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El poder no corre riesgos, los explota

Culturas impopulares
Jorge Pech Casanova
Administrar los males públicos: en eso consiste la mayor parte de la política que nos han enseñado a esperar en México y en otros países. Estados Unidos es actualmente uno de los peores ejemplos de esa política, junto con el Israel sionista y la Ucrania ultranacionalista.
El gobierno de Trump acomete a inmigrantes latinoamericanos y los expulsa violentamente, mientras prepara campos de concentración para ellos en un pantano lleno de caimanes. El régimen de Netanyahu perpetra el genocidio del pueblo palestino en nombre de la seguridad mundial, y el presidente Zelenski sostiene una guerra fratricida con Rusia para hacerse grato a la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
Cada gobierno administra sus males públicos apoyándose en falsos argumentos para sus crímenes contra la humanidad: Trump acusa a los inmigrantes de masiva delincuencia; Netanyahu afirma que los civiles palestinos son todos peligrosos terroristas. Zelinski finge defender la autonomía ucraniana para entregar su país a la OTAN.
En su más reciente agresión, Israel acusa a Irán de fabricar armas nucleares. Con ese pretexto, bombardeó residencias de civiles indefensos. Los medios informativos de Oxidente guardan silencio ante el nuevo genocidio, fingiendo creer las acusaciones de asesinos. En su día, George W. Bush acusó a Irak de poseer inexistentes misiles atómicos. La comunidad internacional le creyó o fingió creerle, alentando la injusta guerra contra los iraquíes.
Estos “errores” que conducen al exterminio masivo de civiles son un componente de la guerra desde el conflicto internacional de 1939-1945. Aun antes de que Estados Unidos concluyera el enfrentamiento con el asesinato de millones de civiles en Hiroshima y Nagasaki, los bombardeos a objetivos no militares se extendieron por Inglaterra y Alemania.
El régimen de Hitler había conseguido desarrollar el primer misil de largo alcance en la historia: la bomba voladora V-2, con la cual pretendió doblegar a Inglaterra, destruyendo sus ciudades. El gobierno inglés trató de contrarrestar el ataque pero carecía de la V-2.
En esas horas de urgencia, la rivalidad de dos científicos ingleses fue decisiva para una estrategia que prometía equilibrar las fuerzas, y al final de los combates se reveló errónea: los bombardeos ingleses contra Alemania. El caso lo cuenta el novelista C. P. Snow en su ensayo Ciencia y gobierno, de 1960.
Henry Tizard y F. A. Lindeman se conocieron en 1908 en Berlín, en el laboratorio Nernst. Ambos eran jóvenes de reconocida inteligencia y diligencia. Cuando tenían veintitantos años, ya eran parte de la Real Sociedad de Ciencias. Tizard llegó a ser secretario permanente del Departamento de Investigación Científica e Industrial, y después rector del Colegio Imperial.
Lindeman prefirió vivir como un miembro de la alta sociedad inglesa y en ese ambiente conoció a Winston Churchill, político en ascenso.
Tizard, en 1934, fue nombrado director del Comité para el Estudio Científico de la Defensa Aérea. Además de integrar a dos colegas en el Comité, el académico apoyó el desarrollo de la tecnología radar, incipiente en aquellos años. Bajo el primer ministro Stanley Baldwin, el Comité Tizard se convirtió en el asesor científico del Comité Imperial.
En 1935 Baldwin trató de ganarse a su principal crítico, Churchill, nombrándolo integrante del Comité Imperial. El oponente aceptó con la condición de mantener su postura crítica ante Baldwin. Enseguida, pidió que Lindeman se integrase al Comité Científico.
El nuevo miembro del comité descreía del radar y, en vez de ese sistema, recomendó emplear tecnología infrarroja o un método que involucraba bombas y minas lanzadas en paracaídas sobre la aviación enemiga. Tizard consideró la propuesta inviable. Lindeman insistió hasta que la disputa obligó a renunciar a los otros dos científicos del Comité y al propio Lindeman, quien pasó a convertirse en Lord Cherwell y se quedó rumiando su derrota.
En 1942, con la segunda guerra mundial ya en curso, Churchill asumió el cargo de primer ministro. Como su asesor científico nombró a Lord Cherwell. La asesoría de Tizard fue pronto desestimada y Lindeman tuvo a su disposición la defensa de Inglaterra. Dado que los alemanes bombardeaban Londres, el resentido científico ideó un bombardeo masivo sobre las principales ciudades alemanas. Eso, prometió, devastaría moralmente al enemigo.
Lindeman no admitió a otro científico en el gabinete de guerra. La polémica con Tizard le inspiró aversión a consultar con otros sus ideas. Churchill no objetó colocar en manos del lord todas las decisiones científicas: Lindeman prometió la destrucción del cincuenta por ciento de cada ciudad bombardeada.
Aunque los documentos del gabinete eran secretos, llegaron a conocimiento de Tizard y de P. Blackett, uno de sus colegas en el extinto Comité Científico de Defensa Aérea. Tizard dijo que los cálculos de Lindeman eran cinco veces excesivos. Blackett elevó ese margen de exceso a seis. Churchill mantuvo su apoyo al lord bombardero.
Las bombas arrojadas sobre Alemania destruyeron la décima parte de lo que Lindeman garantizó. Así, los alemanes no se desmoralizaron con el ataque inglés; arreciaron el lanzamiento de bombas voladoras e hicieron daños terribles en Inglaterra.
Escuchando el ineficaz desempeño de las bombas inglesas sobre Alemania, Hitler pudo mantener la convicción de que ganaría la guerra hasta pocos días antes de tomar la decisión de suicidarse en su bunker. Sólo la noticia de que a Berlín entraba el Ejército Rojo le reveló su derrota. Así, la guerra en Alemania la ganaron las tropas soviéticas, no los aliados.
La resistencia japonesa sólo pudo ser vencida con el genocidio de sus ciudadanos en Hiroshima y Nagasaki, crimen de lesa humanidad por el que Estados Unidos deberá responder cuando su imperio se derrumbe. Mientras tanto, los crímenes de guerra de este país se acumulan desde 1945 y suman nuevos genocidios: Corea, Vietnam, Latinoamérica, Irak, Afganistán, Palestina, Irán. Israel es socio del régimen genocida desde que en 1968 lanzó la guerra del Yom Kippur, y amenaza con rebasar a su cómplice en Palestina e Irán.
El ejemplo narrado por C. P. Snow en Ciencia y gobierno es una fábula cautelar sobre los peligros de decisiones tomadas sin conocimiento de los pueblos durante las guerras. A la fecha, los crímenes de lesa humanidad cometidos por el imperio estadounidense en Corea, Vietnam, Irak y otras naciones son del conocimiento público, pero no reciben castigo porque el imperio sigue en pie, aunque en su interior está podrido y se colapsa por las adicciones de sus peores súbditos: asesinatos seriales y en masa, drogadicción, fanatismos de toda laya.
El régimen de Trump desplaza de sus políticas la información científica, apelando a doctrinas absurdas como la creación del mundo en siete días, la inexistencia de la evolución de las especies, la insistencia en que el planeta Tierra es plano y no geoide, y la ilusión de conquistar planetas desconocidos que están a cientos o miles de años de distancia.
Trump, entre tanto, vive encerrado en su isla imperial. Evoca al senil y pervertido emperador Tiberio, recluido en su isla de Capri por miedo a un ataque enemigo, empeñado en violar niños y jovencitos en piscinas, mientras el imperio lo repudiaba y oraba por su muerte (la cual proveyó su amante y heredero Calígula).
En este despliegue de credos insensatos, el tirano de cabello naranja explota para su decadente régimen la falacia de que los emigrados latinoamericanos en Estados Unidos son todos vándalos invasores. Pero como el poeta Constantino Cavafis advirtió en Esperando a los bárbaros, esos asaltantes ya jamás llegarán, aunque “eran al menos una solución”.
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Releyendo Rayuela

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
Sin duda, Rayuela se convirtió en una novela de culto. No sé si sólo para mi generación, para la que La Maga y Oliveira respondían a proyecciones y quizá, para muchos, en modelos. La he vuelto a leer en la edición conmemorativa. Me divertí mucho. Su estructura sin estructura me lleva a compartir con ustedes, lectores de Morfemacero, unos bullets (aproximaciones de lectura) -que incluyen citas de autores del boom que vienen en esta edición-.
- Cortázar se propuso una novela que no dependiera de la trama, que fuera un flujo continuo, que se armara como un rompecabezas.
- La parte superior de la rayuela es París, y la inferior Buenos Aires.
- Oliveira no sabe dónde está parado y simplemente vive; Morelli, alter ego de Cortázar, busca encontrarle sentido a la vida desde la teoría.
- Morelli reflexiona sobre cuál debería de ser la forma de la nueva novela.
- Su poética: “Negarse a hacer psicologías y osar al mismo tiempo poner a un lector -a un cierto lector, es verdad- en contacto con un mundo personal, con una vivencia y una meditación personales… Ese lector carecerá de todo puente, de toda ligazón intermedia, de toda articulación casual”.
- “Las cosas en bruto: conductas, resultantes, lecturas, catástrofes, irrisiones. Allí donde debería haber una despedida hay un dibujo en la pared; en vez de un grito, una caña de pescar; una muerte se resuelve en un trío para mandolinas”.
- “Las formas exteriores de la novela han cambiado, pero sus héroes siguen siendo los avatares de Tristán, de Jane Eyre, de Lafcadio, de Leopold Bloom, gente de la calle, de la casa, de la alcoba, caracteres”.
- “Para un héroe como Ulrich (more Musil) o Molloy (more Beckett), hay quinientos Darley (more Durrell)”.
- “Por lo que me toca, me pregunto si alguna vez conseguiré hacer sentir que el verdadero y único personaje que me interesa es el lector, en la medida en que algo de lo que escribo debería contribuir a mutarlo, a extrañarlo, a enajenarlo”.
- “Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos estos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba otro menos frecuente: la devoción. Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo” (Gabriel García Márquez)
- “En Julio, la literatura parecía disolverse en la experiencia cotidiana e impregnar toda la vida, animándola y enriqueciéndola con un fulgor particular sin privarla de savia, de instinto, de espontaneidad. Probablemente ningún escritor dio al juego la dignidad literaria que Cortázar ni hizo del juego un instrumento de creación y exploración artística tan dúctil y provechoso”. (Mario Vargas Llosa)
- En la revista Anales, Borges publicó el cuento de Cortázar “Casa tomada”. Seguro le gustó porque le encantaba la literatura fantástica, donde todo tiene que ser preciso. Creo que no le hubiera gustado Rayuela, porque hay demasiado improvisado -como en el jazz- y porque es un mecanismo para armar, cuando lo que el autor de Ficciones nos da es algo ya armado, aunque abra infinitas posibilidades desde allí.
- “Rayuela es, quizás, el repertorio más crítico e incitante de la modernidad urbana de la América española, porque se funda en la necesidad de inventar un lenguaje para nuestras vidas actuales”. (Carlos Fuentes).
- Aunque le haga el amor de mil maneras todo el tiempo, la Maga es inaprensible para Oliveira. Cuando ella lo abandona, Rayuela se convierte en una novela sobre la imposibilidad del amor, como la obra maestra de Marcel Proust, como Bajo el volcán, de Malcolm Lowry. No hay peor derrota que la de saber que la mujer que se posee no se puede poseer (Albertine, en Proust; Yvonne, en Lowry).
- Rocamadour, el bebé de la Maga, es como el gato en el cuento de García Ponce. Forma un triángulo y, al desaparecer, la relación desaparece de igual manera.
- Jugar al cíclope: “Nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua”.
- Cortázar menciona varias veces El cuarteto de Alejandría, de Durrell. Su mujer en esa época, Aurora Bernárdez, lo tradujo. Julio traduciría Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. Traducciones canónicas.
- Hay dos agujeros decadentes en Rayuela. Bertha Trépat, la cantante que, como la protagonista de Sunset Boulevard, la obra maestra del cine de Billy Wilder, cree que sigue siendo una estrella cuando es sólo polvo y recuerdos. También, la mujer que habita en el bajo puente, la clochard, la que apesta, la que se deja amar sin quitarse la ropa, una puerta el infierno.
- Dice el narrador: “Hace mucho que Gregorovius había renunciado a la ilusión de entender”.
- En la sección “Textos prescindibles”, el narrador afirma: “Si escribiera ese libro, las conductas standard serían inexplicables con el instrumental psicologico al uso. Los actores parecerían insanos o totalmente idiotas.Todo sería como una inquietud, un desasosiego, un desarraigo continuo, un territorio donde la causalidad psicológica cedería desconcertada”.
- “Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas y que nos arderá dulcemente hasta calcinarnos”.
- “Provocar, asumir un texto desaliñado, desanudado, incongruente. Método: la ironía, la autocrítica incesante, la incongruencia, la imaginación al servicio de nadie. Una narrativa que no sea pretexto para la tranmisión de un ‘mensaje’”.
- “Morelliana: Si el volumen o el tono de la obra pueden llevar a creer que el autor intentó una suma, apresurarse a señalarle que está ante la tentativa contraria, la de una resta implacable”.
- “Todos coincidimos en fechar el comienzo de la innovación narrativa de esta lengua en Rayuela (1963). No en vano es la primera gran novela sin relato obligatorio: se debe a la creatividad de las asociaciones felices. Se propone una obra posterior a la obra, y hace de la lectura el eje del tiempo asociativo”. (Julio Ortega).
Una novela que no es una novela que sí es una y varias novelas; un juego de niños, una invención verbal, una historia de amor, una historia de desamor, una deconstrucción feliz. Eso es Rayuela, la gran novela de Julio Cortázar. ¡A leerla o releerla!
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Ampliaciones a Bradbury y el Zen

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
Siempre quedan alternativas. El exilio interior es una de ellas. El pensamiento auténtico —no el recibido, no el que nos piensa, no el que uno cree que piensa por su propia cuenta— es otra. La creatividad es una tercera.
Ray Bradbury publicó en 1973 un ensayo de título poco común en su obra literaria: “Zen en el arte de escribir”. Después de encontrarse con un singular libro testimonial de Eugen Herrigel, catedrático alemán que residió en Japón, Zen en el arte del tiro con arco, Bradbury, quien no sabía nada del budismo Zen hasta entonces, pormenorizó sus propios procedimientos técnicos, muy similares a los descritos por Herrigel, en un texto dirigido a todos aquellos interesados en el arte de las palabras, en la pasión insomne de la literatura y aun en el viaje de la vida, “la mitad terror, la mitad júbilo”, como diría.
El Zen es “la conciencia cotidiana”, según la legendaria definición del maestro Baso Matsu hecha hace más de mil doscientos años: “dormir cuando se tiene sueño; comer cuando se tiene hambre”. Y ciertas artes adyacentes como el tiro con arco, la esgrima, los arreglos florales, la ceremonia del té, la danza, la pintura o las artes marciales pueden conducir al encuentro de un estado mental de “no-conciencia” discursiva o satori —una especie de intuición o sabiduría trascendental que capta simultáneamente la totalidad e individualidad de todas las cosas— explorado por esa variante del budismo que desde China llegó a Japón dos milenios atrás.
El Zen, en suma, es la superación del dualismo cognitivo, y su precepto central pide al practicante “buscar en la propia naturaleza”, en la mente de todos los días aquella budeidad o iluminación que puede encontrarse en una flor, una roca, un grito, un junco que flota en el agua o una sandalia tirada en el camino. Daisetz T. Suzuki, el divulgador del Zen en Occidente, apunta que satori significa, en términos psicológicos, “hallarse más allá de los límites del yo”. Algo que en cuanto al tiro con arco supone que el arquero y el blanco dejan de ser dos objetos opuestos y se funden en una realidad única, como lo explica Herrigel en el testimonio que conmovió a Bradbury.
Así, el autor de Farenheit 451 —parábola profética donde se anticipa no solo la persecución de los libros, la erradicación de la lectura y la hegemonía del ver antes del comprender: la agonía del homo sapiens y la victoria del homo videns— recuerda en el prefacio del ensayo sobre el Zen y la escritura aquella anécdota del pianista quien dijo que “si no practicaba un día, lo advertiría él; si no practicaba durante dos, lo advertirían los críticos, y que al cabo de tres días se percataría la audiencia”. De ahí que su palabra determinante, síntesis del método creativo seguido por él, sea “Trabajo”, en seguida “Relajación” y después “¡No pensar!”
El trabajo es la llave maestra del proceso escritural. No solamente porque se aprende a escribir escribiendo, dado que la escritura misma enseña a hacerlo, sino porque para Bradbury el único fracaso consiste en rendirse, detenerse en medio del transcurso móvil de toda creatividad: “Se ha hecho el trabajo. Si está bien, uno aprende. Si está mal, aprende todavía más. […] No trabajar es apagarse, endurecerse, ponerse nervioso; no trabajar daña el proceso creativo”.
La tensión, actitud opuesta a la relajación, segunda clave esencial, “nace de ignorar o de haber rendido la voluntad de saber. El trabajo, porque da experiencia, se convierte en nueva confianza y finalmente en relajación”. Bradbury menciona una relajación dinámica, en movimiento, “cuando el artista no necesita decir a sus dedos lo que tienen que hacer”. Ese es el ritmo natural del arte cuando se alcanza una espontaneidad que el Zen llama “accidente controlado”: una disciplina espontánea o una espontaneidad disciplinada.
El no pensar, tercera viga maestra del edificio creativo, se entiende como la ausencia de artificio: “llegará el día —escribe Bradbury— en que sus personajes les escribirán los cuentos”. Citando a Schiller, el autor resume este alcance como el retiro estético de “los guardianes de las puertas de la inteligencia”, o la sabiduría alcanzada por el escritor que en el acto creativo incorpora su inconsciente.
El método de Bradbury propone un sinónimo para el concepto de trabajo: amor. Alfonso Reyes aconsejaba lo mismo: amar la propia literatura, amar el arte como un don. El Zen concibe la obra como un ejercicio espiritual del artista, un espejo que refleja la imagen mental de su creador.
Su milenaria tradición establece siete caracteres para obtenerlo. La asimetría, una creatividad contraria a lo convencional; la simplicidad, un gesto ajeno a la afectación; la austeridad, el uso de lo indispensable nada más; lo natural, entendido como el encanto suficiente de lo real; la sutilidad, una prevalencia de lo sugerido y no de lo mostrado; la libertad absoluta, como una renovación sensible y una frescura germinal; la serenidad, una condición que el Zen formula así: como es adentro es afuera.
Entre los artes adyacentes al Zen se encuentra el haikú, deslumbrante poética de 17 sílabas que penetra intuitivamente en las estructuras profundas de la naturaleza, en el “ser tal”, la talidad de las cosas comunes de la naturaleza.
R. H. Blyth, estudioso occidental del haikú, agrupa de esta manera las condiciones de esa poética “sin palabras”, como se le ha llamado por su sobriedad: olvido del yo (“llevar la Nada en el corazón equivale a llevar el Todo”, dice una máxima Zen); soledad dichosa, agradecida; aceptación de la realidad; rechazo del verbalismo, del intelectualismo y del moralismo; sentido de la contradicción; humor; libertad; simplicidad; sentido de lo concreto; amor, no sentimental ni posesivo sino bodhisátvico, universal. Una de las características señaladas, el humor, recorre todos los pasos del Zen, la doctrina alegre, que no en vano aconseja que uno debe reírse a carcajadas del Zen.
Después de considerar todo esto, Ray Bradbury tendió una estera en el piso, colocó su zafu, un cojín redondo, y se puso a meditar. Bradbury hizo zazen. Siguió el último consejo operativo: meditación.
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Sobre Un escenario campestre

Colaboraciones
Blanca Luz Pulido
En el lenguaje poético de Nuno Júdice (1949-2014) lo sensible está en profunda combinación con las ideas, y las imágenes con el pensamiento que se va trazando a través de cada imagen y cada verso.
El amor, el tiempo, el destino, la misma poesía, son algunos de los temas que con más frecuencia aparecen en su poesía. Y, además, algo que es infrecuente en muchos poetas: hay en su obra, y la presente no es una excepción, un humor sutil, lleno de ironía, en la base de muchos poemas.
Otros aspectos importantes son el movimiento, la transformación, incluso la metamorfosis de lo que se canta en sus páginas. Por un lado tenemos la nostalgia de un mundo ido y el intento de atrapar el presente o el amor, siempre elusivos, y por el otro, la conciencia incesante de que la realidad es un misterio que la voz poética apenas si alcanza a nombrar, a delimitar, a aludir. Así, el poema es un avanzar continuo hacia lo que se desconoce, un dejar atrás lo que debe quedar atrás, pues todo en el poema es un buscar el movimiento, buscar la propia voz de lo que quiere decirse.
La lectura de los poemas de Nuno Júdice produce la compleja sensación de adentrarse en un mundo a la vez límpido y misterioso, transparente pero en constante cambio. Hay un ir y venir del pensamiento poético, en busca de “la luz de un sentido”. Ese movimiento recorre de hecho todos los libros del autor, de una u otra manera, aun a través de los años y los cambios que atravesó su escritura.
“Un verso transforma / el modo en que se mira el mundo”. Gracias a la poesía de Nuno Júdice, el mundo se transforma en un lugar más enigmático, más interesante incluso, donde la belleza puede surgir (o desaparecer, o alejarse) en cualquier instante, al conjuro del poema. Júdice es un taumaturgo, una especie de prestidigitador del lenguaje. La realidad que habitamos (algo que habitualmente damos por sentado) adquiere en cada uno de sus poemas tintes nuevos, desconocidos. Todo sucede en el abierto campo de la página, y, como se lee en un poema de este Regreso a un escenario campestre, tal vez podríamos incluso recibir “La dádiva / de un cuerpo en la muda imagen del poema”.
En la casa de la poesía hay rincones oscuros
donde nos podemos esconder como si no necesitáramos
luz. Empujé la puerta de esa casa en busca
de esos rincones; pero también descubrí el sol que entraba
por las ventanas y dibujaba, en la pared más blanca,
el contorno de tu rostro. En realidad, cuando
se entra en la casa de la poesía, todo tiene un dibujo
tan preciso como el significado de cada palabra. Solamente,
en los rincones oscuros, las sombras dan otro sentido
a lo que vemos; y por más que se abran
las ventanas para que el sol llegue a esos rincones,
hay siempre figuras que no salen de la sombra,
como si fuesen los fantasmas de la infancia, y lo que dicen
viene de muy lejos, según algunos, o de demasiado
cerca, según otros. Entonces, ¿qué hago yo en esa casa
de la que el sol no logra borrar las sombras? ¿Por qué
insisto en mirar hacia los rincones más oscuros, huyendo
de la luz? La respuesta está en la imagen que el sol proyectó
en la pared: la imagen que tiene tu rostro y me pide
que salga de esos rincones oscuros para oír tu voz
el día en que te encontré en la casa de la poesía.
La edad de un árbol se mide por los anillos
del tronco, cuando lo cortan. El árbol aún
podría haber vivido mucho, y sus anillos seguirían
formándose con su dibujo circular. Ahora,
al verlo, sólo pienso en los que ahí faltan,
y calculo los siglos que el árbol
perdió, cuando lo cortaron. Pero no desperdicio
la oportunidad: los anillos de un árbol
tal vez tengan algún valor en la casa de empeños
de la eternidad, sobre todo los más antiguos. Y
llevaré el anillo que tiene la edad de los profetas,
o aquel que oyó la voz de los amantes, y
también el que escuchó un ruido de ejércitos
en una de las primeras cruzadas, para saber cuánto
me dan por ellos. Son los más pequeños, y
es más fácil que se ajusten al dedo de quien los compre.
“Allí vivía el poeta”, me decían, en aquella
casa en la esquina, en la colina que llega al pueblo,
en un solo cuarto, pero con lugar
para el burro que lo acompañaba, cuando
salía para recitar sus poemas. “¿Un burro? ¿Y
por qué no una yegua, como en las epopeyas?”
Él respondía que no tenía dinero
para herraduras; y el herrero, desde la otra esquina,
detrás del gran portón de un patio
con árboles y cactus, lo mandaba echar.
“¡Un burro no necesita herraduras!” Pero
él mostraba los cascos ensangrentados: “Hay muchas
piedras en el campo, la lluvia se llevó la tierra”. Y
el herrero, detrás del fuego que iluminaba
el sudor de su cara, ya no respondía. En las tabernas,
se decía que se había quedado ciego por las chispas
de las llamas; otros, sin embargo, hablaban de él como
si fuera el diablo en persona. “Vive abrazado
a una lámina de hierro ardiente.” Todas las
historias son verdaderas, pensaba el poeta;
y componía los cuartetos que nunca recitaba.
“Si los dijera, me los robarían. Tengo que
ocultarlas, son mi tesoro.” Aún
hoy, nadie conoce la obra del poeta, y
sólo el burro oía los poemas que él le
decía, en la casa donde vivían. Pero el burro
murió, y se llevó consigo el tesoro que
le dio el poeta, antes de ir a parar a la fosa
común, donde tantos poemas acaban.
En el suelo de esa calle por donde
paso todos los días, encontré un pájaro
muerto; y en la parte trasera del restaurante,
debajo de un limonero cargado
de frutos todavía verdes, vi un limón caído,
demasiado maduro. Entre el pájaro y el limón
no había nada en común, de no ser el hecho
de haber caído: el pájaro, del cielo,
el limón, del árbol. No recogí al pájaro,
sabiendo que del pico de un ave muerta
ningún canto volvería a salir; pero recogí
el limón, sabiendo que lo podría exprimir
para tener, con su jugo, el sabor
de la tierra que alimentó el árbol
de donde el pájaro cayó.
Si yo rezara, pediría piedad
para los que no aman, para los que no saben
hacia dónde mirar cuando están solos y les falta
un rostro amado en la memoria, para los que
miran una flor y sólo piensan en el día en que
morirá. Tal vez el amor no sea la única
salvación de los que todo necesitan, ni
el remedio para los males de quien no sabe
lo que es el sueño. Sin embargo, sin él, sus manos
estarían aún más vacías, y sus noches
no tendrán el horizonte de una luz al
amanecer. Pienso en todos ellos, por
los que rezaría, si rezara, y es tu rostro
lo que veo frente a mí, son tus manos
que buscan las mías, y es tu existencia,
sólo por el hecho de que existes, la que enciende
en mi noche cada futura mañana. Y rezo,
al fin, después de todo, rezo para que tu voz
no me falte, y tu cuerpo se vista con el perfume
del campo y por ti corra, siempre, el río de este amor.
Hay palabras que cambian de sentido
de un instante a otro. La forma en que
se imprimen en un cuerpo amado, como
si el cuerpo fuera la página blanca esperándolas; o
el descubrimiento de una imagen resultado
de aquello que, en retórica, se llama
analogía: así, el mundo de esta palabra
adquiere súbitamente otra dimensión y,
al oírla, el primer sentido casi
no tiene sentido cuando otro significado
lo sustituye.
Podría tomar a la sirena de ulises como
ejemplo. Ya no es la figura mítica que espera
a las víctimas en su acantilado, cantando para
atraerlas. Ahora está más próxima, y su voz
me impulsa hacia su canto, como si tuviera
el mismo hechizo, pero al abrazarla, la sirena
se transforma en venus, en la metamorfosis
donde tomo el lugar de ovidio para cantar
la metamorfosis de sirena en mujer. Esta, sin embargo,
se tiende en el mar blanco de la cama donde llega
la luz de la ventana. Por sus manos pasan
los libros y los cuadernos en que palabra
e imagen se funden. Sus ojos cambian
de color, y de sus manos brotan alas cuando
las veo, como si ángel y sirena fueran sinónimos.
Así, concluyo: el amor tiene un diccionario
en que ninguna palabra tiene su sentido usual
cuando es el mismo amor quien la pronuncia.
En una pausa, entre la pirámide
del adivino y el cuadrángulo de las monjas, el cielo
se cubrió de nubes. No le pedí
al adivino que me explicara los motivos para
que el cielo concediera a los hombres la indulgencia
del gris. Y no acerqué el oído a los
labios de la serpiente para que las monjas me recitaran
el oráculo de la eternidad. Sin embargo, de las piedras nacieron
dos iguanas, lentas como los pasos ciegos
de las sibilas de un monasterio
de secretos. En vano las llamé para que me enseñaran
las fórmulas de una transmigración de las almas. Y
el viento me trajo tu voz para que yo inscribiera,
en la más blanca de las columnas, el fuego
de su murmullo, la entonación del deseo,
el hondo acento del amor.
Los poemas llegan de lejos, no traen
consigo ni bolsas ni maletas, dejan
las palabras en el piso de la estrofa, tratan
de acomodarlas en la página, las doblan como
todo lo que puede caber en la maleta o
en la bolsa. Los poemas no tienen tiempo para
descansar, ni cierran el cuaderno que
todavía tiene hojas en blanco, buscan
imágenes donde ellas se encuentren, en el cielo,
en la calle, en las paredes del cuarto, en el armario
de ganchos tan delgados como versos. Y
cuando los poemas empiezan a hablar, es como
si hubieran estado siempre aquí,
siempre cerca de nosotros, colocando
dentro de nosotros todo lo que vemos salir
de su interior, para que los dejemos
marcharse con sus bolsas de palabras
y sus maletas de imágenes, ahí donde
los esperan.
Un espíritu filosófico busca la raíz
de las cosas en el fondo del ser. Es una intuición
racional, pero cuando mete las manos
del análisis en la tierra de los pensamientos, que
se transforma en lodazal en un día de lluvia,
difícilmente distingue lo abstracto
de lo concreto. Su materia es como el tallo que
en breve será tronco, y las ideas tal vez
florezcan en ese mundo que sólo existe cuando,
en un día de inquietud, nos interrogamos
sobre el sentido de las cosas. No obstante, cuando
llueve en el espíritu, igual que cuando llueve
afuera, una opción sería quedarnos detrás del vidrio
y ver lo que sucede: el agua que corre
entre las piedras, y las nubes que se van poniendo
más oscuras. En esos momentos, es posible que
el espíritu se aparte de una lógica que permita
explicar la interferencia del tiempo en nuestras
emociones. Tal vez pudiéramos calentar
el espíritu frotándonos las manos, o avivando
la luz de la razón con el fuego de la certeza. Lo mejor
será esperar que la tormenta se aleje, y sólo
cuando oigamos, de nuevo, el canto de los pájaros,
podamos buscar una solución, un desenlace
para lo que se interrumpió. Ahora,
mientras tanto, lo que importa es cerrar la ventana
y olvidar el ruido de la lluvia en los vidrios
del alma.
Poemas del libro Regresso a um Cenário Campestre de Nuno Júdice (Dom Quijote Ediçoes, Lisboa, 2021)
Versiones de Blanca Luz Pulido
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Supresión intelectual/ II

Colaboraciones
Eduardo Subirats
Un reino de Maya de las estrategias políticas, financieras y militares. Golpes y movimientos de masas fascistas bajo el camouflage de una primavera de la libertad. Políticas genocidas en nombre de los derechos humanos. Gangsterismo político. Colapso del sistema democrático en los escenarios de corrupción, manipulación y crímenes contra la humanidad en prime time. Cinismo, doble moral, hipocresía, abierta falsedad, los rituales y los cultos a una renovada diosa Estultitia que gobierna a una humanidad enloquecida (Erasmus). Una sociedad civil en estado permanente de sitio. Hugo von Hoffmanstahl: Worte… zerfielen mir im Munde wie modrige Pilze („Palabras… se deshacían en mi boca como hongos podridos”).
A tu llegada a Princeton expusiste un programa de revisión del hispanismo. Seguir los pasos del humanismo de Thomas Mann: arrancar los mitos del nacionalismo doctrinario, y ponerlo al servicio del esclarecimiento y la renovación intelectuales. Revisión y renovación de las culturas ibéricas. Una península en la que las civilizaciones hebrea, islámica y cristiana florecieron, en constantes encuentros y desencuentros. Integrar la historia ibérica a los flujos civilizatorios de Eurasia y África. Poner en cuestión la permanente destrucción de todo intento de reforma del Espíritu. Crítica de la teología política imperial y de la destrucción de las altas civilizaciones de las Américas. Aplausos y más aplausos. Reconocimiento unánime. Entrada por la puerta grande.
Tu crítica del proyecto colonial ibérico del siglo dieciséis te puso, solo unos meses más tarde, en conflicto con los vested interests. Princeton University Press rechazó la publicación de tu Continente vacío al tiempo que expresaba cautelosamente su reconocimiento de una escolaridad intachable. Añadieron justificaciones patéticas. Tu análisis de la teología de la colonización hispánica citaba demasiados autores en lengua castellana que nadie conocía en los Estados Unidos. De todos modos, conciliaron respetuosamente las diferencias inherentes a tu proyecto crítico en nombre de una definición obsoleta de Romanistik y de un Enlightenment reducido a sus componentes epistemológicos e instrumentales.
Desertaste de Princeton. Cobijaste tu proyecto de reforma de las Humanities y del Hispanismo en New York University. El alivio solo demoró cuatro años. New York se embriagaba con un subalterno formalismo estructuralista y postestructuralista, y encerraba la hermenéutica literaria y artística en los campos vigilados de las lingüísticas político-correctas, mientras cerraba el paso a la reflexión sobre las crisis políticas de las guerras globales y los genocidios del siglo veintiuno. Final de las teorías críticas de la civilización (sus restos de serie los vendían a precio de saldo en el cuarto trastero de los cultural studies). La condición colonizada de los estudios hispánicos se había interiorizado hasta disolver completamente las tradiciones filosóficas humanísticas del hispanismo del siglo veinte. Pero eso no era lo peor.
Sigue la pandemia; y sigues incomunicado. El director de tu departamento ha prohibido la utilización de las redes departamentales para una discusión internacional vía zoom de la edición brasileira de tu Mito e literatura. La debilidad de este funcionario no es individual y mucho menos personal; es una debilidad programática y programada. Su función objetiva es la trivialización y final supresión de toda conciencia literaria sobre la condición post-neo-colonial de América latina. Sí es sí y no es no. O sí o no. Tertium non datur. Apoteosis de la repetición y lo dejá vu.
Un año antes del 9/11 habías organizado en New York un último encuentro de intelectuales frente a un mundo devastado por continuos conflictos. Susan Sontag. Edward Said. Juan Goytisolo. La conciencia y espiritualidad judía, la resistencia palestina y la memoria de la catástrofe ibérica de las culturas hispano-árabe e hispanojudía bajo las guerras y el fanatismo nacional-católico. Gran expectación. Pero Sontag se entretuvo en repulsas personales contra Said que a nadie interesaban, y en el centro de su conversación sólo estaba el icono especular y espectacular de sí misma. Said anunció un próximo estallido de violencia provocado por Occidente en la península árabe. Goytisolo blandió la bandera del diálogo entre las tres religiones del Libro con el gesto de una debilitada resistencia intelectual antifascista. No percibiste en ninguno de los tres ni la voluntad, ni la capacidad de un análisis, ni un proyecto de futuro. Autoconciencia intelectual limitada.
Has crecido bajo el espectro de Auschwitz y Hiroshima. Has puesto al descubierto la teología política del proceso de destrucción, genocidio y colonización de un continente entero, siguiendo al pie de la letra el discurso de la conciencia culpable, y la expansión mundial de la esperanza en la salvación transcendente que expone programáticamente San Pablo en su Epístola a Romanos. Reconstruiste la arquitectura conceptual del aparato militar y religioso de la “destrucción de las Indias” (Las Casas). Aquí y ahora ya no has chocado con los nacionalistas católicos, sino con los guardianes académicos del imperialismo europeo cristalizado en la filosofía del derecho colonial y de guerra de Francisco Vitoria y Hugo Grotius. Has topado con los guardagujas de las reglas epistemológicas y gramaticales de deconstrucción microanalítica de los discursos. Has sufrido su censura. Prohibieron citar tu Continente vacío.
En vano hubieras aclarado a tus colegas la etimología de los “idiotes”. Y en vano hubieras tratado de esclarecerles que la débil autonomía intelectual y la obediencia a un poder político autoritario fue la combinación que Loyola expuso en sus cartas sobre la Sancta Auctoritas como postulados fundacionales de la corporación monacal y sus políticas. En vano habrías puesto de manifiesto su obscena complicidad con un sistema organizado de reproducción indefinida de la ignorancia. Has herido a esos instructores al mencionar la sostenida censura electrónica de tu comunicación intelectual independiente. Pero en tu e-mail no mencionas el nombre de ese funcionario causante del litigio, ni la institución a la que sirve, ni su lugar, ni tampoco su tiempo histórico. “N’ayant pu me corrompre, ils m’ont assassiné” (Jacques-Louis David).
Tenías un objetivo: la reforma de la historia ibérica recortada y sancionada bajo las murallas geopolíticas de la monarquía de Isabel la Católica, la Gramática de la lengua castellana de Nebrija y su imperialismo gramatológico, y la violencia constitutiva del nuevo orden universal definido por la teología política de la Inquisición. Deseabas transgredir y transformar el eje de atención de la historia cultural ibérica. Ponerlo en su centro histórico: Al-Ándalus. Las voces del esclarecimiento y el misticismo judío de Maimónides y el Zohar, el racionalismo de Ibn Rushd y la filosofía mística de Ibn al-Arabí… Las últimas voces de la filosofía sefardí, de Leone Ebreo a Sánches y Spinoza, y sus raíces espirituales. Comienzos de la Europa occidental moderna; otra Europa. Y una nueva conciencia humanista y humanitaria de las Américas.
El lockdown ha transformado tu forma de vida. Encerramiento monádico y monástico. La realidad existencialmente vivida a través de la presencia de los humanos y las cosas se ha modificado. El mundo entero se ha transfigurado en un teatro de sombras chinas. Completa desmaterialización del ser en las pantallas del espectáculo electrónico. Presencias ausentes. Existencias fosforescentes. Carácter efímero del ser. Soliloquio sobre el vacío de ser. La nausée.
Nuevas guerras de Occidente. El virus se ha originado y expandido a partir de estas confrontaciones. En los primeros días, Washington esperaba que la pandemia devastara al contrincante imperio milenario de la República Comunista China. El Covid-19 estaba llamado a ser una segunda Guerra del Opio. Pero, en pocos días, el mundo dio la vuelta entera. La pandemia no iba a dejar al hemisferio occidental indemne. Peor todavía. China la detuvo dentro de sus fronteras, mientras el resto se infectaba letalmente por decenas de millones; y entró en una etapa de letargo y, finalmente, de parálisis mental.
Las generaciones postpandémicas que hoy viven y estudian en Berlín, London o New York se han encontrado de pronto ante una nueva realidad en la que la literatura, la reflexión filosófica y la libertad creadora simplemente no existen. Son un pasado. En el mejor de los casos es un objeto de curiosidad arqueológica. Otros gadgets más atractivos tienen a su alcance para cancelar la hermenéutica artística y filosófica. En los escaparates del mercado académico se venden las etiquetas de postliteratura, cultural studies o performance studies, exclusivamente dedicados a los fenómenos de desconstrucción y descomposición del gran arte y la gran literatura del pasado. Además, en los sistemas de comunicación escolar se han instaurado los cultos artificiales de los trans- y los posts, las revueltas ficticias de los queer, las gramáticas y sintaxis feministas, y las jergas oficiales sobre democracy & human rights frente a los waste land de las guerras postmodernas…
Eres el engranaje minúsculo de un sistema de conexiones, jerarquías y supervisiones burocráticas cuya función real es suprimir las memorias culturales, destruir la experiencia estética, acabar con la capacidad individual de pensar, dialogar y actuar libremente. En un mundo dominado por mentalidades tecnocéntricas y administraciones irresponsables.
Una hermenéutica humanista capaz de restituir el sentido, la memoria y el conocimiento a lo largo de la historia de las palabras, las lenguas y las culturas, el que recogen sus mitos y sus ritos, así como sus expresiones literarias y artísticas. Unir el pasado con el futuro en el presente histórico. Restaurar la centralidad ética y metafísica de la existencia humana.
Te acaban de notificar que tu curso de postgrado sobre Don Quijote: trickster y loco enamorado ha sido suprimido. En ninguno de los departamentos literarios de esta universidad se reconstruye hermenéuticamente una obra literaria o filosófica. Eso te ha obligado a mantenerte al margen de sus rituales corporativos. De todas maneras, a la administración del conocimiento no le place la reconstrucción mitológica y filosófica, y mucho menos el análisis simbólico y psicológico que has expuesto en tu ensayo sobre la obra de Cervantes. Supresión postliteraria de las tradiciones críticas de la literatura y el pensamiento tout curt.
Has tratado de mostrar la compleja situación histórica de las culturas peninsulares, o más precisamente su doble condición de un imperio en declive desde el siglo dieciséis, o quizás de la simple destrucción y deterioro culturales subyacentes a las cruzadas contra el Islam y la expulsión de los judíos de la Península ibérica, y has señalado su punto débil en cuanto a su pensamiento: la ausencia de una voluntad y acción esclarecedoras en el sentido de la razón científica definidas por Galileo, Descartes o Hegel. Has revelado la teología del proceso genocida y colonial del “Descubrimiento” de las Américas bajo los auspicios de la corona española. Has querido asir el dolor frente a la destrucción de las altas civilizaciones del continente americano con una mano, y con la otra has tratado de reconstruir momentos cruciales de la ambigua historia ibérica. Por eso has insistido en los legados historiográfico de Castro y literario de Goytisolo: dos transgresores de las barreras étnicas y religiosas entre hispanocatólicos, hispanojudíos e hispanomusulmanes.
La cancelación de tu seminario sobre la España de Cervantes es el acto y el acta finales de un proceso sistémico de extinción de las grandes culturas nacionales del pasado bajo los poderes imperiales del presente. Guerra de la ignorancia contra los últimos despojos de una conciencia humanista y humanitaria. Síntoma patético del encogimiento intelectual de las instituciones educativas y culturales. En una sociedad inmersa en las tareas de producción y reproducción electrónicas de un espectáculo total y totalitario; y en una civilización en proceso de autodisolución ecológica, social y espiritual.
Le has replicado al director departamental que escribir poesía después de Auschwitz es barbarie; que es barbarie criminalizar el esclarecimiento y la protesta públicos contra el genocidio del pueblo palestino en Gaza; y que cancelar definitivamente un curso sobre Don Quijote en un departamento de literaturas europeas también es barbarie…
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Heroínas mexicanas en la tierra del odio

Culturas impopulares
Jorge Pech Casanova
Para no pocos habitantes de Estados Unidos, el 4 de julio de 2025 dejó de ser una fecha de festejo, pues se convirtió en el amargo recordatorio de las libertades que ese país ha perdido a causa de la administración Trump. Hubo quien propuso cancelar las celebraciones y hasta quien cambió el diseño de la bandera tricolor de las barras y estrellas por una en blanco y negro, surcada por líneas de alambre de púas.
Pero no hizo falta ningún luto simbólico para trastornar los festejos del 4 de julio este año en Estados Unidos. Una catástrofe natural sembró la tragedia y el luto en Texas, donde a la fecha se cuentan 80 personas que perdieron la vida durante las inundaciones que arrasaron el condado de Kerr, principalmente. En este último lugar, el informe de víctimas fatales fue de 40 personas adultas y 28 niñas y niños. Las autoridades han interrumpido el trágico conteo, que por desgracia ha de aumentar.
Pese al dolor colectivo, y como sucedió durante los incendios forestales fuera de control en California, en enero último, la república mexicana envió a rescatistas a apoyar las labores de salvamento en la zona de Texas devastada por las inundaciones.
Sin importar el maltrato brutal que la administración Trump ha cometido contra migrantes de origen mexicano, los rescatistas enviados por nuestro país están arriesgando sus vidas en Texas para ayudar a las personas cuyas comunidades arrasaron las lluvias.
Y en medio del luto que este desastre impuso entre los texanos, otro acto mexicano de heroísmo trajo algún respiro en medio de la tragedia: las jóvenes Silvana Garza Valdez y María Paula Zárate, ambas de 19 años de edad, salvaron a veinte niñas estadounidenses en el campamento de verano Mystic, donde desaparecieron otras 27 personas.
Silvana y María Paula, monitoras de ese establecimiento para cristianos estadounidenses, estaban en su dormitorio cuando fueron despertadas por la intensidad de la tormenta. Dado que el campamento estaba instalado a orillas del Río Guadalupe, sintieron miedo por la súbita crecida de las aguas, que subieron de nivel ocho metros en menos de una hora, después de que a las tres de la mañana se fue la luz en las cabañas.
En medio de la tormenta, Silvana y María Paula se apresuraron a sacar a las niñas de las cabañas y buscaron refugio en un sitio menos expuesto a la crecida del río. Antes, pidieron a las huéspedes preparar de urgencia sus maletas, les escribieron sus nombres en sus brazos y les pusieron gafetes para hacer posible la identificación de cada una.
Una vez refugiadas, las dos muchachas vigilaron el sueño de las menores de edad, escuchando con preocupación la tormenta. “Los truenos eran tan fuertes que hacían temblar los vidrios de las cabañas, y los relámpagos iluminaban todo intensamente”, declaró Silvana más tarde.
Al llegar el día sin que la lluvia cesara, rodeadas por las aguas, las dos monitoras del campamento tuvieron que mantener tranquilas a las niñas con juegos y momentos de oración, en lo que llegaba alguna ayuda. “Fue un trabajo en equipo, todas las niñas se ayudaron entre sí y nosotras también nos apoyamos mutuamente para mantenerlas seguras”, contó después María Paula.
Mientras las jóvenes y las niñas esperaban su rescate, el campamento Mystic difundía la pérdida de 27 personas, entre responsables del establecimiento y niñas alojadas. Por todas partes en el condado de Kerr se difundían la devastación y las muertes.
Después de las seis de la tarde, un equipo de rescate llegó el 5 de julio a donde estaban Silvana, María Paula y las veinte niñas. Las dos jóvenes habían pasado más de catorce horas despiertas tratando de asegurar a sus acompañantes que serían salvadas. Y el salvamento se cumplió.
“Fue una espera muy larga y angustiosa. Pero finalmente, después de horas de espera, vimos llegar a los rescatistas y supimos que estábamos a salvo”, celebró Silvana.
Ahora, los nombres de Silvana Garza Valdez y María Paula Zárate se suman a los de los anónimos rescatistas mexicanos que ayudaron a aliviar el desastre por las inundaciones en Texas. Sin la presencia de ánimo y la determinación de las dos jóvenes, acaso no se habría logrado salvar de la inundación a todas esas niñas.
Inclusive la presidenta de México ha reconocido la valentía de las dos jóvenes, y sería de esperar que les haga un reconocimiento público en este país, ya que difícilmente lo hará la resentida e inepta administración de Trump.
Justo cuando estas dos jóvenes mexicanas dan un ejemplo de enorme entereza y generosidad hacia niñas de un país extranjero, en las redes sociales una vocera del odio, la supremacista Ann Coulter, difundió una frase injuriosa y dolorosa para muchos de sus compatriotas: “No matamos a suficientes indios”, escribió la autora de diez libros dedicados a promover a Trump y el estilo de vida “liberal”.
La comunidad indígena de Estados Unidos tomó nota de la vileza publicada por Coulter y respondió con dignidad. Por ejemplo, el vice presidente de los pueblos Wichita, Tasha Mousseau, comentó: “Argumentaría que ella es el sueño más salvaje de sus ancestros. Es lo que los colonizadores querrían continuar en este país”.
¿Desde cuándo el genocidio dejó de considerarse un crimen de lesa humanidad para convertirse en una “tendencia” de gente blanca y rubia que se siente autorizada a difundir sus deseos más viles como norma de conducta?
Mientras la imagen de una propagandista del odio como Coulter se define en negrísimo contraste con la de las jóvenes heroínas Silvana Garza y María Paulina Zárate, otras voces de descendientes de indígenas oponen palabras menos innobles a las de Coulter, como estas de la poeta potatwomi Kaitlin Curtice:
“Nuestra historia comienza en el lomo de la tortuga, donde aprendimos que la comunidad crece en tanto lo hace la tierra nativa, que nuestro espíritu brilla porque lo hace igualmente la tierra nativa en hermandad. Hasta que no sepas eso, Ann, tu vida permanecerá vacía, y cada palabra de odio que pronuncies sólo llenará el espacio vacío que has creado”.
Mientras tanto, veinte niñas estadounidenses crecerán con la conciencia de que deben sus vidas a dos valientes muchachas mexicanas. Puede parecer poco, pero para estos tiempos de rabia y egoísmo, veinte vidas son más de las que la maldad supremacista puede reclamar.
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Grandes artistas, ¿malas personas?

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
Lo primero: esta columna busca comprender, jamás juzgar.
Dicho lo cual, ha habido grandes artistas, en la literatura y en las artes plásticas, que han sido magníficos creadores cuyas vidas o acciones son criticables, en términos de lo que socialmente se considera adecuado, inconveniente o punible. Veamos, para empezar, el ejemplo de dos asesinos geniales.
- I. François Villon y Caravaggio
El gran poeta francés asesinó a alguien. Sabía que si la justicia lo atrapaba, sería colgado de manera inmediata. Por ello, por tener un pie ya en la muerte, desde esa condición liminal, escribió los Testamentos y los Legados:
He lanzado mi pluma al viento, que la siga quien aún espera.
En adelante yo me callaré,
pues proseguir quiero mi designio.
Y si alguno me pregunta cómo
oso hablar mal del amor,
que esta frase le contente:
“Quién muere, todo lo puede decir”.
La noche del 29 de mayo de 1606 el gran pintor Caravaggio mató a un hombre llamado Ranuccio Tomassoni. Huyó a Nápoles y dos años después murió. ¿Debemos dejar de admirar la obra de estos inmensos artistas por ser asesinos?
- II. Dos escritores franceses indeseables: Jean Genet y Louis Ferdinand Céline
Jean Genet fue prostituto, violador y ladrón desde antes de ser menor de edad. Sus libros son duros, incómodos. Jean Paul Sartre escribió sobre él un libro: Saint-Genet, comediante y mártir, donde lo nombra, como se ve, un santo de la oscuridad. A final de su vida, tres años antes de su muerte, el gobierno francés le otorgó el Premio Nacional de Letras.
Louis Ferdinand Céline, por su parte, es autor de una novela excepcional Viaje al fondo de la noche, considerada por Le Monde entre las mejores novelas del siglo XX. Traidor a la patria, por colaborar con la Gestapo, estuvo preso en Dinamarca. Fue declarado “desgracia nacional”. Años después, fue indultado y en 2011 el gobierno de Francia le iba a rendir un homenaje, que fue cancelado por la fuerte presión de grupos sociales, debido a sus opiniones antisemitas.
¿Qué hacemos con estos dos escritores?
Quizá la mejor solución es la de Noruega. En 2009 crearon el Centro Knut Hamsum, con motivo del 150 aniversariodel escritor, quien, como sabemos, fue autor de obras maestras como Hambre, Pan y Bendición de la tierra, y fue, también, colaboracionista con los nazis.
El Centro expone a la vez su obra literaria y una sala dedicada al apoyo de Hamsun a Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Se trata, entonces, de exhibir la vida y obra de un artista, con sus claroscuros.
- III. Elena Garro
Creo que las mejores escritoras del siglo XX fueron Inés Arredondo, Clarise Lispector y Elena Garro (también, Rosario Castellanos).
No me interesa su vida privada. Se han puesto de moda lecturas sobre parejas (Ricardo Guerra/Rosario Castellanos; Octavio Paz/Elena Garro) que me parece caminan sobre un piso de hielo. ¿Qué se puede saber de una pareja? Siempre habrá información que no conocemos y que no está al alcance de ningún investigador.
Sin embargo, hay algo que quiero compartir con ustedes.
- IV. Adolfo Bioy Casares
En su monumental libro Borges, el autor de La invención de Morel, transcribe, ¡en 1700 páginas! todo lo que platicó con su amigo Jorge Luis a lo largo de infinitas cenas durante décadas. Allí podemos leer esta entrada:
“Martes, 22 de octubre, 1968. Después de comer, llamo a Borges para hablar de la contestación a un telegrama de Helena (sic) Garro, que pide telegrafiemos nuestra solidaridad a Díaz Ordaz, ministro de gobernación mexicano (sic), por los últimos sucesos. Explica Helena que los comunistas tirotearon al pueblo y al ejército y ahora se presentan como víctimas y calumnian; que hay peligro de que el país caiga en el comunismo”.
Como mexicano, me parece deleznable y ruin que Garro haya incitado a Borges y a Bioy, que no sabían nada o casi nada de lo que pasaba en México, a enviar este telegrama, con base en información falsa.
Como en el caso de Villon, Caravaggio, Céline, Genet y Hamsun, el arte va por un lado y la vida por el otro. No siempre la vida y lo realizado tienen la misma luz. Disfrutemos sus creaciones (como la de Garro).
Lo demás, se lo llevará el polvo. Quedan las obras.
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Diario de Gaza VII

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
La operación de control político y mental descrita en la distopía 1984 de George Orwell es fundamentalmente lingüística. Se compone de la Neolengua, un modo distinto de llamar a las cosas, de postular una nueva nominación; el Doble pensamiento, una certeza lógica de que las cosas no son lo que oficialmente se dice que son y sin embargo una impuesta aceptación externa e interna de que así son; y el Control de la realidad, una consecuencia individual y colectiva de las dos acciones anteriores.
Esta misma maniobra de manipulación a gran escala la lleva a cabo con otros nombres en todo el mundo el Estado judío genocida para ocultar el exterminio programado y sistemático del pueblo palestino que a lo largo de décadas ha venido realizando. Hasbará, un término que en hebreo significa “explicación, esclarecimiento”, es la diplomacia pública que se difunde sin descanso por canales múltiples (medios de comunicación masiva, sitios web, bloggers, granjas de bots, películas, contenidos en streaming, etcétera) que justifica sus acciones criminales y las presenta como meramente defensivas. O Amimut, literalmente “ambigüedad”, como parte de una política que no significa confirmar pero tampoco negar la posesión de armas nucleares, afirmando oficialmente desde hace años con todo cinismo que “Israel no será el primer país en introducir armas nucleares en Oriente Medio”.
Testimonios e investigaciones confiables como las declaraciones en 2006 del entonces primer ministro israelí Ehud Olmert afirman que desde la década de los años ochenta del siglo pasado hasta ahora Israel acumula cuando menos entre 90 y 400 ojivas nucleares. No es firmante del Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares, como sí lo es Irán, quien se vio sujeto durante años a más de 3,000 revisiones, redujo su producción de uranio en 98 % bajo supervisión internacional y está determinado por una fatwa religiosa del ayatola Jamenei, su máxima autoridad política y teocrática, que declara las armas nucleares como haram (prohibidas) según la ley islámica.
Pese a ello, en lo que Manu Pineda, secretario de Relaciones Internacionales del PCE describe como “La hipocresía nuclear de Occidente: el doble rasero como estrategia de dominación en Oriente Medio”, la impunidad nuclear estratégica de Israel es protegida por Estados Unidos, quien bloquea sistemáticamente en la ONU cualquier resolución sobre el estatus nuclear de la nación sionista, que recibe 3,800 millones de dólares al año de ese país en ayudas militares. Junto con Estados Unidos, Israel ha bombardeado a Irán con el pretexto de que la nación persa está muy cerca de tener bombas nucleares. Más de 100 mil millones de dólares en activos han sido congelados al país persa a partir de 2010 por Estados Unidos y desde entonces sufre un veto tecnológico que ha paralizado sectores clave como el energético y el médico.

En su registro de atrocidades desde Gaza, Ahmed Abu Kmail, camarógrafo palestino de 38 años, reporta para El País sobre lo indescriptible cotidiano. Padre de cuatro hijos, desde octubre de 2023 cuando Israel ocupó Gaza, Ahmed y su familia han tenido que desplazarse seis veces. Ahora sobreviven en una tienda de campaña que no los protege ni del frío ni del sol. Cinco horrores dominan sus testimonios. El primero es el hambre, que sufren más de dos millones de habitantes de Gaza, y entre ellos medio millón que para septiembre se encontrarán en una situación extrema si Israel sigue bloqueando la entrada de la ayuda humanitaria indispensable. “El hambre es una muerte lenta”, escribe Ahmed. El segundo horror es la huida. El 90 % de los habitantes de Gaza han tenido que desplazarse cuando menos una vez desde 2023 y un 92% de las viviendas han sido destruidas total o parcialmente destruidas por Israel. Cada huida es más dolorosa y complicada que la anterior. Los habitantes de Gaza están cansados y desmoralizados. El tercer horror es la educación, la cual desapareció en Gaza a todos los niveles desde el 7 de octubre de 2023. El 90% de los colegios, según la ONU, requieren ser reconstruidos. El desesperado esfuerzo de niños y niñas en tiendas de calor asfixiante, auxiliados por maestros voluntarios y sentados en el suelo sin cuadernos ni lápices, es para que “no pierdan la costumbre de aprender”. La cuarta tortura resulta la carencia de agua para beber y satisfacer necesidades básicas. El agua potable es un arma sionista más contra los palestinos en esta guerra. Un 90% de las familias sufren por falta del líquido apto para el consumo. Y el quinto espanto es el miedo. Desde octubre de 2023 los drones sionistas zumban en el cielo veinticuatro horas al día. Las explosiones y los bombardeos ocurren en cualquier momento y en cualquier lugar. Durante la mañana o la noche cualquiera puede morir, esté donde esté.
Por eso Caitlin Johnstone afirma que llamar “guerra” al genocidio de Gaza es como ver a un hombre matando a golpes a un niño pequeño y llamarlo “pelea”.
Robert Blecher y Chris Newton, miembros de Crisis Group, escriben un escalofriante reporte: “El experimento de inanición en Gaza”. Desde que comenzó la ofensiva israelí en octubre de 2023 el acceso a la ayuda ha sido severamente restringido, indican los investigadores. Israel ha impuesto tres bloqueos casi totales de 90 días. “Cuando la ONU y otras organizaciones advirtieron de una hambruna inminente, como sucedió en marzo y noviembre de 2024, Israel relajó brevemente algunos controles para aumentar el flujo de suministros, sólo para volver a endurecerlos una vez que disminuyó la atención internacional”.
Esta crueldad intencional, observan Blecher y Newton, se basa en una distinción mortal. En la terminología utilizada en el sector humanitario la “hambruna” es un umbral estadístico compuesto de muy bajas cantidades de consumo de alimentos, de tasas de mortalidad y niveles de desnutrición aguda. La “inanición”, el proceso en que los órganos se encojen, el sistema inmunológico colapsa y la cognición se deteriora, comienza mucho antes. “Los observadores pueden debatir si la difícil situación de Gaza ha cruzado esa línea, pero mientras tanto, los procesos biológicos no se detienen”.
La clasificación de la seguridad alimentaria de la ONU da cuenta de que “los 2,2 millones de palestinos en Gaza enfrentan una inseguridad alimentaria que pone en peligro sus vidas; más de la mitad se encuentran en Fase 4 (Emergencia), sobreviviendo a base de sobras; casi una cuarta parte se encuentra en Fase 5 (Cátastrofe), en la cual los alimentos desaparecen y las comunidades se desintegran. Cada ciclo de privaciones y recuperación parcial agrava el daño, que durará toda la vida e incluso puede ser intergeneracional”. Los investigadores afirman que el mundo está presenciando un experimento: “mantener a la población de Gaza, de forma indefinida, por debajo del umbral de hambruna, mientras los alimentos son convertidos en un arma de guerra”.
A pesar de que ya en 2011 el Tribunal Superior de Justicia de Israel atendió una demanda interpuesta por Gisha, una organización israelí de derechos humanos, contra el Ministerio de Defensa israelí por emplear la hambruna como táctica de guerra, estableciendo un requisito mínimo de 2279 calorías diarias por persona, hoy Israel suministra, cuando lo hace, una cantidad diaria sensiblemente inferior a esa “línea roja” nutricional determinada por la justicia israelí.
Para ello emplea a la Fundación Humanitaria de Gaza (GFH, por sus siglas en inglés), registrada en Estados Unidos y utilizada desde mayo con el fin de desplazar a la ONU y otras agencias humanitarias que durante años han trabajado en Gaza. Su primer director renunció antes de distribuir una sola comida denunciando violaciones de los principios humanitarios. Y en cuestión de días el plan estadounidense israelí de distribuir raciones en cuatro “centros fortificados” degeneró en un caos letal: “Desde que la GHF inició sus operaciones, decenas [y ahora centenas] de palestinos han sido asesinados al intentar llegar a los puntos de distribución a manos de soldados israelíes, y un número aún mayor han resultado heridos”.
Llegar a esos cuatro “sitios seguros” exige que los palestinos recorran decenas de kilómetros a pie, atravesando zonas de combate y controles biométricos, y si las consiguen deben cargar las provisiones recibidas hasta sus refugios. Es un recorrido agotador para alguien bien alimentado y casi imposible para quienes están sedientos y pasan hambre o están heridos. A pesar de sus promesas hasta ahora incumplidas de distribuir 300 millones de comidas en sus primeros tres meses, aún lográndolo esta cifra equivale a 1,6 raciones por persona de comestibles no perecederos para una población que carece de agua potable y el combustible necesario para cocinarlos. La GFH no proporciona atención médica, alojamiento o ayuda esencial para sobrevivir. Esa entrega irregular de raciones no perecederas de 1750 calorías, sin atención médica ni agua potable está diseñada para el desplazamiento forzado de Gaza, aquello que Netanyahu denomina emigración voluntaria, “y que es ahora un requisito declarado para poner fin a la guerra”.
Evitar la hambruna y sobre todo su conocimiento internacional es considerado “un seguro contra repercusiones diplomáticas”. Y a pesar de que funcionarios de alto rango del gobierno sionista de ocupación niegan la intención deliberada de generar una hambruna en Gaza, en privado oficiales israelíes la reconocen y miembros prominentes del gabinete la aprueban abiertamente. “El ministro de Finanza, Bezalel Smotrich, ha declarado que matar de hambre a los residentes de Gaza sería ‘justo y moral’ hasta que los últimos rehenes israelíes sean liberados. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Givr ha declarado que ‘la única asistencia permitida en Gaza debería ser aquella que ayude a la emigración voluntaria’. Mientras los rehenes permanezcan cautivos, ‘el enemigo’ no debe recibir ‘ni agua, ni comida, ni electricidad, ni ninguna otra ayuda’”. El sufrimiento masivo de la población civil es justificable.
El resultado de todo esto, dicen los autores, “es un castigo por defecto”. Mientras se trata de provocar una hambruna para debilitar a Hamás se provoca una hambruna entre la población de Gaza. Los políticos se equivocan creyendo que las multitudes que desafían las amenazas de Hamás para llegar a los centros de distribución significan un cambio palestino. Confunden “la desesperación biológica con la transformación política: la gente hambrienta que corre hacia la comida demuestra instinto de supervivencia, no un realineamiento político”. Los bienes distribuidos están apareciendo en los mercados de Gaza, revendidos por sus beneficiarios o incautados por los más fuertes. Estos mercados crean oportunidades para que Hamás obtenga ingresos. Un sinsentido más en el genocidio palestino. Así el ejército sionista de ocupación y los políticos que lo dirigen —“psicópatas bíblicos”, los llama el analista Pepe Escobar— han incorporado la inanición de la población civil no combatiente como una estrategia militar.
Hace unos cuantos días en el norte de la franja de Gaza 65 palestinos resultaron asesinados por soldados israelíes (algunos de los cuales ya han aceptado públicamente que lo hacen por órdenes de sus mandos) al intentar conseguir ayuda alimentaria desesperadamente, y otros 30 civiles fueron muertos por bombardeos aéreos en la última cafetería de Gaza, un punto de encuentro que ofrecía servicio de Internet y carga eléctrica para baterías de celular. Autoridades de salud palestinas alertaron sobre la aparición de meningitis en niños, y demandaron una vez más acceso a antibióticos, tónicos y vitaminas para reforzar la inmunidad. Se informó también que la justicia británica rechazó la solicitud de la ONG palestina Al Haq para impedir exportaciones de piezas utilizadas en los cazas estadunidenses F-35 a Israel.
El horror es incesante, la crueldad y la indiferencia también. Recientemente apareció una pinta en un muro parisino: “Antisionismo no es antisemitismo, pero los pavorosos crímenes israelíes ya lo han convertido en algo igual”. Se entiende por qué.
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Supresión intelectual / I

Colaboraciones
Eduardo Subirats
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Nadie. De ningún lugar a ninguna parte. Un punto perdido en el infinito. Sin memorias. Sin vínculos. Sin raíces. Identidad individual electrónicamente configurada. Producción corporativa de las imágenes y los códigos de conducta políticamente correcta. Lingüísticas automáticas. Identidad subjetiva preformateada. Trivializada. Un frágil equilibrio económico entre funciones profesionales y consumo de mercancías. Posthumano en la era de la inteligencia artificial.
Ha sido bloqueado tu correo electrónico. Intimidación institucional. También una venganza personal. Has expuesto la debilidad intelectual del director de un departamento como la condición estructural de su dependencia psicológica con respecto a la autoridad corporativa. Has puntualizado que la obediencia a superiores es el principio constituyente de autoridad hacia inferiores. También has puesto de manifiesto que los códigos lingüísticos profesionales encubren vínculos de dependencia y servidumbre. Un hombre gris de la administración ha interceptado tu mail. Lo ha transferido a ese director subalterno. Éste se ha sentido herido en la imagen narcisista de su identidad personal sin necesidad de que mencionaras su nombre. La compañía de internet te ha informado que tu cuenta ha cometido un delito. Automáticamente has sido cancelado.
Asistes a un proceso político de contaminación, destrucción y venta de saldo de los discursos postfilosóficos y postliterarios. Lo puedes retrotraer al formalismo estructuralista de los años sesenta, agravado a continuación por la fragmentación y dislocación discursiva deconstructivista, y la universal imposición del microanálisis como epistemología legítima. Represión (Verdrängung) de toda reflexión sobre la condición histórica y cosmológica de la existencia humana, en una edad de destrucción masiva y terminal de los equilibrios éticos de las culturas humanas. Políticas genocidas en las cuatro partes del mundo sincronizadas con las retóricas de unos indefinidos valores éticos exclusiva y excluyentemente occidentales. Los ideales de democracia, generados en las olvidadas revoluciones sociales de los dos siglos pasados, se han hecho pedazos bajo la desintegración lingüística que acompaña la expansión de sistemas de propaganda total. Vigilancia y punición electrónicas. Final de una soberanía humana, ética y políticamente definida a lo largo de las tradiciones esclarecedoras de Oriente y Occidente.
Los códigos lingüísticos y epistemológicos de la administración del conocimiento definen las redes profesionales de supervisión y supresión intelectuales. Se tenía que asumir la nomenclatura departamentalmente predefinida como la verdadera y única gramática profesional con arreglo a las agencias y agentes institucionales de fragmentación instrumental de la educación superior. Son las condiciones epistemológicas de entrada y conexión en el sistema de producción y reproducción científicas. Pero ahora las cosas parecen empeorar. Ya no es preciso un discurso conceptualmente articulado. La división y fragmentación de conocimientos bloquea por si sola la constitución de un sistema filosófico y, mucho más todavía, de un espacio reflexivo de libertad. La última consecuencia de este desorden es la disolución nihilista de todas las cosas en el cielo y la tierra, y un caminar a ciegas.
No has asumido las normas de una hermenéutica basada en categorías inciertas: hybridism, multiculturalism, freedom of speech, postcolonialism, feminism, democracy, postliterature, queer, posthuman… No les has dado tu venia porque son significantes substancialmente vacíos. Triunfo final de las jergas, las escolásticas y sus administraciones micropolíticas. Selbstverschuldete Unmündigkeit – una no-emancipación permanente de la conciencia sujeta a una eterna deuda culpable (Schuld). Final de toda autonomía individual.
Tu director departamental te ha enviado un mail. “You not only make baseless claims about censorship… This behavior is unprofessional and completely unacceptable…” Se invoca una autoridad lingüística ilusoria con frases predefinidas y significantes automáticamente generados. Discursos vacíos de los sistemas automáticas de Inteligencia Artificial. La normalización académica del sinsentido transforma las jergas y rituales cotidianos en un teatro del absurdo. Sus gramáticas construyen enunciados e introducen neologismos carentes de un referente empírico. Su resultado formal: una lógica incoherente y la degradación de la comunicación a habladurías privadas o jergas institucionalizadas.
“La crítica de la colonialidad abre la conciencia queer a la multiplicidad formal de una identidad transubjetiva y libera las potencialidades transcendentales de la conciencia subalterna…” No se trata solamente de substituir conceptos críticamente definidos por significantes carentes de sentido. Se trata más bien de elevar el sentido del sinsentido a principio de identidad: una conciencia subalterna, una identidad queer, una afinidad transubjetiva, y la crítica de una colonialidad histórica, política y filosóficamente sin referentes empíricos. Finalmente, estas palabras-gadget, slogans sintagmáticos y nomenclaturas esperpénticas se disuelven en el aire como pompas jabón. Pero la máquina corporativa sigue implacable su curso reformula, redescubre y finge indefinidamente nuevos sintagmas nominales y nuevos slogans de significados azarosos.
Palabras, palabras, palabras; signos sin memoria, términos que no tienen referentes, vocablos mudos, códigos vacíos. “You must say words, as long as there are any” (Beckett).
Al fin y al cabo, la función de estas nomenclaturas no es el conocimiento y mucho menos una crítica empírica. Más bien es lo que permite reiterar, reproducir, propagar e instituir una identidad en torno a un nombre, un signo o un ídolo en y por sí mismos insignificantes, y generar en torno a ellos una conciencia gregaria, una identidad narcisista y una ideología sectaria. Su función es la constitución de sujetos profesionales que no admiten ni la duda ni la crítica porque carecen de autonomía intelectual. Incapacidad de abrir los ojos, y pensar y esclarecer por sí mismos en una edad definida por las catástrofes y la propaganda.
Te han sometido a un interrogatorio on line por tu comportamiento delincuente. La investigación del caso la ha realizado un decano. En una segunda ventana de tu pantalla veías una silueta humana de aspecto policial. Funcionario testimonial. Has cualificado como “idiota” al director de tu subdepartamento. Has agredido a un superior en las redes. Has puesto en cuestión su debilidad mental corporativamente supervisada. Has protestado sucesivas veces las estrategias institucionales de degradación de la investigación y la enseñanza. Has puesto en cuestión la abolición institucional tácita de la hermenéutica literaria y la postfilosofía. Has protestado tu propia supresión intelectual.
Aufklärung ist der Ausgang des Menschen aus seiner selbst verschuldeten Unmündigkeit. „Esclarecimiento es la salida del humano de su autoadeudada inmadurez”. La etimología de la “inmadurez” castellana es vegetal. Son los frutos los que maduran. Por el contrario, Unmündigkeit define etimológicamente una condición humana carente de libertad y de creatividad, sin soberanía ni voluntad propia.
Klaus Heinrich te había explicado en Berlín el vínculo etimológico del substantivo alemán Mündig con la raíz germánica “munt”, que traducía como “la mano protectora”. A partir de este nexo interpretaba el sentido de los adjetivos mündig y unmündig como la emancipación y no-emancipación de esa mano tutelar, a la vez protectora y vigilante. Emancipación de la mano en el sentido de la e-mancipatio o manu-misión del esclavo. Libertad de la autoconciencia. Emancipatio de la mano patrocinadora del padre, del profesor y del estado. Emancipación como proceso continuo de diálogo, transformación y desarrollo de tu existencia.
Mündigkeit es el substantivo que la filosofía transcendental de Kant identificó con el pleno uso de la razón y expandió a lo ancho de la arquitectura lógica de sus tres Críticas. Su construcción es al mismo tiempo epistemológica, ética y estética; su realización histórica es la Paz Perpetua.
Has confrontado el extremo opuesto: la falta de resolución y de autoconciencia reflexiva; pereza y pobreza intelectuales; apatía. Un estado psicológico infantil prolongado indefinidamente a lo largo de generaciones e instituciones. Unmündigkeit sostenida por las redes electrónicas. Absorción y volatilización de las potencialidades intelectuales de centenares de millones en los mass media. Gasificación de las masas humanas ad-ministrativamente mani-puladas.
El proceso de conocimiento y esclarecimiento, y de ampliación y desarrollo de la conciencia individual confronta un incuestionado medium electrónico de uniformación epistemológica y lingüística de virtuales sujetos posthumanistas y posthumanos. También te confronta con la obediencia a las limitaciones discursivas e institucionales que, tanto en un plano intelectual como político, distingue a la idiotez profesional.
La decana o decano te ha repetido la misma categoría corporativa de profesionalidad que tu superior invocaba como esperpento burocrático. El vigilante en la ventana secundaria te ha interrumpido dos veces para puntualizar tus reiteradas transgresiones nominales del código corporativo de conducta lingüística predefinida. Has puesto en cuestión la integridad de tu superior. Le has señalado como post-sujeto y micro-intelectual. Has subrayado su degradación ética y espiritual sostenida por la megamáquina académica. Repetidas veces has expresado tu protesta y rechazo arrogantes sobre las gramáticas e hipocresías político-correctas. Has cuestionado la planificada organización de la mediocridad. Has puesto en evidencia el sistema de supresión institucional de la reflexión intelectual. Has expresado múltiples veces tu conciencia de haber sido suprimido en el proceso de racionalización mercantil y burocrática de los sistemas educativos. Hasta llegar a la calamidad de pandemias y guerras globales, y a una nueva edad de continuas catástrofes ecológicas y humanitarias. El decano ha sentenciado siete veces tu “no-profesionalidad”. Te ha recusado la exposición del conflicto en tus propios términos.
“Profession”, de “professioun”. Eran exactamente los votos que el monje cristiano asumía al entrar en una orden o corporación religiosa. Se aplicaba a los estudiosos de teología y retórica porque profesaban doctrinaria y lingüísticamente los nombres de un dios único y universal. Con las ciencias modernas la palabra se circunscribió a una perfección intelectual o manual del homo faber. En la edad del desmantelamiento de la Aufklärung y el Enlightenment constitutivos del Occidente moderno, su significado ha regresado a sus raíces disciplinarias monacales. Profesionalidad significa obediencia y presupone la debilidad ética de la conciencia individual. Representa la síntesis perfecta de la falta de carácter y la obediencia absoluta instaurada por Loyola a través de su Compañía religiosa y militar. Servidumbre voluntaria en las cloacas del antihumanismo de Occidente.
La profesión y la profesionalidad han amarrado lingüísticamente a los postintelectuales al sistema institucional de la academia; hasta ahogarnos en sus propias palabras y silenciarnos para la eternidad. Enmudecidos sin necesidad de ser amordazados. Son las propias reglas epistemológicas y gramaticales las que no permiten incluir profesionalmente la realidad humana, ni sus expresiones en las religiones, las artes y las letras, ni tampoco la presencia de la sociedad, la historia y la naturaleza como una totalidad autónoma y creadora en la reconstrucción hermenéutica de las grandes obras de arte.
El profesional es un homúnculo prisionero de su redoma y carente de vínculos intelectuales, éticos y emocionales con la sociedad y con la naturaleza, ajeno a toda actividad transcendente, carente de lugar en el mundo. Un yo, sin carne ni sangre; el principio lógico de una identidad subjetiva vacía. “Una semilla por así decirlo muerta… nada a partir de lo cual pueda desarrollarse un ser humano… monstra y homunculi” (Paracelsus).
En los auditorios académicos ya no hay polémica, no hay crítica, tampoco hay libertad. Aulas vacías de pensamiento, de erotismo y de idealismo. Como si la historia humana hubiera llegado a su punto final. El tiempo histórico congelada en un eterno presente monolingüístico y monótono. Tampoco hay lugar para la aventura del conocimiento. Automutilación intelectual como condición epistemológica constituyente de una ilusoria identidad profesional.
Humanities instauradas como una megamáquina global de repetición escolástica y reconstrucción microanalítica. Muerte del intelectual. Evaporación del arte. Postliteratura. Final de la filosofía. Las bagatelas que los discursos académicamente sancionados reproducen con tenaz trivialidad. Repetición ad nauseam de los mismos paradigmas y la misma estrechez de miras. Post-conciencia configurada en torno a los códigos de una identidad subjetiva preconfigurada, frente a las catástrofes de la postnaturaleza; posthumanidad manipulada por Inteligencia Artificial.
Una existencia humana restringida a las funciones de producción, consumo y reproducción reguladas por el mercado. La libertad transformada en estatua (Nicanor Parra).
Acabas de regresar de una megalópolis desolada por la pandemia. Rascacielos envejecidos. Avenidas desérticas. Una anciana atraviesa despacio una avenida completamente asolada. Empuja el carro de un shopping center atestado de bártulos. Su figura se evaporaba en el espacio urbano infinito como una Fata Morgana. Millones de infectados en una marcha virtual de cifras que no parece tener fin. Epidemia total y totalitaria. Sentimiento existencial de vacío e impotencia. Nihilismo consumado.
Eres un juguete en las manos de un sistema económico y administrativo liberal que no es capaz de concebir la contención de una pandemia que él mismo ha producido. Un sistema civilizatorio constituido en torno a un concepto suicida de progreso.
Asistes a la desarticulación de una civilización. El hundimiento de sus valores fundacionales, desde los dioses y los espíritus de los pueblos de las culturas tribales hasta los idearios civilizatorios modernos que han defendido los grandes filósofos de la historia, desde el universalismo cósmico de Confucius hasta la síntesis del progreso y el espíritu absoluto en Hegel y Marx. La construcción arquitectónica y política de una civilización científica, democrática y socialista que expresaron Rousseau con su teoría social y Beethoven con su Novena Sinfonía, la voluntad de conocimiento, poder y placer que anima el alma fáustica… todo eso se desmorona bajo la irracionalidad de las máquinas de dominación financiera, tecnológica y militar, y se diluye en la oscuridad de un futuro presidido por el derrumbe de equilibrios ecológicos y biológicos fundamentales para la preservación de la especie humana y la vida sobre la faz de la tierra. Occidente claudica, incapaz de resolver los conflictos inherentes a su propia invención del progreso. Impotencia cementada en sus mismos principios metafísicos constituyentes como civilización.
Encapsulado. Desconectado. Eres una mónada vacía. Mentalmente incapaz de imaginar la totalidad de un sentido en la existencia humana y en el cosmos. Discursos sin intensidades y sin diferencias, repetitivos, monotonales, nulos. Triunfo universal del microintelectual y la micropolítica. Paquetes compactos de conocimientos lingüísticamente fragmentados. Inmunes a interferencias reflexivas. Una letanía de categorías escolásticas.
“You not only make baseless claims about censorship… This behavior is unprofessional and completely unacceptable…” La palabra exacta que define la función de la inteligencia limitada de tu funcionario corporativo superior es “idiota” – en el sentido del griego “idiotes”, una persona carente de inteligencia cultivada, prisionera de su privacidad y su profesionalidad, completamente apolítica e absolutamente ignorante. Fachidiot.
Sin embargo, tu mail era el boceto de una reconstrucción lógica del comportamiento corporativo, el análisis de una estructura sistemáticamente reiterada de manipulación y reducción del cerebro humano. Tú nunca utilizaste la metáfora de la debilidad de carácter y la ausencia de intensidad intelectual para definir a un burócrata imaginariamente individual; te referías a un sistema racional efectivamente impersonal en el que las autoconciencias ya no son sino agentes anónimos provistos de un número personal secreto de identidad profesional.
Un punto lógico perdido en el infinito de las redes electrónicas. Al mismo tiempo, una conciencia individual monádica en el medio del clinamen universal. Sin memoria comunitaria, sin vínculos con la naturaleza y con su propia realidad física y espiritual. Huak’cho: “Aquel que no tiene nada, que está sentimentalmente lleno de una gran soledad…” (Arguedas)
Conciencia externamente formateada y vacía. Identidades subjetivas predefinidas. Por eso en tu mail definías a este agente como “prototipo de lo que el psicoanálisis alemán de los años treinta llamó Personalidad Autoritaria, ahora en una versión de corte neoliberal y postmoderno: un carácter débil, perfil intelectual nulo, fiel reproductor de los slogans escolásticamente sancionados, una identidad personal privada de entidad propia.: “Neither body nor soul, it’s something else he has… he is made of silence” –. (Beckett, The Unnamable)
La transubstanciación industrial de la comunidad humana en una masa electrónicamente manipulada, sin memoria existencialmente articulada y con una reducida conciencia intelectual autónoma de sí misma, y en última instancia subordinada a los códigos definidos por las corporaciones académicas, financieras y tecnológicas. Gasificación de la masa electrónicamente desmaterializada en las alegorías, las siglas, los números y las sombras de las cuevas platónicas que resplandecen con los colores estridentes de las pantallas. Transformación electrónica de la existencia humana en una “masa invisible” (Canetti) a lo ancho del universo real-maravilloso del espectáculo.
Inmediatamente hizo cancelar tu cuenta de internet y puso en aviso a los decanos sobre tu comportamiento no-profesional. Éstos accionaron un comité de vigilancia y punición.
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Relación hermenéutica entre Xul Solar y Jorge Luis Borges

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
Acaba de salir en Debolsillo México el libro de Claudia Aboaf Astrología y literatura: Diálogos cósmicos (Borges-Xul Solar; Pizarnik-Silvina Ocampo), publicado originalmente en Argentina en 2022.
Para efectos de este ensayo, dejaremos a un lado la parte que corresponde a la gran poeta y a una de las hermanas que animaron la revista Sur, para concentrarnos en la relación hermenéutica entre Xul Solar y Jorge Luis Borges, a partir de la astrología. No nos detendremos demasiado, de cualquier modo.
La autora nos recuerda que Xul tenía Sol y Luna en Sagitario (expansión sin límites) y ascendente Piscis, de donde venía su extraño misticismo, mientras que Borges tenía el Sol en Virgo (meticulosidad al borde de la neurosis), Luna en Aries (que lo conectaba en las viejas espadas, dado que el signo de Aries está regido por Marte) y Ascendente Cáncer, que hacía que las raíces argentinas le fueran tan caras: “Por la patria, sentida en los jazmines o en una vieja espada”, nos recuerda en Otro poema de los dones.
Supongo que todos los lectores de Morfemacero ubicamos a Borges. Ahora bien… ¿quién era Xul Solar? Veamos cómo se describía a sí mismo: “Alejandro Xul Solar, pintor, escribidor, y pocas cosas más. Duodecimal y catrólico (ca: cabalista; tro: astrológico; li: liberal; co: coísta o cooperador), recreador, no inventor, y campeón mundial de su panajedrez y otros serios juegos que casi nadie juega; padre de una panlengua que quiere ser perfecta pero que casi nadie habla y padrino de otra lengua vulgar sin vulgo; autor de grafías pastiútiles que casi nadie lee; exégeta de doce religiones o filosofías que casi nadie escucha. Esto que parece negativo deviene positivo con el adverbio aún y un casi: creciente”.
Su madre, Agustina Solari Campodónico, genovesa de Zoagli, hablaba el toscano y el xeneixe. El padre, Emilio Schulz Riga, alemán-letón de Riga, le tansmite el alemán tempranamente. Xul ingresó al colegio francés Fermy, donde estudió francés, italiano y latín. A partir de 1900 se cambió a un colegio inglés. Dominando más de diez idiomas, Xul quiso reponer el lenguaje oral de origen al crear el neocriollo y la panlengua para una comunicación universal.
Nos dice Claudia Aboaf: “Su primera anotación del neocriollo está en la obra Man tree: es la palabra “androdendro” que significa “un hombre fundido en árbol”, así interviene el lenguaje y realiza hibridaciones multiespecies que iluminan las relaciones. A fines de los años cincuenta crea otra lengua fonética, la panlengua: un nuevo idioma global para el Homo novus. “Soy el creador de un idioma universal, la Panlengua, sobre bases numéricas y asrológicas. Una lengua común, previa a la Torre de la soberbia”.
Ahora bien, todo esto es importante porque en Ficciones, el libro que hizo famoso a Borges, el cuento que abre el libro es “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, que nos describe el hallazgo de un tomo de la Enciclopedia Británica donde hay un apartado (sólo en unos ejemplares) dedicado a Tlön, un mundo que amenaza invadir la realidad y que tiene su geografía y su historia y, sobre todo, un lenguaje único. Escribe Borges: “No hay sustantivos en la conjetural Ursprache de Tlön, de la que proceden los idiomas “actuales” y los dialectos: hay verbos impersonales, calificados por sufijos (o prefijos) monosilábicos de valor adverbial. Por ejemplo: no hay palabra que corresponda a la palabra luna, pero hay un verbo que sería en español lunecer o lunar. “Surgió la luna sobre el río” se dice “hlör u fang axaxacas mlö” o sea en su orden “hacia arriba (upward) detras duradero-fluir luneció”. (Xul Solar traduce con brevedad: ‘upa tras perfluyue lunó’. ‘Upward, behind the onstreaming, is mooned”).
Como se puede observar, el mundo de Tlön es el mundo genial de Xul Solar. Hace años presenté junto con Julia Palacios una exposición sobre él en el Museo Carrillo Gil, donde pudimos apreciar sus acuarelas, con geometrías enloquecidas y colores pasteles, así como su carta astral y su panajedrez, cubierto por un capuchón de acrílico. Curiosamente, Xul le regaló a Borges un cuadro sobre Tláloc.
Borges afirmó que Xul era un genio y agregó, después de su muerte: “Amigo que no ha muerto, con quien alguna vez compartí las músicas verbales de Swinburne y de Johannes Becher, y que me ayudó a penetrar en los laberintos de los cabalistas y de gnósticos, gracias por esta renovada lección y por la lección de tu vida. Ambas -con símbolos diversos- nos dicen que nuestra cobardía y nuestra desidia tienen la culpa de que el mañana y el ayer sean iguales y que la imaginación y el amor podrían transformar el universo en el espacio de un segundo, si verdaderamente lo quisieran, y que el paraíso ya está aquí” (“Homenaje a Xul Solar 1887-1963”, en El circulo secreto. Prólogos y notas).
Decía Baudelaire: “el hombre pasa, atravesando bosques de símbolos”. Xul Solar y Jorge Luis Borges: dos amigos, dos genios, dos hermeneutas, que lograron no perderse en ese bosque, sino iluminarlo.
