El laberinto del mundo
I. “Rómpete corazón, te lo suplico”
Esta famosa frase de El rey Lear, de William Shakespeare, describe los diversos rompimientos del corazón de los personajes de la más reciente novela publicada de Fernando Solana Olivares: Péguese mi lengua.
El rompimiento del corazón de Miguel Miramón, niño héroe y el más joven presidente de México, quien es fusilado en el cerro de las Campanas y que fue un traidor y no lo fue. Hay que entender su raíz conservadora en un México dividido entre liberales y conservadores y cómo esa fidelidad a sus ideas lo llevó a estar del lado del emperador Maximiliano de Habsburgo.
El rompimiento del corazón del propio Maximiliano, quien creyó con una ingnorancia supina que la totalidad de los mexicanos lo iban a querer y aceptar a largo plazo aunque fuera extranjero. Un ingenuo a quien fascinaban las plantas y su amante indígena y que terminó siendo más liberal que los liberales -lo que irritó a los conservadores-. Nunca se dio cuenta de que sólo era un peón intercambiable en los retorcidos juegos de la geopolítica europea.
El rompimiento del corazón de Carlota que creyó que los reyes europeos y el Papa la iban a apoyar cuando era claro que el fin del experimento de Maximiliano y de ella en México estaba decidido. Con el corazón desgarrado llegó al castillo de Miramar, donde se le desgarró también el entendimiento, evasión menos terrible que afrontar la realidad.
El rompimiento del corazón de Concha Miramón, quien a una edad muy avanzada y próxima a la muerte escribe sus memorias, para contarnos cómo le dijo muchas décadas atrás al joven Miramón que si la pretendía sólo lo aceptaría si llegara a general, lo que él cumplió con gran rapidez. Ella mantuvo su palabra, se casó con él, sin saber o acaso sabiendo que se convertiría en su viuda y que la fidelidad a su recuerdo –“Péguese mi lengua si lo olvido”- sería la razón de ser de su vida: mantener incólume una memoria triste y, en cierto modo, luminosa.
El rompimiento que no se da es el del corazón de Benito Juárez, a quien Solana retrata como el astuto político que sabe mejor que nadie que la mejor táctica, la mejor estrategia, es esperar y no moverse, con la certeza de que los demás serán los que se tropiecen -solos o con ayuda-.
Fernando Solana Olivares nos cuenta que la novela nació de un sentimiento subjetivo: la convicción de que le debía a Concha escribir esta novela, por la relación del autor con la familia Cortina, que hizo posible la publicación de sus memorias.
Es una obra espléndida, no sólo porque le da voz con empatía a la subjetividad de cada uno de los personajes principales, sin convertirlos en héroes o en villanos, sino por la manera en que hábilmente entrelaza los capítulos para convertir a la novela, que inicia con el fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía, en una obra que se lee como un thriller o una novela del siglo XIX publicada por entregas. Péguese mi lengua confirma el lugar de excepción que ocupa Solana entre los narradores mexicanos actuales.
II. Cuatro novelas
A Péguese mi lengua habría que agregar, cuando menos, otras tres.
Hormiguero, una visión polifónica sobre un profesor universitario, sus alumnos, sus colegas, un feminicidio, un asesino, la policía, los maleantes, una locutora desbocada, las feministas misándricas, un liberador de animales enjaulados, los amores juveniles, la alumna objeto del deseo… Un mosaico donde se muestran las voces narrativas de una torre de Babel donde cada cual vive su propia realidad mezclada con la de los demás y la violencia es la argamasa, la amarga realidad que los une a todos.
Parisgótica es una novela que disfrutará más quien esté cerca de la literatura y el arte franceses. El personaje principal va recorriendo museos, calles, esquinas, casas de escritores en la ciudad luz, convirtiéndose en mucho más que un cronista, en el recreador gozoso de una civilización.
En La rueca y el paraíso el personaje Jacobo Cartola pierde sin saber en dónde tres años de su existencia. Una intención literaria, como afirma la contraportada, “para contar la desintegración de esa noche nuestra que a veces llamamos modernidad”.
III. Cuatro libros de ensayo
Luna roja (El tapiz del unicornio, 2018) tiene cinco apartados: “Registro de resistencias”; “Museo de máscaras”; “Apuntes desde Rulfiana”; “Los libros, las palabras, las transfiguraciones” y ¨Piezas sueltas”. Reflexiones desde la esperanza -todavía-.
Casandra se desvanece: ensayos, fragmentos, astillas (Universidad de Guadalajara, 2021), cuyos textos van desde el relato de una sirvienta fiel, una Felicité -por el cuento de Flaubert- a la mexicana, el recuerdo de Alexandra David Néel -mujer extraordinaria, la primera en pisar el Potala-, hasta aterrizar en el 68, la Marcha del silencio y la masacre. Escritos luminosos.
Cuarenta y nueve movimientos describe 49 estados de conciencia. Si dejamos a un lado el ruido de la coyuntura y la violencia política, la conciencia debería ser el único tema relevante, porque define nuestra actitud ante el mundo, nuestro ser en el mundo.
En Los extraños reinos: Cervantes y Shakespeare, Solana, después de escribir ensayos sobre ambos, imagina un diálogo supramundano: Shakespeare: “Admiro la crudeza de su lenguaje”; Cervantes: “Admiro el control de sus medios”.
Por supuesto estos ocho libros no agotan la bibliografía de Solana Olivares; su descripción es sólo para dar una muestra. Habría que agregar su trayectoria personal como becario de Juan Rulfo en el Centro Mexicano de Escritores; jefe de redacción de Casa del Tiempo, la revista de la UAM; editor de La Jornada semanal y director de la sección de cultura de El Nacional y su suplemento Dominical; subdirector del Museo de Arte Moderno; fundador del Canal 22; director del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca en dos periodos; articulista del periódico Milenio desde su fundación y, actualmente, profesor universitario de Humanidades en Lagos de Moreno y director del portal Morfemacero: lenguaje, pensamiento, cultura y sociedad.
Más allá del impresionante curriculum, la obra literaria de Solana -escrita con una prosa precisa, como alguien que ama a Flaubert y Yourcenar, maestros de “le mot juste”-, es una indagatoria sobre la condición humana, sobre nuestro desventurado y luminoso país y sobre estos tiempos terminales que nos tocó vivir, que sólo nos dejan como posibilidad existencial la lucidez y la resistencia desde los pequeños formatos.

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