 Michel Nieva, ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? Santiago Arcos Editor, Buenos Aires, 2013, p. 7.El narrador advierte la frase octosilábica, que alude a la métrica de la literatura gauchesca, ejemplo de ello es El Martín Fierro (1872), de José Hernández, escrito en octosílabos, en un pretendido afán por replicar el lenguaje de los gauchos.
    2 ibid. p. 9.
    3 Herman Melville, Bartleby, el escribiente, Nórdica libros, Madrid, 2013, 87 pp. [En línea]: .https://es.bookmate.com/reader/syykCklL?resource=book [Consulta: 25 de noviembre de 2024].
    4 ibid. p. 10.
    5 Mary W. Shelley, Frankenstein o el moderno Prometeo, El Cid Editor, Córdoba, 2009. [En línea]: https://es.bookmate.com/reader/ha7974NU?resource=book [Consulta: 19 de noviembre de 2024]
    6 Este episodio evoca también relatos como “La fiesta del monstruo” o “El matadero”; no obstante, para efectos de este texto únicamente se desarrolla su engarce paródico a “El niño proletario”, contemplando el epígrafe que Nieva elige para la novela: “¡El país argentinoide!”, firmado por Lamborghini.
    Nieva, op. cit., p. 21.
    8Osvaldo Lamborghini, “El niño proletario”, en Cosecha Roja (20 de enero, 2020), [En línea]: https://www.cosecharoja.org/el-nino-proletario/ [Consulta: 22 de noviembre de 2024].
    idem
    10 Hutcheon, op. cit., p. 178.
    11Domingo Faustino Sarmiento, Carta a Bartolomé Mitre. Archivo histórico [En línea]: https://www.educ.ar/recursos/128668/carta-de-sarmiento-a-mitre-sobre-gauchos [Consulta: 25 de noviembre de 2024].
    12 Domingo Faustino Sarmiento, Diario El Nacional (25 de noviembre, 1876) Argentina.
    13 Nieva, op. cit., p.64.
    14 Cecilia Novella, Elementos carnavalescos bajtinianos en dos obras de B. de Torres Naharro, University of Alberta, p. 308. [En línea]: https://www.cervantesvirtual.com/descargaPdf/elementos-carnavalescos-bajtinianos-en-dos-obras-de-b-de-torres -naharro/ [Consulta: 28 de noviembre de 2024].
    15 ibidem, p.69. 16 ibidem, p. 70
    16 ibidem, p. 70

    Bibliografía

    DICK, Philip K. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Edición Electrónica de http://www.philosophia.cl [En línea]: / https://www.philosophia.cl/biblioteca/dick/runner.pdf [Consulta:2 de noviembre, 2024].

    HUTCHEON, Linda, “Ironía, sátira, parodia” en Hernán Silva (comp.), De la ironía a lo grotesco (en algunos textos literarios hispanoamericanos), UAM-I, México, 1992, pp.171-193.

    LAMBORGHINI, Osvaldo, “El niño proletario”, en Cosecha Roja (20 de enero, 2020), [En línea]: https://www.cosecharoja.org/el-nino-proletario/ [Consulta: 22 de noviembre de 2024].

    MELVILLE, Herman, Bartleby, el escribiente, Nórdica libros, Madrid, 2013, 87 pp. [En línea]: .https://es.bookmate.com/reader/syykCklL?resource=book [Consulta: 25 de noviembre de 2024].

    NIEVA, Michel, ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? Santiago Arcos Editor, Buenos Aires, 98 pp.

    NOVELLA, Cecilia, Elementos carnavalescos bajtinianos en dos obras de B. de Torres Naharro, University of Alberta, p. 305- 310. [En línea]: https://www.cervantesvirtual.com/descargaPdf/elementos-carnavalescos-bajtinian os-en-dos-obras-de-b-de-torres-naharro/ [Consulta: 28 de noviembre de 2024].

    SARMIENTO, Domingo Faustino, Diario El Nacional (25 de noviembre, 1876), Argentina.

    ———————-Domingo Faustino, Carta a Bartolomé Mitre. Archivo histórico [En línea]: https://www.educ.ar/recursos/128668/carta-de-sarmiento-a-mitre-sobre-gauchos [Consulta: 25 de noviembre de 2024].

    SHELLEY, Mary W., Frankenstein o el moderno Prometeo, El Cid Editor, Córdoba, 2009. [En línea]: https://es.bookmate.com/reader/ha7974NU?resource=book [Consulta: 19 de noviembre de 2024]

  • Muere otro museo

    Muere otro museo

    Administración de los males Públicos 

    Jorge Pech Casanova

    En el sureste mexicano las autoridades y las fundaciones museísticas han descuidado los espacios para presentar obras de arte actuales, pese a la efervescencia creativa de la región. El Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, espacio que cobró prestigio internacional de 1992 a 2001, fue exterminado en 2020 por la desastrosa gestión de su patronato. El gobierno estatal tuvo que intervenir en 2023 para intentar corregir el conflicto laboral que se generó en la institución, y a la fecha sigue la pugna de un grupo de trabajadores del museo contra la Asociación Amigos del MACO A. C., que los despidió sin pagarles la debida liquidación. 

    Ahora, en Yucatán, se da a conocer el cierre del Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán, la segunda institución en su tipo más importante del sureste. A diferencia del MACO, que se sumió en la ruina por una serie de pésimos manejos administrativos, el MACAY fue defendido durante cinco años por su director, el curador y crítico de arte Rafael Pérez y Pérez, del abandono en que sumió a la institución el régimen depredador de Mauricio Vila. 

    Con todo, el enorme esfuerzo de Pérez y Pérez por sostener al MACAY pese a la carencia de recursos, tuvo que llegar a su fin porque el patronato del museo yucateco despidió a los trabajadores y decidió llevarse el acervo de la institución. Si bien ese patronato ha anunciado que busca trasladar las colecciones del MACAY a otro espacio, no queda claro si es con la intención de refundar el museo o simplemente para llevarse el patrimonio de este. 

    Las autoridades yucatecas se han negado a clarificar el destino del MACAY, pues mientras afirman que el museo continuará, lo cierran “para reparaciones” sin dar detalles sobre la nueva configuración que tendrá, si es que lo reabren. El temor de la comunidad yucateca es que el nuevo museo sea reducido a tres salas, en vez de contar con el amplísimo espacio en que funcionaron durante años sus 17 salas. 

    Mientras el gobierno estatal se niega a transparentar los planes que tiene para el edificio del Ateneo Peninsular, donde funcionaban las 17 salas del MACAY, la única autoridad que se pronuncia al respecto es la directora del Centro INAH Yucatán, Anna Goycoolea Artís, quien declaró que el MACAY está contemplado en el proyecto del Museo de Historia de Yucatán, el cual transformará al Ateneo Peninsular en un centro de exposiciones que exhibirá parte de los hallazgos arqueológicos en las obras del tren maya. 

    Esta declaración de la representante del INAH indica que el Museo de Arte Contemporáneo será una especie de apéndice del museo del tren maya, planteamiento que ha sido rechazado por la comunidad artística yucateca. Ya existe un espléndido Museo de Antropología e Historia en el Palacio Cantón de Mérida. Pero el MACAY se queda sin sede y el destino de su acervo es incierto. 

    La renuncia de experto Rafael Pérez y Pérez a la dirección del museo es un golpe de muerte a una institución que era la única en su tipo que restaba en el sureste. Por fortuna, el gobierno de Campeche ha fundado su flamante Museo de Arte Contemporáneo, que permite avizorar una propuesta cultural que hace mucha falta en el sureste.

    Pero el problema permanece porque ya han muerto dos museos de arte contemporáneo en el sureste mexicano, víctimas de sus patronatos y de un terco empeño de las autoridades federales por cancelar los espacios de arte vivo en las ciudades donde florecieron estas instituciones ejemplares, el MACO y el MACAY. 

    Ahora la comunidad artística yucateca, encabezada por la escultora Rosario Guillermo, ha manifestado sus preocupaciones en un foro público que se realizó el 8 de enero en la ciudad de Mérida, el cual planteó el escepticismo de las creadoras y los creadores ante las promesas nada claras del INAH: “Si Diego Prieto afirma que seguirá el MACAY, será la versión de él y del INAH pactada con la Fundación. Es probable que mantengan la versión de que se destinarán tres salas para ello, pero será su versión del museo y no lo que fue en su momento”. 

    Los artistas, en el mismo foro, plantearon crear un espacio virtual que exhiba imágenes de la colección del MACAY, y aunque esta propuesta es plausible, queda el problema de que las nuevas generaciones de yucatecos carecerán de un espacio real donde puedan tener contacto con las creaciones artísticas de la actualidad. Ninguna imagen digitalizada podrá suplir la experiencia de que los públicos puedan admirar en persona las obras de arte. 

    Desde mi experiencia como trabajador de la cultura, la muerte del MACAY me causa indignación y preocupación. Es el segundo museo que muere durante la gestión de gobiernos que prometieron ser diferentes a los previos, plagados de corrupción. No se ve que la gestión del nuevo régimen deje atrás los males de sus predecesores, pero a los de éstos añade un nuevo mal: el desprecio hacia el arte que está vivo y en evolución, el arte que será parte de la historia de las nuevas generaciones, y que está en gestación en estos momentos. 

    La ignorancia aduce que el arte contemporáneo es incomprensible y lejano al interés público. No es así. El arte mexicano que se produce en nuestros días es potente y conmovedor. Requiere de espacios donde pueda ser conocido e interpretado por la comunidad. No hay pretextos para que los museos de arte contemporáneo desaparezcan en el sureste de México. 

    La muerte de estos museos me parece particularmente dolorosa porque están ligados a mi historia personal: en Oaxaca, en 1999, un devastador terremoto dañó severamente la estructura del MACO. El gobierno de entonces abandonó a su suerte todos los edificios históricos, entre ellos, al museo donde yo coordinaba exposiciones. El director de entonces, el talentoso y honrado Fernando Solana Olivares, no cerró la puerta del edificio vulnerado. Se dio a la tarea de recolectar fondos para su restauración y en tres meses reabrió el museo, que siguió funcionando sin mayores problemas hasta 2013, cuando un desastroso patronato se apoderó del museo y lo fue minando durante diez años, hasta que acabó con él. 

    Pero en diciembre de 1999, cuando el MACO reabrió sus puertas, no podíamos imaginar ese triste destino: jubilosos, celebramos la reconstrucción del museo, e inclusive pudimos recibir a jóvenes talentos en las salas de la institución oaxaqueña. La fotógrafa yucateca Patricia Martín Briceño se presentó en el MACO en ese año, junto con otros talentosos exponentes del arte vivo. Ahora que esa artista de la lente tiene a su cargo la Secretaría de Cultura de Yucatán, sería bueno que recordara que el director y los trabajadores del MACO, en aquella tremenda contingencia, no dejamos morir a nuestro museo. Lo rescatamos, lo pusimos de nuevo a funcionar y abrimos sus puertas a los talentos jóvenes. El MACAY se merecería un destino menos tenebroso que el de reducirse a su mínima expresión.

  • Con él a mi lado

    Con él a mi lado

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    Cruzo por la calle y me acompaña. Por fin nos conocemos. Llevo años de leerlo intermitentemente y hasta ahora creo estar entendiéndolo. Hace un rato lo encontré en una librería, a la cual entré como suelo ser atraído por dichos sitios: en automático. Estaba sobre una mesa de novedades y su rostro hirsuto y desmelenado dominaba la portada del volumen; desde ella sus ojos penetrantes e irónicos me miraron y su expresión me fascinó.

              Crucé por el día y siguió conmigo. Me pasaron cosas, asistí a una presentación, el auditorio fue nutrido, generoso, y sentí una extraña y poderosa energía colectiva cuando dije términos como Edad Oscura. Más adelante, mientras el día iba por la media noche y él permanecía a mi lado, o muy cerca, mi mujer, utilizando a Jung, me lo explicó: cuando ya la idea está en muchas mentes, basta que alguien la diga para que sea como si la hubieran dicho todos.

              Después hubo una fiesta crepuscular y muy alegre. Se cumplieron los ritos profanos del baile —una mediación tardomoderna de la mediación con lo sagrado— y la embriaguez fue ligera como mariposa en medio de los otros seres queridos que no son si uno no existe, de aquellos que le dan a uno existencia plena, como escribiría brillantemente don Paz.  

              Tratamientos contra la misantropía propia: a cada capillita le llega su fiestecita. Pero no a él, el gran misántropo que comía a diario en un restaurante donde pagaba dos cubiertos para que nadie se sentara a su lado. Y ahí estaba puesto en carne y hueso Schopenhauer, el filósofo occidental más importante —primero dicho por él y luego repetido por muchos—, a continuación de Platón y Kant. 

           Me pareció no tanto una coincidencia (el mismo pensador hosco y solitario dice que toda casualidad es una cita), sino una confirmación, pues semanas atrás había dado un libro sobre ese autor a mis alumnos, porque si uno quiere hablar de cultura moderna y Nietzsche, Freud, beatniks, Nabokov, Akutagawa y un largo etcétera, primero ha de conocer al pensador del cual tantos tomaron ideas originales.

              Y lo que me encuentro es una novela de Irvin D. Yalom, Un año con Schopenhauer, que leo con avidez y cuya aparición entiendo como me lo explicó mi mujer: las ideas flotan y se concretan, por eso esta narración —encontramos lo que buscamos— llegó a mí. La historia es engañosamente simple: un analista recientemente desahuciado por un melanoma, Julius, decide buscar a un antiguo paciente al cual años atrás no curó de su adicción al sexo, Philip, y lo invita a su grupo de terapia. Ahora vuelto filósofo, Philip se ha curado gracias a la lectura de Schopenhauer, e introduce su terapéutica inusual en las sesiones.

              Se habla de sexo, desde luego, pues el filósofo despreciativo y mordaz, quien ponía todos los días al comer una moneda de oro en el asiento de enfrente con la promesa de dársela a un comensal inteligente, y todos los días la guardaba en su bolsillo al retirarse del establecimiento al que por años asistió, fue el primer moderno en definir al sexo desde una perspectiva filosófica como la fuerza existencial determinante. O una de ellas, pues también propuso la restricción del deseo como único medio de liberación.

           Y se habla de vida y circunstancias y experiencias y dichas y desdichas y pérdidas y olvidos y aprendizajes en altos registros de vigencia emocional. Philip se cura a sí mismo mediante la amarga y restrictiva forma de vida de un filósofo, su predecesor, al cual se parece tanto como si fuera una versión contemporánea de él. 

           “Deseamos, siempre deseamos —escribe Yalom parafraseando a Schopenhauer—. Por cada deseo satisfecho que asoma a nuestra conciencia, hay cuando menos otros diez que no lo son y que quedan envueltos en velos inconscientes. La volición nos impulsa sin tregua pues cada deseo colmado cede al instante su puesto a otro, y otro, y otro, y así durante toda la vida”.   

              La solución a tal hastío, dice el filósofo irreductible, sólo puede provenir del interior del sujeto. Ribott afirmó que Schopenhauer resultaba un budista extraviado en Occidente, y ciertamente las cuatro nobles verdades budistas están vigentes en su reflexión sobre el mundo y la realidad humana: El sufrimiento (o angustia); su origen; su cesación; el camino que conduce a su cesación. O en otros términos: la causa de la enfermedad, el diagnóstico, la instrumentación curativa, el debido tratamiento.  

              A punto de terminar sus páginas dejé de leerla. No quiero llegar todavía al final de la novela de Yalom. A pesar de las taras traduccionales (¿por qué los españoles traducen tan espantoso?), la historia es magnética. Todo se cuenta, inclusive la saga biográfica del insobornable pensador, desde la hoguera primordial del círculo terapéutico, ese círculo hermenéutico hecho para narrar.

              Él sigue a mi lado. Observo su rostro de frente despejada y me parece hermoso. Tengo la impresión de que entre nosotros ya se rompió el hielo de la intermediación. Y es entonces lo que sigue, la cura Schopenhauer, comprobada como enérgico remedio por su inventor. Terapéuticas así no funcionan de otra manera: el guía deberá viajar antes por el territorio de la transformación. Así entonces el singular filósofo budiatra muestra el camino que él mismo recorrió. Arrieros somos y en Schopenhauer andamos. Cómo no.

              Entonces nada sucede por accidente y todo encuentro casual es una cita. Los escalones para eso están. 

  • ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? 

    ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? 

    Un contracanto argentino a Philip K. Dick y Herman Melville

    Colaboraciones

    Liliana Magdaleno Horta

    En 1974, como director de la École Pratique des Hautes Études en París, Roland Barthes dictaba Théorie du texte, donde afirmaba que “Todo texto es un intertexto, otros textos están presentes en él, en niveles variables, bajo formas más o menos reconocibles; los textos de la cultura anterior y los de la cultura contemporánea o del entorno, todo texto es un tejido nuevo de citas” 1 . Con ello, el crítico francés reafirmaba la idea de la historia de la literatura como una conversación permanente, que sostenía la cualidad responsiva y dialógica de las obras que la constituyen, de la literatura como un continuum. En este sentido, para la crítica literaria, lo más relevante de esta conversación ininterrumpida reside en el reconocimiento de (en términos de Barthes) la redistribución de “códigos, de fórmulas, de modelos rítmicos o fragmentos de usos sociales” al interior de otra obra literaria, o bien, en relación con fenómenos extratextuales que son invocados en la escritura. Las intenciones de las operaciones intertextuales pueden ser diversas: presentar un homenaje, ofrecer una mirada crítica o abonar a la transformación de un género, por mencionar algunas. 

    Tiempo después, en 1982, Gérard Genette retomará las investigaciones a propósito del diálogo entre obras y, a partir de la noción de transtextualidad, entendida como “todo lo que pone al texto en relación, manifiesta o secreta, con otros textos” 2 ofrecerá una taxonomía más minuciosa acerca de cómo ocurren estas relaciones, hasta aproximarse a la forma de trascendencia textual que ocupa a este texto: la parodia. Partiendo de la poética aristotélica, y de la etimología que da origen a la voz parodein, Genette caracteriza el género desde su facultad para modificar o intervenir un texto épico, dando como resultado un contracanto que desvía el objetivo de la melodía principal. Esta interpretación es susceptible de ampliar su sentido, con lo cual una parodia puede ocurrir como una transformación estilística (en tanto a la modificación de su registro), o bien, de la inversión en el tratamiento de una obra (un estilo épico/noble aplicado a un tema bajo y risible). En búsqueda por el nacimiento de la parodia, Genette señalará su conceptualización aristotélica como una rapsodia invertida “que por medio de modificaciones verbales conduce el espíritu hacia los objetos cómicos” 3 y finalmente, tendrá que resignarse con que el origen del género “se pierde en la noche de los tiempos”. 

    Una década después, en la compilación De la ironía a lo grotesco (en algunos textos literarios hispanoamericanos) realizada por Hernán Silva, Linda Hutcheon delineará aún más las fronteras del género y señalará la parodia como:

    […] una superposición de textos. En el nivel de su estructura formal, un texto paródico es la articulación de una síntesis, una incorporación de un texto parodiado en un texto parodiante, un engarce de lo viejo en lo nuevo […] La parodia representa a la vez la desviación de la norma literaria y la inclusión de esta norma como material interiorizado 4

    A la par de reiterar “la especificidad literaria y textual” de la parodia acota la intencionalidad del género: “la parodia no puede tener como “blanco” más que un texto o convenciones literarias” 5, insistiendo de este modo en el género como contraste u oposición entre dos obras. Contemplando las visiones de lo paródico presentadas por Genette y por Hutcheon, este texto presenta una breve revisión de ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? novela del argentino Michel Nieva, como contracanto de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, obra delescritor norteamericano Philip Kindred Dick, y del cuento “Bartleby, el escribiente”, del estadounidense Herman Melville, con el objetivo de explorar su productividad como texto paródico. 

    Un apunte relevante, aunque ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? es una novela con amplia riqueza intertextual, hecho que abonaría a su caracterización como una obra paródica, pues es posible reconocer textos a los que se encuentra engarzada, lo cierto es que la escritura de Nieva no se limita a operar como una transgresión a la norma literaria en la superposición textual, sino que establece una férrea crítica a personajes y fenómenos extratextuales. Para que esta crítica suceda, es necesario yuxtaponer otro género a la parodia: la sátira, acotada por Hutcheon como “la forma literaria que tiene como finalidad corregir, ridiculizándolos, algunos vicios e ineptitudes del comportamiento humano. Las ineptitudes a las que de este modo se apunta están generalmente consideradas como extratextuales en el sentido en que son, casi siempre morales sociales y no literarias” 6. La sátira contiene dentro de sí una intención correctiva, su desarrollo se centra en una evaluación correctiva que garantiza la efectividad de su ataque. La imbricación de ambos géneros recibe el nombre de parodia satírica, y su manifestación puede entonces tener dos blancos: el extratextual y el intertextual, es decir, los acontecimientos sociales o morales y los textos engarzados, respectivamente. 

    Es notable, además, la presencia de elementos carnavalescos dentro de ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos?, especialmente en lo relacionado a la configuración del cuerpo deforme, monstruoso o disgregado. A lo largo de este texto estableceremos los modos en que ocurre la parodia satírica en la novela de Michel Nieva, convocando para ello a distintas figuras de la literatura argentina (Esteban Echeverría, Jorge Luis Borges, Osvaldo Lamborghini, etc.), pero también aludiendo a distintos episodios y estereotipos de la historia de esta nación.

    Del replicante norteamericano al gauchoide de la pampa argentina

    ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? es la primera novela de Michel Nieva, escritor argentino, publicada en 2013 y denominada ciencia ficción gaucho-punk, género que se asimila como un neologismo del cyberpunk. En una conversación con Camino Hoyos, anfitrión de Paredro Podcast, Nieva esclarece que este subgénero:

    Tiene que ver con pensar un futuro que acelera la degradación laboral y económica del neoliberalismo juntado con literatura gauchesca como género identitario del cono sur de Argentina, Uruguay y Brasil. Tiene la idea de tratar de especular el futuro desde la geografía del sur. 7 

    La operación paródica inicia desde el título como paratexto que invariablemente evoca a la emblemática ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, una de las obras fundamentales en la ciencia ficción. El argumento es conocido: es 2021 y la guerra ha exterminado a la mayoría de los seres vivos, al grado que las corporaciones fabrican réplicas eléctricas de animales y personas, los androides, considerados como “una cosa inerte […] Algo que se puede retirar, como se acostumbra decir […] una versión altamente desarrollada del seudoanimal […] un robot humanoide” 8. En este contexto post-apocalíptico, un cazarrecompensas es contratado para ultimar a los androides rebeldes, descubriendo que muchos de ellos han desarrollado empatía, capacidades artísticas y demás cualidades que los vuelven difícil de distinguir de los humanos a los que replican. La novela pondrá en juego temas como la angustia existencial, el valor de las personas no humanas; la amplia discusión sobre la diferenciación entre hombre y máquina; y los mundos posibles en una sociedad signada por la mercantilización. Frente a esto, Michel Nieva reelabora la presencia del androide caracterizado como gaucho 9 y situado en la región pampeana argentina, acompañado además, de un ave endémica de Sudamérica: el ñandú. La relocalización del relato es minuciosa, señalando incluso la diferenciación en las mitologías oníricas: no son las ovejas quienes brincan una cerca mientras el gaucho concilia el sueño, son ñandúes caminando la pampa argentina. El autor establece un futuro que incorpora problemas como la explotación de los recursos naturales propios de su territorio (el monocultivo de soja, por ejemplo), el uso de las drogas sintéticas y la violencia ejercida ante los cuerpos reducidos a objetos, entre otros. La operación paródica que realiza Nieva está revestida de un componente subversivo ante una tradición literaria donde el escenario postapocalíptico parece haber adoptado un territorio y apariencia específica: 

    Estamos acostumbrados a que el futuro sea el futuro que cuentan las películas de Hollywood de ciencia ficción, a mí me gusta pensar que la capacidad que tiene la ciencia ficción situada en el sur es hackear el futuro que ya pensó el norte. Mostrar lo que tiene de invisivilizado otras geografías y otras poblaciones. 10

    Si la ciencia ficción en Philip K. Dick se suma a los múltiples discursos que han delineado el futuro en Norteamérica, el gaucho-punk de Nieva será el contracanto ante esa idea homogénea de distopía, al especular el futuro desde el territorio sur, un futuro donde incluso la experiencia tecnológica suele ser distinta y donde se incorporan recursos como el habla de la región. ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? está dividida en seis capítulos, a través de los que desarrolla la historia de un gauchoide (que es un androide caracterizado como un guacho, aunque también existen borgesoides o peronoides, a elección del consumidor), la forma en que se rebela ante las actividades que debe cumplir ante su patrón (un autoficcionalizado Michel Nieva) y las aventuras que se desencadenan en torno a una secta que adora a una versión grotesca de un Sarmiento criogenizado. En la siguiente entrega de este texto, explicaremos a fondo ambas cuestiones. 

     1 Roland Barthes, Variaciones de la escritura. Paidós, Barcelona,2002, p.146 

    2 Gérard Genette, Palimpsestos. La literatura en segundo grado. Taurus, Madrid, 1989, p. 10.

    3 Escalígero, Poétique,1561, p. 42 apud Gérard Genette, Palimpsestos. La literatura en segundo grado. Taurus, Madrid, 1989, p. 24.

    4 Linda Hutcheon, “Ironía, sátira, parodia” en Hernán Silva (comp.), De la ironía a lo grotesco (en algunos textos literarios hispanoamericanos), UAM-I, México, 1992, p.177.

    5 ibid, p. 178

    6 Linda Hutcheon, “Ironía, sátira, parodia” en Hernán Silva (comp.), De la ironía a lo grotesco (en algunos textos literarios hispanoamericanos), UAM-I, México, 1992, p.178.

    7 Camilo Hoyos, “Michel Nieva: La infancia del mundo”, en Paredro Podcast,  México  (6  de  julio,  2024), 39:15 min. [En  línea]: https://open.spotify.com/episode/11ITv2ZNkTUliLgwhl48xA?si=1c06aa45312e49cc  [Consulta:12 de noviembre, 2024].

    8 Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Edición Electrónica de http://www.philosophia.cl, p.

    9 [En  línea]: / https://www.philosophia.cl/biblioteca/dick/runner.pdf [Consulta:2 de noviembre, 2024]. 9 Se le denominó gaucho al habitante del campo en Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, algunas regiones de Chile y Bolivia, dedicado a las labores de la ganadería vacuna, hábil jinete y pseudonómada.

    10 Idem.

    Bibliografía

    DICK, Philip K. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Edición Electrónica de http://www.philosophia.cl [En  línea]: / https://www.philosophia.cl/biblioteca/dick/runner.pdf [Consulta:2 de noviembre, 2024].

    GENETTE, Gérard, Palimpsestos. La literatura en segundo grado. Taurus, Madrid, 1989, 519 pp.

    HOYOS, Camilo, “Michel Nieva: La infancia del mundo”, en Paredro Podcast, México  (6  de  julio,  2024), 39:15 min. [En línea]: 

    https://open.spotify.com/episode/11ITv2ZNkTUliLgwhl48xA?si=1c06aa45312e49c c [Consulta:12 de noviembre, 2024].

    HUTCHEON, Linda, “Ironía, sátira, parodia” en Hernán Silva (comp.), De la ironía a lo grotesco (en algunos textos literarios hispanoamericanos), UAM-I, México, 1992, pp.171-193.

    NIEVA, Michel, ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? Santiago Arcos Editor, Buenos Aires, 98 pp. 

  • ¿Por qué Trump?

    ¿Por qué Trump?

    PARQUE MÉXICO 

    Fernando Solana Olivares 

    En la feroz urgencia de la hora. O un paso más hacia las calamidades. El tiempo futuro es “puntillista”, como afirmó Zygmunt Bauman al hablar del lienzo del tiempo hecho de pequeños puntos, cualquiera de los cuales puede convertirse de un momento a otro en un Big Bang. En nuestra época líquida es imposible predecir qué momento representa esa posibilidad. El espacio cognitivo ha sido desmantelado y el axioma de la racionalidad no parece aplicable. De ahí que Bauman haya concluido su Ética Posmoderna recurriendo a aquella historia de Edgar Allan Poe donde tres pescadores son atrapados por un remolino. Dos de ellos mueren paralizados por el terror. El tercero observa que los objetos redondos son tragados con menos rapidez por la vorágine y salta a un barril. Puede hacerlo porque razona con calma, se distancia de la situación, deja de temerla para sí y considera mentalmente el flujo de los acontecimientos. No piensa en él mismo sino en la circunstancia. Así descubre una forma de escapar. 

    Para comprender lo incomprensible. La prensa occidental, espejo de sí misma y de los intereses oligárquicos que representa, clamó ante la inesperada victoria de Trump. El diario alemán Die Zeit describió su triunfo electoral como “el fin del sueño estadounidense”. En un artículo de fondo que tituló Fuck!, dijo que el único análisis honesto del asunto era entender que “si fueras un votante de Trump, habrías votado por Trump”. Bloomberg afirmó que “Estados Unidos se merece a Trump”. The New York Times coincidió con ello sosteniendo que Trump no “es una aberración histórica, como muchos pensaban”, incluido ese mismo medio, sino “una fuerza transformadora que remodela un Estados Unidos moderno a su imagen”. Trump “puede que sea lo que exactamente somos nosotros, al menos la mayoría de nosotros”. No una anomalía que terminaría en el basurero de la historia, sino el repentino surgimiento de otro país distinto al conocido, el cual “se estaba desvaneciendo económica, cultural y demográficamente”. Diversos analistas hablaron de que “el verdadero Estados Unidos se convierte en el Estados Unidos de Trump”. La aberración que representaba se constituyó en norma, escribió Peter H. Wehner en una columna, calificando la elección como una tomografía computarizada del pueblo estadounidense: “y por difícil que sea decirlo, por difícil que sea nombrarlo, lo que reveló, al menos en parte, es una afinidad aterradora con un hombre de corrupción sin fronteras”. Los estrategas demócratas definieron el resultado como un “desastre histórico de proporciones bíblicas”. La imprevisibilidad de Trump es una característica, argumentaron sus partidarios, no un defecto. 

    La derrota de Occidente. Un clarividente libro de Emmanuel Todd con ese título documenta el fin de esta época histórica. Tal derrota, en su opinión, se funda en tres factores. 1) La deficiencia industrial de Estados Unidos y el carácter ficticio del PIB estadounidense, sostenido por un déficit crónico basado en el dólar. 2) La desaparición (o el “grado cero”, como lo define) del protestantismo estadounidense, el cual condujo en el pasado a un alto nivel de educación, una ética del trabajo y una arraigada moral individual y colectiva que produjeron un considerable avance económico e industrial.  “El reciente hundimiento del protestantismo —ha dicho Todd, enfatizando que su análisis del elemento religioso no es ni nostálgico ni moralista sino una observación histórica— ha desencadenado un declive intelectual, una desaparición de la ética del trabajo y una codicia masiva (nombre oficial: neoliberalismo)”.  3) El tercer factor de la derrota de Occidente es la preferencia del resto del mundo por Rusia, que más allá del estridente e histérico mainstream de los medios occidentales y su manipulada agenda de la información y el pensamiento únicos, ha encontrado discretos aliados económicos y culturales por todas partes.  

    Lo que no se dice. Huyendo deliberadamente de “la emoción y del juicio moral permanente que nos envuelven” debido a la desinformación y el engaño orwellianos sistémicos, Todd observa  que antropológicamente la modernidad cultural occidental y su perspectiva LGBT son en gran medida ajenas e inaceptables para el mundo no occidental (así como para los votantes de Trump), y dado su parasitismo económico que vive del trabajo mal pagado de los hombres, mujeres y niños del Sur global extrayendo plusvalía y expoliando recursos naturales, además de la aplicación política de un doble rasero basado en la fuerza y en las sanciones económicas unilaterales, la moral occidental no es merecedora de respeto geopolítico alguno. Uno de los indicadores que demuestran el declive de Occidente es la tasa de mortalidad infantil, un parámetro probado por la historia, en la cual Estados Unidos va detrás de todos los países occidentales, Rusia incluida. Por lo demás, “el individualismo que muta plenamente en narcisismo”, propio del mundo angloamericano y globalizado e impuesto por éste, es otro elemento extraño a las culturas no occidentales, donde predominan las sociedades familiares comunitarias de individualismo controlado como Rusia, Japón o Alemania. Al analizar el proceso de decadencia occidental, Todd muestra la estabilidad sociológica rusa, la descomposición de la sociedad ucraniana —un amargo tema en sí mismo—, y se adentra en el corazón de la inestabilidad mundial, haciendo una zambullida, según sus palabras, en un agujero negro.

    “El protestantismo angloamericano ha alcanzado el estadio cero de la religión, más allá del estadio zombi, y ha producido este agujero negro. En Estados Unidos, al comienzo del tercer milenio, el miedo al vacío está mutando hacia la deificación de la nada, hacia el nihilismo”. 

    De lo real a su negación. Todd busca indicadores estadísticos para evaluar fenómenos morales que también son sociales. En el estado zombi de la religión la creencia ha desaparecido pero las costumbres, la deontología y la capacidad de acción colectiva heredados de la religión permanecen traducidas a un lenguaje ideológico. Con el matrimonio entre personas del mismo sexo, “que no tiene sentido en términos religiosos”, y la cada vez más extendida práctica de la cremación, este científico social afirma que el Occidente ha alcanzado el estado cero de la religión. Una de las banderas del nihilismo actual, afirma, es un afán por destruir no sólo las cosas y las personas sino la realidad. Sin indignación ni emoción algunas, Todd considera que la fijación en la cuestión Trans (“LGB, bienvenido”) plantea una cuestión sociológica e histórica que influye considerablemente en el voto a favor de Trump y el ascenso actual de las ultraderechas. “Establecer como horizonte social la idea de que un hombre puede realmente convertirse en mujer y una mujer en hombre es afirmar algo biológicamente imposible, es negar la realidad del mundo, es afirmar lo falso”. 

    Una certeza. “Si queremos anticipar las decisiones estratégicas de Estados Unidos debemos abandonar urgentemente el axioma de la racionalidad. Estados Unidos no busca ganancias evaluando costos. En el pueblo de Washington, en el país de los tiroteos masivos, en la hora de la religión cero, la pulsión primera es una necesidad de violencia”. Pocos meses después de estas líneas finales de La derrota de Occidente, Donald Trump era elegido presidente y los republicanos aplastaban electoralmente a los demócratas. 

    Lo que es y lo que no es. Branko Milanovic descifra en Social Europe la ideología de Trump. Afirma que no es ni fascista ni populista, un término que carece de sentido pues se utiliza para denostar a quienes ganan elecciones con un programa político que no gusta a los que pierden la disputa electoral. Tampoco fascista del todo (aunque si ese término se utiliza como insulto, para Milanovic está bien), definición que ideológicamente se compone por un nacionalismo exclusivista y una glorificación del líder, características que podrían tener alguna relación con el personaje, pero también por otras contrarias a él: un énfasis del poder del Estado frente a los individuos y el sector privado, un rechazo del sistema multipartidista, un gobierno corporativista, una substitución de la estructura de clases de la sociedad por un nacionalismo unitario y una adulación devocional del partido, el Estado y el líder. 

    Las características. A partir de sus cuatro años anteriores de gobierno, los componentes de la ideología de Trump son los siguientes. 1) El mercantilismo. Una doctrina que considera la actividad económica y el comercio de bienes y servicios entre los Estados Unidos como un juego de suma cero donde uno de los participantes gana y el otro pierde. 2) La obtención de beneficios. El capitalismo de Trump proviene del sector privado, el cual en su perspectiva se ve obstaculizado por reglamentos, normatividades e impuestos. Trump ha sido un capitalista que siempre ha evadido impuestos, “lo que, en su opinión, demuestra sencillamente que es un buen empresario”. Las normas deberían simplificarse o eliminarse y los impuestos reducirse, de ahí su convicción —una doctrina que se ha mantenido desde Reagan hasta hoy— de que los impuestos sobre el capital deben ser más bajos que los impuestos sobre el trabajo. Los capitalistas y empresarios son creadores de empleo, todos los demás viven de ellos. 3) Un nacionalismo antiinmigrante. Esta aversión, si bien discursivamente demagógica en su caso y muy agresiva, no es diferente a las políticas de la derecha europea, cuyos países están “llenos” según argumentan y no deben aceptar más inmigrantes. Sin embargo, Estados Unidos no es un país lleno, pues a diferencia de los Países Bajos, por ejemplo, donde el número de personas por kilómetro cuadrado es de 520, en Estados Unidos es de 38. 4) Una nación para sí. Milanovic combina el mercantilismo con la aversión a los migrantes para prefigurar lo que será la política exterior de Trump. Una mezcla de aislacionismo y fuerza que no responde mecánicamente a la compulsión de un dominio militar hegemónico sobre el mundo. 

    La dimisión imposible. Lo anterior no significa que Trump renunciará a la hegemonía estadounidense, sino que cobrará a sus aliados el auxilio militar que les otorgue. Como en la Atenas de Pericles, ejemplifica Milanovic, la protección ya no será gratuita: “No hay que olvidar que la hermosa Acrópolis se construyó con oro robado a sus aliados”. De ahí la Trampa de Tucídides que este economista especialista en desarrollo y desigualdades invoca: es imposible para Trump renunciar al papel geopolítico de Estados Unidos, el que no dejará voluntariamente de ser un hegemón. “Tu imperio es hoy —advirtió el historiador griego hace 2,500 años— como una tiranía: puede haber sido un error adoptarlo, pero es ciertamente peligroso abandonarlo”.

    Concluyendo en un tiempo inconcluso. Muchos peligros se ciernen sobre el planeta. Cuando un imperio decae y otro va emergiendo esos peligros se multiplican. Las cifras oficiales de fin de año que sobre Estados Unidos consignan los corresponsales de La Jornada, David Brooks y Jim Cason, muestran un panorama escalofriante: “770 mil —un número récord de personas sin techo en el país más rico del mundo y de la historia y un incremento de 18 por ciento desde el año pasado—. Más de 47 millones enfrentan hambre, incluyendo uno de cada cinco niños. Más de 100 mil mueren por sobredosis de drogas cada 12 meses. Se registraron más de 16 mil 500 fallecimientos por bala en este año incluyendo 498 tiroteos masivos. Estados Unidos ha enviado bombas, misiles y otros artículos de guerra a Israel por más de 22 mil millones, y a Ucrania por 61.4 mil millones, entre otros países, y desde el inicio de la guerra en Afganistán en 2001, el Pentágono ha gastado más de 14 billones de dólares”. La población civil está armada con más de 400 millones de rifles y pistolas, más armas que personas en el país. El miedo, anotan Brooks y Cason, sigue siendo el factor esencial de la nación más poderosa del mundo. “Todo parece ser ‘amenaza’ en este país, lo mismo enemigos dentro de Estados Unidos como alrededor del orbe”. En tanto más todo se reduce a menos. 

    El abismo contemplante. ¿Qué seguirá en este intervalo gramsciano de un mundo que ha terminado, donde el nuevo no acaba de nacer y en medio suceden fenómenos inesperados y grotescos? Ya todo está pero no todo aparece cuando las plutocracias oligárquicas llegan al poder del imperio sin ningún atemperamiento o disfraz. Entre tanto, Trump no pierde el tiempo. Además de amagar con apoderarse del Canal de Panamá, forzar la compra de Groenlandia, convertir a Canadá en un estado más de Estados Unidos e invadir militarmente a México para destruir a los carteles de la droga, lanzó una línea de relojes de lujo de hasta 100 mil dólares sugiriendo en sus redes sociales que “serían un gran regalo de Navidad”. La línea Trump Watches ofrece dos modelos: Trump Victory Tourbillon Fight Fight Fight. Es posible que en esta temporada decembrina se hayan agotado.  

  • Trazos de agua

    Trazos de agua

    Culturas Impopulares 

    Jorge Pech Casanova 

    Con la temporada de estiaje, el problema del abasto de agua se agudiza en Oaxaca desde noviembre de 2024. Esta escasez no es cuestión de temporadas, sino una crisis agravada año con año. Exige soluciones de largo plazo, más allá de las que anuncian y promueven las autoridades: no es la solución construir presas, programar sin presupuesto saneamientos de ríos, o establecer plantas de tratamiento de aguas que carecerán de mantenimiento. 

    Es claro: las soluciones a este problema mundial no vendrán del gobierno mexicano. Sin importar signo ni partido, la clase política en México y en el mundo carece de conciencia ecológica. Al poder no le importa la calidad de vida de la sociedad, sino la perpetuación de individuos en cargos públicos. Los intereses políticos se apartan de los intereses de la humanidad, en el problema del agua y en casi todos los demás: economía, seguridad, salud. 

    En Estados Unidos esa profunda brecha entre pueblo y poderosos ha producido ya una respuesta estremecedora: la ejecución de un poderoso que, al lucrar con la salud pública, condenó a cientos de personas a una muerte lenta y dolorosa, o a la sobrevida con deudas impagables. 

    En México, ningún individuo ha tomado el exterminio de magnates o políticos como medida contra la desigualdad social, porque la sociedad mexicana no es violenta, pese a la mala fama que le atraen feminicidas y grupos del crimen organizado (entre los cuales se insertan, sin rubor, integrantes de las clases política, empresarial y académica). 

    Una mayoría de mexicanas y mexicanos aún cree que la calidad de vida de la sociedad pasa por procesos de diálogo, por la búsqueda de soluciones pacíficas y por el surgimiento de respuestas creativas a problemas que parecen insolubles. 

    En el pueblo de San José Hidalgo, muy cercano a la capital de Oaxaca, el Festival de arte, cultura y tradiciones Encuentro de Almas, organizado cada año por Ex Hacienda San José Centro Cultural, convocó en diciembre a 29 artistas para integrar la exposición colectiva Trazos de Agua, a fin de examinar con perspectiva artística el tema del agua. 

    El resultado de esta convocatoria es una muestra de espectacular belleza. A la calidad de las obras reunidas se une la magnificencia del espacio en que se exhiben las obras: un antiguo depósito de granos que lleva el nombre de El Gavillero, cuyas altas paredes permiten que las obras luzcan en despliegue flotante, fulgiendo en el dilatado espacio. Amplitud difícil de obtener en los espacios convencionales de museos y galerías de arte. 

    La selección de obras fue posible gracias al altruismo de las y los artistas que contribuyen a esta muestra: Fernando Aceves Humana, María Rosa Astorga, Lyndell Brookhouse-Gil, Mauricio Cervantes, Víctor Chaca, Carla Chávez Cruz, Itzmalli Coca, Mateo Gabayet, María García, Carlos Raymundo Gómez, Raúl Herrera, Peace KAT, Ivonne Kennedy, José de Luna, Cristina Luna, Maries Mendiola, Deyvis Mendoza, Pedro Mendoza, Jorge Pablo, Bernardo Porraz, Shinzaburo Takeda, Christian Thornton, Dagoberto Teahulos, Jorge Hilario Toledo Luis, Hugo Tovar, Crispín Vayadares, Arturo Vega, Soledad Velasco y Siegrid Wiese. 

    Al conjunto de casi cuarenta piezas que se muestran en la exposición, contribuyen algunos de los decanos de las artes plásticas en Oaxaca: Shinzaburo Takeda (1935), Raúl Herrera (1941), Víctor Chaca (1948); maestros de generaciones de artistas en Oaxaca, sus obras individuales destacan por la propuesta formal, el dominio de colores, composición y técnicas. Se suman jóvenes maestros: Christian Thornton, innovador artista del vidrio y el metal, contribuye con una gran escultura. Se incluye, asimismo, una obra del pintor Crispín Vayadares, fallecido prematuramente, cuyo legado plástico es de singular coherencia. 

    Raúl Herrera, por cierto, observa la importante contribución de las mujeres artistas en esta muestra y el panorama de las artes en Oaxaca: mientras muchos de sus colegas hombres suelen sitiarse a sí mismos en la figuración, las mujeres en sus obras desafían convenciones, imposiciones del mercado y más prejuicios, con versátiles propuestas. 

    Maries Mendiola presenta un inquietante dibujo de gran formato que integra a la discusión, de manera sutil, el problema de los feminicidios; Cristina Luna celebra la vida marítima con la imagen de una familia de ballenas; Soledad Velasco juega con símbolos del erotismo oriental (el pulpo) y la resiliencia (una buceadora con escafandra) en una pieza que privilegia el expresivo y vigoroso dibujo, restringiendo colores para una mayor contundencia. 

    María Rosa Astorga, gran paisajista, presenta dos obras gráficas de sobria serenidad: la imagen de un cenote y un homenaje a la memoria de su hija, pieza en la cual la restricción del colorido suscita conmovedora sublimación; Ivonne Kennedy recrea los diferentes estados físicos del líquido en su rutilante composición de formas geométricas, que admiten lo etéreo de la evaporación; Siegrid Wiese lleva la abstracción de su figuración fantástica a un gran nivel, apoyándose en cálidas tonalidades rojas y amarillas. 

    Peace KAT, artista de larga trayectoria que recién da a conocer la vastedad de su obra, aporta una inteligente mirada devocional al tema del agua; Lyndell Brookhouse-Gil, Itzmalli Coca y Carla Chávez Cruz hacen denuncias frontales sobre el saqueo a los recursos acuíferos, mientras que María García crea un personaje que rememora su relación con el agua mediante gráficas e instalación audiovisual. 

    La participación de los artistas plásticos no es menos importante: destaca la aportación de Fernando Aceves Humana, con un deslumbrante paisaje de agua en el bosque; Mauricio Cervantes, con cuatro piezas de gráfica digital en alta resolución que previamente exhibió en la Bienal de la Habana; Bernardo Porraz, quien retrata la prestancia de los cuerpos de agua en paisajes urbanos; Jorge Pablo, con una bella escultura en cerámica fuliginosa, y Hugo Tovar, con un gran ensamble de materiales reciclados en los que el humor enfatiza la denuncia sobre el saqueo de los recursos hídricos. 

    El escultor Pedro Mendoza contribuye con cuatro guardianes del agua, ensambles de cráneos bovinos sobre estructura de madera y arpillera; Mateo Gabayet presenta una pieza monumental que subraya la responsabilidad de una empresa refresquera en el saqueo de los acuíferos; los jóvenes artistas José de Luna, Dagoberto Teahulos, Arturo Vega, Carlos Raymundo Gómez, Deyvis Mendoza y Jorge Hilario Toledo Luis aportan asimismo sus visiones sobre el agua al conjunto de la exposición. 

    Hace un siglo, en 1924, mientras paseaba por los estanques de sus jardines en Giverny, Claude Monet le confió al novelista Marc Elder sus experiencias como pintor en el río Sena: “¡El paisaje era admirable! Más tarde hice construir un taller en un barco. Era una especie de cabaña bastante grande, se podía dormir allí. Viví allí, con mi equipo, observando los efectos de la luz de un crepúsculo a otro…”. 

    Es probable que las artistas y los artistas congregados por la exposición Trazos de agua,en Ex Hacienda San José Espacio Cultural, no hayan pintado sobre una embarcación en el agónico río Atoyac de Oaxaca. Sin embargo, sus creaciones nos hacen compartir la fascinación que los artistas han sentido a lo largo de la historia por océanos, ríos, arroyos, lagos, lagunas, cenotes y estanques. Hasta el 9 de febrero de este año, en la magnífica galería El Gavillero, nos invitan a compartir sus admirables imágenes y a valorar la importancia del líquido elemento para nuestro goce, nuestro sustento y la pervivencia del mundo.

  • Wittgenstein, el jardinero

    Wittgenstein, el jardinero

    Ta Megala 

    Fernando Solana Olivares 

    Era un hombre delgado que parecía asceta. Sus alumnos lo imitaban: vestían con su mismo desaliño, trataban de emplear su legendaria franqueza, su lenguaje llano y sin ornamentación alguna al dirigirse a cualquiera, hábitos que asustaban a casi toda la gente porque no seguían ninguna convención social y derivaban en lo que algún testigo reseñó como “una desnuda confrontación de personalidades” que imponía en todas sus relaciones.  

          Al darse cuenta de que era imitado lo desaprobaba tajantemente, porque nada le parecía más importante que la posesión de un pensamiento independiente y el ejercicio de la singularidad. Cuando en 1929 regresó a Cambridge persuadido por su amigo Keynes, éste le escribió a su esposa: “Dios ha llegado. Me lo encontré en el tren de las 5:15.” 

             Sin embargo, el ambiente universitario le parecía repelente: “la rigidez, la artificialidad, la suficiencia de la gente”, entre la que echaba de menos con quien platicar de bagatelas en el campus, del mismo modo informal pero riguroso como daba sus clases cuando solía pensar en voz alta sin ningún apunte ante un pequeño grupo de alumnos, guardando largos silencios y a veces maldiciendo su propia estupidez, tan intransigente consigo mismo como con los demás.  

          Su actitud al filosofar, según cuentan quienes lo vieron, era más la de un artista creativo que la de un científico, similar a la de un profeta o vidente que luchaba en su interior con intensidad y dolor para encontrar una respuesta que al fin se manifestaba como si fuera una iluminación súbita, una inesperada revelación. “No podíamos evitar sentir —dijo uno de lesos testigos— que cualquier comentario o análisis sensato y racional que hiciéramos al respecto constituiría una profanación.”

    Se enorgullecía de haber estudiado muy poco —que de todos modos le resultaba mucho— a otros filósofos, cuya frecuentación le parecía meramente académica, y por tanto un falso filosofar. Prefería leer novelas policiacas, donde encontraba más filosofía que en las publicaciones canónicas. Conoció algunas obras de Kafka por insistencia de una de sus alumnas, y cuando le devolvió los libros comentó que su autor se causaba “muchos problemas por no escribir acerca de sus problemas.”  

             Decía que la ambición era la muerte del pensamiento y proponía la lectura de un cuento de Tolstoi, “Los tres ermitaños”, como una ilustración de los problemas filosóficos en toda su magnitud. Diversas tradiciones orientales consignan la historia que Tolstoi supo por alguna de ellas y narró más o menos así:  

          Érase una vez un obispo que hizo un viaje pastoral y desde la playa a la que llegó vio una pequeña isla a la distancia. Le dijeron que en ella vivían tres ermitaños y decidió embarcarse para visitarlos. En el arrecife se encontró con tres hombres harapientos tomados de la mano. Uno pequeño y sonriente, otro mediano y amable, el último alto y serio. El obispo preguntó cómo servían a Dios y qué hacían para salvar sus almas. Los anacoretas le respondieron que no sabían cómo, que sólo se servían y ayudaban entre ellos mismos y que la única plegaria que pronunciaban era de su propia invención: ‘Vosotros sois tres, nosotros también, tened piedad de nosotros’. El obispo pasó todo el día enseñándoles a rezar el padrenuestro. Al caer la noche los bendijo, regresó a la barca y zarpó de regreso. Durante la travesía se sentó en la popa a observar el mar y de pronto vio algo que brillaba en el agua bajo el claro de luna. La luz aumentó y el obispo reconoció a los tres ermitaños que se acercaban al barco caminando rápidamente sobre el agua. Cuando estuvieron delante de él, los tres hombres hablaron a una sola voz: ‘Venerable, ya no recordamos la plegaria que nos enseñaste. Dínosla una vez más’. El obispo se persignó, elevó sus preces al cielo y les dijo: ‘Cualquier plegaria que hagan llegará a Dios, pues ustedes son sus hijos. No soy yo quien deba enseñarles nada. Les pido que rueguen por nosotros, los pecadores’”.

    Definió la filosofía como una terapia cuyo objetivo era lograr paz en los pensamientos, una meta que anhela el filósofo, quien es aquel que debe curar en sí mismo las enfermedades del entendimiento, un revolucionario que lo será sólo si puede revolucionarse a sí mismo. “El trabajo en la filosofía es —como lo es también en gran parte el trabajo en la arquitectura— en gran medida el trabajo en uno mismo. En la propia comprensión. En la manera de ver las cosas. (Y en lo que uno exige de ellas.)”  

          Esta anotación de 1931 resume lo que buscó toda su vida: una operación reflexiva trascendente que transformara los hábitos de pensamiento relacionados con la manera en que se vive el mundo y las consecuencias ingratas de ese vivir, reflejadas siempre en el lenguaje. Sostuvo entonces que el filósofo debía penetrar en aquello que está ante los ojos de todos, que tocar el piano era una danza de los dedos humanos y que las palabras son hechos porque construyen formas de la realidad: “Nada es tan difícil como no engañarse.” 

             Su terapia filosófica no consistía en la explicación de las cosas mediante ninguna teoría —que sea la que fuere determina lo que quiere resolver por la perspectiva que esa misma teoría ofrece—, sino a través de la descripción de las cosas, que ocultan su sentido más importante debido a su simplicidad y familiaridad.  

          Creía que todo está a la vista pero se esconde en la naturaleza ambigua e hipnótica del lenguaje que hace mirar fijamente y hechiza la inteligencia, establece esencias falsas en las figuras verbales del habla cotidiana, un veneno seductor y confuso pero también curativo, en cuyas articulaciones sutiles se encuentra la “gramática de la profundidad”, una terapia inmediata, común y accesible que permite ir más allá de la ilusión. 

             Ludwig Wittgenstein, príncipe del pensamiento que trabajó hacia la luz, segador de hierba filosófica en los valles de la tontería y no en las elevaciones sublimes de la teoría, fue descrito por sus contemporáneos como el espíritu más independiente que hubieran conocido y como el menos neurótico de los hombres.  

          Se preciaba de no haber leído ninguna línea de Aristóteles pero diseñaba casas de insólita perfección, podía dirigir una orquesta sinfónica o afirmar que todo dependía del espíritu con el que se realizara cualquier acción: amar, pensar, cocinar. Repudiaba la publicidad y la fama, consideraba a la prensa como uno de los males de la modernidad, una edad para él brutalmente oscura por su deificación del progreso, del consumo y la tecnología. Creía que sólo un cambio radical de vida podría curar las graves enfermedades de la época, pero que éste sobrevendría hasta que el mundo enfrentara una catástrofe. 

             Dios murió un 29 de abril hace más de cincuenta años. Antes vivió en soledad en los fiordos noruegos, fue jardinero de un convento y maestro rural. Escribió parte de lo mejor de su obra en las trincheras sangrientas de la guerra y puso en práctica el credo de otro vienés como él, huérfano también de Kakania, ese laboratorio histórico de lo mejor al lado de lo peor: “La forma más alta de la inteligencia es la bondad.” Y la descripción. Y la comprensión. Y Wittgenstein.  

    Wittgenstein, un enero 

    1. “Cada mañana hay que atravesar de nuevo la escoria muerta, para llegar al núcleo vivo y cálido”.* Dejar atrás el lindero del sueño donde una mente sin reposo volvió a hacernos vivir lo ya vivido y salir a encontrar ese golpe de suerte que quizá hará cambiar lo que somos. Y cada noche habrá que juntar tal escoria inmóvil, pues mientras la revelación no llegue a nosotros su presencia será un amparo y mantendrá la esperanza de que al día siguiente lograremos, por fin, calcinarla para siempre. 

          2. “Debe desmontarse el edificio de tu orgullo. Y es una enorme tarea”. Aunque la brutalidad y dureza del momento histórico bien podría encargarse de hacerlo por uno mismo: destruir aquella soberbia de lo humano que nos ha llevado a los atroces y nihilistas límites hoy terminalmente traspasados. Pero en todo caso, existe otro orgullo por desmontar antes: aquél que nos permite negarnos a entregar a otros lo que sólo es nuestro, así sea para destruirlo. 

          3. “Freud ha hecho un mal servicio con sus pseudo explicaciones (precisamente porque son ingeniosas). Cualquier asno tiene a la mano esas imágenes para ‘explicar’ con su ayuda los síntomas de la enfermedad”. Y dicha “explicación” la hará extensiva a cualquiera que se le acerque. Doxas de la modernidad urbana y de sus clases ilustradas: todos hemos sido sicoanalizados, aun aquellos que por método, desconfianza o simple indiferencia jamás se han puesto en manos de algún médico de almas. Nunca falta un conocido que se vengue de nosotros extendiéndonos las inverosímiles razones analíticas que a él le administra su terapeuta, y hará de cualquier encuentro un miserable diván. 

          4. “Así, pues, puede haber eternamente una llave en el lugar en que la puso el maestro, sin ser utilizada para abrir el cerrojo para el cual la forjó”. Tal es la culpable nostalgia de los pasados posibles que nunca fueron. Aquel libro mal leído, aquella relación no correspondida, esa disciplina incipiente que evaporó la inercia, ¿eran aquella llave nunca usada? De haber sido otros, de haber estado en otros, ¿no seríamos los mismos? Tal vez exista un cierto consuelo: el cerrojo es el recuerdo y la llave el olvido. Entonces la memoria nostálgica resulta ser la condena inflexible de un damnificado de sí mismo. 

          5. “¡Qué pensamiento tan pequeño puede llenar toda una vida! ¡Cómo se puede viajar toda la vida por la misma pequeña zona y creer que no hay nada más!” Ello ocurre con los dogmas y las liturgias del pensamiento único que predomina en esta época. Acaso es una herencia envenenada de ese racionalismo extremo, mecanicista y lineal de nuestra civilización judeocristiana, tan provinciana y estrecha, tan idiotamente encerrada en lo particular. De ahí que la confusión entre el hecho y el valor nos hayan llevado a malbaratar la esencia por las formas: el amor se convierte en matrimonio, la enseñanza en escuela, la salud en hospital, la creatividad en academia, la vocación en carrera, las relaciones sociales en gobierno, la amistad en clubes de pertenencia, el juego y la alegría en entretenimiento y confort. 

          6. “Para bajar a la profundidad no se necesita viajar mucho; no necesitas para ello abandonar tu ambiente cercano y habitual”. Flaubert recomendaba vivir de día como pequeñoburgués en aras de lograr durante la noche el ingreso a los infiernos íntimos, a los extremos de la imaginación. Saberlo es un aprendizaje boxístico: no tomar como reales las fintas que el otro que está en nuestro interior nos hace a cada instante. 

          7. “Cuando la vida llega a ser difícilmente soportable, se piensa en un cambio de la situación. Pero el cambio más importante y más eficaz, el de la propia conducta, apenas se nos ocurre y nos es muy difícil decidirnos a hacerlo”. Vieja sabiduría, la de la enfermedad mental: el loco es un estratega que ante una situación insoportable reorganiza drásticamente su universo síquico a través de su propia conducta. Nosotros, los neuróticos comunes y corrientes, pasamos el tiempo quejándonos de la vida, pidiéndole todo a ella como si fuera una entidad que sucediera por sí misma, sin contar para nada con nuestra participación. El loco se engaña por un exceso de responsabilidad: cree que la vida es un diseño solamente suyo. Los otros nos engañamos por una vicaria limitación: creemos que la vida es aquello que nos ocurre a pesar de nosotros mismos. 

          8. “Mi ideal es una cierta indiferencia. Un templo que sirva de contorno a las pasiones, sin mezclarse en ellas”. Y también cierto cinismo, el indispensable para que la distancia hacia uno mismo conserve las energías de la pasión sin asumir sus gastos inútiles. O regresar al tiempo ahistórico, donde la conciencia se expande; o simplemente al desapego inteligente de quienes se sientan al margen de las mareas, los malditos tranquilos que contemplan la oscura desbandada de la existencia diciendo en voz alta: despéñate, torrente de la inutilidad. 

          9. “Nuestro hablar obtiene su sentido del resto de nuestra actuación”. Somos lo que hacemos, o mejor, somos como lo hacemos. El antiguo precepto ético sigue en pie: nadie es más que otro si no hace más que otro. Si el decir es un hacer, sólo el hacer sostiene al decir. Las palabras, marcas del espíritu, no son impunes. Toda persona es un huésped de la vida que mediante el lenguaje comprende o ignora la hospitalidad recibida. Y dado que pensar es agradecer, la única legitimación existencial radica en comprender agradecidos que no sabemos ni el porqué ni el para qué de este misterioso alojamiento temporal.  

         * Todas las citas son de Ludwig Wittgenstein.

  • La rabia antes de Navidad

    La rabia antes de Navidad

    Culturas impopulares 

    Jorge Pech Casanova 

    Natalie Lynn Rupnow escribió unos días antes de su muerte: “Veo a mis padres como unos fracasados por todo lo que me han hecho y por estar jugando con mi vida. Nunca me dieron ningún consejo útil, todo era una mierda, aunque el mundo en sí es una mierda para ser justos, así que ¿por qué tú o yo deberíamos ver tanto en él?” 

    El 16 de diciembre Natalie, con quince años de edad, acudió a la Escuela Cristiana Vida Abundante, donde era una de 400 estudiantes. Llevó un arma de 9 milímetros, les disparó a varios de sus condiscípulos y maestras, y luego se dio un tiro. Quedó muerta en el colegio junto con una de sus maestras y otra estudiante. Por los disparos, dos educandos quedaron con heridas graves, y tres alumnos y una maestra más sufrieron lesiones de menor gravedad. 

    Las autoridades de Madison, Wisconsin, donde se ubica la escuela atacada, investigan qué llevó a la adolescente a cometer ese tiroteo, el primero efectuado por una joven de su edad. El incidente genera desconcierto precisamente por la juventud y el género de Rupnow, pues esta clase de ataques han sido mayormente cometidos por hombres jóvenes. Ahora se sabe que tenía un “novio” adulto por internet a quien posiblemente confió sus planes. Por otra parte, su padre, a quien tanto despreció, la llevaba a entrenar a un campo de tiro. 

    Al parecer, Rupnow es la novena mujer en cometer un tiroteo desde que en 1999 Eric Harris y Dylan Klebold asesinaron a 21 estudiantes y un profesor en el Instituto Columbine de Colorado. Otro dato indica que, de los 589 asesinos que desde 2006 han atacado a diferentes reuniones masivas, sólo 33 fueron mujeres. A diferencia de los hombres, que parecen recurrir a estas matanzas como medio para satisfacer tendencias criminales narcisistas, las mujeres que cometieron tiroteos en su mayoría reaccionaron a crisis de violencia doméstica: sus acciones letales fueron un medio de evitar recurrentes maltratos. 

    Las informaciones sobre Natalie Rupnow indican un consistente perfil problemático, tomando en cuenta sus publicaciones en redes sociales, en las cuales expresó: “La humanidad es inmundicia y no me gusta esa suciedad, ni quiero vivir en ella, ni nadie más debería. Y sé que me sigue y seguirá a todos debido a cómo está dirigido el mundo”. 

    No habían salido los estadounidenses de su consternación por ese tiroteo cuando, el 17 de diciembre, se difundieron las noticias sobre un tiroteo en el suburbio de Towson, Maryland. Allí, la policía acudió para hallar un automóvil en llamas, volcado, en cuyo entorno yacían nueve personas heridas y un joven muerto a tiros. El fallecido tenía 26 años de edad. A los policías les llamó la atención que las víctimas fuesen jóvenes de 14 a 27 años de edad. Dos jovencitas de 15 y 17 años estaban entre las lesionadas y, al parecer, todos iban dentro del vehículo destruido. 

    Mientras tanto, los estadounidenses asisten fascinados al juicio de Luigi Mangione, acusado de abatir con al menos tres disparos a Brian Thompson, director ejecutivo de la ahora cuestionada aseguradora médica United Healthcare. 

    Thompson fue ejecutado el 4 de diciembre. En cuestión de horas, la cacería de su verdugo atrajo el repudio del público, al difundirse los daños y perjuicios que los codiciosos ejecutivos han causado en las vidas de numerosos asegurados a quienes negaron total o parcialmente tratamientos, tan sólo para aumentar las ganancias de su despiadado corporativo. 

    Si bien la glorificación de asesinos no es nueva en Estados Unidos (desde forajidos como Billy the Kid, pasando por el mercenario William Walker, el Ku Klux Klan y gángsters de toda laya, hasta exterminadores en masa), el caso de Mangione es inaudito, pues una multitud se ha volcado a pedir, si no su perdón, su indulto, debido a que el empresario sacrificado es visto como un tipo de verdugo aún más mortífero. 

    Las aseguradoras del sector salud han sido denunciadas desde hace años; por ejemplo, en el libro Demorar, Denegar, Defender: Por qué las compañías aseguradoras no pagan reclamaciones y qué puedes hacer al respecto,que Jay M. Feinman publicó en 2010. Este catedrático en derecho denunció en su estudio que la industria de las aseguradoras prioriza sus ganancias por encima de las necesidades de sus asegurados, y para lograr esas ganancias emplea tácticas como la demora o la denegación de reclamos legítimos. 

    En la escena del ataque a Thompson, la policía recuperó tres cartuchos del arma del agresor marcados con las palabras “Deny, Defend, Depose” (denegar, defender, deponer). Fueron disparados con un arma atípica, una pistola elaborada con material plástico mediante impresora digital, que se asegura le fue confiscada a Mangione poco después de su captura. 

    Aún no se declaraba sospechoso a Mangione por el homicidio de Thompson, cuando numerosos ciudadanos rogaban que nadie lo entregase a las autoridades. Un delator en pos de la recompensa ayudó a su captura; el público lo execró, aplaudiendo rumores de que el premio no sería pagado y de que el soplón fue despedido de su trabajo en un McDonald’s. 

    En cambio, numerosas voces declararon que recaudarían fondos para pagar la defensa de Mangione. Al momento, ese fondo ha rebasado los cien mil dólares. Algunos inclusive bromean con proporcionar coartadas al joven acusado. Ese ánimo festivo encubre una justa rabia contra compañías aseguradoras que han causado innumerables angustias, daños y aun la muerte a personas que confiaban con poder costearse un tratamiento hospitalario después de años de pagar cuotas por seguro médico. 

    Una usuaria de la red social Threads, jessejessejoyjoy, describe así el “romance” del público con Luigi, presunto ejecutor de un empresario inhumano: “Hemos contemplado a nuestro gobierno no hacer NADA para detener la construcción de esta Estrella de la Muerte, con cada uno de nosotros señalado como blanco. Observamos a nuestros amigos y seres queridos ejecutados uno por uno […] Hasta que este país trate esta crisis con la seriedad que amerita, Luigi permanecerá como un héroe popular para aquellos bajo el talón del imperio”. 

    El espíritu navideño se trastornó en EU y estalló en rabia durante este mes. Los tiroteos se multiplican, se glorifica el magnicidio y una adolescente se torna asesina suicida. Son alarmantes señales mientras colapsa el imperio. Robyn.hoode, usuario de la red social Threads, sugiere: “Los ejecutivos billonarios debieran ser tratados como la realeza. Durante la Revolución Francesa”. A Julio César, ya dictador, le advirtieron “Cuídate de los idus de marzo”. No llega enero y el espíritu de venganza se instaló en el corazón de los estadounidenses, mientras su nuevo tirano se asemeja más al viejo pervertido Tiberio que a los jóvenes dementes Calígula y Nerón. 

    Al final, los tiroteos escolares y los homicidios de magnates empresariales apuntan a un mismo origen: la facilidad con que cualquiera puede, en EU, portar armas de alto poder cada vez menos perceptibles. Por ello, sin importar la edad, sobre los tiranos pende la espada. Los tiranicidas pueden surgir en cualquier paciente estafado por empresas aliadas al gobierno, o en adolescentes que se enferman de odio en solitarias habitaciones. El grave problema es que quienes odian a muerte no distinguen a los opresores de los oprimidos.

  • Dos estampas navideñas

    Dos estampas navideñas

    Ta Megala

     Fernando Solana Olivares

    Mecánica del alma. “Antes que la lujuria conocí la soberbia.  A los diez años ya me sentía solo y único y llamado a guiar”. Eso cuenta de sí mismo José Vasconcelos en sus memorias, y se sabe de otros que desde temprana edad también padecen dicha neurosis de destino. Tenerla es costoso, tanto como los imperativos de nombres tan vasconcelianos como el de Aquiles Zentella, un grisáceo personaje que debía su destino a llamarse así.

           Quien escuchaba el nombre antes de ver al sujeto se hacía una intensa imagen de éste. La dificultad que seguía era cuadrar lo imaginado con el propio licenciado Zentella, quien dejó de frecuentar la tertulia de la cantina por un acertijo que le pareció una mala broma y quizá una burla a él: “¿Contiene esta oración cinco palabras o siete?”

           Le dieron ganas de contestarle al gracioso algo así como “¿Te recuerda esta frase a tu madre?”, pero guardó silencio y salió del tugurio porque requería un pretexto para hacerlo. Prefería contar sus chistes delante de otro auditorio. Así que vagabundeó por ahí hasta la hora de la cena. O pudo haber dormitado mientras tanto. No se conocen las horas muertas de Zentella entre que abatió la doble puerta de la cantina y su llegada al convite. Como siempre, quienes no lo conocían se sorprendieron al verlo. Esperaban un centauro y se presentaba un vejete. Como siempre, la cortesía obligó a todos a saludarlo fingiendo una muy agradable sorpresa.

           Después de un rato estaba discutiendo con una dama que tenía al lado. “Es lo mismo decir: la besó en los labios, que decir: la besó en el hocico. Pero las dos frases son distintas. ¿No lo ve?” La dama no lo veía.

           El licenciado Zentella se pensaba tenaz, pero era terco y aferrado. Se imaginaba a sí mismo persuasivo, pero era hablador y a veces un bocón.  Se describía exigente, pero era complicado y difícil de darle gusto. Se decía fantasioso, pero había tenido episodios delirantes y algunos creían que debiera atenderse con un psiquiatra. Se ostentaba como escritor, pero era un articulista ocasional y mediocre.

           Resolvió su discusión con la señora vecina diciéndole que él estaba delgado, ella gorda y la mujer de más allá francamente obesa, así que seguramente las dos asistían a la cena por interés. Decidió ignorarla y procedió a comer meticulosamente, abstraído y silencioso. Era su método del bolo alimenticio: masticar y salivar para absorber apropiadamente los nutrientes.

           El licenciado Zentella nunca hablaba al comer. Entonces oyó lo que se dijo en la mesa aparentando no estar ahí: “Yo soy bella, tú no estás mal, ella es fotogénica, si te gusta su tipo de mujer. Yo estoy de malas, tú estás indignado, él está haciendo un escándalo”. Cosas así que escuchó sin escuchar.

           Terminó de cenar mucho después que todos los demás porque había masticado pacientemente cada bocado. Con esas prácticas se apropiaba de la escena: a contracorriente del reloj. Incómodos, los demás invitados esperaron a que por fin acabara. Algunas puyas sobre su lentitud se escucharon, pero el indiferente licenciado Zentella una por una calculó sus masticaciones.

           Después quiso contar la chanza que se negara a malbaratar horas antes en la cantina. Se creía un hombre simpático, aunque se le consideraba sangrón y hasta fastidioso. Con voz tipluda preguntó si no le ofrecerían postre. Los anfitriones no respondieron. Razón de más para no contarles nada.

           “Yo soy el tema de esta oración”, dijo, cuando ninguno de los asistentes le prestaba atención. Zentella no dejaba de creer en su excepcionalidad, se sabía solo, único y llamado a guiar. Los demás lo veían tan grisáceo como su apariencia misma. Algunos malquerientes lo llamaban Nada Zentella.

           Lo del postre no servido le pareció malos modales, pero lo dicho en el brindis no lo supo clasificar. Alzó su copa en el círculo mordaz que bebía a su salud y sintió que él era un sujeto socialmente apreciado, así a nadie le cayera bien.

           “Súbito cae el rayo. Se ilumina pálidamente una torre. El trueno retumba. Un jinete lucha con su caballo, desmonta, llama a la puerta y alborota. Es el licenciado Aquiles Zentella que aquí les vino a cenar”. La carcajada fue general.

           La primera oración del brindis había definido el campo perceptivo en el que aparece el rayo. Estaba a punto de comentarle dicha observación a la dama que antes despreciara, cuando Zentella decidió mejor tomar la palabra y poner las cosas en su lugar. Empleó una táctica que llamaba bolo verbal: hablar lento y bajito. La única que se dio cuenta fue la mujer de junto y avisó a los invitados que el letrado quería decir algo.

           Hasta ahora no se ha mencionado que la cena era de Navidad.

            “Yo obsequio afecto humano, ustedes compran cariño material, ellos fomentan la avidez del objeto. Yo los respeto, ustedes me justiprecian, ellos me idolatran. Yo vine, ustedes lo agradecen, ellos lo gozan”.  Hizo una pausa dramática después de esas tres series verbales de lo que el invitado para burlarse los demás de él consideraba una demostración pública de su talento.

           Los oyentes entendieron que Zentella estaba justificando el haber acudido sin regalos a la reunión. Él se consideraba un honroso presente que realzaba cualquier ocasión, los anfitriones lo convocaban para reírse a sus costillas y los invitados festejaban el buen gusto de asistir a una reunión con chivo expiatorio designado.

           Convencido de sí —¿cómo sospechar que sus conocidos no lo admiraran, siendo como era excepcional?—, decidió contar otro chiste, pero otra vez lo hizo tan bajito que apenas si se entendió:

           “Ayer le pregunté al padre Baltazar si podía fumar mientras rezaba. Me reprendió y dijo que no, que mi ocurrencia era una falta de respeto. Hoy le pregunté si podía rezar mientras fumaba. Me dijo que sí, que era muy meritorio que así lo hiciera”. No hubo respuesta.

           Quien utiliza una sintaxis compleja se acostumbra a manejar simultáneamente distintos niveles lógicos a la vez que multiplica el suyo propio. Quien es capaz de esto domina el lenguaje. Y Zentella insistió: “Aunque rezaba, fumaba. Rezaba, pues fumaba. Para poder fumar, rezaba. Mientras fumaba, rezaba”.

           Una conjunción concesiva, otra causal, la tercera final y la última temporal fueron desdeñadas entre chistoretes despiadados y crueles bufonadas. Así ignoraron el regalo navideño del licenciado Aquiles Zentella, esa mecánica del alma vuelta palabras que nadie agradeció.

    Una navidad en el laberinto. El pájaro canta esta tarde, mientras trato de invocar el recuerdo de las navidades que he vivido. Es como estar contemplando mi vida desde un barandal. Le pido al ave lo mismo, cantar, pero aún no aprendo la lengua de los pájaros, así que mi petición se disuelve y luego se coagula, como las cartas navideñas que de niño tantas veces escribí para pedir regalos.

           Mi abuela paterna instalaba en diciembre un Nacimiento en tres momentos: los tres Reyes Magos cabalgando tras la estrella de Belén, después descendiendo de sus cabalgaduras y al final adorando al Niño Dios nacido en el rústico pesebre. Ahí dejaba mis peticiones a los tres visitantes, bajo la protección de esa alegoría de la alegoría y sus dones que fascinado contemplaba durante horas, envuelto por el aroma élfico del musgo y las escenas de la representación en un cuarto entero de la gran casa para ocupar toda mi fantasía.

           La sucesión de movimientos inmóviles conseguía hechizarme. Era una lección narrativa sobre el tiempo sucesivo, sobre su simultaneidad progresiva, sobre su aparición simultánea. Lo entendería más tarde pero lo aprendí entonces. Y yo miraba absorto a mi abuela dirigir a las criadas y a las hijas jóvenes en el ritual del montaje, el cual se llevaba tres días como las tres pistas principales del peregrinaje de los tres soberanos, como sus tres etapas mostradas entre valles, colinas y desiertos de aquel universo en miniatura.

           Tal número era importante para mi vida entonces, cuando otra carta pedigüeña era colocada en el nacimiento más pequeño de la casa de mis padres, donde en cambio se erguía un pino lleno de luces y esferas que también hipnotizaba mi atención y mis sentidos pues se llenaría de regalos la madrugada de Navidad. Y es importante ahora cuando ya pasó la medianoche y me hago discretamente a un lado en el sofá para que mi vecina no se desplome sobre mí por tercera vez. La cena navideña comienza a animarse.

           —Desde esta tarde me he estado acordando de todas mis navidades —digo a la mujer que al escucharme se ríe.

          Una muy lejana, por ejemplo, en medio de la juguetería Ara de Insurgentes, donde desplegué un berrinche olímpico porque ahí mismo mi madre me informó que no existían ni Santa Claus en la casa ni los Reyes Magos en la de la abuela, y que ese tren tan caro no podía ser mío aunque me empeñara en hacer un escándalo, porque a mis seis años ya debía comprender la verdad y conocer la mentira.

           –Pues yo he olvidado todas las navidades anteriores a ésta, querido —contesta ella, ebria y con su insinuante cuerpo pegado a mí.

           En otra ocasión, antes de aquel vergonzoso capricho, mi hermano mayor descubrió la huella del elefante del rey mago Baltazar impresa en la alfombra de la sala de la casa y nos la mostró a mi hermana y a mí. Era una clara señal. El día de Navidad los tres velamos escondidos detrás del sofá grande para sorprender la llegada de los enviados. El sueño nos venció antes de tiempo y cuando despertamos los regalos estaban al pie del árbol de luces encendidas. Mi hermano nos contó que los Reyes Magos habían hablado con él.

           —¿Los tres, querido? —festeja ella en medio de carcajadas.

           —¿Yo, tú y él, o tú, yo y ella? —le pregunta un hombre que sentado más allá nos está observando. Es su marido.

           —No estoy hablando contigo, Jorge. Déjame en paz —contesta secamente la mujer.

           Pero una navidad mi padre ya no estaba presente y mi madre quebró el platón donde llevaba un pastel recién horneado para la cena que sería en la casa de mi otra abuela, no la hechicera cautivante de las tres escenas, los tres tiempos y los tres anillos, sino la matrona endurecida que con disgusto veía a mi madre fracasar en un matrimonio pactado por ella misma para sumar fortuna a su disminuido patrimonio. Aquella noche mis tíos maternos me dieron a beber sidra y me embriagué por primera vez.

           —No estás haciéndome caso, querido —me susurra ella, mientras su balanceo se ha convertido en una frotación.

           —Entonces yo nada más miro —dice el marido.

           —Si quieres. Pero cállate ya —responde la mujer.

           Hay una memoria del cuerpo, otra de la mente y una más del espíritu. Lo supe cuando caminé solitario por la ciudad fantasmal y sus calles vacías, ocupadas todas las casas en la celebración navideña mientras yo llegaba al cuarto de azotea, aquella bolsa de cemento que mi abuela había mal dispuesto para mi hermano y para mí. El cuerpo me lastimaba con la soledad de mi desamparo, la mente me entristecía de conmiseración pero el espíritu me confortaba en silencio. Ahí lo descubrí: el espíritu es aquello que se esconde y nos consuela.

           —A mí me interesa la primera memoria, querido —me dice ella.

           —Yo prefiero la segunda, y para el señor será la tercera —propone el marido.

           —¡De verdad, Jorge, qué pesado te portas en las navidades: nadie te está hablando a ti, carajo! —explota ella.

           Me pongo de pie para liberarme de esta acosante mujer. Miro a su marido al incorporarme y noto en su rostro un gesto de decepción. Poca gente queda ya en la fiesta de la oficina. Dos o tres secretarias, un par de choferes, el contador, el archivista, un jefe de oficina, un mensajero, el intendente. De ninguno me voy a despedir.

             Hoy escuché cantar a un ave y me propuse recordar todas mis navidades. Ahora camino por los filos de la madrugada y el olvido entre una niebla que me envuelve. Pienso que el recuerdo es un laberinto de la conciencia. Miro tres estrellas brillantes a punto de evaporarse en la pálida aurora. Escucho de nuevo los trinos aéreos. Me pregunto si alguna navidad comprenderé la lengua de los pájaros, su gaya lengua, su canción. Hasta ahora son recuerdos y palabras, sentimientos y palabras, meros anhelos sobre la verdad.

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