Colaboración
Liliana Magdaleno Horta
Te invitamos a recorrer Naturalezas no humanas, exposición fotográfica de Carlos Alberto Vargas Meza, donde el cielo, la luna, las estrellas, las montañas y las huellas de la presencia humana se encuentran para construir una mirada distinta sobre el paisaje. A través de 16 imágenes, la muestra propone detenernos, observar y preguntarnos qué permanece cuando dejamos de ocupar el centro de la escena.
Entre las fascinaciones que permanecen en la humanidad, merece especial atención la observación de los cuerpos celestes. Se trata de una obsesión antiquísima, que continúa aún en nuestros días, cuando buena parte de los misterios del mundo parecen estar resueltos. Esperamos vida, atmósferas o sensibilidades distintas a la nuestra, como si adivináramos que, aún después de nuestro paso por esta tierra, los astro continuarán su ciclo, transformándose en un espacio de revelaciones. Bajo esta premisa, Carlos Vargas presenta Naturalezas no humanas, una serie de fotografías agrupadas bajo un principio de exploración en los espacios cósmicos y terrestres. La primera serie contempla las posibilidades del universo: si previamente la literatura buscaba el pensamiento y la sensibilidad en los cuerpos que forman la bóveda celeste (recordemos Solaris, ese planeta oceánico dotado de memoria e inteligencia), en el arte fotográfico esta exploración desemboca en la facultad de la imagen para evocar, imaginar o predecir. Hay en El Cielo de Santa Cruz la idea del mundo infinito, una grieta en el universo: percibimos la epidermis cósmica formada por distintas temperaturas; en Circumpolares, una irradiación lunar que se amplifica; dejando ver la técnica y la potencia de la imagen, que encuentra su plenitud en la Luna rosada, materia cubierta por estelas de constelaciones, semejantes a las figuras del zodiaco.
El siguiente grupo de fotografías es el resultado de una suerte de pesquisas: se trata de la espera por el acontecimiento, donde Vargas Meza identifica el diálogo de los astros con las construcciones humanas en un momento específico. Una vez al año la luna se transforma en la cabeza de la estructura pétrea; el lente y el cuerpo deben estar listos para disparar. El fotógrafo reconoce los ciclos lunares pero también las posibilidades urbanas para su escenificación a partir de largas caminatas donde se marca la ciudad en los recovecos de la mente. A modo de vestigios humanos, las esculturas o los lloraderos son testimonios de la luminosidad estelar: papilla solar servida en la mesa, una superficie que hierve lazada por la silueta de un charro, una luna que baja como agua o se instala sobre un cuerpo que no le pertenece.
La última serie Paisajes, pareciera ser la más hermética de la propuesta: las montañas se esconden entre la bruma de las nubes, en tiempos distintos donde el sol nace, reposa y vuelve a ocultarse. Tiempo y misterio, piedra y oscuridad. Un recuerdo del cuidado que debemos al sitio que nos contiene. Naturalezas no humanas nos invita a pensar la permanencia más allá de la mirada antropocéntrica y de la certidumbre de las superficies sobre las que tenemos conocimiento.
La exposición se presenta el jueves 10 de septiembre en el Centro Cultural y Museo de la Ciudad, Lagos de Moreno, Jal. en punto de las 19:00 hrs. como parte del Programa Expositivo de la Red de la Imagen de FOTOSEPTIEMBRE | Festival Internacional de Fotografía de México 2026.
Para mayor información visita las redes sociales: pandalberto.fotografía

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