Secuencialidad

Ta Megala

 Fernando Solana Olivares

“Cercano es sólo lo interior; todo lo demás, lejano. / Y esto, lo interior, apretado y lleno en exceso / diariamente con todo, y totalmente indecible”. Son versos de Rainer Maria Rilke, apropiados en esta época donde sólo lo interno está cerca y constituye el último refugio al alcance aunque sea tan incapaz de ser dicho.

      Lo de afuera tampoco es enunciable fácilmente porque avanza quién sabe a dónde, a qué tipo de futuro inmediato cuya denominación no se conoce del todo: ¿cambio morfogenético, edad de hierro, lapso de oscuridad, época sin síntesis, ajustes antes de la catástrofe, grietas crujientes en la era de Acuario, dolores del parto de una civilización que nace, o escatológicamente el comienzo de la gran tribulación bíblica? 

       Las mentes simples dirán que es un problema de enfoque. Las optimistas que todo es un problema de empeños y voluntad. Las pesimistas pronunciarán densidades así: “¡Despéñate, torrente de la inutilidad”! al hablar de cómo están las cosas. Acaso un justo realismo sólo consista en reconocer el confuso estado de la realidad y aceptar que todo lo sólido se desvanece en el aire (Marx) con nosotros incluidos.

       (Anoto un dilema que en estos tiempos me planteo a menudo: ¿es el sujeto “un ser para la muerte”, según afirma la filosofía contemporánea, o es “un ser para después de la muerte”, según establecen las tradiciones espirituales?)

       Hace tiempo vino a verme mi amigo Pietro Gigli, La Piedra, al lugar donde vivo, el cual a veces, poniéndome lírico, llamo mi abadía —“Sólo he tenido una aspiración: pasar de la lírica a la prosa”, escribe Cioran—. A estas alturas de mi vida la amistad ha sido tanto la sombra de una sombra como el escenario donde se ha cumplido aquella sentencia latina de que no hay peor enemigo que quien fue el mejor amigo.

       Pero conservo varios camaradas entrañables, algunos de los cuales son mis héroes personales. Pietro (sin apellido, como va peregrinando por el mundo, y no solo por razones de seguridad personal e independencia sino porque hace mucho tiempo dejó de ser Fulano hijo de Zutano y ahora sólo puede definirse como padre de sí mismo), es uno de esos pocos amigos esenciales a quien veo de tanto en tanto cuando sus incesantes viajes lo traen al país. Para él, como para los navegantes portugueses del siglo XVI que grababan este lema en la proa de sus barcos, vivir no es necesario pero viajar sí es necesario. 

      El periplo periodístico de esa ocasión incluyó Bagdad durante el comienzo de la invasión militar yanqui, luego Argentina y Uruguay, Venezuela, después Oaxaca, los Altos de Jalisco y de regreso a la Ciudad de México. No conozco a otro que viaje tanto como él y experimente (pensar es experimentar), que viva de primera mano el panorama internacional. Tampoco a nadie que posea esa mirada poliédrica y global. Pietro es la antítesis del idiota encerrado en lo particular. Posee un refugio rural donde siembra ajos y alcachofas en la Lombardía italiana, pero suele estar a gusto, completamente despierto e indagante, atento en cualquier parte, en los intersticios de cualquier lugar, indagando su verdadera realidad.

       Pietro contó aquella vez que el imperio anglosajón, entonces todavía unipolar, en alianza simbiótica con Israel preparaba ya una tercera guerra mundial nuclear; que en todas partes iba corroyéndose el proceso civilizatorio, deteriorándose las relaciones humanas e imponiéndose el nihilismo moral; que el neoliberalismo  enfrentaba una oposición mundial creciente; que Centroamérica era una zona de desastre inducido y muy cerca de sufrir una desestabilización violenta; que Oaxaca era el contexto de un conflicto global que recién comenzaba a explotar.

       Dos condiciones han de necesitarse en cualquier recuento de adversidades: ver la historia como un escenario donde sucede un espectáculo, a pesar de que nos involucre, y practicar con frecuencia, sea con la imaginación u otras técnicas, la anacronía voluntaria, es decir, la salida mental del tiempo histórico. Para ello debe conocerse la doctrina de la aparición simultánea, comprobar su manifestación en la realidad empírica que de otra manera podría resultar insoportable: surge la enfermedad colectiva, el aciago momento que nos ha sido dado para vivir, y al mismo tiempo surgen las respuestas ante él, las tácticas necesarias y las resistencias pertinentes, surgen la vida y sus antídotos, la vida y sus instrucciones de uso. 

       Hablamos durante esa visita profética (todo lo que anticipó ha ocurrido o está ocurriendo), hablamos de los monjes copistas del momento actual, de aquellos que en esta edad oscura todavía se esmeran por cuidar del conocimiento y estimular la sensibilidad. Hablamos de los placeres que desaparecen, tal vez inspirados en Graves: “Pocas casas tienen jardines, poca gente sabe cocinar, pocos leen, pocos juegan, pocos toman paseos largos, pocos piensan por sí mismos, pocos tienen convicciones religiosas y pocos aman seriamente”. Una mención de Pietro a la aristocracia del espíritu la humana lista de placeres perdidos en su debido contexto. Y sobre ella abundamos.

       Aunque Pietro documenta visualmente y da a conocer los trágicos episodios de esta geopolítica delirante y preapocalíptica, ahora que lo veo caminar por la abadía me inspira una inmensa tranquilidad humana y hasta metafísica. Este héroe personal no tiene pies de barro. Bajo bombardeos en Líbano, trepado con la guerrilla sandinista en el monte, desde la Persia balcanizada por los bushitas, fotografiando las danzas de chamanes mongoles de Morón, viajando en camiones por carreteras rurales casi secretas de Japón o mirando el cielo cuajado de estrellas de Rulfiana, de algún modo Pietro transforma los conflictos que cubre desde hace décadas y los lugares remotos que visita: mirándolos así los vuelve humanos y los hace próximos. Sean las guerras que dan lugar a lo peor y lo mejor de la especie, sean los registros de la otredad, de la inagotable variedad humana, todos los transforma aproximándolos y él se transforma a sí mismo viviéndolos.

       Secuencialidad. ¿Siempre habrá monjes taoístas peregrinos así entre nosotros? Sonrío al pensarlo y escucho a mi amigo con fraterna, amorosa atención: la vida, instrucciones de uso.

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