El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
Para mi padrino Rafael García Cortés,
quien me regaló mi primer libro,
El principito, cuando tenía 5 años.
Utilizo el término oscuro en su doble acepción, lo que está poco visto y lo contrario a lo luminoso.
I.- 29 de junio de 1900
Hace unos días se cumplió un aniversario más -el 126- del nacimiento del autor de El pequeño príncipe -que hemos convertido, con los diminutivos tan cercanos a los mexicanos, en El principito-. Su padre murió siendo muy joven, de modo que fue criado por su madre y sus tías -universo femenino-. Creció y se hizo piloto aviador. Trabajó en el correo aéreo -la compañìa Aeropostale, que años después se asoció con otras aerolíneas para conformar Air France-. Voló sobre Dakar y estuvo en Argentina. Se casó con la salvadoreña Consuelo Suncín, quien fue amante de José Vasconcelos, con quien viajó a París en 1925 donde se casó con el escritor guatemalteco inscrito en la corriente literaria del Modernismo Enrique Gómez Carrillo (destaca El Japón heroico y galante, editorial Novaro, 1958). Consuelo fue la inspiración del libro Memorias de la rosa. Gómez Carrillo murió de repente y en Buenos Aires, siendo viuda rica, Consuelo conoció a Antoine de Saint-Exupéry, con quien se casó más adelante y tuvo una relación no sólo erótica sino también filial, la del niño siempre protegido por la madre/amante/esposa, que le perdonaba sus trastadas. El gran éxito de El principito nos hace olvidar otros aspectos de su obra y de su vida. Veamos.
II.- El buen amigo
Antes de escribir su obra más famosa, Saint-Exupéry era ya conocido por sus libros sobre aviación, en los que habla, básicamente, del valor de la amistad. En las pequeñas avionetas de ese momento era fácil estrellarse pero también salvar la vida. Si uno de los pilotos no avisaba por telegrama que había llegado a su destino, el más experimentado de los pilotos de la base tenía que salir a buscarlo. Así lo hizo el aviador/escritor y así también le salvaron la vida en los varios choques de los cuales no salió discapacitado aunque sí maltrecho. Sus libros más conocidos fueron: Correo del sur, Tierra de hombres y Piloto de guerra: “Me he jugado la carne en la aventura. He adquirido el derecho a sentirme afligido; es decir, de participar. De estar ligado. De comulgar. De recibir y de dar. De ser más que yo mismo. De acceder a esta plenitud que me pone tan orondo. De sentir este amor que siento por mis camaradas”.
III.- Dos de sus mujeres: Louise de Vilmorin y Silvia Hamilton
El primer gran amor de Antoine de Saint-Exupéry fue Louise de Vilmorin, de familia burguesa, que no lo aceptaba por tener una profesión tan peligrosa y de tan pocos ingresos como piloto aviador. Ella rompió el compromiso y, muchos años más tarde, después de haberse casado y divorciado de un millonario norteamericano, fue la compañera de André Malraux, el ministro de cultura de De Gaulle y autor de la célebre novela La condición humana. ¿Qué hubiera pasado si se hubiera casado con el autor de El principito y no con el gran intelectual? Nunca lo sabremos.
A Silvia Hamilton la conoció Antoine en Nueva York en 1942, separado de Consuelo. Ella era periodista, fotógrafa y tenía un apartamento en Park Avenue. Saint-Ex había ido a Estados Unidos a tratar de convencer a ese país para que entrara en la guerra. En ese contexto, Silvia fue musa y apoyo. Antoine la pasaba mal. Intentaba ser apartidista, pero André Bretón lo acusó de complicidad con el régimen colaboracionista con los nazis de Vichy. Todo esto lo cuenta Nathalie des Vallières, sobrina nieta del escritor, en el libro: Saint-Exupéry: el arcángel y el escritor.
En el departamento de Silvia Antoine terminó El principito y ¡se lo dejó en resguardo! Manuscrito y dibujos originales que ella conservó hasta 1968, cuando los vendió a la Morgan Library & Museum en NYC. Se dice que la famosa frase “sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos” surgió del romance entre los dos. Sabemos mucho de Consuelo Suncín; me gustaría saber más de la relación que tuvieron Silvia y Antoine entre 1942 y 1943.
IV.- La mujer desconocida del final de su vida
En 1943 Antoine conoció a una mujer en el tren que lo conducía de Orán a Algeria. Ella tenía 23 años y era originaria del este de Francia, casada y con residencia en Orán, donde trabajaba para la Cruz Roja. Él se prendó de ella y la frecuentó durante el último año de su vida. Se han encontrado algunas cartas con dibujos que muestran su unión amorosa. En ellas, Antoine le reprocha el que no estuviera tan cerca como él deseaba: “Ella no está jamás cuando le llamo… En la noche no regresa tampoco… No telefonea… Me enfado con ella”.
“Descubro con melancolía que mi egoísmo no es tan grande, ya que le he dado a otro el poder de entristecerme”.
“Los cuentos de hadas son así. Una mañana uno se despierta y se dice: sólo era un cuento de hadas. Uno sonríe. Pero en el fondo uno no sonríe. Uno sabe bien que los cuentos de hadas son la única verdad de la vida”.
En los dibujos de este libro que tengo la suerte de poseer -se tiraron sólo 80 ejemplares y uno de ellos llegó al mostrador de Francia en la FIL de Guadalajara y lo compré (Lettres à l’inconnue, Gallimard, 2008)- vemos a un principito enojado, iracundo, el otro extremo del principito amigo del zorro.
Saint-Exupéry fue el creador de un personaje maravilloso, el autor de novelas sobre la amistad y sobre la soledad, tanto en el desierto de arena como en el desierto de las nubes. Buscó el amor en muchas mujeres. Como hemos visto, Consuelo, Louise, Silvia y la desconocida -su último amor- fueron las más importantes. Lo cierto es que lo seguiremos leyendo por los siglos de los siglos.
Su amigo León Werth -a quien dedicó El principito– escribió: “Fue un arcángel entre el cielo y la tierra, entre las estrellas, en esa noche donde, perdido en el espacio, sin saber qué luces eran las de la tierra, tuvo que elegir entre los planetas, habiendo perdido el suyo”.

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