Una tumba en cualquier cementerio respetable

“Cuando el jefe criminal se volvió hacia la puerta cargando el botín, el sexagenario financiero oculto en la bóveda disparó sin saber si acertaría. La bala del .38 atravesó la espina de Starr. Los otros salteadores aullaron con pánico e ira. Uno de ellos dirigió su revólver al cajero, pero su cabecilla ordenó desde el suelo ---¡No maten a nadie, sólo salgan de aquí”.

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