El amor vegetal

“No conozco otros escritores que hayan explorado la sexualidad vegetal desde la condición humana. Han Kang ganó el Premio Nobel: se lo merece. Los tres mejores escritores del siglo XX: Proust, Yourcenar y Tournier nunca lo ganaron. Malo para el Premio”.

Han Kang: describir lo indescriptible 

“Las grandes obras literarias surgen para mostrar lo imposible, aquello que, sin la literatura, no podríamos ver. Es el caso de Han Kang y su extraordinaria novela, La vegetariana, que narra la historia de dos amantes vegetales, metáfora de los mundos interiores que puede encerrar el amor”.

El pretérito imperfecto de Flaubert 

“Usted, Flaubert, a quien muchos, en su tiempo y en la posteridad trataron como tonto (Sartre entre otros) es el ganador. Sus obras, producto de “la orgía perpetua” de escribir, permanecerán por siempre en el corazón de sus lectores, por los siglos de los siglos. Amén”.

Verosimilitudes y realidades

“Lo que a Gustave le parecía encantador de Oriente, a mí me parecía denigrante. Una cortesana, una cortesana cara que se embadurna de aceite de sándalo para ocultar el nauseabundo olor de las chinches que infestan su cuerpo. ¿Tan edificante es, pregunto yo, tan bello? ¿Tan raro, tan espléndido?” (Louise Colet en voz de Julian Barnes.)

Extrañas anticipaciones

“También los presagios se multiplican; ahora todo parece una imitación, un signo. Acaba de caérseme y hacerse trizas una hermosa piedra grabada que llevaba engastada en una sortija; un artista griego había trazado en ella mi perfil. Los augures mueven gravemente la cabeza”. Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar.

A leer!!!

“La lectura nos hace crecer y nos transforma, siempre y cuando nos entreguemos a ella sin reservas. Igual que con la vida. Cerremos donde comenzamos: ‘Cuando se ama la vida, es normal que se lea mucho’ (Marguerite Yourcenar)”.

Tres cuentos más uno

“Me sorprende que Flaubert y Yourcenar hayan elegido para sus últimas obras a un ser humano cualquiera, a una mujer y un hombre ‘oscuros’ que ya no eran ni el Emperador ni una mujer seductora, como Emma o Salomé. Quizá ambos escritores habían llegado a la más alta sabiduría, la de comprender que todos los seres humanos compartimos ‘el infortunio y la dulzura de existir’, como escribe Yourcenar”.

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