Una tarde que llovía

“Veintiséis años después de su intempestiva publicación, las ocho miradas de este coloquio han sido un acercamiento a Atardecer en la maquiladora de utopías de Robert Valerio, un libro que admite adjetivos de magnitud por tratarse de una obra inesperada y singular, genial por momentos”.

Personas no humanas

“Mientras leo este texto a Jonás, mi perro de raza solovino, me contempla con una cortés y cariñosa indiferencia. Luego se echa en posición de esfinge y se queda mirando al vacío. Ha retornado a sí mismo”.

Cantos de la vejez (Fragmento)

“La conclusión de Schopenhauer es simple: ‘Se debe envejecer de una forma elegante, lo demás viene dado’. La vejez o un arte de la persona, del ser en el tiempo, del existir en el mundo en tanto voluntad o representación”.

Nuestro sennin

“Algunas lecturas me han hecho saber que el género del ensayo está emparentado con la palabra gustus, que significa cata, gustación o probadura, y designa además aquella arriesgada tarea que antaño se cumplía”.

Estación Eutanasia

“La autonomía personal para enfrentar el dolor, la enfermedad y la muerte como partes integrales de la vida personal. El rechazo a sufrir la administración externa (médica y aun familiar) de la propia intimidad”.

Nuestra Señora del Potala

“Una consignación que debe leerse sobre todo como una Ilíada-Odisea en la que resuenan ecos de El Quijote, con una nueva temática cuya materia narrativa es lo físico y lo espiritual, la acción y la contemplación”.

La guerra de las reinas

“Así que al hablar de lo secundario, las barbininfetas, se mienta lo principal: cómo los tiempos ya son otros y la inseguridad campea en ellos. No hay lugar donde la historia no toque las puertas y en algunos la desencaje”.

Lo que se hace creer

“Un trabajo tanto interno como externo para reconstruir individualmente aquello que se ha perdido: el centro espiritual. Quienes consiguen esta depuración son llamados ‘los que se mueven a voluntad’”.

Instantáneas en la playa

“Lo que hoy está mañana se habrá ido, pero no el mar, que seguirá palpitando. Unos van, otros vienen, de ahí la amable o ruda indiferencia de los oriundos para con los visitantes. Y el mar, cuyo color cambia igual que sus rizos, sus golpes y sus ondas, siempre distintos, siempre igual”.

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑