Hilar el mundo
Nidia Soledad Esteva
Señor tiempo, dígame
Por qué tarda el verano tanto, tanto en llegar
Y cuando llega se va deprisa
Señor tiempo, quédese
Siéntese, tome un café (Marta Gómez)
La relación entre la vida y el tiempo es absoluta y ambigua. El tiempo parece todo al mismo tiempo; de prisa, ambiguo, lento, amable, efímero incluso a veces pareciera eterno y a veces cíclico. Quizá por eso los griegos no tenían una sola palabra para el tiempo; Chronos (Χρόνος) es el tiempo secuencial. Aión (Αἰών) es el tiempo sin fin, la duración eterna y circular. Kairós (Καιρός) es el tiempo oportuno, el instante que hay que aprovechar.
Este hilo está dedicado al tiempo, busca que seamos conscientes y disfrutemos el aquí y ahora. Que nos hagamos responsables y capitanes de nuestro propio momento. Vale la pena detenerse en esas tres dimensiones. Cuando miro las manos de mi abuela, a sus 91 años, comprendo que el valor de los años transcurridos, es la densidad de lo que esas manos contienen..
Escuché hace poco a una banda de música del Valle de Oaxaca pasar de un ritmo colonial que todavía suena a España al vals porfiriano, de ahí a los corridos de la Revolución, y cerrar con un son contemporáneo hecho de todo lo anterior. Ninguno de esos tiempos había muerto. Estaban los cuatro ahí, tocando juntos, en el mismo instrumento y a la misma hora. Eso es Aión: el tiempo que no pasa, que se sedimenta, y que a veces se puede oír.
Chronos es otra cosa. Chronos se mide, y todo lo que se mide se administra. La primera medida fueron el Sol y la Luna; después vinieron los instrumentos, y con los instrumentos vino quien los opera. Las fechas ayudan a marcar un ciclo, un tiempo, cuando sus hijas o hijos están punto de entrar a un nuevo ciclo escolar, el tiempo que llevas dedicado a un oficio o un trabajo. Esa ha sido la historia de la humanidad pareciera que forja horizonte, destino y tiempo, pero quizá la primera medida del tiempo fue la aparición del Sol y la Luna.
Ahora los calendarios son un instrumento de medición, planeación y de conmemoración de fecha, de ritos o mitos. Sobre el calendario Jacques Attali nos cuenta en sus Historia del tiempo narra La casa del calendario, refiriéndose a China y su vínculo entre tiempo, poder y calendario e incluso hace referencia a los Mayas. El autor dice “El reloj hidráulico se transforma en mecánico, el calendario ritual se convierte también en el de los comerciantes. El Tiempo de los Dioses se vuelve de los cuerpos.”
Hoy habitamos la era de la inmediatez. La hegemonía del algoritmo reduce nuestra atención a ráfagas de quince, sesenta o noventa segundos. Todo lo exigimos digerido, convertimos nuestra existencia en una carrera contra el reloj donde la pausa es vista como un desperdicio.
Un reel puede durar tres minutos, pero el algoritmo no premia la duración sino la terminación: gana el video que se ve completo. En X, quien no paga tiene ciento cuarenta segundos, exactamente los mismos que fueron caracteres cuando la red se llamaba Twitter, ahora, todo lo queremos preferentemente en un minuto.
Contra esa aritmética está Penélope. Solemos decir que esperó veinte años a Odiseo, pero Penélope no esperó: tejió. De día tejía el sudario de Laertes y de noche lo deshacía, y en ese deshacer fabricaba el único bien que le quedaba, que era tiempo. No lo pasó: lo produjo. Con las manos.
Tres pares de manos, entonces. Las de mi abuela, que contienen el tiempo. Las de Penélope, que lo fabrican. Y las nuestras, reducidas a un pulgar que empuja hacia arriba para que el tiempo pase más rápido.
Entre aquella astrología que también estudia el tiempo a través de los astros hasta estar frente a la urgencia ciega del algoritmo y las promesas de la inteligencia artificial, acaso el único acto de resistencia radical sea volver a las manos. Detener la prisa, recuperarnos y recordar a aprender, recordar o amar no son contenidos de consumo rápido, sino telas que exigen ser tejidas y deshechas hilo por hilo, aquí y ahora.

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