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Donde radica el sentido

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
El sentido del mundo se encuentra entre las cosas. De no estar ahí es un falso problema: inútil buscar lo que no existe. El sentido de la existencia se encuentra donde uno está. Y como el ensueño (la raíz del mal, según Simone Weil) nos evita estar completamente donde estamos, el sentido de la existencia se escapa ya que la atención se halla constantemente distraída.
Entonces el sentido no es más que la atención misma. No lo que se ve sino cómo se ve; lo intensa, atentamente que se mire el fenómeno. Lograrlo es un arte, una iluminación. Todo acto creativo de cualquier tipo —en primer lugar el amor a los otros— exige el cultivo de esa virtud, cuyo desarrollo sostenido está en la enseñanza de todos los caminos espirituales y estéticos. Proust escribe que toda virtud es energía, y la atención lo es.
Así, debe aceptarse que el acontecimiento es atendible (adorable, dice una postura más radical) porque representa la forma que lo real elige para ser. ¿Cualquier acontecimiento? Sí, cualquiera. He ahí la casi insalvable dificultad de no seleccionar las cosas sino aceptarlas conforme aparecen. Maximiliano tuvo ese temple en los últimos días de su efímero imperio mexicano. Antes no.
Alfonso Reyes, quien no parece apiadarse de la infortunada pareja, dice de Maximiliano aquello evidente: mucha gente le abrió los ojos sobre las adversas condiciones de su aventura pero él no quiso aceptarlas, tercamente enamorado y empeñosamente ambicioso de un “juguete explosivo”. Sobre Carlota también opina con justicia casi objetiva pero misógina: arbitrariedad, entrometimiento y audacia ignorantes, “más cuando viste faldas”.
El biógrafo Conte Corti recuerda que mientras más adversa se hacía la suerte del emperador, más crecía su pundonor y su figura. Era el primero en las líneas de fuego de las trincheras del sitiado Querétaro, acaso buscando recibir un disparo heroico que pusiera fin a lo que estaba por suceder. Se preocupaba por los pocos leales que lo habían seguido más que por él mismo, como si asumiera un sacrificio heroico. El día que los sitiadores juaristas tomaron Querétaro y aprehendieron a Maximiliano sonaron las campanas de todos los templos, y la ciudad cantó “Mamá Carlota” como un satírico y vociferante adiós.
Para esa fecha la demencia ya actuaba en la joven y abatida emperatriz que había viajado a Europa para implorar inútilmente a Napoleón III —el artífice del imperio enfermo, según Reyes, aquella epidemia de estupidez que cundió por los tronos de Europa a mediados del siglo XIX— que ordenara la permanencia de las tropas francesas en México, y para suplicar al Papa la buena voluntad del clero mexicano hacia el fugaz emperador, enemigo suyo por la ratificación de las leyes juaristas de desamortización de bienes de manos muertas. Otra asimetría del personaje: emperador ungido ilegalmente y gobernante liberal.
Carlota deambulaba entonces por los solitarios salones del palacio de Miramar clamando que su esposo era el soberano del universo. Viviría hasta anciana en el castillo belga de Bouchot con el espíritu trastornado por monomanías persecutorias. Antes, en sus raptos de lucidez, pudo saber el desenlace del atrevimiento mexicano y acaso lamentar el costo de la primero frívola y al fin aciaga desatención.
El vicio de Maximiliano fue escuchar solamente lo que quería oír. Vivía un ensueño circular: pedía consejo a otras personas, pero al final seguía sus íntimos deseos. Y a su alrededor dejaba correr la intrigante opereta de un auto engaño y justificar la fundación de un imperio salido de la nada, de una ocurrencia entre delirante y fantasmal.
¿Dónde estuvo el sentido del drama trágico? En su mero suceder. No en las moralejas que podrían desprenderse de lo ocurrido, en la perspectiva diacrónica o historiográfica que la efeméride ofrece, sino en lo inmutable o fijo, en la perspectiva sincrónica del hecho humano donde una y otra vez se repite la equivocación de la conciencia que confunde la naturaleza de lo real y proyecta en ella, falseándola, el tóxico ensueño de su propia subjetividad.
“La percepción librada de la imaginación es discernimiento”, escribió Simone Weil. Los nuevos espacios de significación de los fenómenos deben surgir contra el sentimentalismo que confunde el deseo con la voluntad, el hecho en sí mismo contra su interpretación emocional. Es toda una tarea, dicen las voces autorizadas, ver el mundo como éste de verdad es. Mirarlo así significa desprenderse de todo lastre cultural, de todo pensamiento recibido para reconocer que la conciencia vive entre espejismos mentales: la desatención.
Aquel “trauma elegido” del que habla el psicólogo político Vlamik Volmak —aplicable a civilizaciones y también a personas—, un dolor convertido en la médula de la identidad humana, está fundado en la falta de atención. Detrás del entretenimiento, un estado hegemónicamente impuesto en estos días terminales, se oculta la distracción, cuyo significado semántico alude a la división en múltiples vías, a la pérdida del centro, a la dispersión de la conciencia, a su confusión. Toda neurosis es una disolución del sentido. Toda neurosis es una desatención.
Los pájaros de la isla de Pala, aquella novela última de Aldous Huxley, surcaban el cielo graznando un solo apercibimiento: “Atención”.
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Los fans, ficción y autoficción

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
I. Vampirismo
Dice el Diccionario de la Real Academia acerca de vampirismo: «dícese de la persona que actúa como un vampiro», es decir, de aquel que nos chupa la sangre.
En el arte ha habido parejas disparejas, en las cuales el menos talentoso convierte su relación con el otro en malas obras creativas, que sólo dependen de la exhibición de lo privado.
Existe también el caso más radical de quien, enamorado/a del artista que admira, busca mimetizarse, convertirse en el otro o, en todo caso, apropiarse de sus ideas, dichos y actitudes hasta el punto de convertirse en un peligro para quien es objeto de dicha admiración.
Todos recordamos el caso de Selena Quintanilla y de la presidenta de sus boutiques, Yolanda Saldívar, quien terminó asesinando a la cantante. Tenemos también el caso de David Chapman, quien con El guardián entre el centeno de J.D. Salinger en la mano asesinó a Lennon.
Los artistas y su obra –indisoluble mancuerna– buscan seducir, encantar, atrapar al lector/espectador. A veces lo hacen demasiado bien, y se convierten en blancos de ese cariño.
II. Basada en hechos reales
Esta novela de la escritora francesa Delphine de Vigan (Anagrama) retoma ese tema. La protagonista, escritora, que se llama Delphine también, se encuentra «casualmente» con una mujer, llamada simplemente L., con quien establece una relación amistosa.
Es sorprendente que L. conoce a Delphine como si hubieran sido compañeras de siempre. Poco a poco se va introduciendo en su vida, hasta que literalmente se mete a su departamento y se convierte en una asistente que le resuelve la vida a la frágil Delphine, atrapada en un vacío creativo después del éxito de su novela anterior.
Así sigue la trama hasta que, en un homenaje explícito a la película Misery, L. tortura a Delphine y pretende obligarla a escribir lo que ella cree, no lo que la autora desea. Logra liberarse de su prisión y recupera aparentemente su vida normal. Sin embargo, no hay indicios del paso de L. por su vida. Incluso el novio/amante sospecha que sea una invención de ella, producto de algún desorden mental. Lo increíble es que su editora se comunica con Delphine para manifestarle su entusiasmo ante el nuevo libro que ella acaba de escribir y cuyo manuscrito viene de leer, cuando Delphine no ha escrito ni enviado nada. ¡Lo escribió y lo mandó L.!
III. Autoficción y ficción
Hace un par de años la escritora francesa Annie Ernaux ganó el premio Nobel de Literatura con una obra literaria que exhibe sin concesiones sus entrañas. Digamos que es una obra autobiográfica, sin ficción, que utiliza el formato de la novela para desplegarse.
Y es que el término auto-ficción es un oximorón, es decir, un concepto contradictorio. Mientras más ficción, menos autobiografía y viceversa. ¿Cuál es el justo medio?
L. le dice a Delphine: «La gente ya tiene su dosis de fábulas y de personajes, están saturados de peripecias, de reiteraciones. La gente está harta de intrigas bien engrasadas, de sus señuelos hábiles y de sus desenlaces. Historias fabricadas en serie y combinadas hasta el infinito. Los lectores esperan lo Verdadero, lo auténtico, quieren que les cuenten la vida».
Allí está el debate.
Los que hemos leído Hormiguero, la espléndida novela de Fernando Solana Olivares, intuimos que detrás del profesor que despierta los talentos de sus alumnos se encuentra el autor, como detrás de Emma Bovary se encuentra Flaubert, quien incluso afirmó: «Madame Bovary, c’est moi».
Parece que hoy, sin embargo, esta dialéctica del autor que se repliega detrás del narrador ya no es suficiente. Como afirma el personaje de De Vigan, hay lectores que, como en las secciones de nota roja, lo que quieren es ver sangre (siempre y cuando sea verdadera y no efectos especiales; es decir, la verdad verdadera, sin mediaciones ni intermediarios). Nada de ficción.
Por eso el título de la novela Basada en hechos reales. Si no está fincada en la realidad, no interesará a muchos. Entonces, como novelistas, ¿nos toca sacarnos las entrañas porque ya no basta que nuestros personajes lo hagan?
¿Nuestra próxima novela será sobre el mundo o sobre nosotros, en esta época narcisista?
En cualquier caso, vale la pena la lectura de esta novela, que explora desde la literatura el ambiguo significado del «yo».
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Moonstruck / Lunática

Poesía
Blanca Luz Pulido
Diurna
… y siempre me quedo
un poco más allá
o más acá del día.
Por la mañana,
su luz
me pierde en ensoñaciones.
Horas después,
la bisagra del mediodía
me muestra
el tiempo derramado
sin regreso.
Oh los días bellos,
ajenos y libres.
No saben nada
y todo lo conocen.
Matutina
El poema se abre con el día.
Estas líneas
que toman por sorpresa a la mañana,
sólo quieren
cantar la persistencia
de las cosas que acaso me protegen,
silenciosas:
algunos libros, la tarde que vendrá,
el río que me atraviesa,
la calma de la noche
que siempre me regala sueños.
Lo pequeño
Son cosas pequeñas
las que deciden la deriva de los mundos.
Gota a gota se acumulan
y elevan o aniquilan los paisajes.
Un giro en dirección equivocada
deshace un planeta,
animal que vive
de leves costumbres
y que por su ausencia muere.
Me rodean,
incesantes,
presagios donde el sol
nunca se pone
en un desierto de huesos calcinados.
Hoja
Qué es una hoja
qué es un bosque
un bosque está completo
dentro de una hoja
Entre las nervaduras
hay luz abriéndose paso
derecha izquierda
meandros infinitos
milímetros laboriosos
la mañana surge
la tarde se dibuja a sí misma
en sus delicados goznes
en sus arterias verdes
¿Es una hoja?
¿Nada más?
¿Dónde empieza, en la rama
prendida del árbol
ceñida al tronco
unido a la tierra
afirmadas sus raíces en lo oscuro?
¿O empieza en el tiempo,
hace millones de años,
la misma hoja circular, concéntrica
que todos somos, las nervaduras,
el verde respirándonos,
la tierra que somos
fuimos y seremos?
Sombría
En el estudio,
donde no prendo la luz
y dejo a la tarde hacerse noche,
los objetos sin color
empiezan a flotar
en la penumbra.
Indecisos vagan
en el aire denso
libros con papeles:
su vaguedad es un licor
que bebo agradecida.
Pienso en lo que no cumplí hoy
ni haré tal vez mañana.
En el desorden
respiro,
su oscuridad
me adormece.
Las horas de la noche
guardan en secreto
las claves de un orden
que se revela en sueños
y en vano quiero buscar
cuando amanece.
Arco en el aire
A Nezahualcóyotl
No para siempre aquí
(digo esto apenas,
repitiendo antiguos cantos,
y un viento que llega no sé de dónde
desdibuja mis líneas,
vuelve ceniza el tacto)
No para siempre en la tierra
(vuelvo la mirada:
la tierra se dispersa en polvo
donde antes montañas se elevaron)
Aunque sea de jade, se quiebra
(una vasija brillante rueda
entre cabezas, rota)
Aunque sea de oro, se rompe
(sepultados andan los sueños,
esperando al sol)
Aunque sea plumaje de quetzal, se desgarra
(sólo las aves cruzan
en medio del fin, alzan el vuelo
y algo dentro de mí
vuela con ellas)
¿Acaso de veras
se vive con raíz en la tierra?(alto, en el cielo,
ser como las nubes
sin preguntas ni deseos)
Tendremos que desaparecer
(el paisaje, las flores,
los pájaros, el oro,
todo el jade y piedras,
plata, resplandores,
cada sueño,
sólo en la memoria, ay,
arco en el aire)
Nadie habrá de quedar
(la huella de los cantos,
los pétalos ya secos
se esparcen, ya no alegran)
No para siempre aquí
Viaje a la Luna
No iré a la Luna nunca.
Del lecho de sus mares secos
nunca tendré una mínima roca;
nunca sabré si pesan en mi mano
lo mismo que las
piedras de la Tierra.
Conozco los nombres
con que los astrónomos
han decidido bautizar
sus accidentes:
Mare Tranquillitatis,
Mare Cognitum,
Mare Vaporum,
Mare Serenitatis…
Yo en cambio, vería en ella
el Mar de la Inquietud,
la Llanura del Insomnio,
la Cordillera de los Sueños.
Sin boleto para el viaje,
soy un polizonte
de las naves espaciales;
conozco el Mar de la Serenidad,
el Cabo de las Sorpresas
y otros sitios que son mejores
en la Luna que aquí abajo.
Salto de la almohada
directo hacia ella,
y de cualquier segundo distraído
atrapado en las manecillas del reloj
también.
Lo que me transporta
no es de metal
ni requiere combustible.
Mis viajes no aparecen
en las noticias;
no alcanzarían una palabra
en el diario más ínfimo.
Muchos días me pierdo
en alguno de sus mares.
Aquí abajo
se quedan esperándome
justo donde aparezco,
ahí donde no estoy.
***
Hay libros que he perdido
porque huyeron a algún estante
de las vagas bibliotecas de la Luna
esperando mi llegada.
En mi pared hay un mapa de la Luna;
cerrando los ojos apunto a un sitio en él
y decido que un día he de nacer ahí.
Entonces
podría ver de lejos mi país
y mi barrio y mi calle,
árboles, el campo y las montañas
y a todos los humanos
que habitan el planeta.
Y diría:
“Qué hermosa se ve la Tierra desde lejos”.
Entonces tendría tiempo
para todo lo que
no puedo nunca hacer:
leer los libros
que esperan callados
en mis libreros;
siglos para pensar,
milenios para considerar
las hormigas, las aves,
las piedras
y la nada.
Azul y helada,
miraría
la lejana Tierra,
desde los desolados,
hermosos y secos
mares de la Luna.
Del libro Moonstruck / Lúnatica, Dark Light Publishing, Nueva York – México, 2023
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Una mujer con inventiva

Culturas impopulares
Jorge Pech Casanova
Irene Zoe Alameda se presenta a sí misma como escritora, traductora, cantante pop, videoasta, guionista y directora de cine, además de doctora en Teoría de la Literatura. Su última obra difundida fue la película La cinta de Alex, que se presentó a los Premios Goya en 2019 y no obtuvo el galardón. Entre sus novelas cuenta Sueños itinerantes, publicada por Seix Barral, y Warla Alkman, aparecida en Edhasa.
La trayectoria de Alameda sería una curiosidad en el medio cultural español, si no fuera porque en 2013 un personaje ideado por ella, Amy Martin, “cobró vida” y empezó a escribir, traducir, publicar y cobrar artículos para el Partido Socialista Español, específicamente, para la Fundación Ideas que dirigía su entonces marido Carlos Mulas Granados.
Alameda fue acusada de causar daño patrimonial con sus cobros al PSOE por una cantidad de cincuenta mil euros en 2013, y aunque se libró de la acusación devolviendo lo que había facturado, se apresuró a aclarar que estos ingresos fueron de sólo treinta y cuatro mil novecientos euros. Su marido, quien autorizó los pagos, aseguró haber creído que la inexistente Amy Martin era una persona de verdad y que inclusive la había visto alguna vez.
El PSOE no les creyó; clausuró la Fundación Ideas, despidiendo a Mulas. Esposa y esposo se encontraron en medio de un escándalo, pero si bien Mulas perdió la dirección de Ideas y la diputación pesoísta que se aprestaba a ocupar, eso no le impidió seguir siendo catedrático de Economía en la Universidad Complutense y asesor del Departamento de Finanzas Públicas del Fondo Monetario Internacional. Este Fondo, tan comprensivo, le otorgó a Mulas en 2015 el galardón Fund Awards por su investigación titulada Distribución funcional de la renta y su papel en la explicación de la desigualdad.
A la fecha, Mulas Granados vive en Washington, donde es Jefe Delegado de la Unidad Estratégica en el Departamento de Política Estratégica y Revisión del FMI. Después de su caída en el PSOE, Carlos se divorció de Irene Zoe, por cierto.
La creadora de “Amy Martin” y de los artículos que la ficticia analista cobraba a razón de 700 euros más o menos, hasta acumular los casi treinta y cinco mil que tuvo que devolver, no se amilanó por el escándalo. Explicó a los medios que el embrollo creado por sus invenciones “fue un experimento literario. Deseaba hacer una obra que explorara los límites de la identidad y las fronteras entre la personalidad pública y privada, e hice caminar a mi alias hasta el límite”.
Según Alameda, para promover su novela Los últimos días de Warla Alkman, “sería más fácil echar a andar a Amy como articulista norteamericana, dotar de vida a una autora secreta, y ver hasta dónde podía llegar, confundida con una persona real”. Así que usurpó la personalidad de una conocida suya de nombre Amanda Martín.
“Amy Martin” quizá sea el caso de desdoblamiento de personalidad más notable del mundo: no sólo engañó al marido de su autora, sino que le cobró con factura y demás documentación requerida los artículos que “escribió”.
La también cantante del grupo de pop Reber publicó en 2014 su novela, cuya sinopsis es la siguiente: “narra la peripecia de un espía y hacker, contratado por un poderoso hombre del mundo editorial, para seguir a la artista Warla, quien debe interceptar la entrega clandestina de la última obra inédita de Graham Greene a una autora de best seller, Amy Martin, a la que nadie ha visto”.
En la novela aparece un rey de la Isla Oval que era un trasunto de Javier Marías, monarca honorífico de la Isla de Redonda, pero la brillante autora de este rejuego de espejitos aclaró en su momento que ese rey no era el entonces vivo novelista, “sino un imitador que se ha comprado una isla para llamarla La Isla Oval. Sí hay un trasunto literario de Marías en el bloque tres: allí hay una catábasis [viaje al mundo de los muertos] que sí tiene lugar en la Isla de Redonda, pero ahí queda claro que el rey no es Marías, sino alguien que le envidia e imita”.
José de María Romero Barea, al reseñar la novela de Alameda, describe: “es al mismo tiempo obra de teatro y guion de cine, libro de viajes y narración de aventuras, ensayo y diario de campo, crisol de los diversos ingredientes de un proyecto de investigación: experiencias previas, observaciones, lecturas, ideas y recursos. Es, sobre todo, cuaderno de bitácora, no sólo tradicional (contiene descripciones escritas, dibujos, signos y partituras), sino también digital (se intercalan vídeos, imágenes, dibujos, canciones, poemas en traducción y códigos QR para ilustrar la historia)”.
Quizá la obra de Alameda es demasiado adelantada a su tiempo. Después de que Edhasa la publicó en 2014, no recibió mayor atención. Pero la autora continuó publicando. En 2017 aparecieron su relato breve Conexión Senegal (favor de no confundir con The French Conection) y su libro de poemas Antrópolis.
En 2019 Alameda presentó su primer largometraje, La cinta de Alex, en el que participó Aitana Sánchez-Gijón. En este film, Alameda fue autora del guion, directora y productora. Irene Zoe cumplirá cincuenta años en 2024. No es imposible que, al entrar en su quinta década, veamos alguna nueva invención de esta “mujer del Renacimiento”, quien a sus múltiples actividades sumó el intento de fraude en 2013.
Además, no fue ese el primer escándalo en la vida de Alameda. Entre 2009 y 2010, cuando apenas tenía 36 años de edad, fue directora del centro del Instituto Cervantes en Estocolmo. Su no muy duradera gestión en la sede sueca del Instituto se debió a que, según un excolaborador suyo, “el trato de Irene Zoe Alameda era bastante impulsivo, autoritario, enfrentaba a la gente, a los departamentos. Menospreciaba el trabajo de muchos profesionales tanto de la sede como del centro en Estocolmo. Existen pruebas de los insultos, de movimientos económicos y demás”.
Otra de las personas que sufrió “el régimen de terror” de Alameda en el Instituto Cervantes en Estocolmo contó una anécdota que confirma los hábitos inventivos de la escritora, traductora, cantante pop y directora de cine: “En su currículum decía que había impartido clases en universidades alemanas. El Cervantes en Estocolmo comparte edificio con el Goethe, y el director del Goethe estaba contento, ya que pensaba que podrían tener un buen trato. El director del Goethe se dirigió a ella en alemán, pero ella no tenía ni idea. Después borró de su currículum lo de que había impartido clases en universidades alemanas”.
Al abandonar el centro del Instituto Cervantes en Estocolmo, Alameda escribió en 2010 como despedida: “Graves desavenencias con la Sede central en Madrid, derivadas de la discrepancia de pareceres acerca de cómo deben ser resueltos los problemas estructurales que el centro arrastra desde hace años, hacen imposible la renovación de mi compromiso de dirección eficaz y responsable, que he venido ejerciendo. Por si esto fuera poco, desde la Dirección de la Red de Centros se ha intentado vulnerar mi derecho a la libertad de expresión como autora”.
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Eliade y los demás

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
En noviembre de 1952 Mircea Eliade comentó en su diario una nota leída en un periódico parisino: la insólita solicitud hecha por un desconocido al recién creado Centre d’informations para obtener una fotografía de Atila, y la burlona actitud que tal petición provocó en el reportero que daba cuenta de la petición. “¿Por qué —escribió Eliade— la ignorancia de los acontecimientos históricos o de la cronología nos parece tan grave? Es un signo, un síntoma de nuestra época: ya no podemos ignorar la Historia porque pretendemos ser exclusivamente su obra”.
A partir de ese incidente pintoresco, Eliade vuelve a desarrollar una reflexión en la que contrasta el sentido del tiempo y la cronología de otras culturas antiguas, indiferentes a las fechas y a las épocas pero inmersas en un sentido existencial mucho más profundo que según él deriva en una educación de dos vías accesible para todos los integrantes de ellas: la metafísica (es decir, las vías de la liberación), y el conocimiento de la tradición propia (los fundamentos cósmicos de las costumbres, rituales y comportamientos que constituyen la vida civil y personal).
De tal manera, la obra de Eliade —vastos y determinantes estudios sobre historia de las religiones, folclor, simbología y mitos, novelas, cuentos incandescentes y un diario asombroso— está determinada por la refutación (o la superación) de las concepciones temporales del Occidente, por un rechazo ante la amenaza ideológica sufrida por los hombres y mujeres contemporáneos de quedar desprovistos de destino y ser arrojados al basurero de la historia cuando a ésta —o a su versión generalizada— se le da la espalda, y también por la búsqueda de un tiempo cuyos ciclos no se ciñan a la inmediatez del momento coyuntural sino a horizontes abiertos que escapan a la experiencia de lo cotidiano: un tiempo atemporal, trascendente, oculto entre los mitos y los ritmos ancestrales, entre los símbolos y las religiones.
La percepción de Eliade, su inactualidad, su arcaico historicismo, no surge de una matriz intelectual diferente a la que produjo, en la Europa de la posguerra y del exilio de los países del Este, la deificación laica del “compromiso histórico”. Tampoco se origina en el desconocimiento de la filosofía occidental y los fenómenos de la modernidad, de sus consabidos lugares comunes de masas y utopías. Lector de Hegel y de Marx, observador de Freud, amigo de Jung, compatriota y compañero de Cioran, la elección atemporal de Eliade es una resistencia contra el ruido de la fragmentación y la provinciana pobreza del etnocentrismo, contra el mundo de las apariencias y el consumo patológico, el enajenante engaño de la moda y la novedad.
“Y sin embargo —consigna en ese mismo diario publicado por Taurus como Memoria en dos tomos, y por Kairós como Diario—, hay que resistir. Si se quiere hacer algo, hay que resistir a las llamadas sublimes, a la tentación de donarse a sí mismo, de inmolarse (como un verdadero narodnik o revolucionario). Para un ‘creador’, el camino que lleva hacia los demás se parece al camino seguido por los profetas, los santos, los maestros espirituales como Sócrates o Milarepa”. Hay una cierta desmesura en esta sentencia, pero no por sí misma sino por los términos y los lugares últimos que propone, términos y lugares que parecerían no tener sentido alguno en el mundo de nuestros días. ¿Quién, que quiera ser bien visto por los otros, se atrevería a insistir en la santidad, la espiritualidad o los caminos socráticos como medios de transformación, fuera de ambientes místicos o religiosos?
Quizá por esa materialización que niega, con las difundidas armas de la razón, la necesidad de un regreso a la espiritualidad, el pensamiento de Eliade ha sido confinado y vulgarizado en algunos enclaves exóticos de la contracultura y la psicodelia, o ha sido entendido como un ejercicio admirable de especialización erudita, pero no más. Él, en cambio, insistió siempre en que el estudio orgánico de las religiones era una hermenéutica del espíritu humano a lo largo del tiempo, tanto o más necesaria que los conocimientos científicos del mundo material. “Tengo la sensación —escribió pocos años antes de su muerte en 1986— de haber descubierto en la doctrina y los rituales iniciáticos la única posibilidad de defenderme contra el terror de la historia y el desamparo colectivo. Si conseguimos experimentar, asumir y valorar el terror, el desánimo, la ausencia aparente de pruebas iniciáticas, entonces todas esas crisis y torturas cobrarán un sentido, adquirirán un valor y nos libraremos de la desesperación de un universo parecido a un campo de concentración. Encontraremos una salida y trascenderemos así la historia viviendo de la forma más auténtica —asumiendo, pues, todas las obligaciones del momento histórico”.
Cuestionada alguna vez por su atemporalidad deliberada, Marguerite Yourcenar recordó una constante cultural repetida en cada época histórica: las retaguardias de hoy serán las vanguardias de mañana. Con Mircea Eliade sucederá lo mismo, mañana (hoy ya es mañana) habrá sido un visionario. Entretanto, este sereno adversario del capitalismo salvaje reciclado una vez más por la tecnología, enemigo del nihilismo cultural y de la muerte como extinción definitiva de la conciencia humana, nunca creyó que todo ello arrancara nada a la jurisdicción de la matriz universal: el espíritu.
Acaso por esa razón propuso responder a la época como lo hicieron los maestros de la filosofía perenne: superando sus momentos históricos, creando otros nuevos, o preparándolos así: “Nosotros no tenemos teología, nosotros danzamos”.
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Los limones amargos de Lawrence Durrell

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
I. La novela sobre Chipre
Es la novela de Lawrence Durrell sobre esta isla griega. Fue publicada en 1957. Inmediatamente después apareció El cuarteto de Alejandría, cuyos volúmenes se publicaron entre 1957 y 1960. De modo que nos encontramos ante una novela que abrió la puerta, por decirlo así, de la obra maestra. Por su cercanía en el tiempo, quizá no le hemos dedicado la atención que merece. Es un texto que narra la estancia de varios años de Durrell en esa isla, en el que se entrecruzan temas políticos y personales.
A nivel social, la demanda de libertad de los chipriotas se vio reprimida por los ingleses. Así, la simpatía de los griegos por los británicos –que se remonta a Lord Byron–, sentimiento de cariño y hospitalidad que recibió Durrell no sólo por ser inglés sino por hablar griego con soltura, al final de la novela se convirtió en frialdad, distancia e incluso hostilidad, lo que llevó al escritor –después de trabajar como agregado de prensa para el gobierno inglés en la isla– a no renovar su contrato y abandonar la isla.
La novela comienza cuando Durrell llega a Chipre con su pequeña hija Sappho. Así comienza también Justine –el primer tomo de El cuarteto--, cuando Darley llega a Alejandría acompañado de la hija de Nessim y de Melisa. Vemos cómo adquiere y reconstruye una vieja casa con una vista espléndida, en la que vive hasta que se ve obligado por su trabajo con los ingleses a ir a vivir a Nicosia. Casa a la que llegan su hermano y su madre. Al final de la novela, el profesor Panos es asesinado, el rebelde chipriota es ejecutado por las autoridades inglesas y Durrell se ve obligado a abandonar tanto Chipre como su casa, regresando a Londres y preparando su futura estancia en Francia.
II. Noticias sobre Chipre
En 1878 Rimbaud, el niño genio de la poesía francesa, estuvo en Chipre, donde ayudó a construir la residencia del Gobernador. En la isla hay reliquias de diversas civilizaciones, culturas y movimientos: Grecia, Siria, Egipto, Roma, Turquía, así como de los cruzados y los templarios.
III. Lo que pasó mientras escribía Limones amargos
Durante el tiempo en Chipre, su mujer, Eve –modelo del personaje Justine– se encontraba enferma en Inglaterra. Al sanar, alcanzó a Larry y a la hija de ambos en la isla griega, hasta que un día Durrell la golpeó. Ella abandonó Grecia y se llevó a la niña. Este acto de violencia de género lo tenemos que enmarcar en el contexto del equilibrio mental de Sappho, su hija, quien se suicidió años más tarde, proyectando sobre el escritor la sombra del incesto, sin que se haya podido comprobar nada. Sin embargo, un padre que quiere demasiado a su hija –aunque no la toque– le causará daño.
A Chipre lo fue a visitar Katsimbalis. Este mítico personaje representaba un hombre griego antiguo, de una vitalidad y un amor a la vida que ya habíamos perdido en el siglo XX. Por eso fascinó a tantos escritores. Sobre él, Henry Miller, mentor de Durrell, escribió El coloso de Marusi y Nikos Katzantzakis Zorba el griego. Marguerite Yourcenar lo conoció en sus viajes a Grecia acompañada de André Embiricos y André Fraigneau.
Durante su estancia en Chipre, Durrell no sólo se separó de Eve sino que conoció a Claude, que fue su siguiente pareja y con quien se fue a vivir a Provenza, al sur de Francia. Fue el modelo de Clea, el personaje que da título a el cuarto tomo de El cuarteto, aunque Gordon Bowker –el biógrafo– señala que, si bien pudo haber sido la argamasa de ese personaje, también lo fue Clea Badaro, pintora de Alejandría –cuyos cuadros me recuerdan a Tamara de Lempicka–. Pueden verse en la famosa Enciclopedia virtual.
En esos años le mandó su obra de teatro Sappho al gran actor Laurence Olivier para invitarlo a producirla. Él le contestó que había versos finos y sonidos encantadores, pero que en conjunto era inverosímil y no lo había atrapado emocionalmente.
IV. Las maravillossas descripciones durrelianas de los paisajes
Así describe Venecia Durrell al salir rumbo hacia Chipre: «Estos pensamientos nacen al alba en Venecia, vista desde el puente del barco que me llevará hasta Chipre a través de las islas: una Venecia quebrada en mil reflejos del agua, fresca como jalea. Era como si algún gran maestro enloquecido hubiese arrojado su caja de colores contra el cielo para cegar el ojo interno del mundo. Nubes y agua se mezclaban chorreando colores, fundiéndose, superponiéndose, llenándose, con agujas y techos y balcones flotando en el espacio, como los fragmentos de una vidriera de colores vistos a través de una docena de velos de papel de arroz. Fragmentos de historia rozados por los colores del vino, el alquitrán, la tierra ocre, el ópalo de fuego y el cereal maduro y todo ello lavado a la vez en los bordes con suavidad, para confundirse con el cielo del alba, tan tenue y circunspectamente azul como un huevo de paloma».
V. A modo de conclusión
Durrell no es sólo el autor de El cuarteto de Alejandría. Sus demás libros contienen su maravillosa prosa, sus descripciones únicas sobre los paisajes y su intento de sondear la psique humana, a través de las relaciones amorosas de sus personajes. Todo ello, con una sinceridad a prueba de fuego: «Una novela debe ser un acto de adivinación a través de las entrañas, no el cuidadoso relato de una partida de pato en el prado de una casa parroquial». Releamos a Lawrence Durrell. Vale la pena.
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Napoleón ante las pirámides

Administración de los males públicos
Jorge Pech CasanovaEs fama que al presentarse en el Valle de los Reyes egipcio con su ejército, Napoleón lo arengó así: “¡Soldados, mirad que desde lo alto de estas pirámides, más de cuarenta siglos os contemplan!” Pero no es de Bonaparte ni de algún otro político voraz, y menos de la esfinge faraónica, que tratará este artículo. La materia de este escrito se circunscribe a un estafador que se hizo llamar Napoleon Hill y a un esquema fraudulento conocido como pirámide.
Si bien son las autoridades políticas las que suelen administrar los males públicos como estafas y fraudes, hay un sector de la población civil que se anima a competir en esa rama del daño a la colectividad. Uno de ellos fue el pseudo empresario Oliver Napoleon Hill. La Wikipedia, a veces tan certera, lo define como “autor de autoayuda y embaucador”. Publicó once libros, de los cuales sólo dos tuvieron una amplia recepción: Las leyes del éxito, publicado en 1928, al que siguió Piense y hágase rico, aparecido en 1937.
Oliver Napoleon Hill comenzó sus timos en 1907 cuando fundó en Alabama una compañía que vendía carbón a precios muy bajos, la cual quebró al año siguiente.
En 1909 Hill había huido a Washington, donde estableció su Colegio Automovilístico, en el que sus estudiantes armaban vehículos para la Corporación de Motores Carter, la cual se declaró en quiebra en 1912. A los estudiantes no se les pagó por su trabajo, aunque Hill comenzó a “formarlos” para vender automóviles en vez de fabricarlos.
Cuando el Colegio cerró sus puertas en 1912, junto con la quebrada fábrica de autos, quedó claro que el negocio de Hill era inducir a sus estudiantes a reclutar a más alumnos, y cobrarles a todos por sus nulas enseñanzas. Fue un procedimiento similar al que aplicarían casi un siglo después compañías “multiniveles” fraudulentas como Amway. En este caso, la palabra “multinivel” es otra forma de decir “pirámide”, si bien ninguno de los términos se refiere a la figura geométrica con base poligonal cuyas caras laterales son triángulos que se juntan en un vértice común.
La palabra “pirámide” sirve para denominar un supuesto negocio en el que los asociados tienen que recabar más inversores cuyas aportaciones produzcan beneficios a los participantes, y para esto es imprescindible que el número de nuevos suscritos sea mayor al de los iniciales, lo cual no puede sostenerse indefinidamente. Esta clase de “negocios” se conocen también como esquema multinivel, nubes, fractales, flores o círculos de la plata.
Tras mudarse a Chicago, Hill alegó ser abogado, e intentó ser profesor en la Universidad Lasalle, además de asociarse para establecer una dulcería. En ambos intentos fracasó al cabo de un año: la universidad lo despidió y sus socios lo corrieron de la dulcería.
Sin amilanarse, Hill abrió en 1915 el Instituto Publicitario George Washington, que ofrecía enseñar los principios del éxito y la autoconfianza. En 1917, el director del IPGW demandó a la compañía ferroviaria de Illinois porque la supuesta falta de iluminación en sus carros lo obligó a usar lentes. El juez del caso no le concedió razón.
Para 1918 se hizo público que el estado de Illinois había expedido dos órdenes de arresto contra Hill por tratar de vender acciones de su Instituto en cien mil dólares, aunque en realidad sus fondos y bienes eran de sólo mil doscientos dólares.
Al cerrar su instituto, Hill fundó las publicaciones periódicas Regla de Oro de Hill y Revista de Napoleón Hill. En 1919, mientras Estados Unidos se recuperaba de los estragos de la Primera Guerra Mundial y la epidemia de gripe española que mató a cientos de miles, Hill y su revista Regla de Oro fueron acusados por publicidad falsa y lavado de dinero destinado a veteranos de guerra mediante unas fraudulentas acciones petroleras.
Hill permaneció tranquilo y se atrevió a sostener que el presidente Woodrow Wilson le había pedido consejo para ganar el conflicto mundial. Aún más, Hill dijo que rechazó el pago que le ofreció el mandatario “porque era un patriota” y que había participado en la firma del armisticio en Versalles.
Para 1922 Hill dirigía la Escuela de Correspondencia Intramuros, que pretendía educar a hombres encarcelados en Ohio. Así, Hill estuvo en comunicación constante con notorios falsificadores y timadores. Se hizo amigo del periodista Donald Ring Mellet, quien emprendió una campaña contra la corrupción en Ohio hasta que fue asesinado por criminales.
En 1923, poco después del atentado contra Mellet, Hill fue acusado de que su Escuela de Correspondencia era una estafa. El impugnado mentor optó por embarcarse en una gira de conferencias en las que alegaba que los mismos criminales que asesinaron a Mellet trataban de quitarle a la vida a él.
Para 1928 Hill se hallaba refugiado en Filadelfia, desde donde publicó Las leyes del éxito. Ahí adujo que, en una entrevista, el millonario Andrew Carnegie le había revelado sus secretos para hacerse rico. Hill afirmó en sus páginas que muchas de sus fórmulas se las habían transmitido los empresarios Henry Ford, J. P. Morgan o John D. Rockefeller, e inventores como Alexander Graham Bell y Thomas Edison.
Ni en ese libro ni en otros subsiguientes reveló Hill que ninguno de esos millonarios tuvo trato con él, y menos aún observó que el método compartido por todos ellos era su absoluta falta de escrúpulos para explotar a sus empleados y apoderarse de cualquier riqueza que estuviese a su alcance.
Las ganancias del libro le permitieron a Hill darse una gran vida. El fallido profesor de mecánica automovilística se transportaba en un Rolls-Royce. También obtuvo préstamos para comprarse una propiedad de 240 hectáreas.
Pero como los hábitos de ahorro y autocontrol que recomendaban Las leyes del éxito no eran practicados por su difusor, la crisis de 1929 precipitó a Hill en la quiebra. Casado con una mujer adinerada y con tres hijos, el hombre dejó que la familia de su esposa Florence la mantuviese junto con sus vástagos.
Hill volvió a sus negocios fraudulentos, uno de los cuales fue el proyecto de filmar la primera película producida por la iglesia mormona, la cual se canceló porque los socios lo acusaron de malos manejos financieros. Sin inmutarse, Hill difundió la versión de que ahora asesoraba al presidente Franklin D. Roosevelt.
Florence, la madre de los hijos de Hill, obtuvo el divorcio en 1935. Al año siguiente Hill se casó con Rosa Lee Beland. Sin hogar propio, el matrimonio se fue a vivir con un hijo de Hill, cuya esposa lo dejó por los abusos del suegro. El propio hijo, Blair, se mudó poco después, no sin darle un préstamo de trescientos dólares a su padre para que escribiese un nuevo libro.
Con la colaboración de Rosa Lee, Hill publicó en 1937 Piense y hágase rico. Tuvo muy buenas ventas. Los Hill retomaron un estilo de vida fastuoso. Rosa Lee se involucró con una secta, La Real Fraternidad de los Maestros Metafísicos, y su esposo se volvió padrino de una niña a la que supuestamente criarían para que fuese inmortal. Tras devolver la niña a su madre, el líder de la secta James Bernard Schafer fue a la cárcel en 1942. En prisión, Schafer declaró que Hill lo había estafado.
Al divorciarse de Hill en 1940, Rosa Lee se llevó gran parte de las ganancias de Piense y hágase rico, pero nunca devolvió a su hijastro Blair los trescientos dólares que éste les había prestado a ella y a su ex marido.
En 1943 Hill se casó de nuevo, con Annie Lou Norman. El embaucador escribió y publicó otros libros que no alcanzaron las ventas de sus dos volúmenes principales. En 1952 Hill lanzó una nueva estafa de venta de cursos, y siguió sus tropiezos hasta que se ligó con Clement Stone para vender cursos mediante la empresa Asociados de Napoleón Hill, a partir de 1960.
Desde 1967, cuando publicó su libro ¡Hágase rico con paz mental!, Hill comenzó a pregonar que lo visitaban espíritus cuyas voces lo aconsejaban. El autor de autoayuda y embaucador falleció en 1970. La Fundación que lleva su nombre aún vende sus libros y cursos para el éxito, así como “certificados de liderazgo”.
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El nobel para Orfeo

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
1.“Príncipe Hamlet está en alguna parte del tótem, tararea una cancioncilla muy llana”. Así comienza el final de Tarántula, texto literario escrito por Dylan a los veintitrés años en su característica prosa automática o flujo de conciencia, una técnica llena de imágenes en sucesión donde las voces narrativas y los tiempos verbales cambian: su editor dijo que en la editorial se referían al libro como eso, un género dylanesco.
2. El navío Argos ha sido empujado por un viento rápido y se aproxima a la isla de las Sirenas, imagina Pascal Quignard. Desde ella se eleva una voz maravillosa. Entonces Orfeo sube al puente del navío y tañe con su lira de nueve cuerdas un contra-canto extremadamente rápido para rechazar esa llamada. La tripulación resiste la fascinación del canto. Butes no. Deja su banco y salta al mar: “nada a través de las olas que hierven”. Bob Dylan es Orfeo, Bob Dylan es Butes: poliédrico, proteico, camaleón.
3. La música de rock tiene sus orígenes en el blues que radica los suyos en el vudú. Una de las imágenes más significativas del vudú es la de las encrucijadas, puertas que dan acceso a espacios fronterizos, rajas entre los mundos, zonas de fuerza mayor. Como ese concierto anticlimático de su gira interminable dado en la Ciudad de México. Bob Dylan fue teloneado por Los Lobos y salió al escenario con pinta de Mercurio el de Shakespeare pero también con la distante calma del dios griego ahora vestido de vaquero juglar. Disfrazó sus canciones clásicas, renovó las melodías y magnetizó a la audiencia sin hacer más concesión que esa: ninguna concesión. El hechicero condujo por su propia ceremonia y durante dos horas una experiencia de posesión con un ritmo ácido y una voz gangosa, metálica, a veces de lija, un contra-canto chamánico interpretado en rock.
4. Ya no era solamente Fausto —aunque conservaba la energía obsesiva y la pulsión irrefrenable hacia los experimentos— sino algo más erudito y sofisticado, afín a Rimbaud y Baudelaire, que avanzaría hacia una u otra forma de síntesis hermética amalgamando diversos géneros como el rock y la “música mágica” de la tradición folk. A hard rain’s a-gonna fall combinaría un encantamiento rítmico hipnótico más una imaginería surrealista de carácter intelectual destinada a la conciencia lúcida, a la percepción cognitiva: sólo relaciona. El monólogo interior de James Joyce en la lírica de Bob Dylan.
5. De entre sus transformaciones, la conversión de Dylan al cristianismo renacido representó la más incomprendida. John Lennon parodió su excelsa canción Gotta serve somebody,y hasta hoy ese momento muchos lo reprueban. Como siempre lo haría, compuso entonces música inolvidable. Los críticos dijeron que ni la edad ni la conversión alteraron su temperamento “esencialmente iconoclasta”. Quizá el áspero juglar quiso saber qué significaba la cesión de la libertad existencial ante las certezas acríticas de la revelación, e incurrió en el mal gusto, él, quien está más allá del gusto, de arengar en favor de una causa metafísica luego de haber rechazado, años atrás, militar en una causa política liberal y de izquierda. Las excentricidades de Orfeo.
6. Las cadenas de imágenes intermitentes que Allen Ginsberg ve en el estilo de Dylan provienen de Jack Kerouac y su escritura beat, golpeada, impresionista, leve y rápida, la cual transcurre entre un fluido de sensaciones e ideas del personaje literario. Los muchos autores que nutrieron a Dylan —un libro sale de otros libros y un autor sale de otros autores— son la cadena de vínculos y pertenencias culturales que lo definen. Este es un rapsoda, un cantor como los del origen griego cuando los aedos acudían ante la gente para hacerle escuchar el sortilegio épico de los mitos y llevarla a otro lugar. El tricskter, pícaro divino, toca la guitarra.
7. Lo demás es lo de menos, aunque podría ser parcialmente cierto: si Dylan necesita el Nobel o no, si dárselo es abaratarlo, si otros más merecedores que él se quedaron en el camino. Sus canciones conmovieron la conciencia de la época y la mentalidad de la contracultura, así la sociedad del espectáculo parezca haber enajenado irremediablemente la música popular. La academia sueca nombró a Homero como ilustre antepasado de la obra de Dylan. Su versatilidad mercurial le habría recordado al griego la sagacidad de Ulises Mañero, su mutación ante las circunstancias, su adaptabilidad creativa.
8. Todo habrá sido entonces una profecía: los tiempos están cambiando y Orfeo vendrá a cerrar el ciclo de las formas y los ritmos. Las épocas concluyen, los genios no.
9. Y casi al final repetirá a Walt Whitman y dirá que él también contiene multitudes. Las horas encontrarán su reloj y la música, forma que precede a la palabra, se llenará de palabras que volverán a la forma para revelar un caleidoscopio, una metamorfosis, una transfiguración. Nietzsche, abuelo de Dylan, ya habrá dicho que sin música la vida sería un error.
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Supresión intelectual

Colaboraciones
Eduardo Subirats
Nadie. De ningún lugar a ninguna parte. Un punto perdido en el infinito. Sin memorias. Sin raíces. Identidad individual electrónicamente configurada. Producción corporativa de las imágenes y los códigos de conducta. Lingüísticas automáticas político-correctas. Sujetos preformateados. Trivializados. Un frágil equilibrio económico entre funciones profesionales y consumo de mercancías. Posthumano bajo el dominio de la inteligencia artificial.
Han bloqueado tu correo electrónico. Intimidación institucional. También una venganza personal. Has expuesto la debilidad intelectual del director de un departamento como la condición estructural de su dependencia psicológica con respecto a la autoridad corporativa. Has puntualizado que la obediencia a superiores es el principio constituyente de autoridad hacia inferiores. También has puesto de manifiesto que los códigos lingüísticos profesionales encubren los lazos de dependencia y servidumbre. Un hombre gris de la administración ha interceptado tu mail. Lo ha transferido a ese director subalterno. Se ha sentido herido en la imagen narcisista de su identidad personal sin que tu hayas mencionado su nombre. La compañía de internet te ha informado que tu cuenta ha cometido un delito. Has sido cancelado.
Los códigos lingüísticos y epistemológicos de la administración del conocimiento definen las redes profesionales de supervisión y supresión intelectuales. Se tiene que asumir la nomenclatura departamentalmente predefinida como la verdadera y única gramática profesional con arreglo a las agencias y agentes institucionales de reducción instrumental y mercantil de la formación humana. Son las condiciones epistemológicas de entrada y conexión en el sistema de producción y reproducción intelectuales. No has asumido las normas de una hermenéutica basada en categorías de definición y referentes inciertos: human rights, hybridism, freedom of speech, feminism, democracy, multiculturalism, queer, postcolonialism, liberty… No les has dado tu venia porque son categorías propagandísticamente vaciadas de sentido. Palabras vacías. Automáticamente excluido de los circuitos lingüísticos administrativos. Triunfo final de las ideologías, las escolásticas y sus tribunales. Selbstverschuldete Unmündigkeit – una no-emancipación permanente de la conciencia sujeta a una eterna deuda culpable, y eternamente deudora (verschuldet). Final de la libertad.
Tu director de departamento te ha enviado un mail. “You not only make baseless claims about censorship… This behavior is unprofessional and completely unacceptable…” Invocación del postulado de una autoridad corporativa recortada por esa lingüística de fonemas automáticos y vacíos.
Te han sometido a un interrogatorio on line por tu comportamiento corporativo incorrecto. La investigación del caso la ha realizado un decano. En una segunda ventana había un bulto humano de aspecto policial. Funcionaria testimonial. Has cualificado como “idiota” al director de tu departamento o subdepartamento en un mail. Has atacado a un superior en las redes sistémicas. Has puesto en cuestión su debilidad intelectual corporativamente supervisada a través de controles supradepartamentales. Has protestado sucesivas veces las estrategias institucionales de degradación de la investigación y la enseñanza, e incluso tu propia supresión intelectual.
Aufklärung ist der Ausgang des Menschen aus seiner selbst verschuldeten Unmündigkeit. “Esclarecimiento es la salida del humano de su autoadeudada inmadurez”. Inmadurez auto-responsable. Inmadurez constituyente de la personalidad autoritaria. Falta de resolución y de voluntad; pereza y pobreza intelectuales y sensoriales. Un estado infantil prolongado a lo largo de generaciones y a lo ancho de naciones enteras. Una inmadurez organizada a través de redes electrónicas. Absorción y volatilización de centenares de millones a través de los mass media. Gasificación de la masa humana.
El adjetivo “mündlich”está vinculado etimológica y simbólicamente a la mano. La voluntad autónoma y la autonomía de tener las cosas por la mano. Manumisión del esclavo. Comprende el significado liberador del pensar y sentir por cuenta propia. Hoy confronta un incuestionado proceso electrónico de uniformización epistemológica y lingüística de virtuales sujetos post-humanos. También se confronta con la obediencia a las limitaciones discursivas e institucionales que, tanto en un plano intelectual como político, distingue a la idiotez profesional.
La decana te ha repetido la misma categoría corporativa de profesionalidad que tu superior invocaba como fetiche de una burocracia ignorante y siniestra. La vigilante en la ventana secundaria te ha interrumpido dos veces para puntualizar tus reiteradas transgresiones nominales del código de conducta lingüística corporativa. Has puesto en cuestión la integridad de tu superior. Le has señalado como post-sujeto y micro-intelectual. Has subrayado la degradación ética y espiritual sostenida por esta megamáquina académica. Repetidas veces has expresado tu protesta y rechazo arrogantes sobre las gramáticas e hipocresías político-correctas. Has cuestionado la planificada organización de la mediocridad. Has puesto en evidencia el sistema de supresión corporativa de la reflexión intelectual. Has expresado múltiples veces tu conciencia de haber sido suprimido en el proceso de racionalización mercantil de los sistemas educativos. Hasta llegar a la calamidad de pandemias y guerras, y de continuas catástrofes ecológicas y humanitarias de todos los días. La decana ha sentenciado siete veces tu “no-profesionalidad”. Ella ha recusado la exposición del conflicto en tus propios términos.
“Profession”, de “professioun”. Eran exactamente los votos que el monje cristiano asumía al entrar en una orden o corporación religiosa. Se aplicaba a los estudiosos de teología y retórica porque profesaban doctrinaria o lingüísticamente los nombres de la verdad de un dios único y global. Con las ciencias modernas la palabra se redujo a señalar una perfección intelectual o manual en un concepto enciclopédico del homo faber que comprendía desde las matemáticas hasta las guerras. En la edad del desmantelamiento de la Aufklärung y el Enlightenment constitutivos del Occidente moderno, su significado ha regresado a sus raíces monacales. Profesionalidad significa obediencia y presupone la debilidad individual de la formación en el sentido de la definición de la Bildung y el Bildungsroman a partir de la Aufklärung de Lessing, Kant o Goethe. Profesionalidad es la unidad perfecta de la falta de carácter y la obediencia absoluta instaurada por Loyola a través de su Compañía religiosa y militar. Profesionalidad como servidumbre voluntaria en las cloacas del antihumanismo de Occidente.
La profesión y la profesionalidad han amarrado lingüísticamente a los postintelectuales postmodernistas en el sistema institucional de la academia hasta silenciarlos. Han enmudecido sin necesidad de ser amordazados porque las reglas epistemológicas y gramaticales no permiten incluir la realidad humana, su expresión en las religiones, las artes y las letras y su integración en la sociedad, la historia y la naturaleza como una totalidad orgánica, autónoma y creadora. El profesional es un homúnculo encerrado en la mónada pura y simple de producir y consumir, sin vínculos ni intelectuales, ni emocionales con la sociedad y ajeno a la actividad pública, y sin conciencia de las historias de la humanidad.
No hay polémica, no hay crítica y no hay libertad. Aulas vacías de pensamiento, de erotismo y de idealismo. Como si la historia humana hubiera llegado a su punto final. Detenida en un presente monolingüístico y monótono. Tampoco hay lugar para la aventura del conocimiento. Los conflictos se suprimen por medio de la manipulación lingüística. La censura es interiorizada. Automutilación intelectual como condición epistemológica de una imaginaria identidad profesional.
Humanidades concebidas como una megamáquina global de repetición escolástica y reconstrucción microanalítica. Muerte del intelectual. Evaporación del arte. Final de la filosofía. Bagatelas que los discursos académicamente sancionados reproducen con tenaz trivialidad. Repetición ad nauseam de los mismos paradigmas, las mismas categorías vacías y la misma estrechez de miras. Postsujeto y post-conciencia configurada en torno a los códigos de una identidad subjetiva preconfigurada, frente a las catástrofes de la postnaturaleza; una posthumanidad definida por la Inteligencia Artificial.
Una existencia reducida a las funciones de consumo y reproducción reguladas por la lógica del mercado. La Libertad transformada en estatua (Nicanor Parra).
Acabas de regresar de una megalópolis desolada por la pandemia. Rascacielos sombríos. Edificios tempranamente envejecidos. Avenidas desoladas. Millones de infectados en una marcha que no va a tener fin. Epidemia permanente. Una sensación de impotencia. Una anciana cruzaba lentamente una avenida completamente desolada, empujando un carro de shopping center atestado de bártulos. Su figura se evaporaba en el espacio urbano como la visión de una Fata Morgana. Un juguete en las manos de un sistema económico y administrativo liberal que no es capaz de concebir la contención de una pandemia que ella misma ha producido. Sistema civilizatorio constituido en torno a un concepto vacío de libertad.
Asistes a la desarticulación de una civilización. El hundimiento de sus valores fundacionales generados a partir del humanismo del siglo dieciséis y el esclarecimiento del siglo dieciocho. La construcción arquitectónica y política de una civilización científica, democrática y socialista que expresaron Rousseau con su teoría social democrática y Beethoven con su Novena Sinfonía; la voluntad de conocimiento, poder y placer que anima el alma fáustica: todo eso se desmorona bajo la irracionalidad de las máquinas de dominación financiera, tecnológica y militar, y se diluye en la oscuridad de un futuro presidido por el derrumbe de equilibrios ecológicos y biológicos fundamentales para la preservación de la especie humana y de la vida sobre la faz de la tierra. Occidente claudica, incapaz de resolver los conflictos inherentes a su propia invención del progreso. Una incapacidad cimentada en sus mismos principios metafísicos constituyentes como civilización.
Encapsulado. Desconectado. Una mónada vacía. Incapacidad mental de imaginar la totalidad de un sentido en la existencia humana y en el cosmos, elevada a bandera redentora y justa causa de guerras de destrucción biológica terminal. Una escolástica sin intensidades, sin diferencias, repetitiva, enteramente vacía. Triunfo universal del microintelectual y la micropolítica. Paquetes compactos de conocimientos lingüísticamente fragmentados. Inmunes a interferencias reflexivas. Una letanía de categorías escolásticas.
“You not only make baseless claims about censorship… This behavior is unprofessional and completely unacceptable…” La palabra exacta que define la función de la inteligencia limitada de tu funcionario corporativo es “idiota” – en el sentido del griego “idiotes”, una persona carente de inteligencia cultivada, prisionera de su privacidad y su profesionalidad, completamente apolítica e ignorante. “Tyranny of Idiocy” (Britt). Todos los idiotas tienen que ser tiranos para salvarnos del esclarecimiento (Aufklärung).
Sin embargo, tu mail era el boceto de una reconstrucción lógica del comportamiento corporativo, el análisis de una estructura sistemáticamente reiterada de manipulación y reducción cerebral. Tú nunca utilizaste la metáfora de la debilidad de carácter y la ausencia de intensidad intelectual para definir a un funcionario imaginariamente personal; te referías a un sistema racional efectivamente impersonal en el que las autoconciencias ya no son sino agentes anónimos provistos de un número secreto de identidad profesional.
Un punto lógico perdido en el infinito de las redes electrónicas. Una cadena de metonimias. Al mismo tiempo, una conciencia individual monádica en el medio del clinamen universal. Sin memoria comunitaria, sin vínculos con la naturaleza y con su propia realidad física y espiritual. Huak’cho: “aquel que no tiene nada. Está sentimentalmente lleno de gran soledad…” (Arguedas).
Una conciencia externamente formateada y vacía. Identidades subjetivas predefinidas. Por eso en tu mail definías a este agente como “un prototipo de lo que el psicoanálisis alemán de los años treinta llamó Personalidad Autoritaria, ahora en una versión de corte postmoderno: un carácter débil, perfil intelectual nulo, fiel reproductor de los slogans escolásticamente sancionados, una entidad personal fundamentalmente privada de ser y por eso mismo innombrable. “Neither body nor soul, it’s something else he has… he is made of silence” – The Unnamable.” Inmediatamente hizo cancelar tu cuenta de internet y puso en aviso a los decanos sobre tu comportamiento no-profesional. Éstos accionaron un comité de vigilancia y punición. Trataron tu tema con tacto
La comunidad humana transformada industrialmente en una masa electrónicamente formateada, sin conciencia, sin memoria, subordinada a las corporaciones académicas, financieras y tecnológicas. Gasificación de la masa electrónicamente desmaterializada en alegorías, números y sombras que resplandece en las pantallas. Transformación de los humanos en “masas invisibles” (Canetti) a lo ancho universo real- maravilloso del espectáculo.
Palabras, palabras, palabras; palabras sin memoria, palabras sin referentes, palabras vacías. “You must say words, as long as there are any” (Beckett).
Un reino de Maya de las estrategias políticas, financieras y militares globales. Golpes y movimientos de masas fascistas bajo el camuflaje de una primavera de la democracia. Políticas genocidas en nombre de los derechos humanos. Gangsterismo político. Colapso del sistema democrático en los escenarios de corrupción, manipulación y crímenes contra la humanidad en prime time. Cinismo, doble moral, hipocresía, abierta falsedad son los rasgos de una renovada diosa Estultitia que gobierna el mundo (Erasmus). Una sociedad civil en estado permanente de sitio. Hugo von Hoffmanstahl: Worte… zerfielen mir im Munde wie modrige Pilze (“Palabras… se desvanecían en mi boca como hongos podridos”).
A tu llegada a Princeton expusiste un programa de revisión del hispanismo. Seguir los pasos del humanismo de Thomas Mann: arrancar los mitos del pasado de las manos del nacionalismo doctrinario y ponerlo al servicio del esclarecimiento y la renovación intelectuales. Revisión de las culturas ibéricas. Una península en el que las civilizaciones hebrea, islámica y cristiana florecieron, en constantes encuentros y desencuentros físicos y metafísicos, sobre las estructuras lingüísticas y civilizatorias ibero-romanas. Integrar la historia ibérica a los flujos civilizatorios de Eurasia y África. Poner en cuestión la permanente destrucción católica de todo intento de reforma del Espíritu. Crítica de la teología política imperial y de la destrucción de las civilizaciones de América. Aplausos. Reconocimiento unánime. Entrada por la puerta grande.
Tu crítica del proyecto colonial ibérico del siglo dieciséis te puso, solo unos meses más tarde, en conflicto con “vested interests”. Rechazaron la publicación de tu Continente vacío. Justificaciones patéticas. Abandonaste Princeton por New York University. Formulaste tus “Siete tesis contra el hispanismo”. Nuevo choque. En Princeton se conciliaban respetuosamente los conflictos inherentes a tu proyecto en nombre de una definición romántica de Romanistik y del humanismo científico del Enlightenment británico. Mientras tanto, New York se embriagaba con el formalismo estructuralista y postestructuralista, y encerraba la hermenéutica literaria y artística en los campos electrónicamente vigilados de la micropolítica y las lingüísticas político-correctas, mientras cerraba el paso a la crítica social, a la dialéctica negativa y a toda teoría crítica de la civilización (sus restos de serie los vendían a precio de saldo en el cuarto trasero de los cultural studies).
Sigues incomunicado. Han prohibido la utilización de las redes departamentales para una discusión internacional vía zoom de la edición brasileira de tu Mito e literatura. La debilidad de este funcionario no es individual y mucho menos personal; es una debilidad programática y programada. Decir sí al sí, y no al no. Tertium non datur. Apoteosis de la repetición y lo dejá vu.
Un año antes del 9/11 organizaste en New York un último encuentro de intelectuales frente a un mundo devastado por continuos conflictos globales. Susan Sontag. Juan Goytisolo. Edward Said. La conciencia y espiritualidad judía, la resistencia palestina y la memoria de la catástrofe ibérica de las culturas hispano-árabe e hispanojudía bajo las guerras y el fanatismo cristianos. Gran expectación. Sontag se entretuvo en repulsas personales contra Said que a nadie interesaban, y en el centro de su conversación sólo estaba el icono especular y espectacular de sí misma. Said anunció un próximo estallido de violencia provocado por Occidente en la península árabe, con un énfasis vehemente en su protesta. Goytisolo blandió la bandera del diálogo entre las tres religiones del Libro con un gesto cansado de su resistencia intelectual antifascista. No viste en ninguno de los tres ni la voluntad ni la capacidad de un análisis y de un proyecto de futuro. Límites del intelectual como conciencia de su tiempo.
Nada puede concebirse sin la resistencia de su opuesto. Nada puede comprenderse hermenéuticamente que no incluya los paraísos junto a sus infiernos. Un Occidente partido en dos: a un lado las visiones de una transubstanciación cristiana de las almas de los fieles, secularizada como trascendencia hacia un concepto tecnocéntrico de progreso; y en la otra orilla, crecientes desigualdades y conflictos, y continuas guerras y genocidios en las cuatro partes del mundo. Bajo el espectro de Auschwitz y Hiroshima.
Has puesto al descubierto la teología política del proceso de destrucción, genocidio y colonización cristianos de un continente entero, siguiendo al pie de la letra el discurso de la conciencia culpable y la expansión mundial de la promesa y esperanza de una salvación de trascendencias indefinidas, que expone programáticamente San Pablo en su Carta a Romanos. Reconstruiste la arquitectura conceptual del aparato militar/religioso/financiero de la “destrucción de las Indias” (Las Casas). Ahora ya no has chocado con los nacionalistas católicos españoles, sino con los guardianes académicos del imperialismo europeo cristalizado en la filosofía del derecho colonial y de guerra de Francisco Vitoria y Hugo Grotius. Has topado con los guardagujas de las reglas epistemológicas y gramaticales de deconstrucción microanalítica de los discursos. Has sufrido su censura institucional. Prohibieron citar tu Continente vacío.
En vano hubieras aclarado a tus colegas la etimología de los “idiotés” postmodernos. Y en vano hubieras tratado de esclarecer sus mentes explicándoles que la combinación de una débil autonomía intelectual, la obediencia y el poder político autoritario fue la trinidad que Loyola expuso en sus cartas sobre la Sancta Autoritas como postulados fundacionales de la corporación monacal y de sus políticas. En vano habrías puesto de manifiesto su obscena complicidad con un sistema organizado de reproducción indefinida de la ignorancia. Has herido a esos instructores al mencionar la sostenida censura electrónica de tu comunicación intelectual independiente. Pero en tu e-mail no mencionas el nombre de ese funcionario causante del litigio, ni la institución a la que sirve, ni su lugar, ni tampoco su tiempo histórico. “N’ayant pu me corrompre, ils m’ont assassiné” (Jacques-Louis David).
Tenías un objetivo: la reforma del hispanismo. La revisión de la historia ibérica recortada y sancionada bajo las murallas geopolíticas de la monarquía católica castellana que ha representado la institución nacionalizadora de Isabel la Católica. Transgredir y transformar el centro de atención de la historia cultural ibérica. Ponerlo en su centro histórico y su máximo esplendor: Al-Ándalus. Las voces del esclarecimiento y el misticismo judíos e islámicos de Maimónides y el Zohar, el racionalismo de Ibn Rushd o la filosofía mística de Ibn al-Arabí entre decenas de nombres. Las últimas voces de la filosofía sefardí, de Leone Ebreo a Sánches y Spinoza, y sus raíces espirituales. Comienzos de la Europa occidental moderna. Otra Europa.
El lockdown ha transformado tu forma de vida. Encerramiento monádico y monástico. La realidad existencialmente vivida a través de la presencia de los humanos y las cosas se ha modificado también. El mundo entero se ha transfigurado en un teatro de sombras chinas. Completa desmaterialización del ser en las pantallas del espectáculo electrónico. Presencias ausentes, traslúcidas. Carácter efímero del ser como definición meta-civilizatoria. La nada. Soliloquio sobre el vacío de ser. La nausée (Sartre).
Nuevas guerras de Occidente contra Oriente. El virus se ha originado y expandido a partir de esa confrontación con Oriente. En los primeros días, Washington esperaba que la pandemia devastara al contrincante imperio milenario. Covid-19 estaba llamado a ser una segunda Guerra del Opio. En pocas horas el mundo dio la vuelta. La pandemia no iba a dejar al hemisferio occidental indemne. Peor todavía. La república comunista y cabeza del capitalismo oriental la detuvo dentro de sus fronteras, mientras el resto se infectaba letalmente por decenas de millones y se paralizaba completamente.
Asistes a la metamorfosis de una pandemia en las estrategias de vigilancia, contención y exterminio. Asistes al proceso biológico y político de contaminación y colonización que comenzó el año cero de los imperialismos modernos. Políticas genocidas en las cuatro partes del mundo en nombre de los derechos humanos. Una propaganda total e indefinida. Vigilancia electrónica. La incompatibilidad y la oposición violenta entre la lógica del capital y la conservación de las memorias y las formas de vida históricas, el equilibrio de los equilibrios biológicos y la conservación de la autonomía humana.
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Revisitando a Lawrence Durrell

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
Comparto con Hernán Lara Zavala una doble complicidad: el haber sido amigos y discípulos de Juan García Ponce y una admiración sin límites por Lawrence Durrell. Generoso, me acaba de obsequiar las ediciones en inglés de la novela Limones amargos y de la biografía de Gordon Bowker Through the dark labyrinth, lo que me permite recordar al más mediterráneo de los escritores ingleses del siglo pasado.
I. El libro negro y Henry Miller
Lawrence Durrell, siendo un joven escritor inglés, nacido en la India, cerca de los Himalayas, escribió su primera obra importante, El libro negro, como un grito, una revuelta. Era una obra obscena e impublicable para la época. Se la hizo llegar a Henry Miller, lo que fue el inicio de una entrañable amistad con él y con Anaïs Nin. Los tres iniciaron la serie de libros Villa Seurat –con Jack Kahane como editor en Obelisk Press, que ya había publicado Trópico de Cáncer, de Miller– con, precisamente, El libro negro de Durrell, Max y los fagocitos blancos de Miller e Invierno de artificio de Anaïs Nin.
La amistad de Miller y Durrell se convirtió en un árbol frondoso (la correspondencia entre ambos está publicada por siglo XXI).
II. El cuarteto de Alejandría
Ninguna otra obra literaria he leído más veces. Al igual que muchos escritores, que cada año leen con fervor El Quijote, durante mucho tiempo leí los cuatro tomos (Justine, Balthazar, Montoulive y Clea) cada año, descubriendo matices que me enseñaban aspectos sobre la novela –y sobre mí– desconocidos.
Los tres primeros tomos se despliegan a la manera del cuento “En el bosque” de Akutagawa, mostrando diferentes versiones de la misma realidad amorosa. El cuarto, Clea, hace avanzar cronológicamente la trama y resuelve los dos principales nudos narrativos: la conspiración de los coptos contra los ingleses –encabezada por la judía Justine y por Nessim Hosnani, su marido copto–; y la «educación sentimental» de Darley, que a través de los brazos de Melisa «pájaro semiahogado en el mar, con el sexo roto», de Justine «ojos como luciérnagas en la noche» y de Clea «que había sido vertida, como una joven Gracia», encuentra su madurez vital y creativa para poder decir, al final de la tetralogía «Y sentí que el universo entero me daba un abrazo».
II. El quinteto de Avignon
En los años setenta y ochenta, Durrell escribió su pentalogía El quinteto de Avignon (Sebastián, Constance, Monsieur, Livia y Quinx). Si en El cuarteto… Durrell utilizó como eje de la obra la teoría de la relatividad, en El quinteto… se basó en un simbolismo quíntuple a partir de que, según los budistas, la personalidad está formada por cinco elementos llamados skandah, que se parecen a las de los griegos clásicos e incluyen casi todas las categorías aristotélicas como fragmentos de la personalidad.
Recordemos que el tema de los templarios será uno de los motivos centrales de esta serie de cinco novelas, el tercer hito en la carrera literaria de Durrell. En ella toca el tema de los templarios –que ya se anuncia en Limones amargos, la novela sobre Chipre publicada poco antes de El cuarteto de Alejandría–. En ella, el narrador señala, citando a una escritora británica que también escribió sobre Chipre: «Pafos sigue llamándose Baffo, y en la antigüedad se adoraba una piedra, llamada por algunos historiadores romanos meta, o piedra de molino, por su forma… Los templarios fueron acusados de adorar un ídolo, o lo que fuese el objeto, que ellos llamaban Baffometo. Y se han dado todo tipo de explicaciones en relación con el nombre… ¿Y si sencillamente quisiera decir ‘la piedra de Pafos’? La sede de los templarios, en Chipre, se hallaba a un día de distancia de Baffo, a caballo». Esta cita no sólo nos remite a Monsieur, el segundo tomo de El quinteto de Avignon, sino a El baphomet, la novela del escritor francés Pierre Klossowski –hermano del pintor Balthus– y, desde esa obra, al novelista y ensayista Juan García Ponce… Será tema de otro ensayo.
IV. Su hermano Gerald y Los Durrell
Gerarld Durrell, uno de sus hermanos menores, fue un naturalista reconocido que escribió libros notables, de amplia circulación, entre los que destaca Mi vida con los animales. A raíz de que el padre de los Durrell no regresó a Inglaterra, la madre se vio en muchos apuros para sacar adelante a sus hijos (Lawrence, Gerald, Leslie y Margot). Abandonaron Inglaterra y se trasladaron a Corfú, donde ella convirtió su hogar en una casa de huéspedes (años después, Margot repitió la aventura en Bourmemouth, Inglaterra, en 1947, muy cerca de la casa de su madre y de la de Gerald. Después publicó sus memorias ¿Qué fue de Margo?, Thassàlia, 1997).
Las visicitudes de la familia -a partir de los libros de Gerald- fueron convertidas en la serie Los Durrell, producida en 2016 y 2017 y exhibida por Film & Arts. Una serie estupenda que nos permite asomarnos a la intimidad de esta familia inglesa atípica. Sobre Limones amargos y la estancia de Durrell en Chipre hablaremos en el próximo Laberinto.
