Lobo Antunes y Saramago

El laberinto del mundo

José Antonio Lugo

“Cuánto más se conoce a
los hombres, más se aprecia
a los electrodomésticos”. 
ALB

  1. António Lobo Antunes

Ha muerto este gran novelista portugués, premio FIL de Guadalajara. Psiquiatra, su obra está marcada por una visión lúcida y sin esperanza, redimida sin embargo por la escritura.

Tuve la oportunidad de verlo y escucharlo en el Palacio de Bellas Artes. Ante pregunta expresa sobre el Premio Nobel de Literatura, contestó que a él lo único que le interesaba de los premios era el cheque y lo único que le importaba era escribir ocho horas diarias o más.

Repasemos su primera novela, en la que se anuncia el resto de su obra magnífica. 

      II. Memoria de elefante 

Narra un día en la historia de un psiquiatra, narrador alter ego de Lobo Antunes, que soporta la consulta en el hospital para enfermos mentales, le pide a un amigo que vayan a comer una hamburguesa -está deprimido- pero no puede degustarla porque le ganan las arcadas y vomita. “Había hecho de la vida una cama de fuerza en la que se le hacía imposible moverse, atado por las correas del disgusto de sí mismo y del aislamiento que lo impregnaba de una amarga tristeza sin mañana”. Y, sin embargo, el psiquiatra quiere escribir, encuentra que esa es la única salida, la única batalla por librar: “Para el psiquiatra el manoseo de las palabras constituía una especie de vergüenza secreta, obsesión eternamente postergada”. Sin embargo, la falta de ternura del mundo lo carcome. Recuerda el cuento “La gaviota” de Chéjov “cargado de la pavorosa angustia de la vida”; escucha las notas de Charlie Parker y piensa: “Aquella gaviota soy yo y yo también soy quien huye de mí. Y no tengo siquiera el valor necesario para volver atrás y ayudarme”.

Lamento la muerte de Lobo Antunes, para mí, mucho mejor novelista que José Saramago, aunque éste último haya ganado el Premio Nobel de LIteratura.

  1. José Saramago 

Reconozco que es el autor de dos o tres novelas espléndidas. Pienso en El año de la muerte de Ricardo Reis, entrañable homenaje a Fernando Pessoa; en Memorial del convento, que narra la historia de la construcción del convento de Mafra y la invención de una máquina de volar -la pasarola; pienso también en La balsa de piedra, que imagina que la Península Ibérica se separa del continente y navega sin rumbo por el Atlántico. Quizá también Ensayo sobre la ceguera.

Sin embargo, el predicador le ganó al novelista. Borges decía que cuando quería mandar un mensaje, ponía un telegrama. Novelas con mensaje casi siempre son malas novelas. La caverna y tantas otras obras quieren darnos leccionesmorales. De bostezo. Me agradan, sin embargo, los Diarios de Lanzarote, en algunos fragmentos. Saramago quiso ganar el Nobel y lo obtuvo, haciendo lo necesario; Lobo Antunes sólo quería escribir y lo logró también.

  1. Monasterio de los Jerónimos, Lisboa

Mi querida amiga Verónica González Laporte -que vive en Lisboa- me anuncia que irá al funeral de Lobo Antunes en el famoso recinto. Le pedí que le llevara al Maestro una flor, de parte de un lector mexicano. ¡Salve, maestro! Prefiero tu oscura lucidez a la Francis Bacon que los mensajes edulcorados de quienes quieren dar sermones desde la literatura. 

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