-
Un carretón de gitanos (O la otra vida de los sueños)

Colaboraciones
Araceli Mancilla Zayas
Para Fernando Solana
Adentro de mí
esa ciudad de piedra
donde te encuentro
y te pierdoplatico con personas
casi reales
hacemos planes para el futurosalgo a la calle
me enfrento a la lluvia
al vendavalun árbol se agita en la acera
me detengo
¿caerá derribado?es mi único acompañante
permanecemos el laurel y yo
bajo la tormentaesperamos
en la ciudad de piedra.A mi lado
cerca de la cama
tu cara joven sabialos ventanales dejan
pasar la luz nos aborda
por los cuatro costadossale corriendo estaciona
sus ganas de perderse
de iluminar la confusiónno halla lugar no halla
espacio para su encendida
incomodidad:alguien huye
como quimera
sin camino tropieza
no da una doy vuelta
y regreso contigo
porque al lado de la cama
me sigues observando
bajo un deseo oblicuoy es la luz
la verdadera estancia
en la habitación de cristal.La carta se escribe
se va escribiendo solano hay mano
no hay quiénsolo el papel en blanco
el texto donde aparecen
las palabrasletras cordiales
de alguien que se excusa
de alguien que explica
lo que no tiene explicación“la maldad es banal
a veces”banal
como una carta
escrita por nadie.Di un paso hacia la avenida
y estabas túvenías de haber dejado atrás
disputas
malos entendidosvenías
de hecho
de haberte dejado atráseras el mismo
pero otrome diste un abrazo
donde reposó la luzdespués
nos bañamos en el agua
de aquella alberca abandonada
durante años sumergida bajo tierra
ahora abierta al sol.Andábamos sobre las piedras
de aquel ríobriosa corriente
cada vez más briosaniños siguiendo a los adultos
avanzaba con dificultad la pequeña tribu
cuando llegó la tempestad
la turbulenciauna roca inmensa atajó el camino
imposible seguirtomados de los brazos
sumergidos
se sostuvo uno en la otra
en el otrolas aguas al fin volvieron a su cauce
nadie se ahogó
persiste la corriente.Han pasado muchas cosas
que ya no recordamosy la casa aparece ahí
al lado del mardentro del mar estamos
nos arrastra el oleajenos lleva
tratamos de tomarnos
de las manosbuscamos
con nuestras manos
rescatarnossabemos que lo vamos
a lograr
vamos a resistir:lejos
la casa.Como degollada desde la carne viva
tu cabeza vibrante
tu rostro jovenpodría instalarse en un pedestal
efigie para la memoria
estatuapero tu cabeza flotante
portaba un sombrero adornado
con pequeñas florestu rostro sonreía
eras la que no conocimosvenías de ser muchacha
de ver algo alegretan alegre abuela
como tu cabeza-pájaro
revoloteando en el aire.Un carretón de gitanos
donde todo se pierde:
ropa libros trastoshemos de ir a algún lugar
lejos del mundo
del gentíoprisas alrededor apuraciones
las urgencias de un viaje
a correr sin bañarse
a ponerse los zapatosy solo un par de sandalias viejas
a la manoson enormes
pero las calzo y cubren mis piesperfectamente
como si fueran mías
y ando.Le toman y llevan en vuelo:
avista desde lo alto
el terreno donde pelean
el oso y el león–riñen
discuten
hay entre los dos animales
un desacuerdo humano–así volando llega hasta la colonia
donde personas afectadas
de sus cuerpos y mentes
esperan medicarseaisladas en múltiples recámaras
se les atiende y alberga
para usarlas en experimentos
indecibles.Paso el brazo sobre tus hombros
sentados en la banca
beso tus labiosestás feliz
me abrazas tambiénsalimos no sé cómo
de esa fiestavenimos conversando
en el carrocontentos
en el bosquesobre la terracería
murmuran las sombras
de los árbolesya voy en camino
-dices finalmente-
hacia allá voyhay calma en tu voz
y en la joya preciosa
de tu miradamientras la muerte
se adentra.Del libro Un carretón de gitanos (O la otra vida de los sueños), coedición de 1450 Ediciones y Editorial Almadía. Oaxaca, 2026.
-
¡Sícomono!

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
Hace años un hombre entró a una redacción casi ruinosa, tal como la que describe Kipling en uno de sus más bellos y perturbadores cuentos: transida de descuido físico aunque bullente de espíritu, frecuentada por sujetos inestables y variopintos, llena de energía como carpa circense o esfera audioacústica, febril cuando el calendario de trabajo se acercaba al cierre y remolona pero atenta mientras comenzaba la semana. Era un suplemento cultural que se publicaba en un periódico que no tenía mucho tiempo de haber conocido mejores épocas.
El hombre, alto y sonriente, se asomó por el marco sin puerta de la pequeña oficina del editor. La modestia del sitio nada tenía que ver con el prestigio del hebdomadario, muy leído y popular entre la minúscula agregación de lectores dedicados a ese género.
El editor correspondió a la sonrisa del visitante. Con instinto aguzado por el adictivo oficio pidió ver los textos que el otro traía consigo. Los años le habían enseñado que entre lo escrito y quien lo escribía estaba establecida una sutil pero manifiesta correspondencia donde los gestos, las palabras y la actitud de los autores eran un anticipo generalmente infalible de los textos que ofrecían.
Elogio en boca propia, ansiosa expectativa ante la opinión editorial, disertaciones prolijas sobre las intenciones del autor en el texto, advertencia de posibilidad de publicación en otras partes o cierta displicencia arrogante al entregar las cuartillas correspondían casi siempre a textos mediocres, lejanos al autoconcepto que el autor tenía de sí mismo y a la retórica con la que envolvía sus prescindibles productos.
Por el contrario, la actitud del hombre —discretamente expectante y divertida, intrigada más por la actitud del editor que por la confirmación de lo que él ya sabía sobre el valor de sus textos— era común a un tipo de escritor o periodista, escaso pero afortunado, que en esa redacción se conocía como “calvínico”, en directa alusión al ensayo de Italo Calvino Seis propuestas para el próximo milenio.
El trasvasamiento de una preceptiva literaria para medir el trabajo editorial era un método que rendía frutos. A fin de cuentas los textos eran lenguaje y como tal debían ser valorados. La compulsiva dictadura de lo diario se disolvía en la aparición semanal, y el suplemento al que había llegado el hombre practicaba un método atribuido a un impresor venerable: despacio, que tenemos prisa.
El editor repasó mentalmente las virtudes cardinales propuestas por Calvino, buscándolas en aquello que leía: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad, consistencia. Las primeras cinco resultaban patentes; la sexta no, porque Calvino había muerto antes de poder escribirla. De ella sólo se sabía que hubiera versado sobre Bartleby, el escribiente de Melville.
Pero ante su ausencia, el método editorial calvinista había resuelto darla por existente si el texto mostraba tres o más características de las cinco conocidas. Lo que el hombre ofrecía reunía todas, aun el atributo no explicado. El editor se mostró complacido. Pocos placeres en su oficio como los de recibir textos impecables.
Trajo a cuento las primeras líneas de la cartografía de Calvino: “Mi operación ha consistido las más de las veces en sustraer peso; he tratado de quitar peso a las figuras humanas, a los cuerpos celestes, a las ciudades; he tratado de quitar peso a la estructura del relato y al lenguaje”. Una línea de flotación hecha de palabras acompañó la sonrisa de los dos:
—¡Sícomono!
El término con el que el editor rubricó el trato era la concentración de su entusiasmo. No se requería nada más. Excepto salvar ciertas reservas, propias de colaboradores de excelencia como él: ¿no se vería mal que aparecieran ahí sus colaboraciones, en el suplemento de un periódico llamado Pravda por sus malquerientes, él, que colaboraba en un medio liberal e independiente que se promovía como políticamente impoluto? ¿Qué dirían las normas no escritas del periodismo, las imaginarias fronteras de la pertenencia y la pertenencia y la adscripción? ¿No faltaría más trabajo en la prosa eléctrica del autor y su impecable caracterización de los personajes?
Entrenado en la dialéctica del convencimiento, táctico de la persuasión, el editor desmontó todas las dudas —pruritos, dijo—, que sólo refrendaban la calidad personal y profesional de quien las exponía. “La escritura, modelo de todo proceso de la realidad, más aún, única realidad conocible, más aún, única realidad tout court”.
Ni el hombre ni el editor mencionaron la frase de Calvino, pero su imperio se impuso para posibilitar que los notables retratos depositados en el escritorio aparecieran algunos domingos de colección como modelo de la red de lo posible: una reina de la noche y la palabra, un cómico atrapado por la frivolidad trascendente, un adepto político expulsado por su sombría iglesia, una heredera empapada en venenos que curan del recuerdo, un atildado y culto funcionario sorprendido de pronto en la intimidad cimarrona, una escritora charming cuya ignorancia no era fingida hasta que la comercializó.
—Así es la vida: condicionada, relativa, mal redactada. Y luego en ella los victimarios a uno se le reúnen. Así es el medio: evanescente, rencoroso, hostil.
Se quejaba el hombre de una conjura que estaba en curso contra él. Debido a ella es que había llegado hasta ahí: sus textos no se publicaban de un tiempo a esta parte porque padecía la inquina de un grupúsculo de mediocres. Lo de siempre: la nociva conjura de los insignificantes o las desdichas humanas.
—¿Por qué no escribe algo sobre la envidia? Le va a parecer presuntuoso, pero hacerlo me ayudó a mí. O concéntrese en lecturas al respecto. O repliéguese. La inteligencia provoca miedo en muchos y rencor en los necios. Me temo que eso siempre le va a pasar. Acabará entendiéndolo: es un precio a pagar —dijo el editor.
—¿Sabe cómo le llaman a la operación en mi contra?: “Mientras lo hacemos invisible, chíngatelo tantito”. Ese es su santo y seña —dijo con elegante indiferencia el hombre. El editor y él rieron a gusto: sabían de la fiereza de los asuntos aludidos, de los invencibles alcohólicos de la malevolencia que pululaban por el gremio desde antes de Kipling. Desde Sumeria, quizá.
El editor puso ejemplos. Entre otros recordó a Cervantes, a quien el mediocre de Avellaneda se enfrentó para rebajar el valor de El Quijote y al cual hoy sólo recordamos por ello. Siguieron hablando de la malevolencia que odia el logro ajeno y de cuando esta se legitimó moralmente como competitividad mediante la ideología del éxito. Se contaron mutuamente la vida, arreglaron el mundo y reiteraron su acuerdo. La mirada autoral de los dos se despidió cordialmente y el hombre salió contento.
El editor quedó exultante, como si la diosa de la prosodia estuviera con él. ¡Sícomono!
-
Vivian Gornick y Arunhdati Roy

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
1. Las relaciones entre hijas y madres
Las relaciones entre hijos y padres (Telémaco/Ulises; Hamlet/el fantasma de su padre) han sido un gran tema de la literatura. También las relaciones entre hijas y padres (Antígona/Edipo). Quizá menos analizadas sean las relaciones entre hijas y madres. Dos novelas contemporáneas lo ilustran a la perfección.
2. Apegos feroces, de Vivian Gornick
Si exploramos las relaciones entre hijas y madres, esta estupenda novela de Vivian Gornick nos muestra la relación amor/odio entre una hija y su mamá. La hija no tolera a su madre; no soporta que no tenga confianza en ella y anticipe sus fracasos amorosos (y más aún, que sea certera: sus amores se convierten en las catástrofes anunciadas por su madre). No la soporta, pero la ama y no puede vivir sin ella.
En El fin de la novela de amor (Sexto piso, 2022), Gornick afirma: “Desde Edipo hasta Freud, nuestra idea de la lucha por estar en el mundo ha adquirido su talante del conflicto entre padres e hijos, una historia de violencia y apremio que durante siglos ha avivado el imaginativo acto de la descripción del ser”. En el caso de hijas y madres, hay una relación de amor/odio.
En The inseparable nature of love and agression, clinical and theoretical perspectives, del psicoanalista austriaco Otto Kernberg -formado en Chile, por cierto, al venir de una familia judía perseguida por los nazis-, el autor describe la inseparable dualidad entre el amor y la agresión. No hay amor verdadero sin una dosis de agresión implícita, afirma. Un libro clásico del psicoanálisis, que apunta a la relación de Apegos feroces, exquisito oxímoron.
3. Arundathi Roy
Otro oxímoron -la unión de dos conceptos contradictorios- es la novela El refugio y la tormenta, de esta novelista india, nacida en 1959.
Para analizar esta obra, debemos primero revisar la novela, ganadora del premio Booker, que la llevó a la fama: El dios de las pequeñas cosas (1997). Esta obra describe la educación sentimental de dos gemelos, Estha y Rahel, y de su prima Sophie. Estha es violentado sexualmente por el vendedor de limonadas del cine -la gran diversión de los chicos en la India-. Estha tiene una suerte de autismo, mientras que Rahel es observadora y tiene los ojos puestos en su mamá -Ammu-. Sophie muere en un accidente. Todo bajo el amparo del dios de la pérdida, el dios de las pequeñas cosas que da título a la novela. Mosaico de la India en los años ochenta, nos describe el paisaje social y el microcosmos familiar.
Acaba de aparecer la más reciente novela de Arundathi, El refugio y la tormenta, que parte de una premisa: “Dejé a mi madre no porque no la quisiera, sino para poder seguir queriéndola”. En este ejercicio de autoficción, la autora habla de su madre -su refugio y su tormenta-, insoportable pero al mismo tiempo amada y admirada por su hija. Esa madre autoritaria expulsa a su hija -o ella huye-. Se convierte en guionista y luego en una escritora famosa -por El dios de las pequeñas cosas-. La novela cuenta su periplo, la muerte de la madre (Mary Roy 07-11-1933 / 01-09-2022) y cómo Arundathi, desde niña inconforme, siempre dispuesta a abandonar aquello que dejó de ser fértil -Kerala, su ciudad natal; el amante/marido, lo que sea que se haya secado-, se ha convertido, hoy, en una activista política -en contra de Narendra Modi, a quien acusa de ser un asesino desde sus inicios en la vida política, en favor de Palestina y contra el genocidio en Gaza-.
Una activista incómoda, como lo es en Polonia la Premio Nobel de Literatura Olga Tocarczuk. Como afirma Eduardo Subirats en El intelectual, esa obscena ausencia (de próxima aparición en El tapiz del unicornio), se le permite opinar a un artista o a un académico sobre algún tema circunscrito, pero si se atreve a salir de esa parcela para analizar o debatir otros temas dizque ajenos al ámbito de su competencia, lo hacen carnitas.
Vivian Gornick y Arundathi Roy, una judía neoyorquina y una cristiana siria en la India son dos grandes escritoras. Otto Kernberg y Eduardo Subirats son dos esclarecedores. Vale la pena leer a los cuatro.
-
Secuencialidad

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
“Cercano es sólo lo interior; todo lo demás, lejano. / Y esto, lo interior, apretado y lleno en exceso / diariamente con todo, y totalmente indecible”. Son versos de Rainer Maria Rilke, apropiados en esta época donde sólo lo interno está cerca y constituye el último refugio al alcance aunque sea tan incapaz de ser dicho.
Lo de afuera tampoco es enunciable fácilmente porque avanza quién sabe a dónde, a qué tipo de futuro inmediato cuya denominación no se conoce del todo: ¿cambio morfogenético, edad de hierro, lapso de oscuridad, época sin síntesis, ajustes antes de la catástrofe, grietas crujientes en la era de Acuario, dolores del parto de una civilización que nace, o escatológicamente el comienzo de la gran tribulación bíblica?
Las mentes simples dirán que es un problema de enfoque. Las optimistas que todo es un problema de empeños y voluntad. Las pesimistas pronunciarán densidades así: “¡Despéñate, torrente de la inutilidad”! al hablar de cómo están las cosas. Acaso un justo realismo sólo consista en reconocer el confuso estado de la realidad y aceptar que todo lo sólido se desvanece en el aire (Marx) con nosotros incluidos.
(Anoto un dilema que en estos tiempos me planteo a menudo: ¿es el sujeto “un ser para la muerte”, según afirma la filosofía contemporánea, o es “un ser para después de la muerte”, según establecen las tradiciones espirituales?)
Hace tiempo vino a verme mi amigo Pietro Gigli, La Piedra, al lugar donde vivo, el cual a veces, poniéndome lírico, llamo mi abadía —“Sólo he tenido una aspiración: pasar de la lírica a la prosa”, escribe Cioran—. A estas alturas de mi vida la amistad ha sido tanto la sombra de una sombra como el escenario donde se ha cumplido aquella sentencia latina de que no hay peor enemigo que quien fue el mejor amigo.
Pero conservo varios camaradas entrañables, algunos de los cuales son mis héroes personales. Pietro (sin apellido, como va peregrinando por el mundo, y no solo por razones de seguridad personal e independencia sino porque hace mucho tiempo dejó de ser Fulano hijo de Zutano y ahora sólo puede definirse como padre de sí mismo), es uno de esos pocos amigos esenciales a quien veo de tanto en tanto cuando sus incesantes viajes lo traen al país. Para él, como para los navegantes portugueses del siglo XVI que grababan este lema en la proa de sus barcos, vivir no es necesario pero viajar sí es necesario.
El periplo periodístico de esa ocasión incluyó Bagdad durante el comienzo de la invasión militar yanqui, luego Argentina y Uruguay, Venezuela, después Oaxaca, los Altos de Jalisco y de regreso a la Ciudad de México. No conozco a otro que viaje tanto como él y experimente (pensar es experimentar), que viva de primera mano el panorama internacional. Tampoco a nadie que posea esa mirada poliédrica y global. Pietro es la antítesis del idiota encerrado en lo particular. Posee un refugio rural donde siembra ajos y alcachofas en la Lombardía italiana, pero suele estar a gusto, completamente despierto e indagante, atento en cualquier parte, en los intersticios de cualquier lugar, indagando su verdadera realidad.
Pietro contó aquella vez que el imperio anglosajón, entonces todavía unipolar, en alianza simbiótica con Israel preparaba ya una tercera guerra mundial nuclear; que en todas partes iba corroyéndose el proceso civilizatorio, deteriorándose las relaciones humanas e imponiéndose el nihilismo moral; que el neoliberalismo enfrentaba una oposición mundial creciente; que Centroamérica era una zona de desastre inducido y muy cerca de sufrir una desestabilización violenta; que Oaxaca era el contexto de un conflicto global que recién comenzaba a explotar.
Dos condiciones han de necesitarse en cualquier recuento de adversidades: ver la historia como un escenario donde sucede un espectáculo, a pesar de que nos involucre, y practicar con frecuencia, sea con la imaginación u otras técnicas, la anacronía voluntaria, es decir, la salida mental del tiempo histórico. Para ello debe conocerse la doctrina de la aparición simultánea, comprobar su manifestación en la realidad empírica que de otra manera podría resultar insoportable: surge la enfermedad colectiva, el aciago momento que nos ha sido dado para vivir, y al mismo tiempo surgen las respuestas ante él, las tácticas necesarias y las resistencias pertinentes, surgen la vida y sus antídotos, la vida y sus instrucciones de uso.
Hablamos durante esa visita profética (todo lo que anticipó ha ocurrido o está ocurriendo), hablamos de los monjes copistas del momento actual, de aquellos que en esta edad oscura todavía se esmeran por cuidar del conocimiento y estimular la sensibilidad. Hablamos de los placeres que desaparecen, tal vez inspirados en Graves: “Pocas casas tienen jardines, poca gente sabe cocinar, pocos leen, pocos juegan, pocos toman paseos largos, pocos piensan por sí mismos, pocos tienen convicciones religiosas y pocos aman seriamente”. Una mención de Pietro a la aristocracia del espíritu la humana lista de placeres perdidos en su debido contexto. Y sobre ella abundamos.
Aunque Pietro documenta visualmente y da a conocer los trágicos episodios de esta geopolítica delirante y preapocalíptica, ahora que lo veo caminar por la abadía me inspira una inmensa tranquilidad humana y hasta metafísica. Este héroe personal no tiene pies de barro. Bajo bombardeos en Líbano, trepado con la guerrilla sandinista en el monte, desde la Persia balcanizada por los bushitas, fotografiando las danzas de chamanes mongoles de Morón, viajando en camiones por carreteras rurales casi secretas de Japón o mirando el cielo cuajado de estrellas de Rulfiana, de algún modo Pietro transforma los conflictos que cubre desde hace décadas y los lugares remotos que visita: mirándolos así los vuelve humanos y los hace próximos. Sean las guerras que dan lugar a lo peor y lo mejor de la especie, sean los registros de la otredad, de la inagotable variedad humana, todos los transforma aproximándolos y él se transforma a sí mismo viviéndolos.
Secuencialidad. ¿Siempre habrá monjes taoístas peregrinos así entre nosotros? Sonrío al pensarlo y escucho a mi amigo con fraterna, amorosa atención: la vida, instrucciones de uso.
-
Seis miradas sobre Borges

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
- Alberto Manguel
De joven le leía a Jorge Luis Borges. Muchos años después fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de Argentina, el mismo puesto que tuvo el escritor ciego. Ha escrito libros estupendos sobre la lectura y el arte de leer. Ahora ha compilado y presentado el libro Cinco miradas sobre Borges, que reúne textos de Adolfo Bioy Casares, Carlos Fuentes, Silvina Ocampo, Marguerite Yourcenar y Muhammad Zafzaf (Ed. Gris Tormenta, en coedición con la Universidad Veracruzana, 2026). En su presentación, Manguel afirma: “En ‘Tlön, Uqbar, Orbis Tertius’, crónica de la creación de un universo imaginario, Borges presagia que a la larga “el mundo será Tlön”. Para el lector avisado, el mundo será (o ya es) Borges”.
- Adolfo Bioy Casares
“Una tarde de 1939, en las barrancas de San Isidro, Borges, Silvina y yo planeamos un cuento (otro de los que nunca escribiríamos). El protagonista encontraba una lista de prohibiciones:
En literatura hay que evitar:
- Las curiosidades y paradojas psicológicas; homicidas por benevolencia, suicidas por contento. ¿Quién ignora que psicológicamente todo es posible?
- Libros que fingen ser menús, álbumes, itinerarios, conciertos.
- En las críticas, toda referencia histórica o biográfica. La personalidad de los autores. El psicoanálisis.
- La expectativa. Lo patético y lo erótico en novelas de amor; los enigmas y la muerte en novelas policiales; los fantasmas en novelas fantásticas” (sigue…)
Al final del ensayo, Bioy Casares enumera los temas de conversación literaria con Borges. La lista es enorme, sólo cito: “el Quijote y el carácter de Cervantes; Murasaki Shikibu, la pan-lingua, el pan-juego, el pan-club y anécdotas de Xul Solar; Zola; Flaubert, Proust; formulación de una ética”.
- Silvina Ocampo
“¿Existe un escritor para quien la vida misma se haya convertido, como la de Borges, en un cuento? No lo creo. Los amigos de Borges penetran siempre en ese mundo lleno de misterio, pero él no entra en el mundo de los otros. (…)
Lo que le sucede a Borges, lo que dice (porque es un gran conversador) podría o debería escribirse y agregarse a lo que ha escrito. Creo que es feliz. Sólo el espíritu es capaz de proporcionar esa dicha profunda que nace de la creación de la inteligencia”.
- Marguerite Yourcenar
En 1986 la gran escritora francesa fue a visitar a Borges en Ginebra para la elaboración del texto que Manguel compila en este libro y que fue publicado póstumamente -Yourcenar murió en 1987- en Peregrina y extranjera (Alfaguara, 1989). Héctor Bianciotti relata que el escritor argentino le pidió a Yourcenar que fuera a ver un departamento y se lo describiera. Ella así lo hizo. Omitió decirle que estaba lleno de espejos porque sabía que él había escrito “la cópula y los espejos son abominables, porque multiplican a los hombres”. La anécdota me fascina. ¿Quién osaría pedirle a Yourcenar que fuera a ver un departamento? ¿Quién le negaría a Borges esa petición? Simplemente fueron, por un instante, sólo Marguerite y Jorge Luis.
En su ensayo, Yourcenar no se refiere para nada al cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” y apenas menciona “El aleph”. Le da mucha importancia a “Pierre Menard, autor del Quijote”, a la versión de Judas como el discípulo más querido, a los cuchilleros que se matan al alba y a la ceguera del autor.
“Vidente… Visionario. Quisiera oponer aquí estos dos términos que solemos confundir. En el sentido más sólido del término, el vidente ve; si está ciego, ve como Borges con una mirada interior, ayudada por los recuerdos almacenados por sus ojos de antaño, reforzada quizá con los recuerdos ancestrales de hombres que vieron antes que él, capaz de añadir a esta visión lo que la inteligencia (la inteligencia más que la imaginación) le aporta. Esta visión, liberada de las habituales limitaciones oculares, se extiende más en el tiempo, al parecer, y, lo que viene a ser lo mismo, en el espacio. Se podría hablar de una visión infinita, del mismo modo que un teólogo habla de una inteligencia infinita. Podemos hablar aquí de visio intellectualis recurriendo al lenguaje de la Edad Media. (…)
Si toda la vida es sueño, ¿no será la muerte tan sólo un despertar? Como siempre, en Borges, esas dos posibilidades se funden y se intercambian. La vida y la muerte forman parte del libro de arena”.
- Muhammad Zafzak
Escritor marroquí (1945-2001). En su relato imagina a Borges ya muerto, platicando con el tribunal que decidió condenar a Alf-Afshín.
“Dijo Borges:
- Pero ya estamos muertos, señor presidente.
- Sí, ya lo sé”.
No sé si el autor tenía en la mente, al escribir este relato, a Juan Rulfo.
- Carlos Fuentes
“Mientras el ciego, que llamaba al narrador de su historia ‘Borges’ siguió su enumeración… (…) Esta es nuestra segunda historia, y Burgos o Borja o Berkeley ha escrito su introducción. Debemos escribir nuestro Corán, nuestro Zohar y nuestra Cábala; también debemos reescribir nuestro Bill of Rights y nuestro Código Napoleón”.
El texto celebratorio de Fuentes me pareció fallido, una narración dizque barroca, mitad parodia, mitad homenaje, relato distorsionador, como ver una imagen a través de los espejos que hacen gordas o delgadas a las personas.
Es loable que Alberto Manguel haya rescatado estos cinco ensayos publicados largo tiempo atrás, porque nos permiten regresar, con renovada admiración, al escritor infinito: Jorge Luis Borges.
-
La actitud humana ante el cambio de época

Hilar el mundo
Nidia Soledad Esteva
La cabeza hacia abajo, enfocando la mirada en una pantalla de apenas 6
pulgadas en promedio y una espalda encorvada, esa es la postura de millones de
seres humanos frente a la IA. Sin mirarse entre ellos, escucharse u olerse. ¿Qué
actitud humana existe ante el cambio de época?
Etimológicamente, «actitud» viene del italiano attitudine, que a su vez deriva del
latín tardío aptitudo (aptitud, disposición). También se extendió su uso como una
expresión usada en las artes visuales para describir en una pintura o una escultura
el estado del alma.
El tema del mundo invadido por la IA domina la agenda pública: desde la encíclica
de León XIV, Magnifica Humanitas, dedicada a los efectos de la Inteligencia
Artificial sobre la dignidad humana, firmada el 15 de mayo de 2026, pasando por
nuestro acceso a los servicios básicos (agua, luz, Internet), más el celular y la
conversación con nuestros vínculos íntimos determinados por un algoritmo.
Esto es un cambio de época, algo inevitable, mientras las universidades, los
gobiernos, las iglesias, la convivencia humana planteando qué hacer. Entonces, si
la actitud es la postura del alma, propongo enriquecerla con algunos gestos
humanos: el olfato, la música y las ganas de sembrar.
Me cuestiono si el ser humano realmente reflexiona sobre su papel en este
umbral. Buscando respuestas, llegué a Refugio, de Olga Tokarczuk. A través de su
diálogo imaginario con una IA en el tiempo, comprendí que no tenemos una actitud
ante el cambio, sino apenas una postura sumisa, cabizbaja. En este momento,
después de que la imprenta desarrolló el estímulo visual sobre el oído, la pantalla
lo ha radicalizado.La IA privilegia el lenguaje corto, breve y sesgado, sobre todo lo demás. En la
actitud que parece asomarse en ese tipo de texto está el olfato, eso que se queda
como testigo mudo de lo que no se puede digitalizar. Las grandes ciudades
apestan literalmente en muchos de sus espacios públicos, y los transeúntes
parecen ser indiferentes. Lo que nos toca hacer es una pequeña parte para no
acabarnos el mundo, sumar el olfato a la actitud.
Koselleck, historiador alemán, decía que la modernidad nace cuando el «espacio
de experiencia», es decir, lo que se ha vivido, deja de servir para predecir el
«horizonte de expectativa». Ahora mismo, cuando sólo intuimos los cambios que ya
se están viviendo, no nos atrevemos a decir que una época se acabó y a pensar lo
que esto significa para bien y para mal. Ni siquiera nos atrevemos a debatir con
los que piensan diferente, anteponiendo la actitud tolerante para encontrar
mejores respuestas. Hoy es cuando debemos hablarnos de frente y a los ojos, con
respeto, sin discursos de odio.
A este momento histórico le haría bien no perder la música, una melodía que nos
devuelva la postura, que transforme la actitud humana, que la integre como lo
haría un ritmo tradicional, porque la música ha viajado de territorio en territorio
fundiéndose entre sí. Por ejemplo, la chilena oaxaqueña y la cueca chilena que
llegó a la costa chica del sur de México a mediados del siglo XIX traída por
marineros chilenos que iban rumbo a la fiebre del oro de California. Desembarcó
aclimatándose, y hoy es tan de la costa oaxaqueña como del austral Valparaíso.
Hay un hilo invisible entre el gozo y la nostalgia de “Pinotepa” de Álvaro Carrillo y
“Volver a los diecisiete” de Violeta Parra.
Algunos dirán que toda generación siente que su mundo se acaba. Gramsci lo dijo
con una conocida frase que muchos citan: “El viejo mundo se muere y el nuevo
lucha por nacer: ahora es el tiempo de los monstruos”. En este momento en que
pareciera que una época ha quedado atrás no nos hacemos cargo de lo que
monstruosamente hemos destruido.
Así, a la actitud debe agregarse las ganas de sembrar. Hay un fragmento en
Refugio que hace alusión a que en esa época futura la tierra aún no estaba lista
para recibir la lluvia. Ojalá tuviésemos más paciencia y ganas de sembrar.
Ante el cambio brutal que representa el fin de una época no necesitamos huir sino
fortalecer la disposición de estar presentes. No necesitamos bajar la cabeza y ver
la pantalla: necesitamos mirarnos a los ojos y mirar el paisaje, aunque apeste y
nos queme caminar en el asfalto.
La actitud incluye darnos cuenta de que el mundo en varios sentidos se está
derrumbando, que no sólo es el reel de un río contaminado, que no sólo es la
hambruna en lugares donde la sequía es atroz, sino también el no olvidar a qué
huele la naturaleza y no cambiar ese aroma por esencias sintéticas. Hacerlo sería
como perder la memoria olfativa.
Toda época que termina necesita refugio para resistir, memoria para contar lo
vivido y sembrar el futuro sin dejar de participar y sentir el mundo actual. Se
requiere actitud, postura; una que confíe en que a la humanidad todavía le queda
alma. Ante la pobreza, la marginación, la destrucción ecológica, las violencias de
todo tipo y el abuso de poder, nos ha faltado la dignidad de encararlo, pararse
enfrente de ello y preguntarnos desde qué refugio y con qué actitud vivimos este
cambio de época. -
Breviario intempestivo

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
1. “Lo único real del arte —estableció Paul Valéry— es el arte mismo”. De esto se sigue que toda su crítica puede resultar superflua o prescindible: terriblemente fácil, terriblemente difícil, según el propio Valéry, porque no añade a la obra de arte nada más que su ubicación en el gusto de la época y su correspondencia con la tradición establecida. De esta definición paradójica, cuyo aliento acerca al arte a términos más propios de lo metafísico (el Señor es tal porque es el Señor) que de lo humano, se desprende un problema de precaria solución: si el arte sólo debe confrontarse consigo mismo, ¿cómo y por quién puede ser visto, aceptado, calificado entonces así: arte?
2. El arte es el arte que es el arte. Pero a esta ecuación que puede reproducirse sin descanso es necesario aplicar un límite para definir lo que no es. Luis Cardoza y Aragón ha escrito que nadie sabe qué es la pintura, nadie sabe para qué sirve la pintura, nadie sabe lo que se propone. Y sin embargo, sí conocemos la emoción que provoca. De ello se deriva una moral: la moral del arte, la moral de esa emoción. Hermann Broch la define así: “La esencia del kitsch consiste en la substitución de la categoría ética por la categoría estética”. Lo que más importa es el efecto.
3. En el arte los efectos, el mal, el kitsch, son una huída incesante a lo racional, una imitación racional que sigue recetas determinadas, “incluso cuando el resultado es altamente irracional o llega al absurdo”. Entre la superación de la muerte y el miedo a la muerte el arte de efectos elige este último, por eso pretende obtener la permanencia, la eternidad, desde la repetición de lo conocido, es decir, de la razón. No es casual que el kitsch florezca en periodos históricos donde los valores se evaporan, como en nuestra época de predominio visual.
4. El artista que produce kitsch ignora el juicio de Schopenhauer: “Hacerse sujeto puro del conocimiento es desprenderse de sí mismo; pero como los hombres en general no saben hacer esto, no son aptos para la concepción puramente objetiva de las cosas, que constituye el talento del artista”. Para desprenderse de sí mismo el artista requiere un poderoso desarrollo de la intuición y, al mismo tiempo, un abandono controlado de la razón. A veces se emplea una metáfora para explicarlo: es como aquella estación de trenes donde deben cambiarse las vías sin detener el tráfico.
5. “El arte no es: va siendo, siempre”, afirma Cardoza. La hipótesis alude a la condición transpersonal del arte, comprendida ya en la antigüedad remota. Si el arte va siendo, su materia resulta dinámica, se encuentra en constante transformación. El arte de moldes, en cambio, sólo es, no sabe cómo ir siendo, se atiene a lo conocido. Tal es su equívoca aspiración a la permanencia, y en ella, a la consagración del nombre propio de quien se reclama como su creador: el artista kitsch.
6. A pesar de los énfasis culturales en la elaboración de formas y no de substancias, hay algunos pocos que han practicado una creatividad diferente, desde un estado de desapego y totalidad, donde la curación personal es anterior al comienzo de la obra —o cuando menos, paralela a ella—, no refleja una búsqueda de unidad, es la expresión artística de una unidad síquica alcanzada previamente. Se crea desde lo que se tiene, no desde lo que se carece. Aunque vaya firmada, la obra es anónima porque lleva “la marca de Dios”, ha sucedido a través de los humildes oficios de quien sólo se sabe un intermediario, un agente dispuesto a servir a un designio que lo avasalla porque de todos modos se cumplirá.
7. Afirma Broch que la falsa diosa del arte kitsch impone a sus adeptos una falsa exigencia: “haz un bello trabajo”. El arte verdadero demanda lo contrario: el imperativo ético de “haz un buen trabajo”. Entonces la belleza estética no será un fin en sí misma sino un medio para encontrar lo otro en lo conocido e ir más allá de lo aparente, penetrar en las estructuras profundas de lo real.
8. El arte genuino deslumbra y ciega, con-mueve y perturba, hace ver la verdad. En cambio el arte de efectos, cuya luz es tenue así parezca brillar tecnológicamente tanto, sólo complace y tranquiliza, reitera las certidumbres banales y los lugares comunes, oculta la verdad. Y aunque los obstáculos se alzan uno sobre otro y la cultura moderna confunde las urnas con los orinales, los grandes estilos estéticos, como diría Nietzsche, desdeñan gustar masivamente, olvidan convencer. Son un arte indispensable para no morir de esta realidad.
9. Parafraseando a Haldane: el arte es más misterioso de lo que parece; el arte es más misterioso de lo que podemos pensar.
-
El lado oscuro de Saint-Exupéry

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
Para mi padrino Rafael García Cortés,
quien me regaló mi primer libro,
El principito, cuando tenía 5 años.Utilizo el término oscuro en su doble acepción, lo que está poco visto y lo contrario a lo luminoso.
I.- 29 de junio de 1900
Hace unos días se cumplió un aniversario más -el 126- del nacimiento del autor de El pequeño príncipe -que hemos convertido, con los diminutivos tan cercanos a los mexicanos, en El principito-. Su padre murió siendo muy joven, de modo que fue criado por su madre y sus tías -universo femenino-. Creció y se hizo piloto aviador. Trabajó en el correo aéreo -la compañìa Aeropostale, que años después se asoció con otras aerolíneas para conformar Air France-. Voló sobre Dakar y estuvo en Argentina. Se casó con la salvadoreña Consuelo Suncín, quien fue amante de José Vasconcelos, con quien viajó a París en 1925 donde se casó con el escritor guatemalteco inscrito en la corriente literaria del Modernismo Enrique Gómez Carrillo (destaca El Japón heroico y galante, editorial Novaro, 1958). Consuelo fue la inspiración del libro Memorias de la rosa. Gómez Carrillo murió de repente y en Buenos Aires, siendo viuda rica, Consuelo conoció a Antoine de Saint-Exupéry, con quien se casó más adelante y tuvo una relación no sólo erótica sino también filial, la del niño siempre protegido por la madre/amante/esposa, que le perdonaba sus trastadas. El gran éxito de El principito nos hace olvidar otros aspectos de su obra y de su vida. Veamos.
II.- El buen amigo
Antes de escribir su obra más famosa, Saint-Exupéry era ya conocido por sus libros sobre aviación, en los que habla, básicamente, del valor de la amistad. En las pequeñas avionetas de ese momento era fácil estrellarse pero también salvar la vida. Si uno de los pilotos no avisaba por telegrama que había llegado a su destino, el más experimentado de los pilotos de la base tenía que salir a buscarlo. Así lo hizo el aviador/escritor y así también le salvaron la vida en los varios choques de los cuales no salió discapacitado aunque sí maltrecho. Sus libros más conocidos fueron: Correo del sur, Tierra de hombres y Piloto de guerra: “Me he jugado la carne en la aventura. He adquirido el derecho a sentirme afligido; es decir, de participar. De estar ligado. De comulgar. De recibir y de dar. De ser más que yo mismo. De acceder a esta plenitud que me pone tan orondo. De sentir este amor que siento por mis camaradas”.
III.- Dos de sus mujeres: Louise de Vilmorin y Silvia Hamilton
El primer gran amor de Antoine de Saint-Exupéry fue Louise de Vilmorin, de familia burguesa, que no lo aceptaba por tener una profesión tan peligrosa y de tan pocos ingresos como piloto aviador. Ella rompió el compromiso y, muchos años más tarde, después de haberse casado y divorciado de un millonario norteamericano, fue la compañera de André Malraux, el ministro de cultura de De Gaulle y autor de la célebre novela La condición humana. ¿Qué hubiera pasado si se hubiera casado con el autor de El principito y no con el gran intelectual? Nunca lo sabremos.
A Silvia Hamilton la conoció Antoine en Nueva York en 1942, separado de Consuelo. Ella era periodista, fotógrafa y tenía un apartamento en Park Avenue. Saint-Ex había ido a Estados Unidos a tratar de convencer a ese país para que entrara en la guerra. En ese contexto, Silvia fue musa y apoyo. Antoine la pasaba mal. Intentaba ser apartidista, pero André Bretón lo acusó de complicidad con el régimen colaboracionista con los nazis de Vichy. Todo esto lo cuenta Nathalie des Vallières, sobrina nieta del escritor, en el libro: Saint-Exupéry: el arcángel y el escritor.
En el departamento de Silvia Antoine terminó El principito y ¡se lo dejó en resguardo! Manuscrito y dibujos originales que ella conservó hasta 1968, cuando los vendió a la Morgan Library & Museum en NYC. Se dice que la famosa frase “sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos” surgió del romance entre los dos. Sabemos mucho de Consuelo Suncín; me gustaría saber más de la relación que tuvieron Silvia y Antoine entre 1942 y 1943.
IV.- La mujer desconocida del final de su vida
En 1943 Antoine conoció a una mujer en el tren que lo conducía de Orán a Algeria. Ella tenía 23 años y era originaria del este de Francia, casada y con residencia en Orán, donde trabajaba para la Cruz Roja. Él se prendó de ella y la frecuentó durante el último año de su vida. Se han encontrado algunas cartas con dibujos que muestran su unión amorosa. En ellas, Antoine le reprocha el que no estuviera tan cerca como él deseaba: “Ella no está jamás cuando le llamo… En la noche no regresa tampoco… No telefonea… Me enfado con ella”.
“Descubro con melancolía que mi egoísmo no es tan grande, ya que le he dado a otro el poder de entristecerme”.
“Los cuentos de hadas son así. Una mañana uno se despierta y se dice: sólo era un cuento de hadas. Uno sonríe. Pero en el fondo uno no sonríe. Uno sabe bien que los cuentos de hadas son la única verdad de la vida”.
En los dibujos de este libro que tengo la suerte de poseer -se tiraron sólo 80 ejemplares y uno de ellos llegó al mostrador de Francia en la FIL de Guadalajara y lo compré (Lettres à l’inconnue, Gallimard, 2008)- vemos a un principito enojado, iracundo, el otro extremo del principito amigo del zorro.
Saint-Exupéry fue el creador de un personaje maravilloso, el autor de novelas sobre la amistad y sobre la soledad, tanto en el desierto de arena como en el desierto de las nubes. Buscó el amor en muchas mujeres. Como hemos visto, Consuelo, Louise, Silvia y la desconocida -su último amor- fueron las más importantes. Lo cierto es que lo seguiremos leyendo por los siglos de los siglos.
Su amigo León Werth -a quien dedicó El principito– escribió: “Fue un arcángel entre el cielo y la tierra, entre las estrellas, en esa noche donde, perdido en el espacio, sin saber qué luces eran las de la tierra, tuvo que elegir entre los planetas, habiendo perdido el suyo”.
-
La violencia de los “influencer”

Administración de los males públicos
Jorge Pech Casanova
El 11 de junio, por la mañana, Ariana Ferretiz conducía en estado de ebriedad una camioneta en inmediaciones del Parque Intermunicipal de San Andrés Cholula, Puebla. Debido a que Ferretiz llevaba en el vehículo a sus dos hijos menores de edad, elementos de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana (SSPPC) procedieron a detenerla.
Al ser esposada, Ferretiz se tiró al suelo y forcejeó con una oficial. Conocida como “influencer” por sus publicaciones en redes sociales, la detenida no sólo se resistió al arresto; ordenó a su hija que grabara el incidente y gritó para la cámara que la estaban violentando. La niña y el niño se pusieron a llorar y a gritar a la par que su madre. Todo quedó grabado en el teléfono móvil de la niña.
Minutos después, bajo arresto, Ferretiz cambió su actitud llorosa por una amenazante: aseguró a los elementos policíacos que fue pareja de “el contabilidad del cártel”, quien aún le manda mensajes para que abandone a su marido y vuelva con él. Inclusive retó a los policías a detener al “contabilidad”. La mujer de 35 años involucró como sus aliados a otros personajes de la política, como el presidente municipal poblano José Chedrahui Budib. Todas estas amenazas fueron grabadas por las autoridades.
Tras salir de los separos, la “influencer” utilizó sus redes sociales para victimizarse. Sus publicaciones se volvieron noticia del día. La respaldó una diputada poblana ansiosa de notoriedad, la morenista ex locutora Nallely Salvatori, al difundir una videograbación en la que reclamó, acompañada de Ferretiz, “justicia para Ari”.
Enseguida, las autoridades filtraron un video en que la intoxicada detenida amenazó a policías e implicó a varios individuos con narcotraficantes. Dos aludidos, José Antonio Pérez Aréchiga (supuesto “contabilidad del cártel”) y el presidente municipal Chedrahui Budib se deslindaron públicamente de Ariana Ferretiz. Pérez Aréchiga, sin embargo, aparece en fotos acompañando a Ferretiz.
El escándalo que sobrevino dejó malparada a la legisladora Salvatori. Reprendida por la dirigencia de su partido, tuvo que disculparse por justificar las acciones de la “influencer”.
Pese al escándalo, el 17 de junio Ariana Ferretiz contrató el espacio electrónico de otro “influencer” para comentar en tono burlesco un asalto violento que cometió en 2010. En el podcast “Un Shot con Uri Díaz”, Ferretiz (riéndose a carcajadas junto con Díaz) relató cómo agredió durante una fiesta, hace 16 años, a una menor de edad.
El diario El Piñero de la Cuenca refirió así la emisión de Uri Díaz con la agresora: “Ferretiz recordó que la víctima era alumna del COBAO Plantel 07 de Tuxtepec y tenía aproximadamente 16 años, mientras que ella contaba con 19 años”. A esa adolescente, Ferretiz la atacó por la espalda con una navaja y le causó heridas.
Ferretiz no sólo lesionó a la adolescente, sino que hirió a la tía y a un amigo de la víctima y terminó originando una pelea entre los asistentes a la fiesta. Como si narrase una travesura, la “influencer” festejó con risas que coreó Uri Díaz: “Yo estaba ¡pas, pas!, como peluquera, y ella gritaba: ‘¡Mi hermoso cabello!’. Se lo corté con tanto odio que no le crecía. Un amigo se intentó meter y le terminé cortando con las tijeras [sic] la mano. Yo le decía: Déjame, la quiero seguir pelando, me faltan los hoyos. Todo mundo se empezó a pegar. Yo la tenía hincada en el piso cortándole el cabello”. La agresora remató la narración de su “gracia” refiriendo que publicó mensajes en Facebook burlándose de la joven: “Espero que te guste tu cambio de look porque quedaste pelona”.
La joven que fue víctima del ataque de Ferretiz, tras de conocer la cínica entrevista, refirió a El Piñero de la Cuenca que en esa ocasión la atacante: “me abrazó por la espalda mientras me cortaba el cabello, pero en el forcejeo también me cortó el cuello y me salió mucha sangre. Ella es malévola, siempre trata de dañar a las personas”.
La víctima de hace 16 años detalló que, después de sufrir varios golpes, navajazos e insultos, su tía y un amigo suyo lograron ayudarla a zafarse de Ferretiz. Después de atenderse en el hospital de Tuxtepec, la joven agredida y su padre acudieron a la procuraduría de justicia para denunciar los hechos. La agredida añadió que el papá y el hermano de Ariana, tras el ataque de la celosa mujer, intimidaron y amenazaron a la entonces adolescente.
Difundidas sus “hazañas”, Ariana Ferretiz aseguró el 18 de junio en un comunicado a medios informativos que las acciones o expresiones capturadas en los videos “no reflejan los valores éticos que pretendo representar ni el compromiso que mantengo con la comunidad”.
Ferretiz expresó su disculpa pública al presidente municipal José Chedraui Budib, “así como a todas aquellas personas que se hayan sentido agraviadas, decepcionadas o afectadas por lo sucedido. Declaro que no tengo ningún vínculo con ellos. Este momento representa un doloroso pero necesario proceso de aprendizaje y autocorrección”.
Aparte del ridículo en que la han puesto sus malas acciones, Ariana Ferretiz comprueba, con este sainete, una tendencia cada vez más exasperante de personajes que se presentan como “influencers”: su determinación de violentar a otras personas para satisfacer sus deseos, así como su descaro para difundir videograbaciones en las que se presentan como víctimas después de haber cometido una falta o un delito violentos.
Ferretiz no dudó en involucrar a sus hijos, una niña y un niño, para tergiversar la escena de su detención cuando estaba ebria. La ex comunicadora y actual diputada Santori recurrió al mismo truco para hacer aparecer como víctima a la ebria arrestada.
Hasta la fecha, en la mayoría de hechos violentos en que intervienen “influencers”, autopublicistas sufren homicidios y agresiones. Sin embargo, no escasean las ocasiones en que otros promotores de sí mismos cometen acciones violentas o intentan disfrazar faltas grabadas. Como la abusiva Ferretiz o el infame Rodolfo Márquez, cada vez son más los personajes mediáticos que cometen actos violentos y tratan de hacerse pasar por víctimas.
Valeria Márquez López y Carolina Flores Gómez, ambas “influencers”, perdieron la vida por ataques letales. La primera, en mayo de 2025, ultimada a tiros en su salón de belleza cuando transmitía en vivo para sus seguidores. El sicario que la ejecutó está prófugo. La segunda fue baleada en abril de 2026 en su propio domicilio por su suegra Erika María Herrera, capturada en un país extranjero y ya bajo proceso en México.
Pero hay otros “influencers” que promueven estilos de vida ostentosos en combinación con actos violentos. El énfasis en el atractivo físico y en el derroche de riquezas de esos autopublicistas, suele ser inversamente proporcional a la estatura ética e intelectual de tan pasajeras celebridades, las cuales se reducen aún más al difundirse peripecias como la rabiosa pataleta de Ariana Ferretiz o la violentísima reacción de “Fofo” Márquez contra una mujer por un incidente de tránsito. La sombra que arrojan esos “influencers” oscurece aún más estos tiempos tenebrosos.
-
El coito del agua

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
En 1928, durante una visita a París, el médico norteamericano Friederich van Urban entró a un café del bulevar Clichy frecuentado por artistas y bohemios del rumbo. Se sentó en una mesa al lado de una joven y atractiva pareja que de pronto empezó a sostener una violenta pelea. Después de gritos e improperios, de mutuas recriminaciones a la francesa, la hermosa mujer dejó el lugar con un portazo. Van Urban después sabría que se llamaba Mimí.
El doctor había leído, después de varios años de olvidada, sobre la técnica fisiológica y espiritual del sexo llamada karezza (carezza en italiano, caricia) por John Noyes, su descubridor a mediados del siglo XIX. Una técnica que llevaba a las parejas a intensos goces de amor mutuo, a una plenitud sexual definida por sus practicantes como luminosa, extática y prolongada, aún después de años en común.
Así que abordó al hombre luego de la salida de la joven dama, la adorable y rabiosa tempestad pelirroja que airadamente se había marchado. Platicaron y Rudolph, un escritor bien parecido, novio de la bella Mimí, le confesó a van Urban que él era un amante salvaje, artístico, caprichoso. Hacía el amor frecuentemente con ella, pero sin duración. Mimí alcanzaba el orgasmo casi al comenzar la cópula, apasionada aunque corta. Mientras más rápidos eran los encuentros, Rudolph creía que su pasión amatoria resultaba superior. Le enorgullecía su velocidad.
Van Urban le explicó que no, que la frecuencia de esos orgasmos drenaba su fuerza y su trabajo creativo. Que los cuerpos requieren suficiente tiempo para intercambiar su energía bioeléctrica, veintisiete minutos cuando menos, sin importar cuántos orgasmos se hubieran tenido. Le mencionó a Rudolph algunas reglas que lo enfurecieron: besarse durante unos ocho minutos, abrazarse más de doce, yacer juntos el tiempo necesario para transmitir del uno al otro la energía corporal y espiritual, ya que no hay cuerpo sin espíritu.
Rudolph se indignó aún más. Le dijo al médico que eso le parecía un régimen militar, mecánico, que negaba la espontaneidad erótica, como si ésta no fuera una danza de vida e intensidad. Lo llamó intelectual del sexo, pero lo dejó continuar. El médico le respondió que el agudo sentido de insatisfacción y duda de la gente, “repetitivo como el amor”, se alivia sólo momentánea y genitalmente, y que ese alivio sirve como un asilo sexual-político poco duradero, temporal.
El escritor estalló cuando el médico le dijo que no había ninguna amante comunión en una pareja que no ha cedido y confesado entre sí “sus privadas tácticas de aislamiento, sus tendencias eróticas, sus ritos sexuales, sus tabúes, y se ha atrevido a representar ante el otro las fantasías secretas.” Y que era obvio que Mimi y él todavía no lo habían logrado.
El tantra y el taoísmo consideran que el orgasmo convencional no es el fin de la sexualidad. Cultivan un sexo que comparta la amplificación de las energías bioeléctricas y espirituales, similar a lo descubierto por la teoría física de los campos magnéticos. La antigua certeza de la existencia de una fuerza poderosa desarrollada entre el hombre y la mujer al juntarse físicamente, de una energía que procura salud física y desarrollo espiritual, cuyo descubrimiento fue ocultado por el pudor victoriano de la época pocos años después de darse a conocer.
En contraste con la tradición china de la sexualidad, el norteamericano John Noyes descubrió la karezza debido al profundo amor que sentía por su hermosa mujer, con quien llevó una vida sexual normal hasta que en su decimoctavo año de matrimonio estudió el tema del coito y descubrió esa técnica. Se vio obligado a hacerlo después de que ella tuviera cinco partos, cuatro de los cuales fueron prematuros y comprometieron su salud. En el verano de 1844 Noyes le juró a ella que no volvería a ponerla en ese peligro.
Comenzó por razonar que los órganos sexuales poseen otra función además de su tarea generativa. Lo puso en práctica con su esposa y resultó absolutamente satisfactorio, lo fue enseñando a sus amigos íntimos y fundó una comunidad donde se aplicaron y siguieron los resultados de su modelo de cópula. La teoría de Noyes afirmó la existencia de una fuerza magnética que se intercambiaba en el acto sexual.
Noyes regresaba a lo que los taoístas practicaban sin nunca decirlo a la pareja, a la que se le facilitaba el orgasmo para que el varón, conteniendo su propia eyaculación, se proveyera de la mayor cantidad de fluido yin femenino proveniente de la boca (pico del loto rojo), de la transpiración en los pechos de la mujer, que libándose (jugo de melocotón, pico del loto gemelo) prolonga la salud y la vida de manera espectacular, y el fluido de la vagina, llamada el pico del hongo púrpura, la gruta del tigre blanco o la puerta misteriosa.
“A su libación se le llama la flor de la luna, y fluye de la vulva durante el coito, cuando el rostro de la mujer se arrebola y su garganta emite murmullos. Para absorber esta esencia, el macho retirará su pene de forma que sólo alcance dentro de la vagina la profundidad del pulgar. El hombre absorbe esta libación a través de la piel del pene”, escribiría James Powell, hablando de los adeptos chinos, de Noyes y de van Urban, que trataba de explicárselo al boquiabierto Rudolph, el atropellado amante de Mimí.
Van Urban le contó que Noyes y su esposa acostumbraban yacer quietos durante media hora, aunque el miembro de él no estuviera erecto, y siempre de lado, sin ejercer una presión sofocante sobre el cuerpo de ella, usual entre amantes típicos como era él, de dos o tres minutos cada contacto crispado con Mimí, precoz, jadeante, histérico. La misma relajación profunda y el sentimiento pleno de amor que les daba su espera también eran obtenidos por los Noyes cuando mantenían prolongados contactos corporales sin coito y hasta sin penetración.
El sexo del agua, dijo von Urban que se podía llamar, porque según los filósofos chinos el agua no tiene forma alguna y quien flota en ella debe utilizar lo que la naturaleza le haya dado, dejar que las corrientes vayan y vuelvan, irse al fondo con los remolinos y emerger con las corrientes, siguiendo los caminos del agua sin pensar en sí mismo al flotar. Rudolph opinó que Mimí debería escucharlo.
“Pero si usted quiere ser un amante taoísta, no debe decírselo”, le contestó el médico. “Sólo que quiera practicar karezza. Recuerde: juguetear con ella media hora, besos y caricias sin agotarse. Nada genital en ese tiempo. Y después prolongar el coito cesando todo movimiento y relajándose cuando se va a llegar al orgasmo. Respire profundo entonces y espere veintisiete minutos: por impacientes fuimos expulsados del paraíso; por impacientes no podemos volver a él. Le aseguro que si lo hace se volverá luminoso. Inténtelo con Mimí. Adieu.”
Von Urban abandonó el café y nunca volvió a París. No supo si Mimí y Rudolph salvaron su relación con ese tantra sexual de Occidente compuesto de tiempo demorado y manos, mejillas, labios, cuellos, hombros, sobacos, pechos, caderas, genitales, muslos, rodillas, tobillos, pies. El universo nace de la cópula.
