El fenómeno “ecguis”

Falsedad tras falsedad, el “fenómeno ecguis” se refrenda como otros “fenómenos” de viejas y actuales campañas electorales. Por ejemplo, el priista Ernesto Zedillo, quien ---al sustituir al asesinado candidato presidencial Colosio---, hizo campaña con la historia de que logró doctorarse en Harvard tras bolear zapatos en su niñez”.

Un apunte sobre Casa Medusa

“Por fin, dice el narrador, al abuelo Mateo le llegó la muerte como una noche fresca: ‘Sobrevino cuando estaba solo […] su conciencia se desprendió del cuerpo y ascendió por una espiral luminosa mediante el cuerpo inmaterial que ahora poseía’ ”.

Lagos de Moreno: semiótica del crimen

“Cuando un orden civilizatorio se desploma y el nuevo que lo reemplazará no ha surgido, son los pequeños formatos donde se encontrarán las soluciones. Familias, escuelas, iglesias, clubes, organizaciones civiles y cualquier instancia de reflexión comprometida deben enfrentarse al miedo, a la resignación civil, a la parálisis social, a la inoperancia del Estado y los partidos políticos”.

El sur también egsiste

“Ahora, la senadora que comenzó su fortuna vendiendo 600 gelatinas al día cuando aún no cumplía trece años de edad, según sus alegres cuentas, se permite traer a la memoria ese abuso empresarial cometido por un individuo actualmente buscado por pedofilia, que en 2002 recibió por órdenes de Vicente Fox un “incentivo” de 27 millones de pesos para una maquiladora que cerró cinco años después de su apertura”.

 El incesante Borges

“Pero el poema es inagotable, como usted mismo, Borges, cuyo nombre, a diferencia de aquel del sevillano de la epístola moral, jamás hemos ignorado. Abandonado de mí, acomodado en nada, vuelvo a ser alguien y dejo de ser algo cuando lo frecuento a usted, el sabio que mi necedad nunca ha negado, el mejor artífice y uno su permanente aprendiz”.

Senegal y Nigeria: a la búsqueda de la identidad

“La lectura de los dos, Mohammed Mbougar Saar y Chimamanda Ngozi Adichie, nos permite alejarnos de las figuras totémicas –el poeta senegalés Leopold Sédar Senghor y el Premio Nobel nigeriano Wole Soyinka—para acercarnos al África de hoy, a través de dos escritores jóvenes y brillantes. Habrá que esperar sus nuevos libros. Empezaron muy bien, los dos”.

Una tumba en cualquier cementerio respetable

“Cuando el jefe criminal se volvió hacia la puerta cargando el botín, el sexagenario financiero oculto en la bóveda disparó sin saber si acertaría. La bala del .38 atravesó la espina de Starr. Los otros salteadores aullaron con pánico e ira. Uno de ellos dirigió su revólver al cajero, pero su cabecilla ordenó desde el suelo ---¡No maten a nadie, sólo salgan de aquí”.

Bradbury y el zen

“El no pensar, tercera viga maestra de la creatividad, se entiende como la ausencia de artificio: ‘Llegará el día en que los personajes escribirán los cuentos’. Citando a Schiller, Bradbury resume este logro como el retiro estético de ‘los guardianes de las puertas de la inteligencia’, la sabiduría del escritor que conoce y deja actuar a su inconsciente”.

La alquitara pensativa

“A la manera de Carvaggio, Cervantes, Góngora y Quevedo definen sus propias personas con un buen humor sabio. El primero de ellos, el italiano, se captó en su juventud, cuando la pobreza había estado a punto de frustrar su prodigiosa carrera; los demás, cuando venían de conocer el azar y la fortuna, la pasión y el desafecto”.

La violencia para “educar”

“La destrucción de libros a que convoca el líder panista no puede más que conducir a la agresión contra personas que defienden la convivencia pacífica. Baste recordar las quemas de libros organizadas por los nazis, que preludiaron la incineración de seres humanos en campos de exterminio, o la Revolución Cultural china que condujo a la represión contra profesores y autores”.

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