Administración de los males públicos
Jorge Pech Casanova
El diario Washington Post se regodeaba de haber expuesto la corrupción de Richard Nixon y contribuido a la caída del ex presidente en 1974. Janet Cooke consiguió en 1980 que el Post la incluyera en su equipo. Le asignaron como editora a Vivian Aplin-Brownlee y comenzó a destacar como reportera prolífica y tenaz, con 52 artículos publicados en ocho meses de trabajo. Su editora dijo de Cooke que “la consumía una ciega y cruda ambición”.
En septiembre de 1980 Cooke presentó un reportaje titulado “El mundo de Jimmy”. En él describió a un niño de ocho años de edad adicto a la heroína por culpa de su padrastro Ron. Cooke escribió haber presenciado cómo Ron, traficante de drogas, inyectaba al niño.
La reportera inclusive adujo declaraciones de Jimmy cuya sagacidad era inverosímil, viniendo de un niño drogado: “… presto mucha atención a la clase de matemáticas porque me permitirá mantenerme cuando tenga algo que vender. Se puede usar esas habilidades en este tipo de negocio. Siempre habrá trabajo, formas de hacer dinero para hacer lo que quiera. Vender lo que la gente quiere comprar”.
Eugene L. Meyer era reportero en el Post cuando se publicó el “reportaje”: en un artículo al respecto, describe a Cooke como si fuera la mujer fatal de una novela: “bella reportera negra que podía escribir como seda y mentir con la misma tersura. Cooke mintió sobre su educación, sobre sus credenciales, sus antecedentes. Era, en breve, una mentirosa serial”.
El famoso Bob Woodward, uno de los descubridores del caso Watergate, era editor de la revista Metro, perteneciente al Post. Admitió el reportaje de Cooke aunque otro periodista afroamericano, Courtland Milloy, le expresó dudas sobre la historia. Un argumento desoído fue: ¿Qué persona permitiría que un periodista presencie cómo se inyecta droga a un niño?
El 28 de septiembre de 1980 el Post publicó en primera plana “El mundo de Jimmy” firmado por Janet Cooke: “Es un niño de ocho años, adicto a la heroína. Un niño precoz, con pelo abundante, ojos aterciopelados y con marcas de agujeros en sus delgados brazos. Es adicto desde los cinco años. Aun así, hay una expresión angelical en su cara redonda y pequeña cuando habla acerca de su vida: ropa, dinero, los Orioles de Baltimore y la heroína. El mundo de Jimmy son las drogas pesadas y el dinero fácil. Él cree en esa vida. Todos los días, los drogadictos le compran heroína a Ron, el amante de la mamá de Jimmy, en la sala de su casa”.
La historia de Jimmy causó indignación colectiva. El alcalde de Washington, Marion Barry, ofreció buscar al niño para tratarlo de la adicción. Nunca lo halló. Nancy Reagan, esposa del candidato presidencial, dijo que el abuso que sufría el niño era una tragedia. Al año siguiente, Ronald Reagan emprendió una guerra contra las drogas utilizando el “reportaje” de Cooke como justificación.
El 13 de abril de 1981 el premio Pulitzer le fue conferido a Janet Leslie Cooke por “El mundo de Jimmy”. La reportera fue celebrada por el Post con una fotografía en primera plana. Sus ex compañeros del periódico Toledo Blade leyeron con asombro lo que el Post presumió: “Graduada en la Universidad de Toledo, con maestría en Vassar College. Domina el francés, el español, el italiano y el portugués”. Llamaron al Post para informar que eso era falso. Más alertas por falsedades de Cooke llegaron al Post. El 14 de abril de 1981 Ben Bradlee interrogó a la reportera sobre las acusaciones. Lo hizo en francés y comprobó que Cooke apenas podía hablar ese idioma.
Bradlee llamó entonces a Bob Woodward, a Tom Wilkinson y a David Maraniss para confrontar a Cooke en una sala de reuniones del diario. Durante horas Janet negó que su texto fuese falso. Al fin, al quedar a solas con Maraniss por la noche, la premiada admitió que había inventado a Jimmy “porque le exigieron una historia sobre niños adictos”.
El 15 de abril Bradlee anunció a sus colaboradores que el Post devolvía el premio Pulitzer. Ese galardón lo recibió finalmente Teresa Carpenter, por su investigación sobre cómo Paul Snider se suicidó con una escopeta después de torturar y asesinar por celos a su esposa Dorothy Stratten, modelo de la revista Play-Boy.
La autora de “El mundo de Jimmy”, Janet Leslie Cooke, nació en 1954 en un hogar afroamericano en Toledo, Ohio. Cuenta que se volvió una mentirosa a causa de su dominante padre y de las presiones que sufrió en las escuelas “de blancos” en las que hizo sus estudios básicos. Más tarde trató de ingresar al prestigioso Vassar College, pero sólo pudo hallar sitio en la Universidad de Toledo. En 1977 comenzó a trabajar en el diario Toledo Blade y dos años después consiguió empleo en el Washington Post.
Janet Cooke fue despedida del Post en 1981, se casó con un diplomático, se divorció en la década de 1990 y dijo que eso la empobreció. En 1996 esperaba ganar dinero con una película sobre su vida, pero el guion que Mike Sager hizo con su historia no se filmó, aunque lo vendieron por un millón 600 mil dólares. Sager informó entonces que Cooke vivía dedicada a una profesión “que no involucra primariamente la escritura”.
En 2015 Shantall Marshall, del periódico universitario The Impact, informó que Cooke vivía en Kalamazoo, Michigan, donde era empleada de ventas en una tienda de ropa. Marshall también recordó que a Phil Donahue Cooke le dijo en una entrevista que la culpa de sus mentiras la tuvo el éxito de Woodward y Bernstein al indagar el caso Watergate.
En 2023, Joe Buccino, del D C Journal, escribió que el artículo de Cooke apareció cuando el país comenzaba a darse cuenta del problema con que la heroína y la cocaína plagaban a sus ciudades, revelando “la dura verdad de la exposición de los niños a las drogas”.
Buccino, al repasar las lecciones del caso Cooke, señala que debemos examinar cuando reporteros y editores caen en errores. “En el tiempo en que cualquiera con una cuenta en redes sociales es considerado periodista, es de importancia crítica que los diarios sostengan firmes estándares editoriales. También es de importancia crítica que, como consumidores de sus productos, llamemos a cuentas a editores y reporteros”.
La sociedad actual no ha llamado a cuentas al dos veces ganador del Premio Pulitzer Tim Golden por su artículo del 31 de enero de este año titulado “¿Entregaron los narcotraficantes millones de dólares a la primera campaña del presidente mexicano López Obrador?”
El argumento de Golden para acusar a López Obrador fueron las declaraciones de un falsario a la Drug Enforcement Agency (DEA) y que el gobierno actual de México “detuvo a [el ex procurador Jesús] Murillo Karam acusándolo de haber ayudado a encubrir en 2014 las desapariciones de 43 estudiantes en el estado de Guerrero. Meses más tarde, el gobierno anunció que el ex fiscal general también iba a enfrentar cargos por corrupción relacionados con más de $1.3 millones en ingresos escondidos y contratos ilícitos de los cuales supuestamente se había beneficiado durante su mandato”.
En resumen, el dos veces Premio Pulitzer señala a López Obrador por llevar a proceso al emisor de la duramente cuestionada “verdad histórica” sobre los 43 estudiantes normalistas desaparecidos en Iguala. ¿Quién llamará a cuentas a Golden por su texto tan deficiente sobre el problema del narcotráfico y sus aliados políticos en México?

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