El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
En 2026 se cumplen 200 años de las relaciones entre Francia y México. Con tal motivo, en la biblioteca Vasconcelos de la ciudad de México se presenta una exposición conmemorativa, mientras que en el Museo Tamayo se exhibe una muestra sobre el periodo parisino de tres grandes pintores oaxaqueños: Rufino Tamayo, Francisco Toledo y Rodolfo Nieto.
Me toca -soy licenciado en letras francesas (UNAM)- recordar algunos de los grandes momentos de la literatura francesa -siempre a la vanguardia- que han iluminado al mundo.
- I. Chrétien de Troyes
Si bien se dice que la primera novela es la del griego Caridón de Afrodisia (siglo I d.C, autor de Quéreas y Calírroe), las primeras novelas francesas y europeas se deben a Chrétien de Troyes, autor, entre otras obras, de Eréc y Enide, Perceval el galo -llevada a la pantalla por Eric Rohmer-, Lancelot, el caballero de la carreta y el Cuento del santo grial. Buena parte de estas obras medievales fueron recogidas por la ópera en el siglo XIX.
- II. Michel de Montaigne
Afligido por la muerte de su amigo Étienne de la Boetié, Montaigne se retiró a su torre de marfil, donde creó un género, el ensayo, a partir del cual reflexionaba sobre los temas de su interés y, al hacerlo, hablaba también de sí mismo y de su circunstancia. El ensayo no es novela, ni poesía. Es una disertación, donde lo confesional y la argumentación van de la mano.
- III. François Rabelais
Autor de las desbordantes novelas Gargantúa y Pantagruel, este autor nos enfrenta a la joie de vivre, la alegría de vivir -en contraposición con la melancolía pesimista de Montaigne-. En la abadía de Thélème, los gigantes tienen una consigna: “Haz lo que quieras”, y bajo esa premisa no se detienen ante nada que limite su exorbitante amor a la vida.
- IV. François Villon
Mató a un hombre. Sabía que, si lo atrapaban, lo colgarían. A partir de esa condición, la de ser un hombre liminal, escribió una poesía -sus Testamentos– en donde se sincera y ve la vida desde quien tiene ya un pie en la muerte. Es uno de los pioneros en Occidente de una suerte de contra-cultura.
- V. Racine, Corneille, Molière
Jean Racine y Pierre Corneille fueron maestros del teatro neoclásico. En versos franceses reescribieron, por decirlo así, obras del repertorio clásico griego y latino. Pero el gran maestro del teatro en el siglo XVII fue Jean Baptiste Poquelin, Molière, quien se burló de la iglesia, de las mujeres emperifolladas, de los médicos, de los enfermos. Al morir, tuvo que intervenir Luis XIV para que la Iglesia lo aceptara en el camposanto.
- VI. Cyrano de Bergerac
Con sus viajes al Sol y a la Luna fue -cual moderno Ovidio- un pionero de la ficción científica. La nave de los viajeros a Venus estaba protegida por una suerte de cápsula que impedía que los rayos del sol desintegraran la nave. Su fuerte personalidad inspiró al dramaturgo Edmond Rostand, quien escribió la obra de teatro que lleva su nombre y que luego sería llevada al cine, protagonizada por Gérard Depardieu.
- VII. La princesa de Clèves
Madame de Lafayette escribió esta obra, la primera novela psicológica francesa. En ella, la protagonista le confiesa a su marido que está enamorada de otro hombre -el duque de Nemours- pero que no ha caído en sus brazos ni caerá. Lo cumple. Para esa época, reconocer el deseo de una mujer era vanguardista, más aún la sinceridad con que se lo dice a su marido en esta novela.
- VIII. Voltaire
En su libro Cándido, el personaje escucha mil interpretaciones sobre los hechos. Ante ese relativismo, su conclusión fue: “Il faut cultiver notre jardin – Hay que cultivar nuestro jardín—”. Es decir, tenemos que hacer lo que nos toca día a día y trabajar con responsabilidad. Vivía en la frontera con Suiza, dado que sus ataques a las injusticias lo volvían blanco de las persecuciones del poder. Podía pasarse a Suiza con facilidad si iban a apresarlo o incomodarlo.
- IX. Jacques el fatalista
En 1755 salió publicada, gracias a Diderot, D’Alambert y Buffon, la primera enciclopedia. Uno de sus creadores, Diderot, escribió esta obra que rompe con los cánones, porque el personaje principal no sabe nada, ni a dónde va ni de dónde viene. Vive en la duda, no tiene certezas (como en el mundo de hoy, excluyendo a los radicales, que creen saber la verdad).
- X. Víctor Hugo
Fue el gran hombre de letras francés del siglo XIX y uno de los grandes genios de la literatura universal. Poeta, son sin embargo sus novelas las que más han perdurado. Nuestra Señora de París nos narra la historia de amor entre Esmeralda y Quasimodo. Su obra maestra es Los miserables, la historia del presidiario Jean Valjean, que se redime y consagra su alma para el bien, gracias a que el obispo Bienvenido Myriel le regala unos candelabros de plata.
- XI. La comedia humana
Honoré de Balzac se propuso competir con el Registro Civil. Creó cientos de personajes en sus novelas, ofreciéndonos algunos arquetipos inolvidables. Fino observador de la psicología humana, sus novelas dibujaron un mosaico de la sociedad francesa en el que todavía podemos reconocernos.
- XII. Los tres mosqueteros
¿Quién no se emocionó leyendo las aventuras de Athos, Porthos, Aramís y D’Artagnan? ¿O las aventuras de El conde de Montecristo? Hace poco se publicó en francés Je voulais vivre, de Adélaïde de Clermont-Tonnerre, una revisión de los tres mosqueteros desde una mirada femenina, la de Milady de Winter, enemiga acérrima de los mosqueteros.
- XIII. Madame Bovary
Su autor, Gustave Flaubert, cambió el rumbo de la novela francesa -y de la universal-. Antes de él, lo importante era la trama, el argumento. Él dirigió el foco hacia otro lugar, la escritura, a la que llamó “la orgía perpetua” (título del libro que le dedicó, con absoluta admiración, Mario Vargas Llosa). La historia de Emma es simple y está basada en un caso real. Lo que importa es el trabajo artesanal, minucioso y un tanto neurótico con el que Flaubert eligió cada palabra, cada entonación, cada metáfora.
- XIV. Al revés
Esta novela, escrita por J.K. Huysmans, describe la historia de un decadente neurótico, Des Esseintes, que se complace en engarzar piedras preciosas en el caparazón de una tortuga viva, para disfrutar los reflejos que los rayos del sol crepuscular creaban. Fue el antecedente, en Inglaterra, de El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.
- XV. Las novelas de Émile Zola
El padre del naturalismo mostró la podredumbre social que encontramos en cualquier sociedad. Su novela Germinal describe con mano maestra la explotación de los mineros. Los caballos de la mina que allí se aparean, después de varias generaciones nacen ciegos. Lo mismo el trabajador sojuzgado, ya no ve que lo explotan. Su novela Naná, sobre una prostituta, fue el modelo de Federico Gamboa, novelista mexicano, para su novela Santa.
- XVI. Nérval, Baudelaire, Rimbaud
Gérard de Nérval introdujo el sueño y la imaginación en su novela Aurelia. Escribió el verso “Le soleil noir de la melancolie: El sol negro de la melancolía”. Baudelaire nos enseñó que lo feo no depende del modelo sino de la escritura. “Una carroña” describe un cuerpo en descomposición y sin embargo es un hermoso poema. Rimbaud, el genio, escribió: “Yo es otro”, señalando la otredad que nos habita, prefigurando al poeta portugués Fernando Pessoa.
- XVII. A la búsqueda del tiempo perdido, de Marcel Proust
Esta obra, en siete tomos, es, sin lugar a dudas, la novela más importante de la literatura francesa. El narrador, en el primer tomo, es un niño que sufre porque su mamá no le va a dar el beso de las buenas noches y queda abrumado cuando no sólo se lo da, sino que pasa la noche con él. Se da cuenta de que el deseo es más intenso que su consumación. El narrador crece y nos va relatando su aproximación al amor, al que define como “las intermitencias del corazón”.
- XVIII. Antoine de Saint-Exupéry
Autor de libros que hablan de la amistad, a partir de su experiencia como piloto de la compañía Aeropostale, en 1942 escribió El principito, la historia de un niño caído del cielo y su amistad con un piloto que sobrevivió a una caída en el desierto. “Sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos” se ha convertido en un mantra universal. Junto con la Biblia y la saga de Harry Pooter, son los libros traducidos a más lenguas.
- XIX. Ásterix y Óbellx
Un guionista genial -René Goscinny- y un dibujante capaz de reconstruir al detalle cómo vivían los galos -Albert Uderzo-, crearon un cómic que ha trascendido fronteras y ha dado a los franceses una identidad simpática ante el mundo entero. No serán los autores de obras maestras de la literatura, pero es claro que sus personajes, dentro y fuera de Francia, han tenido un éxito extraordinario y son lecturas obligadas para niños, jóvenes y adultos.
- XX. Marguerite Yourcenar
Mi escritora favorita. La primera mujer electa en la Academia Francesa, fundada por el cardenal Richelieu. Autora de Memorias de Adriano, una novela en la que da voz al emperador Adriano, y de Opus Nigrum, cuyo personaje principal, Zenón, es un médico, alquimista y astrólogo renacentista. Una gran escritora y un espléndido ser humano.
- XXI. Simone de Beauvoir y Marguerite Duras
El segundo sexo de Beauvoir fue uno de los libros más influyentes del siglo XX. Generó una nueva mirada de la mujer sobre sí misma y de los hombres hacia las mujeres. Marguerite Duras, por su parte, fue cronista del desamor, del alcoholismo, de la desesperación.
- XXII. Albert Camus
Su novela El extranjero es perturbadora. Mersault, el personaje principal, mata a un árabe sin quererlo y sin saber por qué. Camus fue el novelista de la duda, como Diderot. Lo opuesto a Jean Paul Sartre, filósofo y novelista de las certezas.
- XXIII. Los más recientes
Michel Tournier y Pascal Quignard, para mí, merecían el Nobel. Sin embargo, en los últimos años lo recibieron Patrick Modiano, Claude Simon, Annie Hernaúx y Jean Marie Le Clézio. Quizá lo gane Michel Houllebecq, provocador y gran novelista.
- XXIV. De otras disciplinas.
Los filósofos René Descartes, Voltaire, Montesquieu, Foucault; los escultores Auguste Rodin y Louise Bourgeois; los músicos Debussy, Fauré, Ravel, Saint-Sáens; los cantantes Édith Piaf y Charles Aznavour; los pintores Gauguin, Coubert, Matisse, Renoir, Cézanne. La lista, llevada a otras artes, terminaría en un voluminoso libro.
¡Gracias, Francia! Siempre a la vanguardia, has llenado nuestras vidas de belleza, inteligencia y respeto a los derechos humanos.

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