El laberinto del mundo
José Antonio Lugo
- D’Artagnan
El famoso personaje de Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas fue una persona real. Según el libro D’Artagnan, de Eugène d’Auriac (La Table ronde, 1993), Charles de Batz de Castelmore fue el modelo del personaje. El propio Dumas, al inicio de la obra, reconoce que encontró un folio donde venía la historia de este mosquetero y que en él se basó para escribir su obra.
- Los tres mosqueteros
Recordemos brevemente la trama. Athos, Porthos, Aramís y el muy joven D’Artagnan, salvan la reputación de Ana de Austria, la esposa de Luis XIII, que había iniciado un romance con el duque de Buckingham. Interfieren Milady y Rochefort, los esbirros del cardenal Richelieu, hombre fuerte del rey y enemigo jurado de los mosqueteros comandados por Monsieur de Tréville. Milady envenena a Constance, la novia de D’Artagnan -quien, haciéndose pasar por otro, se había acostado con Milady-. Recordemos que ella está marcada con la flor de lis, sello reservado a los peores criminales. Al final de la novela, Milady es ejecutada por el verdugo, condenada por un jurado en el que se encuentran los cuatro mosqueteros.
La saga continuó en Veinte años después, donde D’Artagnan ya es capitán de mosqueteros y en El vizconde de Bragelonne, donde los lectores fuimos testigos con tristeza de la muerte del hercúleo Porthos y, en la escena final, de la de D’Artagnan -una bala le atravesó la garganta- al momento de recibir el bastón que lo acreditaba como mariscal de Francia, en el sitio de Maastrich, en Los países bajos. En marzo de 2026, hace unos días, se descubrieron, frente al altar de una iglesia en ese mismo lugar, los restos mortales del famoso mosquetero, junto con una moneda que data de 1600 y parte de una bala de plomo.
En El vizconde de Bragelonne, hay una cena con Luis XIV a la que asisten Aramís y D’Artagnan. Athos y Porthos ya murieron. Se dicen: “Amémonos como cuatro, que ya sólo somos dos”. Tristísimo.
- Quería vivir (Je voulais vivre)
Esta novela -Grasset, 2025- resultó ganadora del Premio Renaudot. En ella, se da voz a Milady de una manera inteligente. La autora, Adélaïde de Clermont-Tonerre, no inventa nada -en relación con la novela-, pero llena los huecos; lo que en la novela de Dumas se describe en dos líneas, Adélaïde lo hace en varios capítulos. Así, los lectores somos testigos de cómo fue asesinada la madre de Milady, cómo fue conducida a diversos conventos, sedujo a un sacerdote para emprender su huida y acabó convertida en amiga de Richelieu y de su brazo derecho Rochefort, así como del duque de Buckingham, que pretendió enamorar a Ana de Austria, la esposa de Luis XIII, para lograr una alianza de Inglaterra con España. Como en la novela, al final Milady es decapitada por el verdugo, después de un juicio sumario en el que participan los cuatro mosqueteros, comenzando por Athos, el conde de la Fère, quien fue su esposo hasta que descubrió en su espalda la flor de lis marcada por un hierro candente, la señal de la ignominia y el deshonor.
- Milady y D’Artagnan
Un día antes de su ejecución, los dos conversan. Milady le pide al mosquetero que la escuche. Le dice que todas sus acciones fueron producto de la necesidad de proteger a su hijo Mordant y del amor a Francia. Su lógica es precisa como el acero. D’Artagnan le reprocha que haya matado a su novia, Constance Bonacieux. Milady le responde que su intención era esconderla con la duquesa de Chevreuse pero, que al escuchar que los mosqueteros estaban llegando, sabiendo que Constance portaba secretos de la reina que no le pertenecían, se vio obligada a envenenarla. Le reprocha también al mosquetero -quien la había seducido (a Milady) haciéndose pasar por otro hombre- que no parece que amara tanto a su novia. Le reprocha asimismo a los mosqueteros que hayan creído ingenuamente que el duque de Buckingham podía ser su amigo, toda vez que siempre fue un inglés que odiaba a Francia. D’Artagnan, a su pesar, se convence e intenta facilitarle la huida. Sin embargo, Athos, que preveía que su joven amigo podría ser seducido por las palabras de Milady, lo impide y ella es ejecutada por el verdugo. En la novela, Milady señala: “Mi corazón palpitaba. Mi pecho se henchía a cada respiración de esperanza y de envidia. MI piel pedía caricias. Mi sexo vibraba de placer. Tenía veinticinco años. Era mujer. Era madre. Yo servía a Francia. Y quería vivir”.
- Adélaïde de Clermont-Tonerre
Al final de la obra viene una nota de la autora. (Curiosamente, la novelista se dedicó antes de escribir al sector financiero y vivió en México varios años mientras trabajaba para el banco francés, Societé Generale). Adelaïde explica: “Tuve el sentimiento de que ella (Milady) me eligió para que la justicia sea dicha, ya que no puede hacerse. Es demasiado tarde para salvarla”. Y señala: “Yo no corrijo. Tampoco acuso. Escucho su voz. Es clara. Es determinada. Su voz de mujer en tiempos de hombres”.
De niño, después de leer a Salgari, Los tres mosqueteros me fascinó y me convirtió en lector, alguien que gozosamente lee para obtener placer, vivir otras vidas y aprender cosas. Disfruté la lectura de Je voulais vivre (Quería vivir) de Adelaïde de Clemont-Tonerre como ese niño que fui. ¡Que vivan por siempre Athos, Porthos, Aramís y D’Artagnan! ¡Todos para uno y uno para todos!
Sumario:
Tags:
Los tres mosqueteros

Deja un comentario