El cocodrilo embalsamado de Flaubert 

“En su correspondencia, Flaubert escribió: “Sólo soy un lagarto de la literatura, acostado todo el día bajo el sol de lo bello”. Y en su bellísimo cuento “Un corazón simple”, Felícitas, una criada, manda disecar a su loro y al final, lo dona al altar cuando ya se acerca su muerte”.

La crítica de los muertos

“Viendo el nivel analítico de quienes hacen del odio y el desprecio ‘argumentos’, no puedo sino añorar la época de Frida Kahlo, cuando la izquierda abundó en mentes y talentos deslumbrantes, mientras que la derecha tuvo pensadores tan inteligentes y acuciosos como el escritor Jorge Cuesta, los eruditos sacerdotes Alfonso y Gabriel Méndez Plancarte, el digno abogado Alberto Vázquez del Mercado y aun el no siempre racional José Vasconcelos”.

Diario de Gaza III

"Los palestinos no son gente. El genocida se apropia de los bienes de sus víctimas. Las atrocidades que los judíos sufrieron a manos de los nazis, ahora las aplican a los palestinos. Su espantosa historia fue una lección demoniaca: hazles a otros más de lo que te hicieron a ti.".

Lo que se lee al final 

“Madame Bovary no fue la única novela de Flaubert, aunque sí la mejor. Su siguiente obra maestra fue La educación sentimental, una historia de amor entre un joven venido de provincia y su amante casada, quien, cuando se despiden porque ella regresará con su marido y él, que ha crecido sentimentalmente ya no la verá más, dice una frase que condensa la melancolía flaubertiana: ‘Hubiera querido hacerle feliz’”.

Dibujar a la pantera rosa

“Al final, las obras humanas son superadas por la naturaleza o lo sagrado. Aunque las desmesuras y excesos me atribulan a veces, siempre recuerdo la historia que cuenta J. R. R. Tolkien en Hoja de Niggle, sobre un pintor que nunca logró terminar un cuadro con un árbol que imaginaba, y al fin, en un territorio misterioso, halló aquel árbol pletórico de follaje”.

Devueltos al imperio

“A pesar de todo, El imperio perdido es un libro solar, de mediodía. Es cierto que todos sus desenlaces son tristes y que la tristeza es crepuscular, que sus páginas condensan una época malograda, la bitácora de preliminares históricos aciagos, la suma de destinos vueltos a la nada. Pero este libro es luminoso porque recuerda”.

Tolerancia, intolerancia 

“Hoy, opinar es peligroso. Lo saben en nuestro país los cientos de periodistas asesinados durante los últimos años. Pero se está volviendo peligroso opinar desde el aula, desde un medio de comunicación impreso o electrónico, desde las redes sociales. ¿Debemos autocensurarnos y callar ante la violencia, la ignorancia y el fanatismo?

A salvo en casa

“De su papá no salió palabra. Por un instante, Gaby sintió que nada se movía. El señor se alejó con pasos gigantes. Gaby dejó los brazos de su nana para entrar a la habitación materna. Vio con repulsión la caja de dátiles abandonada sobre el buró. Sin mirarla, se recostó al lado de su madre que dormía con languidez”.

Tres cuentistas navideños

“El título ‘Un cuento de navidad’ suele remitirnos a la narración de Dickens sobre el avaro Scrooge y los fantasmas que consiguen transformar al mezquino protagonista en vetusto filántropo. No solemos pensar en el autor del apólogo, Charles Dickens, extraordinario novelista, compasivo observador de la sociedad decimonónica y sus atroces contrastes”.

Donde radica el sentido

“Detrás del entretenimiento, un estado hegemónicamente impuesto en estos días terminales, se oculta la distracción, cuyo significado semántico alude a la división en múltiples vías, a la pérdida del centro, a la dispersión de la conciencia, a su confusión. Toda neurosis es una disolución del sentido. Toda neurosis es una desatención”.

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