Libros y museos

El laberinto del mundo

Libros y museos

José Antonio Lugo

  1.       1.- La Feria Internacional del Libro de Frankfurt

En los primeros días de octubre tuve la oportunidad de participar en esta Feria, en mi doble calidad de autor y editor. Llevaba algunos de los títulos que he publicado en mi editorial, El tapiz del unicornio, escritos por autores excelentes y amigos entrañables: Armando Alanís, David Martín del Campo, Eduardo Subirats, Luis Ignacio Sáinz, Armando Gónzalez Torres, Fernando Solana Olivares, Ricardo Ancira, Jesús Colín Segura y quien esto escribe.

Una casa de edición es un club que se reúne en torno a una idea de la belleza literaria. Como todo club, tiene reglas: en algunos se requiere la corbata, en otros creer en alguna religión o ideología, etc. Todo se vale, pero los que se reúnen en este club -que utilizo como metáfora de una editorial- comparten ciertos valores literarios y estéticos. Algunos editores de otras partes del mundo me preguntaban cómo podría definir los libros que publicamos. La respuesta fue: literatura de gran calidad, no para un público masivo sino selecto. Y esa calidad es nuestro sello, lo que nos distingue (además de libros, como objetos, muy bien hechos).

      La Feria del Libro de Frankfurt tiene como propósito que las editoriales compran y vendan derechos para traducir y publicar los libros en otros países.

Estuvimos en el mostrador de México, -cuya gestión por Nancy García y su equipo de Lecturable fue impecable-, más de 30 editoriales mexicanas: El tapiz del unicornio, a UdeG, la UNAM, Elefanta, Trilce…, así como un par de autores de manera directa: Armando González Torres y Claudia Marcucetti. En los 5 días de la Feria tocamos puertas en editoriales de otros continentes, lenguas, culturas, geografías… Y fuimos visitados también por otros viajeros de la imaginación, amantes de los libros. Encontramos interés hacia nuestra literatura de parte de Filipinas y también de la India. Conocimos a un editor de Bangladesh que es también escritor y traductor, habla perfecto español y conoce bien a Juan Rulfo-. Dejamos tarjetas y folletos en decenas de stands.

La Feria es un espacio enorme formado por bloques, cada uno casi del tamaño de la FIL de Guadalajara: Alemania, Asia, Audiolibros y nuevas tecnologías, etc. Son tan grandes los espacios que hay bandas caminadoras para ayudar al peatón a desplazarse. En la parte de abajo, a nivel del piso, puestos de salchichas, pasta, hamburguesas o comida asiática, para engañar al hambre. Me acompañaron presencialmente Armando Alanís y David Martín del Campo. Regresábamos al hotel cada noche cansados por todo lo caminado y por un Metro un tanto complejo para nosotros los primeros días.

      El año pasado México no estuvo presente. Esta vez sí. Fuimos a poner nuestra pica en Flandes. Aprendimos de qué manera comunicar mejor de qué tratan nuestros libros. Ante una oferta de miles y miles de títulos, despertar el interés no es sencillo. Regresamos con la certidumbre de que valió la pena haber ido hasta allá y que, para otras ediciones, llevaremos otros títulos y nos prepararemos mejor para conquistar nuevos mercados.

      Este año el invitado especial de la Feria fue Chequia. En un ala exprofeso, pudimos ver libros en checo, pero también traducciones a distintos idiomas de Kundera, de Kafka, de los hermanos Čápek. En la inauguración hablaron el ministro de cultura de ese país -quien fue increpado, porque su discurso a favor de los libros se contradecía con la reducción al presupuesto para cultura-, así como una autora checa, periodista y novelista, Radka Denemarková. Todos los ponentes se congratularon ante una edición más de la Feria y de el poder congregar a editores y autores de todo el planeta.

      Una historia personal: la portada de mi novela El maestro y su escriba contiene una máquina Olivetti Lettera 32, en la que hay una hoja en blanco en el rodillo, atravesada por una mancha de sangre. Mientras hacía uno de mis recorridos, un lector alemán compró mi novela, la pagó, pero no se la llevó. Dijo que volvería para que se la autografiara. Cuando nos encontramos, me preguntó por qué había elegido esa máquina de escribir. Le conté que fui secretario de un escritor mexicano que padecía esclerosis múltiple -Juan García Ponce- y que en una máquina como esa yo escribí las palabras que me dictaba. Él comentó que había estudiado español décadas atrás y quería leer una novela con diccionario en mano para recuperar su conocimiento de la lengua. Eligió la mía por la portada, porque él tiene una colección de máquinas de escribir -entre ellas la Olivetti lettera 32-. Un cuento, una historia real.

      2. Museos

En Frankfurt fuimos al museo Stäldet, donde pudimos apreciar obras del expresionista Max Beckmann, cuadros de Edward Munch que no son “El grito”, una estupenda exposición sobre María Magdalena, desde sus distintas iconografías a lo largo de la historia, cuadros de los maestros del impresionismo, de Kandinsky y un larguísimo etcétera.

En Madrid, David y yo -Armando se fue con su hijo a Estrasburgo-, fuimos al Museo Thyssen, donde en su colección permanente se aprecian cuadros desde lo más clásico hasta el arte pop.

Unos días después, en Londres, ahora en compañía de mi hijo Diego, fuimos al museo V & A y a la galería Tate. En esta última encontré una exposición sobre Robert Rauschenberg que me gustó mucho, con unos collages que me recordaron a Fernando García Ponce- y algunos objetos ready-made que no me gustaron tanto. También, fotografías de Diane Arbus y obras de Joseph Beuys.

Tres verdaderos festines para la mirada crítica y golosa.

      3. Leer y contemplar

Una foto circula en las redes sociales. De manera simultánea a los disturbios en Francia, un hombre mantiene su librería abierta mientras sentado afuera de ella lee un libro y bebe un café en medio del caos.

Mientras, en el museo de Frankfurt donde se exhibe el famoso cuadro de Tischbein sobre Goethe, los artistas Elmgreen & Dragset colocaron enfrente una instalación: un niño dibujando frente al óleo.

Leer, escribir, vender libros; pintar, esculpir, contemplar el arte, son actos de resistencia que mantienen y renuevan nuestra esperanza en el ser humano. Lectores, creadores y amantes de la belleza nos esforzamos por ser el dique que contenga la soberbia, la ignorancia, la estupidez y la maldad rampantes. 

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Feria del Libro de Frankfurt

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