Madame Borges

El laberinto del mundo

José Antonio Lugo

      1. La metaliteratura

      Es la literatura cuyo objeto es la propia literatura; es decir, se trata de obras que hablan de libros, de la lectura, de la escritura o del oficio de escribir. Me encantan las novelas que refieren a otras novelas, si bien no siempre o casi nunca el resultado es tan bueno como el modelo.

      Ejemplos notables son Monsieur Bovary, de la novelista italiana Laura Grimaldi, donde la autora convierte la novela de Flaubert en una relación amorosa entre Charles Bovary y Justin, el aprendiz del farmacéutico o Mademoiseille Bovary, de Raymond Jean, donde el autor “continúa” la novela, para contarnos la venganza de Bertha, la hija de Charles y de Emma, en contra del vizconde y del usurero.

      Otros ejemplos son El diario de Lo, de la novelista italiana Pía Pera, que intenta darle la voz al personaje Lolita, de Nabokov, en lo que fue considerado un sonoro fracaso o Territorio Lolita, de Ana Clavel, suerte de novela/ensayo de una de nuestras mejores narradoras mexicanas contemporáneas.

      Destaca Je voulais vivre, de Adélaïde Clermont-Tonerre, novela recién publicada en Francia, donde la novelista recrea la historia que se narra en Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas, desde la perspectiva de Milady de Winter, la enemiga de Athos, Porthos, Aramís y D’Artagnan. 

      Ahora toca el turno de escribir, para los lectores de Morfemacero sobre una novela cuyo personaje es María Kodama, la compañera y esposa de Jorge Luis Borges. 

      2. Madame Borges

      Esta novela, de la escritora argentina Florencia Etcheves (Planeta, 2026), recrea la vida de Kodama, desde que era una niña a quien su padre le leyó el cuento “Las ruinas circulares” de Jorge Luis Borges, hasta la muerte del escritor y la de ella misma.

      Confieso que el texto de la contraportada me sacó ronchas y casi me hizo desistir de la compra y de la lectura. “En esta novela íntima y conmovedora, Florencia Etcheves retrata a una mujer extraordinaria que hizo de la lealtad una forma de vida”. Y, sin embargo, la novela se deja leer muy bien. 

      El texto nos cuenta cómo se conocieron María y Jorge Luis y cómo éste le propuso que estudieran juntos inglés antiguo.

      Pasa por describirnos las fallidas relaciones de Borges con Estela Canto y Elvira de Alvear, la relación de Georgie con doña Leonor Acevedo de Borges, su madre, y la forma cómo el escritor reaccionó ante la muerte de quien había sido todo para él; el progresivo avance de su ceguera, la amistad con Bioy Casares, a quien el personaje Kodama califica de “traidor” por haber contado la intimidad de su mejor amigo en el monumental libro Borges, donde Bioy regala a los lectores todo lo que Borges comentaba en las cenas en casa de él y de su mujer Silvia -Ocampo-.

      Destaca el viaje en globo -que narró Vargas Llosa en su columna Piedra de toque, para el periódico español El país-. “Lo que Borges no pudo ver, lo pudo sentir: el espacio abierto, el viento que al tiempo que los acariciaba los empujaba hacia adelante, el ruido del aleteo de algunos pájaros que los acompañaron durante todo el recorrido, el olor a tierra, y ese vacio que percibe el cuerpo cuando debajo de los pies no hay nada. El resto se lo fue describiendo la voz aterciopelada de María”.

      En la novela, Etcheves inventa un personaje, Ceferino, un joven malevo -malévolo, en lunfardo- al que poco a poco conduce al mundo de la lectura, a través, precisamente, del cuento de “El aleph”. Al final de la obra, la autora señala: “Ceferino Paredes no existe, o sí. Ceferino es cada uno de nosotros, los lectores, porque Borges es de todos y nos espera en cada cuento, en cada verso, en cada estrofa”. 

      Es Ceferino quien, dentro de la novela, se entera, por Internet, de la noticia: “Murió María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges”.

      Ceferino va la Fundación, donde encuentra una caja que lo espera, que María le dejó y que contiene las obras completas de Borges, un caleidoscopio, y el cuaderno con los cuentos de Ceferino, con las correcciones manuscritas que le hizo María Kodama. También hay una carta para él: “Ceferino: Los libros no cambian al mundo, pero pueden cambiar a las personas, y Borges nos cambió a los dos. Un libro es un Aleph, contiene todos los objetos y todos los mundos. Lo otro es sólo un caleidoscopio. Ambos son para vos. Gracias, soldado. Misión cumplida. Madame Borges”.

      Madame Borges, de Florencia Etcheves, nos permite acompañar a María Kodama y a Borges en su andar, desde la imaginación de una novelista cómplice. Tocará al agudo lector juzgar… o simplemente sentir.

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