Virgilio y Hermann Broch

El laberinto del mundo

José Antonio Lugo

  1. La Eneida 

Piedra fundadora de la literatura latina, esta obra, combinación de la Ilíada y la Odisea, narra las visicitudes de Eneas, desde las tribulaciones de su viaje que recuerda al de Odiseo hasta su llegada a las inmediaciones del río Tíber, donde, en lugar de una cruenta guerra con el rey Latino, sellan un pacto, que da origen a la Roma inmortal. “Entonces Eneas piadoso reza de este modo con la espada enhiesta: ‘Sé ahora, Sol, mi testigo en esta invocación junto con la tierra por la que soportar he podido tantas fatigas. Los Enéadas no desafiarán estos reinos con la espada’”.

Entre las vicisitudes tiene lugar la pérdida de Palinuro, el piloto de la nave de Eneas -que muchos siglos después será el personaje principal de la novela de Fernando del Paso Palinuro de México-. La Eneida tiene casi 10 mil versos y está dividida en dos mitades, la del viaje y la del desembarco de Eneas en el espacio geográfico donde sentará una nueva estirpe, los latinos/romanos, creando así un mito fundacional. La influencia de esta obra llevó a Dante Alighieri a convertir a Virgilio en su guía por el Infierno y el Purgatorio. Se dice que al final de su vida quiso quemar su obra maestra. 

  1. Hermann Broch (1886-1951) 

Novelista austriaco, se exilió hasta el fin de su vida en los Estados Unidos -igual que Sándor Márai, el escritor húngaro-. Allí escribió una de sus obras más importantes, La muerte de Virgilio, que narra el intento de Virgilio por destruir la Eneida y cómo el emperador le hace ver que esa obra inmortal ya no le pertenece.

El gran crítico literario Juan García Ponce, en su ensayo sobre Broch incluido en su libro Entrada en Materia (UNAM, 1982) junta bajo un mismo paraguas a tres escritores: Robert Musil, Franz Kafka y Hermann Broch. “Como artista, su posición no es distinta a la de Kafka o Musil. Como el de ellos, el arte de Broch es esencialmente problemático. Es antes que nada un novelista en crisis. Toda su obra está atravesada por el reconocimiento de que en su tiempo, como él mismo lo definía, todavía no se abandonan los viejos valores que han perdido su validez y han dejado de funcionar en un sentido vital, ni se encuentran aquellos capaces de sustituirlos, dándole una nueva dirección a la vida. Dentro de esta situación su obra ejerce conscientemente la función de un puente mediante el cual el autor espera trascender esta situación por medio de la palabra”. 

  1. La muerte de Virgilio

En esta obra mayúscula, Virgilio desea quemar su obra por considerar que no vale la pena, que es un intento fallido. Un intento fallido -diría yo- por alcanzar el absoluto. Ya lo dijo Musil en su Diario “El absoluto no puede conservarse”. El Emperador no deja que lo haga. La Eneida permanecerá por los siglos de los siglos. Sin embargo, para su autor el lenguaje -el instrumento que tenemos para al mismo tiempo crear y asir la realidad – es insuficiente.

Los límites del lenguaje es un tema que preocupaba a Heidegger y a Wittgenstein. También al budismo zen. El lenguaje no es la realidad, aunque intenta representar esa realidad. Pero se queda corto. Y, sin embargo, es lo que tenemos. 

  1. El final de la novela. 

“El universo se disipaba ante la palabra, disuelto y superado en la palabra, mas conservado y contenido en ella, aniquilado y creado de nuevo para siempre, porque nada se había perdido, porque el fin se unía al principio, renacido, volviendo a procrear; la palabra se cernía sobre el universo, se cernía sobre la nada, flotaba más allá de lo expresable y lo inexpresable, y él, sobrecogido por la palabra y rodeado por su rumor, se cernía con la palabra; no obstante, cuanto más le envolvía, cuanto más penetraba él en ese mar de sonido y era penetrado por él, tanto más inaccesible y grande, tanto más pesado e inaprensible se tornaba la palabra, un mar cerniéndose, un fuego cerniéndose, pesado como el mar y leve como el mar, sin dejar por ello de seguir siendo palabra: no pudo retenerlo y no debía hacerlo; para él era inconcebiblemente inefable, pues estaba más allá del lenguaje”.

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Bajo el volcán, de Malcolm Lowry y A la búsqueda del tiempo perdido, de Marcel Proust son novelas que describen la imposibilidad del amor. La muerte de Virgilio de Hermann Broch describe los límites del lenguaje. Sonoros fracasos, digámoslo así, que dieron origen a obras literarias excelsas, del más alto nivel posible. 

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