“El crimen, señaló Anton, planteaba lo que el propio Culianu llamaría un mysterium. Y desde las artes mágicas que estudió toda su vida traspasó el límite entre el juego y la realidad. Aunque él jugara sus asesinos no”.
“El crimen, señaló Anton, planteaba lo que el propio Culianu llamaría un mysterium. Y desde las artes mágicas que estudió toda su vida traspasó el límite entre el juego y la realidad. Aunque él jugara sus asesinos no”.