“En esta hermosa novela, Las tortugas, Veza Canetti escribe: ‘La tortuga viven en una coraza dura, pero se la arrebatan porque es tan bella, y cuando no la protege, se queda desnuda. Su secreto es la impasibilidad. Vive de casi nada, de aire, de hojas, se deja cortar, destrozar, y continúa viviendo, muda y pesada. Pero necesita calor. Sin calor, tiene que morir’”.
Senegal y Nigeria: a la búsqueda de la identidad
“La lectura de los dos, Mohammed Mbougar Saar y Chimamanda Ngozi Adichie, nos permite alejarnos de las figuras totémicas –el poeta senegalés Leopold Sédar Senghor y el Premio Nobel nigeriano Wole Soyinka—para acercarnos al África de hoy, a través de dos escritores jóvenes y brillantes. Habrá que esperar sus nuevos libros. Empezaron muy bien, los dos”.
Literatura japonesa: cuatro ases y un jóker
El emperador Hirohito, antes del final de la Segunda Guerra Mundial, enviaba a los jóvenes japoneses al suicidio en aviones kamikaze. Para cualquiera de esos jóvenes, esa muerte era un honor, porque lo era servir al Emperador. Pero el máximo líder acepta, al rendirse Japón, que no es un Dios. Mishima lo vive como una traición infinita. Tratando de recuperar las raíces pérdidas de la tradición nipona, crea un grupo paramilitar, el Takenokai. El 25 de noviembre de 1970 toman el Palacio, apresan al general y Mishima lanza un discurso a la multitud reunida. No lo escuchan por el ruido de los helicópteros. Entra y comete seppuku; su discípulo Morita erra el golpe definitivo en el cuello. Tiene que ser Hiroyasu Koga el que termine el trabajo. Ese mismo día, en la mañana, Mishima había mandado a su editor el último tomo de su tetralogía El mar de la tranquilidad.
