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El orden del caos

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
A. Solía decir Paul Valéry que el desorden es un orden que nadie puede ver. De manera parecida, el tradicionalista René Guénon afirmaba que la suma de los desórdenes parciales y transitorios eran elementos que al fin quedarían absorbidos en un orden general. Esta conclusión no le impedía advertir acerca de las fuerzas oscuras que nutren el desorden actual y fomentan así el generalizado presentimiento de que algo está punto de acabarse: un mundo, una época, un ciclo histórico, en correspondencia quizá con un ciclo cósmico.
Las distopías apocalípticas que culturalmente nos rodean —toda una industria en la posmodernidad— contienen un límite imaginativo. Quienes se hayan acostumbrado a considerar a la civilización occidental como “la civilización”, sin epíteto, escribió Guénon ahora hace casi cien años, creerán que todo se acabará si esta civilización llega a perecer.
B. El destino de la época parece estar fatalmente decidido cuando una adolescente sufre una crisis de dimensiones ontológicas al quebrarse la pantalla de su teléfono inteligente de última generación. Indiferente, distante a lo que la rodea, padres incluidos y todos los otros, menos aquellas presencias virtuales con quienes obsesivamente intercambia mensajes y mira videos, la rotura del iphone le provoca un duelo descomunal.
Hasta hace poco la amistad entraba por los sentidos, lo mismo que sus contrarios. Ahora la gente camina mirando hacia abajo, embrujada por un aparato tecnológico que mientras la absorbe y abisma la conecta cibernéticamente con otros que están más allá de su campo somático, de su horizonte físico, el cual si existe es acaso para fotografiarlo como imagen escénica. La gente se aísla y enajena al vincularse así. Como si se profundizara todavía más la brecha entre el cuerpo y la mente.
C. Occidente cree que el azar no está ligado con nada, puesto que no tiene ninguna causa visible. Sus filósofos lo erradicaron del dominio de la razón porque a) no se explica y b) no se puede reproducir. Es esta característica la que valora el pensamiento chino ancestral. Su filosofía considera el azar como la más bella materialización de la cualidad particular de un instante.
Lo más importante del indeterminado girar de la moneda lanzada al aire es cómo termina, de qué lado cae. El emblema chino del azar es la oropéndola amarilla: las aves son las menos sumisas a las contingencias terrestres, según explica el sinólogo Cyrille Javary, y su vuelo parece carente de toda presión. Ese símbolo de libertad representa la adecuación perfecta con el instante. Los chinos creen que las aves se posan donde se deben posar, que se inmovilizan en el lugar más congruente con el conjunto de la situación.
Una frase de Confucio se refiere a ello: “La oropéndola amarilla se comporta correctamente”. De ahí entonces que para ponernos a la altura del azar debemos estar desprevenidos.
D. Dos inmensos bulldozers deforestan un par de agrestes colinas para sembrar agave. Lo que la naturaleza hizo en milenios esas máquinas lo destruyen en unos pocos días. Históricamente el sitio no es propicio para tales plantas, pero ahora se ha desatado una fiebre de plantíos a raíz de la exponencial demanda de la industria tequilera. Que el fin del mundo nos pille embriagándonos. Dentro de algunos años, no muchos, las colinas estarán abandonadas, yermas y agroquímicamente contaminadas, pues para entonces los productores de agave habrán sido sorprendidos por la crisis de precios cíclicamente dictada por los grandes monopolios. A la depredadora y nihilista acción se le llama “competitividad”.
Mientras, las abejas se mueren y los agroquímicos que se arrojan también sacrifican en los estanques tilapias y mojarras.
E. Así que si todo desorden es un orden que no se puede ver siempre habrá esperanza. ¿Dónde encontrarla, qué es? Aquí mismo, pues de no estar aquí significaría lo que la lógica llama un falso problema. A la esperanza la sostiene la confianza en la existencia de algo que no se manifiesta directamente ante los sentidos pero que actúa en toda circunstancia.
Ayer me asaltó una certeza: habiendo habido Big Bang, un estallido de la nada hacia el todo que creó el espacio, la materia y el tiempo, debe existir un principio de estos, una causa que los generara y una entidad causante de ello. La otra explicación racionalista y atea: el todo salió de la nada, no me hace ya ningún sentido.
Y me esfuerzo porque esta certeza creciente se mantenga así de abstracta e imprecisa, así de general y caleidoscópica. Las narrativas humanas de lo divino siempre han sido mucho menos interesantes que lo divino mismo.
F. Pero ese principio, la causa generatriz, no interviene en la historia de apenas hoy que avanza hacia el colapso nuclear. La raíz de la palabra Tiempo es Temnó. Significa “yo divido, yo corto”.
Explica un filólogo que los ritos cristianos no nacieron con el cristianismo sino que provienen de antiguas tradiciones paganas recogidas por los cristianos y adaptadas a la nueva religión. Un ejemplo es el de los sacrificios de seres humanos o de animales, que el cristianismo adoptó y adaptó mediante la hostia. Para los católicos la hostia no representa apenas a Cristo sino que es él mismo en cuerpo, sangre, alma y divinidad. La palabra viene del latín hostia, ‘víctima de un sacrificio ritual’, que se derivó de hostire, ‘herir, golpear, hostilizar’. La ausencia de pruebas no es prueba de ausencia: todo es un juego de contrarios y correspondencias.
G. No encuentro un Manual para tiempos terminales. Habrá que escribirlo. El epígrafe serán las palabras que Shiva, la deidad, le dirige a Arjuna, el hombre, en el Bhagavad Gita: “Nunca desenredarás las circunstancias que te trajeron a este momento. Tú eres un guerrero. Levántate ahora y entiende que ellos ya están muertos y tú también. Esto es sólo un juego. Esta es mi voluntad. Estás en las circunstancias que yo determiné para ti y que tú no determinaste. Levántate, acepta tu destino. Acepta tu suerte. Levántate, y haz tu deber”.
H. Las lecciones nos rodean. Sísifo vence su destino amándolo, aquel castigo ante su doble engaño a la muerte impuesto por Zeus para empujar hasta la cima de una montaña una gran roca que siempre rodará cuesta abajo un poco antes de llegar. Un paranoico célebre declaró que todo apocalipsis es sublime y un viejo narrador dejó claro su gusto por concluir. En ese Manual para tiempos terminales aún sin escribirse debe quedar anotado el beneficio humano de cualquier tiempo de excepción: dejar atrás los lastres de la costumbre para aceptar la definitiva, grácil, atroz levedad de lo inesperado, de lo que no se espera, de lo que adviene sin saberse por qué.
I. Soporta y abstente. Esa es la máxima estoica. Un mundo que mata a las abejas para producir tequila es un mundo nihilista que va hacia su conclusión.
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Dos exposiciones: Miguel Covarrubias y Saturno

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
- Miguel Covarrubias
Desde hace muchas décadas, Banco Nacional de México ha ido creando un acervo de arte que hoy conforma un patrimonio muy valioso, que se resguarda y exhibe, principalmente, en el Foro Valparaíso del Centro Histórico de la Ciudad de México, donde se pueden apreciar cuadros que van desde Cristóbal de Villalpando hasta Tamayo y Toledo, pasando por una serie magnífica de cuadros de José María Velasco. La labor del banco no termina allí. A través de Fomento Cultural Banamex ha montado exposiciones en sus distintos recintos, como la que ahora se exhibe en el Palacio de Iturbide, dedicada a un artista excepcional, Miguel Covarrubias.
Es muy conocida su faceta como un dibujante sin par. Fue un caricaturista que, con unos cuantos trazos, lograba capturar -desde la exageración propia del género- la esencia de su modelo. En la exposición se aprecia este don con obras sobre Babe Ruth, H.G. Wells y José Juan Tablada. A medio camino entre la caricatura y la etnografía, destacan sus portadas de Vanity Fair, así como los dibujos que dedicó a los habitantes de Harlem durante los muchos años que pasó en Nueva York, donde fue amigo de Tablada, Adolfo Best Maugard, Tata Nacho y Marius de Zayas.
La curaduría de Sergio Raúl Arroyo se despliega y da cuenta de su obra plástica creada e inspirada en Bali; de sus seis mapamundis en gran formato, de su trabajo con los códices mexicanos e incluso incluye dibujos en movimiento, a la Matisse. Y es que Covarrubias fue, además de todo, coordinador de danza del Instituto Nacional de Bellas Artes.
Artista multifacético y multicultural, Miguel Covarrubias puede al fin ser visto desde todas sus facetas. Para mí fue un gran descubrimiento. Vale la pena ver esta exposición.
- Saturno
En el Museo Nacional de Arte se presenta la exposición Saturno, bajo cuatro ejes temáticos: la astrología, el espiritismo, la quiromancia y el tarot, según nos informa el curador David Caliz.
Si bien siempre ha habido curiosidad por parte de artistas y escritores sobre los universos simbólicos, es loable que una entidad gubernamental presente una exposición sobre estos temas, si bien lo hace a partir de la obra plástica de reconocidos artistas.
Efectivamente, encontramos piezas de Tamayo, el Dr. Atl, Alice Rahon, Leonora Carrington, un tarot de Pedro Friedeberg, un cuadro de El Corsito y otro de Germán Gedovius, entre muchas otras. Se habla también de la pasión espírita de Francisco I. Madero.
Recordemos que a finales del XIX y principios del XX, como lo muestra la tesis de doctorado en filosofía de Margarita Vera Cuspinera, los mexicanos se agrupaban en positivistas (los seguidores de Compte) y espiritistas, que incluían no sólo a los amantes de esta supuesta comunicación con los muertos, sino a todos aquellos que seguían los avances en la psicología (de Charlot a Freud).
En Saturno se muestra también la carta astral que André Breton elaboró para Jean Schuster (acerbo del MUNAL), así como la carta de Ramón López Velarde. Quien esto escribe, a solicitud de la Casa del Poeta, hizo allí una hermeneútica de su carta astral. Nació en Jerez el 15 de junio de 1888, dos días después de que naciera Fernando Pessoa, en Lisboa, el mismo año. Pessoa era astrólogo y uno de sus heterónimos, poco conocido, era Rafael Baldaya.
Otro astrólogo importante del cono Sur fue Xul Solar, gran amigo de Borges. Hace años Julia Palacios y yo presentamos una exposición sobre él en el Museo Carrillo Gil, que incluía asimismo cartas astrales elaboradas por este loco genial.
Saturno -nombre de la exposición que surge de un texto de Walter Benjamin- nos ofrece un mosaico de expresiones visuales a partir de los ya mencionados universos simbólicos. Vale la pena verla también.
Covarrubias y Saturno. Dos manjares. Conocimiento, belleza estética y portales a otras percepciones.
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La novela de un héroe postergado

Reseñas
Jorge Pech Casanova
La historia la escriben los vencedores, pero la visión de los vencidos tiene una elocuencia, una veracidad y una entonación trágica que rebasa con mucho los discursos triunfantes. Esa visión trae a la actualidad sucesos dolorosos, mas enaltecedores, que permanecían ocultos. Así nos lo enseñó Miguel León-Portilla en páginas rescatadas de los antiguos mexicanos para recordarnos su grandeza en el infortunio.
La historia de México apenas admite mayores correcciones o gradaciones que la de incorporar, a la narrativa de los tiempos coloniales, la memoria de los vencidos durante la invasión española. Fuera de esa concesión, las vivencias de otros vencidos en nuestro país permanecen fuera del guion aprobado por una historia oficial renuente a otras voces.
La literatura, con sus escrutinios rigurosos, puede subsanar narrativas olvidadas o veladas. En un país como México, donde la verdad oficial suele adolecer de testimonios disidentes, la falta de verificación de datos ha conducido a una historia “extraoficial” plagada de chismes, tergiversaciones y hasta perversiones de sucesos significativos. De ahí la proliferación de cronistas chirles como Enrique Krauze y Francisco Martín Moreno.
Frente a esa escritura falaz, ataviada con ternos de historiografía, el rigor literario impone su preponderancia: transmite a quienes leen acontecimientos aún más veraces que la historiografía al uso. Este es uno de los méritos de la novela más reciente de Fernando Solana Olivares, Péguese mi lengua, centrada en en el infortunio de la Intervención Francesa y del fugaz imperio de Maximiliano de Habsburgo.
Sobre todo, Péguese mi lengua es la historia de un héroe postergado entre la profusión de paladines que dejó un episodio mexicano: la gesta del general conservador Miguel Miramón, no por ser el relato de una derrota, carece del lustre que inviste a los vencedores de aquel conflicto: Benito Juárez, Porfirio Díaz, Vicente Rivapalacio y tantos otros nombres que resuenan en la guerra contra el oropel del imperio.
Fernando Solana demuestra su versatilidad como narrador en esta narración histórica, después de su sorprendente y vertiginosa novela Hormiguero, ubicada en una contemporánea población de Jalisco, cuya compleja dinámica social en el siglo XXI nos hace conocer mediante las voces de sus habitantes. “Imponente y visionaria” la define el autor Carlos Rubio Rosell, con toda razón.
En su sexta novela, el autor de La rueca y el paraíso, Parisgótica, Casa Medusa, El tedio de Hermógenes y Hormiguero revisa el siglo XIX y la tragedia de un sucinto grupo de hombres y mujeres deslumbrados por un destino imposible para México: convertirse en una corte ilustrada, ejemplar y ¡europea!, en un país de analfabetos, plagado de ambiciosos oportunistas, con una población mayoritariamente indígena.
Péguese mi lengua (El Tapiz del Unicornio, México, 2025) repasa los consabidos elementos de la tragedia para convertirse en una elegía al amor más allá de la muerte. Su primer capítulo, al desplegar a los ojos lectores el fusilamiento de Maximiliano, Miguel Miramón e Ignacio Mejía, concentra en un par de frases lo que será el tema de la novela: “la sangre incendia lo que toca”, “la sangre nutre lo que toca”. Con esa escena en la que el emperador y sus dos devotos caen ante el paredón, el novelista anticipa la gran historia de amores malogrados que dibuja con metódico trazo en este monumental fresco, épico y lírico a la vez, retrato de una confrontación que definió el presente de nuestra república, con sus desengaños y amarguras.
Para este recuento, el escritor de prosa espléndida y meditada se reinventa. En su novela previa recreó las vidas y las voces de una comunidad mexicana actual, balanceándose ante el abismo tardomoderno, entre la vitalidad de jóvenes inconformes con las convenciones y la contumacia de usuarios terminales de sí mismos (desde el acosador por internet hasta el verdugo que ejerce sin trabas el narcotráfico y el asesinato).
En Péguese mi lengua, Fernando Solana redime la memoria de Miguel Miramón y Concepción Lombardo, pareja heroica. Con la mirada amorosa y amante de Concha, el narrador examina la trayectoria de aquel militar cuya falta fue permanecer íntegro en un medio de intrigantes, conspiradores, facciosos, oportunistas y traidores. La adhesión del “Joven Macabeo” a un Maximilano ofuscado por los ardides de Luis Napoleón y por la fullería del grupúsculo conservador, llevó al general más talentoso del ejército mexicano a una derrota ineluctable por la resistencia de Juárez, Díaz y Rivapalacio.
Fernando Solana no condesciende a retratar con defectos a los tres principales conductores de la entereza mexicana sólo para realzar a sus antagonistas, las trágicas parejas Miguel-Concepción y Maximilano-Carlota. Antes bien, el novelista enfatiza los defectos de carácter de estos hombres y mujeres excepcionales para compenetrarnos en su humanidad, a fin de que los reconozcamos próximos, entrañables, semejantes.
Los autores que mejor han recreado las historias de la Intervención napoleónica han procedido como dramaturgos en un escenario: Rodolfo Usigli, en su tragedia Corona de sombra, y Fernando del Paso, en su vasta novela Noticias del imperio, obran como directores escénicos en el drama del segundo imperio y se concentran en sus figuras, pues resultan un enigma para la mentalidad mexicana, deslumbrada por esas efigies monárquicas en una democracia menos que perfecta.
Fernando Solana no pierde oportunidad de contrastar las exóticas figuras de Maximiliano y Carlota con el país de indios que pretendieron regir. Sin embargo, va más allá: los examina como seres humanos, perplejos ante un mundo que no podían comprender. Ante sus dudas, vacilaciones y fiascos, la figura de Juárez (dibujada con trazo sucinto) se antoja sobrenatural, mientras que Rivapalacio evoluciona con la naturalidad que le da la autoría de Adiós, mamá Carlota. El tenaz Porfirio Díaz no falta en el listado de héroes belicosos de esta novela.
Sin embargo, hay personajes que resaltan en esta épica por su escaso o nulo heroísmo: los nada leales siervos de Maximiliano y Carlota, cuyas deserciones e infidencias le permiten al autor ahondar en las causas por las que un imperio se condenó: el jesuita y bibliófilo Fischer, cuya gestión ante el papado fue mucho menos eficaz que su saqueo de la biblioteca imperial; el general Leonardo Márquez, cuyas crueldades tanto o más hicieron por la caída de su monarca, que los ejércitos chinacos de Díaz; el coronel Miguel López, cuya cobardía depositó al emperador en manos de sus enemigos.
Entre esos culpables cortesanos, Fernando Solana coloca a personajes que, si bien ficticios, rezuman autenticidad en sus breves apariciones: Isabel, voluptuosa amante mexicana de Maximiliano; Constanza, dama del séquito de Carlota que se imagina su amante. Las relaciones de los soberanos con esas figuras femeninas propician en el relato magníficas digresiones eróticas en medio de la tragedia.
Inclusive transita por el libro un mago masón, Gustavo Etella, a quien el novelista encomienda la lectura desde la tradición secreta al drama del imperio fallido, a la vez que lo faculta para conducirnos por una regocijada inmersión en los sabores y olores de las frutas y las costumbres de México.
No faltan personajes de presencia breve e inolvidable, como corresponde a un novelista dueño de los recursos para contar la historia tan compleja y divergente. Altagracia Orellana, dama oaxaqueña, convierte un baile imperialista en una protesta contra los conservadores. Es una de las contundentes creaciones de Fernando Solana: evidencia las encontradas posiciones de la población mexicana durante la invasión francesa.
En este cuadro de un desastre que fascina por su inexorable progresión, las figuras de Concha y Miguel sobresalen por sus certezas en medio de los desvaríos, incertidumbres y retractaciones de otros personajes. Si aun Maximiliano y Carlota revocan sus actos, Miguel y Concha son irreductibles en sus certezas: amarse sin condiciones y servir al imperio insostenible, sin miedo a condenarse a sí mismos y a su amor por fuerza de su lealtad.
La inquebrantable fidelidad en el amor redime las historias del Miguel y Concha, tanto como a la desdichada pareja imperial. Esta nueva visión de los vencidos (sin perseguir su redención) incita a mirar con empatía a los seres humanos, su actuación en el drama histórico, independiente de su cariz monárquico o republicano. No es Péguese mi lengua un libro de historia. Es literatura, alta literatura, y por ello, más confiable en su talante crítico que los tratados académicos.
Un testimonio de la fiel esposa revela, al concluir el volumen, el significado y sentido del título y de la historia contada por Fernando Solana. Para evitar revelaciones a destiempo, baste señalar que se desprende del Salmo 137:6, y habla de la lealtad a prueba de catástrofes. Evidencia concluyente en este libro dedicado a probar que “el amor transfigura lo que toca”.
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El método de un poeta

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
El método, dijo Hegel, es la organización de la experiencia. Lo que sigue proviene, extractado, de las Cartas a un joven poeta escritas por Rainer Maria Rilke, nacido en Praga el cuatro de diciembre de 1875 en medio del trágico imperio austrohúngaro y muerto entre las guerras del siglo veinte, habiendo visto el horror de la primera y percibiendo la segunda por venir.
Ahora que se ocupan lecciones de abismo para entender el momento histórico, los poetas siguen siendo los legisladores secretos de la humanidad, los custodios de las metamorfosis de la conciencia, y su lenguaje, cargado de sentido a una máxima posibilidad, continúa protegiendo el sistema inmunológico del espíritu. La poesía resulta necesaria para sobrevivir con sensatez.
La poesía de Rilke es existencial: un filosofar en torno al problema de la existencia, tema que acompañaría a la modernidad. Pero el poeta siguió en sus vagabundeos por Europa lo que llamó “la ley de vida propia”. Así su método poético fue una organización de la experiencia, practicable aun para los no poetas. Escúchese su voz.
Uno. Acérquese a la naturaleza: trate de expresar como un primer hombre lo que ve y experimenta y ama y pierde. No escriba poesía de amor. Trate de evitar las formas demasiado corrientes y socorridas. Sálvese de los motivos generales yendo hacia aquellos que su vida cotidiana le ofrece.
Dos. Diga sus tristezas y deseos, los pensamientos que pasan y su fe en alguna forma de la belleza. Utilice para expresarse las cosas que lo circundan, las imágenes de sus ensueños y los temas de su recuerdo. Si su vida cotidiana le parece pobre, no la culpe, cúlpese usted. Para los creadores no hay pobreza ni lugar pobre, indiferente.
Tres. Y aun cuando usted estuviese en una prisión: ¿no le quedaría siempre su infancia, esa riqueza imperial, preciosa, arca de sus recuerdos? Vuelva usted a ella su atención: procure hacer emerger las hundidas sensaciones de aquel vasto pasado. Y si de esta vuelta a lo interior, de este descenso al mundo propio surgen objetos creativos, humildemente dé las gracias.
Cuatro. Una obra de arte es buena cuando ha sido creada necesariamente. En esta forma de originarse está comprendido un juicio de valor: no hay ningún otro. No sé darle otro consejo que éste: volver sobre sí y sondear las profundidades de donde proviene su vida. La obra de arte se hace con su pesadumbre y su grandeza, sin preguntar jamás por la recompensa que pudiera llegar de afuera.
Cinco. Ironía: no se deje llevar por ella, especialmente en los momentos no creadores. En los momentos creativos trate de utilizarla como un medio para comprender la vida. Busque lo profundo de las cosas, hasta ahí no desciende la ironía.
Seis. Otra cosa: viva usted en los libros. Aprenda de ellos lo que le parezca digno de ser aprendido; pero sobre todo, ámelos. Este amor le será retribuido mil y mil veces, sea cual sea su vida. Ese amor irá por el tejido de su existir como uno de los más importantes hilos de sus experiencias, decepciones y alegrías.
Siete. Al ir por los libros amados uno es un asombrado viandante. Siempre repiten su prodigioso poder y su orden fabuloso sobre el lector. Uno se hace más y más conocedor, más agradecido, mejor y más sencillo en el mirar, más penetrado de fe en la vida. Las obras de arte son de una infinita soledad, y poco abordables por la crítica. Solamente el amor puede comprenderlas y tratarlas y ser justo con ellas.
Ocho. Lo encarezco a que tenga paciencia frente a todo lo no resuelto del corazón. Y que trate de amar los problemas mismos como a cerrados aposentos o a libros escritos en un idioma extraño. No busque ahora respuestas: no le pueden ser dadas porque no podría vivirlas. Y de eso se trata: vivirlo todo.
Nueve. Viva usted los problemas: poco a poco, sin advertirlo, penetrará en la respuesta. Edúquese para esto, reciba con gran confianza lo que sobrevenga: tómelo sobre sí y no reniegue de nada. Es arduo lo que nos fue encomendado: casi todo lo serio lo es, y todo es serio.
Diez. Turbias se han hecho todas las profundas y sencillas necesidades por las cuales la vida se renueva. Pero el individuo puede purificarlas para sí y vivir claramente (y si no el individuo, que está en demasiada dependencia de sí, el solitario). Inclinándose por necesidades que son más grandes que el placer y el dolor.
Once. Sea bueno con los que se rezagan. Procure cierto modo de comunión sencilla y leal. Ame en ellos la vida bajo una forma extraña. No pida usted consejo alguno y no cuente con la menor comprensión. Crea en el amor que le está reservado como herencia, de tal fuerza y bendición que serán suficientes. Su soledad, aun en medio de difíciles condiciones, le será sostén y hogar: desde ella encontrará usted todos sus caminos.
En su poética Rilke escribió: “Lo aprendo diariamente, lo aprendo en medio de dolores a los que estoy agradecido”. El principio del placer fue opuesto al método que el poeta de Praga construyó para sí mismo. Un vehículo para comprender su vida y alcanzar después la otra orilla. Consistió en encontrar la mirada de la belleza, siempre oculta, siempre ocultada alrededor.
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Un barco y muchas banderas

Culturas impopulares
Jorge Pech Casanova
Greta Thunberg y Rima Hassan se embarcaron en Sicilia el 1 de junio de este año en el “Madleen”, con diez acompañantes y un cargamento de provisiones destinadas mayormente a niños y mujeres de la franja de Gaza. El navío zarpó hacia Palestina. Llevaba nueve días de camino cuando, poco antes de llegar a puerto, fue interceptado y sus tripulantes, secuestrados por barcos de guerra israelíes. La ayuda humanitaria nunca llegó a sus destinatarios.
El gobierno de Israel —país que ha asesinado a más de dieciséis mil niños palestinos— vociferó durante toda la singladura del “Madleen” que las acciones de Thunberg y sus acompañantes eran una amenaza para los israelíes. El barco llevaba un cargamento de leche en polvo, harina, pañales, productos para la higiene personal, medicamentos. Ningún misil, ningún torpedo, ningún arma como las que a diario empuñan los soldados israelíes para exterminar al pueblo palestino.
Las voces de la canallocracia, entre ellas, la de Donald Trump, urgieron a Greta Thunberg a internarse en algún manicomio. El mismo individuo de pelo naranja anunció que celebraría su cumpleaños con un desfile militar, como si fuera Stalin, Mao Ze Dong, Kim Il Sung o su siniestro sucedáneo, Kim Il Jong.
Por lo mismos días iniciales de junio, en Los Ángeles, California, comenzó una rebelión pacífica contra las bestiales cacerías anti-inmigrantes ordenadas por Trump en Estados Unidos. Miles de manifestantes salieron a las calles angelinas a cantar, a bailar y a expresar su repudio por el individuo de cabello naranja. Éste mandó a la Guardia Nacional a reprimir las protestas. El gobernador de California, Gavin Newsom, le reclamó al presidente la violación de la soberanía estatal.
Lo inesperado en estas manifestaciones, además del gesto de rebeldía por parte de una comunidad que durante décadas guardó silencio y trató de pasar inadvertida, es la adopción de la bandera mexicana como símbolo de resistencia cultural y moral. El lábaro mexicano es enarbolado frente a un poder inhumano que arremete contra los trabajadores, con el pretexto de expulsar criminales, en un país que glorifica a delincuentes como su propio mandatario Trump o como el empresario depredador Elon Musk.
El despliegue de banderas mexicanas en Estados Unidos, la defensa de la soberanía estatal de California que hace su gobernador, tiene su contraparte en las acciones cada vez más violentas del hombre de pelo naranja desde Washington: cuando el senador californiano Alex Padilla intentó desmentir las falacias enunciadas por la vocera presidencial Kristi Noem, el legislador fue sometido por policías, tirado al suelo y esposado como si fuese un terrorista.
Durante décadas, casi un siglo, se dijo que en México los legisladores estaban al servicio del señor presidente de la república. Incontables personajes en las sucesivas legislaturas mexicanas se encargaron de refrendar ese dictum. Sin embargo, ni en los años más atroces de dictadura faltaron senadores dignos en México. Los legisladores Belisario Domínguez, Serapio Rendón, Adolfo C. Gurrión, Néstor Monroy y Edmundo Pastelín pagaron con sus vidas su manifiesta oposición al usurpador de la presidencia.
Durante la prolongada dictadura perfecta del PRI la mayoría del poder legislativo vivió sometida al presidente, pero en 1987 Porfirio Muñoz Ledo encabezó contra el siniestro Salinas de Gortari una insumisión que con los años traería el cambio democrático largamente postergado en México, sumamente precario aún.
Y en todo el siglo XX y la parte del XXI en que el PRI aplastó a México, nunca se vio una acción tan violenta como la que perpetró la policía de Trump al derribar y arrestar al senador Padilla en Washington. “Hay maneras”, hubiese dicho al estadounidense alguno de los reyezuelos que se arroparon con la bandera tricolor, no de nuestra república, sino de su impositivo partido “revolucionario”.
Mientras las protestas escalan y se extienden en territorio estadounidense, en la franja de Gaza continúa el genocidio de palestinos emprendido por Netanyahu desde 2023; muertes que la Organización de las Naciones Unidas contabiliza en más de cincuenta y cuatro mil, contando niñas, niños, adolescentes y personas adultas.
La infraestructura civil en Palestina —añade la ONU— ha sido arrasada; destruidas o dañadas la mayoría de las viviendas de sus dos millones trescientos mil habitantes. Casi noventa por ciento de la población palestina fue repentinamente desplazada de sus hogares, lo cual obliga a ese enorme grupo humano a buscar un refugio en el extranjero, que los mismos israelíes les impiden alcanzar.
La especialista en Derecho Internacional Erika Patrón, al comentar la intercepción y el secuestro de la Flotilla Libertad que encabezaron Thunberg y Hassan, señala los siguientes puntos de derecho: El “Madleen”, con bandera británica, fue interceptado por los navíos de guerra israelitas a cien millas náuticas de la costa de Gaza, es decir, en alta mar, más allá del mar territorial (doce millas náuticas) y fuera de la zona contigua (veinticuatro millas náuticas), aunque técnicamente dentro de la Zona Económica Exclusiva de Israel.
Si bien esa zona económica otorga al país agresor derechos sobre recursos naturales, la ley marítima no faculta al Estado sionista a ejercer jurisdicción plena sobre la navegación internacional ni a interceptar embarcaciones que no cometan piratería o tráfico de esclavos, salvo si lo autoriza el Consejo de Seguridad de la ONU. La jurista Patrón puntualiza que, al detener al “Madleen”, Israel actuó unilateralmente y fuera de su jurisdicción, “lo que para juristas del grupo legal Adalah constituye una interceptación sin autoridad legal, en violación del Derecho Internacional”.
La jurista Patrón cita a la profesora de Derecho Heidi Matthews: “El mundo está viendo a Israel atacar un barco civil sin armas —sólo con ayuda humanitaria— en aguas internacionales. Israel no tiene absolutamente ninguna autoridad para hacerlo bajo ninguna ley”. Patrón agrega, por su parte, que “el principio de proporcionalidad en el Derecho Internacional sobre la guerra exige que las medidas adoptadas no generen un sufrimiento excesivo a la población civil respecto a la ventaja militar perseguida”.
Y mientras el mundo observa con pasividad las violaciones a los derechos humanos que cometen las tiranías de Netanyahu y Trump, las valerosas acciones de la minúscula Flotilla de la Libertad, en Gaza, y las numerosas banderas mexicanas ondeadas en Los Ángeles frente a las armas de ejércitos despiadados, establecen un mínimo de dignidad humana en territorios que por ahora dominan la locura, el cálculo subhumano y la codicia desenfrenada. Hacen falta más barcos y más banderas en la restauración del humanitarismo, en todo el mundo.
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La escritura invisible

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
Conocí a un niño que un mes antes de entrar a la escuela enfermó y tuvo que guardar cama. Tenía al lado su flamante mochila con los nuevos útiles y durante esos treinta días se dedicó a leerlos todos. Cuando llegó al salón de primer grado deslumbró al maestro, incomodó a sus condiscípulos y así quedó determinado su destino intelectual. Se hizo escritor. Su primer cuento trató de unos infantes que subían corriendo alegremente una florida colina y luego bajaban, alborozados todos menos uno quien había encontrado la tumba de su madre en la cima.
Cuando se lo enseñó a la suya, ésta se estremeció ligeramente y le sugirió cambiar ese tipo de temas. Aquel niño, hoy hecho un hombre, aún debe seguir explorando el arquetipo de la madre muerta pero estando viva que presidió desde el origen su por qué y para qué escribir. Ojalá tenga buena fortuna en tan complejo empeño.
Lo anterior está dicho para ejemplificar la invisibilidad de la escritura en dos sentidos: a) lo escrito significa también otra cosa: se le llama subtexto o enunciación a aquello que está sumergido en el enunciado de cualquier frase; b) lo escrito puede ser vuelto invisible por el sistema de recepción en esta época del capitalismo tardío donde todo es una efímera mercancía.
No hay espacios vacíos en nuestra cultura que no contengan mensajes comerciales, y el gobierno mundial de corporaciones internacionales y mercados ha emergido en todas partes callada y orgánicamente: representa ese “totalitarismo por default”, según lo llama Benjamin Barber, que ha significado el apoderamiento por Mc World del ámbito mental en una escala global. La “extraña dictadura” económica y cultural, usando la definición de Viviane Forrester, que se impuso urbi et orbi como pensamiento único y, entre otros de sus incalculables daños, también determinó la inutilidad existencial de la lectura seria, aquella que de reducirse a la nada significaría, como piensa Don DeLillo, que eso que llamamos identidad humana habrá llegado a su fin.
En medio de las continuas descargas de adrenalina colectiva, del mundo de mierda promocional/comercial interminable que sucede sin cesar, las cinco o seis empresas que monopolizan el mercado editorial mundial han impuesto la trivialización de las temáticas literarias, la desatención cognitiva respecto al contenido, su banalización en esta política de lobotomía sistemática del consumidor contemporáneo, el único ente social que el capitalismo reconoce.
Libros para hacerse rico, permanecer joven o vivir feliz llenan los estantes de las librerías existentes (especies en vías de extinguirse), reciben promoción masiva y estrategias promocionales. Los otros, volúmenes que por su condición creativa e intencional son clasificados como “complejos” o “difíciles”, generalmente no consiguen editor, y si llegan a publicarse un manto de invisibilidad pública los cubrirá sin duda. Son una escritura invisible.
Y la oscuridad avanza. Platicando de esto hace unos cuantos meses con otros miembros de la república mexicana de las letras, dos antiguos colegas, concluimos que la profanación y el contagio eran omnipresentes: vistosos premios literarios concedidos a obras muy menores, oportunidades editoriales casi nulas para libros serios, editores analfabetas a cargo de grandes casas, diccionarios de escritores actuales esmeradamente sectarios y desinformados, en suma, un odio cultural convertido en vida cultural. El entretenimiento infiltrado hasta en el acto íntimo, concentrado y silencioso de la lectura. La distracción, entonces, la anti lectura.
Alguno contó la anécdota de un influyente escritor y hombre público dueño de una editorial, quien decidió no aceptar autores cuyas ventas no estuvieran garantizadas de antemano por su popularidad previa: ya había olvidado que alguien, años atrás, le obsequió una oportunidad que él ahora, en cambio, no le daría a nadie más. Otro mencionó el dictamen hecho sobre uno de sus libros: el problema del texto, consignaba el increíble reporte negativo, es que para ser leído requería ponerse atención.
Viene la noche y es mejor obedecerla, advierte el griego en una de sus líneas inmortales. La edad oscura ya comenzó. Pero en épocas así también se activa la doctrina de la aparición simultánea: junto al veneno está el antídoto, la contrarrestación. Una actitud y conducta que tiene nombres diversos: monjecopismo, le llaman quienes advierten similitudes entre este tiempo y el medioevo; zonas de inteligencia, las denomina otro, como una discreta tarea de preservación y trasferencia culturales; aristocracia de los sensibles, los considerados y atrevidos, los actuales nim (nuevos individuos monásticos) de los que se habla presentes en cualquier parte y por encima de clases y jerarquías; o cultura de la resistencia ante el conformismo de nuestras vidas y los juegos apocalípticos del nihilismo capitalista, propondrá alguien más.
La mera publicación de un libro es un acto de esperanza humana porque reitera, mediante el lenguaje y la lectura, la continuidad de la galaxia Gutemberg. La persistencia del homo sapiens, aquel que aprende a pensar empleando abstracciones, y la defensa ante el homo videns, la planetaria legión de los últimos hombres que son programados para ver sin comprender. El tercer nivel de la escritura invisible actúa en campos intangibles, en otras dimensiones. Publicar un libro aquí afecta positivamente allá, aunque allá todavía no se sepa dónde está o nunca se vea la consecuencia de esa vinculación.
Sólo moviéndose contra la inercia, haciendo nada más por el valor de hacer. Buscando sustancias en esta época de tantas sombras y superficialidades tecnobrillantes (“a plena luz caminamos a ciegas”), tan energéticamente crepusculares como si siempre fueran a durar. Las retaguardias lectoras de hoy son las vanguardias humanas no de mañana sino de esta misma noche, cuando el espíritu se aposente en su morada y sople donde quiera, cuando más tarde, antes de que en la alta fantasía llueva, estremezca y conmueva al ser.
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Inmarcesible

Colaboraciones
Héctor Ramírez / Sandra Arvizu
La mujer nos exalta, nos hace salir de nosotros
y, simultáneamente, nos hace volver.
Caer: volver a ser. Hambre de vida: hambre de muerte.
Salto de la energía, disparo, expansión del ser:
pereza, inercia cósmica, caer en el sinfín.
Extrañeza ante lo Otro: vuelta a uno mismo.
Experiencia de la unidad e identidad final del ser.Octavio Paz, El arco y la lira
Breve crónica personal
Sandra Arvizu fue siempre una mujer valiente. Desde muy joven tuvo que peregrinar por médicos y hospitales, lo hizo con total entereza y sin perder el aliento. Nunca la escuché quejarse o maldecir por las interminables horas que tenía que padecer como paciente, y siempre fue de lo más responsable con los horarios y dosis en lo referente a sus medicamentos, lo cual puede sonar elemental, pero se requiere de una férrea disciplina para cumplir con tareas aparentemente sencillas, pero realmente importantes.
En el principio de sus padecimientos (éramos muy jóvenes, teníamos escasos veintiún años) los diagnósticos médicos fueron totalmente imprecisos: lo mismo decían que tenía fiebre reumática, que artritis reumatoide o que algún trastorno desconocido. Después de un largo etcétera resultó, a final de cuentas, muchos años después, que se trataba de algo llamado Espondilitis Anquilosante, una enfermedad que —para colmo— se supone que estadísticamente afecta principalmente a los varones y no a las mujeres.
Debido al desgaste de sus huesos, tuvieron que colocarle prótesis en la cadera en cuatro ocasiones (dos del lado derecho y dos del lado izquierdo). Esas intervenciones quirúrgicas duraban una gran cantidad de horas y Sandra, que guardaba un cierto grado de conciencia por el tipo de anestesia que le aplicaban, me contaba que entre la nebulosa de ese sueño inducido escuchaba a los médicos y a las enfermeras martillando y taladrando, al tiempo que tarareaban canciones de “JuanGa” y contaban chistes. A ese martirio había que sumarle las angustiosas horas de recuperación al salir del quirófano y los largos meses que tenía que permanecer en cama en decúbito supino, que es la posición en la que una persona se acuesta boca arriba, con la cabeza y el torso apuntando hacia el techo y los brazos a lo largo del cuerpo, con la infame condición de que no podía cerrar totalmente las piernas o colocarse de costado porque las prótesis “se echarían a perder”. Eso que llaman “el umbral de dolor” en Sandra era impresionante. Aunque no tuvo hijos, muchas veces pensé que, si existiera la posibilidad de medir el dolor, es posible que un parto pudiera parecer un juego de niños ante este tipo de suplicios.
Las enfermedades generan padecimientos colaterales y ella, por supuesto, tampoco se libró de esto. Ya fuera por la enorme cantidad de medicamentos que tenía que ingerir o por cuestiones relacionadas con la misma enfermedad, fueron incontables las ocasiones que acudimos de emergencia al hospital porque presentaba afecciones en algún riñón, en el estómago, una terrible migraña o cuando se le presentaba una crisis por una afección llamada Uveitis, la cual es una peligrosa inflamación de los ojos que, si no se atendía rápidamente mediante infiltraciones alrededor del ojo e intraocularmente, podía derivar en la pérdida de la vista. Por supuesto los tratamientos también oscilaban entre la tortura china y la inquisición, pero ella se mantenía siempre estoica.
¿Por qué me parece importante mencionar algo de lo mucho que enfrentó durante años con admirable entereza? Porque a pesar de todo el dolor que tuvo que encarar a lo largo de su vida, nunca se dio por vencida y tampoco fue lo más importante para ella. Sus prioridades estaban en vivir, leer, pensar, soñar, escuchar música, descubrir siempre algo nuevo, reflexionar y apasionarse por el arte y la cultura en muchas de sus expresiones. Y todo eso la mantuvo, sin duda, inmarcesible.
¿Cuántas películas vio en su vida? Cientos, probablemente miles y lo digo sin temor a equivocarme. Su memoria era impresionante y privilegiada, lo que le permitía tener información de directores, actores, actrices, historias y secuencias de películas. Siempre con un juicio crítico y un cinéfilo entusiasmo para apreciar una obra maestra o para hacer pedazos una mala cinta, eso si, siempre con referencias precisas y convincentes.
Me gusta pensar que Sandra se fue de esta vida igual que “Joe Gideon”, el personaje central de la película All That Jazz: despidiéndose relajada, divertida, con bailarines a su alrededor vestidos con mallones de cuerpo entero simulando el sistema circulatorio; al compás de la música y recordando a todos los que formamos parte de su vida; que su ángel de la muerte no fue la hermosa Jessica Lange, sino el bello Alain Delon, a quien Sandra admiraba tanto en Le Samouraï, esa cinta del Cinema Noir, que por cierto era uno de sus géneros favoritos.
Por supuesto la literatura fue otra de sus grandes pasiones y gracias a ello nos conocimos en la carrera de Letras Hispánicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Lectora incansable de la literatura española de los Siglos de Oro y del Ciclo Artúrico, desde que las descubrió fueron de sus lecturas predilectas, como lo fue también la poesía: Neruda, Castellanos, Villaurrutia, los Poetas Malditos, Storni, Pizarnik, Plath, Benedetti, Martínez Negrete, Hernández, García Lorca y muchos otros y otras que la acompañaron siempre.

Las Moiras en la poesía de Sandra Arvizu
Los griegos creían que el hado de la persona era fijado desde el momento de su nacimiento y las Moiras, deidades primitivas, hilaban en su rueca una hebra de hilo dorado que representaba la vida de cada persona, así como su destino. Cloto hilaba la hebra, Láquesis asignaba la duración del tiempo de vida y Átropos la cortaba cuando era el momento de que alguien muriera. Los mismos dioses no osaban interferir porque eran ellas quienes decidían sobre el destino, lo que significa que ni siquiera los dioses eran capaces de salvarles la vida ni a sus hijos mortales ni a sus mortales favoritos. Como hijas de la Noche, las Moiras gobernaban los destinos de la humanidad.
Cloto, la que hila la hebra
La voz del (la) poeta saca a la luz esos mundos interiores que nos ayudan a sobrellevar lo cotidiano. A ellos (los poetas) y a nosotros los lectores. En el caso de la poesía de Sandra Arvizu podemos encontrar imágenes que son de una serena suavidad y abismos que nos hacen sentir el vértigo de versos en los cuales podríamos perdernos por su rotunda sustantividad o una desesperanzada contundencia.
En el poema titulado Cuerpo iluso las palabras están casi levitando en la narración de una actividad ordinaria, para descubrirnos que los sentidos del ser humano pueden encontrarse en el espacio o sitio más inesperado cuando dice: te tengo pegado/ detrás de los ojos/ en el meollo de la cabeza/ donde el olfato/ va a encontrarse/ con la mirada; y las cosas adquieren un mayor significado cuando pensamos en la importancia conjunta que adquieren estos dos sentidos si de lo que se está hablando es de amor–pasión.
Sin lugar a dudas, la voz tiene mucho que ver con nuestra identidad, nuestra forma de ser. Ese sonido que se origina por la vibración de las cuerdas vocales, gracias al aire que pasa por la faringe es prácticamente único e inseparable de nuestra personalidad, aunque en algunas familias la genética es tan fuerte que los hermanos o hermanas tienen timbres de voz muy similares. Salvo esas excepciones, la voz es casi tan singular como las huellas digitales y, en otro de sus poemas Sandra Arvizu le da una importancia y un lugar señero cuando afirma: tu voz siempre irrumpe/ en el momento preciso; para más adelante darle el valor de una joya al afirmar: entre miles de palabras/ tu voz.
Hace falta un sentimiento realmente profundo para entregarnos a otro, sin restricciones y, en ese sentido, qué regalo más grande y significativo puede recibir el destinatario de palabras como: Hace mucho alguien abrió/ la puerta de mis sueños. En ese poema tan personal en el que Arvizu hace un recuento en el que va hilvanando historias, habla lo mismo de situaciones como la furia de la infancia hasta llegar al desenlace escribiendo: esta consumación que nos hace infinitos, en donde se puede encontrar esta prodigiosa imagen en la que —paradójicamente— se reúnen el final, la conclusión con lo eterno y lo interminable. Es privilegio de la poesía esa posibilidad de vincular opuestos, como es el caso también del verso donde dice: Sed a ras del agua/ dejamos emerger la corriente y su lírica navega por aguas apasionadas, cuando en otro de sus poemas encontramos la figura que bien podría encadenarse con la anterior al decir: Cuerpo de vela, / estoy esperando que el/ tiempo te devuelva.
Láquesis, la que asigna la duración del tiempo de vida
En estos tiempos de desapegos y obsolescencias programadas, también es posible valorar una relación emocional con poesía, como lo demuestra Sandra Arvizu al escribir una loa a tres décadas de afinidad. En sus versos nos revela el por qué cuando afirma: El amor nuestro/ no tiene fin/ no tiene comienzo/ tiene nuestro espíritu y es precisamente ese principio generador, esa esencia y sustancia la que da sentido a una unión duradera en la que se suscitan diálogos, incluso cuando no se pronuncian palabras, como lo señala más adelante la poeta al escribir: Hoy escucho/ en nuestros silencios/ nuestros nombres juntos/ Nuestro querido y anhelado amor.
El poema titulado Nada es una invitación a una reflexión que inicia con una voz desesperanzada: Nada compone/ lo que está de más, para después empezar a hilar fino con la imagen de: Estas hebras/ despuntan su largura, en un verso que si bien podría referirse a una línea de pensamiento, no es este el caso, ya que utiliza el sustantivo para definir una extensión delgada y larga de un objeto que oscila entre lo material y lo emocional para advertir: No vuelvas a enredarte/ que no sabré/ cómo desmadejar tu tiempo/ y liberarnos de una red/ que a ratos nos atrapa, definiendo esa lucha constante en la que se encuentran los amantes, convirtiéndose en una especie de “Penélope” que espera pacientemente para, a manera de conclusión: volver a mantenernos/ en/ este/ precario/ equilibrio.
Más que la sed es el poema más extenso del libro y bien podría leerse desde la perspectiva de un relato de vida, de una honesta declaración de principios como ser humano, como pareja, como amante. En una conmovedora cascada de “Sis” —en su figura de conjunciones condicionales— va trenzando metáforas como: Si tu voz se esconde/ y muere como un eclipse; o bien Si la mirada deja de soñar/ y se vuelve el malformado rostro de la ira, éstas van atadas con señales más bien terrenales como cuando escribe: Si la vida cada vez está más lejos/ y más sola; uniendo ese primer verso con el último de la estrofa, nos damos cuenta que en un estado de crisis las emociones se desbordan y nos cierran las salidas al decir: Si ya no quiero seguir sonriendo/ porque ya no importa más que nada/ Nada.
Arvizu pasa de los “si” que nada tienen que ver con afirmaciones, a los “no” que —en algunos versos— cumplen la función de adverbio de negación: No quise hijos/ No quise lo que no pude, y en algunos otros parecería que encabezan la intervención en un diálogo: No quise tampoco doblar la esquina/ sin que tú me acompañaras. Acorde a esta sintaxis que propone la poeta, al parecer siente la necesidad de llegar a una conclusión: Hoy soy la voz de mi extrañeza, para enseguida retomar el adverbio recurrente: No seré los verbos encarnados en que te tengo; y aquí es claro que la unión de los vocablos “verbos encarnados” nada tiene que ver con el concepto religioso, sino con la raíz latina que procede de incarnatio, de in (dentro) y caro, carnis (carne) que significa ‹‹dentro de la carne››.
El poema avanza. Por momentos oscila entre la introspección: Vago como una sombra/ que busca su cuerpo/ tú mi cuerpo de un amor/ de tristezas; y un diálogo que no espera respuestas: Cómo volver a ser lo que fuimos/ No hay forma de desandar este tiempo/ y volvernos el sueño de tenernos juntos. Aquí es importante señalar que este poema no tiene puntuación, pero las palabras y los versos fluyen de tal manera que ésta no se echa de menos.
Desde mi punto de vista el verso que da título a este poemario encierra, de muchas maneras, lo que podría considerarse el misterio de la poesía: como esas noches/ en que nos quisimos/ Más que la sed/ ama el agua; con sólo siete palabras abre la posibilidad del infinito, todo adquiere un valor y una dimensión diferente. Su contundencia es asombrosa y nos da la posibilidad de pasar de lo común, de lo ordinario, para navegar en aguas más profundas. Hölderlin tenía toda la razón: “Lo que perdura lo fundan los poetas”.
Sandra Arvizu entra por el sueño, sale por la pesadilla y viceversa. En ese constante ir y venir nos entrega versos que en ocasiones son testimonio de su tránsito onírico y escribe: y soy sueño inacabado,/ mustio antes de despertar, para después pasar a lo que sin duda podría considerarse poesía pura cuando dice: envuelta en una blanca sábana de arroz,/ almidonada en la cadencia del daño. En otra de sus composiciones más extensas, se suceden las preguntas y quedan pendientes las respuestas o quizá, como tantas veces sucede, nos hacemos preguntas de las cuales ya conocemos las respuestas. Además de los cuestionamientos, juega con las palabras para crear figuras contundentes: Tú, mi cuerpo de un amor de durezas, o bien con trazos metafísicos: Es esta inexpugnable ansia/ de melancolía de futuro, para llegar a desenlaces como: No quedan huecos que llenar/ con las palabras masculladas. Llama la atención que uno de los versos que utilizó en el poema Más que la sed se repite en Sueños y pesadillas, pero ahora en el cierre y con un sentido que preserva su origen en la palabra latina para manifestarse como ‹‹dentro de la carne››, pero en un sentido distinto: No seré de otros/ ni seré menos que la luz./ No seré los verbos encarnados en que te tengo.
Átropos, la que corta el hilo de la vida
Siete poemas + uno (antes del fin) es sin duda el capítulo más contrito de este libro. En general los poemas son breves, pero tienen una carga sensible muy especial ya que en ellos la poeta avizora, pero no se conforma; se resigna, pero continúa luchando. Hablar de la muerte sin pronunciarla hace más fuerte la presencia de ésta. Está ahí mordiendo a cada momento las ideas y las palabras y se manifiesta en su contrario, en un grito ahogado cuando escribe: Nada es igual a vivir./ Nada. Si este tipo de versos los escribe alguien que, literalmente, está luchando por su vida adquieren una potencia diferente: Vivir,/ con la felicidad/ o con la dicha mezquina/ de los centavos/ que se pidieron/ cien años de rodillas./ Pero vivir.
En esta serie los poemas no tienen título y no lo necesitan. Van construyendo una lacerante bitácora, que por momentos se torna esperanzada. Es claro el sentir de la poeta cuando escribe, refiriéndose a cómo su mirada se escapa: encerrándome en un laberinto/ que recorro sin prisa, lo cual es totalmente comprensible pues en una situación como la que estaba viviendo, nada amerita premura realmente y sin duda es posible-necesario encontrar el goce en cada momento de lo habitual, como sucede en estos versos: En el jardín pintado de rocío/ el canto de los pájaros/ juega a esconderse/ detrás de la palmera/ dejándome en silencio; y es en esa condición en la que nos comunica un sentimiento de paz en medio de una tormenta, un respiro quizá para poder tomar fuerza y seguir adelante.
El miedo es esa emoción desagradable, esa aversión natural de todo ser vivo ante el riesgo o la amenaza. Ante esta turbación tan primaria como natural, Sandra Arvizu la trata de definir a su manera y nos dice: es el temor/ el que tiene más miedo. Sin lugar a dudas enfrentar una enfermedad terminal en una fase avanzada requiere valor, lógicamente nos paraliza y quizá es por ello que escribe: y no me muevo/ y no pregunto/ y el miedo…
Sin embargo ella tiene la posibilidad de la poesía para tratar de liberarse y levantar el vuelo para llegar a un mejor lugar escribiendo: y soy un ave/ que se transforma/ en aire/ y siento/ humedecerse/ los segundos…
A manera de epílogo
En el año 2020 (si, ese terrible año en el que nos encerraron y el mundo cambió para después volver a ser lo mismo), le diagnosticaron a Sandra un cáncer de ovario en fase 4. Creo que nunca entendimos de manera cabal la gravedad del tema, pues nos enfocamos en tratar de que saliera adelante y lo superara, con la esperanza de que se uniera a los afortunados que pueden hablar de ello y que se declaran “en remisión”. No pudo ser. Aun- que ella fue sometida a larguísimas quimioterapias e intervenciones quirúrgicas, enfrentó —como era su costumbre—todos los tratamientos con entereza, nunca se dio por vencida y mantuvo su inteligente buen humor y su habilidad para esquivar obstáculos burocráticos. Por si todo esto fuera poco, a las dificultades de su salud hubo que sumarle los problemas de la emergencia por el covid: el peligro del contagio que en esas circunstancias era terrible; la saturación de los hospitales; las carencias en la atención y medicamentos y un largo, largo etcétera. Pero ante todo, otra vez, Sandra fue inmarcesible.
La mañana del 16 de septiembre de 2021 falleció en nuestra casa. Se fue silenciosa y amorosamente en lo que llaman “la muerte de los justos”, pues se quedó dormida y ya no despertó. Tal y como lo dicta el salmo de la Biblia Isaías 57;2: ‘Entran en la paz. Descansan en sus lechos, los que andan en su camino recto’.
Sin duda el haber permanecido a su lado en el momento de su último aliento fue sumamente importante, sin embargo, siguen siendo —ante el desventurado hecho— de lo más precisas y reveladoras de mi sentir los versos del poeta César Vallejo:
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!
Son pocos, pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
A tres años de su partida y a unos cuántos días de que podríamos haber llegado a los 42 años de casados, he podido reunir la fortaleza emocional suficiente para rendirle —con la publicación de sus poemas— un pequeño homenaje a su presencia y a su recuerdo, para lo cual he contado con la solidaridad y apoyo de entrañables personajes como Eugenia Bielak quien me ha sostenido con gran sabiduría y que, sin lugar a dudas, ha sido mi roca; o como mi hermano del alma el escultor Jorge Ismael Rodríguez que me ha acompañado en este difícil proceso de duelo con enorme paciencia y generosidad; el querido y talentoso artista Alfonso Mena, quien es el autor de la magnífica obra de la portada; la valiosa asesoría de Elik Troconis; el extraordinario texto de mi admirado Juan Rafael Coronel Rivera; así como el emotivo escrito que generosamente me entregó el brillante editor José Antonio Lugo y, por supuesto, con el atinado y puntual diseño realizado por mi amigo y socio en Atelier de la imagen Quetzal León.
“SEPTIEMBRE”
El tiempo cambia
cuando se cumple un año
más de vida juntos.
Se deshacen las nubes
y, aunque no llueva,
el cielo se hace líquido.
Ya han pasado muchos años.
Nadie sabe mejor que tú
este tiempo que vivimos,
que es como tijeras
que escarban la piel
buscando entre la carne y mi ser.
Supongo que es natural no acordarse
de ese remoto tiempo
y la juventud.
Aunque sí recuerdo que
algunos días fui tu cuerpo,
que dejé en tus labios
mi amargura;
que era tu amor
y tu incertidumbre toda,
con tus plumas
y tus ojos de amor cálido.
Esos días en que ya su distancia
está en el pliegue imposible de lo pasado.
Pero siempre serás esa promesa,
esa ilusión de paz que me contiene
y que me amarra para siempre a lo imposible…
Y van mi firma elegante con beso y todo
y nuestra canción “Septiembre”
aunque nos casamos en octubre.
MÁS QUE LA SED
Esa noche dejé de ser
y la violencia surgió
(perdóname)
porque no puedo
sobrevivir a tu desamor
si ya no guardo tus secretos
este estrépito que nos consume
nos ha llevado a que todo se vuelva irreversible.
Si la vida cada vez está más lejos
y más sola
Si de las dudas solo conservo su naturaleza
Si tu voz se esconde
y muere como un eclipse
Si tus pasos lejanos me adormecen
porque cada paso es al vacío
Si la mirada deja de soñar
y se vuelve el malformado rostro de la ira
Si no puedo volver a ver tus ojos
cansados y antiguos
Si ya no quiero seguir sonriendo
porque ya no importa más que nada
Nada
No quise hijos
No quise lo que no pude
No quise darte lo que te dí (solo tristeza)
No quise lo que soy y que quiero dejar atrás
No quise doblarme
ni amarrar a la voz los sonidos de lo carente
No quise morir en tu mirada
No quise tampoco doblar la esquina
sin que tú me acompañaras
No quise empezar este año de muerte
Un tiempo fui de mí y de ti
Hoy soy la voz de mi extrañeza
No seré los verbos encarnados en que te tengo
No soy tu amor
Esto es lo indeciso de mi futuro
en el que no estarás
como la imagen de lo que quiero
Vago como una sombra
que busca su cuerpo
tú mi cuerpo de un amor
de tristezas
No soy la amante
la que escribe este sonido
de piel que se apaga en la oscuridad
no puedo abandonar
esta sensación de sin futuro
que está suspendida
como una daga
que no hace heridas
ni tampoco las cura
Cómo quitarme esta sensación de culpas
Cómo evitar ser la imagen caída
de quien no sabe cuándo llega su final
Tu silencio es lo más doloroso
como si evitar las ofensas
fuera parte del delirio y del dolor
Estoy en esta casa
que es de amor
mientras el viento
irrumpe afuera
tumbando el amor de tu mirada
Cómo volver a ser lo que fuimos
No hay forma de desandar este tiempo
y volvernos el sueño de tenernos juntos
Ya no merecía tu amor
y estas letras son de dolor
cuando ya no cabe volver
a los diecinueve
Las sombras me alejan de tu sol
Lo venidero no tiene tiempo
ni silencio que cubra la desazón
Y ahora en esta tarde te deshaces
de una pesada carga
Habrá alguien que nos complete
Acaso debemos esperar que otra sea
la clave de tu entereza
Mientras la vida
me parece tan frágil
igual que la luz de tus ojos
quedo como un latido intermitente
amarrada a tus labios que tanto amé
A lo que podría beber
de tu cuerpo y no beberé
A tu dulzura de hombre
A esta lentitud del tiempo
que de cualquier modo
se nos escapa de las manos
Si pudiera
entre las piedras encontrar
cómo poder olvidar
lo que me pediste olvidar
como esas noches
en que nos quisimos
Más que la sed
ama el agua
Si pudiera decir tu nombre
y que no se descompusiera
antes de armar nuestros besos
como se deben las deudas de la piel
como este disminuido
ser que no soy de ti
como ese lento murmurar
de los momentos de amor
Hoy no soy más que una mujer
a la que debes abandonar
en mitad de la noche para sanar
La lluvia
nos corta los pasos.
No habrá agua
para traspasar
gota a gota
los gestos que inventamos.
19 de junio de 2021
Lejos está el vago aroma
tierno de mi tierra.
No hay época más cruel
que oler las lenguas
del infierno que
llegan desde lejos.
No molestar.
Do not disturb.
Beberé el té con canela,
este té salobre,
como los sueños.
No puedo compartir contigo,
una encomienda.
Poner en tu boca
una cucharita desbordante
de dulce de leche.
Espiaré el ebrio espejo
que guarda voces de nostalgia.
¿Cuándo cesará
el infierno en mi tierra?
Beberé tequila,
sentada junto a Juan Rulfo,
quien susurrará en mi oído:
“Miraba caer las gotas
iluminadas por los relámpagos,
y cada que respiraba suspiraba,
y cada vez que pensaba,
pensaba en ti, Susana.”
Buscaré una señal
en tiempos más propicios,
voces de lejos de la tierra
en que duerme el padre de mi madre.
La tierra donde han quemado cuerpos.
La tierra donde te hacen beber cicuta.
La tierra donde deben crecer mis sueños.
10 de mayo de 2021
Estoy devastada,
me convierto en
un mar sin fin de lágrimas,
por mí y por esta vida…
Se me entierra
la prisa por dejarlo todo…
Sangra mi corazón
y sé que esta sangre
solo atraerá a los lobos.
Iré a buscar la humanidad
a otro mundo en donde
no se limiten a recibir la voz
de auxilio y su quemazón,
impertérritos…
Me voy a perder en mi ciudad interna
y seguiré como si nada pasara.
Mientras tanto guardaré todo lo
que nadie quiso de mí.
Yo que siempre esquivé el dolor
y me lo topé de frente,
quedo en la soledad y sin vida.
Hay tiempos donde
callar es lo mejor,
donde la evidencia
de uno mismo
no puede exponerse al mundo
y donde es mejor ir guardando
las huellas
para luego perderlas.
Mi tormenta pasará
hasta
d
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s
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p
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.
4 de enero de 2021
-
Ascenso postmortem de Alfred Dreyfus

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
- Dreyfus y Émile Zola
París, 13 de enero de 1898
M. Félix Faure
Presidente de la República Francesa.
Señor:
Puesto que se ha obrado tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré si antes no lo hace el tribunal con toda claridad.
Es mi deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro del inocente que expía a lo lejos cruelmente torturado, un crimen que no ha cometido.
Ante todo, la verdad acerca del proceso y de la condenación de Dreyfus. (…)
Señor Presidente, concluyamos, que ya es tiempo.
Acuso al general Billot de haber tenido en sus manos las pruebas de la inocencia de Dreyfus, y no haberlas utilizado, haciéndose por lo tanto culpable del crimen de lesa humanidad y de lesa justicia con un fin político y para salvar al Estado Mayor comprometido.
No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la Ley de Prensa del 29 de julio de 1881, que se refieren a los delitos de difamación. Y voluntariamente me pongo a disposición de los Tribunales.
En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente.
Así lo espero.
Émile Zola
Esta famosísima carta, que convirtió a un novelista en un intelectual comprometido social y políticamente, no sólo desde la literatura, ha tenido una enorme repercusión positiva, abriendo la puerta a escritores que se comprometen con las mejores causas -y a veces no tan mejores-.
Dreyfus era judío. Francia era una sociedad -lo mostró Proust en su novela A la búsqueda del tiempo perdido– profundamente antisemita. La carta de Zola exhibía ese antisemitismo y cómo se fabricó la culpabilidad del teniente Dreyfus.
- Un ascenso en 2025
Leo en el New York Times de esta semana que la Asamblea General Francesa -el Parlamento- ha ascendido a Alfred Dreyfus (1859-1935) al rango de General de Brigada. Su tataranieto, Michel Dreyfus, declaró: “Fue rehabilitado judicialmente, pero nunca militarmente, una herida que lo condujo a abandonar las armas”.
Es un noble gesto, el de este ascenso que tiene lugar 90 años después de su muerte.
- Luces y sombras.
Esta necesaria y loable reivindicación se da en el contexto mundial en el que el antisionismo crece por todo el mundo (intencional y manipulatoriamente hecho pasar por antisemitismo) a partir de las acciones genocidas de Israel contra los gazatíes y su ilegal apropiación en la práctica de la franja de Gaza. Si bien hubo una afrenta por parte del grupo radical Hamás -que no minimizo- la respuesta ha sido desproporcionada. Y ha ocasionado destrucción, sufrimiento y miles de muertos.
Por otro lado, Francia envió, entre 1940 y 1944, a 76 mil judíos a los campos de concentración de Alemania. Una culpa que sigue viva.
Ante el anuncio de la reivindicación de Dreyfus, en París tres sinagogas y un restaurante judío fueron vandalizados con pintura verde -en referencia a Palestina-.
El presidente francés expresó sus intenciones de reconocer como nación al Estado palestino, lo que ha enfurecido al primer ministro israelí y ha hecho tambalear la decisión de Macron, que mandó a Tel Aviv una delegación de alto nivel diplomático.
Mientras, en un acto digno de las novelas de Zola, los trabajadores portuarios de Marsella se rehúsan a transportar por barco material militar francés a Israel “para no participar en el genocidio en curso”.
Así estamos, luces y sombras en un mundo convulso, donde coexisten la nobleza y el horror.
-
La accidentada profusión de Mr. Arkadin

Culturas impopulares
Jorge Pech Casanova
Es fama que el ingreso de Orson Welles al cine ocurrió en 1940 con la filmación de su primera película, Ciudadano Kane. Pero en realidad, el precoz actor y director había realizado un corto silente, The Hearts of Ages, en 1932, el mismo año en que lo cautivó en la pantalla la belleza de Dolores del Río, actriz de Hollywood entonces.
Después, en 1938, cuando aún no era famoso por el escándalo de su producción radiofónica de La Guerra de los Mundos, Welles filmó con el elenco del Mercury Theatre un corto silente para su obra escénica Too Much Johnson, que no pudo presentar porque el teatro no era adecuado, no les pagó a los actores y una compañía filmadora le ordenó guardar la cinta al ser propietaria de los derechos por una versión previa.
Ambos cortos silentes se creyeron perdidos, hasta que The Heart of Ages apareció en 1969 en la Biblioteca Pública de Greenwich, Connecticut. Tres décadas más tarde, en 2008, una copia de Too Much Johnson olvidada por Welles apareció en Pordenone, Italia.
A raíz de su promisoria contratación por los estudios RKO, Orson Welles pudo conocer a Dolores del Río y hacerse su amante mientras dirigía Ciudadano Kane. Concluida su obra maestra, el joven actor pensó no sólo en casarse con la actriz mexicana sino en hacer películas estelarizadas por ambos. En 1941, al recibir en Hollywood al escritor Salvador Novo, amigo de su prometida, Welles imaginó un argumento basado en La conquista de México, de William H. Prescott. El actor interpretaría a Cortés, y su novia, a La Malinche.
Después, Welles escribió un detallado guion, Camino a Santiago, en el que un hombre pierde la memoria, conoce a “la chica más bonita del mundo” y debe combatir una conspiración nazi contra México. El amnésico sería Welles, y la muchacha, Dolores del Río. No pudieron conseguir premisos para filmar en Palacio Nacional y RKO canceló el proyecto.
El director, después de terminar su magnífica Kane, estaba comprometido a entregarle al estudio una película nueva cada año hasta 1943. En 1942 había dirigido The Magnificents Ambersons (Soberbia), que no pudo editar como deseaba. En 1943 optó por filmar el guion del actor Joseph Cotten sobre la novela de Eric Ambler Journey into Fear (Jornada de terror). Cotten protagonizó la cinta junto con Dolores del Río.
Welles comenzó a dirigir el film, pero un productor de la RKO decidió enviarlo a Sudamérica para que fungiera como embajador de buena voluntad contra la propaganda alemana. Al parecer, en ese viaje de seis meses el cineasta conoció a Rita Hayworth y dejó de contestar las cartas de Dolores. A su retorno, Norman Foster había concluido su película y Del Río se fue a filmar en México, donde jamás recibiría a Orson.
La actriz tuvo que abandonar Hollywood porque fue señalada como sospechosa de comunismo tras acudir a una función de Tormenta sobre México, la incompleta versión de Que viva México incautada a Sergei Eisenstein por la compañía productora de Sinclair Lewis. Ese señalamiento afectó la carrera de la actriz y la devolvió al boyante cine de su nación.
Welles no logró terminar It’s All True, película que concibió mientras estaba en Sudamérica. La RKO lo despidió en 1943, mismo año en que se casó con Rita Hayworth. El actor se ganó la vida en la radio hasta que logró filmar The Strangeren 1946, y al año siguiente, The Lady of Shangai.
Señalado por el Comité de Actividades Antiestadounidenses en 1947, Welles dejó su país y se fue a vivir a España. En 1949 interpretó al villano de El tercer hombre de Carol Reed. Su avieso personaje, Harry Lime, alcanzó tal popularidad en Inglaterra que lo contrataron en 1951 para un programa radiofónico en el que revivía al conspirador.
Aprovechando su popularidad, Welles exigió que le dejaran escribir los guiones; los encargó a otro autor y los presentó como originales. Cuando el escritor reclamó al productor de la serie el pago que Welles nunca le entregó, el locutor alegó que los textos eran muy malos e instó al empresario a rehusar la deuda. Pero, después, el actor y director consintió en publicar con su nombre una novela basada en esos guiones, titulada Mr. Arkadin.
Para 1955, Welles había convencido al empresario francés Louis Dolivet de producir su guion basado en esa novela. En cinco meses de trabajo en locaciones españolas, Welles falsificó una playa mexicana y hasta alguna ciudad norafricana para completar Mr. Arkadin.Trabajando con un elenco internacional, Welles aplicó su conocimiento del cine para lograr tomas deslumbrantes y misteriosas, a veces deslucidas por el escaso presupuesto.
El argumento de la cinta se apega a los vericuetos de una pesadilla. El contrabandista Van Stratten y su amante Mily reciben, de un moribundo, información confidencial y presuntamente valiosa sobre un tal George Arkadin. Van Stratten se lanza a buscar al multimillonario Arkadin y se relaciona con su hija, Raina.
Dado que el magnate vigila cada movimiento de su única descendiente, pronto puede confrontar al aventurero. Le pide cesar relaciones con la muchacha y averiguar, en cambio, quién es el propio Arkadin, pues éste perdió la memoria y sólo sabe de sí mismo que en 1927 apareció en Francia con doscientos mil dólares, punto de partida de su fortuna.
Van Stratten, seguido por Arkadin alrededor del mundo, se entera en México de que el millonario es un polaco que formó parte de una banda de tratantes de blancas y escapó de la policía durante la segunda guerra mundial. También descubre que el antiguo alcahuete lo usa para ubicar y asesinar a todas las personas que conocen sus oscuros orígenes.
Sabiendo que sólo queda vivo uno de los cómplices olvidados por Arkadin, Van Stratten intenta salvarlo y salvar su propia vida en París. Arkadin, sin embargo, le gana en el intento y acaba con el último testigo de su pasado. El poderoso rufián está listo para eliminar a su propio detective.
Sin embargo, el joven aventurero logra abordar en la noche de Navidad un avión que lo lleva a reunirse con Raina en Madrid, para contarle la verdad sobre su siniestro progenitor. Éste pilotea un avión en un intento por alcanzar a su hija antes que su delator, y aunque logra contactarla por radio en la torre de control del aeropuerto, es engañado por un truco de Van Stratten y cree que su hija ha descubierto su pasado. Arkadin salta del avión que tripula.
Orson Welles trató de conseguir una obra maestra con este argumento laberíntico y quizá lo hubiese conseguido, pero quiso rehacer parlamentos de varios personajes con su propia voz, un hábito suyo. Mientras se demoraba cada vez más, el productor le confiscó la película al cuarto mes de edición y produjo seis diferentes versiones de la cinta (dos, en español).
Cuando la película se estrenó en Estados Unidos en 1962, el aún guionista Peter Bogdanovich se fascinó y descubrió una séptima versión en inglés, que sirvió para, décadas después, editar la “versión definitiva” (irremediablemente incompleta) del largometraje.
Welles nunca quiso reconocer como suyas las ediciones que ordenó Dolivet de su film. Sin embargo, cuando los autores de Cahiers du Cinema lo vieron en 1957, lo declararon la obra más importante del director. Éste continuó actuando en toda clase de films (la mayoría, mediocres) para seguir financiando películas suyas, como Otelo, de 1956, y Sombras del mal,de 1957, donde Charlton Heston interpreta a un honesto policía mexicano y Welles a un corrupto policía estadounidense.
Casado con la condesa di Gerfalco (la Paola Mori que interpretó a Riana en Mr. Arkadin),Welles continuó viviendo en Europa y haciendo películas con su ruinoso y audaz método: Se embarcaba en una producción propia, la abandonaba para obtener dinero actuando en películas ajenas, hasta que concluía su obra personal.
Las últimas de estas aventuras que logró concluir fueron su versión de la novela de Kafka El proceso, en 1962, y Chimes at Midnight(Falstaff), en 1965. De 1957 a 1972 el realizador intentó rodar un Don Quixote, que dejó inacabado, junto con otros varios proyectos. El actor, locutor, director y extraordinario artista falleció en 1985. En 1992 se editó una versión de su inconclusa Don Quixote.

