El emperador Hirohito, antes del final de la Segunda Guerra Mundial, enviaba a los jóvenes japoneses al suicidio en aviones kamikaze. Para cualquiera de esos jóvenes, esa muerte era un honor, porque lo era servir al Emperador. Pero el máximo líder acepta, al rendirse Japón, que no es un Dios. Mishima lo vive como una traición infinita. Tratando de recuperar las raíces pérdidas de la tradición nipona, crea un grupo paramilitar, el Takenokai. El 25 de noviembre de 1970 toman el Palacio, apresan al general y Mishima lanza un discurso a la multitud reunida. No lo escuchan por el ruido de los helicópteros. Entra y comete seppuku; su discípulo Morita erra el golpe definitivo en el cuello. Tiene que ser Hiroyasu Koga el que termine el trabajo. Ese mismo día, en la mañana, Mishima había mandado a su editor el último tomo de su tetralogía El mar de la tranquilidad.
Primera persona
“Yo digo agua y los demás escuchan hielo. Yo digo hielo y nadie me hace caso. Yo creo que mi sexo es un cordón de plata que se enreda en las trampas del deseo. Yo sé que muy temprano empecé a preguntar el nombre de las cosas y que entonces mi madre dejó de llevarme con ella los luminosos sábados al mercado”.
Maten al maestro
“Lo pequeño siempre tiene que ver con lo grande. Así que este hombre entendió el alcance del impertinente y atrevido mensajero. Su parte budiátrica le dio las gracias en su fuero interno y rechazó el profesoral escarmiento de disminuirle la calificación”.
Flaubert y su metaliteratura
“Madame Arnoux le dice a Fréderick: ‘Hubiera querido hacerlo feliz’. En ese tiempo verbal, el ‘hubiera querido’, se resume toda la melancolía de Flaubert, quien en una carta le dirá a Louise Colet: ‘Sólo soy un lagarto de la literatura, acostado todo el día bajo el sol de lo bello’.”
La muerte del tiempo
“La poshistoria implantada por el capitalismo salvaje ha confiscado el tiempo, entendido éste como una sucesión de intervalos, de lapsos y ritmos, días y noches, ausencias y presencias, interrupciones y continuidades. Ahora es un presente siempre igual que nunca cesa”.
Cuatro poemas
Estos poemas (menos “La alegría”) pertenecen al libro Lunática / Moonstroke, que aparecerá próximamente, en traducción de Arthur Gatti y Roberto Mendoza Ayala, en la editorial Dark Light Publishing, New York/México.
Doce escenarios
Entre ominosos epígrafes de varios autores (“Es fácil imaginar el pensamiento humano liberado de las ataduras de un cuerpo mental”; “Yo, por mi parte, doy la bienvenida a nuestros nuevos amos computarizados”; “Los humanos serán tan irrelevantes como las cucarachas”), el físico Max Tegmark vislumbra inquietantes y muy cercanos escenarios ante el desarrollo de la Inteligencia Artificial.
Sobre el placer perverso de la anfitrionía
En un mundo que pone la corrección política como valor supremo, olvidando que el arte siempre ha sido transgresor y que busca, como afirma Paul Klee, “hacer visible”, debemos leer a estos autores desde el pensamiento y desde la escritura. Un mexicano, un francés, un japonés, aparentemente alejados y sin embargo tan cercano.
Rita epifánica
“Nuestro vicio eran las epifanías, que a diario, después de las dos, cruzaban por las caricias obscenas de nuestras manos inmóviles, imaginarias, entrenadas para no saber cómo se desabrochaba una blusa de secundaria, cómo se daba un beso donde el alma se hiciera líquida, cómo se abrían las cerraduras del altar mayor”.
Salmos ante un auditorio vacío
Una atmósfera de coliseo, convertida en carpa mediática de la sociedad del espectáculo y el entre-tenimiento. Una gradual y creciente sumisión del pensar ante la fe y la autoridad, el miedo y la incertidumbre, ante el estado de contingencia en que se vive la vida. Una sustitución generalizada del conocimiento por la creencia (no es casual que se diga “yo siento” en lugar de “yo pienso”.
