Seis miradas sobre Borges

El laberinto del mundo

José Antonio Lugo

  1. Alberto Manguel

De joven le leía a Jorge Luis Borges. Muchos años después fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de Argentina, el mismo puesto que tuvo el escritor ciego. Ha escrito libros estupendos sobre la lectura y el arte de leer. Ahora ha compilado y presentado el libro Cinco miradas sobre Borges, que reúne textos de Adolfo Bioy Casares, Carlos Fuentes, Silvina Ocampo, Marguerite Yourcenar y Muhammad Zafzaf (Ed. Gris Tormenta, en coedición con la Universidad Veracruzana, 2026). En su presentación, Manguel afirma: “En ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’, crónica de la creación de un universo imaginario, Borges presagia que a la larga “el mundo será Tlön”. Para el lector avisado, el mundo será (o ya es) Borges”. 

  1. Adolfo Bioy Casares 

“Una tarde de 1939, en las barrancas de San Isidro, Borges, Silvina y yo planeamos un cuento (otro de los que nunca escribiríamos). El protagonista encontraba una lista de prohibiciones:

En literatura hay que evitar:

  • Las curiosidades y paradojas psicológicas; homicidas por benevolencia, suicidas por contento. ¿Quién ignora que psicológicamente todo es posible?
  • Libros que fingen ser menús, álbumes, itinerarios, conciertos.
  • En las críticas, toda referencia histórica o biográfica. La personalidad de los autores. El psicoanálisis.
  • La expectativa. Lo patético y lo erótico en novelas de amor; los enigmas y la muerte en novelas policiales; los fantasmas en novelas fantásticas” (sigue…)

Al final del ensayo, Bioy Casares enumera los temas de conversación literaria con Borges. La lista es enorme, sólo cito: “el Quijote y el carácter de Cervantes; Murasaki Shikibu, la pan-lingua, el pan-juego, el pan-club y anécdotas de Xul Solar; Zola; Flaubert, Proust; formulación de una ética”.  

  1. Silvina Ocampo

“¿Existe un escritor para quien la vida misma se haya convertido, como la de Borges, en un cuento? No lo creo. Los amigos de Borges penetran siempre en ese mundo lleno de misterio, pero él no entra en el mundo de los otros. (…)

Lo que le sucede a Borges, lo que dice (porque es un gran conversador) podría o debería escribirse y agregarse a lo que ha escrito. Creo que es feliz. Sólo el espíritu es capaz de proporcionar esa dicha profunda que nace de la creación de la inteligencia”. 

  1. Marguerite Yourcenar 

En 1986 la gran escritora francesa fue a visitar a Borges en Ginebra para la elaboración del texto que Manguel compila en este libro y que fue publicado póstumamente -Yourcenar murió en 1987- en Peregrina y extranjera (Alfaguara, 1989). Héctor Bianciotti relata que el escritor argentino le pidió a Yourcenar que fuera a ver un departamento y se lo describiera. Ella así lo hizo. Omitió decirle que estaba lleno de espejos porque sabía que él había escrito “la cópula y los espejos son abominables, porque multiplican a los hombres”. La anécdota me fascina. ¿Quién osaría pedirle a Yourcenar que fuera a ver un departamento? ¿Quién le negaría a Borges esa petición? Simplemente fueron, por un instante, sólo Marguerite y Jorge Luis. 

En su ensayo, Yourcenar no se refiere para nada al cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” y apenas menciona “El aleph”. Le da mucha importancia a “Pierre Menard, autor del Quijote”, a la versión de Judas como el discípulo más querido, a los cuchilleros que se matan al alba y a la ceguera del autor. 

“Vidente… Visionario. Quisiera oponer aquí estos dos términos que solemos confundir. En el sentido más sólido del término, el vidente ve; si está ciego, ve como Borges con una mirada interior, ayudada por los recuerdos almacenados por sus ojos de antaño, reforzada quizá con los recuerdos ancestrales de hombres que vieron antes que él, capaz de añadir a esta visión lo que la inteligencia (la inteligencia más que la imaginación) le aporta. Esta visión, liberada de las habituales limitaciones oculares, se extiende más en el tiempo, al parecer, y, lo que viene a ser lo mismo, en el espacio. Se podría hablar de una visión infinita, del mismo modo que un teólogo habla de una inteligencia infinita. Podemos hablar aquí de visio intellectualis recurriendo al lenguaje de la Edad Media. (…)

Si toda la vida es sueño, ¿no será la muerte tan sólo un despertar? Como siempre, en Borges, esas dos posibilidades se funden y se intercambian. La vida y la muerte forman parte del libro de arena”. 

  1. Muhammad Zafzak

Escritor marroquí (1945-2001). En su relato imagina a Borges ya muerto, platicando con el tribunal que decidió condenar a Alf-Afshín. 

“Dijo Borges:

  • Pero ya estamos muertos, señor presidente.
  • Sí, ya lo sé”.

No sé si el autor tenía en la mente, al escribir este relato, a Juan Rulfo. 

  1. Carlos Fuentes

“Mientras el ciego, que llamaba al narrador de su historia ‘Borges’ siguió su enumeración… (…) Esta es nuestra segunda historia, y Burgos o Borja o Berkeley ha escrito su introducción. Debemos escribir nuestro Corán, nuestro Zohar y nuestra Cábala; también debemos reescribir nuestro Bill of Rights y nuestro Código Napoleón”. 

El texto celebratorio de Fuentes me pareció fallido, una narración dizque barroca, mitad parodia, mitad homenaje, relato distorsionador, como ver una imagen a través de los espejos que hacen gordas o delgadas a las personas. 

Es loable que Alberto Manguel haya rescatado estos cinco ensayos publicados largo tiempo atrás, porque nos permiten regresar, con renovada admiración, al escritor infinito: Jorge Luis Borges. 

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