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Estación Eutanasia

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
Las sociedades contemporáneas no discutirían ahora una imperativa e indispensable legislación sobre la muerte voluntaria y asistida de no ser por los dolorosos estragos y a la vez los paradójicos beneficios que la medicina alopática ha provocado en la naturaleza humana. La práctica médica contemporánea patrocina la enfermedad —en palabras de Iván Illich, uno de los pensadores más críticos que la tardomodernidad ha tenido—, y lo hace al interior de una sociedad morbosa que se fascina mediáticamente por sus anormalidades y así resulta determinada por la intervención médica, terrible y costosa mercancía.
“El enajenamiento profesional del cuidado de la salud es el resultado de un esfuerzo desenfrenado para su manejo; de ello resulta la conservación heterónoma (es decir, sometida a un poder externo) de la vida sobre elevados niveles de insalubridad. Es experimentado como una nueva clase de horror a la cual llamo Némesis médica”, escribió Illich.
Dos ejemplos de heteronomía vital, uno inocuo y otro trágico: ingerir un analgésico para superar un dolor de cabeza, o bien padecer alguna dolencia de moda, como la bipolaridad, a la manera de una entidad externa y misteriosa que de pronto toma completa posesión de la conducta existencial del enfermo. Los dos casos, sin embargo, son sometimientos personales a un poder externo, el del medicamento y la enfermedad, y al de sus ministros y administradores, los médicos.
Y Némesis, por otra parte, es una diosa cuyas actuaciones están relacionadas con la retribución, con el castigo a la soberbia humana. Prometeo, el héroe clásico que robó el fuego celeste para darlo a los seres humanos, atrajo sobre sí mismo a Némesis, un nombre empleado para designar el pavor que se desprende de la envidia de los dioses y sus represalias cósmicas ante la arrogancia y presunción (hybris) de la raza de los mortales.
La medicina poco puede hacer por curar las enfermedades propias de la vejez, salvo disminuir el dolor de los ancianos. Pero la Némesis médica ha provocado que la gerontología vaya apoderándose del producto interno bruto y que el gasto médico de este sector poblacional crezca aceleradamente. Lo único que se ha obtenido con ello es prolongar el sufrimiento de los enfermos y justificar las gigantescas sumas de las cuales son despojados junto con sus familias al momento de la enfermedad terminal —un proceso de transferencia económica en el “democrático” juego del libre mercado—.
Se llama distanacia al alargamiento de la agonía mediante tubos y medios terapéuticos extremos, torturas de Némesis que ahora se hacen pasar por bendiciones tecnicomédicas. Ese empeño encarnizado por prolongar la vida, aunque ésta quede convertida en una dolorosa parodia, compone la esencia del horror médico denunciado por Illich. La distanacia ocurre con metódica regularidad en todo el sistema de salud actual, y el paciente médico construido en la mente y en el cuerpo de cada individuo promedio de nuestras sociedades la asume como fatal e inevitable.
Es tan equívoco y autoritario el asunto de las agonías artificialmente prolongadas que prácticamente todas las decisiones distanásicas son tomadas por la autoridad inapelable de los médicos con el asentimiento cautivo de los parientes del enfermo. La voluntad del torturado nunca cuenta, pues la gravedad manifiesta de su dolencia le evita ejercer el derecho individual a decidir por sí mismo, el cual queda cancelado, suspendido en el espacio concentracionario del hospital.
Sin embargo, los tiempos están en mutación tanto para bien como para mal. Tal vez el hartazgo civil ante el innecesario dolor causado por el sistema de salud —no es Illich sino otro autor quien a ese inmenso y ominoso poder le llama “religión médica”, resaltando la decisiva dimensión que la mentalidad hegemónica, construida por los medios de comunicación y la riqueza de las empresas farmacéuticas, acríticamente le concede —, quizá ese hartazgo vaya conduciendo a la sociedad contemporánea hacia una transformación radical y más sensata de los usos y costumbres en cuanto al cuerpo, la salud, la muerte y la enfermedad.
El problema de la eutanasia tiene que ver con su propio significado. Asunción Álvarez del Río (Práctica y ética de la eutanasia, FCE) menciona los cuatro sentidos asociados históricos a la palabra euthanatos: “1) inducir la muerte a quienes están sufriendo; 2) terminar con la vida de quienes son indeseables; 3) dar atención a los moribundos; 4) dejar morir a las personas.” Los incisos 1, 2 y 4 de la palabra son inaceptables para las religiones monoteístas y también, así sea sólo declarativamente, para los derechos humanos reconocidos por las sociedades modernas. Ante la insensatez de la distanacia algunas corrientes proponen la llamada ortotanasia: el uso de paliativos tales como la administración de oxígeno y medicamentos para el dolor, pero evitando el alargamiento de la agonía y dejando suceder la muerte de manera natural.
Otras tendencias proponen recuperar el significado etimológico de la eutanasia: “una buena muerte, tranquila y sin dolor”, y establecer jurídicamente como un derecho esencial de toda persona los procedimientos para conseguirla, basándose en el principio ético de la autonomía individual, de la responsabilidad y el derecho de cada uno para decidir sobre su propio cuerpo. Con todo, lo esencial es que la eutanasia —junto con las aberraciones médicas asociadas a la agonía, implícitas en el asunto, y la protección de los médicos que se arriesgan legalmente cuando practican eutanasias fundadas— poco a poco comienza a legislarse en algunos países.
Dicen los sabios que en el mundo existe la doctrina de la aparición simultánea: surge el quebranto y con él su antídoto. El quebranto, conforme a Illich: “Las repugnantes consecuencias (…) de la medicina se juntan para generar una nueva clase de sufrimiento, la anestesiada y solitaria supervivencia en una sala de hospital ancha como el mundo.” El antídoto: aquello que los pueblos europeos desarrollaron en el siglo XVI: “el arte y la habilidad para conocer la voluntad de morir.” La autonomía personal para enfrentar el dolor, la enfermedad y la muerte como partes integrales de la vida personal. El rechazo a sufrir la administración externa (médica y aun familiar) de la propia intimidad. El uso de derechos ya existentes como el “Testamento vital” o la “Muerte asistida”, disposiciones expresas sobre el bien morir personal. Una estación bioética ineludible: la eutanasia.
Así se cumplirá el ruego poético de Rilke en El libro de horas: “Señor, a cada uno dale su muerte, / una muerte que de cada vida brote / y en que haya amor, significado y sufrimiento”. La muerte propia, no la muerte ajena.
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La libertad de expresión, en estado de sitio

Administración de los males públicos
Jorge Pech Casanova
El actor y director de cine Robert Redford nació en 1936 y ha fallecido el 16 de septiembre de 2025. En 1976, cuando tenía cuarenta años de edad, Redford interpretó al periodista Bob Woodward en la película Todos los hombres del presidente, que narra la lucha de dos periodistas del Washington Post para exhibir la corrupción y la persecución política que el régimen del republicano Richard Nixon cometió contra sus opositores políticos.
Cuando el paranoico Nixon regía Estados Unidos, de 1968 a 1974, su gabinete estableció un sistema de espionaje y sabotaje para mantener sometidos a quienes veía como enemigos y no meros opositores políticos compitiendo en procesos democráticos. Contra esas medidas dictatoriales se alzaron voces de periodistas que, como Woodward y su colega Carl Bernstein, hallaron que el intento de robo a las oficinas del partido demócrata en el edificio Watergate era la muestra de un siniestro sistema de espionaje y sabotaje operado desde la Casa Blanca.
Redford, quien adquirió los derechos de Todos los hombres del presidente para que el director Alan J. Pakula dirigiera la versión cinematográfica, también estuvo al pendiente del guion que escribió William Goldman; inclusive revisó un guion que le presentaron Carl Bernstein y Nora Ephron. Al final, el libreto de Goldman predominó para hacer del film “el más escrupuloso estudio de labor periodística que alguna vez veremos en una película”, en palabras del crítico Roger Ebbers.
Por entonces el Washington Post representaba un ejemplo heroico de integridad periodística, ejemplo que se ha descompuesto y corrompido a medio siglo del escándalo Watergate.
Con motivo del asesinato del propagandista de ultra derecha Charles Kirk (quien organizaba foros de supuestos debates estudiantiles que en realidad eran plataformas para difundir pensamientos racistas, clasistas, misóginos y armamentistas), el clima de paranoia y espionaje al que se enfrentaron los periodistas en la época de Nixon, ha retornado con mayor virulencia en este mes. El régimen de Donald Trump aprovecha ese crimen para lanzar una campaña de cancelación contra quien se atreva a cuestionar las posiciones de Kirk.
La persecución que Trump comenzó desde el inicio de su segundo mandato contra la población inmigrante en Estados Unidos, ha alcanzado ya la cota de la ejecución extrajudicial, con el asesinato del migrante mexicano Silverio Villegas González a manos de un agente del brutal ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas estadounidense).
Mientras el asesinato de un migrante no mereció ninguna explicación por parte del régimen trumpista, la muerte de su propagandista Kirk le ha servido para criminalizar a toda la población estadounidense que desaprueba el fanatismo, el racismo y el armamentismo.
Al declarar Trump que Kirk era un mártir, muchas y muchos usuarios de redes sociales reprobaron ese calificativo, reproduciendo los dichos racistas y armamentistas del difunto. Enseguida, un grupo de fanáticos no sólo llenó de insultos a quienes se negaron a guardar luto por Kirk, sino que procedieron a denunciar como “odiadoras” a esas personas críticas, llegando a presionar para que sean despedidas de sus trabajos.
Una de las empresas que procedió a cancelar la libertad de expresión de sus trabajadores fue el Washington Post. Su columnista afroamericana Karen Attiah fue despedida del medio por haber reproducido en una columna esta frase de Charles Kirk: “Las mujeres negras no tienen el poder de procesamiento cerebral como para ser tomadas en serio. Tienen que ir a robarse el puesto de una persona blanca”.
Attiah es una de varias personas en EEUU que han perdido su trabajo por negarse a reverenciar al vocero del racismo, del anti-abortismo y de la desaparición o negación del Estado palestino. Pero, si bien Donald Trump ordenó desplegar a media asta la bandera nacional por la muerte de Kirk, los gobiernos estatales de Nueva Jersey y Nueva York se negaron a acatar esa medida.
Y mientras usuarios ultraderechistas vomitan mensajes de odio contra quienes objetan la relevancia del propagandista Kirk, el 15 de septiembre dos jóvenes fueron muy probablemente linchados y colgados de sendos árboles en Mississippi. Sobre Demartravion “Trey” Reed, estudiante afroamericano de la Universidad Estatal de Delta, circula el insistente mensaje de que fue hallado colgando con los dos brazos y una pierna rota, aunque la policía negó esas versiones.
El otro hombre que apareció ahorcado el 15 de septiembre se llamaba Corey Zukatis, persona blanca en situación de calle de quien no se tiene mayor información. Su deceso ocurre poco después de que el comentarista del Canal Fox Brian Kilmeade opinara que hay que ejecutar a las personas sin hogar.
Durante una emisión del programa Noticias Fox el 10 de septiembre, la conductora Lawrence Jones se quejó de que las personas sin hogar se niegan a seguir los programas de atención a su salud mental, y propuso: “No les puedes dar opción. O toman los recursos que les darás… O deciden que los van a encerrar en una celda. Así tiene que ser ahora”. Kilmeade se apresuró a completar: “O una inyección letal involuntaria o algo. Sólo mátenlos”.
El domingo 14 de septiembre Kilmeade tuvo que disculparse al aire por su comentario, pero la televisora Fox no lo despidió. Ningún fanático de ultra derecha solicitó su despido por sus inhumanos comentarios.
Por su parte, la periodista cancelada por el Washington Post, Karen Attiah, escribió en su nueva plataforma: “Mis valores periodísticos y morales por el equilibrio me compelieron a condenar la violencia y el asesinato sin comprometerme en un luto excesivo y falso por un hombre que, como rutina, atacaba a las mujeres negras como grupo, puso a académicos en peligro al colocarlos en listas de vigilancia, alegó falsamente que la población negra estaba mejor en la época de Jim Crow, dijo que el Acta de los Derechos Civiles era un error, y reseñó favorablemente un libro que llama a los liberales ‘no humanos’”.
La periodista despedida por su comentario concluye su mensaje: “Un usuario me acusó de apoyar la violencia y el fascismo. Dejé en claro que no demostrar pena desmedida por hombres blancos que se casan con la violencia, no es lo mismo que apoyar la violencia en contra de ellos”.
Por su parte, el fiscal general de Indiana Todd Rokita publicó un mensaje oficial en el que llama a los habitantes de su estado a “denunciar a educadores o administradores que hagan comentarios que celebren o racionalicen el asesinato de Charlie Kirk” a fin de exhibirlos en un portal creado por su oficina. La acometida ultra derechista contra la libertad de expresión en Estados Unidos asciende bajo la mirada complaciente de Donald Trump y sus funcionarios.
Inclusive un coordinador de comunicación social de Morena en el congreso mexicano, Salvador Ramírez, se vio forzado a renunciar a su puesto luego de que el subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau condenó el comentario de Ramírez acerca de que Kirk, partidario de tolerar los ataques de tiradores contra niños en escuelas, recibió “una sopa de su propio chocolate”.
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Círculo cromático

Colaboraciones
Héctor Ramírez
«El amarillo es el color de la luz», le dijo ella mientras sus ojos permanecían ocultos por las gafas oscuras. El tanteó con los dedos para ubicar el plato y dejar la taza después de dar un suave sorbo a su express. Prefirió quedarse callado y no hacer referencia al río que en China lleva precisamente el nombre de Amarillo y que en los años 30’s se desbordó causando desastres terribles. Entre los datos que había leído, le pareció extraño que se mencionaran estimaciones de entre un millón y tres millones setecientas mil personas que perdieron la vida por las inundaciones
¿Cómo podían las cifras ser tan diferentes? Lo razonable sería que los números tuvieran un margen de error precisamente razonable, pero ¿cómo podría ser así hablando de un país que, hoy por hoy, tiene más de 1,400 millones de habitantes? Sin darse cuenta, nuevamente estaba envuelto en lo que ella siempre le criticaba: la acumulación de datos era una obsesión.
Su justificación era siempre la misma: un dato te llevaba a otro… y a otro… y a otro… y a otro como una espiral infinita, por eso cuando ella dijo amarillo el recordó también que ése es el color emblemático del emperador de China y, en consecuencia, de la monarquía; eso sin tomar en cuenta que alguna vez alguien le había mencionado que no era una exageración o una mentira, cuando decían que la tez de los chinos tenía, efectivamente, una tonalidad amarillenta.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un sollozo casi imperceptible. Sabía perfectamente de qué se trataba. Ella no podía evitar la desesperanza por lo perdido, no podía olvidar que alguna vez todos sus sentidos estuvieron intactos, que conoció el amarillo y todos los demás colores de lo que llaman el círculo cromático, hasta que todo se apagó quedando como en tinieblas y no podía fingir que eso le afectaba mucho. No se resignaba. Él, en cambio, no extrañaba lo que nunca había conocido y era por eso que vivía intensamente todos los mundos que se abrían con los datos que devoraba en cuanta publicación caía en sus manos para, literalmente, ser leída.
Esperó un momento para que ella se calmara. Pagó la cuenta y los dos se incorporaron con un movimiento perfectamente sincronizado, desdoblaron sus bastones con el tradicional color rojo y blanco y echaron a andar por la calle. Él guiándola a ella porque era el más experimentado ya que nunca en su vida había conocido el color amarillo que, según le dijo ella, es el color de la luz.
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Muchacha en Kampuchea

Colaboraciones
Alberto Vital
Círculos concéntricos del ahora
y el aquí. Muchos tiempos a la vez,
muchos aquí. Y una mujer de tez
tenaz me mira desde su última hora.O penúltima. Carga a su breve hijo.
Un párpado en la ardua foto le pesa
como a ti, tensa, al término, Teresa.
Y no le queda cerca un crucifijo.¿Cómo? ¿Cómo vivir entre la gente?,
duda el rey poeta. No lo sé. Paso
el índice por ella suavemente:
por su belleza joven. Como abrazo.Extiende, oh, Señor, a ella tu dominio:
la foto es de algún campo de exterminio. -
Del tiempo oscuro que la inteligencia vuelve luminoso

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
Pykros, llama la alquimia al agua amarga del autorreconocimiento. Este libro es áspero y sin concesiones: analiza la amarga época que corre por el planeta, los desolados Wasted Land que la historia occidental ha dejado tras de sí, ese karma de los post- de casi todas las cosas, desde la naturaleza hasta los ideales civilizatorios, el pensamiento, el arte o el lenguaje, como ha afirmado el autor. Este libro es pykros. Su lectura representa un esclarecimiento, un ejercicio de mayéutica socrática (el conocimiento a partir de la propia experiencia reflexiva), hoy inusual y extraordinario, así su insobornable realismo pueda parecer propio de un pesimismo trágico. Como las lágrimas es salobre, como las lágrimas resulta purificador.
El autor, Eduardo Subirats, uno de los escasos pensadores iberoamericanos integrales, heredero y continuador de una epistemología cognitiva del Todo en el Uno, aquella unidad del orden ético e intelectual que debiera envolver tanto la Historia general y las historias particulares de las personas como la harmonía del mundo, pareciera estar cada vez más solo en ese empeño propio, entre otras, de las cosmovisiones y filosofías de Leone Ebreo, Giordano Bruno, Spinoza o Goethe. Unidad y equilibrio que no pueden reconocerse ya en ninguna parte, “con la excepción de un remoto chamán en Mongolia o un último monje tibetano en Leh”, como escribe Subirats, sin señalar, discretamente, que esa condición integral ahora casi evaporada también se encuentra en él.
Dicho colapso de la unidad perdida ha derivado en un reduccionismo espistemológico encarnado en el experto, en una praxis configurada por paradigmas instrumentales y normas corporativas, por microconocimientos de saberes instrumentales, lingüísticas mercantiles y retóricas políticas. Un sujeto posmoderno cuya identidad subjetiva y toda su existencia se sostienen en significantes vacíos. Conciencia ciega encerrada entre las cuatro paredes de su cubículo y su perfil electrónico, según la describe Subirats.
Esa “puñalada fatal” a la condición del intelectual
—aquel cuya búsqueda y función sólo pueden darse en el ejercicio del esclarecimiento, una acción cognitiva que expande y vincula lo que ilumina, lo que explica o dilucida— ha vaciado de sentido el significado de la libertad, de la acción moral y del compromiso político y aún el acto mismo del pensar, del hablar o del sentir. No se sigue más, lamenta el autor, aquel precepto kantiano del esclarecimiento que dio vida a la Ilustración y la modernidad pensante: “Ten ánimo para servirte de tu propio entendimiento”. El entendimiento de la conciencia propia ahora, en esta época oscura, es un lastre.
Heredero también del escepticismo sefardí del siglo dieciséis, que anticipó un inevitable proceso regresivo en el humanismo surgido en Europa tras la edad oscura del medioevo a partir de reflexiones de sabios y pensadores como Francisco Sánches, de quien este libro toma su concluyente título y el epígrafe que le da inicio: “Es miserable nuestra condición: a plena luz caminamos a ciegas”, Eduardo Subirats persigue, bajo sus propios términos, un proceso esclarecedor.
Ese propósito abarca experiencias y encuentros cuyo abarcante tiempo va desde el mito griego de Prometeo (“el titán esclarecedor por antonomasia”), las tradiciones antiguas de Lao Tse a Pitágoras, los saberes medievales de Al-Ándalus, los alcances de la Ilustración europea y la consideración de las teorías críticas contemporáneas. Un esclarecimiento, explica el autor, que responde al “Principio Esperanza” de un humanismo “humanitario y humano”.
Este término mántrico, “esclarecimiento”, eje conceptual de una acción intelectual profunda y de sus resultados, se aleja semánticamente de un posible sinónimo, “iluminación”, cuya raíz filológica acepta el beneficio o el don de un logro proveniente de una cierta metafísica. Aunque el esclarecer ilumina, alcanzarlo es tarea de la mente despierta, de la atención sostenida y de la asunción de la cultura como un cultivo de la conciencia en su más amplia acepción prometeica, como un cometido que constituye y hace al ser humano en su plena expresión.
Amarga dulzura o dulce amargura, par de opuestos que se funden entre sí para mostrar un horizonte de horizontes, A plena luz caminamos a ciegas cautiva y estremece por su integralidad: un fondo y una forma urobóricas y directas para contar la lúgubre rapsodia de la modernidad desviada y su agobiante consecuencia, la época actual. Sus movimientos cuentan el drama trágico de Occidente y retratan una edad que termina entre un silencio impuesto a la imaginación colectiva, una historia despojada de sentido, una disolución social y una mirada vacía, desmaterializada, una supresión de la experiencia estética y la disolución del arte, un mundo de ruinas y nihilismo posmoderno, una naturaleza sempiterna a pesar de todo, una conciencia humana calcinada en su hibris fáustica, rota e infeliz, donde la conclusión, una vuelta de tuerca, termina con una nota de esperanzada y responsable lucidez.
Entender una circunstancia tan sombría como la del tiempo actual exige corregir las denominaciones —acción necesaria para volver a ver algo, para re-flexionar en ello, comprenderlo y transformarlo—, una profilaxis lingüística que llama a las cosas por su nombre. Sólo existe lo que se nombra con verdad. En A plena luz caminamos a ciegas Eduardo Subirats lo ha nombrado. Todo esclarecimiento es el comienzo de la metamorfosis. De la salvación.
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La locura y el abuso, al mando de Argentina

Administración de los males públicos
Jorge Pech Casanova
¿Cómo puede un país que ha producido algunas de las mentes creativas más lúcidas de América, tener por presidente a un individuo que sostiene conversaciones con su perro muerto y llama hijos a sus tres mastines clonados? Lo que parecería una escena de teatro del absurdo tristemente sucede en Argentina.
Peor aún, este mandatario que pide consejos financieros a sus mastines a los que nombró Murray Rothbard, Milton Friedman y Robert Lucas (economistas conservadores), deja las decisiones cruciales de su gobierno a su hermana Karina, ahora implicada en una trama de corrupción. La acusan de quedarse con parte de una extorsión por la cual los proveedores de medicamentos para personas con discapacidad tienen que aportar un ocho por ciento de los costos de sus productos para lograr que el gobierno argentino sea su cliente.
Este escándalo comenzó con la difusión de una grabación en la que el ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis), Diego Spagnuolo, confía a un interlocutor desconocido “el supuesto funcionamiento de la red corrupta. Asegura que la empresa Droguería Suizo Argentina exige un porcentaje de 8 por ciento a los proveedores a cambio de jugosos contratos con el Estado”, informó el diario español El País.
En el audio revelado, añade El País, Spagnuolo calcula que “la recaudación mensual en sobornos oscila entre los quinientos mil y los ochocientos mil dólares mensuales y que, del 8 por ciento recibido, un 3 por ciento va a parar al bolsillo de Karina Milei”.
En este presunto caso de sobornos está implicado Daniel María Garbellini, ex director de Acceso a los Servicios de Salud de la Andis, “el nexo entre la empresa distribuidora de medicamentos y la agencia estatal”, y que fue despedido junto con Spagnuolo por Milei.
Igualmente implicados aparecen Eduardo Menem y Martín Menem, operador político de Milei y diputado federal, respectivamente, quienes fueron acusados por Spagnuolo de operar la red de corrupción gracias a los contactos que les dejó su tío Carlos Menem (quien, al final de su régimen presidencial de diez años, fue a la cárcel en 2001 por propiciar un atentado en 1995 a la fábrica de armas de Río Tercero, cuya explosión causó la muerte de trece personas y lesiones a más de trescientas, destruyendo parte de esa ciudad).
Los dueños de la Droguería Suizo Argentina, amigos de los Menem, tienen orden de aprehensión por haber actuado como intermediarios entre laboratorios y el sistema de salud público. Emmanuel Kovalivker, uno de esos empresarios, fue arrestado en su automóvil cuando intentaba fugarse con doscientos sesenta y seis mil dólares en efectivo. Por su parte, el otro dueño de la Suizo Argentina, Jonathan Kovalivker, ha desaparecido. Tras allanar su domicilio, la policía argentina halló cincuenta mil dólares en una caja de seguridad, pero otras dos que hay en la casa estaban abiertas y vacías.
Por su parte, Diego Spagnuolo también fue llamado por la policía para requisarle el teléfono desde el que difundió las grabaciones comprometedoras. Pero si en el primer momento dejó entrever que a él lo había grabado la ex administradora de Andis Natalia Basil, ahora se niega a declarar quién sospecha que hizo las grabaciones.
Por su parte, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich salió a dar una delirante declaración en la que calificó los audios como “una de las operaciones de espionaje ilegal más peligrosas de la historia”. Aseguró que los partidarios de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner (actualmente bajo arresto domiciliario) están detrás del escándalo en el que “la Casa de Gobierno, la Presidencia y la Cámara de Diputados habrían sido infiltradas con grabaciones clandestinas, guardadas en silencio durante más de un año y difundidas ahora como un misil político en plena campaña electoral”.
Para controlar los daños al partido La Libertad Avanza, de los Milei, a la ministra Bullrich no se le ocurrió mejor idea que culpar a Venezuela y a Rusia de atentar contra la democracia argentina. Además, hizo allanar las instalaciones del medio de comunicación Carnaval y los domicilios de los periodistas de los periodistas Jorge Rial y Mauro Federico, además de pedir a un juez que ordenara prohibir la difusión de los audios comprometedores.
Quien cumplió la solicitud de Bullrich y Milei es el juez federal Alejandro Patricio Maraniello, contra quien pesan nueve denuncias en su contra en el Consejo de la Magistratura, cinco de ellas por presunto acoso sexual a empleadas de su juzgado. Las empleadas que denunciaron a Maraniello trabajan con escoltas en sus oficinas.
El domingo 7 de septiembre, cuando los argentinos de la provincia de Buenos Aires salieron a votar por la renovación del poder legislativo, los pronósticos para Milei y su partido eran catastróficos. Además del escándalo por la presunta extorsión a farmacéuticas, Milei afronta el fracaso de sus políticas económicas y el creciente descenso de la confianza ciudadana en su desprestigiado régimen.
A la agencia informativa Deustsche Welle, el representante para Argentina de la Fundación Hanns Seidel, Klaus Georg Binder, le dijo lamentar el descenso en la libertad de prensa en el país: “Milei insulta con frecuencia a los periodistas y a los medios, los tilda de formar parte de una ‘casta’ corrupta y desacredita sistemáticamente las informaciones críticas”.
Binder también recordó el “escándalo en torno a la criptomoneda $Libra, promovida por Milei en las redes sociales. Con ella, unos pocos ganaron mucho dinero muy rápidamente, mientras que miles perdieron sus ahorros”.
Por si fuera poco, el escándalo en torno a la presunta extorsión oficial a farmacéuticas que proveen medicamentos a la Agencia Nacional de Discapacidad, se destapó poco después de las protestas masivas de padres de niñas y niños con discapacidad que veían amenazada su sobrevivencia a causa de los recortes presupuestales anunciados por Milei en el sector salud, recortes que el poder legislativo se negó a autorizar.
Así, Milei llega al segundo año de su gestión, en palabras del periodista Marco Teruggi, como “un presidente inestable emocional y políticamente, que se siente perseguido. Acorralado, puede ser peligroso”.
Quién sabe qué consejos estará recibiendo el perturbado gobernante argentino de sus tres mastines. Por lo pronto, acaso sean más sensatos que los de su ministra Bullrich, a quien el gobierno ruso desmintió por la vía diplomática de las acusaciones de conspiración contra el desastroso régimen “libertario”.
El 7 de septiembre de 2025 el pueblo argentino votó masivamente en contra de Milei, pero si bien éste reconoció su derrota en las elecciones y prometió enmendar errores de su régimen, al concluir insistió en que mantendrá las políticas que llevan al hundimiento a su país.
“El rumbo por el cuál fuimos elegidos en 2023 —remachó el presidente argentino— no se va a modificar, se va a redoblar. Vamos a mantener el equilibrio fiscal, el esquema cambiario, la política de desregulación, la de Capital Humano, Defensa, vamos a seguir luchando contra la inseguridad, haciendo reformas en el plano del andamiaje legal. Vamos a seguir manteniendo nuestra posición en el mundo, estando del lado del bien. No se retrocede ni un milímetro, el rumbo no sólo se confirma sino que lo vamos a acelerar”. Quizá Milei acelere así su colapso.
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Eduardo Subirats

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
- ¿Para qué sirve pensar y escribir lo que se piensa?
Vivir en nuestra época, invadida por fake news, propaganda, falta de reflexión sobre los lugares comunes, simpleza, maniqueísmo y narcicismo de las opiniones, no es algo sencillo. Hemos perdido los criterios de autoridad en la ciencia, en las academias de las lenguas, en el canon literario y filosófico. Claro, la tradición se renueva, pero cuando una mujer con doctorado, árabe, de cultura francesa, me dice que cree que la tierra es plana (y habla en serio, es un caso real), como sociedad global estamos en problemas.
Ante este tsunami de barbarie -a la que se suma la violencia, las guerras vigentes en todo el mundo, el hambre, la desigualdad lacerante, el crimen organizado a nivel global-, los artistas e intelectuales siguen, pese a todo, escribiendo, creando, compartiendo su verdad.
Eduardo Subirats nació en Barcelona en una familia de ascendencia alemana. Ha dedicado su vida al pensamiento crítico radical. Radical viene de raíz. Su obra se opone a una reflexión que, por superficial, termina edulcorada y llena de axiomas baratos y textos de auto ayuda.
- A plena luz caminamos a ciegas
En su más reciente libro, publicado por El tapiz del unicornio, Eduardo Subirats nos recuerda el aforismo de Francisco Sánchez que da titulo al libro: “Es miserable nuestra condición: a plena luz caminamos a ciegas”. A petición del autor, la portada es el famoso cuadro de Edward Munch, El grito, que resume la angustia existencial de nuestra época. De esta manera, se unen la angustia existencial y el vacío ético en un mundo de silencios, porque hemos claudicado ante nuestro propio naufragio.
Subirats nos habla de las tecnologías de supervisión y control sobre el hombre que anticipaba la película Metrópolis de Fritz Lang; de cómo, a la manera de los Autos sacramentales, los medios de comunicación han creado una representación del mundo de tal manera que, como Segismundo en La vida es sueño o como Chuang-Tzu, la ficción alterna termina por sobreponerse y representar la realidad, que ahora es considerada una ficción.
Nos habla Subirats de cómo el filósofo Francis Bacon reemplazó la trascendencia cristiana por la búsqueda del progreso material de la humanidad y señala: “Somos conciencias individuales asediadas por las jergas propagandísticas y vigiladas por las lingüísticas político-correctas. Sus redes entretejen una realidad enteramente ficticia, generalmente ambigua, muchas veces contradictoria y, en definitiva, impenetrable a la luz de la razón humana”. Y nos recuerda que, originalmente, el sofista no era un mentiroso, sino un esclarecedor.
Hablando de la evolución del arte, Subirats señala que en el Barroco la realidad se ficcionalizaba desde una perspectiva estetizada, erotizada, transfigurada y fetichizada, en aras de un montaje, que aleja la experiencia de la realidad. Cualquier similitud con la época actual es mera coincidencia, agrego yo. Recuerdo que Balthus, uno de los grandes pintores del siglo XX, afirmaba en sus Memorias que no entendía porqué su amigo Piet Mondrian había abandonado la pintura y su conexión con la naturaleza para pintar “cuadritos” (se entiende que no hablaba de sus obras sino los rectángulos que las habitan).
En la sección “Los jardines sagrados” Subirats nos recuerda las enormes diferencias entre Inana y Eva y analiza las obras de Coubert y de Paul Klee. En el caso del cuadro del primero, “El estudio del pintor”, nos señala que el pintor/creador se acompañaba de una musa conectada con las fuerzas esenciales de lo femenino desde los mitos ancestrales. Y en el caso de Klee nos recuerda la cercanía de este artista con las plantas y con la teoría del color de Goethe, para luego conducirnos a Brasil para analizar las obras de Heitor Villalobos y el Manifiesto Antropófago del poeta Oswald de Andrade.
Muy cerca del final del libro, el filósofo nos recuerda que “la consecuencia del esceptismo de Descartes consistió en la escisión y supresión de la unidad de la existencia humana, las cosas de la naturaleza y la harmonia del cosmos, representada bajo las categorías de maath, kosmos, dharma y Tao; una escisión y una herida impuesta en el nombre del poder científico de una inteligencia a la vez humana y divina; una inteligencia separada y abstracta; y una inteligencia artificial.
- Un nuevo humanismo: esperanza.
A plena luz caminamos a ciegas abre con un prólogo del escritor Fernando Solana Olivares, quien afirma: “Entender una circunstancia tan sombría como la del tiempo actual exige corregir las denominaciones -acción necesaria para volver a ver algo, para reflexionar en ello y así comprenderlo y transfomarlo-. una profilaxis lingüística que llama a las cosas por su nombre. Sólo existe lo que se nombra con verdad. En A plena luz caminamos a ciegas Eduardo Subirats lo ha nombrado. Todo esclarecimiento es el comienzo de la metaforfosis. De la salvación”.
Como su editor y su lector, agradezco a Eduardo Subirats su tosudez para seguir ejerciendo el pensamiento crítico radical.
En un mundo donde todo se simplifica, su obra confirma que es indispensable el esclarecimiento de lo que es complejo, a contracorriente de lo de hoy, donde se pretende reducir la complejidad a esquemas maniqueos, reduccionistas y simplones. La labor de escritores y pensadores como él nos permite imaginar un nuevo humanismo, nos conmueve y nos da esperanza.
P.D. A plena luz caminamos a ciegas será presentado el jueves 11 de septiembre a las 1900 horas en la librería Octavio Paz, del Fondo de Cultura Económica, con la presencia del autor. Están convocados.
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A plena luz caminamos a ciegas

Colaboraciones
Eduardo Subirats
Permítanme una breve presentación de mi ensayo A plena luz caminamos a ciegas.
Esta obra la terminé en diciembre de 2023 en Rio de Janeiro. En ella intenté formular una doble perspectiva sobre la crisis psicológica y política generada por la epidemia del Covid, y por las subsiguientes tensiones políticas y financieras generadas por las estrategias hegemónicas de los Estados Unidos con respecto a Rusia, China e Irán, así como a otras naciones del próximo Oriente. El primer aniversario de la guerra de la OTAN contra Rusia y el genocidio del pueblo palestino eran entonces los síntomas más ostensibles de una situación mundial crecientemente inestable. Sin embargo, otros problemas mundiales, entre ellos el calentamiento global, los movimientos migratorios masivos a escala global, las crecientes desigualdades sociales y la descomposición paulatina de los sistemas democráticos de Occidente, señalaban ya entonces, en 2023, un creciente desequilibrio y angustia mundiales.
Otro aspecto general debe añadirse a este cuadro sucinto: la regresión cultural y la creciente supresión de la conciencia intelectual, administrada bajo las estrategias mediáticas y académicas de globalización, banalización y comercialización masivas de las culturas. La supresión y la suplantación de la reflexión crítica por una serie de ideologías e ideologemas, desde los estudios de género y la ideología política del ecologismo, hasta los Queer Studies o simplemente los discursos político-correctos han sido los últimos epifenómenos de este proceso regresivo.
En España y las naciones de habla hispánica esta situación se agrava por una serie de motivos. En primer lugar, la constitución de la monarquía española como poder imperial y genocida, desde su misma constitución en 1492, le ha obligado a suprimir todos los procesos políticos y culturales de apertura espiritual que, desde la Reforma en el siglo dieciséis y el Enlightenment del siglo dieciocho hasta el liberalismo del siglo diecinueve, han paralizado su inserción cultural en el proceso de modernización que ha recorrido la historia moderna europea, desde París a San Petersburgo. Hispanoamérica ha pagado este predominio de un poder imperial fundamentalmente retrógrado con siglos de subordinación colonial y neocolonial, y de desigualdad e injusticia sociales.
El balance final que pesa sobre todos nosotros es la precariedad de nuestras instituciones culturales y de nuestras tradiciones políticas. Solo tengo que mencionar las declaraciones de reformadores como Bolívar, Simón Rodríguez o Blanco White en el siglo diecinueve, y de Mariátegui, Galeano o Roa Bastos sobre el fracaso de las revoluciones latinoamericanas en el siglo veinte. La historia cultural moderna de España y América latina es una serie indefinida de decepciones y quebrantos, las más veces desoídas. Su consecuencia fatal: la ausencia de un diálogo intelectual abierto, la carencia de un pensamiento consistente en las artes lo mismo que en la filosofía, y el servilismo con respecto a las modas más estúpidas del mercado cultural y la academia global.
Este triste panorama decadente explica también los grandes trazos que he tratado de abordar en mi ensayo A plena luz caminamos a ciegas. En él he formulado tres categorías esenciales de la crisis mundial que estamos viviendo el día de hoy. En primer lugar, es necesario señalar el colapso final de los ideales de progreso promocionados por el Enlightenment europeo del siglo dieciocho. Entre paréntesis tengo que puntualizar a este propósito que las culturas hispánicas carecen de un nombre propio para designar este proceso tanto intelectual como político de apertura, de diálogo y de convivencia que en Europa se abrió paso, con sus altos y sus bajos, desde el siglo dieciocho. La traducción de este Enlightenment o Aufklärung por la palabra “ilustración” carece de las dimensiones semánticas y filosóficas del “Esclarecimiento” portugués, y de la profundidad filosófica de la Aufklärung germánica. Y careciendo de la cosa, las culturas hispánicas tampoco se preocuparon por encontrar un concepto adecuado a la misma. En consecuencia, hoy estas culturas no distinguen lo que se ha llamado “Dialéctica del esclarecimiento” o Aufklärung, porque semejante esclarecimiento nunca ha tenido lugar entre nosotros.
En segundo lugar, en este ensayo señalo la degradación de estos mismos ideales de progreso y esclarecimiento en sistemas de propaganda y manipulación masivas cada vez más dilatados y perfectos, desde la teoría de la acción comunicativa de Goebels hasta las prácticas del Global Village. He definido como “espectáculo” la extensión global de esta acción comunicativa en el sistema de una segunda naturaleza, en consonancia con la tradición crítica de los Situacionistas en el Paris de 1968.
Y por último, pongo de manifiesto las estrategias industriales de destrucción ecológica, militar y social, así como cultural, que han promocionado los círculos postmodernistas de Nueva York y Londres en las postrimerías del siglo pasado. Sus expresiones: el calentamiento industrial de la atmósfera y la destrucción industrial de la biodiversidad, la amenaza indefinida de una autoaniquilación nuclear, y la configuración electrónica de una masa posthumana mundial sin conciencia, sin historia y sin mundo…
Pero el escepticismo que envuelve la crítica de un sujeto humano que camina a ciegas por las sendas de la historia comprende asimismo su opuesto. Su genealogía del nihilismo político y ético que gobierna o desgobierna el destino histórico de una única raza humana persigue un propósito precisamente esclarecedor. Este esclarecimiento (Aufklärung) resume asimismo un proceso de formación, y un continuum de experiencias y encuentros diversos. Comprende un “proceso formativo” (Bildung) que remonta al mito griego de Prometeo, el titán esclarecedor por antonomasia. Al mismo tiempo, se amplía tendencialmente como un renovado esclarecimiento universal que incluye las tradiciones filosóficas de la antigüedad, de Budha a Laozi, y de Pitágoras al Primer Esclarecimiento europeo en el Al-Ándalus de los siglos doce y trece, y no en último lugar las teorías críticas contemporáneas tanto en Oriente como en Occidente. Este esclarecimiento comprende un humanismo humanitario y humano.
Last but not least, A plena luz caminamos a ciegas cierra sus páginas con una mirada innovadora sobre aquellos momentos en la historia del arte moderno, desde Rembrandt hasta Edward Munch, que han asumido una dimensión humanizadora y liberadora a través de la “educación estética”. Y lo he hecho polémicamente con respecto al prevaleciente formalismo lingüístico y el nihilismo prevalecientes en la cultura globalmente manufacturada. Su crítica radical al mundo contemporáneo comprende un “Principio Esperanza” (Bloch).
A plena luz caminamos a ciegas es un libro de ensayos concebidos como notas de un indefinido viaje. Un viaje intelectual por paisajes maravillosos, encuentros mágicos, y hombres y mujeres exóticos. Pero también un viaje por los infiernos de una continua catástrofe ecológica, militar y humana. He tratado de rescatar rapsódicamente algunos de sus rastros en la historia de la música, las literaturas, las artes y las filosofías mundiales, cual navegante extraviado que intenta poner a salvo los despojos de su propio naufragio.
Leh, Stok Palace, 5 de agosto de 2025.
A plena luz caminamos a ciegas (El Tapiz del Unicornio, México, 2025) se presentará el jueves once de septiembre de 2025 en la librería Rosario Castellanos del FCE de la Colonia Condesa.
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Japón maravilloso (y neurótico)

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
I. Dos exposiciones en la ciudad de México
En el museo Kaluz se puede gozar una exposición de caligrafía japonesa. Con una curaduría cuidada y didáctica, el espectador alcanza a apreciar la delicada espontaneidad de este arte milenario. Me recordó el libro de Eugen Herrigel, El arte del tiro con arco, que describe cómo en este arte/deporte y en la caligrafía es necesario (casi) llegar a un estado de conciencia diferente para que sea “Ello” quien tire del arco o pinte el trazo perfecto.
Y en el museo Franz Mayer se presenta una exposición que va desde Hokusai (1760-1849), el pintor de la ola (además de otros cuadros extraordinarios por su factura técnica) hasta el Anime y el Manga. De Hokusai a Astroboy. En los años sesenta, algún ejecutivo de la televisión mexicana compró series -supongo que muy baratas entonces- que formaron parte de la infancia de mi generación: Astroboy, Señorita Cometa, Ultraman… Si bien la exposición -por el Anime y el Manga- tiene como destinarios naturales a los jóvenes, he de confesar que no me gustó, porque hace a un lado el refinamiento del arte japonés, como si la literatura y el cine de otras épocas no hubieran existido.
II. Los siete grandes
Murasaki Shikibu escribió en el año 1000 Genghi Monogatari, una novela en la cual, en palabras de Marguerite Yourcenar, describía todas las emociones humanas. Es lo mismo que Harold Bloom dijo de la obra de William Shakespeare, con la diferencia de que las obras del dramaturgo inglés fueron escritas seis siglos después.
Luego viene el póker de ases. Kōbo Abe nos describe en La mujer de arena una seducción que termina por provocar que la víctima disfrute su encierro; Juníchiro Tanizaki, en La llave -inspiración para De Anima de Juan García Ponce, según el propio autor- describe los mecanismos del voyeur en el Japón Moderno; Ryūnosuke Akutagawa en Rashomon y En el bosque nos da perspectivas múltiples sobre la realidad, haciendo tambalear la verdad; y Yasunari Kawabata en La casa de las bellas durmientes nos recuerda la sutileza llevada a la vejez y al deseo.
A este póker hay que agregar a Yukio Mishima con una obra espléndida, en la que destacan El pabellón de oro y Confesiones de una máscara y a Kensaburō Ōe, que convirtió su drama biográfico en una novela conmovedora: Una cuestión personal.
Estos siete monstruos de la literatura están muy por encima de Hakuri Murakami, que me parece un autor menor (aunque muchos lo adoran).
Habría que agregar la filmografía de Akira Kurosawa, desde Vivir, que explora el sentido de la vida, hasta Los siete samurais, obra maestra de la composición. Y qué decir de Yasujirō Ozu, que exploró como nadie los recovecos del alma. Nada de esto se encuentra en la exposición del Franz Mayer, que pasa de Hokusai al Anime como si no hubiera nada enmedio.
III. Una nueva “literatura” para dejarse arrullar
Se ha ido desarrollando un boom de literatura “cozy” también llamada “healing fiction”, donde autores japoneses como Satoshi Yagisawa, autora de dos bestsellers en torno a la librería Morisaki, escriben para lograr un “bálsamo emocional”. Un “nuevo género” que se teje alrededor de historias relacionadas con bibliotecas y gatos, destinado a confortar la neurosis del lector. Estas novelas japonesas están invadiendo ya el mercado editorial anglófono y en español. Pero la realidad no está llena de epifanías, ni todo es bonito sino, a veces, todo lo contrario.
IV. Issei Sagawa, el japonés caníbal
Este personaje se fue a la Sorbona a estudiar literatura inglesa y se hizo de una novia holandesa, Renée Hartevelt. Una noche, le disparó por detrás mientras ella cenaba. Una vez consumado el asesinato, comenzó a comérsela, empezando por los glúteos. La fue devorando durante varios días, luego la cortó en pedazos. Días después, intentó deshacerse de sus restos en el Bois de Boulogne, pero las maletas escurrían sangre. Fue detenido, procesado y declarado enfermo mental. Su padre, rico financiero, logró que lo regresaran a Japón, con la condición de que permaneciera para siempre en un nosocomio. No fue así y Sagawa se volvió una celebridad. Escribió un diario con dibujos que muestran cómo fue la historia con su novia. Fue filmado por su hermano mostrando ese diario. He visto fragmentos del documental: es vomitivo. Ahora bien, no es extraño que en todos los países haya un demente perverso. Lo que es increíble es que en Japón lo invitaron a programas de la tele como comentarista invitado. Se convirtió en una figura del espectáculo, lo que muestra que no sólo él estaba loco, sino también la sociedad de Yokohama y quizá, la sociedad japonesa en su conjunto.
La cultura japonesa y su sociedad son fascinantes y, al mismo tiempo, perturbadoras. Japón es, quizá, el país más neurótico del mundo, con su obsesión por la perfección y, tal vez por ello, es el que tiene la mayor tasa de suicidios. De Hokusai a los grandes escritores y cineastas, de la literatura balsámica al star-caníbal, Japon es todo eso, mucho más que la visión edulcorante que nos muestra la exposición del museo Franz Mayer.
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Veintitrés acepciones proféticas

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
1. Existe una fecha ineludible para todos y para todo. Muy pocos logran conocerla, pues el conocimiento del futuro les está vedado a los seres humanos.
2. La cláusula anterior comienza con una obviedad y concluye con una inexactitud. Sí, todos pereceremos y hasta el mismo universo lo hará, pero es impreciso y hasta indemostrable asegurar que el atisbo del porvenir resulta algo imposible.
3. No solamente hay profetas y profecías, que se dividen en tres clases: las de conminación o amenaza, cuando el suceso futuro ya está en la misma causa que lo provocará; las de predestinación, cuando se conoce lo que la voluntad divina ha determinado hacer; las de presciencia, cuando se sabe lo que los hombres libremente harán. También hay profetizaciones poéticas como las de César Vallejo: “Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo…”.
4. La profecía de predestinación invariablemente es positiva, la de presciencia puede ser buena o mala, y la de conminación o amenaza no siempre llegará a cumplirse porque no predice un suceso en sí mismo sino una causa que lograría o no alcanzar un cierto efecto.
5. Voluntad divina, se consignó antes. Desaparezcamos el término para seguir hablando de lo que sabemos antes de lo que no sabemos, salgamos del orden de los principios y vayamos al de las adaptaciones, aunque aquello sobre lo que nada sabemos sea determinante para lo que ahora nos preguntamos: la más reciente de las profecías del fin del mundo en circulación.
6. Acaso porque Mateo el evangelista advierte: “Velad, pues no conocéis en qué día va a llegar vuestro Señor”, las ocasiones proclamadas por los profetas cristianos como la última fecha del mundo son las más abundantes de cualquier religión. Esa compulsión escatológica contiene una herencia cultural.
7. Noventa y ocho profetas y/o profecías registra la Enciclopedia de los videntes recopilada por John Hogue. Una de las más inquietantes, por general y lacónica, es la última sentencia de la visión que a principios del siglo pasado tuvo la condesa Francesca de Saboya, quien en las fiestas divertía a la aristocracia europea con sus intuiciones proféticas: “Que el Señor conceda a mis nietos la gracia de la perseverancia en los durísimos tiempos que se avecinan”.
8. Ya diría Gurdjieff, el extraño maestro venido del Cáucaso, citado por su adepto Ouspensky, que “a fin de conocer el futuro primero es necesario conocer el presente en todos sus detalles, así como el pasado. Hoy es lo que es porque ayer fue lo que fue. Y si hoy es igual que ayer, mañana será igual que hoy. Si quieres que mañana sea diferente, debes hacer que hoy sea diferente”.
9. El problema de la literalidad agobia la comprensión cabal del campo profético, cuyos contenidos parecen estar en el orden de lo metafórico antes que en las imágenes específicas que se emplean para transmitirlos. Según diversos autores que comparten tal perspectiva de interpretación simbólica, los cuatro jinetes del Apocalipsis ya están activos en el mundo: la superpoblación es el primero, el desastre ecológico y sus ominosas consecuencias representan al segundo, el mal-estar contemporáneo con todas sus variantes corresponde al tercero, y el armamentismo y la Tercera Guerra Mundial (un Armagedón que para muchos ya ha iniciado aunque sea todavía en un curso de baja intensidad) al cuarto y último.
10. “El engaño de las profecías” le llama René Guénon al tema, quien reitera que el término sólo puede aplicarse a los anuncios de acontecimientos futuros contenidos en los libros sagrados de las diversas tradiciones, que provienen de una inspiración de orden “puramente espiritual”. Así, desmonta patrañas tales como las profecías de la Gran Pirámide, construidas y divulgadas, afirma, para aumentar el desorden de nuestro momento histórico sembrando por doquier la turbación y la ansiedad, con la intención oculta de “crear un ‘estado de ánimo’ favorable a la realización de ‘algo’.” Guénon advirtió que todo “fin de un mundo” no es nada más que el fin de una ilusión.
11. Tal como la época actual es ciegamente racionalista, también resulta ser enfermizamente sentimental. Pero más allá de la flaccidez intelectual característica de la New Age (partidas equivocadas en dirección correcta o chapoteos en los bajos fondos de la verdad posible), y las vibrantes convocatorias al amor evolutivo que sus adherentes creen atisbar en sucesivas fechas cósmicas, autores como Roberto Vacca no tienen que invocar ningún alineamiento galáctico a suceder próximamente para advertir que la supervivencia de nuestra civilización depende de frágiles supersistemas que están sostenidos por una única fuente energética, el combustible fósil, y cuya interdependencia puede hacer que el colapso de uno de ellos —clima, información, telecomunicaciones, medicina, transporte, producción y distribución agrícola, etcétera— tenga efectos globales irreparables sobre todos los demás.
12. Osho, un controvertido místico y maestro espiritual hindú contemporáneo, afirmó en una de sus obras publicada en 1984 lo siguiente: “Aunque en teoría no hay nada que sea inevitable, en realidad hay cosas que casi lo son. La gente cree que las guerras suceden en el futuro, mientras que de hecho suceden en el pasado: la lucha no es sino una consecuencia de muchos acontecimientos que ya han tenido lugar. Desde esta perspectiva, las causas de la Tercera Guerra Mundial ya han ocurrido. Hay, por tanto, una posibilidad muy remota de que la contienda no llegue a producirse”.
13. Lo que será entonces es porque antes ya ha sido.
14. De ahí la cura posible para toda desilusión: no ilusionarse. Si el mundo ya fue y ha sido, entonces el mundo será. Un ciclo largo se está cumpliendo y llega a su fin. La exoteria y la esoteria concuerdan al respecto, así sus lógicas y sus métodos parezcan contradecirse. No es habitual un tiempo histórico donde las partes se junten y los extremos se toquen.
15. Se antoja increíble, porque para decir la verdad, conforme establece una cuarteta nostradámica, tendrán la boca cerrada; una sentencia casi idéntica al principio hermético: el que sabe no habla, el que habla no sabe. Hay otra manera similar de decirlo: quien sabe diez, enseña nueve. Como fuere, las profecías, lo mismo que cualquier análisis objetivo y desapasionado, coinciden en que el tiempo civilizacional vigente se está agotando. ¿Proyección fantástica, deseo pulsional, realidad verificable? Acaso sólo hay un beneficio: el que pronto lo sabremos.
16. Un legendario sermón de Jonathan Edwards, predicador apocalíptico puritano, llevaba por título “Pecadores en manos de un Dios enojado”. Desde esa perspectiva elemental, y mecánica, el fin del mundo es el castigo escatológico de una deidad irritada por las desviaciones morales de la humanidad. La verdad tal vez es más simple y a la vez más compleja que todo ello. Más simple porque la divinidad no es aquel iracundo y vengativo macho cabrío del Antiguo Testamento judeocristiano. Más compleja porque Dios sólo puede aludirse como un inagotable Campo Semántico.
17. Los onirománticos de la antigüedad creían que el sueño surge de una parte del alma que no conocemos y que se ocupa de la preparación del día siguiente y sus acontecimientos. Por eso José interpretó los sueños del faraón, Daniel explicó el de Nabucodonosor y Artemiodoro escribió el Libro de los Sueños con profecías, anuncios de calamidades o bonanzas. Hoy, en cambio, debiera escribirse el Libro de las Pesadillas y consignar que éstas no representan experiencias oníricas sino meramente vivenciales: no serán en el mañana porque ocurren en el presente. El futuro ya llegó.
18. La legendaria frase de Franklin D. Roosevelt al tomar posesión en 1933 es un compendio de acción, conducta y sentimiento para los tiempos que ahora corren: “No tenemos nada que temer excepto al propio miedo”. Acaso para derrotar ese viscoso miedo cultural que caracteriza a la tardomodernidad tendríamos que hacer un reemplazo: sustituir el Principio del Placer por el Principio de la Comprensión. El drama colectivo radica en que una operación así queda reservada para unos cuantos, aquellos que acepten que la vida misma va más allá de lo inmediato y lo perceptivo, aquellos que acepten que su propia importancia personal no es más que una compulsión infundada. O bien que el yo, para efectos de un fin inminente, no es otra cosa que una hipótesis inútil.
19. James Lovelock, el creador del concepto de Gaia —el cual postula que la Tierra funciona como un sistema único y autorregulado, formado por componentes físicos, químicos, biológicos y humanos cuyas interacciones y flujos de información son complejos y de gran variabilidad en sus múltiples escalas temporales y espaciales—, advierte en uno de sus últimos libros, La venganza de la Tierra, que el futuro inmediato es particularmente ominoso: “incluso si tomamos medidas inmediatas, nos espera, como en cualquier guerra, una época muy difícil que nos llevará al límite de nuestras fuerzas”. Lovelock no cree que lo que esté en juego sea la supervivencia de la especie humana sino la supervivencia de la civilización. Otro eco de Guénon: todo fin de un mundo es el fin de una ilusión.
20. Los mayas elaboraron un calendario conocido como Cuenta Larga que cubre periodos de 5125 años. En él se señala que la actual era comenzó el 11 de agosto de 3114 a. C. y acabaría el 21 de diciembre de 2012 d.C., cuando suceda el solsticio de invierno. Tal término calendárico ha generado dos tipos de especulación escatológica: el advenimiento de una catástrofe apocalíptica para entonces, o bien el ingreso de la humanidad a un ciclo de paz, armonía y crecimiento espiritual. Ninguna de las dos posibilidades ocurrió hasta hoy.
21. La encrucijada es el encuentro con el destino, y el número dos que arrojaba la suma de la supuesta fecha terminal es un atributo de oposición y conflicto, indicador del equilibrio realizado o de las amenazas latentes, el germen de una evolución creadora tanto como el de una involución desastrosa, de acuerdo con el sentido simbólico que se le asigna. Los solsticios representan puertas: el de verano corresponde a la de los hombres y el del invierno a la de los dioses. En la tradición china éste último corresponde a los pies, al abismo y al agua, justo el medio por el cual se aseguraba que terminaría el mundo desde la fecha maya ilustrada en el Códice Dresde.
22. El orden, establece una fórmula oriental citada por Guénon, está hecho de la suma de todos los desórdenes, y el tránsito de un ciclo a otro no puede cumplirse más que en la oscuridad. “Nos aproximamos realmente —escribe— al fin de un mundo, es decir, al fin de una época o de un ciclo histórico, que puede por otra parte estar en correspondencia con un ciclo cósmico, según lo que a este respecto enseñan las doctrinas tradicionales”. La última fase de la edad sombría se denomina la “Edad de la creciente corrupción”.
23. Si el siglo XX fue la época triunfal del cartesianismo —un periodo de soberbia excesiva que se describió a sí mismo como el siglo de las certezas—, hoy sabemos que el universo es un lugar bastante más complejo de lo que imaginamos, tanto que aquella fecha tajante mucho o poco pudo significar.
