La correspondencia de Flaubert (1873-1876) 

“A Guy de Maupassant, 25 de octubre de 1876: ‘En tu artículo, querido amigo, me has tratado con una ternura filial’. Guy había escrito: Flaubert maneja el Talmud como un rabino, los Evangelios como un sacerdote, la Biblia como un protestante, el Corán como un derviche”.

La correspondencia de Flaubert (1862-1868)

“He sido remero en el Nilo, conductor en Roma en los tiempos de las guerras púnicas, retórico griego en Suburre, donde me devoraban las chinches. Morí, en la cruzada, por haber comido demasiadas uvas en la playa de Siria. Fui pirata y monje, saltimbanqui y cochero. Quizá emperador de Oriente, también”. Gustave Flaubert.

Gustave Flaubert y Louise Colet

“Al besarme toda entera, tus ojos me fascinan con sus destellos. Dos lenguas en la misma boca, fundidas en un mismo beso. Unidos nuestros cuerpos sacuden el lecho con sus fogosos escarceos. Yo me abandono, feliz y orgullosa. Y mi carne brinca bajo tu carne”. Louise Colet a Flaubert.

El cocodrilo embalsamado de Flaubert 

“En su correspondencia, Flaubert escribió: “Sólo soy un lagarto de la literatura, acostado todo el día bajo el sol de lo bello”. Y en su bellísimo cuento “Un corazón simple”, Felícitas, una criada, manda disecar a su loro y al final, lo dona al altar cuando ya se acerca su muerte”.

Lo que se lee al final 

“Madame Bovary no fue la única novela de Flaubert, aunque sí la mejor. Su siguiente obra maestra fue La educación sentimental, una historia de amor entre un joven venido de provincia y su amante casada, quien, cuando se despiden porque ella regresará con su marido y él, que ha crecido sentimentalmente ya no la verá más, dice una frase que condensa la melancolía flaubertiana: ‘Hubiera querido hacerle feliz’”.

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