México y Francia

El laberinto del mundo

José Antonio Lugo

Con motivo de los 200 años de relaciones entre México y Francia, se presentan dos interesantes exposiciones en la ciudad de México.

  1. Biblioteca Vasconcelos

En este icónico espacio, la exposición -curada por Philliphe Ollé-Laprune y Conrado Tostado- muestra las “Declaraciones provisionales”, el primer contacto diplomático entre los dos países; la llegada de Fray Servando Teresa de Mier a París, donde tradujo Atala de Chateaubriand, junto con Simón Rodríguez -el maestro de Simón Bolívar.

      En su libro Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblosindígenas de América, Alexander von Humboldt dio a conocer en 1810 las primeras imágenes de México, impresas en París. Mientras, Julio Verne publicaba Un drama en México y Alejandro Dumas Diario del viaje a las islas del Pacífico y a México.

      La exposición “Resonancias, disonancias y contrapuntos”, señala la llegada del conservador José María Gutiérrez Estrada a Francia y su propuesta de erigir un imperio católico y latino, que se contrapondría a la expansión anglosajona, propuesta que sedujo a Eugenia de Montijo. 

      Se exhiben las palabras de Lázaro Cárdenas: “El pueblo de Francia legendariamente ha sido el portavoz de las libertades humanas y de los derechos del hombre, así como de la moralidad internacional”.

      Avanzamos en el tiempo. La muestra documenta cómo, bajo el impulso de André Breton, la Galería Renou et Colle, en París, acogió obras mexicanas, entre ellas algunas de Frida Kahlo, abriendo la puerta para la llegada a nuestro país de Benjamín Péret, Alice Rahon y Victor Serge y su hijo Vlady. 

      Para cerrar el círculo se muestra el Citröen intervenido de Gabriel Orozco, la cerámica de Gustavo Pérez, las letras de Guadalupe Nettel y la fotografía de Pía Elizondo.

      Jean Marie Le Clézio, Premio Nobel de Literatura que estudió en el Colegio de Michoacán, afirma: “México era el modelo de la reovolución, de la invención, de la literatura, del arte, de la religión, el modelo absoluto de la humanidad. Estaba completamente seducido por ese país”. 

  1. Museo Tamayo

      En el Museo Tamayo se presenta una exposición sobre la etapa parisina de tres grandes pintores oaxaqueños: Rufino Tamayo, Francisco Toledo y Rodolfo Nieto. Cabe señalar que en la exposición de la Biblioteca Vasconcelos se muestran las fichas de inscripción a la Cité universitaire de Manuel Felguérez y de Francisco Toledo. Estaban tan jóvenes que cuesta reconocerlos.

      Cedo la palabra sobre estos tres maestros.

Tamayo: 

      Sobre él, Octavio Paz señaló: “Ante su pintura percibí, clara e inmediatamente, que Tamayo había abierto una brecha. Yo traduje sus formas primordiales y sus colores exaltados a esta fórmula: la conquista de la modernidad se resuelve en la exploración del subsuelo de México. No el subsuelo histórico y anecdótico de los muralistas y los escritores realistas sino el subsuelo psíquico. Mito y realidad: la modernidad era la antigüedad más antigua”.

      Y Juan García Ponce afirmó: “Tamayo posee el secreto de la pintura. Pero eso no equivale más que a decir que no ignora que la pintura es un secreto impenetrable. Siempre se toca su centro sin poder recordar jamás cómo se ha llegado a él desde la superficie. Este es su oficio. Una y otra vez la misma tela. Se trata siempre del mismo cuadro. Hay que volver a pintar la pintura para que la pintura exista”. 

Toledo:

      En la revista Imágenes del Instituto de Investigaciones Estéticas, Adolfo Mantilla recuerda el artículo “Yo, chango de Juchitán”, donde Toledo afirma: “Yo, chango de Juchitán, salgo de mi comunidad y tengo que aprender, como Peter el Rojo, a comportarme y vestirme. El mono no logra adaptarse por completo a la sociedad ni yo tampoco lo he logrado a mis casi 65 años. Digamos que mi naturaleza simiesca, como en la obra de Kafka, no ha sido aplacada del todo”. 

Nieto:

      Octavio Paz dijo de Nieto: “Lo interesante de él era la búsqueda, la inquietud y la falta de satisfacción que sentía con lo que hizo, que es un síntoma de indudable talento. Era un hombre inteligente, un pájaro raro”. 

      Dos exposiciones que celebran, por una parte, la amistad de Francia y México y, por la otra, la estancia de tres maestros oaxaqueños en París. Hay que verlas. 

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