Vicente Quirarte 

El laberinto del mundo

José Antonio Lugo

I. La oscura desbandada 

Así llamó Juan Antonio de Zunzunegi a la muerte -no me gustan los eufemismos: se nos adelantó, etc.-, que ahora uso para amigos muy queridos, miembros de la república de las Letras. En marzo del año pasado le tocó el turno a Hernán Lara Zavala (1946-2025); ahora, a Vicente Quirarte (1954-2026).

II. El primer taller de cuento 

Apenas tenía 20 años cuando quien esto escribe se inscribió a un taller de cuento que él impartió en el Palacio de Minería. En ese taller estuvimos también Alejandro Toledo y Nedda Anhalt.  

III. Fra Filippo Lippi: Cancionero de Lucrecia Buti (UNAM, 1981)

Quirarte escribe: “¿Quién puede vivir con gloria en la tierra / cuando el tiempo nos quita el goce eterno? / Por eso no olvido, mi madona / por eso no pidas, mi Lucrezia, / que olvide el viaje por ese océano abierto, / márcame para siempre con tus ojos / y después de la herida nazca el mundo”. 

IV. Puerta del verano (Cuarto menguante, 1982)

“Como el amor, el mar / no necesita de nosotros. / Y cuando yo no exista / habré de presentirlo entre los faros, / la esbelta nube blanca que me diga: ‘Alguna vez el mar se duerme entre mis brazos’”.

V. Plenilunio de la muñeca (Loa libros del fakir, 1984)

“Estática, me contempla, y en el último instante de mi razón contemplo su cabello mojado, sus ojos absortos, su boca semiabierta, su garganta, sin la medalla de plata de Notre-Dame de Arles, a cuya blancura se dirigen mis garras”.

VI. Zarabanda con perros amarillos (Les écrits des Forges, 2004)

“Hoy cumplo la edad que tú tenías / la mañana puntual de tu naufragio. / La edad en que Fernando Pessoa / dibujó las colinas de Lisboa / en un tren amarillo”. 

VII. Los días del maestro (Conaculta, 2008)

Es un libro de ensayos dedicado a sus maestros: José G. Moreno de Alba, José Emilio Pacheco, Alí Chumacero, Rubem Fonseca, Gabriel Vargas, Manuel Maples Arce… Al frente, el epígrafe: “Al primero en el tiempo, / en amoroso fuego todo ardiendo / el maestro Martín Quirarte”.

VIII. Merecer un libro  (Amaquemecan, 2014) 

“Cuando Cervantes escribió Don Quijote se valió no de una sino de varias plumas. La velocidad de ejecución de la escritura dependió de la cantidad de tinta que la pluma pudiera contener. El lapso entre su inmersión y su regreso al papel era un compás de espera que permitía la respiración de la prosa, la carcajada de piedad o el desencanto que al autor le causaban seguramente las desventuras y alegrías de su criatura”. 

IX. Teoría del oso (ISSSTE, sin año)

“Una nueva lanza tumba al oso cuando el cuerpo del bruto entra en el agua. La herida crece pero es ya compartida. El aire tenso de la noche dice que alguien ama mientras en su propia sangre muere el oso”. 

X. La isla tiene forma de ballena (Seix Barral, 2015)

Habla (en la novela) Margarita Maza de Juárez: “Mi esposo amado: No he tenido dolor tan grande como haber perdido para siempre a Pepe, el hijo en quien tantas esperanzas tenías. No dejo de mirar su fotografía, su manita apoyada en el mueble, como si él lo estuviera sosteniendo y no al contrario, tan serio y formal como debes haber sido tú a esa edad, aunque él ya no vista el calzón de manta que tú a esa edad llevabas”.

XI. Luz armada (Joaquín Mortiz, 2019)

Libro dedicado a su madre. Quirarte escribe: “Este es un libro que quiere ser de mi madre. Si vuelvo a cada momento a la evocación paterna es porque mi obsesión por vencer el lado oscuro de la Fuerza no existiría de no ser por la constante lección de la luz de cada día. Luz de cada día. Su inconciencia feliz, su inocencia feroz”. (El libro está dedicado a la mamá de Eusebio Ruvalcaba).

Yo edité en mi editorial, El tapiz del unicornio, el libro de Eusebio Los ojos de las mujeres. Por ello, en la Fonoteca Nacional Vicente y yo presentamos hace unos años los dos libros, el de Eusebio y el de Quirarte. Fue la última mesa que comparti con él.

Estas líneas han pretendido rendir un homenaje, a través de citas de sus libros, a mi maestro y amigo Vicente Quirarte. Vicente: estuvimos juntos en la casa de Aída despidiendo a Hernán Lara Zavala. Ahora me toca despedirte y darte las gracias por tu amistad cómplice. Adiós, amigo.

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