Cumpleaños de Marguerite Yourcenar 

El laberinto del mundo

José Antonio Lugo

I.- Los inicios

    Hace unos días fue su aniversario. Nació el 8 de junio de 1903, en Bélgica, de madre belga y padre francés. Ella murió de fiebre puerperal a los ocho días de haber nacido la futura escritora. Su padre le puso preceptores que la educaron y le enseñaron griego y latín. Así nació un espíritu libre que, en sus propias palabras, estuvo lejos de las instituciones que le enseñan a los niños el significado del “no”: la madre y la escuela.

    Publicó una edición de autor de sus primeros poemas. Su primer libro de ensayo fue sobre el poeta griego Píndaro.

    En su libro Cuentos orientales, destacan el cuento que describe cómo el anciano pintor Wang-Fo y su discípulo Ling se pierden en el interior de una pintura y “La última noche del príncipe Genghi”, que imagina el final del príncipe, personaje principal de Genghi Monogatari, la novela de Murasaki Shikibu, novelista francesa del año 1000 de nuestra era, a la que Yourcenar llamó “la Marcel Proust del Japón feudal”.

    En su primera novela, Alexis o el tratado del inútil combate, el personaje le escribe una carta a su esposa donde le confiesa que está enamorado -y de otro hombre-. Es un homenaje a la primera novela psicológica francesa, La princesa de Clèves, de Madame de Lafayette -escrita en el siglo XVII-, donde el personaje principal le escribe a su marido para decirle que está enamorada del duque de Nemours. 

    II.- Sus principales personajes

      El emperador, el personaje principal de Memorias de Adriano. Comienza su reflexión cuando percibe, al inicio de la novela, el perfil de su muerte y termina cuando dice: “Tratemos de entrar a la muerte con los ojos abiertos”. 

      Zenón: Médico, alquimista, escritor de herejías, astrólogo, personaje principal de Opus Nigrum. Si Adriano se define por decir a todo que sí, como un ogro, Zenón prueba y después de hacerlo da un paso atrás y dice que no; establece distancias, no se la cree. Al final se quita la vida horas antes de que se la quiten a él, condenado por… (lo que fuera). Condenado, en el fondo, por ser diferente, por ejercer el derecho a pensar. 

      Natanael. Ayudante de editor, es un hombre cualquiera, un hombre oscuro como el título de la nouvelle. En él, sin embargo, se concentra, como en cualquier ser humano, “la dicha y el infortunio de existir”. 

      III.- La saga familiar

        Después de Opus Nigrum, vino la saga familiar, formada por tres obras: Recuerdos piadosos, (sobre su raíz materna), Archivos del Norte (sobre su familia paterna, los Cleenewerck de Crayencour) y Qué, ¿la eternidad?

        Este último título se refiere a un verso de Rimbaud. En esta obra Yourcenar recuerda nuevamente a su padre Michel de Crayencour, a su madre Fernande y se deja entrever como niña y adolescente. Allí escribirá: “Uno ama como puede y tanto como puede”. El título de la trilogía es El laberinto del mundo, nombre de esta columna que estás leyendo, querido lector de Morfemacero

        IV.- La correspondencia y el ensayo.

          Cuando apareció la correspondencia de Marguerite Yourcenar, publiqué en el Dominical, suplemento literario del periódico El Nacional que dirigía Fernando Solana Olivares, una nutrida muestra. Destacan las cartas entre ella y Thomas Mann: “Me emociona ver esas cualidades de sutileza y profundidad, esa especie de generosidad para definir y enunciar en un ser o en una cosa sus riquezas y sus complejidades escondidas, todos los poderes de reflexión que estoy habituada a encontrar en sus libros, aplicarse esta vez a una obra salida de mis manos” (se refiere a su obra de teatro Electra o la caída de las máscaras).  Quizá su mejor ensayo es “Magia y hermetismo en Thomas Mann”. La amplitud de sus intereses no tenía límites. Tradujo del inglés el francés los Espirituales negros, esos cánticos religiosos afronorteamericanos, y del griego antiguo al francés elaboró una antología de poesía titulada La corona y la lira

          V.- Su concepto de la felicidad.

            A los 20 años escribió en Alexis o el tratado del inútil combate: “Toda felicidad es una inocencia”.

            A los 50 años escribió, en Memorias de Adriano: “Toda felicidad es una obra maestra”.

            A los 80 años escribió que “estaba en un hotel en Tokio, cuando sentí, no un instante de felicidad, porque la felicidad no se mide por instantes, sino la súbita conciencia de que la felicidad nos habita”. 

            VI.- ¿Qué fue para Yourcenar el acto de leer?

              En el libro/entrevista que le concedió a Mathieu Galey, la escritora afirmó: “Cuando se ama la vida, es normal que se lea mucho”.

              VII.- Primera mujer en la Academia Francesa de Letras. 

                La Academia fue creada por el cardinal Richelieu, el enemigo a muerte de los mosqueteros. Durante 300 años no aceptó el ingreso de ninguna mujer.

                Yourcenar fue la primera. El académico Jean d’Ormesson, en el discurso de recepción, señaló: “No está aquí por ser mujer, sino por ser una gran escritora. No omito decir, sin embargo, que si hubiera sido hombre hubiera entrado antes”.

                No había indumentaria para una mujer. Se le encargó la tarea a Yves St. Laurent, quien diseñó un discreto vestido gris con un chal de seda blanco. En ese chal se envolvió la urna con sus cenizas, en 1987, un año después de haber ido a Ginebra a platicar con Jorge Luis Borges para el ensayo que escribió sobre él.

                VIII.- Su epitafio

                  Nos da una idea del tamaño de su alma.

                  “Pluga a Aquel que es quizá dilatar el corazón del hombre a la medida de toda una vida”.

                  IX.- Gratitud.

                    Marguerite Yourcenar, Nuestra señora de las Letras: Gracias por haber existido. Gracias por haber comprendido como nadie el mundo y por compartirnos su visión del arte y la literatura. Gracias por sus letras. Gracias por lo que nos ha dado. Su literatura me ha hecho una mejor persona.

                    Gratitud infinita. 

                    Sumario:

                    Tags:

                    Marguerite Yourcenar. Jean d’Ormesson. Mathieu Galey. Thomas Mann. Arthur Rimbaud. Jorge Luis Borges.

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