La derrota victoriosa: la correspondencia de Flaubert

El laberinto del mundo

José Antonio Lugo

Seguimos revisando la correspondencia de Flaubert. Nos encontramos ahora en el tomo VIII (suplemento 1872-junio de 1877), en una edición de 1954 recuperada clasificada y anotada por René Dumesnil -musicólogo y autor de una de las primeras biografías de Flaubert, junto con René Descharmes-. Esta recopilación se superpone y complementa la edición Conard, publicada en vida de la sobrina del gran escritor. Ante la muerte de sus pares, la correspondencia se resiente y nos encontramos con un sinnúmero de cartas sin ningún valor literario ni personal, que sin embargo reflejan el ánimo sombrío del gran escritor, ese viejo tronco aún erguido.  

     A Madame Brainne, 21 de abril de 1872 (poco después de la muerte de su madre): «¿Cómo voy a soportar la soledad absoluta?». 

     A Monsieur Chautard, 19 de mayo de 1872, alcalde de Vendôme: «Me siento halagado por el honor con que me distingue al invitarme a la inauguración de la estatua de Ronsard (el gran poeta francés del siglo XVI). Acepto. Estaré con ustedes, aunque sea para ver una ciudad que todavía respeta la Literatura».

     A Turguéniev, noviembre de 1872: «Mi mal, me temo, es incurable. Además de mis causas personales de disgusto, el estado de la sociedad me abruma y la estupidez pública me ahoga. Se me ha reprochado vivir en una torre de marfil, pero una marea de mierda derribará los muros».

     Septiembre de 1874: «Recupero la confianza en Bouvard y Pécuchet. Va mejor. Creo haber encontratado el tono. Pronto terminaré el primer capítulo».

     21 de octubre de 1875: «A pesar de mis resoluciones y de mis esfuerzos inauditos de voluntad, no avanzo. Tengo recaídas de abatimiento y accesos de fatiga donde siento que voy a reventar. Es la digestión de todos los golpes amargos que me he tragado desde hace seis meses». 

     A Madame Brainne, diciembre de 1875: «A pesar de mi amor por «Padre Hugo» (Victor Hugo), aplazo cada día volver a verlo; su obsesión política me enferma».

     9 de diciembre de 1875: «El 12 de este mes, en tres días, ¡tendré 54 años! Tema de ensoñación».

     A Anatole France (futuro Premio Nobel de Literatura 1912): «Le agradezco sus Noches corintias. Me gustaron mucho. Admiro cómo pudo apropiarse de una idea donde el gran Goethe dejó su huella».

     A Raoul Duval: «Con su permiso, le presento a mi amigo Guy de Maupassant. Espero que usted lo admita en su periódico como crítico literario (para reseñas de libros y de puestas en escena). El hombre que le recomiendo es sin duda un poeta y creo que tendrá un gran futuro literario. Pruébelo. Quedaré obligado».

     A Maxime du Camp (su gran amigo de la infancia, a quien, junto con Louis Bouilhet, les leyó la primera versión de La tentación de San Antonio. Lo criticaron sin piedad y le pidieron que escribiera sobre algo real. Así nació Madame Bovary): 3 de marzo de 1877: «Terminé mi triste trabajo. Toda nuestra juventud desfiló delante de mi. Sólo me quedé con algunas cartas (decidieron, Du Camp y él, quemar su correspondencia entre ellos) para releerlas o porque puedo utilizarlas como documento. ¡Qué encantador eras! ¡Cómo nos queríamos!

     A Madame Brainne, 3 de marzo de 1877: «La semana pasada ha estado ocupada por una tarea siniestra. De común acuerdo con Du Camp (la idea fue de él) quemamos todas las cartas para que ellas no estén, en el futuro, ligadas al «On» (nosotros). ¡Qué exhumación! ¡He vuelto a ver toda mi juventud! !He reído a carcajadas dos o tres veces, llorado y suspirado también! ¡No importa! Le aseguro que eramos bien agradables y que teníamos un noble carácter en esta correspondencia que va de 1843 a 1857″. 

     A Maxime du Camp, abril-mayo de 1877: «¿Tienes la Anatomía descriptiva de Cloquet, con el Atlas? Busco actualmente las tonterías de la medicina». 

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