“Juan Rulfo dosificaba sus intervenciones. Usaba frases cortas, sus gestos eran parcos. No necesitaba hacer más. Lo cubría una poderosa aura hecha con sólo dos libros esenciales, como la de Homero”.
“Juan Rulfo dosificaba sus intervenciones. Usaba frases cortas, sus gestos eran parcos. No necesitaba hacer más. Lo cubría una poderosa aura hecha con sólo dos libros esenciales, como la de Homero”.