Morfema Cero

  • En la alta fantasía

    En la alta fantasía

    TA MEGALA

    Fernando Solana Olivares

    I.

    Escribió Hugo von Hofmannsthal: “La profundidad hay que esconderla. ¿Dónde? En la superficie”. Por eso durante sus últimos años Italo Calvino alternó composiciones sobre la estructura del relato con ejercicios de pura descripción, un arte que percibía muy descuidado por la narrativa de su época. El libro que agrupa tales textos, Palomar, aparecido en 1985 un poco antes de su muerte, es una especie de diario o de registro sobre problemas de conocimiento mínimos, de vías para establecer relaciones con el mundo, de gratificaciones y frustraciones en el uso del silencio y de la palabra; según su propia explicación: “son una batalla con el lenguaje para convertirlo en el lenguaje de las cosas, que parte de las cosas y vuelve a nosotros cargado de todo lo humano que en las cosas hemos invertido”.

           Tres tipos de experiencia o interrogación están presentes en Palomar (nombre del protagonista que evoca el toponímico del observatorio astronómico): una experiencia visual que tiene por objeto la naturaleza y donde el texto se configura como una descripción; una experiencia conceptual que implica elementos culturales, lingüísticos o simbólicos y en la que el texto se desarrolla como un relato; una experiencia mental y especulativa relativa al cosmos, al tiempo, al infinito, al yo y el mundo, cuando el texto pasa de la descripción y del relato al ámbito de la meditación. Esta tríada resume las formas cognitivas y sensibles propias de la conciencia humana: la descripción objetiva hasta donde esto es posible, el relato subjetivo en el cual alguien cuenta cómo mira el mundo, la contemplación en que se funden y se transforman tanto la percepción directa como el sentimiento personal ante ella.

            Italo Calvino oscila entre los dos extremos de la consideración del lenguaje: quienes creen que las palabras son el medio para alcanzar la sustancia del mundo, quienes creen que antes que ser un medio las palabras representan esa misma sustancia. El uso justo, el uso exacto del lenguaje es aquel que permite acercarse a las cosas presentes o ausentes con discreción, atención y cautela, con el debido respeto hacia aquello que las cosas presentes o ausentes comunican sin palabras.

           De ahí entonces que “Visibilidad”, uno de los ensayos contenidos en las célebres conferencias dictadas en Harvard en 1984, Seis propuestas para el próximo milenio, comience citando un verso de Dante en Purgatorio (XVII, 25) que dice: “Llovió después en la alta fantasía”. Su exposición, como las otras (que solamente fueron cinco, pues Calvino no alcanzó a escribir la sexta conferencia, “Consistencia”, de la que sólo se sabe que habría versado sobre Bartleby, el escribiente de Herman Melville), todas ellas dedicadas a valores y cualidades de la literatura (“hay cosas que sólo la literatura, con sus medios específicos, puede dar”), pero también sobre la amenazada existencia contemporánea de las personas, partía de una constatación: “la fantasía es un lugar en el que llueve”.

           El contexto del verso está dado en el círculo de los iracundos, donde Dante contempla las imágenes que se forman en la mente de aquellos, y que “llueven del cielo”, es decir, que provienen directamente de Dios. Son imágenes puramente mentales que se interiorizan en la conciencia sin pasar por los sentidos. Se trata de la “alta fantasía”, la parte más elevada de la imaginación, diferente a la imaginación corporal o somática como la que se manifiesta por ejemplo en los sueños.

           “Según Dante […] hay en el cielo una especie de manantial luminoso que transmite imágenes ideales —escribe—, formadas según la lógica intrínseca del mundo imaginario (‘por sí’) o por voluntad de Dios (‘o por el querer de quien la vierte’)”.

           Distinguiendo dos tipos de procesos imaginativos: el que parte de la palabra y llega a la imagen visual, y el que desde la imaginación visual alcanza la expresión verbal, Calvino se pregunta sobre la formación de lo imaginario en una época como la nuestra donde la literatura no se remite a una tradición o autoridad en tanto origen o fin, sino que apunta a la novedad, la originalidad o la libre invención, una civilización cuya prioridad avasallante es la imagen visual sobre la expresión verbal, la hegemonía del homo videns sobre el homo sapiens.

           Así entonces, ¿de dónde “llueven” las imágenes de la alta fantasía cuando no puede ya proclamarse su inspiración divina?

    II.

    Para alcanzar aquel manantial luminoso ahora se establecen vínculos con el inconsciente individual o colectivo mediante la escritura automática surrealista (André Breton), con el tiempo recobrado de las sensaciones que llevan a la conciencia hasta el pasado personal profundo (Marcel Proust), con las epifanías repentinas donde se concentran el ser y la multiplicidad de lo existente en un punto visual (James Joyce, Jorge Luis Borges), con la supresión de los significados y la evocación de los silencios entre la narración (Juan Rulfo).

           O con el empleo de técnicas de visualización, ese método de delirio que no interesaría más que a los insensatos, practicado así por Marguerite Yourcenar: “Las reglas del juego: aprenderlo todo, informarse de todo, y simultáneamente, adaptar a nuestro fin los Ejercicios de Ignacio de Loyola o el método del asceta hindú que se esfuerza, a lo largo de los años, en visualizar con un poco más de exactitud la imagen que se construye en su imaginación”.

           Italo Calvino considera algunos otros modos en que la imaginación “llovida” a la conciencia desde un lugar distinto a la razón (o la supra razón) se planteó en el pasado. Un ensayo publicado en 1970 por Jean Starobinski, “El imperio de lo imaginario”, señala que es desde la magia renacentista de origen neoplátonico de donde surge “la idea de la imagen como comunicación con el alma del mundo”, una perspectiva adoptada siglos después por el romanticismo y el surrealismo.

           Esta concepción contrasta con la de la imaginación como un instrumento del conocimiento científico que se subordina a él en la formulación de sus hipótesis. Aceptar la distancia entre las dos concepciones significa consagrar la separación de lo cognoscible, “dejando a la ciencia el mundo exterior y aislando el conocimiento imaginativo de la interioridad individual”.

           Es un par de oposiciones similar a la del psicoanálisis freudiano creyente en la interioridad subjetiva, y la psicología jungiana que atribuye validez universal a los arquetipos del inconsciente individual y colectivo, que acepta la idea de la imaginación como un vínculo con la verdad profunda, con el alma del mundo.

           El signo positivo de la posmodernidad es la reunión de los contrarios. Sincretismo actual que acerca lo separado y modifica el orden jerárquico separativo y cartesiano del “pienso, luego existo”, al “existo, luego pienso”. Calvino explica su procedimiento escritural como una unificación entre la generación espontánea de las imágenes y la intencionalidad del pensamiento discursivo.

           Entre la imaginación como fuente de conocimiento o como identificación con el alma del mundo, el autor de Las ciudades invisibles se decide por las dos tendencias al mismo tiempo, asumiendo que la imaginación es un repertorio de lo potencial, de lo hipotético, de lo que no es, no ha sido ni tal vez será, pero que hubiera podido ser. Y entre las plagas que asolan hoy al lenguaje, ese sistema inmunológico del espíritu, Calvino considera la creciente pérdida del poder de evocar imágenes en ausencia provocada por “el diluvio de imágenes prefabricadas” que la cultura visual produce.

           La inclusión de la visibilidad en la lista de valores a preservar es una advertencia sobre el inminente peligro de perder una facultad humana esencial: “la capacidad de enfocar imágenes visuales con los ojos cerrados, de hacer que broten colores y formas del alineamiento de caracteres alfabéticos negros sobre una página blanca, de pensar con imágenes”.

           Para que esa pedagogía de la imaginación permita que la existencia de las visiones interiores de la conciencia y de la literatura sigan siendo posibles ante el avasallamiento de las imágenes, Calvino contempla dos alternativas: a) reciclar las imágenes ya usadas en un nuevo contexto que transforme su significado, o b) hacer el vacío para volver a empezar de cero, “como en un mundo después del mundo”.

           A pesar de todo, en la alta fantasía continuará lloviendo así las mayorías no lo sepan, no se empapen en ellas, no se nutran de su prodigalidad. Ciertos conocimientos se vuelven herméticos y cifrados en épocas de oscuridad tan densa como la actual. Seguirán estando ahí aunque no se muestren a simple vista. Son las visiones polimorfas de los ojos y del alma que suceden “en una superficie igual y siempre diferente, como las dunas que empuja el viento del desierto”.

           Sólo se trata, diría Calvino, de saber qué y quién no es infierno, de hacerlo durar y darle espacio. Visibilidad.

  • El genio sin escritura

    El genio sin escritura

    Culturas impopulares

    Jorge Pech Casanova

    A la memoria de mi hermana Elsy Alejandra, 1968-2025.

    Los grandes maestros de la humanidad —Buda, Sócrates, Jesús de Nazareth— son ágrafos, es decir, no dejaron una sola palabra escrita, aunque miles de páginas se han escrito sobre sus vidas y enseñanzas. Desconocemos los nombres de quienes copiaron originalmente las palabras de Buda. De Sócrates, sus más conocidos amanuenses son Platón y Jenofonte. De Yehuda o Yeshua ben Nasrath hay múltiples memoriales escritos, y apenas cuatro —los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan— son admitidos en la Biblia, aunque no se desconocen evangelios atribuidos a los apóstoles Pedro y Judas, y aun a la Virgen María.

    No parece que la falta de manuscritos afecte las enseñanzas de los maestros, aunque los puristas siempre reclamarán documentos ológrafos, es decir, de propia mano del autor. Generaciones de creyentes y aun de filósofos se la han pasado tranquilos sin contar con un solo manuscrito o siquiera una nota de la mano de Buda, Sócrates y Yehuda.

    En literatura pareciera que esa concesión no es posible, a partir de que la escritura original funge como condición para reconocer el talento literario. Sin embargo, el poeta de la Ilíada tampoco dejó un manuscrito. Se supone que el autor a quien llamamos Homero vivió en el siglo VIII antes de nuestra era y que los sucesos que cantaba ya eran arcaicos en su época. Pero no hay manuscrito alguno trazado por Homero. Inclusive la copia de su poema que Alejandro Magno cargaba a todas partes durante su agitada vida, era nada más que una copia. Y se ha perdido.

    El manuscrito mejor conservado del texto homérico es el llamado Venetus A, que los expertos consideran copiado en el siglo noveno de nuestra era. Por ello, Jorge Luis Borges pudo dubitar: “Homero, o los griegos que llamamos Homero, sabía, sabían, que el poeta no es el cantor, que el poeta (el prosista, da lo mismo) es simplemente el amanuense de algo que ignora y que en su mitología se llamaba la Musa”.

    Dado que la Ilíada y la Odisea existen, a muchos nos basta con esos textos. No pedimos más que un nombre al cual asignar los hexámetros. Sin embargo, no sin incomodidad adscribimos esos cantares a una borrosa figura griega de hace dos mil ochocientos años, sobre todo, desde que Brian Rose, curador de la sección Mediterránea del Museo de la Universidad de Pensilvania, afirmó que la Ilíada es una compilación de tradiciones orales del siglo XIII antes de nuestra era. Es decir, que el gran poema épico no tiene un autor, sino varios.

    Homero es un caso arcaico, se dirá, pues en el siglo XIII o en el VIII antes de nuestra era no había preocupación por la autoría de textos como la que surgió a partir del Renacimiento, en el siglo XV. A partir de entonces los genios tienen firma y escritura bien identificadas. Algunos ejemplos ilustres: los códices de Leonardo Da Vinci o las cartas y poemas de Miguel Ángel Buonarroti. No es el caso del poeta Dante Alighieri, quien no dejó manuscrito alguno de su Commedia o siquiera de su Vita Nuova en el siglo XIII.

    Con estos antecedentes, resulta menos sorpresivo que otro autor extraordinario, William Shakespeare, sea tan ágrafo como Dante. Pese a la fama del dramaturgo, ni un solo ejemplo de su escritura subsiste. No sólo falta el Hamlet o el Macbeth trazados de mano del genio, sino al menos una firma de su puño y letra. Hasta las tres o cuatro “signaturas” que se conservan parecen de otras tantas diversas manos, ninguna del prodigioso escritor.

    Por eso llama la atención el reciente reconocimiento, en la Biblioteca Bodleiana, de una copia del soneto 116 de Shakespeare, que la académica Leah S. Veronese ha ubicado dentro de una colección de manuscritos compilados en el siglo XVII para el anticuario, político, astrólogo y alquimista Elias Ashmole.

    En su artículo “A New Copy of Shakespeare’s Sonnet 116: A Cavalier Cover Version”, publicado en The Review of English Studies, Veronese comenta que el folio contenido en el Manuscrito Ashmole 36-37 de la Bodleiana fue identificado desde 1936 por Willa McClung Evans como la adaptación de un soneto shakesperiano para una canción de Henry Lawes.

    Sin embargo, nadie había notado que el manuscrito copia el soneto 116 de Shakespeare con una línea inicial inventada por el copista, la cual impidió durante más de un siglo que el texto fuese identificado correctamente. El inicio del soneto, en versión castellana, dice: “Impedimento no admita al enlace / de dos almas fieles. No es amor / el que se altera cuando halla alteraciones, / o se dobla al mudarlo la mudanza”.

    El soneto que copia el Manuscrito Ashmole 36-37 contiene estos versos: “Error que a sí mismo se ciega atrapa toda mente / que con falso nombre llama amor / al que se altera con alteraciones / o con mudanza tiende a deformarse, / no muy distinto al afán de un hereje / que el sentido retuerce al citar la Escritura”.

    No es de extrañar que el catalogador de estos manuscritos en la Bodleiana en el siglo XIX, William Henry Black, omitiese en su índice que el poema es una adaptación del soneto shakesperiano, aunque lo título atinadamente “Sobre la constancia en el amor”. La estudiosa McClung Evans, al revisar el texto en 1936, lo identificó correctamente pero lo juzgó igual al de Manuscrito Drexel 4257, pese a importantes divergencias entre ambos.

    Ahora los medios difunden el hallazgo de Leah S. Veronese (sin que falte algún ignorante periodista que lo anuncia como “un soneto manuscrito de Shakespeare” y no como la copia del siglo XVII que en realidad es). Elías Ashmole, el más probable copista de estos versos, nació en 1617, un año después de la muerte de Shakespeare.

    La confianza en los inexistentes manuscritos de Shakespeare se extiende hasta límites inimaginables. Una publicidad del bolígrafo Bic anuncia que, con la ayuda de un robot trazador, la empresa reprodujo “un manuscrito” del autor de Rey Lear. El experimento, pese a la belleza de sus resultados, nos devuelve al problema: ¿de dónde sacó la fábrica de bolígrafos la escritura de Shakespeare? En una época en que la autoría de ciertos textos se da por hecho, estas falsas atribuciones al genio literario parecen cosa natural. ¿Cómo podíamos imaginar que no existe una sola muestra de la letra de Shakespeare? Pero antes que nosotros, diversos ingenios han puesto en duda no sólo la existencia de dicha escritura, sino la del propio autor. Dado que desde el siglo XVII no se conoce la obra shakesperiana más que por sus muestras impresas, no es una ocurrencia peregrina que el llamado genio de Avon fuese, a semejanza de Homero, no un individuo, sino “los ingleses que llamamos Shakespeare”.

  • El gobierno oaxaqueño contra las mujeres

    El gobierno oaxaqueño contra las mujeres

    Colaboraciones

    Altagracia Toledo Aquino

    El 8 de marzo de este año el gobierno de Oaxaca atacó con gases lacrimógenos y balas de goma a los cientos de mujeres que se manifestaban en la plaza central de la capital oaxaqueña por el Día Internacional de la Mujer. En el ataque resultaron afectadas niñas y familias inermes que observaban el desarrollo de la marcha. Un día antes, el 7 de marzo, el gobierno del estado cubrió con vallas de acero los edificios públicos cercanos al zócalo oaxaqueño: el palacio de gobierno, la catedral, el Museo de los Pintores Oaxaqueños.

    Además, el gobierno hizo acudir a la instalación de esas barreras, de manera clandestina y solapada, al temible grupo de choque que integran miembros de sindicatos de transportistas afiliados a la CTM, tristemente conocido por sus ataques armados a partir de 2015. En ese año, el entonces gobernador Gabino Cue los empleó para intimidar a ciudadanas y ciudadanos opuestos a la fallida construcción de un centro de convenciones en el Cerro del Fortín, justo en la parte donde atraviesa la peligrosa Falla de San Andrés. De 2016 a la fecha, los sucesivos líderes de este siniestro sindicato han sido asesinados a tiros.

    El mismo 7 de marzo, mientras los grupos de choque sindicales protegían las vallas en el zócalo, a unas cuantas cuadras, sobre la prolongación de la calle de Galeana, un grupo de agentes de la Fiscalía General del Estado invadió con armas largas la casa de los padres del periodista Álvaro Cuitláhuac López “por una confusión”. Con golpes y amenazas, los uniformados arrestaron al abuelo con problemas cardiacos, a su sobrina y a sus dos hijos (incluido el comunicador) con extrema violencia. Todo el ataque lo grabó el periodista antes de ser reducido a punta de metralleta y encarcelado sin motivo. A las pocas horas lo liberaron.

    Así como el inútil e ilegal arresto de Álvaro López sólo sirvió para exhibir la violencia policiaca, de nada sirvieron este año las protecciones metálicas, pese a la diligencia con que el gobierno las instaló, a un costo que seguramente se revelará tan excesivo como inútil (similar a los más de doce millones de pesos que pagó la dispendiosa Secretaría de Turismo oaxaqueña a un grupo musical para un espectáculo propagandístico).

    El 8 de marzo, las manifestantes rápidamente hallaron los puntos débiles del acorazamiento oficial y echaron por tierra las filas de vallas metálicas, a fin de hacer pintas de protesta en los edificios del zócalo. El Palacio de Gobierno también quedó señalado por las pintas. Ese momento eligieron los mandos policiacos para atacar a las manifestantes y al pueblo reunido en el zócalo con granadas de gas lacrimógeno y disparos con balas de goma.

    No fue una reacción desesperada de la policía: fotos y videos de medios de comunicación muestran a los francotiradores apostados en el techo del palacio de gobierno, preparados con sus rifles para disparar a la multitud. Las manifestantes se replegaron hacia la alameda central y evadieron el efecto de los gases, cuyo estallido atemoriza y ensordece, mientras que su dispersión produce en las personas asfixia e irritación severa en ojos y mucosas.

    A la policía no le importó utilizar esas armas contra una multitud inerme. Eso no había sucedido en el zócalo de Oaxaca desde el fatídico y fallido ataque contra profesores cometido en 2006 por el entonces gobernador Ulises Ruiz, conocido desde entonces como “El carnicero de Chacahua”.

    Algunas voces pretenden descalificar las protestas del 8 de marzo porque “se dañan monumentos históricos”. Mismos monumentos que el gobierno ha dejado deteriorarse durante décadas, pese a las numerosas advertencias de que Oaxaca puede perder su denominación de Patrimonio Cultural de la Humanidad, concedido en 1987.

    Por otra parte, ¿qué ha sucedido recientemente en Oaxaca en materia de seguridad pública? En el creciente recuento trágico, destaca el caso de siete jóvenes de la capital oaxaqueña que iban el 7 de enero de este año a Puerto Escondido por una supuesta oferta de trabajo. Desde esa fecha no se tiene noticias del paradero de Yair Morales Matías, Julio Alberto Quiroz González, Rafael Velasco Hernández, Hugo Alberto Sierra Basilio, Luis Alberto Contreras Zúñiga, José Miguel Vázquez Rodríguez y Omar Edwin García.

    El 28 de febrero de este año se dio a conocer la desaparición de las jóvenes tlaxcaltecas Noemí Yamilet López Moratilla, Jaqueline Ailet Meza Cazares, Leslie Noya Trejo y Angie Lizeth Pérez García, secuestradas en Huatulco, Oaxaca. Sus cuerpos, con huellas de tortura y mutilaciones, aparecieron junto con los de Raúl Emmanuel González, Rubén Antonio Ramos y Rolando Armando Evaristo, abandonados en un puente de la autopista que marca el límite entre Oaxaca y Puebla.

    Al darse a conocer el hallazgo de los cuerpos, las autoridades oaxaqueñas negaron que fuesen los de los jóvenes tlaxcaltecas secuestrados en Huatulco, pero las autoridades de Puebla confirmaron la identidad de estas personas, todas menores de 30 años de edad. La Fiscalía de Oaxaca ha sido incapaz de explicar por qué fue asesinado este grupo de jóvenes, pese a que se involucra a policías municipales de Huatulco en su secuestro.

    Con prontitud, sin embargo, las autoridades oaxaqueñas dieron por hecho que las y los difuntos formaban parte de un grupo criminal. Además, los vincularon al asesinato del hospedero huatulqueño Alfredo “El Jocha” Lavariega Canseco, ocurrido el domingo 2 de marzo, el mismo día que se halló el automóvil con los cuerpos mutilados.

    Así como ninguna investigación seria respalda las declaraciones de la Fiscalía oaxaqueña sobre el cuádruple feminicidio de las jóvenes tlaxcaltecas, la misma instancia tuvo que dar una torpe explicación por el ataque al periodista Álvaro López y su familia. En su boletín oficial del 7 de marzo el organismo reconoció que “realizó un operativo sobre la calle de prolongación de Galeana en inmediaciones de la Central de Abasto. Derivado de incidentes ocurridos durante este operativo, fueron detenidas varias personas, entre ellas un periodista, quienes quedaron en libertad luego de corroborar su no participación en los hechos”.

    Desde el 9 de febrero de 2022 el reportero Álvaro López hizo responsable a la Fiscalía Estatal porque un hermano suyo fue perseguido por dos sujetos armados, quienes intentaron llevárselo a la fuerza pese a que el ciudadano pidió ayuda a elementos policiales. Entonces la Secretaría de Seguridad Pública de Oaxaca manifestó que “personal de investigación estaba realizando un procedimiento”, y calicó el acoso como una “confusión”. Por su parte, la Fiscalía negó que esos hombres fuesen agentes de su Policía Investigadora o de la Agencia Estatal de Investigaciones.

    A todo esto, desde octubre de 2024 la activista Sandra Domínguez y su pareja Alexander Hernández permanecen desaparecidos, después de que la abogada denunció a Donato Guerra (muy cercano operador político del mandatario Salomón Jara Cruz) por difundir en un chat de WhatsApp fotografías de mujeres indígenas desnudas. Igualmente desaparecida permanece la activista Claudia Uruchurtu Cruz, en cuyo secuestro cometido el 26 de marzo de 2020 está implicada la ex presidenta municipal de Nochixtlán Lizbeth Victoria Huerta, también muy cercana al gobernador Jara Cruz.

    Todos estos crímenes impunes sólo han reforzado la convicción de las mujeres, al manifestarse el 8 de marzo de este año, de que al gobierno estatal no le interesa garantizar una vida libre de violencia para nadie, mucho menos para las mujeres.

    Un día antes de las marchas por el 8 de marzo, el gobierno se limitó a “blindar” torpemente edificios monumentales, con unas vallas que fácilmente fueron vencidas. Y del gabinete del gobernador Jara, que presume estar compuesto en más de 50 por ciento por mujeres, ninguna titular recurrió al diálogo para tratar los problemas planteados. La policía sí intervino, para disparar gases lacrimógenos y balas de goma a la multitud indefensa. Esa es la “primavera oaxaqueña” que el gobernador Jara anuncia con millonario gasto.

  • Las cinco mentes

    Las cinco mentes

    Ta Megala

     Fernando Solana Olivares

    Quince entradas presenta el Diccionario de los símbolos de Chevalier y Gheerbrant sobre el número cinco. Dicho guarismo es signo de unión, representa el centro, la armonía y el equilibrio, alude al principio celeste y masculino, cuyo número es tres, reunido con el principio terrestre y femenino al cual se le otorga el número dos. Simboliza al hombre y también al universo en sus dos ejes, uno vertical y otro horizontal que convergen en un punto central, refiriéndose así al orden y a la perfección, atributos propios de la voluntad divina que se resuelve en su ordenamiento único.

           Los sentidos, las extremidades del cuerpo y los dedos de la mano son cinco, también las formas sensibles de la materia ya que ese número condensa la totalidad del mundo manifiesto, la completud de la vida como se manifiesta para nuestra condición humana. Cinco es el número de la perfección para los mayas y cinco es una cifra fausta para el Islam que la tiene por predilecta. Así, el cinco simboliza la manifestación del hombre, “pues el quinario es el número de la criatura y de la individualidad”.

           Según Pitágoras es el número perfecto del microcosmos hombre/mujer y el pentagrama es su figura secreta. Las llagas de Cristo son cinco y cinco las columnas de la santidad entre los islamitas. La antigua China tuvo cinco colores, cinco olores, cinco notas musicales, cinco planetas e igual número de metales. Los alquimistas buscaron la quintaesencia, y diez veces cinco es un recordatorio, en el salmo cincuenta, del arrepentimiento y el perdón. Cinco son los rostros del dios Shiva y los ornamentos de las iglesias cristianas medievales (el número de palabras de este texto será un múltiplo de cinco).

           Esa es la cifra utilizada por Howard Gardner, psicólogo creador del concepto de la inteligencia emocional, al señalar las características simultáneas y secuenciales que deberá tener la mente humana para vivir en la época digital. Su libro Las cinco mentes del futuro (donde el tiempo verbal futuro corresponde a un presente en estado ya de germinación) analiza un pentaedro de la conciencia que consiste en las siguientes capacidades: 1) La mente disciplinada, 2) La mente sintetizadora, 3) La mente creativa, 4) La mente respetuosa y 5) La mente ética.

           La primera de ellas, vinculada al conocimiento organizado, memorístico, y a la erudición, es característica del siglo anterior y consiste en la acumulación sistemática de saberes especializados. En la hipótesis de Gardner esta clase de mente es importante pero no esencial, ya que no puede competir contra el inmenso bagaje de información de los archivos electrónicos disponibles masivamente a partir del veloz perfeccionamiento ocurrido en la cibernética de unas décadas a la fecha.

           Sin embargo, implica un término ahora poco habitual para la mente común de nuestro momento histórico: la disciplina, la cultura del sacrificio, del empeño repetitivo, del aprendizaje dirigido, es decir, la lucha contra la desatenta imprecisión. Si bien la inteligencia es una facultad que se abstiene, que aprende a decir no, la engañosa democratización del deseo y la exaltación del principio del placer predominantes son elementos contrarios a la noción de la mente como un instrumento del autodominio, como un atributo humano equidistante de la sociedad del espectáculo y del entretenimiento dado que fomentan la desatención crónica e inducen a una permanente indisciplina mental.

           La segunda, la mente sintetizadora, es considerada por Gardner como la capacidad más importante para el futuro porque permite elegir piezas de información antes no reunidas entre sí que al ser sintetizadas por el sujeto en nuevas formas vinculantes, en nuevos significados e interpretaciones entre la multiplicación inconexa de contenidos, de imágenes o datos característicos del “ruido” existente en el mundo actual, logran encontrar y construir sentido para la mente de quien realiza esa tarea. La noción de “curador” proveniente de las artes plásticas —con su doble acepción semántica: elegir a la vez que sanar— describe esta facultad cuya acción primaria es selectiva, excluyente. En términos de Italo Calvino consistiría en “saber qué y quién no es infierno, en hacerlo durar y darle espacio”.

           La mente creadora, un tercer factor enumerado por Gardner, representa aquella posibilidad que permite salir del pensamiento convencional, de la opinión y la creencia personales, del pensamiento recibido, para hacer nuevas y creativas preguntas sobre la naturaleza de uno mismo y sobre las manifestaciones de la realidad. Comprende, paradójicamente, la facultad mental para desagregar o desechar lo que se cree saber, para olvidar lo rutinariamente aprendido y moverse creativamente hacia una nueva originalidad. Significa formular otras preguntas antes que repetir las mismas respuestas. Significa, simplemente, desaprender.

           Las dos mentes finales, la mente respetuosa y la mente ética, completan la urgente necesidad de una nueva conciencia colectiva: el respeto mental como aceptación de la diferencia y la diversidad humanas, el desarrollo de una verdadera empatía con los otros, la consideración de los varios puntos de vista como única vía para la solución de cualquier conflicto; y la actitud ética como el desarrollo de una perspectiva humanitaria a partir de estas nuevas capacidades mentales, la puesta en marcha de una visión integral que permitiría la reconstrucción cultural y civilizatoria basada en la interdependencia y el bien común.

            Una vez más regresa a la pedagogía cognitiva contemporánea aquello que el budismo postula desde hace siglos: la mente es el punto de partida, el punto focal y el punto culminante de lo real. La mente precede a las cosas, las domina y las crea. De ahí sus tres requisitos que al fin son cinco: conocer la mente, tan cercana y a la vez tan desconocida; formar la mente, tan indómita y a la vez tan manejable; liberar la mente, tan esclavizada y a la vez tan libre como puede ser.

           El Dhammapada, una colección de dichos del Buda, comienza promulgándolo: “Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado: se fundamenta en nuestros pensamientos, está constituido por nuestros pensamientos”. Y el Maitri Upanisad dirá: “El ciclo de la vida, que llaman el Samsara, no es más que la mente. Mantenla siempre limpia, pues uno se convierte en aquello que piensa”.

           Es toda una tarea llegar a ver el mundo como es. Ningún prejuicio sirve para lograrlo. Por eso la mente de principiante, otra forma de describir a la necesaria mente del futuro, considera las cosas con la atención de la primera vez, las considera en ellas mismas de manera disciplinada, sintetizada, creativa, respetuosa y ética. Las ve inéditas; las vuelve a ver.

  • Secretos familiares: ¿Esconder o revelar?

    Secretos familiares: ¿Esconder o revelar?

    El laberinto del mundo

    José Antonio Lugo

    ¿Debemos esconder la sombra de nosotros, la sombra de nuestro núcleo familiar, aquello que nos avergüenza? ¿O debemos sacarlo a la luz, como una suerte de expiación por la culpa? Veamos dos casos emblemáticos.

    I. Alice Munro

    Me gustan los cuentos de la Premio Nobel de Literatura 2013, la canadiense Alice Munro. Mi preferido es “Relaciones” incluído en el libro Las lunas de Júpiter. Este relato nos narra como la prima Iris, enfermera retirada, de una alegría contagiosa y desparpajada, va a visitar a su sobrina, que vive en Vancouver con un tipo, Richard, de los que consideran que ser perfecto en la vida es saber dónde poner y cómo los tenedores en una comida. Obvio, la tía y el esposo no iban a congeniar, así que Iris abrevia la visita lo más posible. Pero su presencia le ha hecho sentir a su sobrina cuánto ha perdido al ingresar a ese mundo solemne, acartonado, sin vida.

    Cuando se va, Richard dice: “-¡Qué vieja fulana tan patética”. Me siguió a la sala recordando cosas que ella había dicho, cosas pretenciosas, fanfarronerías. Señaló faltas gramaticales que había cometido.

    Todavía estaba hablando cuando le tiré la bandeja de pírex a la cabeza. Quedaba en ella un trozo de pastel relleno de merengue. La bandeja no le dio y chocó contra el frigorífico, pero el pastel salió volando y le dio en un lado de la cara como en las viejas películas”.

    Alice Munro murió el 13 de mayo de 2024.

    Por el periódico Toronto Star, nos enteramos de que supo que su esposo había abusado de su hijastra, una de las hijas de Munro, de nombre Alice, como la escritora. Se enteró cuando su hija, de 26 años, le escribió una carta. La Premio Nobel respondió: “Me he enterado demasiado tarde y lo sigo queriendo”. Los Munro harán como tantas familias: fingir que nada ocurre. 

    Según menciona el periódico El País: “Andrea nunca se curará de la rabia hacia su madre, mientras que el abusador le dijo a la hija mediana: ‘Tu madre será una loca, pero es una gran escritora’. En esos términos groseros hablaba de Munro el hombre que ella se empeñó en proteger”.

    II. Caroline Darian, hija de Gisèle Pelicot

    Usa el apellido de su esposo. Es la hija de Gisèle y de Dominique Pelicot. Su padre sedó químicamente a su madre para ofrecerla durante años a distintos hombres para que la violaran. También había fotografiado a su hija, Caroline, en ropa interior. Gisèle, de 72 años, decidió no ejercer la posibilidad de que el juicio fuera oculto -derecho que tienen las víctimas de delitos sexuales- con el fin de que la vergüenza no estuviera del lado de la víctima, sino del victimario. El juicio terminó con condena a Dominique y a todos los hombres que participaron -algunos varias veces- en esta violación.

    Ahora su hija, la hija de los dos, escribe un libro: Y dejé de llamarte papá (Seix Barrral, 2025). La entrevista el periódico El País:

    —“La primera pregunta sin responder es si a usted también la violó.

    —No fue clarificado porque no estaba siendo juzgado por eso, sino por tomar mis fotos y difundirlas. Yo no tenía tantas pruebas como mi madre. Las fotos donde yo aparezco las había borrado y fueron recuperadas por los informáticos de la policía. ¿Por qué borró las fotos de su propia hija inerte y sin bragas? No lo sé. Pero cuando las veo sé bien que no estoy en un estado normal. 

    —¿Como explicó todo a su hijo, el nieto de Dominique, sin provocarle un dolor insoportable?

          —Era mi responsabilidad ser honesta con él. Entonces tenía 6 años,       hoy 10. Los secretos familiares pueden desviar una trayectoria vital. Creo que lo está manejando bien. Pero sigue siendo una herida, una traición enorme.

    —¿Y su marido y hermanos?

    —Mi marido lo considera muerto. Para mis hermanos es distinto, aunque han aprendido a distinguir entre él y el hombre que son por sí mismos. Eso es esencial: no somos nuestros padres. Pero es cierto que nosotros, a diferencia de Gisèle, llevamos el ADN de Dominique. Ella se divorció. Nosotros no podemos”.

    III. La decisión

    Gracias al cielo, no tengo que tomar la decisión de revelar o esconder grandes secretos familiares. Los que hay no tienen esa magnitud y los he contado a amigos, terapeutas y a través de una novela. Creo que esta terrible decisión, si se da el caso, será siempre una respuesta individual. Sea cual fuere, será la correcta. Tocará a cada lector decidir. Deseo que nunca tengan que estar en las mismas circunstancias que Alice Munro, la Premio Nobel de Literatura, o de Gisèle Pelicot y su hija Darian. 

  • Las buenas maestras

    Las buenas maestras

    TA MEGALA

    Fernando Solana Olivares

    No cabe duda que. Me parece insano comenzar así un texto. Pero me dejo guiar por un consejo escritural siempre peligroso: la primera idea es la mejor idea. ¿Cómo distinguir entre una ocurrencia y una idea? He ahí el dilema. Sólo siguiéndolas hasta el punto en que demuestren su condición: la ocurrencia se desvanecerá de pronto y la idea quizá se volverá prosa.

              No cabe duda, entonces, que las putas no tristes de García Márquez sino núbiles e intocadas como las de Kawabata son aquellas que durante el oficio aprenden a pensar, como argumenta Nell Kimball (o Goldie, según su nombre de batalla, tanto éste como el anterior falso) en Memorias de una madame americana (Sexto Piso/Conaculta, México, 2006), un deslumbrante volumen biográfico sobre el sexo, el deseo y la confesión clientelar en burdeles de lujo, acerca del poder, el dinero, el deseo y la moral. Y un memorial desacostumbrado respecto de la condición humana manifiesta en su plena integridad pues ahí es donde está, literalmente, desnuda.

              La tía Letty le explicó a Nell, cuando ésta tenía ocho años, que “Toda chica está sentada sobre su fortuna, si tan sólo lo supiera.” Vivían en una granja infértil de Illinois donde ella había nacido en 1854, y de la que se fugó con su primer novio cuando cumplió quince, dejando atrás una infancia rural llena de hambre, pobreza, brutalidad y supervivencia, en la que el sexo era practicado con silvestre naturalidad.

              “Al mirar hacia atrás en mi vida —escribe al comenzar sus memorias—, y es la única manera en que puedo mirarla ahora, nada en ella salió de la manera en que la mayoría de la gente hubiera querido vivirla. Y aunque empecé a los quince años en Saint Louis en una buena casa, sin planes, deseando únicamente como toda puta joven ponerme en cuclillas para ganarme algo de comer y de vestir, terminé como una mujer de negocios, y me convertí en una madame de casa de citas, que reclutó y disciplinó putas, que atendió lugares de lujo. Siempre me he preguntado, también, por qué sucedió todo de esa forma. Ahora puedo decirlo: si alguna vez llegué a tener remordimientos, nunca tuve arrepentimientos.”

              En 1917 el gobierno clausuró Storyville, zona roja de Nueva Orleans, y Nell debió retirarse. A partir de entonces escribió este libro de memorias que ya anciana, y de nuevo empobrecida pues había perdido el dinero ganado durante años de profesión, ofreció al escritor Sthepen Longstreet para publicarse. Ninguno de los editores a los que fue mostrado en 1932 quiso correr el riesgo de imprimir un manuscrito que por su cruda franqueza expresiva podía afectar hipócritas susceptibilidades morales, y no fue sino hasta más de treinta años después, en 1967, cuando por fin apareció.

              “En esos días en Flegel’s (la primera casa de citas a la que llegó) aprendí que el sexo ocupa como el ochenta por ciento de la imaginación de un hombre, […] fabricando fantasías en su mente que dejarían exhausto a un joven sultán. […] Pura figuración de chaqueta, imposible de efectuar y ridícula en sus juegos y exigencias extrañas”.

           El sexo no es romántico, supo Nell Kimball desde que la biología animal le dio sus primeras lecciones rurales al respecto, y asimismo creyó, persuadida por su experiencia, que una puta era una esposa superior. “Al menos en esa parte de la vida que es la más íntima. Es superior a una esposa en el sentido de que tiene un entorno dramático, no es un hábito aburrido de casa.”

              Autodefinida como una puta maravillosa —“no veo ninguna razón para no admitirlo ahora que estoy a tantos años de mis días y noches de joven”—, la ciudad de Saint Louie y desde luego el burdel como su centro oculto significaron para Goldie un agudo observatorio donde pudo estudiar el sistema americano de corrupción política, que fatalmente resulta ser igual en todas partes:     

           “La gente respetable votaba por tipos que metían las manos en la caja de la ciudad y la policía y los tribunales formaban parte del fraude. Y siempre había personas buenas con anteojeras y que no llegaban al fondo de las cosas, pero que a cada rato estaban implementando un programa de reforma. […] Se elegían nuevos alcaldes y funcionarios y nuevos jefes de la policía. Los viejos fraudes continuaban. Quizá porque la gente bien y los santurrones eran los dueños de los congales y los prostíbulos.” Gran parte de las mordidas y de los dineros corruptos se gastaban en Flegel’s.

            Al mundo lo arruinan los dipsómanos de la moral. Como el cura que se cogía a los monaguillos pero sermoneaba desde el púlpito para expulsar del pueblo al elegante y hasta respetable putero donde Goldie se ganaba dignamente el sustento, y que acabó siendo corrido del lugar por su escandalosa pederastia antes de lograr la clausura del antro pecaminoso.

           El entorno dramático de esta autora consiste en usar las palabras para denominar a las cosas sin pauta alguna de sentimentalismo. Y dado que el sentimiento es la superestructura de la brutalidad, la aspereza descriptiva de Nell Kimball, su diestra economía expresiva, su profunda claridad cínica, son manifestación de la más directa escritura que se pueda lograr, la de una franca y no indulgente, inadjetivada contemplación de la realidad personal: “nunca tuve arrepentimientos”.

           Herodoto cuenta en un relato sobre la prostitución sagrada una

    costumbre de la última etapa de Babilonia según la cual todas las mujeres nativas del país debían, una vez en la vida, ir al Templo de Mylitta para sentarse allí y ofrecerse a un hombre desconocido. Ciñendo sus cabezas con cintas de cuerda trenzada, las mujeres no podían irse hasta que un cliente hubiera arrojado una moneda de plata en su regazo para entrar con ella a una de las alcobas del templo. Las más atractivas eran elegidas de inmediato, las menos agraciadas no. Apenas al sentarse, Nell Kimball lo hubiera sido.        Los caminos de la existencia son misteriosos. Toda vida representa un radio que lleva al centro del ser. No importa por cuál de ellos se transite con tal de que a pesar de su sordidez se haga con corazón. Algunas putas son buenas maestras y, como Goldie, a muchas de ellas su difícil oficio las vuelve santificadamente sabias, generosamente humanas. Agudas, perspicaces. Y buenas escritoras también.

  • El incurable disidente Vasconcelos

    El incurable disidente Vasconcelos

    Culturas impopulares

    Jorge Pech Casanova

    En 1882 la ciudad de Oaxaca era una población aún minúscula. Se reducía a unas cuantas cuadras ubicadas a orillas de un caudal amplio y abundante: el río Atoyac. Rodeada de terrenos pantanosos, la población era vulnerable a no infrecuentes sismos. Alrededor del núcleo urbano donde los españoles afincaron casas con bloques de cantera, los indígenas sobrevivían en terrenos pantanosos sembrando hortalizas y legumbres.

    El propio héroe de la Reforma Porfirio Díaz, quien vivió en la zona pantanosa entre 1868 y 1871, en la hacienda La Noria, gobernaba el estado después de ser presidente de la república en el cuatrienio 1876-1880. Tras su mandato, Díaz asumió la gubernatura para dirigir desde su estado natal el proceso por el cual retomaría la silla presidencial por un total de 39 años.

    Carmen Calderón Conde guardaba relaciones con la familia Díaz gracias a sus abuelos, así que al casarse con el boticario Ignacio Jacobo Vasconcelos Varela en 1879, tuvo entre los invitados a su boda a algunos miembros de la familia Díaz. En Oaxaca, el boticario y su esposa tuvieron a cinco de sus nueve hijos: Samuel, Luis Marcos, José, María Concepción y Dolores. Lo otros cuatro —Ignacio Florencio, María del Carmen, Carlos Vicente y Soledad— nacerían en diferentes ciudades donde don Ignacio Jacobo ejerció de boticario o en sus comisiones como empleado de la Dirección General de Aduanas.

    La señora Calderón de Vasconcelos se aseguró de que sus hijos recibiesen educación religiosa. Nacido el 27 de febrero de 1882, José Vasconcelos Calderón mantuvo aquellos principios, pese a que, ya adulto, sus creencias fueron sacudidas por los violentos sucesos de la revolución mexicana.

    José y sus hermanos poco probaron la vida en Oaxaca. Tuvieron que residir en El Paso, en el Estado de México, en Campeche y finalmente en la Ciudad de México, donde el joven Vasconcelos Calderón acudió a la Escuela Nacional Preparatoria. Ahí estaba cuando lo devastó la noticia de la muerte de su madre en 1905. Ya acudía a la Escuela Nacional de Jurisprudencia, de la cual egresó como abogado en 1907.

    En 1909, Vasconcelos se hizo parte del Ateneo de la Juventud, donde traducía y leía directamente del francés a Henri Bergson para instruir a sus compañeros Antonio Caso, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña y Ricardo Gómez Robelo.

    El trabajo de Vasconcelos para un despacho estadounidense lo llevó a Durango. En 1910 se afilió al Partido Antirreeleccionista de Francisco I. Madero. Quizá recordó con ironía que su paisano el dictador se había levantado en armas contra Sebastián Ledo de Tejada en 1876 y ganado el cargo presidencial al grito de “sufragio efectivo, no reelección”. El mismo con que lo impugnaban los maderistas.

    La revolución mexicana fue una larga sucesión de traiciones, revueltas y asesinatos de caudillos. Pareció concluir en 1920 con el asesinato de Venustiano Carranza y el ascenso al poder del grupo sonorense que encabezó Álvaro Obregón con sus amigos Plutarco Elías Calles, Adolfo de la Huerta, Francisco R. Serrano Barbeytia y Arnulfo R. Gómez. En el régimen de Obregón, Vasconcelos hizo una activa labor como secretario de Educación Pública en 1921, dio a la luz sus Estudios indostánicos (pionera incursión en el budismo) y fue en 1922 rector fundador de la Universidad Nacional de México.

    Vasconcelos pretendió en 1924 ser gobernador de Oaxaca, pero Obregón impuso al cacique Onofre Jiménez Ramírez. Contrariar al caudillo le había costado la vida al gobernador precedente, el general Manuel García Vigil, así que, al ser derrotado en los comicios, Vasconcelos se exilió en España, donde escribió y publicó en 1925 su libro La raza cósmica, manual de racismo que algunos confunden con una obra filosófica.

    Vasconcelos regresó a México en 1929 para aspirar a la presidencia de la república. Un año antes, opuestos a la reelección de Álvaro Obregón, Ignacio Roque Serrano y Arnulfo R. Gómez lanzaron sus candidaturas presidenciales. Ambos acabaron asesinados. Obregón se reeligió, pero antes de reasumir el cargo lo ejecutó el fanático José de León Toral.

    El naciente Partido Nacional Revolucionario (después PRI) lanzó en 1929 la candidatura de Pascual Ortiz Rubio con el apoyo de Calles. Vasconcelos se opuso al callista. Aunque logró un gran apoyo entre jóvenes universitarios, vio fracasar de nuevo su apuesta electoral.

    En el poblado de Topilejo, el 14 de febrero de 1930, comenzó el asesinato de más de cien seguidores de Vasconcelos, quien huyó a Estados Unidos. Intentó allá que el gobierno de Herbert Hoover desconociera a Ortiz Rubio. Pasó a Costa Rica, Colombia, Ecuador, Cuba, Honduras y El Salvador, para retornar a Nueva York antes de mudarse a París.

    Entre 1931 y 1933, el escritor vivió en la capital francesa. Su primer año parisino lo enlutó el suicidio de su amante Antonieta Rivas Mercado, el 9 de febrero, en la catedral de Notre Dame. Vasconcelos había puesto en las manos de Antonieta la pistola con que ella se quitó la vida. Esa fecha enlutaba desde 1913 a su amigo Alfonso Reyes, quien al inicio de la llamada Decena Trágica perdió a su padre, el general Bernardo Reyes Ogazón.

    Antes de concluir 1933, Vasconcelos residió algunos meses en España. En 1934 se mudó a Buenos Aires, y en 1935 volvió a Estados Unidos, donde permaneció hasta su retorno a México en 1940, cuando Manuel Ávila Camacho asumió la presidencia. Éste llegó al cargo tras un fraude electoral y el asesinato de decenas de partidarios del opositor Juan Andreu Almazán.

    Con todo, el exilio alentó en Vasconcelos una gran labor literaria; dictó conferencias, dio clases y publicó en revistas y periódicos. Entre 1931 y 1939 el pensador publicó once volúmenes de relatos y ensayos (Pesimismo alegre, Ética, La sonata mágica, Estética, Historia del Pensamiento Filosófico, Qué es el comunismo, Qué es la revolución). De estos títulos, los de mayor mérito son los cuatro de sus Memorias (Ulises criollo, La tormenta, El desastre y El proconsulado), que abarcan desde su niñez hasta el Maximato obregonista.

    Amargado por su experiencia electoral y por las prácticas del PNR, ahora llamado Partido de la Revolución Mexicana, Vasconcelos no halló en 1940 mejor empleo que dirigir la revista pro-nazi Timón, financiada por la embajada del gobierno hitleriano en México. La publicación cesó en cinco meses, al ser expulsado el embajador Arthur Dietrich.

    El régimen avilacamachista no sólo perdonó sino rehabilitó al incurable disidente Vasconcelos. Le confió la Dirección de la Biblioteca Nacional. Le permitió situarse entre los fundadores de El Colegio Nacional. En 1946 lo nombró director fundador de la Biblioteca México, cargo que Vasconcelos mantuvo hasta su muerte en 1959. Ese año había publicado su último libro de memorias: La flama, sobre la fatídica campaña a la presidencia de 1929. “Una década de destierro transformó a Vasconcelos”, concluye el investigador Pablo Yankelevich, quien detalla: “sus preocupaciones políticas y reflexiones filosóficas se asentaron con firmeza en el terreno de las ortodoxias teológicas. Desde un militante catolicismo, se convirtió en un ferviente admirador de dictaduras y dictadores: Franco, Salazar, Trujillo, Perón, Castillo Armas… Sólo el recuerdo quedaba de lo que alguna vez representó para la causa de la justicia y la democracia latinoamericana”.

  • Contrautopía

    Contrautopía

    TA MEGALA 

    Fernando Solana Olivares

    A Viena se le llamó Kakania. Fue el laboratorio de pruebas para la destrucción del mundo en el cual desde las primeras décadas del siglo antepasado aparecieron todas las características culturales que construirían la modernidad. El número de sus genios y su coexistencia en el mismo espacio convirtieron al imperio perdido austrohúngaro en una matriz. Nuestra época desciende de ella.      

           En esa ciudad de ornamentos y delitos, casas perfectas, músicos, filósofos, científicos y suicidas nació Friedrich A. Hayek, el teórico de la superioridad de la economía de mercado, de las privatizaciones y de la reducción del Estado, una política que ahora se aplica por todas partes. Vencedor indiscutible sobre Keynes, su eterno rival, que recomendaba la intervención estatal en la economía sin tener respuesta para la inflación crónica que sus propuestas producían, Hayek se había marchado a Londres antes de que el nazismo sometiera su país, y después a Chicago, convirtiéndose en el economista y filósofo del expansivo liberalismo económico que controlaría el planeta.

           Hayek ha dicho que el liberalismo es la única filosofía política moderna que corresponde a las teorías y descubrimientos de las ciencias exactas. Que en la economía de mercado el orden nace del caos, igual que en la naturaleza, y un número incontable de actos económicos se armonizan espontáneamente para construir un orden superior. Su multiplicidad es vasta, por eso resulta absurdo creer que el poder político puede sustituir o dominar el mercado. Y como no se conocen de verdad sus mecanismos, no puede planificarse del todo ningún crecimiento económico.

            Afirma además que el dirigismo económico sólo puede aplicarse en sociedades minúsculas, de información controlable, y que el socialismo es una nostalgia atávica por la solidaridad tribal. La gran sociedad, moderna y compleja, no acepta soluciones mezcladas entre el mercado y la intervención, porque entre la verdad y el error no hay vía intermedia. La tentación fáustica por rehacer el mundo desde un proyecto de sociedad teórica, lo que Hayek llama “constructivismo” ha sido, afirmó,  el error regular de los intelectuales modernos. Como el marxismo, considerado por él una pura superstición derivada del gusto cartesiano hacia una mentalidad geométrica aplicada a la realidad: “Llamo superstición a todo sistema en el que se imagine que se sabe más de lo que en realidad se conoce”, dijo alguna vez.

             La supuesta superioridad del liberalismo sobre el orden decretado de cualquier otro sistema económico consiste en la afirmación de que ninguna teoría decidió crear la economía de mercado. Dada su irrefrenable ascendencia, no parece sensato decir en estos días que el mercado es una consecuencia de la cultura y no de la naturaleza, un resultado del intercambio humano y de la invención de la moneda, que representó un símbolo de la razón hasta alcanzar su actual vida propia. Aunque parezca ingenuo recordarlo, el dinero fue un símbolo sagrado en su origen.

            La mediocridad de la “vida ordinaria” que la cultura vienesa anticipó se lleva ahora a cabo mediante la reducción de todo a su aspecto cuantitativo, y paradójicamente es en el reino mismo de la cantidad donde el mercado se propone como un fenómeno espontáneo, como una biología social similar en su surgimiento a la familia, ella sí una estructura orgánica y original.

             Ante este fundamentalismo militante, que impone el gobierno de los objetos y miente cuando afirma que la soberanía de lo material es inevitable, no existe ninguna alternativa aún que permita ir más allá de la mera condena moral de su infierno progresivo, que mientras más opulento y avanzado se hace resulta más excluyente y minoritario. El paliativo de los derechos humanos, residuo laico del cristianismo derrotado por la modernidad, no ha sido suficiente para limitar los estragos del capitalismo, sin adjetivos, salvaje. Tampoco la democracia, la forma de gobierno menos mala que se conoce.

             Seguramente no es la primera vez que el mundo no advierte dónde están ocurriendo los cambios que transformarán las cosas. En general no pueden verse las púdicas y casi secretas retaguardias de hoy que serán vanguardias mañana. Y toca al destino decidir que esos cambios representen la corrección inesperada que se produce en toda crisis última para convertirla en un nuevo comienzo. A veces ocurre en medio de catástrofes, acontecimientos que cambian de golpe la mentalidad común. La escala planetaria de la crisis hace muy complejo vislumbrar una salida porque para encontrarla todo depende del lugar en el cual se esté: en la poshistoria de la abundancia o en la historia de la escasez.

             Extraña, cambiante, volátil, la realidad ha dejado detrás de sí muchos cadáveres. Todo se ha discutido como nunca y sin embargo las cosas marchan de mal en peor. Los antídotos maníacos y depresivos de la cultura romana videosférica que nos abruma —circos, coliseos, devoramientos, noticias, sucesos ante los ojos de la muchedumbre— acostumbran oscilar entre el optimismo (que se comparte, se considera positivo y emocionalmente correcto: mentalízate y vas a triunfar) y el pesimismo (que se condena y culpabiliza aunque sea lo emocionalmente predominante: no le digas a nadie que estás muy mal), entre lo afirmativo y lo negativo, dos extremos de una misma pauta sentimental. Los dos resultan inútiles: la época exige un realismo trágico para entender su cabal gravedad.

              Quizá las profecías cumplidas de Hayek hayan sido inevitables. De ser así (cuando menos por un lapso que no se puede medir más que aceptando la veracidad de cualquier cálculo sobre el fin de los tiempos entre tantos que hay), las resistencias colectivas están condenadas de antemano y sólo quedan los pequeños formatos de la acción personal o compartida con algunos pocos más. Cuando lo grande se fractura su reconstrucción suele comenzar desde las estructuras reducidas. No han sido solamente las constantes convocatorias de artistas y pensadores para apreciar culturalmente otra vez la belleza de lo pequeño, desarrollar la interioridad personal, defender el derecho individual a la imaginación y al silencio o concluir la vida en un jardín como Cándido, el de Voltaire, no por nostalgia bucólica, como se cree, sino por estricta sobrevivencia práctica.

              Si Hayek está en lo correcto y superstición es un sistema en el que se imagina saber más de lo que se conoce, su filosofía puede llamarse legítimamente una superstición que quiere hacerse pasar por una ciencia exacta, definitiva, ineluctable. ¿Qué hacer entonces? Mientras se concluye, es probable que deba acudirse a métodos tan específicos y generales como el saber qué y quién no es infierno y hacerlo durar y darle espacio, según la hermosa advertencia calvinista, o a la simplificación de los usos y costumbres personales de quienes quieran hacerlo y apuesten por la frugalidad. Existen dos modos de alcanzar la riqueza: acumular todo lo que se pueda o reducir drástica y libremente la necesidad. La contrautopía sólo es una constancia: diga Hayek lo que diga, sí hay tal lugar.

  • Los 90 años de un pintor

    Los 90 años de un pintor

    Culturas impopulares

    Jorge Pech Casanova

    A sus 90 años de edad, el pintor y profesor de arte Shinzaburo Takeda dirige la realización de un mural que, al concluirlo, tendrá una extensión total de 108 metros de largo por 6.6 metros de alto, en el interior de la Torre de Rectoría de la Ciudad Universitaria de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

    Para el estado de Oaxaca, esa obra será la más ambiciosa que se haya ejecutado hasta la fecha en un espacio público, en el cual podrán admirarla todas las personas que acuden a la máxima casa de estudios. Desde 2024, la primera parte de esa magna composición pictórica se exhibe el lobby de Rectoría, en el primero de los tres anillos murales que circundan los tres pisos de la torre. En 2025, el artista que concibió y conduce este monumental proyecto creativo cumple 90 años de edad, setenta de los cuales ha dedicado al estudio del arte, a su creación y a la enseñanza de estos conocimientos.

    Además de este enorme trabajo, el maestro Takeda sigue creando proyectos para murales y otras obras. Desde 2023, por ejemplo, elabora por su cuenta y riesgo un gran mural dedicado al Popol Vuh, el libro sagrado de los antiguos mayas, que constará de 40 lienzos, cada uno de 120 por 120 centímetros. Cuando la obra esté concluida, tendrá 57.6 metros cuadrados.

    ¿Cómo logra este pintor, a su edad, mantener la energía para desarrollar tantos proyectos y continuar dando sus lecciones de arte a estudiantes universitarios y a niños y niñas a quienes ha convertido en artistas? El artífice y profesor Shinzaburo Takeda entendió que al mirar al mundo con sabiduría, se comprende que las cosas son inmutables al tiempo que, continuamente, se están transformando. Hace 90 años, el 13 de febrero de 1935, nació este hombre que comenzó a mirar el mundo desde las chozas del pueblo de Seto, en Japón, y hoy lo contempla desde su apacible casa en el pueblo de San Andrés Huayapan, Oaxaca.

    Su trabajo en Oaxaca poco a poco fue ganando reconocimiento, hasta que en 2004 la universidad le encomendó pintar el cielorraso del paraninfo universitario, que hubo de ser restaurado después de un incendio provocado por criminales. Esta primera gran obra muralística de Takeda para la casa de estudios fue concluida el mismo año en que se la comisionaron, con el apoyo de su discípulo Francisco Monterrosa (quien fallecería prematuramente en el año 2023).

    Lejos de su natal Japón, Takeda ha rebasado las fronteras de México, llevando la imagen de nuestro país al mundo. El emperador japonés Akihito le confirió el más alto honor de su nación en 2012, al otorgarle la Orden del Tesoro Sagrado.

    Takeda, después de terminar el mural del Paraninfo universitario, continuó dedicado a su pintura, a la gráfica y a sus clases en Bellas Artes. Sintiendo que su labor era insuficiente para impulsar la disciplina del grabado, en 2008 Takeda decidió lanzar la convocatoria para la Bienal Nacional de Artes Gráficas que desde entonces lleva su nombre.

    En 2020, el artista retomó la creación de murales al pintar Río Ostuta, comisionado por el escritor Manuel Matus para la Casa de la Cultura de San Francisco Ixhuatán, en Oaxaca. Al año siguiente, en 2021, el maestro Takeda publicó, al cumplir 86 años de edad, una importante contribución a la didáctica de las artes visuales en México: su Método de xilografía en relieve para principiantes, publicado por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca en una espléndida edición.

    Ese mismo año de 2021 el pintor viajó a Yucatán para elaborar en el Centro Estatal de Capacitación, Investigación y Difusión Humanística de Yucatán, en la ciudad de Izamal, un mural de ocho por cinco metros titulado Paraíso de quetzales en un mundo de venados, que le comisionó la Universidad Autónoma de Yucatán.

    En 2023 el gobierno del Estado de Campeche comisionó a Takeda la realización del mural de más de 10 metros de altura Adán y Eva para el Centro de Investigaciones Artísticas La Arrocera, en la capital campechana.

    En 2023, consecuentemente, la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca publicó el libro de arte Aquí nació y creció mi espíritu, con investigación de Mariliana Montaner, el cual recopila la obra pictórica y gráfica de Takeda a partir de 1955 hasta el año de la edición.

    El propio maestro Takeda hace partir su vocación artística de la alfarería tradicional japonesa que conoció y elaboró en sus años tempranos en la aldea japonesa donde nació. Para él, es fundamental cultivar en el pueblo mexicano los talentos y las concepciones cosmogónicas que parten de las culturas prehispánicas y forman el sustrato espiritual de los descendientes de aquellos pueblos originarios.

    Por ello, en 2024 y 2025 convocó a doscientos niños y niñas, junto con sus madres, para crear un mural en cerámica de 400 losetas diseñadas por los menores de edad y sus progenitoras bajo la conducción del artista oaxaqueño-japonés, con la asistencia técnica del escultor Adán Paredes y su taller Los Alacranes. Dicho mural fue instalado en la sección El Arenero del Parque Infantil primavera, inaugurado en 2025 por el gobierno del Estado de Oaxaca.

    El maestro Takeda ha vivido en su país adoptivo más de medio siglo. Durante ese tiempo no sólo ha producido una notable obra pictórica y gráfica personal, sino que ha desarrollado una labor magisterial de impresionantes alcances. Retoma en su obra elementos de las culturas indígenas de México, particularmente las que pueblan el istmo de Tehuantepec y la región maya, las cuales ha estudiado meticulosamente.

    Su retrato de estas realidades permite comprender que el pensamiento y la acción de los pueblos originarios no es un recuerdo nostálgico ni un asunto de arqueología, sino el desarrollo de una presencia colectiva que define las transformaciones de toda la república.

    Suele decirse que los estados del norte de México son los únicos que garantizan la riqueza de la nación. Tal creencia omite reconocer que los trabajadores migrantes de los estados del sur son quienes sostienen —con sus enormes aportaciones en fuerza de trabajo— industrias y cultivos de la región fronteriza norteña, al grado de que se han denunciado casos de esclavitud masiva de migrantes del sur en campos de trabajo de los estados norteños.

    Shinzaburo Takeda, desde su lugar de trabajo en las aulas y en su taller personal, en la población zapoteca de San Andrés Huayapan, no cierra los ojos a esos grandes problemas. Por eso privilegia la cultura indígena y campesina en sus enseñanzas y en su obra. Su arte es una evocación admirativa de pueblos ancestralmente sometidos a explotación, que a pesar de sus problemas mantienen una dignidad que el pintor y grabador resalta en sus retratos. En los cuales campean la sensualidad y el dinamismo de poderosas tradiciones.

  • Seis poemas

    Seis poemas

    Colaboraciones

    Araceli Mancilla Zayas

    VIERNES

    La placidez de escuchar al mar

    entre las hojas

    vaivén cercano que se ausenta

    para dar paso a la luz

    de ella surgen remolinos

    que entran en la casa sin alboroto

    atraviesan cristales acariciando el piso

    música revivida en los ojos

    destello a la orilla de las sombras

    entonces el mar vuelve a escucharse

    en el jardín

    entre ramas de dos árboles

    cadencia luminosa

    detenida un momento

    en el espacio que inunda su presencia

    donde sólo cabe estar atentos mientras un pájaro

    –que se piensa pequeño–

    trina su adiós.

    PAVANA POR UNA PRINCESA MUERTA

    ¿Ya no queda nada?

    espera, hay algo

        en la música:

    algo como

    una ligera grieta

    ¿en dónde?

    atrás

    su abertura

    en una cicatriz olvidada

    ¿cómo?

    entra la música

         viento de luz

    en el camino de regreso

    ¿a qué?

    hacia la noche

    después

    va yéndose

    -siéntelo-

    de la pequeña grieta

    que se cierra.

    PEQUEÑO RELÁMPAGO

    Un momento atrás

    bajo flores guinda

    vibraba su aleteo            

    ellos lo miraron en el fulgor

    de aparecer entre hojas

    del árbol pata de vaca

    lució un instante

    al despuntar el día

    preparaban café

    cuando de pronto

    en el cristal

    un golpe

    (no de piedra ni de puño)

    amortiguado por el plumaje

    tornasol

    cayó

    palpitó unos segundos

    quedó inerte

    diminuto colibrí

    que horas más tarde

    ella recibió entre sus manos

    “puedes dejarlo en el altar”

    dijo él

    al entregárselo: “sólo se secará”

    pasaron días: cómo no pensar

    en el pequeño relámpago

    su viveza había iluminado el aire

    luego chocó contra el cristal

    observa ahora su ser yacente:

    verde azul desde la cabeza

    al abdomen

    resplandor anaranjado

    del cuello que brilla

    y se enciende al rotar

    largo pico: aguja que bordó

    encajes invisibles

    patas de garras minúsculas

    pecho pelado en el centro

    rodeado por fino plumaje blanco

    alas grises     diseño

    para una rapidez

    a mil por hora

    y en las cavidades vacías

    donde hubo ojos

    la evidencia de la maravilla

    después de la velocidad.

    ÁRBOLES
    (DE AGUACATE)

    Dirías que son uno

    por la ligereza en común

    de subir hacia lo alto

    y extenderse

    en curvaturas

    sensuales

    y sexuales

    llenos de hojas

    enlazados los troncos

    cual hijos de una

    sola semilla

    que se hubiese

    bifurcado en un ser

    de dos cuerpos

    que se gozan

    ricos en brotes

    Dirías que son dos

    pero imposible afirmarlo

    a la primera

    viendo el armonioso

    enlace que culmina

    en las frondas

    paralelas

    confundidas

    en una

    Podrías atenerte

    a la contundencia

    de los frutos

    tan distintos siendo

    de la misma especie:

    unos redondos

    y pesados como

    bombas

    de corteza dura

    y áspera

    los otros alargados

    con tendencia a

    acinturarse

    de piel esbelta

    fácil al cuchillo

    mas no dices nada

    ante dos que han

    decidido ser

    para efectos

    visuales y vitales

    uno solo

    frente al viento

    el sol los pájaros

    las plagas la lluvia

    las sombras y la noche

    que les cae encima

    al unísono

    oscureciéndolos

    pacíficamente

    en el hogar que custodian

    con su ayuntada

    arborescencia.

    GIRASOLES

    Zumban insectos en medio

    de un campo de girasoles

    algún animal

    posiblemente una rata

    se apresura ante su peso

    cuando cae con suavidad

    sobre las altas hierbas

    no la encuentran:

    con los brazos abiertos

    de cara al cielo

    en lo profundo del terreno

    ha tendido su cuerpo de niña

    cierra los ojos para absorber

    la plenitud del sol

    no demasiado lejos

    sobre la banqueta

    escucha pasos

    correría de gente

    voces que juegan

    lote baldío

    oloroso a humedad

    a revoltijo de hojas

    y basura:

    de cara negra

    rodela amarilla

    tallos largos y peludos

    los girasoles cercan

    con lealtad infranqueable

    el solaz de su refugio.

    CUCHILLO

    In figure de colomb volat al ciel.

    El canto de un pájaro

    su pico

        puro gorjeo

    rasga

    la penumbra del alba

    sólo un pájaro

         -sin verlo

    es uno

          ¿sabes? –

    cortando

    delicadamente

    la noche

    canto /rasguño

    al velo de la oscuridad

    empujada con suavidad

    por la luz

    algo adentro

    se rasga también:

    entra el canto al centro

    del cuerpo

    lo atraviesa

    le hiere

    deshaciéndolo

    en luzombra.

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