Fernando Pessoa y Ramón López Velarde

El laberinto del mundo

José Antonio Lugo

Para Andrés Ordóñez 

I.- Fernando Pessoa 

Nació el 13 de junio de 1888 en Lisboa. Uno de los más grandes poetas del siglo XX, nos enseñó que cada uno de nosotros es una multitud. Lo hizo creando los heterónimos, voces narrativas que tienen una identidad propia -a diferencia del seudónimo, que es sólo un cambio de nombre-. Así, Pessoa es una constelación de escritores. Veamos.

Alberto Caeiro, el poeta panteísta: “Pensar molesta como caminar bajo la lluvia cuando aumenta el viento y parece que llueve más. No tengo ambiciones ni deseos. Ser poeta no es una ambición mía; es mi manera de estar solo”.

Fernando Pessoa, el poeta ortónimo (el mismo nombre del autor), lleno de dudas luminosas: “Todo es nocturno y confuso de lo que de nuestro aquí hay. Proyecciones, humo difuso de lumbre que brilla, ocluso a la mirada que la vida da”.

Ricardo Reis, el poeta clásico griego: “Lidia, ignoramos. Somos extranjeros donde quiera que estemos. Construyamos con nosotros mismos el retiro donde escondernos, tímidos ante el insulto del túmulo del mundo”.

Álvaro de Campos, el poeta futurista y metafísico: “No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Además de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo”.

Bernardo Soares, prosista, autor de El libro del desasosiego. “Pertenezco, a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes espacios que hay al lado. Por eso no he abandonado a Dios tan ampliamente como ellos ni he aceptado nunca a la Humanidad”. 

Alexander Search, el heterónimo que escribió en inglés: “I love the Real when I love my dreams” (Amo lo Real donde amo mis sueños). En inglés escribió también el poema Antinoo, dedicado al amante del emperador Adriano (traducido al español por Cayetano Cantú): “El joven yacía muerto.  En el bajo lecho y sobre su total desnudez, se vertía la opaca luz del eclipse de la muerte, ante los ojos de Adriano, cuyo dolor era miedo”.

Rafael Balaya: El heterónimo astrólogo de Pessoa. En 2016 asistí como ponente al Congreso Ibérico de Astrología. Otro de los conferencistas comandó un equipo que se sumergió en la Biblioteca Nacional de Portugal para hacer acopio de los miles de hojas y apuntes astrológicos de Pessoa. De hecho, él mismo elaboró las cartas astrales de sus heterónimos -y también la suya-. En el Centro Cultural San Ángel, hace muchos años, tuvo lugar una exposición de Pessoa que exhibían colgadas en la pared las cartas astrales de los heterónimos -impresas por quien esto escribe-.

Hace unos años, el poeta Hernán Lara Varela me invitó a exponer y describir en la casa del Poeta Ramón López Velarde la carta astral del poeta mexicano. En la mesa estábamos Hernán, la escritora Claudina Domingo y un servidor. Noche memorable.

Lecturas imprescindibles, además de las obras de los heterónimos: la biografía de João Gaspar Simoēs, publicada por el FCE, Un místico sin fe, de Andrés Ordoñez, publicada por siglo XXI y las Cartas de amor de Fernando Pessoa e Ofélia Quiroz (Assírio & Alvim, 2012, Porto editora).  

II.- La metaliteratura sobre Fernando Pessoa

Según la Real Academia Española, la metaliteratura es la literatura cuyo objeto es la misma literatura. Es un subgénero  fascinante en el que la literatura se convierte en su propio objeto de reflexión. Vale la pena comentar dos obras.

El año de la muerte de Ricardo Reis, de José Saramago. En un entrañable homenaje a Pessoa, Saramago escribe una novela donde nos cuenta la muerte de Fernando Pessoa. Sus heterónimos -que no saben que lo son ni que por tanto no pueden tener vida sin su creador- se reúnen en Lisboa para el entierro del poeta. Les queda un año de vida, después de lo cual desaparecerán. El poeta fallecido -Pessoa- se les aparece como un fantasma vivo. Vemos entonces ese año de la muerte de Ricardo, que decide no tener hijos con Lidia -dice no a la vida- para luego fundirse en el olvido con el propio Pessoa, al término del año establecido.

He estado un par de veces en Lisboa. Mi visita obligada es el café Martinho de Arcada, situado en la Praça do Comércio, frente al estuario del Tajo. Allí hay dos mesas en las que nadie se puede sentar. Una en la que se sentaba Pessoa; en la otra, en la que se sentaba Saramago. En esta última está O ano da morte de Ricardo Reis, la versión en idioma orginal de la novela que hemos comentado. 

La novela Lluvia oblicua, de Manuel Moya, actual traductor de Pessoa, nos narra el último posible encuentro entre Ofélia -el gran amor de Pessoa, sus cartas son una maravilla-. Un encuentro que no se produce. Pessoa está en el café y la ve del otro lado de la calle. Se atraviesa el famoso tren de Lisboa y cuando termina de pasar ella ya no está. En el último momento decidió no asistir a la cita, lo que incrementa la saudade -la melancolía- del gran poeta. 

III.- Ramón López Velarde 

Cuando puse en la computadora los datos de nacimiento de López Velarde, pensé: “Esta carta ya la vi”. Lo que pasa es que el mexicano nació el 15 de junio de 1888, dos días después de Pessoa; uno en Jerez, Zacatecas, el otro en Lisboa. De esta manera, podemos decir, alegremente, que López Velarde es como nuestro Pessoa. 

El poeta portugués estaba interesado en el sebastianismo, una teoría política/teleológica que buscaba darle una trascendencia, casi metafísica, al hecho de ser portugués. El mexicano, simplemente, escribió el gran poema sobre nuestro país, Suave Patria -que debería ser nuestro himno nacional, si un día decidimos reeemplazar el belicoso texto de hoy: 

Diré con una épica sordina:
la Patria es impecable y diamantina.

Suave Patria: permite que te envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.

Patria: tu superficie es el maíz,
tus manos el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.

Fernando Pessoa y Ramón López Velarde: dos poetas unidos por ser Géminis y haber nacido casi el mismo día, del mismo año. Hoy los recordamos con agradecimiento y los releemos. 

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