Cuerpo desollado. ¿Para qué la carne si mi espíritu es libre?

Colaboraciones

Siegrid Wiese

“La poesía es hacer caso al llamado de las cosas, sucede justo en el espacio que hay entre la realidad corpórea y el entendimiento del espíritu”, me dijo Araceli Mancilla al preguntarle sobre la poesía.

       Pensé en esto antes de leer Un carretón de gitanos y visualicé ese espacio exactamente donde los extremos se tocan, donde uno se queda suspendido como gota de agua que no obedece a la fuerza gravitacional. 

       Entiendo que la vida en los sueños está construida por el inconsciente, en el albedrío que logra navegar en el todo. En cambio, el consciente está encerrado en carne y huesos, en un cuerpo funcionando efímeramente como un mero instrumento de transición.

       El tema de los sueños, presente en mi vida, se ha hecho notar como una mano que se mueve eufórica en el lejano horizonte de un mar agitado; es por eso que leer la poesía de Araceli de la otra vida de los sueños me hizo viajar para llegar hasta donde estaba esa mano y descubrir que el ser que me llamaba desesperadamente era yo misma.

      Considero a los sueños comodines, que se ajustan a lo que cada quien necesita saber. Yo creo que son vida, porque escucho su latir en cada poema de este libro.

       En Un carretón de gitanos Araceli logra expresar el trasfondo de “la otra vida” en un lenguaje vital donde hay ojos, oídos y piel encontrando un sendero escondido que nos lleva hacia adelante, hacia lo búsqueda del Yo. La poesía de los sueños descifra un secreto universal: la poeta nos presenta el valioso abecedario del adiós, ese “huir hacia adentro” como una clave de libertad.

       El cargamento que logramos traer de la vida espiritual a la vida física lo nombramos con la palabra Arte. La autora cruzó aquel umbral cargada de vida innombrada, de esa vida que no tiene testigos ni recuerdos para quitarnos el enfoque encasillado de la vigilia, logrando provocar un Colapso interno, pero que parece dejar intacto todo por fuera: 

Lo conocido que es ajeno y huele a café, casas, camas, amantes, lluvia, sombras, la luz como guía, rostros cambiantes, cadenas humanas, cimas, construcciones mampuestas, las formas rectangulares cuadriculadas que aparecen cuando tallo mis ojos también están ahí, incluso logra abrir la ventana enamorada y traer a mi muerto a la vida. 

Despierto cuando duermo.

Mi cuerpo en reposo da paso a una realidad ámbar.

El agua de mi cuerpo se suspende, mis venas se aprietan contra espejos rotos

No logro escuchar mi voz, el eco retumba en la llaga 

Estoy pero no me veo

Mi cuerpo es una caja de cristal como la habitación de los amantes.

La máquina de carne abre caminos de sangre arena.

¿Dónde estoy?

Como tierra y mi boca se seca 

Vivo mi muerte más de 3 veces 

Juego con la idea y vuelvo a morir

Vivo y me burlo del Inexistente vacío… salto de un tercer piso.

      Valiente eres Araceli por desollarte, por dejarte viva la carne y caminando con más fuerza que nunca. Así, nos dejas lamiéndonos la piel como animales hambrientos de verdad.

Oaxaca, julio de 2026

Este texto fue leído por su autora en la presentación del libro de Araceli Mancilla Un carretón de gitano (O la otra vida de los sueños). Coedición de 1450 Ediciones y Editorial Almadía, Oaxaca, 2026.

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