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Invocando a las diosas

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
Cuenta Robert Graves, poeta inglés, mitólogo y erudito, que cuando aún no había dioses masculinos en la Europa antigua los clanes matrilíneos formaron tribus y su reina madre, quien se consideraba descendiente de la diosa-luna, era la jefe de Estado, tomaba las decisiones políticas y dirigía las tropas en la batalla.
Antes de ser renacida de la cabeza del dios griego Zeus —un truco masculino de apropiación del poder femenino— Atenea había sido la diosa-luna del amor y la batalla, patrona de las artes femeninas, entre ellas el lenguaje (“lengua materna”, se sigue diciendo). Se llamaba Neith en el África del Norte y Anatha en Siria y Palestina. Era una madre sabia y amorosa que consolaba en la naturaleza.
A principios del segundo milenio a.C., cuando los pastores patriarcales del Este gradualmente conquistaron los reinos matriarcales de Europa, fueron despojando a las mujeres de todo poder religioso y político. El cambio de gobierno significó la glorificación de lo masculino y la expulsión femenina de las artes controladas por las diosas. Así terminó el reinado del amor materno, la conciencia de participación y surgió la hegemonía misógina, la conciencia masculina de la discriminación y de la manipulación. Terminó el mundo orgánico y comenzó el de la separación mecánica. Concluyó también la sociedad fraterna y apareció la sociedad dominante de la guerra y la jerarquía.
El cristianismo sustituyó a la religión olímpica y sus cinco diosas principales fueron negadas. Un sacerdocio masculino cristiano y célibe asumió el control de la moral pública. Su dios fue un préstamo de los judíos, adorado desde entonces como un monarca oriental del primer milenio a.C. cuyos cortesanos no cesan de alabar sus irresistibles poderes. De él aprendieron a tratar a las mujeres como seres inferiores e irracionales, “o sea, como sus esclavas innatas”.
Este dios, originalmente babilónico, mató a la diosa del mar y de la luna, Tiamet. Desde entonces, como explica el poeta, toda magia y arte femeninos serán denunciadas como blasfemas por los sacerdotes y misioneros cristianos. La falta del principio femenino representado por las diosas derivó en “Nuestra Señora” de muchas partes. Durante el lento progreso del cristianismo un anhelo secreto por restaurar el culto de la madre diosa antigua se extendió desde los campesinos hasta las clases altas.
La mariolatría concluyó en la Virgen, la cual representa la voluntad de vivir, curar y amar. Y cuya inspiración es más poderosa y confortante que el crucifijo del dios lacerado. Para el autor de El conde Belisario y Los mitos griegos la figura de Jesús que muere en la cruz es un intento equivocado por realizar profecías judías del inmediato fin del mundo y no de salvar a la humanidad como afirma la Iglesia. Esa imagen reitera la crueldad del hombre con el hombre y hacia sus mujeres. Pierde importancia espiritual porque no conforta ni consuela, sólo asusta y entristece.
Escribiendo sobre todo esto más de hace cincuenta años desde el isleño retiro español en que vivía, Graves habló de una tarea que veía indispensable para la época: redescubrir el centro del mundo perdido, a la Diosa Madre cuyo trabajo siempre fue mantener sus tierras limpias y en paz, perdonar y curar, bendecir y proteger. Y si María ha fallado, “por ser un títere de la Iglesia, manipulada por manos desamoradas”, debe ser sustituida por una diosa inmaculada que nos exija ser dignos de ella.
La violenta teología cristiana consagra la derrota de lo femenino volviéndola dogma de fe. En Occidente, como observa Terence McKenna, ha habido una focalización constante en el ego y en el dios del ego. El monoteísmo es, esencialmente, un patrón de personalidad patológica proyectado en el ideal de ese dios: el ego varón paranoico, violento, posesivo, obseso del poder. Es la única formulación de una deidad que no tiene relación con las mujeres en ninguna parte del mito. El dios padre judeocristiano carece de madre, hermana o consorte femenina.
Ya establecerá el Malleus Maleficarum, aquel Martillo para las brujas escrito por los inquisidores dominicos en el siglo quince: “Pues aunque el diablo tentó a Eva a pecar, sin embargo Eva sedujo a Adán. Y como el pecado de Eva no habría traído la muerte a nuestras almas y nuestros cuerpos si el pecado no hubiese pasado después a Adán, a lo que fue tentado por Eva, no por el demonio, por tanto ella es más amarga que la muerte”.
Así, la religión moderna occidental (ahora descrita como “religión cero”, meros reflejos vacíos carentes de sentido teleológico) es una serie de patrones sociales y un conjunto de ansiedades alrededor de un punto de vista moral particular sólo declarado y muy poco o nada puesto en práctica. Lo mismo ha sido un método de ruptura constante con la relación sociosimbiótica de lo femenino y lo orgánico propia del mundo antiguo de la Gran Diosa, de Pachamama. Una ruptura con lo que Joyce llamó la “muy misteriosa matriz materna”, o Goethe describió como “el eterno femenino”.
Hablando de diosas y sus presencias terrestres, no es María reina de los cielos la manifestación de ellas entre nosotros sino una entidad que contiene, según Graves, la contrapartida no eclesiástica de lo que los cristianos llaman Espíritu santo, la cual vigila sobre ese clan disperso que integra la única y secreta conciencia creativa de la humanidad.
El péndulo regresa al punto de origen. Lo mutilado vuelve pues nunca dejó de estar. Corrección o terminación. Las diosas acuden al tiempo histórico cuando los fracasados dioses masculinos agonizan. Ellas serían capaces de proteger a los hombres en la falta de amor universal. Todavía Graves podría tener razón.
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Inés Arredondo y Elena Garro

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
Con gratitud a Fernando Solana Olivares,
por haber publicado ya 100 Laberintos
en el portal MorfemaceroI. Inés Arredondo (1928-1989)
Es una de las mejores narradoras mexicanas. Me referiré a dos de sus cuentos, “La Sunamita” y “En la sombra”.
El primero nos relata la historia de Luisa, quien recibe el llamado para ir a despedirse de su tío Apolonio, que está a punto de morir. Ella lo va a ver. El final es inminente. El tío le propone matrimonio in articulo mortis, con el fin que herede sus bienes. Ella no es una mujer interesada y su primera respuesta es una negativa rotunda. Alguna de las vecinas le reprocha su soberbia y le recuerda que ese matrimonio es un acto de caridad. Finalmente ella accede.
Contra todo pronóstico, el viejo Apolonio comienza a recuperarse. El motor de esa recuperación es la lujuria. Convierte a su esposa en objeto de su deseo, lo que la hace sentir mancillada. En una escena memorable, vemos como el viejo está “palpando” (sic) las carnes de su mujer, quien se había inclinado para buscar un libro que supuestamente había caído debajo de la cama.
Cuando la sunamita llegó a casa de Apolonio, llenó la casa de flores. Ahora, que calienta la cama del viejo y apenas tolera su presencia, el florero tiene una rosa ajada, marchita, que es lo que le ha sucedido a ella. Se siente sucia. Al final el viejo muere y si bien ella no muere con él, en términos simbólicos sí la arrastra, la conduce a un desprecio de ella misma y a las burlas de los hombres del pueblo, que la ven sólo como objeto de deseo.
Se filmó un cortometraje basado en este cuento, dirigido por el dramaturgo Héctor Mendoza, con guión de Inés Arredondo y Juan García Ponce, con la estupenda actuación de Claudia Millán.
En el cuento “En la sombra” dedicado a Juan García Ponce, la protagonista se degrada dejándose poseer por unos pepenadores. “No podía, no debía huir; la tentación de la impureza se me revelaba en su forma más baja, y yo la merecía. Entre ellos y yo, en ese momento eterno, existía la comprensión contaminada y carnal que yo anhelaba”.
Sobre su obra, García Ponce escribió: “Los personajes de Inés Arredondo se encuentran frente a un problema radical: el sentido de la pureza. Pero en ella se trata de la pureza en la acepción teológica, podríamos decir, de la palabra. Es la pureza que nos permite estar en disposición de nosotros mismos y del mundo. El drama que ejemplifica su pérdida es una imagen de la caída. Trae consigo la mancha y la culpa. Con ellos desaparece la libertad y el puro goce del mundo. Pero también dentro de la posesión de la pureza aparece la irreductibilidad del otro, su naturaleza ajena e impenetrable, que crea la autétnca condición trágica, en la que los personajes se destruyen por fidelidad a sí mismos”.
II. Elena Garro (1916-1998)
Autora de Los recuerdos del porvenir, una de las grandes obras de la literatura mexicana.
En ella se describe la historia de Ixtepec. Curiosamente, el narrador es la ciudad, que ve cómo el general Francisco Rosas toma primero como amante a Julia, una mujer poderosa y enigmática cuya impasibilidad erótica termina por erosionar el alma de él. De una manera un tanto fantasmagórica huye con Felipe Rosado, convirtiendo el alma del general en una cáscara.
Sobreviene el conflicto cristero e Isabel, la hija de una acomodada familia católica se insinúa con el general, quien la lleva al hotel y la instala en la misma recamara donde vivió sus amores con Julia. El conflicto emocional se repite. Todo era una estrategia de ella para -en el inter de la fiesta que ofrecen a los soldados dizque para hacer las paces-, hacer huir al padre Beltrán. El general posee el cuerpo de Isabel pero no su alma.
Los recuerdos del porvenir mezcla el pasado, el presente y el futuro de manera brillante. Las mujeres de la novela son seductoras, amenazadoras y provocan tragedias.
III. Una vergüenza
Mucho se ha escrito sobre la relación entre Elena Garro y Octavio Paz. No entraré en esa dinámica, pero hay algo que quiero compartir con los lectores de Morfemacero.
El monumental libro Borges, escrito por Adolfo Bioy Casares, es un registro minucioso de las cenas cotidianas y las pláticas que tuvieron ambos escritores. Bioy fue amante de Garro, después de la ruptura con Paz, lo que sería intrascendente, pero…
En 1968, Bioy consigna:
“Martes, 22 de octubre. Después de comer, llamo a Borges para hablar de la contestación a un telegrama de Helena (sic) Garro, que pide telegrafiemos nuestra solidaridad a Díaz Ordaz, ministro de gobernación mexicano (sic), por los últimos sucesos. Explica Helena que los comunistas tirotearon al pueblo y al ejército y ahora se presentan como víctimas y calumnian; que hay peligro que el país caiga en el comunismo. (…) Mucho me temo que nuestro telegrama (‘Rogamos haga llegar nuestra adhesión al gobierno de México’ reúna sólo tres firmas: Borges, Peyrou y yo”. (Borges, 2006, Ediciones Destino, pp. 1237).
Como mexicano, me parece lamentable que Elena Garro haya convencido a Bioy y a Borges -que seguramente no sabían casi nada sobre México que no fuera su literatura- a mandar ese telegrama. Así fue.
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Como un príncipe

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
Así se comportó el policía que me detuvo en la carretera. No fue un brusco “oríllese a la orilla” sino un buenos días en actitud muy cordial. “Soy el oficial tal y le ruego que apague un instante el motor”. Yo venía hablando por el celular, tal era mi infracción, la cual reconocí de inmediato.
Me pidió muy comedidamente la licencia. “Sufro”, le dije, recordando a Garrick, “de un mal tan espantoso como no tenerla vigente”. Aunque no era cierto, porque le mentí a medias: adelanté los tiempos reales y le dije que ya había hecho lo que todavía no hago: tramitar mi licencia actual.
Tengo una terrible bronca con los papeles, las identificaciones, los recibos y las constancias. Ahí, como diría el memorable clásico, no me hallo. Pero este hombre refinado lo entendió sin ningún problema: ¿para qué querer ser algo cuando se es alguien? Y me dejó partir a la continuación de mi día con un sencillo apercibimiento, una especie de multa buena-onda que debo pagar pronto en alguna tesorería pública. Ya la buscaré.
Fíjate en lo que te fijas, fíjate en lo que no te fijas. Y en existir burocráticamente nunca me he fijado, pero sí sé que existo a pesar de ello. El ser es ser percibido: yo me percibo a cada rato. Luego entonces, siguiendo la continuación de mi día, consideré hacer un acto de autoridad racional. Aplicar un examen sorpresa a mis alumnos, casi como antes me había sucedido con el príncipe que habría sido cochero en París y que ahora actuaba de oficial de tránsito en Lagos.
Lo anterior es un tema pendiente: la verdadera aristocracia humana, los ángeles buenos en el valle de lágrimas. Pero en cuanto al examen, no dejé pendiente nada. Rompí la regla tácita de negociar y facilitar los exámenes con la clientela estudiantil que los presenta, pues la mercancía llamada educación requiere consumidores satisfechos.
Hice veinte preguntas y pude haber hecho más sobre la Poética de Aristóteles, la Comedia del Arte, la peripecia y el reconocimiento, el nudo y el desenlace, sobre el teatro pobre también. Mi impulso partió de un simple silogismo: la vida no anuncia sus exámenes, ¿por qué entonces yo?
Entendí que a toda acción sigue una reacción. Cuando mis alumnos me califiquen —así se usa ahora: al final del semestre los clientes juzgan el desempeño del profesor, el cual mientras más concededor y benevolente se comporte resulta mejor valorado—, podrán cobrar la sorpresa examinante. Pero mientras tanto deben responder cosas tan antiguas y actuales como la catarsis que se consigue en toda tragedia humana, si es que lo aprendieron.
¿Qué es la tragedia? Este examen, que debo leer en muchas versiones, algunas paleografiadas. Con dichos jóvenes he visto el concepto de la premeditación, del pensamiento anticipado. Del siempre estar listos, en sus marcas, fuera: treinta cabezas cuya mayoría es femenina se inclinan sobre la silla atareadas y silenciosas para contestar las preguntas.
Tal mayoría lunar no sólo tiene que ver con la fascinación que ejercen los gineceos sino sobre todo con la época presente, cuando mientras las jóvenes estudian en las universidades, los varones de esa edad, en gran número, suelen no hacer nada. El ser es lo que conoce: serán entonces seres femeninos quienes entre nosotros conseguirán conocer. Nada mal como futura perspectiva, salvando los costos de la creciente disparidad tan visible ya entre ellas y ellos.
Esta atormentada crisis contemporánea de la conciencia masculina no es el tema. Tampoco la nueva geometría entre los géneros que derivada de la misma invierte roles y modifica saberes, trastorna aquello que Levi-Strauss llamó los patrones comunes de conducta y pensamiento. El sabio intelectual ya fallecido quizá no estaría de acuerdo. “Las costumbres de la tribu no se cambian”, dijo, para vetar sin éxito la llegada de Marguerite Yourcenar a la Academia Francesa, hasta entonces un bastión masculino.
Me pregunto si aquí, en este salón aéreo, se origina lo que vendrá, lo que va siendo. Miro a estos jóvenes como seres transicionales, oscilando entre un momento histórico que muere y otro que aún no termina de suceder.
Me adelanto a lo inmediatamente visible, penetro en ello, y me respondo —siempre hay un diálogo en la mente—, conforme a autores casi secretos llegados a mi mesa, que estoy delante de un mundo en ruinas y que nuestro acto, las musarañas caligráficas de estos jóvenes, comporta una lección cuyo alcance va más allá del resultado.
Acaso tal intento, en el fondo, consiste no tanto en que aprendan qué pensar sino sobre todo cómo pensar: la memoria personal y colectiva que solamente asocia y compara no puede llevar al conocimiento de lo nuevo, de lo desconocido.
Todos los actos están encadenados: el decentísimo trato de la mañana, aquella epifanía civil de un caballero a cargo del tráfico y las infracciones, la maravillosa película Los 39 escalones de Hitchcock vista apenas la noche anterior, y la inesperada prueba categórica de veinte preguntas que el maestro pedagógicamente decidió aplicar después.
Además de causalidad existe la interdependencia: vivir es un incesante reconocimiento, una constante examinación, y a menudo no hay instrucciones suficientes para sus dilemas. De ahí que recuerde sin saber por qué al poeta burlándose del lenguaje: “Si al decir azúcar el mundo se azucara, al decir Râm quedará salvado”. Aunque creo que sí, que tiene sentido. Arrieros somos y en el lenguaje andamos.
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El otoño entre las hojas

TA MEGALA
Fernando Solana Olivares
Había oscurecido ya en Los Pinos y Salinas de Gortari se divertía:
—¿Por qué no has publicado nuestro libro, presidente?
La pregunta sonó inesperada, descolocante. Era una fina señora, doctora en arte y prestigiada crítica plástica, directora del importante museo de arte moderno y solvente escritora quien la hacía.
—Pregúntele a Rafael, Teresa, que nos diga por qué. La picardía innata de Salinas, su astucia burlona aceptaba el derecho republicano que atrevida y elegantemente ella ejercía, mientras el cortejo que lo acompañaba, con Córdoba, el torvo visir a la cabeza, celebraba vicariamente la diversión de su jefe.
El aludido, Rafael Tovar, no estuvo a la velocidad de Salinas y más o menos no supo qué decir. Teresa del Conde preguntaba por su epistolario con Jorge Alberto Manrique, el cual ya debiera haber editado el CNCA para ese momento, cuando se hacía un recorrido por algunos salones de Los Pinos donde colgaban obras de pintores mexicanos seleccionados por este grupo de críticos en el cual se encontraba ella, para ser adquiridos por Presidencia.
La refinada demanda obedecía también a otro nivel de significado: en su carácter de autoridad estética y custodia de bienes artísticos plásticos, Teresa se había opuesto a la práctica patrimonialista de disponer del acervo museográfico según ocurrencias decorativas sexenales y confiscar cuadros grandiosos propiedad de la nación para oficinas burocráticas. Siempre hacía y decía lo que quería y esa noche no fue la excepción.
El tuteo de Teresa a Salinas sería la nota de color de la crónica del día siguiente, pero la sustancia del momento descolocante radicaba en ella misma, mucho más verdadera que cualquier político encumbrado. Hablamos de Buffon tiempo después, a quien bien conocía. Le encantó, hasta llegar a anotarlo, el apunte de Montherlant: la gente no sabe hasta dónde puede osar sin peligro, si lo supiera se volvería loca de pesar por no haber osado más.
Me invitó a trabajar como su subdirector al Museo de Arte Moderno. Una noche en Jalapa, yo, siendo tan verbal, mantuve silencio escuchando admirado un diálogo de sabios ligero y profundo sobre la Viena de fin de siglo y Padre Freud, como la zumbona lengua de Teresa proclamaba, entre ella y José María Pérez Gay.
Todo fue intenso y hasta tórrido. Uno aprende de lo vivido y un gran aprendizaje de arte, inteligencia y gestión museográfica ocurrió. El museo era un templo, y todas las mañanas yo visitaba la sala de la Escuela mexicana de pintura para admirar sus tesoros, comprobar su estado y recogerme en silencio unos instantes ante la figura principal, tan profética y femeninamente reiterada, “Las dos Fridas”, esa virgen doble por venir.
En una atropellada presentación de un libro mío, Teresa afirmó, con desatino controlado, que en mi papel de subdirector debí informarle a ella, la directora, lo que ocurría ante aquel cuadro devocional, es decir, de la aparición de anónimas veladoras colocadas a sus pies. Eso se contaba en un cuento escrito por mí con mínimos detalles reales. Pareció decirlo en serio, pero era una broma superior.
Teresa jugaba con la ficción y con la realidad que en parte es verdadera y en parte imaginaria. Amaba la perspectiva psicoanalítica, tan difícil de ser amada, pues era su aparato de interpretación estética. En ella encontró sus ideas fuerza, como lo conversamos algunas veces, pero también límites que escondían una mitografía arbitraria y un juego de poder con pretextos curativos. Provocando su soberbia inteligencia irónica, iconoclasta, capaz de decirlo y escucharlo todo, alguna vez le solté el legendario rechazo de Karl Kraus a la doctrina freudiana: una manifestación de la misma enfermedad que se pretende curar.
Lo discutía con autoridad apasionada, con juegos lúcidos del lenguaje, para ella un instrumento de relación: todo con todo, curiosa y atenta, indagante, observando al otro, así fuera para conocerse a sí misma también. Con sombras y oscuridades, como debe ser una conciencia compleja, querida doctora del Conde, has muerto y ya no estás aquí.
Te escribiré una carta para contarte todo lo que faltó decirte. Siempre quedan pendientes, por eso regresamos al Samsara una y otra vez. Dilátate en volver lo más que puedas, viaja por el cosmos y asómbrate, disuélvete en luz. El tiempo es elástico y su recipiente un misterio. La muerte también, esta oscura desbandada de ausencias y necrologías.
Fue un privilegio conocerte, aprender de ti y estar a tu lado, querida Teresa: descansa en luminosa paz.
Este texto fue escrito a la muerte de Teresa del Conde en febrero de 2017. Hoy se recupera como un mínimo y nostálgico homenaje.
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Recordando a Juan Rulfo

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
El 16 de marzo de 1917 nació Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo, la mejor novela mexicana. Para celebrarlo y rendirle homenaje, transcribiré algunos comentarios sobre su obra, tomados de la edición crítica que realizó Claude Fell (Colección Archivos, Conaculta, 1992) y de otros especialistas en otros libros.
- “Ya no se escucha sino el silencio de las soledades. Y eso acaba con uno (José Emilio Pacheco).
- “Estamos en presencia de una autobiografía de pueblos, con la salvedad de que aquí la vida no es más que la representación de la muerte” (Claude Fell).
- “Rulfo podría haberse sentido ‘identificado’ cuando Georges Bataille señaló: “El que escribe la obra es apartado, el que la escribió es despedido. Quien haya escrito la obra no puede vivir, permanecer cerca de ella. Esta es la decisión que lo despide, que lo aparta, que hace de él el sobreviviente, el inactivo, el desocupado, el inerte de quien depende el arte” (Jorge Rufinelli).
- “Rulfo ha hecho, como Orozco, una estampa trágica y atroz del pueblo de México” (Emmanuel Carballo).
- “El tema de la búsqueda del padre se convierte en el tema del asesinato del padre. La búsqueda culmina en parricidio”. (Emir Rodríguez Monegal).
- “En nuestra cultura nacional, Juan Rulfo ha sido un intérprete absolutamente confiable de la lógica íntima, los modos de ser, el sentido idiomático, la poesía secreta y pública de los pueblos y comunidades campesinas” (Carlos Monsiváis).
- “El Juan que yo conocí era un ser de inmensa ternura, cuya mirada lo decía todo” (Clara Aparicio de Rulfo).
- “Rulfo fue un genio laborioso y no dejó de escribir y meditar acerca de las circunstancias y posibilidades del arte verbal y gráfico en la convulsa y muy contradictoria modernidad donde vivimos” (Alberto Vital, en su biografía Noticias sobre Juan Rulfo, RM ediciones, 2004).
- “De este linaje de lacónicos y enigmáticos, de pulcros, delicados y salvajes, de aniquiladores de los dioramas palabreros para encontrar tras ellos un resplandor sagrado, un solo gran nombre dentro de la narrativa de América Latina: Juan Rulfo” (Ángel Rama).
- “En Comala no se oye ladrar los perros pero tampoco se oye a sus dueños llamarlos. Animales y hombres son en Comala, en Los Sertones o en los yerbales del Paraguay los hijos del desaliento. Un poder inhumano los arrojó al lugar de la pérdida. Un poder más pesado que la piedra, más ancho que el páramo” (Augusto Roa Bastos).
- “Pedro Páramo es una novela extraordinaria, entre otras cosas, porque se genera a sí misma como novela mítica” (Carlos Fuentes).
- “No pensé en las palabras de Goethe cuando lo vi por primera vez: ‘Él ha aprendido, él puede enseñarnos’. Apenas ahora, tantos años después, aquellas palabras sobreviven al tiempo y la memoria las acomoda en el presente del pasado. La suya en todo caso era una enseñanza zen. Imperturbable en la lectura del aprendiz, Juan Rulfo dosificaba sus intervenciones. Usaba frases cortas, sus gestos eran parcos. No necesitaba hacer más. Lo cubría una poderosa aura literaria hecha con sólo dos libros esenciales, como la de Homero” (Fernando Solana Olivares, en Casandra se desvanece, Universidad de Guadalajara, 2021).
- Gabriel García Márquez relata: “Álvaro Mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: – ¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda! Y afirma: “He vuelto a leerlo completo para escribir estas breves nostalgias, y he vuelto a ser la víctima inocente del mismo asombro de la primera vez. No son más de 300 páginas, pero son casi tantas, y creo que tan perdurables, como las que conocemos de Sófocles”.
- Entrevista de Anthony Stanton: “- Se ha planteado que su literatura se ubica dentro del realismo mágico, es decir, ‘encima de la realidad misma’. ¿Cuál es su opinión al respecto? Rulfo: -Bueno, no sé todavía qué es el realismo mágico, pero creo que eso lo inventaron para decir que se devuelve, que la realidad la convierten en mito o revuelven el mito con la realidad. Parece que fue Miguel Angel Asturias el inventor de ese término. Creo que García Márquez es el que ha escrito más basándose en esa teoría, con muy buenos resultados, pero no sé, hasta ahorita no sé, qué es el realismo mágico”.
La obra de Juan Rulfo es patrimonio de la humanidad.
#EscritoresMexicanos, (Carlos Monsiváis, Alberto Vital, Anthony Stanton, Augusto Roa Bastos, Ángel Rama, Carlos Fuentes, Clara Aparicio de Rulfo, Claude Fell, Emir Rodríguez Monegal, Emmanuel Carballo, EscritoresLatinoamericanos, Fernando Solana Olivares, Gabriel García Márquez, Goethe, Jorge Rufinelli, José Antonio Lugo, José Emilio Pacheco, Juan Rulfo, Literatura, México, Morfema Cero, Pedro Páramo -
Hilar el mundo a la ilusión vivificante

Hilar el mundo
Nidia Soledad EstevaHay una mañana en que una se levanta sin saber bien por qué. No hay ninguna cita urgente que atender. Y sin embargo algo pequeño, casi ridículo te pone en pie. Por si alguna vez te preguntas qué hace que sigamos, qué te hace persistir. No es autoayuda; quizá se trata de una ilusión vivificante en sentido positivo y constructivo. Estamos en el quinto mes del año y esto no es una referencia a la ilusión como falso espejismo.
Algunos hemos descubierto con el tiempo que la vida no se trata de soplar una flor de diente de león y esperar que los sueños se alcancen o deshojar una flor para saber si te quieren. En medio de los días buenos y los que no lo son tanto es ahí donde habita la ilusión vivificante. No es ese autoengaño de cerrar los ojos ante la realidad, ni la promesa vacía de que todo mejorará si uno «le echa ganas»; por el contrario, es la energía concreta, pequeña a veces, que nos orienta hacia algo para enfrentar nuestro mundo.
Sin duda, que exista ilusión requiere tener sentido del humor, aunque las cosas no salgan a la primera, las cosas requieren esa actitud para encontrar claridad del por qué o para qué hacerla. Trabajamos para encontrar algo más que subsistencia, más allá de un sinfín de las necesidades que requieran ser cubiertas.
Durante mucho tiempo, la ilusión no se elegía: venía de fábrica. Casarse, tener hijos, jubilarse. Era un guion heredado que daba estructura y, con ella, una dirección hacia dónde caminar. Las generaciones de hoy han roto ese guion —y eso es una ganancia enorme en libertad e identidad, pero también significa que la ilusión ya no se hereda: hay que construirla. Sin jubilaciones garantizadas, cuestionando la maternidad y la paternidad, expandiendo los bordes de quiénes podemos ser, vivimos en un momento en que la pregunta ¿para qué sigo? ya no tiene respuesta automática. Y quizá eso, lejos de ser una pérdida, sea la oportunidad más honesta que hemos tenido de encontrar una ilusión verdaderamente propia — no prestada, no impuesta, sino elegida para ser vivificante.
La ilusión puede ser casi ficción, pero no es un sueño de oropel, es esa posibilidad de haber logrado el proceso para llegar al final de cada semana o año; desayunar con calma, poder comprar el cereal preferido de la casa, obsequiar una flor, mirar a esa persona y contribuir a su sonrisa, Pero también está en las grandes hazañas para conquistar una meta, terminar una carrera contra todo pronóstico, obtener un empleo, realizar un viaje, influir en la vida de muchos o de pocos.
El propósito de tener una ilusión es quizá de las cosas en las que menos pensamos, pero es la más importante. Esta es una invitación diaria para tener un pequeño logro: tomar el autobús a tiempo, ser puntual, permanecer en la escuela contra todo pronóstico, lograr algo en el trabajo, felicitar a alguien en su cumpleaños. Constantino Cavafis lo escribió hace más de un siglo y sigue siendo cierto: «Ten siempre a Ítaca en la memoria. / Llegar allí es tu meta.» La ilusión vivificante es eso: el rumbo y con él la meta.
La ilusión vivificante tiene también su banda sonora. Mira al otro océano, al Atlántico, donde se puede escuchar la canción entonada por Shakira y María Bethânia (mayo 2025, Copacabana), aquella clásica de Gonzaguinha «O Que É o Que É». La letra dice lo que en esta columna se intenta reflexionar: que la vida, aunque debería ser mejor y tal vez lo será, ya es bella. Que vivir sin avergonzarse de ser feliz, y reconocerse aprendiz eterno, es quizá la ilusión más honesta y duradera de todas.
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Príncipe de Lampedusa

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
En las primeras horas del 23 de julio de 1957 murió mientras dormía a solas Giuseppe Tomasi, duque de Palma y último príncipe de Lampedusa, autor inmortal de El Gatopardo. El príncipe estaba triste al ir muriendo, como lo supo la baronesa Alessandra Wolff-Stomersee, su mujer, cuando leyó sus últimos diarios, los cuales provocaron que ella transcribiera en el suyo un poema emblemático: “Ahora el dolor lastra mi sombra, y no está nada mal / […] mientras el musgo urde despacio el final de mi nombre olvidado”.
Gioacchino, su hijo adoptivo, recibió una carta para abrirla después de la muerte del remitente. En ella Lampedusa le escribía sobre la preocupación por publicar la novela, pero no a sus expensas. Como anota el biógrafo David Gilmour, aun en vísperas del final el príncipe conservaba su orgullo innato, sabía que la novela debía conocerse pero no toleraría la humillación de pagar por ello.
Cuando apareciera meses después editada por Giorgio Bassani, el que cotejara el original llegado a sus providenciales manos con el manuscrito del autor para fundar la versión definitiva, Bassani contaría de la primera y única vez que se viera en San Pellegrino Terme con el príncipe de Lampedusa, antiguo feudatario de una isla desierta y casi vacía que cierta antepasada suya había vendido para salvar los restos de una aristocrática fortuna de siglos que sin remedio se evaporaba.
Quien brilló en ese verano de 1954 en San Pellegrino, con motivo de la reunión literaria ahí celebrada, fue el poeta Lucio Piccolo, al cual Eugenio Montale llamó nuevo y auténtico, una revelación literaria que el tiempo y su obra confirmarían. Piccolo había llegado desde Sicilia por tren, acompañado de un primo mayor que él y de un criado que nunca se alejaba de los dos señores a los que servía. Alto, corpulento y taciturno, pálido como los meridionales, con un gabán abotonado, el ala del sombrero caída sobre los ojos, un nudoso bastón en el que se apoyaba al caminar y un silencio que nunca fue roto: al conocerlo brevemente Bassani pensó que Lampedusa parecía un general de la reserva o un alto funcionario retirado. No lo volvió a ver y no supo a qué se dedicaba.
La amiga que entregó a Bassani el original de El Gatopardo, enviado a dos o tres gentes más sin la firma del autor, fue inquirida por el creador de El jardín de los Finzi-Contini y El olor del heno sobre el nombre del escritor, y ella contestó que sin duda era obra de alguna anciana solterona siciliana. A partir de su publicación ninguna novela de la literatura italiana ha provocado tantas discusiones, pasiones y polémicas.
Conforme aumentaban su reconocimiento y popularidad surgieron críticos de Lampedusa divididos en cuatro categorías: católicos fervientes que reprobaban su pesimismo; literatos de izquierda que denunciaban su falta de compromiso social; marxistas que atacaban su visión de la historia y apologistas sicilianos que se declaraban hondamente ofendidos por la disolvente y ácida visión de Sicilia expresada por don Fabrizio, príncipe de Salina.
Los teóricos literarios deploraron que El Gatopardo no contuviera audacias formales o tributos joyceanos. Que en la obra no hubiera experimentalidad, estructuralidades o deconstrucciones de ningún tipo. Era una historia perfecta, en cambio —calificada por Louis Aragon como una de las grandes novelas de este siglo y una de las grandes novelas de todos los tiempos, o por E. M. Forster como un noble libro que no era una novela histórica sino una novela que pasaría a la historia—, absolutamente clásica en su forma y, según reconoció Giorgio Bassani con sorpresa, elaborada desde el principio hasta el final como en un rapto de unos pocos meses entre 1955 y 1956.
Antes Lampedusa solamente había escrito una historia de la literatura inglesa para uso del pequeño grupo privado al que impartía clase. Ahora se dedicó metódicamente a escribir una novela, con el tiempo contado y luchando contra la enfermedad que lo llevaría a la muerte.
Bassani recuperó textos inéditos en Palermo, hogar de Lampedusa, cuando visitó a la viuda del escritor: entre ellos cuatro cuentos que darían lugar al único otro libro existente del príncipe, El profesor y la sirena, donde aparece uno de los más grandes relatos de la literatura universal, aquel sobre el senador helenista Rosario La Ciura y la sirena Liguea, hija de Calíope. Producto de la misma mano magistral e inspirada que en sólo un par de años daría lugar a un escritor cuya perfección es, si cabe, como la de Juan Rulfo: dos libros deslumbrantes e inesperados, pero en su caso póstumos los dos.
“Una frase de los últimos meses, breve, casi susurrada y trágica: No lucho más”, escribió Lampedusa por entonces en su diario. Su reconciliación entre la vida y la muerte fueron El Gatopardo y El profesor y la sirena, obras que lo dispusieron para entender la existencia tenida y establecer la memoria que la superaba. Así se gana el óbolo de todo lo vivido: escribiéndolo para bien morir. Y entonces la tristeza final se evapora.
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Dos películas: Patsy, mi amor y Tajimara

El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
I. Patsy mi amor
En días pasados vi en la Cineteca Nacional de la ciudad de México una copia restaurada de la película Patsy, mi amor, del director Manuel Michel, con las actuaciones de una Ofelia Medina de 18 años, Julio Alemán, Joaquín Cordero, Héctor Bonilla, Julián Pastor, Pixie Hopkins, y en roles secundarios Héctor Suárez y Felipe Ehrenberg -hasta Raúl Velasco, antes de Siempre en Domingo-. El guión fue escrito por Gabriel García Márquez.
La película narra la atracción de la joven Patsy por un hombre maduro. Él está casado y sólo busca una aventura; ella no se siente atraída por los inmaduros jóvenes de su generación y encuentra en Ricardo, el personaje protagonizado por Julio Alemán, una figura paterna parecida a su padre al que ama. La trama termina con el rompimiento anunciado desde el encuadre de la relación. Un primer amor que la hará madurar. La película contiene una autoreferencia de García Márquez, ante el comentario de que está lloviendo mucho, un personaje responde: “Sí, como en Macondo”. Cabe señalar que la película fue filmada en 1968, poco antes de la masacre de Tlaltelolco, y que Gabo estaba en ese entonces escribiendo Cien años de soledad.
Para Jorge Ayala Blanco la película es malísima; para Rafael Aviña, en sus comentarios después de la proyección, es un film que se adelantó a su tiempo. Empieza como una historia de música a gogo, pero se va volviendo psicológicamente cada vez más compleja. Ver a Ofelia Medina en su primer rol protagónico, llena de frescura, fue un grato descubrimiento.
Cabe señalar que el guión fue escrito para que lo dirigiera Arturo Ripstein; al estar filmando Los recuerdos del porvenir, no pudo filmar Patsy, mi amor, y así entró al quite el cineasta Manuel Michel. La película tuvo muy mala prensa, lo que tristemente, por las razones que hayan sido, impidió que el director filmara otros largometrajes, razón que sumada a su muerte prematura limitó su filmografía.
II. Tajimara
Juan García Ponce fue crítico de arte y de literatura, novelista y cuentista. Antes de que la influencia de Pierre Klossowski y de Robert Musil matizaran
-para bien o para mal- su obra, sus relatos describían la psicología de las relaciones eróticas y cómo se tejía y destejía el erotismo en función de las preguntas y la búsqueda de respuestas de los protagonistas, tanto mujeres como hombres. En su cuento “Tajimara”, el narrador afirma: “Componemos todo con la imaginación y somos incapaces de vivir la realidad simplemente”.
El relato fue llevado al cine por Juan José Gurrola, quien era pareja de Pixie Hopkins, a quien vimos cantar en la película de Patsy, mi amor, y que luego salía en Siempre en Domingo anunciando sus pelucas.
En la película, producida en 1965, se notan influencias de la nueva ola francesa (Godard, Truffaut, Rohmer). Tiene como locaciones la pista de patinaje de avenida Revolución (hoy, una gasolinera) y el Museo de Arte Moderno. Cecilia (Pilar Pellicer) es objeto del deseo -diría Lacan- de Roberto (Claudio Obregón). Aparecen protagonistas del arte y la cultura como actores fugaces: Manuel Felguérez, Juan y Fernando García Ponce, Carlos Monsiváis, Tomás Segovia y Pixie Hopkins. Al final, Cecilia se casa con Guillermo y Roberto es presa de la melancolía.
III. García Márquez y García Ponce
Gabo escribió el guión de Patsy, mi amor y García Ponce el cuento “Tajimara”.
Cuando García Márquez llegó a México, Juan García Ponce lo presentó con los miembros de la revista S.nob y del cine club del IFAL, lo que dio lugar a la dedicatoria “a María Luisa Elío” de Cien años de soledad. También lo presentó con el productor Miguel Barbachano Ponce, quien produjo muchos de los cortometrajes y películas que surgieron del Primer Concurso de Cine Experimental, en 1964.
Gabo le regaló un libro a Juan García Ponce con la siguiente dedicatoria: “Pinche Juan, para que no se te olvide quién es tu padre”, libro con dedicatoria que pudimos ver en la exposición sobre García Ponce y Monsiváis que se montó en el Museo del Estanquillo hace unos años, con la curaduría de Ángel González Amozorrutia -a quien le deseo un total restablecimiento-.
Al recibir el libro de Gabo, Juan tomó la más reciente de sus novelas, donde las protagonistas siempre tienen varios o muchos amantes, con la siguiente dedicatoria: “Cabrón Gabo: para que no se te olvide que uno nunca sabe quién es su verdadero padre” (me lo contó el propio García Ponce, cuando fui su escriba).
Las dos películas describen las pulsiones eróticas y existenciales de una franja de la sociedad: una burguesía despreocupada y alegre, que no vio venir la brutal transformación que trajo consigo el 68. Tajimara es de 1965 y Patsy, mi amor se acabó de filmar semanas antes de la masacre de Tlaltelolco. Hoy ambas películas retratan una cierta inocencia burguesa. Como mencionó Rafael Aviña hablando de la película de Manuel Michel, lo que en ese entonces fue una ficción, terminó siendo un documental, el registro de una parte de la historia emocional de una generación.
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Lo sin origen

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
La muerte de Thich Nhat Hanh, monje budista zen vietnamita, uno de los más grandes divulgadores en Europa y Estados Unidos de las técnicas meditativas de atención plena al momento presente, fue acompañada de uno que otro disparate informativo propio de la ignorancia occidental al respecto. Alguna agencia alemana, por ejemplo, lo definió como el “creador” de la meditación mindfulness (literalmente “estado mental”, “mente o conciencia plena”), una atribución que sin duda lo habría hecho sonreír compasivamente.
No hay un creador o inventor de la meditación y sus diversas técnicas, ni siquiera el Buda, cuya escuela histórica practicó el método Vipassana (palabra que significa “visión penetrante” o “ver de muchas formas”), el cual con algunas variantes adoptaría el budismo zen en el zazen, su meditación característica, para derivar en el popular mindfulness actual, que sucintamente consiste en confrontar directamente la realidad, fundir la vida diaria con la práctica, desarrollar una psicofisiología de la atención que trascienda el pensamiento conceptual asumido como verdadero para enfatizar el aquí y el ahora.
En su drástica crítica al capital y su insaciable voracidad de multiplicación para la cual requiere que todo se incorpore a su circuito, Byung-Chun Han afirma que incluso la espiritualidad, que podría y debiera ser una fuerza opuesta a él, se convierte en su víctima. Es el caso, afirma, de la “floreciente industria del mindfulness” que reduce la espiritualidad a “una técnica para aumentar el rendimiento y la eficiencia, […] una técnica para la autooptimización o para la reducción del estrés”.
“Estamos aquí —escribe el filósofo coreano— ante un consumo espiritual. La atenciónse somete al autocuidado y a la autogestión neoliberal”. Todo gira, según afirma, en torno al ego y así “se silencia la atención social como atención al otro”. Así, concluye que el mindfulness es la espiritualidad del régimen neoliberal, pues la pone a disposición de la producción y el rendimiento.
Byung-Chul tiene razón en parte pero no del todo. Un mindfulness superficial y eficientista guarda las características que él describe, pero toda técnica de atención plena al momento presente hecha correctamente representa una deconstrucción metódica del ego, su silenciamiento, lo cual significa a fin de cuentas mirar, atender a los otros.
El postulado budista afirma que “si la mente es comprendida, todas las cosas lo son”. Tal es la búsqueda de la meditación, un proceso tanto de discernimiento como de liberación del pensamiento que nos piensa, de los irritantes síquicos y de la interpretación subjetiva sobre lo existente.
La meditación revela los patrones emocionales mecánicos con los que la mente actúa y permite librarse de ellos: se descubre la no-reacción, un poderoso instrumento de autocontrol y serenidad. Surge la respuesta consciente en lugar del automatismo sentimental y subjetivo. Permite, según la conocida cita del maestro Thich Nhat Hanh, tan repetida ahora en las notas necrológicas que se le han dedicado, entender que “La ola no tiene que morir para convertirse en agua. Ya es agua”.
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Diario de Gaza X

Ta Megala
Fernando Solana Olivares
Declassified UK informó que más de 50.000 mercenarios con pasaportes extranjeros sirvieron en el ejército israelí durante la guerra de exterminio contra Gaza, la cual formó parte de una vasta red transnacional, y su participación no se trató de casos aislados de voluntarios extranjeros. El mayor contingente provino de Estados Unidos, seguido de Francia, Rusia, Alemania y Ucrania. Se alistaron también ingleses, rumanos, polacos, canadienses, italianos, neerlandeses, brasileños, argentinos, australianos, sudafricanos, etíopes, suizos, belgas, austriacos, españoles, húngaros y checos. La magnitud de esta participación ha generado exigencias de investigación. Una denuncia presentada en Londres acusa a esos mercenarios de participar en asesinatos selectivos de civiles y trabajadores humanitarios, así como de perpetrar ataques indiscriminados contra la población palestina.
Al participar en un foro virtual de la cadena Al Jazeera, la relatora especial de la ONU para los Territorios Palestinos, Francesca Albanese, denunció el hecho de que en lugar de detener a Israel, “la mayoría de los países del mundo lo hayan armado, le hayan proporcionado excusas y un paraguas político así como apoyo económico y financiero” para cometer el genocidio contra el pueblo palestino desde 1948, salvajemente profundizado a partir de octubre de 2023. Denunció también como enemigo común al sistema que no permite llevar ante la justicia internacional y poner fin a los crímenes de Israel. París y Berlín pidieron de inmediato la renuncia de Albanese, considerando “escandalosas y culpables sus declaraciones que no se dirigen al gobierno israelí, cuya política puede ser criticada, sino a Israel como pueblo y nación”. Dijeron además que Albanese ya se había permitido numerosos excesos en el pasado y “no puede continuar en el cargo”. En lugar de defender de los ataques a la funcionaria, Antonio Guterres declaró que “no comparte el lenguaje” de la relatora especial. La asociación de abogados por el respeto del Derecho Internacional acusó al canciller francés Jean-Noel Barrot ante la fiscalía de París por los ataques de su gobierno contra Albanese.
La ayuda humanitaria en Gaza cayó un 80% tras el asalto militar de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán debido al cierre total de los pasos fronterizos del enclave palestino dispuesto por el gobierno sionista de ocupación. Frente a los 4.200 camiones que ingresaban diariamente a la franja ocupada, a partir de la agresión sionista contra Irán la cifra se desplomó a menos de 400 transportes en los últimos días. La crisis se agrava por la severa escasez médica denunciada por el ministerio de Salud palestino, que advirtió sobre el inminente colapso de los generadores hospitalarios en aquellas pocas instalaciones que han quedado en pie después del exterminio genocida en Gaza. La parálisis sanitaria se suma a un asfixiante régimen de inseguridad alimentaria, falta de agua e insumos básicos que han disparado los precios, mientras la economía gazatí está destruida, informó Diario de Octubre. El bloqueo de alimentos y medicinas, la negativa del derecho a la vida y la salud de millones de palestinos es una extensión de la estrategia de aniquilación de Israel y sus crímenes de guerra. La ocupación sionista ha violado el acuerdo de alto al fuego desde octubre pasado en más de 2.000 ocasiones, dejando cientos de víctimas fatales y heridos.

Reuters, EP, AP y Sputnik informan que Israel utilizó armas térmicas y termobáricas de fabricación estadounidense prohibidas internacionalmente cuya temperatura alcanza 3.500 grados, que provocaron la muerte por “evaporación” de miles de palestinos. Los equipos de defensa civil en Gaza documentaron más de 2.800 de palestinos de cuyos cuerpos sólo quedaron pedazos de carne, motas de sangre y cenizas. Desde el comienzo de su ofensiva genocida contra Gaza en octubre de 2023, Israel ha arrasado la mayor parte de la franja y reducido a escombros barrios enteros, incluidas escuelas, negocios, centros de culto y reunión, instalaciones de servicios públicos e instalaciones médicas. El portavoz de la Defensa civil palestina, Mahmoud Basal, explicó a Al Jazeera que los equipos de rescate cruzan el número conocido de habitantes de una casa con los cuerpos recuperados luego de los ataques sionistas. Desde noviembre pasado, Hamas pidió a un comité internacional que investigara el uso de armas prohibidas por parte de Israel. No hay respuesta hasta ahora.
En febrero pasado la escritora y activista india Arundhati Roy declinó su participación en la Berlinale después de que Wim Menders, presidente del jurado, dijera que el cine debe “mantenerse al margen de la política” cuando le preguntaron sobre Gaza. Durante la conferencia de prensa previa a la apertura del festival, el jurado fue interrogado sobre el apoyo de Alemania a Israel en su destrucción de la franja de Gaza, calificada de genocidio por una comisión de la ONU en la franja de Gaza. “Debemos mantenernos al margen de la política, de la que somos el contrapeso y lo opuesto”, respondió el laureado director de Paris, Texas. La productora Ewa Puszczynska lo secundó al afirmar que “Plantearnos esta pregunta es un poco injusto. Cada uno de nosotros aquí puede tener otras preocupaciones y tomar otras decisiones”, dijo. Antes de anunciar su retiro del festival cinematográfico, Roy declaró a la agencia AFP que “escucharlos decir que el arte no debería ser político es asombroso. Es una manera de cerrar la discusión sobre un crimen contra la humanidad. Lo que ha ocurrido en Gaza, lo que sigue ocurriendo allí, es un genocidio del pueblo palestino perpetrado por el Estado de Israel. […] Si los cineastas y artistas más grandes de nuestra época no son capaces de levantarse para decirlo, que sepan que la historia los juzgará”.
En un análisis publicado en Diario de Octubre, André Abeledo glosa la vigencia en Estados Unidos e Israel de los 11 principios de la propaganda nazi creada por Goebbels, el ministro de propaganda de Hitler: 1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo. 2. Principio del método de contagio. Reunir adversarios en una sola categoría o individuos. Los adversarios han de constituirse en una suma individualizada. 3. Principio de la trasposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo al ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. 4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en una amenaza grave. 5. Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanta más grande sea la masa por convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar. 6. Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre reiterando el mismo concepto”. De aquí se desprende la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”. 7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público ya esté interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones. 8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias. 9. Principio de la silenciación. Guardar silencio sobre las cuestiones de las que no se tengan argumentos, disimular las noticias que favorecen al adversario, contraprogramándolas con la ayuda de medios de comunicación afines. 10. Principio de la transfusión. La propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigarse en actitudes primitivas. 11. Principio de la unanimidad. Convencer al mayor número posible de gente que se piensa “como todo el mundo”, creando una impresión de unanimidad. Estas son las armas semánticas de la ingeniería social y el control de la mentalidad colectiva.
Europa Press informó que dos niños palestinos que recogían leña para calentarse debido a la grave escasez de combustible y las bajas temperaturas cercanas a cero grados que azotaron Gaza fueron asesinados cerca del hospital Kamal Adwan por un dron israelí. “La muerte en Gaza ya no se debe sólo a los bombardeos. Ahora proviene del frío, el hambre, la falta de refugio y la ausencia de medicamentos”, declaró el director del ministerio de Salud palestino: “Esto no es un desastre natural, sino una catástrofe humanitaria provocada por el hombre, resultado de la ocupación, el asedio, la guerra y el silencio internacional”. Las fuerzas armadas israelíes confirmaron el ataque de su aviación aduciendo que “varios terroristas” cruzaron la línea amarilla pactada en el alto al fuego. Youssef Abu Hammad, bebé palestino de seis meses, murió esa misma noche por frío extremo y exposición a la contaminación de las aguas negras. Middle East Eyeinformó que las ofensivas israelíes y el bloqueo hacen del invierno una estación mortal para los niños.
Según un reportaje de The Cradle, la aceleración de los planes de Israel para anexar ilegalmente la Cisjordania ocupada ha desatado los ataques de bandas de colonos israelíes que realizan pogromos destructivos contra agricultores y pastores palestinos, en los cuales han arrancado decenas de olivos, algunos centenarios en Beita, han vandalizado escuelas y pintando grafitis en las aulas, destruyendo mobiliario y sustituyendo las banderas palestinas por israelíes. Una clínica de salud al este de Ramallah fue incendiada por colonos judíos. Durante la noche del 21 de marzo varias aldeas palestinas fueron asaltadas por invasores extremistas, destrozando coches, quemando casas, atacando e hiriendo a palestinos que defendían sus hogares y llevando a cabo demoliciones respaldadas por el gobierno de ocupación. Entre árboles recién talados y bloqueos de los caminos con alambres de púas afuera de Umm al Khai, en la Cisjordania reocupada, los niños fueron impedidos de llegar a sus escuelas. Las Fuerzas de Defensa de Israel permitieron el ingreso de 120 mujeres palestinas, luego de acosarlas con ofensivos registros corporales y marcarlas con números en las manos, al campamento de refugiados de Jenin de donde fueron expulsadas por la fuerza en enero de 2025, junto con otros 40 mil refugiados de ese y otros campos al reocupar las fuerzas sionistas Cisjordania, para inspeccionar sus refugios abandonados y recuperar sus pertenencias. Encontraron devastado todo el campamento de refugiados y sus escasas pertenencias desaparecidas.
La Oficina de Medios de Comunicación de los Prisioneros Palestinos documentó más de 600 niños palestinos detenidos en 2025 por Israel. Desde el inicio del genocidio en Gaza en octubre de 2023 Israel ha encarcelado a 1,700 niños “con una escalada de torturas sin precedentes” y cometiendo “graves violaciones durante los arrestos, incluida la detención de niños menores de 10 años, disparos y lesiones sin tratamiento médico, interrogatorios dentro de los hospitales y traslado de los heridos a centros de interrogatorio antes de que se recuperaran”. Según información de La Cuna, los niños están sometidos a condiciones inhumanas, incluida la tortura, la negación de educación y visitas familiares, la negligencia y desatención médica, el hacinamiento, la falta de alimentos e higiene, la propagación de la sarna, especialmente en invierno, debido a la falta de calefacción y ropa adecuada. Hay más de 1,900 niños desaparecidos en Gaza tras la agresión sionista y se calcula en más de 64 mil el número de huérfanos en la franja. Israel, denunció la oficina palestina, ataca a los niños palestinos con arrestos, duros interrogatorios y largas sentencias para “destruir su futuro, distorsionar su conciencia y difundir el miedo en la sociedad”.
ONU Mujeres informó que más de la mitad de las víctimas registradas por el ministerio de Salud de Gaza, cerca de 72 mil, son mujeres y niñas. Israel asesina a 47 mujeres a diario en Gaza, y suman más de 38 mil a diciembre de 2025. Han sido víctimas de bombardeos aéreos y operaciones militares terrestres israelíes, según Sofía Caltorp, portavoz de ese organismo, en información de Europa Press. Casi un millón de mujeres y niñas han sido desplazadas varias veces durante la ocupación sionista, y cerca de 790 mil sufren distintos grados de desnutrición. La agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (Unrwa) advirtió que las condiciones de vida en los campamentos de desplazados de Gaza se han vuelto insalubres y han ocasionado la proliferación de piojos, pulgas y ratas en los refugios colectivos debido a la sobrepoblación, el deterioro de los sistemas de saneamiento y la escasez de productos de higiene. Entre tanto, activistas de todo el mundo conmemoraron el 17 de abril el Día anual de los Prisioneros Palestinos y exigieron la liberación de los más de 9 mil 600 palestinos recluidos en cárceles de Israel, así como la derogación de la nueva ley israelí aprobada por la Knéset que permite la ejecución de los prisioneros palestinos. Denunciaron que más de 700 mujeres han sido arrestadas en Cisjordania reocupada, Jerusalén Este y Gaza, territorios ocupados por el sionismo judío, y han sido sometidas a hambre, aislamiento, humillación, registros corporales, vejaciones físicas, tortura y miedo constante en las cárceles israelíes.
La eurodiputada del partido La Francia Insumisa, la jurista Rima Hassan, fue detenida en París acusada de “apología del terrorismo” por haber publicado el 26 de marzo pasado un tuit en el que la eurodiputada hacía referencia a Kôzô Okamato, autor de un ataque armado de la resistencia palestina en 1972 en el aeropuerto internacional Ben Gurión, y lo citaba: “Dediqué mi juventud a la causa palestina. Mientras haya opresión, la resistencia no sólo es un derecho, es un deber”. En diciembre de 2024 fue objeto de un procedimiento similar. El Observatorio judío de Francia presentó una denuncia contra ella y ofreció como prueba un mensaje de Hassan en el que mencionaba “la resistencia armada palestina”. Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, y la eurodiputada del mismo partido, Manon Aubry, denunciaron la existencia de una “policía política” y un “acoso judicial contra Hassan.
La relatora especial de la ONU para los Territorios Palestinos ocupados, Francesca Albanese, protestó por la reciente detención de activistas pro Palestina en Londres, entre quienes fue arrestado el vocalista de Massive Attack. “Mientras aquellos que denuncian los genocidios son acusados de terrorismo, los que los cometen están libres”, dijo. Y afirmó: “He visto lo suficiente para decirlo con absoluta certeza: el ejército israelí es el ejército más depravado que he visto”. Al mismo tiempo, 65 diputados británicos presentaron una moción parlamentaria que exige medidas punitivas contra Israel por sus intentos de anexarse territorios de Cisjordania reocupada. La moción condena la decisión de Israel de formalizar el robo de tierras palestinas registrándolas como “tierras estatales”, y califica la medida de ilegal y destinada a expandir el control sobre el territorio ocupado, informó Al Jazeera.
Según nota del diario La Nación, el diputado polaco Konrad Berkowicz del partido Confederación mostró en una sesión del Parlamento de su país, mientras hablaba de la guerra en Medio Oriente y las acciones de Israel, un cartel de la bandera israelí con la esvástica nazi en lugar de la Estrella de David. “Israel está cometiendo un genocidio ante nuestros ojos con una crueldad extrema. Israel es el nuevo Tercer Reich, y su bandera debería reflejarlo” dijo. Ante el escándalo suscitado por su intervención, la cual fue calificada por Wlodzimierz Czarzasty, presidente del parlamento, como una grave transgresión de los límites de la libertad de expresión y denunciada a la fiscalía polaca, Berkowicz defendió su postura: “No tengo intención de callarme. Las amenazas y notificaciones del señor no servirán de nada. Los judíos están llevando a cabo un genocidio en Gaza. Ustedes tienen miedo, yo no: hablaré de esto en voz alta y sí, comparé el símbolo nazi con la bandera de Israel, porque Israel se lo merece por completo. Israel es el Tercer Reich del siglo XXI”.
Casi el 60 por ciento de los ciudadanos estadounidenses tienen ahora una visión negativa de Israel después de la guerra contra Irán, informó The Cradle citando una encuesta del Pew Research Center publicada el 7 de abril. Seis de cada diez encuestados manifestó una opinión desfavorable de Israel frente al 53 por ciento del año pasado. El número de quienes tienen una opinión “muy desfavorable” se ha triplicado desde 2022. La mayoría de los adultos menores de 50 años republicanos o demócratas tienen una opinión negativa de Israel. Una encuesta anterior de Gallup publicada a fines de febrero mostró que por primera vez más ciudadanos estadounidenses dicen simpatizar con los palestinos, el 41 por ciento, frente al 36 por ciento que simpatiza con los israelíes.
Una pinta en Marsella recién consignada en redes francesas: “Primero el genocidio de Gaza. Ahora el del Líbano. Mañana el de Irán. ¿Y luego?” Otra en el Quartier Marais de París: “Los nazis sionistas ya lo lograron: todos odiamos a Israel”.
