Ta Megala
Fernando Solana Olivares
Llamativo en su fervor y ligero por su sencillez, sintético e intenso desde su concisión, este libro es una suma de celebraciones y homenajes que cumplen como un estímulo. Bitácora, recuento o guía, el entusiasmo que lo caracteriza obedece al dios interior de su autor: la literatura.
También a una pedagogía no solemne ni profesoral construida desde el amor a los libros y la lectura. El espacio de los encuentros de Silenciar el miedo son estampas, veloces apuntes sobre textos narrativos, sobre todo novelas, a los que José Antonio Lugo, escritor él mismo, alude en sus líneas de fuerza principales, incluida en ellas la relación personal, biográfica y aún emocional que mantiene con lo que ha leído. Una educación sentimental libresca.
José Antonio Lugo es un autor poliédrico que incursiona en diversos géneros literarios. El principal de ellos es la lectura. Un libro siempre sale de otro libro y es la misma escritura —esa materia indescifrable y por ello maravillosa donde a lo largo de milenios se ha contado lo humano— un arte que se enseña a sí mismo. No hay creador literario que no lea como primer paso (y también último) de su formación estética.
Este “virus de lo absoluto” exige devoción y fidelidad. Su práctica enriquece ontológicamente porque mejora la vida y la multiplica. Leer es poblar la existencia personal de historias ajenas que al leerlas se vuelven propias. Lo sabe todo lector y así lo muestra José Antonio Lugo en este pequeño volumen.
“¿Cuántos eres: uno o muchos?”, pregunta un personaje de Joseph Roth. Quien lee es muchos; quien no lo hace sólo es uno. Silenciar el miedo representa un encuentro con los muchos. Sus sobrias glosas descansan en un método recomendado por los latinos: si breve, dos veces bueno. La cortedad como otra forma de la profundidad. O las alegorías de un amor desinteresado.
En las páginas de estos textos asoman recuerdos de la formación universitaria, años que forjarán el gusto, el saber y la amistad a partir de complicidades literarias, vínculos indisolubles. Y una nutrida nómina de autores, un abundante bosque de voces irradiantes y de obras icásticas, inolvidables.
Ana Clavel y Darío Galicia, condiscípulos; Juan García Ponce, maestro de Lugo, quien fue su orgulloso escribiente; Hernán Lara Zavala desde su guía hedónica; Mario Vargas Llosa, deudor de Flaubert y Víctor Hugo; Tomás Segovia y la generación del 27; Álvaro Mutis vinculado con Rabelais y Montaigne; Jorge Luis Borges parafraseado a partir de sus tantos dones; José Emilio Pacheco en diálogo lírico con un poema emblemático que se duele de la patria mancillada; Marguerite Yourcenar, Señora de las Letras del autor frecuentada admirativas veces; Franz Kafka y Marcel Proust desde el signo de Cáncer; Émile Zola entre el arte y la justicia; Muriel Barbery en tres novelas; Charles Baudelaire poeta y Enrique Metinides fotógrafo de nota roja; Annie Hernaux y su crudeza expresiva; Murasaki Shikibu, la Proust del Japón feudal; Ryonosuke Akutagawa al lado de Yukio Mishima; Kensaburo Ôe y Akira Kurosawa; Karen Blixen, Carson McCullers y Marylin Monroe, un trío de reinas; Veza y Elías Canetti, pareja desfavorecida matrimonialmente pero literariamente no; o cinco mujeres artistas y desobedientes: Madame de Lafayette, Kinuyu Tanaka, Marguerite Duras, Marguerite Yourcenar, Francoise Gilot. Y tantos autores más.
Además de ello, derivaciones temáticas de esa forma más alta de la inteligencia que alcanza la escritura, los vasos comunicantes de estas notas de literatura comparada construyen una hermenéutica literaria de la levedad y la alusión. Pensar es agradecer, a-sombrarse del misterio de lo existente en lo visible, en el reverso de lo aparente y en el lenguaje como su vehículo. José Antonio Lugo reflexiona sobre el poder perdido de la imaginación, la existencia empírica de lo que se percibe, el derecho a la libre expresión, las nuevas amenazas de la irracionalidad, la esquizofrenia, las realidades alternativas, la perfección si la hubiera, los afeites políticamente correctos de la novela, la cultura de la cancelación o la amenaza de la inteligencia artificial, entre otros tópicos de la época. El destino de los libros, la quema de las bibliotecas, el mundo de las erratas librescas, el arte del taichi, el helenismo o la coronación de los reyes en la sociedad del espectáculo, a la manera de un retrato contemporáneo trazado en escorzo desde zonas vitales de la cultura.
Pequeño cofre de sorpresas, canto literario de horizontes encabalgados o fábulas de lo real sorpresivo, José Antonio Lugo, ese autor/lector que en sus frecuentaciones literarias ha sido tantos y tantas, despliega aquí una forma cuya concisión deslumbra, pone en curso un método operativo que hace de estas prosas en primera persona experiencias orgánicas, una entrega estética sin condiciones como parte necesaria de la victoria sobre el temor: amor incondicional, generoso y festivo sobre la grandeza de la escritura, sobre los inagotables modos del ser y sus incontables formas expresivas.
Prólogo, antesala, preámbulo. Un libro como este no lo requiere. Más bien exige una fenomenología directa: ir a las cosas mismas. Entrar a su lectura, perderse entre sus autores, encontrarse ya distinto en su multiplicidad.
Leer nos hace humanos. Silenciar el miedo nos humaniza.
Silenciar el miedo. Ensayos literarios (El tapiz del unicornio, México 2025) de José Antonio Lugo, será presentado este martes 17 de febrero a las 19:00 horas en la librería Octavio Paz del Fondo de Cultura (Miguel Ángel de Quevedo 115, Chimalistac, Álvaro Obregón, CDMX), con la participación de Aída Lara Zavala, Andrés Ordóñez, Tae Solana y el autor.


Deja un comentario