Morfema Cero

  • Mefisto en Groenlandia / I

    Mefisto en Groenlandia / I

    TA MEGALA

    Fernando Solana Olivares

    O un viaje hacia la autodisolución. Como en el cuento de Edgar Allan Poe, “La carta robada”, que se esconde a plena vista y así pasa desapercibida, la segunda presidencia de Trump mostró desde antes de iniciarse cuáles eran sus intereses amenazando precisamente con lo que haría. Hasta hoy lo ha cumplido.   

           Además de gravitar alrededor de un narcisista maligno miembro de una plutocracia fascista sin disfraces ni ocultamientos, caracterizado por un ego patológico y una semántica sicótica que emplea engaños, mentiras y afirmaciones falsas propias de una dimensión paralela donde la verdad común no existe, más cercana a la delirante corte de la Reina de Corazones de Alicia y su trastorno de la realidad que a una política determinada por el principio de realidad, la peligrosa decadencia del imperio estadounidense y su incontenible beligerancia parecen llevar al mundo a una tercera guerra mundial. 

           (Antes la historia se presentaba una vez como tragedia y otra como comedia, según dijo sabidamente Carlos Marx. Pero la condición de estos días quedó anticipada en la literatura fantástica de Lewis Carroll, que al surgir se creyó una historia infantil, una novela de iniciación o de sátira y parodia, cuando insospechadamente correspondía a un género político-distópico por venir. “Ya te lo dije varias veces, entonces es verdad”, afirma la voluble Reina de Corazones, o bien ordena: “Primero la sentencia y después el juicio”; o como Humpty Dumpty en A través del espejo, quien afirma que cuando usa una palabra él la obliga a que signifique exactamente lo que quiere pues el verdadero sentido del lenguaje es saber quién manda, una mera cuestión de poder, adelantando conductas propias del presidente estadounidense que construye su enloquecida verdad mediante incoherentes monólogos y acusa esquizamente a cualquiera de cualquier cosa sin probar nunca sus afirmaciones.)

           Así, destructor intencionado del orden mundial basado en las reglas impuestas por los mismos Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial —aunque fueran desiguales en su aplicación e incumplidas a menudo por ellos—, practicante gansteril de la fuerza como causa y justificación moral, Trump encarna el final de Occidente y la ilustración racional que por siglos lo determinó. Es el heraldo de tiempos que han llegado a su término, representa una ruptura y no una transición. No alcanza a ser un Anticristo, pero su ominosa frivolidad (“El mal siempre es banal”: Hannah Arendt) semeja al payaso anunciante de aquel patético fin del mundo imaginado por Kierkegaard, con una diferencia esencial: Trump no provoca risas sino pavor.

           En esta demencia “normalizada” que Trump padece por su megalomanía aguda (“Creo que Dios está muy orgulloso del trabajo que he realizado. Estamos protegiendo a mucha gente que está siendo asesinada: cristianos, judíos, y a mucha gente que está siendo protegida por mí, que no lo estaría con otro tipo de presidente”, declaró hace tres días al elogiar el primer año de gobierno de su segundo periodo), las causas detrás del anuncio de la anexión de Groenlandia parecen evidentes: desde un trofeo para entrar a la historia y singularizarse como el presidente que más ha expandido el territorio estadounidense de una sola vez, hasta la posición geoestratégica clave que la isla ocupa y su gran riqueza en recursos naturales (petróleo, gas, metales de tierras raras entre los que se encuentran 25 de los 34 minerales considerados críticos para la tecnología actual, recursos pesqueros y rutas de navegación, todo ello de alto valor económico), cada vez más explotables ante el deshielo causado por el calentamiento global. 

           Esta idea fija, que según analistas responde a una lógica empresarial antes que política, la cual ambiciona la posesión y la propiedad de un “activo valioso del que se ocupan mal y que hay que adquirir a cualquier precio”, en palabras de Trump, parece resultar suficiente para explicar la más nueva intentona de apropiación imperial corsaria. Considerando a Europa debilitada ante el “Nuevo globalismo” de Estados Unidos —apoyado en una pugnaz reinterpretación de la Doctrina Monroe, en la conversión de Estados Unidos en superpotencia energética que fija las reglas del mercado de hidrocarburos, y en su consolidación como potencia ártica—, Trump exige el apropiamiento de Groenlandia bajo amenaza de anexión militar.

           Sin embargo, otras razones parecen sostener dicha obsesión. “La verdad está en las grietas”, escribe Alejandro Estrella González en un excelente y documentado artículo publicado en Revista Común (https:/ /revistacomun.com/), “La Ilustración Oscura y la anexión de Groenlandia”. Detrás de la pertenencia de esa isla descubierta para Occidente por el vikingo Erik el Rojo está el movimiento neorreaccionario, dos de cuyos principales teóricos son un bloguero-filósofo proveniente de la tecnología digital, Curtis Yarvin, y el sociólogo Nick Land, quien en 2012 sistematizó el proyecto ideológico Dark Enlightenment, la Ilustración Oscura, en un opúsculo de 70 páginas.

           Una afirmación del multimillonario Peter Thiel, otro personaje principal de este proceso, es el mantra que define a los neorreaccionarios: “La libertad no es compatible con la libertad”. Land ha escrito que la democracia es la degeneración misma y que se ha expandido a un Estado parasitario que devora a la sociedad. Su propósito es reemplazar al Estado, explica Rafael Noboa en Brecha Uruguay, por un régimen organizado como una empresa, a la medida de los magnates digitales, los barones tecnológicos provenientes de Silicon Valley. Este reemplazo sólo formalizaría el poder autocrático que ya existe en Occidente y daría lugar a una clase dominante, una nueva aristocracia de los que más tienen convertida en propietaria del país, la que elegiría a un consejo de administración el cual a su vez nombraría a un CEO equivalente a un monarca.

           En un planeta ideal, escribe Noboa citando a Land, con Estados administrados como empresas, “la población carece de derechos políticos, aunque el príncipe, que compite con otros Estados, debe preocuparse por la excelencia y eficacia de sus súbditos o residentes. Si un residente o cliente se interesa en política estaría mostrando una inclinación semicriminal”. Land afirma que todo lo que Occidente ha hecho en la modernidad democrática debe desecharse y cambiar, salvo la innovación científica y los modelos de negocios. “Y esto sólo puede ocurrir si se produce un cataclismo existencial de civilización”. 

           A este empeño se le llama “aceleracionismo”, táctica similar a aquella leninista para exacerbar las contradicciones sociales del capitalismo. Y en ello hay un síndrome buscado para llegar al Armagedón, a una guerra civilizatoria colapsante que dé lugar a una nueva etapa histórica. A Tecnoestados feudales post humanos, eugenésicos, con científicos racistas y masas ignorantes y desposeídas confinadas en campos de concentración digitales bajo el yugo de poderes autocráticos ilimitados.

          Groenlandia es un sitio ideal para iniciar el experimento. Tiene una baja población (65,000 habitantes) y una soberanía limitada. Su administración local es débil y no posee ni ejército ni élites fuertes. Mefisto y sus poderosos lacayos la quieren.

  • Crear nuevos públicos / reflexionar sobre la crítica

    Crear nuevos públicos / reflexionar sobre la crítica

    El laberinto del mundo

    José Antonio Lugo

    I. El crítico de arte Charles Baudelaire

    En la Francia de mediados del siglo XIX los Salones de Arte eran un espacio distribuido en varios museos donde se reunían obras de vanguardia. Al escribir para el periódico sobre las piezas exhibidas, el gran poeta Charles Baudelaire (1821-1867) hacía un doble trabajo: explicar cada obra -los lectores no tenían aún el apoyo de la fotografía- e interpretar su cauce secreto, su lenguaje cifrado.

    A fin de comentar cada pieza combinaba, al mismo tiempo, sensibilidad subjetiva y rigor en el juicio. Inauguró así una crítica seria, que partía de la obra misma.

      Respecto al salón de 1946, escribió : “¿Para qué sirve la crítica? Creo sinceramente que la mejor crítica es aquella que es divertida y poética, no la que, fría y algebraica, bajo pretexto de explicar todo, no tiene odio ni amor, y se desnuda a voluntad de cualquier especie de temperamento. Una bella escena reflexionada por un artista será un cuadro que ha pasado por un espíritu inteligente y sensible (…) En cuanto a la crítica propiamente dicha, para ser justa debe ser parcial, apasionada, política, es decir, hecha desde un punto de vista único, que abra la mayor cantidad posible de horizontes”.

    A partir de esa convicción, Baudelaire creó nuevos públicos para las nuevas obras que se estaban gestando.

    II. Reflexionar sobe la crítica

    En el libro Atardecer en la maquiladora de utopías: ensayos críticos sobre las artes plásticas en Oaxaca (publicado por Ediciones Intempestivas en 1997 desde el MACO por iniciativa de Fernando Solana Olivares y con prólogo de Teresa del Conde), su autor, Robert Valerio, hace un libro de crítica a partir no de certezas, sino de preguntas inteligentes que convirtieron el libro en un referente.

                Así, Valerio (1959-1998):

    • Se pregunta si existe una escuela oaxaqueña de pintura, a través de pintores tan diferentes entre sí como Rodolfo Nieto, Rufino Tamayo, Francisco Toledo y Rodolfo Morales (a partir de una definición de Andrés Henestrosa).
    • Afirma la deficiencia de la crítica de arte en Oaxaca, que habla de la “luz oaxaqueña”, utiliza discursos desarrollados a nivel estatal o nacional y no discute el arte oaxaqueño desde la percepción de los vínculos con lo que sucede allí mismo o en el resto del país y del mundo.
    • Describe a la crítica como apéndice de la biografía del artista (mismo defecto que hizo ver el genial novelista francés Marcel Proust sobre el crítico literario Sainte-Beuve, por cierto).
    • Si bien la función de la crítica es mediar entre el artista y el público, los comentarios que dejan los espectadores en los libros de visitantes de una exposición nos muestran que la recepción de la obra es subjetiva de modo superlativo.
    • La exterioridad a partir de la cual se concibe la plástica oaxaqueña provoca que se vayan configurando identidades regionales ficticias. Valerio señala: “A Posada no le interesaba ‘mantener’ la identidad; le interesaba descubrirla”.
    • Asevera el autor del libro, contundente: “Abstracción y realismo: dos marginados de la pintura oaxaqueña contemporánea”.
    • En el fragmento “Urintikor o del estilo”, de manera socrática, Uríntikor y Elentikor sostienen un diálogo, concluyendo que: “el estilo es la estabilización de los recursos de autoexpresión”.

    Robert Valerio

    En la “Inconclusión”, Robert Valerio señala: “A lo largo de este libro mi intención ha sido, más que establecer conclusiones firmes, abrir perspectivas de especulación”. Podemos afirmar que Atardecer en la maquiladora de utopías lo logra con creces.

                En noviembre del año pasado, en el Museo de la Pintura Oaxaqueña dirigido por Jorge Pech, y con motivo de los veintisiete años de la publicación de la primera edición del libro de Robert Valerio, Fernando Solana Olivares convocó a una mesa redonda de artistas y críticos plásticos oaxaqueños. En la mesa estuvieron Nidia Martínez Esteva, Ivonne Kennedy, Guillermo Santos, Soledad Velasco, Jorge Pech, Siegrid Wiese y Fernando Solana. Todos concordaron en que el libro de Valerio ha sido un referente, todavía vigente, en el análisis sobre la ontología -si podemos decirlo así- del arte plástico oaxaqueño a partir de sus muy ricas y diversas expresiones.

                En el prólogo al libro, Teresa del Conde señala: “Sus argumentos son valientes y honestos. Llegan a ser ‘objetivos’ (término que se usa poco en la crítica de arte) porque su estilo de razonamiento está libre del matiz retórico que con más frecuencia de la que imaginamos acompaña a los escritos sobre arte”.

                Me congratulo de haber leído el libro y asistido como espectador a la mesa redonda sobre Atardecer en la maquiladora de utopías: ensayos críticos sobre las artes plásticas en Oaxaca. Ojalá sigan apareciendo más libros que hagan crítica del arte y crítica sobre la crítica de arte.

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  • De unos sobre otros

    De unos sobre otros

    Ta Megala

    Fernando Solana Olivares

    El arte perdido. Según Ernst Jünger, citado por Luc-Olivier d’Algange, el arte de vivir es el arte de no aburrirse nunca. Y el olvido de una “ciencia original” descrita en su gran novela Heliópolis es la causa fundamental del tedio posmoderno y del horror que ello presagia: “El universo tal como se ofrece a nuestros ojos no es más que una de sus innumerables secciones posibles. El mundo es como un libro; de sus hojas incontables sólo vemos aquella por la que está abierto”. Pero no a todos, señala el comentarista, les es dado saber voltear las páginas: tal es el objeto de la metafísica experimental. Metafísica, en tanto que la concepción de un universo de secciones múltiples va más allá de la percepción inmediata o establecida, y experimental en tanto que se trata del arte de pasar de una sección a otra. El discreto intervalo de la vuelta de las hojas es lo que algunos filósofos llaman intuición y ciertos escritores definen como epifanía.

    Lo que se sabe. “La obra de Jünger puede leerse como un arte de vivir cuya virtud fundamental sería celebrar el reencuentro de la persona y su destino. Estamos aquí en las antípodas de esas teorías de la modernidad que quisieron hacernos creer que nuestra vida personal está desprovista de sentido, que la única forma de existir en este mundo es inscribirse en el ‘sentido de la historia’, despreciando la naturaleza y sus dioses, como si debiera prevalecer un inmenso olvido que reduce a los hombres a no ver ni comprender nada, fuera de ellos mismos, en una delectación narcisista, delante de pantallas mentirosas”. (Luc-Olivier d’Algange.)

    Lutero en el islam. Y es una mujer, además. Ayaan Hirsi Ali, pensadora y activista musulmana somalí, propone cinco tesis para reformar al islam, “clavadas en una puerta virtual”: 1. Garantizar que Mahoma y el Corán se prestan a la interpretación y a las críticas. 2. Dar prioridad a esta vida, no a la vida después de la muerte. 3. Limitar la sharía (el dogma rígido, literal e integrista impuesto por una versión del islam que se conoce como wahabismo o salafismo) y poner fin a su preponderancia con respecto a la ley seglar. 4. Poner fin a la práctica de “ordenar lo que está bien, prohibir lo que está mal”. 5. Abandonar el llamamiento a la yihad (la guerra santa contra los infieles). Este proceso de reforma, una batalla de ideas como el surgimiento del protestantismo representó en Europa, está en marcha a pesar de la barbarie brutal del salafismo yihadista del Estado Islámico y de las atroces variantes islámicas de Al-Qaeda. Ante ello, Tahar Ben Jelloum, escritor marroquí, habla del islam que da miedo, aquel que trata de imponer el siglo VII en la época moderna: “Uno no puede desplazar los contextos y la historia a su antojo. En cambio, el EI actúa como si los quince siglos que nos separan de la aparición del islam hubieran sido borrados de un sablazo mágico”. De ahí su imposibilidad para triunfar definitivamente pues ni el tiempo ni la historia regresan: fluido ininterrumpido en constante movimiento.

    El eterno retorno. El que no parecía pensarlo así fue Fernando del Paso, quien en el homenaje que se le rindió al cumplir 80 años dijo que no cambiaría una sola coma ni de su literatura ni de su biografía y que de ser el caso las viviría de nuevo igual. Hay otro tipo de gente que sin duda enmendaría muchas cosas si tuviera tal oportunidad. El mero hecho de volver a vivir lo vivido es vivirlo distinto. Lo sabía el filósofo griego: nadie se baña dos veces en el mismo río, así el anhelo fáustico clame al instante que se detenga por ser tan hermoso. Detenerse, sin embargo, no es repetirse otra vez.

    Sabiduría de Chamfort empleada por Cyril Connolly. “Casi todos los hombres son esclavos, por la razón que daban los espartanos de la servidumbre de los persas: el no saber pronunciar la sílaba no. Saber pronunciar esta palabra y saber vivir son los dos únicos medios de conservar la libertad y el carácter”.

    Filosofía romántica. “Cuando doy a las cosas comunes un sentido augusto, a las realidades habituales un aspecto misterioso, a lo que es conocido la dignidad de lo desconocido, a lo finito un aire, un reflejo, un resplandor de infinito, las romantizo. Es la operación inversa para lo sublime, lo desconocido, lo místico, lo infinito —ahí la relación establecida es logarítmica— pues esa operación les da una expresión corriente”. (Novalis.)

    Sobre el siete. Las siete diferentes etapas de la vía mística aparecen simbolizadas en el célebre poema de Attar, La conferencia de los pájaros (también traducido como El lenguaje de los pájaros): a) la búsqueda, b) el amor, c) el conocimiento místico, d) el desasimiento, e) la unicidad, f) la perplejidad, g) la pobreza y la aniquilación. En otra versión se dice a) la búsqueda, b) el amor, c) el conocimiento, d) la independencia, e) la unidad, f) el asombro, g) la desnudez y la muerte mística. 

    Variantes complementarias. Siete también son los estados de la materia, los grados de la conciencia, las etapas de la evolución: conciencia del cuerpo físico, de la emoción, de la inteligencia, de la intuición, de la espiritualidad, de la voluntad, de la vida. La conciencia lleva a la comprensión, la conciencia es comprensión. Y comprender es aceptar la entrada a otro orden o espacio de sentido y de ser. En esta época crepuscular la gente sobre todo siente. Por eso en lugar de “yo pienso” hoy se dice “yo siento que”. No obsta que la cita clásica de Heidegger establezca que el lenguaje es la casa del ser y que los hombres moran en esa casa: “Los que piensan y los que crean poesía son los custodios de esta morada”, escribe. Nuestras épocas de miseria semántica representan las del estrechamiento del ser. Palabra viene de parábola. Las palabras son perspectivas. Perder las palabras es perder el alma. Son una escalera para alcanzar el cielo. O para enunciarlo, cuando menos. Una forma para saber que está.

    El saco de Satanás. Titivillus, un repugnante demonio, se describe a sí mismo como “un pobre diablo” ante el abad que lo confronta. Y le explica que su tarea es llevarle diariamente a Satanás “mil sacos llenos de errores y negligencias en sílabas y palabras”. El demonio conserva esos errores como pruebas contra las personas cuando sus almas se vean juzgadas. “Aunque tales cosas sean pronto olvidadas por quienes las hacen, el demonio no las olvida”, dice Titivillus. Pero el tratado devocional del siglo XV Myroure of Oure Ladye que consigna esta historia no es aplicable hoy, cuando esos errores han disminuido no ante un rigor lingüístico creciente sino ante la casi desaparición del lenguaje. El español contiene decenas de miles de palabras. En estos días se utilizan no más de dos o tres centenas de voces. Así, ¿quién puede errar ante la neolengua terminal del homo videns contemporáneo, aquel que reemplaza al homo sapiens de no hace mucho en la historia, a ese ser hecho de lenguaje?

    Siete consejos japoneses. Son normas para la vida, prácticas diarias que deben ser mantenidas. No son autoayuda, pero vaya que ayudan. Ikigai. Descubrir el propósito en la vida. La razón para despertar cada mañana. Shikata ga nai. Dejar ir lo que no se puede controlar. Reconocerlo y aceptar que está bien. Enfocar la energía en lo que sí se pueda cambiar. Wabi-sabi. Encontrar la paz en la imperfección. Reconocer que nada en la vida es perfecto, ni uno mismo ni los demás. En lugar de luchar por la perfección, encontrar alegría en las imperfecciones que hacen que la vida sea única y hermosa. Gaman. Preservar la dignidad en tiempos difíciles. Mostrar madurez y autocontrol ante los desafíos de la vida. Trabajar la paciencia, la resiliencia y la empatía. Dubaitori. No compararse con los demás. Todos tienen líneas de tiempo diferentes y un camino único. Uno debe concentrarse en el propio progreso en lugar de tratar de medirse con los otros. Kaizen. Buscar la mejora en todas las áreas de la vida. Incluso los pequeños cambios pueden tener un gran impacto en el tiempo. Ganbatte. Hacer siempre en todo lo mejor que se pueda. Nunca dejar de buscar la excelencia en todo lo que se haga. La excelencia no es perfección sino establecer en todos los aspectos existenciales el mayor compromiso hacia los pensamientos, palabras y acciones. Y una advertencia. Dos extravagancias: excluir la razón, admitir sólo la razón (Pascal dixit).

    Perseverancia. Como diría aquél: arriesgándome a no existir, yo prefiero resistir.

  • Tres miradas y una revaloración: Fernando García Ponce 

    Tres miradas y una revaloración: Fernando García Ponce 

    El laberinto del mundo

    Esteban García Brosseau 

    Hace unos días, José Antonio Lugo me contactó para proponerme escribir, junto con Luis Ignacio Sáinz, algunas palabras sobre mi padre, el pintor Fernando García Ponce (1933-1987). 

    José Antonio Lugo, escritor, editor, amante y conocedor de la literatura universal, se desempeñó, en su juventud, como secretario particular de mi tío, el novelista y ensayista Juan García Ponce, quien mantuvo una relación muy estrecha con su hermano Fernando. 

    Como intelectual muy querido y respetado en el ámbito del arte mexicano, Luis Ignacio Sáinz ha escrito sobre pintores destacados como Manuel Felguérez y Vicente Rojo, quienes fueron muy cercanos a mi padre, tanto a nivel personal como por su fidelidad a la abstracción. 

    Fernando García Ponce es uno de los actores más importantes de la pintura mexicana de la segunda mitad del siglo XX y así fue reconocido en vida. Fue el ganador del primer lugar del salón Esso en 1965, -junto con Lilia Carrillo, quien obtuvo entonces el segundo lugar-, lo cual hizo estallar el famoso zafarrancho del Museo de Arte Moderno, en el que se enfrentaron los representantes de la “joven pintura mexicana” con los defensores de la vieja escuela. 

    Por circunstancias que no me quedan del todo claras, si bien intuyo muchas de sus causas, entre las cuales la menos misteriosa es que mi padre haya fallecido muy joven y hace ya varias décadas, su nombre, según he podido observar, se omite cada vez más frecuentemente cuando se rinde homenaje a quienes, como él, fueron de los principales introductores de la abstracción en México. 

    Esta omisión, relativamente reciente, por lo demás, del nombre de Fernando García Ponce, me parece tan desafortunada como inquietante, sea voluntaria o no.

     Por todo ello, agradezco particularmente a José Antonio y Luis Ignacio este puntual, aunque significativo, ejercicio de memoria, al que me sumo desde el cariño filial.

    Esteban García Brosseau es crítico de arte e hijo de Fernando García Ponce. Su libro más reciente es Nagas, naginis y grutescos. Púlpitos barrocos de la India portuguesa como triunfos ibéricos contra la idolatría (siglos XVII a XVIII), Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM, 2019.

    Luis Ignacio Sáinz

    «El arte es el deseo en bruto».
    ¿Jean Dubuffet?

    Juan García Ponce seduce y tortura a las palabras para crear imágenes dueñas de profundidad conceptual. Fernando García Ponce domeña los objetos para aislar al espacio dotándolo de sentido. Ambos le adosan a sus ejercicios creativos posibles significados y eventuales significantes. Sus caminos se intersectan en el imperio de la forma y su plural. Cada quien, a su modo, como expresara Roger Von Gunten del artista-arquitecto, pero aplicable también al crítico-escritor: “tenía su propio centro de gravedad”. La mirada y la reflexión que detona se erigen en arsenal hermenéutico.

    Ávido del mundo, haciendo a un lado el jicarismo, el paisaje bucólico y el ideologismo de la gesta armada de 1910, busca o persigue una versión singular de lo contemporáneo más que de lo moderno. Fatiga el expresionismo abstracto (la Escuela de Nueva York y la galería Art of this Century de Peggy Guggenheim), el informalismo europeo (el grupo Cobra, Art Brut, el colectivo El Paso, el espacialismo), el geometrismo (Gris, Braque y Picasso) y el collage (Schwitters), a ambos lados del Atlántico y quizá escrutando el más nimio gesto del suprematismo y el constructivismo rusos.

    Durante su última década de fábrica estética Fernando García Ponce reconcilia imágenes e inscripciones (frases, notas, palabras, signos), trasciende el determinismo del caos propuesto por su hermano como clave exegética para adentrarse en la entropía (del griego “cambio o giro dentro”): desorden y aleatoriedad que remite a la energía no utilizable en un sistema. Semejante refinamiento plástico y visual se sintetiza y condensa a lo largo de su trayectoria alcanzando una economía de lenguaje que tiende a identificar el vacío con el silencio y ambos con la elocuencia que se manifiesta en la fluidez, la persuasión y la irrupción de emociones inteligentes y/o pensamientos sensibles. 

    Luis Ignacio Sáinz es crítico de arte. Su libro más reciente es Ensayos en espiral, El tapiz del unicornio, 2024.

    José Antonio Lugo

    En el libro La aparición de lo invisible, Juan García Ponce escribió sobre su hermano Fernando: “Al buscar la pintura y sólo la pintura Fernando García Ponce encuentra de una manera inevitable que su esencia y la razón de ser de su silencio es material y su sensibilidad de pintor le permite provocar, mediante la maestría, el ritmo secreto que encierra cada una de sus composiciones, de tal modo que cada uno de sus deslumbrantes planos rojos o grises, blancos, amarillos o azules tan aparentemente dejados a su libre arbitrio están en verdad forzados a integrarse de un modo tal que la pintura aparezca en ellos”. 

    Por otra parte, en el estupendo libro de María Luisa Borrás Fernando García Ponce (Fomento Cultural Banamex, 1992), Dore Ashton señala en el prólogo: “El elemento trágico, tan presente en sus últimas obras, y que parecía fundamental a su personalidad, prorrumpió ferozmente expresando la pasión, la lucha interna, que habia marcado toda su vida de artista. Y fue precisamente esta pasión inmitigada lo que inspiró a otros y la que puso una nota de brillante intensidad en la historia de la pintura moderna mexicana”.

    Es loable que el Estado mexicano, a través del Museo del Palacio de Bellas Artes, recupere, dignifique y valore la obra estética de Lilia Carrillo. Es loable también que instituciones privadas como Fomento Cultural Banamex continúen rescatando y difundiendo la obra de Fernando García Ponce.

    García Brosseau, Sáinz Chávez y Lugo consideramos indispensable una profunda revaloración de la obra de Fernando García Ponce. Él y Lilia Carrillo son, quizá, los más puros pintores de la Ruptura, ambos consagrados a la voluntad de la forma que se impuso en sus deslumbrantes cuadros. 

    José Antonio Lugo es colaborador habitual de Morfemacero. Su libro más reciente es Silenciar el miedo: ensayos literarios, El tapiz del unicornio, 2025.

  • Elogio del vómito matutino

    Elogio del vómito matutino

    Ta Megala                       

    Fernando Solana Olivares

    Un gran enemigo del periodismo del sigo veinte, el vienés Karl Kraus, decía que “al arte no le importa la opinión: se la regala al periodismo para que la valore por su cuenta. Cuando éste le da la razón, el arte está en peligro.” Para Kraus, como para tantos otros pensadores y artistas del siglo pasado y comienzos del presente, el periodismo y los periódicos (y ahora las redes sociales) eran el vómito matutino, el anuncio diario de la inhabitabilidad del mundo, el registro de sus miserias y el pormenor de su banalidad. “No tener una idea y poder expresarla: eso hace al periodista”, afirmaba Kraus, antes de rematar con su legendaria descripción del oficio: “Los periodistas escriben porque no tienen nada que decir, y tienen algo que decir porque escriben.”

            A pesar del riguroso desprecio, de la vitriólica dureza definitoria del escritor austríaco —y también de su contradicción activa: Kraus antes que otra cosa fue periodista y logró la perfección en el género desempeñándose por años como único director, articulista, reportero, diseñador, formador y distribuidor de su legendaria publicación Die Fackel—, es más que un lugar común en el periodismo de cualquier lugar del planeta escribir sin tener nada que decir y convertir en algo trascendente —opinión o noticia— ese vacío, gracias a la cultura alfabetizada que aún conserva actitudes reverenciales, acríticas, ante todo aquello que se plasma en letras de molde.

            Pero como siempre, la verdad está en los matices, las excepciones confirman las reglas y la multiplicidad de nuestra época permite que el veneno se contrarreste con el mismo veneno. Es decir, si el periodismo ha sido el reino de lo frívolo intrascendente, de la irresponsabilidad operativa, del engaño social, también ha sido el horizonte primordial donde se ha construido el mundo contemporáneo, las nuevas sensibilidades e intercambios de lo humano y las posibilidades para el porvenir. La historia de las ideas, a pesar de su disfraz como acontecimiento, no sería la misma en la modernidad sin esos instrumentos cotidianos y adictivos, los periódicos, cuyo trasiego nos permite ser parte del delirante espectáculo que protagonizamos al vivir.

            Por otra parte, la historia de la literatura como tal tampoco podría explicarse sin la existencia de los periódicos. La dilatadísima nómina de escritores cuyo oficio primario ha incluido el periodismo bastaría para demostrar que el género es una necesidad insustituible para el espíritu profundo de la modernidad, que ha sido el laboratorio de pruebas de esa red que llamamos civilización y que en él concurren todas las líneas que fabrican el tiempo: el presente del pasado, el presente del presente y el presente del futuro.

            Alguna vez, configurando los términos positivos de la cultura de la época, Susan Sontag reivindicó una estética, la de la resistencia, que por años ha transcurrido entre publicaciones periodísticas y perentorias, algunas de ellas heroicas y otras hasta clandestinas, al modo de un gigantesco cuerpo de signos donde el espíritu crítico manifiesta su irreductibilidad. “Tal o cual estrategia de seriedad o de transgresión puede volverse obsoleta —escribió Sontag—. Pero no así la legitimidad y la necesidad de seguir formulando una estética de la resistencia, resistencia a las barbaridades de nuestra cultura, a los apocalípticos juegos de planificación de nuestros líderes, y al conformismo de nuestras imaginaciones y nuestras vidas.”

            Simplificando, podría postularse que el buen periodismo (ni viejo ni nuevo, sino simplemente bueno) es un mero pretexto para hacer literatura con lo inmediato y convertir a las palabras en los memorables caracteres desde los cuales la conciencia observa, fija y describe aquello que lo compone mediante la escritura, y escribir, ya se sabe, es un acto cargado de misterio porque es inacabado e indefinido.

            El escritor Etiemble aseguraba que “la escritura no ha hecho, pues, otra cosa que exasperar la tendencia de los hombres a considerar no sólo sagrada sino también creadora a la palabra, tendencia de la que se burla Kabir en el Cabaret del amor: ‘Si repitiendo (la sílaba) Râm —escribió el viejo poeta persa—, el mundo está salvado, entonces diciendo azúcar, la boca se azucara’.”

           Aunque la escritura es menos antigua que el lenguaje articulado, su milenaria edad la hace una sustancia con lógica y voluntad propias, que escapa como un resbaloso pez de quienes tienden la red para atraparla. Una canción triste dedicada a Ts’ang Kie, el épico inventor chino de la escritura, asegura que éste lloraba por las noches después de haber conseguido su hallazgo, y que tenía motivos para ello porque quienes practican la escritura no alcanzan nunca lo deseado y aprenden en cambio, trabajosamente, que los dioses no conceden más que la alusión o la mención y nunca, o casi nunca, la expresión.

           Muchas leyes, tradiciones y preceptivas han desaparecido entre nosotros, pero no aquellas que rigen y determinan la creación mediante el lenguaje. La razón de esa permanencia transhistórica proviene del origen mismo de las palabras, cuya esencia está en la germinación del universo. “En el principio fue el Verbo”, establece el libro fundacional de nuestra era judeocristiana, en el cual la divinidad crea el mundo nombrándolo, designándolo a través de las palabras. Los Upanishadas, textos sagrados de la tradición hindú, garantizan que quien medite en el sonido de una sílaba llegará a saberlo todo, porque en esa sílaba está todo. El primer contacto de un ser humano con el mundo es la voz de la madre que se escucha desde el vientre, y el último contacto con el mundo es a través del oído, percepción terminal del agonizante.

            Más todavía: la metáfora, operación básica de las palabras, consiste en romper las asociaciones de uso común de los elementos habituales del lenguaje para instalarlos en otro contexto, donde gracias a la súbita diferencia que les confiere el desplazamiento cobran nueva vivacidad y componen otro significado. Al ser llevadas más allá de sus sentidos, las palabras acercan el universo que está más allá de los sentidos: muestran lo otro de lo mismo. El ejemplo es clásico: palabras como “tierra”, “habitar”, “poesía”, “hombre”, poseen un significado estable, petrificado por el uso; pero si alguien como Hölderlin escribe: “Poéticamente habita el hombre sobre la tierra”, esas mismas palabras se liberan del pétreo significado común y se funden en una serpiente que avanza, tensa y sutil, para revelar el otro mundo que hay en ellas.

            De ahí que pueda informarse que los sexos se juntan, las razas se mezclan, los patos se vampirizan en petróleo catastrófico, las plañideras lloran la sangre derramada, los gemelos se abrazan, las cruces son un punto de fuga, los pezones negros amamantan carne blanca, los genitales se repiten únicos e iguales, los condones de colores flotan, los transterrados sufren, la muerte multiplica sus imágenes, el plasma sanguíneo se trasvasa, las llamas destruyen con su flama encadenada. Son las noticias de hoy, la realidad que danza, los contrarios que se disuelven. O sea: periodismo puro, y en él la época documentada.

  • Lilia Carrillo e Irma Palacios

    Lilia Carrillo e Irma Palacios

    El laberinto del mundo

    José Antonio Lugo

    A Andrés Albo Márquez

    1. Dos libros de Juan García Ponce

    A finales de la década de los años sesenta, el novelista, crítico literario y crítico de arte publicó La aparición de lo invisible -titulo de la exposición que se encuentra en el Museo de Arte Moderno- y Nueve pintores mexicanos (Fernando García Ponce, Lilia Carrillo, Alberto Gironella, Gabriel Ramírez, Vicente Rojo, Manuel Felguérez, Francisco Corzas, Arnaldo Coen y Roger Von Gunten). Con estos libros Juan García Ponce se convirtió en el crítico de la generación de la Ruptura. De esos nueve, sobreviven los maestros Arnaldo Coen y Roger von Gunten; hace muy poco falleció el maestro Gabriel Ramírez.

    Hoy, a inicios de 2026, en el Palacio de Bellas Artes, podemos disfrutar una estupenda exposición de Lilia Carrillo. 

    1. Lilia Carrillo 

    Sobre ella, García Ponce escribió: “Su obra no es el resultado de la inspiración: es la inspiración misma. Pero por eso es suya y no es de nadie, no le pertenece más que a la pintura. Su milagro es el abrumador prodigio del puro aparecer (…). Yo no puedo ver sus cuadros. Me ciegan. y me humillan; pero como me humillan, desde la extrema humildad, borrándose uno también, poco a poco, se hace la luz. Nos encontramos en el perdido campo de lo inmediato. Los cuadros de Lilia Carrillo, entonces, están y no están, nunca estuvieron y estarán siempre. Son el resultado de una visión interior que se ha hecho definitiva, abrumadora, enceguecedoramnte exterior”. 

    En la entrevista que Héctor Ramírez le hizo para su programa de radio de la UAM a Daniel Garza Usabiaga, director del Museo del Palacio de Bellas Artes y curador de la exposición de Lilia Carrillo “Todo es sugerente”, Daniel comentó, en primer termino, la dificultad de englobar en la etiqueta “Ruptura” a artistas tan distintos como Kazuya Sakai, Ángela Gurría y Manuel Felguérez, hasta llegar a la gestualidad informalista de Lilia, que se ocupó también del teatro y de la escenografía.

    La exposición recorre sus inicios figurativos, en los que, afirma Garza, se encuentran ya los “fondos atmosféricos” que darían paso con el tiempo a los colleges y a ciertas influencias del surrealismo. Ella exponía en la galería Antonio Souza, donde confluyeron Gerszo, Paalen, Rahon, Bona y Pedro Coronel, entre otros, los artistas de vanguardia del momento. 

    El recorrido narrativo de la exposición avanza hasta llegar al Mural que se expuso en Osaka y que se encuentra resguardado por el Museo Felguérez de Zacatecas, pieza en la que confluyen objetos, pintura, dibujo, collage y costuras.

    “Todo es sugerente”, de Lilia Carrillo, es una exposición imperdible que podemos disfrutar en el Museo del Palacio de Bellas Artes. 

    1. Juan García Ponce y una nueva generación de pintores. 

    Después de haberse erigido como uno de los críticos más sólidos de la generación de la Ruptura -habría por cierto, que revalorar también la obra de Fernando García Ponce-, el crítico fijó su atención en una nueva generación de pintores, entre los que destacan los hermanos Castro Leñero, Gabriel Macotela, Miguel Ángel Alamilla e Irma Palacios, quien en los últimos días de 2025 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes, la máxima distinción que otorga el Estado mexicano.

    En el libro Imágenes y visiones, cuyos ensayos me dictó el maestro García Ponce (Ed. Vuelta, 1988), podemos ver textos sobre Irma Palacios, Gabriel Macotela, José, Alberto, Miguel y Francisco Castro Leñero. Sobre Irma Palacios, señala: “La expresividad, la fuerza directa e inmediata de las obras de Irma Palacios capturan al espectador apenas se encuentra frente a ellas, tanto en el caso de las telas como en los dibujos. Entrar a su exposición es hallarse inevitablemente envuelto en el ámbito de la pintura. No se trata de un conocimiento sino de un reconocimiento. Irma Palacios no se ocupa de ofrecernos nada nuevo, en el sentido de que sus obras sean sorpresivas o diferentes; al contrario, nos coloca frente al puro y antiguo goce de la materialidad de la pintura”.

    Por su parte, el crítico Luis Ignacio Sáinz señala: “El quehacer pictórico de Irma Palacios, en una época tan cercano al informalismo español y al discurso de algunos miembros del grupo ‘El paso’ (Manuel Millares, Antoni Tapies, Josep Guinovart) manifiesta su debilidad por lo minerales; recuérdese sus exposiciones ‘Espejismo mineral’ (Museo de Arte Moderno, 1993) y ‘Tierra abierta’ (Aguascalientes, Guadalajara, Zacatecas y Mérida, 2000)”. 

    ¡Felicidades a Irma Palacios!

    Un último apunte: en 1982, con motivo de los 60 años de Juan García Ponce, se celebró una mesa redonda en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM que fue toda una celebración. Estuvimos en la mesa Alberto Castro Leñero, Joaquín Armando Chacón, Manuel Felguérez, Juan José Gurrola, Hernán Lara Zavala, Juan Vicente Melo, Guillermo Samperio, Esther Seligson, Roberto Vallarino y el autor de estas líneas. Sólo quedamos Alberto Castro Leñero -de quien vimos hace unos meses unos murales en el Colegio de San Ildefonso- y yo. El tiempo pasa, inexorable. Pero como diría García Ponce, las obras, literarias o pictóricas, permanecen y viven otra vida, diferente a la de sus creadores.

  • Las cosas

    Las cosas

    Ta Megala

    Para Carmen Castellote

    Denken ist Danken. “Pensar es agradecer”. El mantra pietista del siglo XVIII, tomado por Heidegger como divisa intelectual, gana sentido y densidad mientras el tiempo avanza. Todo acto de gratitud contiene un asombro luminoso ante el campo semántico inagotable que llamamos realidad. Hoy muy pocos agradecen porque muy pocos piensan más allá de los cálculos egoístas del interés personal. Agradecer es un acto impersonal que cifra lo sagrado. Y pensar es un acto de asombro ante lo insondable. Un mirar de nuevo lo que sin verse ya se vio. 

    La vejez es aprender a ir dejando de ser. Soltar el ego, hipótesis inútil, disolver el yo. No todos lo logran, ni siquiera se lo plantean. Mientras más viejo más libre, mientras más libre más radical, dice una fórmula. Radical es volver a la raíz. Pequeñas verdades que se aprenden con el tiempo, cuando cada vez queda menos tiempo: los otros son otros, los otros son distintos. Camino de obviedades cuya revelación es un esclarecimiento. Los otros son iguales a uno: sufren, tienen miedo, se acongojan. 

    Una frase griega sirve de lema a Harold Bloom para sintetizar toda su teoría literaria: “agonística como estética”. El postulado central es la angustia de las influencias como un elemento determinante de la escritura. Debe agonizarse (agón significa esfuerzo máximo) en el empeño de conseguir una voz propia, obtener aquella transformación casi mortal que supone el alcance de la originalidad, de una expresividad nutrida en lo que se ha recibido, con lo que se ha vivido, desde lo que se ha leído.

    “Lo vi vivir y lo miré morir. Viví con él y fallecí al mismo tiempo. Amé a aquella su dama multiplicada por los ojos amorosos de su amante y la contemplé tan bella como él la miraba. Hablé con el labrador a quien así convertí en escudero. Monté mi cabalgadura y regresé a mi modesto castillo. Luego volví a salir para correr aventuras indispensables. Supe de razones porque al decirlas yo mismo las escuchaba. Y oí la lección de su loca sabiduría, admiré en su honor el mío y me conduje por la vida guiado de su mano. Me enseñó que hay dos sus maneras de hermosura, la del alma y la del cuerpo, la primera posible en cuerpo feo y repetí para aprenderlo que todo estaba en el entendimiento, la honestidad, el proceder bueno, la liberalidad justa y la crianza correcta. Fui valiente y humilde y fiero. Luego bajé al infierno y después subí al cielo. Ahora soy uno con él, mi propio señor y mi dueño. Mi sueño diurno. Mi imposible sueño”. Oración laica por el Quijote.

    Cuatro normas deben seguirse a partir de cierto momento. Son votos, reglas, propósitos budistas. Su sola enunciación es el umbral de su cumplimiento, o cuando menos de la aceptación de su pendiente, un recordatorio del hacer. El hombre de conocimiento le dijo al aprendiz: eres como eres porque te dices a ti mismo que así eres. Quedó implícita la continuación pedagógica: serías distinto si tu decirte a ti mismo cambiara. Las palabras son el comienzo de la acción. Una pre-voluntad. 1) No esperar nada. Vendrá lo que tenga que venir. Este realismo fenomenológico abarca dejar la expectativa sentimental sobre los demás y su conducta, así como la desilusionante ilusión sobre lo real. 2) Adaptarse a las circunstancias. Lo existente es maestro de lo efímero. Lo real, un fluido ininterrumpido en constante movimiento. Por eso advierte el poeta: mira la luna, puede ser última. La sabiduría es un acto de ligereza, de levedad. Soltar el lastre, el peso muerto de la armadura de carácter, la rigidez del lenguaje inerte, de las metáforas muertas, de la repetibilidad. 3) Aceptar la injusticia. Cede y permanecerás intacto, enseña el Tao. Es un paso lateral, de autodominio y superioridad. Hay límites, pero siempre son de un orden mayor. 4) Seguir el dharma. La práctica, aquel tesón del clavo enmohecido que aún viejo y ruin vuelve a ser clavo, según Almafuerte. La perseverancia, el diario hacer. Estos cuatro votos se adecuan a cinco circunstancias que uno debe aceptar: mi naturaleza es envejecer; mi naturaleza es enfermar; mi naturaleza es morir; la naturaleza de todo y de todos es la impermanencia, la no duración; vine al mundo con las manos vacías y así me iré, sólo soy dueño de mis acciones, son el suelo que piso, el sendero que transito, el camino donde voy. La magia de esta sapiencia descansa en la diaria repetición.  

    Estar en la tradición, volver a donde alguna vez estuvimos, vivir en ella y desde ella. Una sociedad es “tradicional”, dice el barón Julius Evola en sus orientaciones existenciales para estos días turbulentos, terminales, para esta nuestra época en disolución, cuando está regida por principios que trascienden aquello que es tan solo humano e individual, cuando cada dominio propio es formado y ordenado desde lo alto y hacia lo alto. Son muy pocos quienes hoy se amparan en esa identidad o constancia esenciales. Sucede, en cambio, lo contrario. “El desierto crece. ¡Ay de aquel que esconde el desierto en sí mismo!”. La advertencia de Nietzsche es una profecía autocumplida. El nihilismo significa la tierra yerma de cada cual. 

    Quienes resisten, los que están de pie entre las ruinas, hablan de otras cosas. De una ecología sagrada, por ejemplo. Siguiendo la idea de la ecología profunda del filósofo noruego Arne Naess, pensadores euroasiáticos como Duguina entienden la necesidad de construir una filosofía ecológica más allá del contexto capitalista y la ecología superficial del liberalismo que ve la naturaleza como un “recurso” y se asigna como tarea primordial extraer el máximo beneficio de sus bienes finitos. Conservarla (“ecología sustentable”, le llaman) sólo es necesario para que produzca más “recursos”. El antropocentrismo y el enfoque capitalista destruyen el mundo como un todo integral. “La ecología sólida nos llama a ir más allá del antropocentrismo moderno hacia el desarrollo de una sabiduría de la coexistencia mutua de la humanidad y el cosmos”, escribe Alain de Benoist. Este reconocimiento de una “trascendencia inmanente” asume a la naturaleza como un socio ahora y un origen siempre y no como un adversario o menos como un objeto. Lo han sabido siempre los pueblos primigenios. 

    El inferus privador de la modernidad es un mundo al revés. Antes del Renacimiento, la autoría de la obra no era prioritaria. Una de las primeras firmas conocidas en Occidente está en Chartres. Es aquella pieza labrada que tímidamente dice: “Esta piedra la hizo Juan”. Hasta la hipertrofia del yo sucedida desde la Ilustración, en el arte importaba el proceso y no la personalización del resultado. La escritura, un arte alquímico, se cumplía en su mero hacer. El aprendiz no existía por sí mismo sino en tanto se entregaba a esa sustancia siempre transpersonal, así se crea propia. No es el yo quien escribe —el que alcanza la expresión y va más allá de la alusión, aquello que ilumina zonas del ser antes desconocidas— sino la escritura a través no de quien se cree artífice siendo solamente mediador. No es la persona (término cuyo significado inicial era “máscara”) quien actúa sino lo sagrado en ella (“una inteligencia impersonal, vasta, misteriosa”, “esa huella de lo absoluto”, según define Frithjof Schuon). Así, la lengua habla a través de y no gracias a. ¿Por qué entonces la ansiedad, la compulsión por el reconocimiento? ¿La búsqueda mafiosa de los premios? ¿Y la frustración al no tenerlos? Dos tipos de escritores, de artistas hay: quienes saben que la propia tarea creativa, un don ajeno que viene de otro lugar, es la retribución en sí misma, el alcance y el mérito obtenidos; o bien quienes instrumentan su realización. Para los primeros la capacidad creativa es orgánica, para los segundos es un artificio, una mera mecanicidad.

    Según decía Ludwig Wittgenstein, en el cuento “Los tres staretzi” de León Tolstoi se ilustran los problemas filosóficos en toda su profundidad. El obispo de Árcangel, navegando hacia el monasterio de Solovski, supo de tres ermitaños que vivían aislados en una pequeña isla. Decidió hacerles una visita pastoral y encontró a tres renunciantes ya viejos que lo esperaban tomados de la mano. Preguntó por sus prácticas piadosas y sus oraciones. Nuestra oración es esta, le dijeron: “Tú eres tres, nosotros somos tres. Concédenos tu gracia”. El arzobispo pasó toda la tarde con ellos enseñándoles el padrenuestro. Al caer la noche se despidió y volvió en la barca que lo había llevado al islote. Pensaba en la dicha de los humildes ermitaños al aprender la plegaria correcta cuando en la oscuridad advirtió que los tres corrían sobre el mar hacia él tomados de la mano. Habían olvidado ya el padrenuestro y le pedían que se los enseñara otra vez. El arzobispo se persignó y dijo, inclinándose ante ellos: “Vuestra oración llegará igualmente al Señor, santos staretzi. No soy yo quien debe enseñaros. ¡Rogad por nosotros, pobres pecadores!”. Los ermitaños permanecieron un instante inmóviles, después se alejaron sobre el mar. “Y hasta el alba —concluye el cuento— se vio un gran resplandor del lado por donde habían desaparecido”.

    Lo escribiría Francisco Cervantes en su poema Ni orgulloso ni humilde: “Dame, Señor, piedad para mí mismo / Y que mi obra te responda”.

    Sólo decir por decir. Las palabras flotan… Pasa el tiempo, huye la vida, dice el poeta. Yo digo igual… El lugar en el que soy posible ¿es aquí?.. Las gotas de lluvia caen por la tarde. Son mansas, constantes… Anoche vi un camino místico. La luna llena iluminaba un sendero. Encima de ella brillaban, uno sobre otro, en conjunción perfecta, Marte y Urano. Quise seguirlo, no lo hice.

  • Carnets

    Carnets

     Colaboraciones sin permiso  

    Albert Camus

    En diciembre de 1957, al recibir el Nobel de Literatura, Camus estableció que la escritura no representaba para él un placer artístico o un oficio mundano sino una obligación moral. “Cada generación —dijo entonces—, sin duda, se cree consagrada a rehacer el mundo. La mía sabe que no lo conseguirá. Pero su misión tal vez sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga”. Esa misión es un imperativo categórico hoy más urgente que nunca: impedir que la realidad civilizacional se desplome. Los textos aforísticos que siguen provienen del segundo volumen de sus Carnets publicados por Losada en traducción de Mariano Lencera.

    En el drama antiguo, el que paga siempre las consecuencias es el que tiene razón: Prometeo, Edipo, Orestes, etcétera. Pero esto no tiene importancia. De todas maneras, con razón o sin ella, todos acaban en el infierno. No hay ni recompensa ni castigo. De aquí proviene —para nuestros ojos oscurecidos por siglos de perversión cristiana— el carácter gratuito de estos dramas. Y también lo patético de estos juegos.

              Confrontar con esto: “El gran peligro consiste en dejarse acaparar por una idea fija” (Gide) y la “obediencia” nietzscheana. El mismo Gide, refiriéndose a los desheredados: “Dejadles la vida eterna o dadles la revolución”.

    Goethe: “Me sentía lo bastante dios como para descender hasta las hijas de los hombres”.

    Para una psicología generosa. Se ayuda más a un ser dándole una imagen favorable de sí mismo que enfrentándolo sin cesar con sus defectos. Normalmente, todo ser se esfuerza por parecerse a su mejor imagen. Puede extenderse a la pedagogía, la historia, la filosofía, la política. Por ejemplo, somos el resultado de veinte siglos de imaginería cristiana. Desde hace 2,000 años se presenta al hombre una imagen humillada de sí mismo. El resultado está a la vista. En todo caso, ¿quién podría decir lo que seríamos si hubiera perseverado en estos veinte siglos el antiguo ideal clásico, con su bella figura humana?

    “Vivir y morir delante de un espejo”, dice Baudelaire. No se presta bastante atención a ese “y morir”. En vida, todos lo hacen. Lo difícil es adquirir el dominio de la propia muerte.

    Llegado al absurdo, y cuando trata de vivir consecuentemente, un hombre comprueba siempre que la conciencia es la cosa más difícil de mantener del mundo. Las circunstancias casi siempre se oponen a ello. Se trata de vivir la lucidez en un mundo donde la dispersión es regla. Advierte así que el verdadero problema, aún sin Dios, es el de la unidad psicológica (en realidad, el ensayo sobre el absurdo sólo plantea el problema de la unidad metafísica del mundo y del espíritu) y de la paz interior. También advierte que esta paz no es posible sin una disciplina difícil de conciliar con el mundo. Ahí está el problema, justamente hay que conciliarla con el mundo. Se trata nada menos que de realizar la regla en el siglo. El obstáculo es la vida pasada (profesión, matrimonio, opiniones anteriores, etcétera), lo que ya ha acontecido. No eludir ningún factor de este problema.

    Es detestable el escritor que habla y saca provecho de lo que no ha vivido nunca. Pero ojo: un asesino no es el hombre más indicado para hablar del crimen (¿no será, sin embargo, el más indicado para hablar de su crimen? Ni siquiera esto es seguro). Entre la creación y el acto hay que suponer cierta distancia. El verdadero artista se encuentra siempre a mitad de camino entre las concepciones de su imaginación y sus actos. Es el que es “capaz de”. Podría ser lo que describe, vivir lo que escribe. El acto en sí lo limitaría: sería sólo “el que hizo”.

    Hay dos clases de estilo: Madame de Lafayette y Balzac. El primero es perfecto en el detalle, el otro trabaja en gran escala y cuatro capítulos apenas bastan para dar una idea de su aliento. Balzac escribe bien no a pesar de sus errores gramaticales, sino incluso por ellos.

    Siempre hay una filosofía para la falta de valor.

    La inteligencia moderna está en plena confusión. El conocimiento se ha dilatado a tal extremo que el mundo y el espíritu han perdido todo punto de apoyo. Es un hecho que estamos enfermos de nihilismo. Pero lo más sorprendente son las prédicas sobre “retornos”. Retorno a la Edad Media, a la mentalidad primitiva, a la tierra, a la religión, al arsenal de las viejas soluciones. Para atribuir a estas panaceas una pizca de eficacia habría que hacer tabla rasa de nuestros conocimientos —hacer como si no hubiéramos aprendido nada—, fingir, en suma, que borramos lo que no puede borrarse. Habría que tachar de un plumazo el aporte de varios siglos y las innegables conquistas de un espíritu que finalmente (es su último progreso) recrea el caos por su propia cuenta. Esto es imposible. La curación tendrá que conciliarse con esta lucidez, con esta clarividencia. Deberá tener en cuenta las luces que conquistamos desde el instante de nuestro exilio. La inteligencia no está confundida porque el conocimiento haya trastornado el mundo. Lo está porque no ha podido adaptarse a ese trastorno. No “se ha hecho a la idea”. Que se haga a ella, y la confusión desaparecerá. El espíritu podrá enfrentarse al desorden con la clara conciencia de que existe. Hay que rehacer toda una civilización.

    Montesquieu: “Hay imbecilidades tales que más valdría una imbecilidad mayor”.

    Lo que resulta conmovedor en Joyce no es la obra, es el hecho de haberla emprendido. Distinguir así lo patético de la empresa —que nada tiene que ver con el arte— y la emoción artística propiamente dicha.

    Nostalgia de la vida ajena. Porque, vista desde el exterior, constituye un todo. En tanto que la nuestra, vista desde el interior, parece dispersa. Todavía perseguimos una ilusión de unidad.

    No se acuesta con una prostituta que se le ofrece y que le gusta porque sólo tiene un billete de mil francos y no se atreve a pedirle el vuelto.

    La enfermedad es un convento que tiene su regla, su ascesis, sus silencios y sus inspiraciones.

    Incumbe al hombre fabricarse una unidad, ya sea apartándose del mundo, ya en el interior del mundo. Así resultan restituidas una moral y una ascesis que aún quedan por precisar.

    Vivir con las propias pasiones es también vivir con los propios sufrimientos, que son su contrapeso, su correctivo, su equilibrio y su compensación. Cuando un hombre ha aprendido —y no en teoría— a permanecer solo en la intimidad de su sufrimiento, a superar su deseo de evasión, la ilusión de que otros puedan “compartirlo”, le queda ya poco que aprender.

    Pascal. El error proviene de la exclusión.

    La pobreza es un estado cuya virtud es la generosidad.

    El gran problema por resolver “prácticamente”: ¿se puede ser feliz y solitario?

    Nietzsche, con la vida exterior más monótona posible, prueba que el pensamiento por sí solo, ejercido en la soledad, es una aventura terrible.

    Los filósofos antiguos (y con razón) pensaban más que leían. Por eso se aferraban tanto a lo concreto. La imprenta ha cambiado todo eso. Se lee más de lo que se reflexiona. No tenemos filosofía sino únicamente comentarios. Es lo que dice Gilson al considerar que a la época de los filósofos que se ocupaban de hacer filosofía ha sucedido la de los profesores de filosofía que se ocupan de los filósofos. En esta actitud hay a la vez modestia e impotencia. Y un pensador que comenzara su libro con estas palabras: “Tomemos las cosas desde su origen”, se expondría a hacer sonreír. Hasta el punto de que un libro de filosofía que apareciese hoy sin apoyarse en una autoridad, cita o comentario, no sería tomado en serio. Y sin embargo…

    Toda vida orientada hacia el dinero es una muerte. El renacimiento está en el desinterés.

    El hecho de escribir da testimonio de una seguridad personal que empieza a faltarme. La seguridad de que se tiene algo que decir y, sobre todo, de que se puede decir algo —la seguridad de que cuanto uno siente y cuanto es vale como ejemplo—, la seguridad de ser irremplazable y de no ser cobarde. Todo eso es lo que pierdo y empiezo a pensar en el momento en que ya no escribiré más.

    Todo pensamiento se juzga por lo que sabe obtener del sufrimiento. A pesar de mi repugnancia, el sufrimiento es un hecho.

    No puedo vivir fuera de la belleza. Es lo que me vuelve débil ante ciertos seres.

    A propósito del lenguaje. (Parain: lo argumentos que prueban que el hombre no ha podido inventar el lenguaje son irrefutables.) Todo, en cuanto se profundiza, desemboca en un problema metafísico. Así, donde quiera que el hombre se vuelva, se encuentra aislado en lo real como en una isla rodeada por un mar fragoroso de posibilidades y de interrogantes. De esto puede deducirse que el mundo tiene un sentido. Porque no lo tendría, si se limitara a ser, bestialmente. Los mundos felices no tienen razones. Resulta pues ridículo decir: “¿Es posible la metafísica?” La metafísica es.

    Cuando se ha hecho lo necesario para comprender bien, aceptar y sobrellevar bien la pobreza, la enfermedad y los propios defectos, aún falta dar un paso.

    Los que aman la verdad deben buscar el amor en el matrimonio, es decir, el amor sin ilusiones.

    El humanismo no me fastidia: hasta me sonríe. Pero me resulta insuficiente.

    Vivir con las propias pasiones supone haberlas dominado.

    B.B. “Nadie se da cuenta de que algunas personas gastan una fuerza hercúlea para ser nada más que normales”.

    El arte tiene los movimientos del pudor. No puede decir las cosas directamente.

    Absurdo. Si uno se mata, niega el absurdo. Si uno no se mata, el absurdo revela por lo general un principio de conformidad que es la negación de sí mismo. Lo que no quiere decir que el absurdo no sea. Quiere decir que el absurdo realmente no tiene lógica. Por eso realmente no se puede vivir en él.

    La mayor economía que se puede realizar en el orden del pensamiento es aceptar la no-inteligibilidad del mundo; y ocuparse del hombre.

    Me ha costado diez años conquistar lo que hoy me parece inapreciable: un corazón sin amargura. Y como tantas veces ocurre, una vez superada la amargura, la he encerrado en uno o dos libros. Así, siempre seré juzgado por esta amargura que ya no es nada para mí. Pero es justo. Es el precio que hay que pagar.

    La reputación. Nos la dan los mediocres y la compartimos con mediocres o con infelices.

    No habrá libertad para el hombre hasta que no haya vencido su temor a la muerte. Pero no mediante el suicidio. Vencerlo no significa abandonarse. Poder morir dando la cara, sin amargura.

    El clasicismo es el dominio de las pasiones. En los grandes siglos las pasiones eran individuales. Hoy son colectivas. Hay que dominar las pasiones colectivas, es decir, darles forma. Pero al mismo tiempo que se las experimenta, se es devorado por ellas. Por eso la mayor parte de las obras de la época son reportajes y no obras de arte.

              Respuesta: si no se puede hacer todo al mismo tiempo, renunciar a todo. ¿Qué quiere decir esto? Que se necesita más esfuerzo y más voluntad que antes. Lo lograremos. El gran clásico de mañana es un vencedor inigualado.

    Rebelión. La libertad es el derecho de no mentir. Verdad que se prueba en el plano social (subalterno y superior) y en el plano moral.

    Comunicación. El obstáculo para el hombre es que no puede superar el círculo de los seres que conoce. Hace una abstracción de los que están más allá. El hombre tiene que vivir en el círculo de la carne.

    Novela. “He concedido a los hombres su parte. Es decir, que he mentido y deseado con ellos. He corrido de un ser a otro, he hecho lo que había que hacer. Ahora, basta. Tengo que arreglar cuentas con este paisaje. Deseo estar a solas con él”.

    Heine (1848): “Lo que el mundo persigue y espera ahora se ha vuelto completamente ajeno a mi corazón”.

    Antinomias políticas. Estamos en un mundo en el que forzosamente se ha de elegir entre ser víctima o verdugo; y nada más. La elección no resulta fácil. Siempre me ha parecido que en realidad no había aquí verdugos, sino sólo víctimas. Extremando el análisis, naturalmente. Pero es una verdad que no se ha difundido.

              Tengo una viva inclinación por la libertad. Y para todo intelectual, la libertad acaba por confundirse con la libertad de expresión. Pero me doy cuenta de que ésta no es la preocupación primordial de un gran número de europeos, porque sólo la justicia puede darles el mínimo material que necesitan y, con razón o sin ella, sacrificarían de buena gana la libertad a esta justicia elemental.

              Lo sé hace mucho tiempo. Si me parecía necesario defender la conciliación de la justicia y la libertad era porque a mi entender residía en ella la última esperanza de Occidente. Pero esta conciliación sólo puede lograrse en un clima determinado que hoy casi me parece utópico. ¿Habrá que sacrificar uno u otro de estos dos valores? ¿Qué pensar, en tal caso?

    La gente cree siempre que uno se suicida por una razón. Pero bien puede uno suicidarse por dos razones.

    A los treinta años, casi de un día para otro, he conocido la fama. No lo lamento. Más tarde hubiera podido causarme pesadillas. Ahora sé lo que es. Muy poca cosa.

    Sólo puedo crear gracias a un esfuerzo continuo. Mi tendencia es deslizarme a la inmovilidad. Mi inclinación más profunda, la más segura, es el silencio y el gesto cotidiano. Para escapar a la distracción, a la fascinación de lo maquinal, he necesitado años de obstinación. Pero sé que me mantengo en pie por este esfuerzo mismo, y que si dejase de creer en él un solo instante, rodaría por el precipicio. Así me conservo a salvo de la enfermedad y del renunciamiento, irguiendo la cabeza con todas mis fuerzas, para respirar y para vencer. Es mi manera de desesperar y mi manera de curarme.

    Hegel. “Solamente la ciudad moderna ofrece al espíritu el terreno donde puede tomar conciencia de sí mismo”. Significativo. Este es el tiempo de las grandes ciudades. Al mundo se le ha amputado una parte de su verdad, lo que constituye su permanencia y su equilibrio: la naturaleza, el mar, etcétera. ¡Sólo en las calles hay conciencia!

    Los límites. Diré, pues, que hay misterios que conviene enumerar y meditar. Nada más.

    El existencialismo ha conservado el error fundamental del hegelianismo, que consiste en reducir el hombre a la historia. Pero no ha mantenido la consecuencia lógica, que es negar al hombre toda libertad.

    Naturalmente, lo que a mí me interesa no es tanto ser mejor como ser aceptado. Y nadie acepta a nadie. ¿Me ha aceptado ella? Evidentemente no.

    Escribir la historia de un contemporáneo curado de su desgarramiento por la sola y larga contemplación de un paisaje.

    ¿Por qué se bebe? Porque con la bebida todo adquiere importancia, todo se dispone de acuerdo con una línea máxima. Conclusión: se bebe por impotencia y por condena.

    El viejo militante comunista que ve lo que ve y no se acostumbra: “No puedo curarme de tener corazón”.

    Nadie ha estado tan seguro como yo de conquistar al mundo por medios rectos. ¿Y ahora…? ¿Dónde estuvo la falla, qué flaqueó de pronto y determinó todo lo demás?

    Para que un pensamiento cambie al mundo, primero tiene que cambiar la vida de quien lo concibe.

    Como las de todos los débiles, sus decisiones eran brutales y de una firmeza irrazonable.

    Según Lao Tse: cuanto menos se actúa más se domina.

    De Foe. “Había nacido para destruirme a mí mismo”. Id. “He oído hablar de un hombre que, presa de una profunda repugnancia por la conversación intolerable de algunos de sus parientes, decidió repentinamente no hablar nunca más”.

    Stendhal: “No habré hecho nada por mi felicidad personal mientras no me acostumbre a soportar que alguien no me haga justicia en su corazón”.

    Amigo de C. “Morimos a los cuarenta años, de un balazo en el corazón que nos disparamos a los veinte”.

    Vivir es verificar.

    Cuando quemaban a Juan Hus, se vio llegar a una dulce viejecita con un haz de leña para añadirlo a la hoguera.

    ¿Superarlo? Pero el sufrimiento es precisamente aquello a lo que no se es nunca superior.

    Nunca he llegado a ver muy claro en mí mismo. Pero por instinto me he confiado siempre a una estrella invisible… Hay en mí una anarquía, un desorden atroz. Crear me cuesta mil muertes, porque se trata de un orden y todo mi ser rehuye el orden. Pero sin él moriría disperso.

    Según los chinos, los imperios que se aproximan a la perdición establecen una enorme cantidad de leyes.

    Siempre llega un momento en que los seres dejan de luchar y desagarrarse, y aceptan amarse por fin tal como son. Es el reino de los cielos.

    Moral inútil: la vida es moral. El que no lo da todo no lo obtiene todo.

    Cuando se tiene la suerte de vivir en el universo de la inteligencia, por qué locura se querría entrar en el tumulto y en la casa terrible de la pasión.

    ¡Si la época fuera solamente trágica! Pero es también inmunda. Por eso hay que denunciarla. Y perdonarla.

    Faulkner. A la pregunta: “¿Qué piensa usted de la nueva generación de escritores?”, contesta: “No dejará nada válido. Ya no tiene nada que decir. Para escribir es imprescindible que hayan arraigado en la conciencia las verdades fundamentales, y que la obra se oriente hacia una o hacia todas. Los que no saben hablar del orgullo, del honor, del dolor, son escritores sin trascendencia y su obra morirá con ellos o antes que ellos. Goethe y Shakespeare han resistido a todo porque creían en el corazón humano. Balzac y Flaubert también. Son eternos.

              —¿Cuál es la razón de ese nihilismo que ha invadido la literatura?

              —El miedo. El día que los hombres dejen de tener miedo volverán a escribir obras maestras, es decir, obras perdurables.

    Sí, tengo una patria: la lengua francesa.

    Mi robusta constitución para el olvido.

    Si tuviera que morir ignorado del mundo, en el fondo de una fría mazmorra, el mar, en el último instante, invadiría mi celda, conseguiría elevarme por encima de mí mismo y me ayudaría a morir sin odio.

    Todo logro significa una servidumbre. Obliga a otro más alto.

  • Divas francesas y la Nueva Ola

    Divas francesas y la Nueva Ola

    El laberinto del mundo

    José Antonio Lugo

    1. Brigitte, Catherine, Jacqueline…

    Ha muerto Brigitte Bardot, quizá la última de las divas francesas. Estuvo casada con el director de cine francés Roger Vadim, fue amante de Jean Louis Trintignant -quien estaba casado con Stéphane Audran, la actriz que interpretó a Babette en la película basada en el cuento de Isak Dinesen-. Bardot fue símbolo de libertad sexual; poseía una elegancia desparpajada, y fue una férrea defensora de los derechos de los animales.

    Otra diva francesa es Catherine Deneuve, consagrada por Buñuel en Bella de día, quien tuvo hijos con Roger Vadim y con Marcello Mastroniani y fue también dirigida por François Truffaut. Estas relaciones interpersonales son importantes en la medida que nos permiten atisbar que eran un grupo amorfo que sin embargo conformaba una red de complicidades que abarcaban tanto lo profesional como lo personal.

                Jacqueline Bisset, si bien nacida en Inglaterra, alcanzó la fama con la película La noche americana, de François Truffaut. Lo que nos lleva al movimiento cinematográfico conocido como la Nueva Ola Francesa.

    1. Truffaut, Chabrol, Resnais…

    Todo cambio verdadero en el arte trae consigo una nueva forma de narrar. En el caso de este movimiento cinematográfico, los directores filmaban sin guiones rigidos, con tomas larguísimas en exteriores y una estructura narrativa discontinua. Resnais filmó Hiroshima, mon amour, basada en la novela de Marguerite Duras; Chabrol, Madame Bovary; François Truffaut La noche americana y Jean Luc Godard Sin aliento. Todos estos directores surgieron de la revista Cahies du cinémar.

    En la película de Godard, un delincuente, el jovencísimo Jean Paul Belmondo, se liga en París a una vendedora de periódicos norteamericanos -interpretada por la sueca Jean Seberg, que con un peinado de niño enloquece a quien la mira-. De un robo al otro, siempre perseguido por la policía, Belmondo está “sin aliento” hasta que muere en la última escena. La película se volvió un clásico instantáneo.

    Por su parte, François Trufaut filmó La noche americana, una interesante propuesta porque son dos películas en una. La primera es la trama y la segunda es cómo se filma la primera. Una manera de romper “la cuarta pared”. Así, en la primera vemos las visicitudes de Jacqueline Bisset y en la segunda al propio Truffaut dando instrucciones a la actriz y a los demás protagonistas.

    1. Richard Linklater

    Es conocido principalmente por su trilogía Antes del amanecer (1995), Antes del crepúsculo (2004) y Antes de la medianoche (2013), en la que los protagonistas, interpretados por Julie Delpy y Ethan Hawke, son amantes y platican interminablemente mientras caminan casi sin pausa por las ciudades en las que se desarrollan los filmes. Al ser una trilogía, los espectadores vemos cómo los actores y sus personajes van envejeciendo y transformando su visión del amor.

    En 2025 Linkatter filma Nueva ola francesa, una película en blanco y negro en la que recrea de manera obsesiva Sin aliento, la película de Godard, al tiempo que, como en La noche americana de Truffaut, filma también la hechura de la película.

    Es un brillante homenaje no sólo a Godard sino a toda una generación de cineastas que cambió la historia del cine. Incluye fragmentos originales de entrevistas a los directores que crearon y dieron brillo a este movimiento. Nueva ola francesa abrió la Muestra Internacional de Cine hace un par de meses y se puede ver en cartelera.

    Ver a la vez la película original de Belmondo y Seberg y la de Linklater, con actores que se parecen de manera excepcional a los protagonistas originales, es un doble bocado cinematográfico excepcional. No se las pierdan. 

    Murió Brigitte Bardot, quien, al igual que Jean Seberg, protagonizaron personajes femeninos poseedores de una sexualidad libre y desenfadada y, por ello mismo, se convirtieron en iconos, en divas de la libertad.

  • Diario de Gaza / IX

    Diario de Gaza / IX

    TA MEGALA 

    Fernando Solana Olivares

    El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes denunció la estrategia “autodestructiva” del régimen sionista al utilizar operaciones de falsa bandera para atacar a comunidades judías en el extranjero. Según nota de Diario de Octubre, el general de división Abdolrahim Musavi declaró que el régimen sionista “ha asesinado a la comunidad judía y sus miembros en otros países para prevenir la migración inversa, evitar conflictos internos e infundir temor al antisemitismo”. Refiriéndose al mortal atentado ocurrido hace un par de semanas en la playa Bondi de Sidney, Australia, donde al menos 15 personas de origen judío murieron y decenas más resultaron heridas, Musavi indicó que no es la primera vez que Tel Aviv atacaba a sus propios compatriotas para presentar a Israel como una supuesta víctima. 

    The Cradle informa que la reciente tormenta invernal Byron devasta Gaza mientras Israel continúa bloqueando la entrada de refugios y suministros vitales a la franja. La tormenta derrumbó 13 casas y destruyó o inundó más de 27,000 tiendas de campañas para desplazados. La Oficina de Prensa del Gobierno de Gaza reportó la muerte de varios bebés y niños por frío. Las autoridades gazatíes denunciaron que el alto al fuego firmado comprometía a Israel a permitir el ingreso de 300 mil tiendas de campaña y casas móviles, pero sólo una fracción ha entrado a la Franja. Advirtieron que el desastre que se está desarrollando es inseparable del asedio genocida de Israel, que continúa bloqueando el acceso a ropa de invierno, mantas y suministros que salvarían vidas. Desde el alto al fuego en octubre se han producido más de 740 violaciones por parte de las fuerzas armadas israelíes que han causado la muerte de 400 palestinos.

    En un artículo publicado en Red Voltaire (“Después del ‘Gran Israel’, Netanyahu quiere una ‘súper Esparta’ y ‘terminar el trabajo en Gaza’”), Thierry Meyssan documenta el tránsito de Netanyahu de “un conservadurismo sin complejos” a un franco nazi fascismo. Y su súbita conversión al mito del “Gran Israel” mientras perpetra el genocidio en Gaza —una más de sus tácticas de sobrevivencia política—, compromete toda perspectiva de creación de un Estado palestino independiente y soberano no sólo en el terreno sino en las mentes, según denunció el ministro de Relaciones Exteriores de Argelia en el Consejo de Seguridad de la ONU, Ahmed Attaf, citado por Meyssan. El mito del “Gran Israel” trata de justificar, explica el analista, no sólo la anexión de todos los territorios palestinos ocupados sino también la extensión del Estado de Israel sobre el este de Egipto, parte de Jordania y de Arabia Saudita, todo el Líbano, la mayor parte de Siria y una parte de Irak, hasta reconstituir el antiguo Imperio asirio desde el Nilo hasta el Éufrates.

    Durante una conferencia celebrada el 15 de septiembre en Israel, Netanyahu declaró que, en adelante, el mundo entero está en contra del Estado de Israel (“lo cual es falso —observa Meyssan—, está contra la política de Netanyahu”), y que Israel debe convertirse en un país autárquico, una “súper Esparta”, abandonar sus actividades económicas convencionales y dedicarse a desarrollar sus industrias de guerra: “Hay que recordar que ningún político se había referido a Esparta desde la caída del III Reich. Mencionar a Esparta como referencia era un leitmotiv de los nazis y sus aliados, incluyendo a los imperialistas japoneses”. Meyssan recoge las declaraciones del líder de la oposición israelí, Yair Lapid, al día siguiente de lo dicho por Netanyahu: “Esparta fue destruida. […] Me sorprendió. Esparta es una espada, ¿por qué la citó? Porque nos ha convertido en un país en guerra. No queremos ser un Estado en guerra, queremos ser un país próspero… próspero y popular en el mundo”.

    Después, en su discurso al intervenir en el 80 Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, Netanyahu declaró, ante una sala casi vacía que abandonaron al menos tres cuartas partes de las delegaciones, que “Israel debe terminar el trabajo en Gaza” (o sea, comenta Meyssan, completar el genocidio iniciado): “Más adelante en su intervención, Netanyahu aseguró que Hamas llamaba ‘al asesinato de todos los judíos del planeta’, cosa que nunca ha planteado. Netanyahu dijo que toma todas las medidas necesarias para proteger a los civiles en Gaza, cuando todos los expertos no israelíes —y a menudo los propios expertos israelíes— señalan lo contrario. Netanyahu acusó a todos los que tratan de salvar a los civiles en Gaza de ser antisemitas y de propagar el antisemitismo, sin aceptar que es la política que él aplica en nombre de un ‘Estado judío’ autoproclamado, lo que alimenta el antisemitismo”.

    Thierry Meyssan concluye su texto reflexionando que antes que otros deben ser los israelíes mismos quienes tendrían que rebelarse contra aquello en lo que se está convirtiendo el Estado de Israel, “contra ese algo que hoy devora a los árabes pero que acabará volviéndose contra ellos mismos”.

    El 21 de octubre una anciana recogía aceitunas de sus olivos en la aldea de Al-Mughayyer, al norte de Ramallah, en Cisjordania, cuando apareció un colono sionista que la amenazó y golpeó con un palo hasta dejarla inconsciente. Ese reporte de Diario de Octubre está vinculado con la exigencia del ultraderechista ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich para acelerar el proyecto de construcción de más de 3 mil 400 viviendas en Cisjordania y anexar ese territorio palestino ocupado. Smotrich declaró que esa realidad enterraría la idea de un Estado palestino “porque no hay nada que reconocer y nadie a quién reconocer”, y llamó al primer ministro Benjamín Netanyahu a “aplicar la soberanía israelí en Judea y Samaria (nombre bíblico utilizado por los israelíes para referirse a la Cisjordania palestina)”. Así se abandonaría, dijo, la idea de los dos Estados y se garantizaría que “los hipócritas líderes europeos ya no tengan nada que reconocer”. Por eso el colono sionista apaleó a la anciana que recogía sus aceitunas.

    Al 25 de agosto, Al Jazeera calculó en 61 mil 776 muertos y 154 mil 906 heridos palestinos los sangrientos resultados de la invasión sionista a Gaza. A la fecha, esa cifra no deja de aumentar. Justificando tales consecuencias, RT consignó declaraciones de Netanyahu sobre los bombardeos de Gaza: “Estados Unidos bombardeó Afganistán porque allí se encontraba Al Qaeda. Luego atacó Afganistán porque allí se escondía Bin Laden. Y nadie exclamó: ‘¡Dios mío, qué horror! Estados Unidos ha violado la soberanía de Afganistán o la de Pakistán’”. En conferencia de prensa afirmó que Israel tiene el derecho, reconocido por la comunidad internacional, de actuar contra los terroristas. Agregó que nadie debería “condenar a Israel, sino elogiarlo por sus acciones contra los terroristas de Hamas. No acepto la hipocresía y no considero convincentes estas condenas”.

    Un despacho de prensa de varias agencias publicado por La Jornada informa que “el Instituto Planck, la segunda institución más grande de Europa en investigación demográfica y una de las más grandes y prestigiosas del mundo, estimó que 78 mil 318 personas murieron en Gaza entre el 7 de octubre de 2023 y finales de 2024, como consecuencia de la ofensiva israelí”. Para el 6 de octubre, escribió la misma fuente, el número de muertes superó las 100 mil, según reporte de Middle East Eye. Hamas detalló que mil 500 gazatíes perdieron la vida mientras esperaban obtener ayuda en las “trampas mortales” de los centros de la Fundación Humanitaria para Gaza respaldada por Estados Unidos. A esas cifras hay que sumar los más de 350 asesinados durante el alto al fuego impuesto, el cual ha sido reiteradamente violado por Israel.

    El 1 de junio de 2018 Razan Al Najjar, una joven paramédica palestina de 21 años conocida como el Ángel de la misericordia debido a sus incansables tareas de socorro en Gaza, fue asesinada por un francotirador sionista mientras atendía a un palestino herido, a pesar de estar claramente identificada como trabajadora de salud. Al ser asesinada, Razan vestía una túnica blanca y tenía las manos sobre la cabeza, un gesto conocido en todas partes como señal de que era una socorrista intocable. La Comisión de Derechos Humanos de la ONU concluyó que su muerte fue un asesinato intencional. Después de una sesgada “investigación” israelí, el gobierno sionista ocupante de Palestina determinó que la víctima fue utilizada como escudo humano por los combatientes palestinos y por ello se le disparó. Su muerte se produjo poco antes de que ella y su prometido anunciaran su compromiso. Miles de gazatíes asistieron a su funeral y su cuerpo fue envuelto en una bandera palestina. Su padre vistió su bata de médico manchada de sangre. Ya nadie la recuerda y la indignación internacional que provocó su muerte quedó en el olvido. Diario de Octubre publicó recientemente una nota necrológica: la terca memoria.

    Hace poco circuló en redes el video de un soldado israelí armado que hostiga a una niña palestina en Cisjordania y le arrebata su bicicleta. La niña corre despavorida a su casa llamando a su mamá. El soldado se lleva la bicicleta.  

    La prisión de Rakafet, inaugurada en 1980 para albergar a peligrosos miembros israelíes del crimen organizado, fue cerrada cinco años después por considerarse inhumana. Luego del asalto de Hamas a Israel el 7 de octubre de 2023 fue reabierta por el ministro de seguridad nacional hebreo, Itamar Ben-Givr. Rakafet es una prisión subterránea a la que nunca entra el sol. Las decenas de palestinos ahí recluidos carecen también de alimentación suficiente y contacto con el exterior. Una investigación de The Guardian consigna que aunque la guerra ha terminado oficialmente, los palestinos “siguen encarcelados en condiciones de guerra violentas y legalmente cuestionables que infringen el derecho internacional humanitario y constituyen tortura”, según denuncia del Comité contra la Tortura en Israel (Pcati). “Mantener a las personas bajo tierra, sin luz solar durante meses tiene consecuencias extremas para la salud mental”. Tal Steiner, director ejecutivo de Pcati, declaró que las condiciones para los palestinos en las cárceles sionistas son “horribles intencionadamente”. Aseguró “que es muy difícil mantenerse íntegro cuando se está retenido en condiciones tan opresivas y difíciles”.

    Alfredo Jalife publica un artículo en Red Voltaire donde señala que Benjamín Netanyahu impartió una conferencia en el consulado de Israel en Nueva York en la cual anunció que la batalla cognitiva para influir en las jóvenes generaciones radica en el control de las redes sociales, TikTok y X. La intención es “darle dirección al pueblo judío, a amigos no judíos y a aquellos que pueden ser amigos de los judíos”. Dos portales turcos denuncian que Netanyahu vislumbra a TikTok y X como “arma para impulsar el apoyo de Estados Unidos con el fin de influir en la opinión pública en medio del genocidio de Gaza”. Jalife denuncia también que el lobby sionista en Estados Unidos, “vinculado con el genocida ejército israelí y su primer ministro en turno, se ha adueñado en forma perturbadora de la pléyade de multimedias y redes sociales —que a su vez dominan y controlan a la gran mayoría de la opinión pública de Occidente y cuyos países no se atreven a legislar y menos a regular al Leviatán cibernético del siglo XXI, GAFAT (Google/Apple/Facebook/Amazon/Twitter)”. Israel ofrece viajes gratuitos a Gaza para influencers de Estados Unidos y Canadá alineados con las ideologías pro-Israel o MAGA, según el perfil Wall de Instagram citado por Jalife.

    Ap, Sputnik y Europa Press informan que en la Cisjordania reocupada agricultores y grupos de derechos humanos han denunciado que la destrucción de olivos y el robo de equipos agrícolas hecha por colonos israelíes con apoyo policiaco sionista es parte de la expulsión sistemática de los palestinos de las tierras donde han vivido durante milenios y la expansión ilegal de los asentamientos judíos. En Atara, al norte de Ramallah, turbas judías asaltaron a los moradores y los expulsaron de sus propiedades, matando pollos y ovejas. La organización israelí de derechos humanos B’Tselem denunció que las fuerzas militares israelíes “aplican una política cada vez más permisiva e imprudente de abrir fuego en Cisjordania reocupada, incluido el bombardeo de la aviación en zonas pobladas”. También alertó que el ejército arma y moviliza a miles de colonos judíos en batallones de defensa regional y equipos de respuesta rápida. La organización informó que desde el 7 de octubre de 2023 han sido asesinados más de mil palestinos en la Cisjordania reocupada.   

    Diversas agencias de prensa dieron a conocer el pasado 24 de diciembre que el gobierno de Bélgica solicitó formalmente unirse a la demanda presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia contra Israel por el genocidio perpetrado contra la población palestina en su ofensiva militar, que a la fecha se calcula haber dejado más de 70 mil 900 muertos y 171 mil heridos.

    La diputada israelí de extrema derecha Limor Son Har-Melech presentó un proyecto de ley para imponer pena de muerte a quienes cometan asesinato por motivos nacionalistas contra ciudadanos de Israel. La ley no se aplicaría, informó el canal RT, a israelíes que asesinen a palestinos. Son Har-Melech apoyó en el pasado a Amiram Ben-Uliell, condenado por el asesinato de una familia palestina en un ataque incendiario en 2015, a quien calificó como “un hombre santo y justo”. Interrogada al respecto declaró: “No existe tal cosa como un terrorista judío”.

    Aunque es reconocido como nación soberana por 157 de los 193 países miembros de la ONU, incluidos 4 de los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Rusia, China, Francia y el Reino Unido), así como por la Santa Sede, el Estado de Palestina “es una invención sin fundamento histórico, arqueológico y realista”, publicó recientemente en X el ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, calificando a los palestinos como un conjunto de inmigrantes procedentes de países árabes que llegaron a la tierra de Israel y no constituyen un pueblo, según una nota de RT. Ben-Gvir manifestó que la única solución en Gaza es “fomentar la emigración voluntaria y no un Estado que recompense el terrorismo”. A pesar de que los palestinos son los habitantes originarios de la tierra de Palestina, un nombre dado por escritores griegos en el siglo XII a. C. a la antigua región de los filisteos, y que el Estado de Israel no figuraba en el mapa hasta su proclamación mediante la fuerza en mayo de 1948 por David Ben Gurión, Ben-Gvir declaró que “No existe tal cosa como un pueblo palestino”. Igual que su correligionario, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, miembros los dos del partido ultranacionalista Otzma Yehudit, Ben-Givr instó al primer ministro Netanyahu a que aclare que Tel Aviv “no permitirá el establecimiento de un Estado palestino en ninguna circunstancia”.

    Una nota de Paula Rosas en BBC News Mundo informa que desde los 12 años los niños palestinos son juzgados por tribunales militares en Israel. “A los niños generalmente los arrestan en sus casas. Decenas de militares asaltan en mitad de la noche la vivienda, a veces rompiendo la puerta, preguntan por el niño y entran al dormitorio del menor con los fusiles para llevárselo. Son llevados a centros de interrogatorio, donde no están acompañados de familiares ni de abogados. Allí son sometidos a tortura psicológica y a veces también física, y muchos acaban confesando bajo presión delitos que no han cometido”, según documenta el abogado Khaled Quizmar, director de Defense of Children International-Palestine. Uno de los casos más conocidos y denunciado por numerosas organizaciones de derechos humanos es el de Ahmed Manasra, que fue detenido cuando tenía 13 años acusado de intentar apuñalar a dos personas en un asentamiento. Aunque se probó que fue su primo y no él quien cometió el ataque, Manasra lleva 8 años encarcelado. Los tribunales concluyeron que no había participado en los hechos, pero de todos modos fue declarado culpable de intento de asesinato. En su encierro Manasra desarrolló trastornos psiquiátricos graves. A pesar de ello lleva dos años en régimen de aislamiento.

    La “paz eterna en Medio Oriente” que proclamó Donal Trump duró menos de una semana. El ministro israelí de Seguridad Itamar Ben-Givr se pronunció el 10 de octubre en favor de “reanudar por completo las operaciones militares a gran escala en la Franja de Gaza con toda fuerza”, pretextando un ataque no demostrado de Hamas en Rafa, al sur del enclave.

    En una nota elaborada por la redacción de La Jornada con material de agencias internacionales se señala que miles de soldados israelíes y jóvenes en servicio militar obligatorio declaran estar “mentalmente exhaustos” y sin capacidad para soportar “la matanza arbitraria” que realizan en el enclave. Beny, un francotirador de la Brigada Nahal declaró que disparaba entre 50 y 60 balas al día: “No tengo ni idea de cuántos he matado… muchísimos. A niños. A los oficiales no les importa si mueren niños, ni tampoco lo que eso me haga sentir. Para ellos sólo soy una herramienta más”. Ahora busca su baja del ejército: “Me está matando, me ha marcado la vida. No puedo dejar de pensar en toda esta muerte. Percibo un olor desagradable, y mi mente lo interpreta como el olor de los cadáveres. Una vez soñé que asesinaba a mi propia familia”. El medio israelí Haaretz informó en una investigación que las Fuerzas de Defensa de Israel ocultan al público los suicidios y los intentos de suicidio de sus efectivos en la franja, así como el número de soldados y oficiales dados de baja por problemas sicológicos o encarcelados por negarse a seguir combatiendo.

    El mismo diario La Jornada informa que Michael Fakhri, relator especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación afirmó recientemente, al dirigirse a una audiencia de la Asamblea General, que “la ONU murió en Gaza” cuando dos bebes palestinos, Mahmoud Fattouh, de dos meses, y Yazan al-Kafarneh, de diez, fallecieron de hambre en febrero y marzo del año pasado. Mahmoud y Yazam fueron los primeros niños que murieron por desnutrición y deshidratación durante la hambruna provocada por Israel en Gaza. “Cuando un padre o una madre sostiene a su hijo en brazos, mirándolo a los ojos mientras muere de hambre, significa que toda una sociedad está bajo ataque —dijo—. Cada vez que un niño muere de hambre, deshidratación y desnutrición, el mundo se hunde aún más en el abismo”.  

    Salah Abu Ali, un palestino de 52 años, colocó un sofá bajó la sombra del olivo más antiguo de Cisjordania reocupada, con una edad estimada de más de 3 mil años. Es el guardián oficial del venerable árbol. Ahí pasa los días para evitar que los nazi sionistas lo echen abajo.

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