“La esquizofrenia que trastorna a la oposición estrepitosamente vencida, le hace creer que está autorizada a objetar la realidad. Esa escisión imaginaria debe cesar. No es sano para la oposición aferrarse a mentiras, como tampoco es sano para la sociedad en su conjunto que uno de sus sectores niegue las evidencias por las cuales la sociedad decidió quién gobernará la nación”.
