El mundo cabeza abajo

Colaboraciones

Eduardo Subirats

                               

1

Koyaanisqatzi 

La realidad social, política y militar que experimentamos todos los días, en Brasilia, Berlín o Washington, y tanto en las calles como en las pantallas del espectáculo mundial es turbadora. Vivimos progresivamente cercados por sistemas automatizados de control y supervisión. Nuestra sensibilidad estética, nuestra conciencia moral y nuestra inteligencia se subordinan a códigos lingüísticos y normas de conducta programados a partir de las megamáquinas académicas, políticas y comerciales. Desde la escuela hasta los parlamentos nuestra comprensión de la realidad histórica y nuestros ideales colectivos están sometidos a una sistemática manipulación lingüística y hermenéutica. Día a día el espectáculo del mundo corporativamente diseñado y diseminado se expande, y nuestro cerebro se encoge a las estrictas dimensiones de las lingüísticas y los iconos políticamente correctos. 

Este proceso involutivo de la inteligencia humana ha sido sutil y silencioso, pero no debería ser un secreto para nadie. Más bien ha sido anunciado a los cuatro vientos bajo rutilantes nombres y en sucesivas etapas de la expansión del espectáculo moderno y postmoderno: posthistoria, postpolítica, postfilosofía, postarte, postsujeto, postnaturaleza, posthumano… 

No sólo asistimos a una carrera historica en dirección hacia una ceguera mental y una total impotencia moral: las dos amenazas que Greta Thurnberg reveló en su alocución a las Naciones Unidas de New York el año 2019. Además, tenemos que confrontarnos con los tres peligros que asedian nuestra supervivencia: la autodestrucción ecológica y biológica del planeta, el derrumbe ético de las democracias de Occidente y la guerra total. Tenemos que confrontar, queramos o no queramos, esa “Chut du ciel”, esa caída del cielo, es decir, el derrumbe del orden ético del universo, que el chamán Davi Yanomani Kopenhaga ha denunciado como terminación de la vida humana sobre la Tierra.  

Hemos acreditado los discursos propagandísticos contra Rusia, China, Venezuela, Irán, Iraq…, hemos asumido como dogma religioso la charlatanería del West Against the Rest, asistimos al incremento indefinido de estrategias para asfixiar económica y militarmente al Sur Global. Somos testigos en tiempo real del genocidio perpetrado a plena luz del día contra el pueblo palestino. Presenciamos la extensión de guerras neoimperiales contra el universo espiritual islámico, a través de una serie indefinida de asesinatos y decapitaciones ostentosamente organizados por los servicios de inteligencia militar occidentales. Los crímenes contra la humanidad perpetrados en nombre de unos indefinidos valores de Occidente y de una turbia delimitación de ese Occidente, son incontables. 

Y de pronto, cuando la angustia de la masa electrónica postmoderna frente al holocausto nuclear de la humanidad parecía olvidada en las cenizas de un oscuro pasado, han retumbado los tambores y los cañones financieros, propagandísticos y militares de una deseada guerra de contención y supresión contra Rusia y China, seguidas del genocidio perpetrado por Israel y los Estados Unidos contra el pueblo palestino y la guerra permanente contra Irán propagandísticamente representado como el Mal de toda esta historia.  

Estas estrategias reales han comprendido, entre otras atrocidades, el ataque de artillería contra centros de producción nuclear de energía. Estos centros han sido oficialmente designados como santuarios excluidos de las hostilidades militares porque las implicaciones letales masivas de la radiación nuclear resultante afectan a decenas de millones de humanos y no respetan fronteras. Y no sólo esto. Precisamente en medio del acoso militar de Occidente contra Rusia se ha esgrimido la real posibilidad de una guerra nuclear. E incluso se ha debatido públicamente esta guerra como una necesidad histórica para salvar los valores de Occidente de unos, o para poner fin a la incorregible arrogancia de este mismo Occidente, por los otros de la orilla opuesta.

2

Estulticia = locura + ignorancia

El humanista Desiderius Erasmus escribió, en el siglo dieciséis, una sátira de la modernidad europea que acababa de nacer en los campos de batalla de la teología política imperial de la Contra-reforma contra la Europa reformista de Luther a Thomas Münzer. Su título: Elogio de la locura; su versión latina: Stultitia laos

En esta sátira, la Estulticia, que etimológicamente reúne los dos sentidos complementarios de la locura y la ignorancia, se instaura como Diosa única y universal. Sus poderes residen en sus incesantes engaños y traiciones, y en su capacidad de despertar las furias más funestas del espíritu humano. Erasmo, en fin, describió irónicamente algunos de los más horrendos crímenes por cuyo medio esa diosa gobernaba el mundo. 

Nuestra condición política contemporánea no me parece muy diferente de las sociedades secretas que rendían culto a esa diosa de la alegoría de Erasmus. Somos exciudadanos de una civilización desgobernada por una banda de payasos, estafadores y misioneros; somos sobrevivientes en un mundo administrado por agentes civiles y militares de contrincantes imperialismos; somos marionetas en las manos de líderes clínicamente certificados como dementes y ostensiblemente enfermos. Los flujos de influencias, dinero y sexo alimentan los escándalos de corrupción y abusos de poder, y un progresivo deterioro intelectual se extiende desde las más altas cumbres políticas hasta nuestras mismas aulas universitarias. Hemos sido reducidos a la condición de existencias fantasmales y conciencias vacías a lo largo de la transformaciones electrónicas de nuestro estado de guerra global en un espectáculo apocalíptico y grotesco.

La autodestrucción de la conciencia moderna

Este encogimiento de la conciencia humana comienza en la reducción lógico-transcendental de la experiencia de lo real. Su premisa epistemológica consiste en aislar un objeto, reconstruirlo en estado puro, imposibilitando con ello activamente toda posibilidad de una interrelación de las partes con el todo. Como el diabolos Mephistopheles aconseja cínicamente a un inocente estudiante en Fausto. Una tragedia de Goethe: “Quien quiere reconocer y describir algo viviente/ trata primero de arrancarle el espíritu;/ tiene entonces las partes en su mano/pero le falta, infelizmente, el vínculo espiritual.” Esta disección de lo real, su fragmentación y mapeamiento microanalíticos acompañan necesariamente la segmentación, departamentalización y manipulación micropolíticas del conocimiento. El resultado de esta reducción científica de la experiencia, su conclusión, fue anticipada por el filósofo sefardí del siglo dieciséis Francisco Sánches con las siguientes palabras: “A plena luz caminamos a ciegas”. 

Vemos en las pantallas imágenes de la corrupción sexual, política y monetaria; pero no lo vemos, no lo entendemos, no somos capaces de relacionarlo con nuestra experiencia cotidiana. Reconocemos las narraciones ficticias de la propaganda y las retóricas políticas que declaran golpes de Estado como actos de resistencia democrática, representan a los genocidios como actos de salvación nacional y legitiman la guerra total como una necesidad histórica en aras de la preservación de Occidente como poder único y excluyente. Pero tampoco lo reconocemos. Valores de Occidente, democracia y progreso son eslóganes fundamentalmente vacíos. Y nada valen las palabras y nada valen las cosas allí donde se disuelven sus vínculos semánticos. Nuestra propia existencia tiende a percibirse como una presencia inmaterial evaporada en las redes del espectáculo. 

El efecto del estado permanente de división interna entre lo real y la propaganda es una conciencia escéptica que ve, pero no entiende, y que descifra, pero no sabe; una conciencia fundada en un escepticismo epistemológico y una debilitada voluntad individual. Su resultado final es el postsujeto posthumano: un estado mental de permanente ignorancia e infantilismo en un sistema civilizacional que no es capaz de comprender su propio pasado, ni tampoco de construir racionalmente un futuro. 

4

La supresión del intelecto

En 1944, en las etapas finales de la Guerra Mundial y un año antes del holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki, el sociólogo estadounidense Charles Wright Mills escribió: “American intellectuals are suffering the tremors of men who face overwhelming defeat”. Hoy, casi un siglo después de esta declaración, y frente al horizonte de nuevas guerras y catástrofes industrialmente inducidas, y frente a los cuadros crecientes de corrupción e incompetencia de los aparatos políticos, la completa desaparición del intelectual, y su ausencia como conciencia independiente y pública, ya no mueve a ningún corazón humano, ni levanta la pluma más ligera. La inteligencia simplemente ha desaparecido, y lo ha hecho con la misma imperceptibilidad que distingue la extinción de otras mil especies a lo largo del progreso histórico de la civilización mundial. 

A grandes trazos, la breve historia de la intelligentsia europea moderna, y en una cierta medida de la intelligentsia mundial, puede dividirse en tres periodos y una conclusión. La primera fase comprende la implosión social inmensamente creativa tanto en las ciencias y las artes como en la política, en la música y las artes visuales, en la literatura y la filosofía, a lo largo de las tres primeras décadas del siglo veinte. Fue el instante histórico de la creación de lo que hoy llamamos “cultura europea moderna” o “cultura moderna”. En la música y la arquitectura, en el pensamiento filosófico, la literatura y en las artes visuales se revelaron en esas décadas nuevas harmonías musicales y coloristas, formas políticas y sociales revolucionarias, reformas lingüísticas y nuevos proyectos que abarcaban a todas las artes y todas las fantasías. 

Pero el siguiente periodo y la siguiente ola avanzaron impetuosamente en el sentido contrario: la reacción fascista, el autoritarismo, el militarismo y todas las pestes del infierno. La reacción ultraconservadora europea fraccionó y disolvió la renovación intelectual y la imaginación social que acababa de despertar. Fue un choque abrupto, atravesado por la militarización de la cultura, la censura y los crímenes contra la humanidad. 

La tercera fase de la historia intelectual de último siglo es la consecuencia de las estrategias de tierra quemada de los populismos fascistas que le precedieron. Esta etapa se caracteriza por la reflexión sobre las vidas quebradas y las ciudades bombardeadas, los campos de concentración y exterminio absurdo de decenas de millones de humanos. Este tercer momento está marcado por la reflexión negativa o más bien explícitamente nihilista sobre la condición histórica del ser humano. Su representación literaria por antonomasia ha sido La nausée de Sartre. La definición existencialista de una antropología negativa, una existencia vacía y un ser-para-la-nada.

5

Happy Ending

He comenzado esta conversación con una introducción al estado general del presente histórico y sus múltiples conflictos y crisis. He tratado de definir nuestra era y nuestra edad, y lo he hecho bajo la categoría histórico-filosófica Koyaanisqatzi, originaria de la cultura Hopi en Norteamérica. Este concepto define un proceso terminal de declinar y disolución de la sociedad humana y del cosmos. A continuación, he comparado nuestra edad histórica con la saga de una nación entera que adora desesperadamente a la ignorancia y la locura, encarnadas en el poder mitológico de la diosa y emperadora Estulticia. 

He señalado asimismo la condición esquizofrénica de nuestra conciencia postmoderna. Y he apuntado algunas de sus características: el desfallecimiento de los vínculos entre las palabras y las cosas, la fragmentación de la experiencia, la irracionalidad de los discursos políticos transnacionales, el vaciamiento autista de lo social, el aislamiento psicológico de la persona física, la manipulación propagandista de la información, la vigilancia electrónica, el silencio de las intelligentsias, el debilitamiento general de la voluntad… Finalmente, he expuesto la conclusión necesaria a la constitución de poderes totales: el ser-para-la-muerte a lo largo de una guerra global indefinida.  

Pero desearía acabar esta disertación con algo más complaciente que estos sombríos presagios. Quiero cerrar esta conferencia con una reflexión sobre nuestro futuro como civilización humana. Con este propósito formularé una constelación intelectual, una construcción elemental de lo moderno; formularé una orientación en el espacio y el tiempo, y un punto de partida desde donde en el caso extremo podamos contemplar la catástrofe con la mirada puesta en el día después. Llamaré a esta constelación del pensamiento, las artes y la política, esclarecimiento, enlightenment, Aufklärung

Definiré sucintamente este esclarecimiento a través del mito del mito de Prometeo, a través de un enunciado de Horacio y a través de una teoría critica del colonialismo. En primer lugar, Prometeo es el “esclarecedor por excelencia” (Klaus Heinrich), y es un mito vinculado a los fundamentos éticos del industrialismo moderno. Quiero recodarles solamente un aspecto de la saga: el Prometeo que roba el fuego, que antes le había usurpado Zeus, y lo ofrece a los humanos con el fin de sobrevivir y construir una civilización durable. 

En segundo lugar, quiero subrayar una definición epistemológica de esclarecimiento. Para eso quiero recordarles la protestación de Horacio: “Sapere aude” o “atrévete a conocer”. Kant definió esta voluntad y arrojo de conocer con la proposición: “ten el ánimo de servirte de tu propio entendimiento”: “Habe Mut, dich deines eigenen Verstandes zu bedienen!”. Esta voluntad de experimentar y conocer por sí mismo es el fundamento pedagógico y moral del esclarecimiento.

Quiero señalar un último aspecto de este proyecto de reformulación de un esclarecimiento como filosofía, como política y como pedagogía en nuestro tiempo histórico. Este tercer capítulo es la crítica del colonialismo occidental, la crítica de la teología política del colonialismo, la crítica del universalismo imperial cristiano-romano, la crítica del colonialismo industrial y del colonialismo postcolonial, la crítica de un colonialismo material y biológico, y de un colonialismo espiritual. 

Con esta recomendación me despido cordialmente de Ustedes. Muchas gracias.

Conferencia pronunciada en la Universidad Federal de Brasilia en verano de 2026

Deja un comentario

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑