Tres miradas y una revaloración: Fernando García Ponce 

El laberinto del mundo

Esteban García Brosseau 

Hace unos días, José Antonio Lugo me contactó para proponerme escribir, junto con Luis Ignacio Sáinz, algunas palabras sobre mi padre, el pintor Fernando García Ponce (1933-1987). 

José Antonio Lugo, escritor, editor, amante y conocedor de la literatura universal, se desempeñó, en su juventud, como secretario particular de mi tío, el novelista y ensayista Juan García Ponce, quien mantuvo una relación muy estrecha con su hermano Fernando. 

Como intelectual muy querido y respetado en el ámbito del arte mexicano, Luis Ignacio Sáinz ha escrito sobre pintores destacados como Manuel Felguérez y Vicente Rojo, quienes fueron muy cercanos a mi padre, tanto a nivel personal como por su fidelidad a la abstracción. 

Fernando García Ponce es uno de los actores más importantes de la pintura mexicana de la segunda mitad del siglo XX y así fue reconocido en vida. Fue el ganador del primer lugar del salón Esso en 1965, -junto con Lilia Carrillo, quien obtuvo entonces el segundo lugar-, lo cual hizo estallar el famoso zafarrancho del Museo de Arte Moderno, en el que se enfrentaron los representantes de la “joven pintura mexicana” con los defensores de la vieja escuela. 

Por circunstancias que no me quedan del todo claras, si bien intuyo muchas de sus causas, entre las cuales la menos misteriosa es que mi padre haya fallecido muy joven y hace ya varias décadas, su nombre, según he podido observar, se omite cada vez más frecuentemente cuando se rinde homenaje a quienes, como él, fueron de los principales introductores de la abstracción en México. 

Esta omisión, relativamente reciente, por lo demás, del nombre de Fernando García Ponce, me parece tan desafortunada como inquietante, sea voluntaria o no.

 Por todo ello, agradezco particularmente a José Antonio y Luis Ignacio este puntual, aunque significativo, ejercicio de memoria, al que me sumo desde el cariño filial.

Esteban García Brosseau es crítico de arte e hijo de Fernando García Ponce. Su libro más reciente es Nagas, naginis y grutescos. Púlpitos barrocos de la India portuguesa como triunfos ibéricos contra la idolatría (siglos XVII a XVIII), Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM, 2019.

Luis Ignacio Sáinz

«El arte es el deseo en bruto».
¿Jean Dubuffet?

Juan García Ponce seduce y tortura a las palabras para crear imágenes dueñas de profundidad conceptual. Fernando García Ponce domeña los objetos para aislar al espacio dotándolo de sentido. Ambos le adosan a sus ejercicios creativos posibles significados y eventuales significantes. Sus caminos se intersectan en el imperio de la forma y su plural. Cada quien, a su modo, como expresara Roger Von Gunten del artista-arquitecto, pero aplicable también al crítico-escritor: “tenía su propio centro de gravedad”. La mirada y la reflexión que detona se erigen en arsenal hermenéutico.

Ávido del mundo, haciendo a un lado el jicarismo, el paisaje bucólico y el ideologismo de la gesta armada de 1910, busca o persigue una versión singular de lo contemporáneo más que de lo moderno. Fatiga el expresionismo abstracto (la Escuela de Nueva York y la galería Art of this Century de Peggy Guggenheim), el informalismo europeo (el grupo Cobra, Art Brut, el colectivo El Paso, el espacialismo), el geometrismo (Gris, Braque y Picasso) y el collage (Schwitters), a ambos lados del Atlántico y quizá escrutando el más nimio gesto del suprematismo y el constructivismo rusos.

Durante su última década de fábrica estética Fernando García Ponce reconcilia imágenes e inscripciones (frases, notas, palabras, signos), trasciende el determinismo del caos propuesto por su hermano como clave exegética para adentrarse en la entropía (del griego “cambio o giro dentro”): desorden y aleatoriedad que remite a la energía no utilizable en un sistema. Semejante refinamiento plástico y visual se sintetiza y condensa a lo largo de su trayectoria alcanzando una economía de lenguaje que tiende a identificar el vacío con el silencio y ambos con la elocuencia que se manifiesta en la fluidez, la persuasión y la irrupción de emociones inteligentes y/o pensamientos sensibles. 

Luis Ignacio Sáinz es crítico de arte. Su libro más reciente es Ensayos en espiral, El tapiz del unicornio, 2024.

José Antonio Lugo

En el libro La aparición de lo invisible, Juan García Ponce escribió sobre su hermano Fernando: “Al buscar la pintura y sólo la pintura Fernando García Ponce encuentra de una manera inevitable que su esencia y la razón de ser de su silencio es material y su sensibilidad de pintor le permite provocar, mediante la maestría, el ritmo secreto que encierra cada una de sus composiciones, de tal modo que cada uno de sus deslumbrantes planos rojos o grises, blancos, amarillos o azules tan aparentemente dejados a su libre arbitrio están en verdad forzados a integrarse de un modo tal que la pintura aparezca en ellos”. 

Por otra parte, en el estupendo libro de María Luisa Borrás Fernando García Ponce (Fomento Cultural Banamex, 1992), Dore Ashton señala en el prólogo: “El elemento trágico, tan presente en sus últimas obras, y que parecía fundamental a su personalidad, prorrumpió ferozmente expresando la pasión, la lucha interna, que habia marcado toda su vida de artista. Y fue precisamente esta pasión inmitigada lo que inspiró a otros y la que puso una nota de brillante intensidad en la historia de la pintura moderna mexicana”.

Es loable que el Estado mexicano, a través del Museo del Palacio de Bellas Artes, recupere, dignifique y valore la obra estética de Lilia Carrillo. Es loable también que instituciones privadas como Fomento Cultural Banamex continúen rescatando y difundiendo la obra de Fernando García Ponce.

García Brosseau, Sáinz Chávez y Lugo consideramos indispensable una profunda revaloración de la obra de Fernando García Ponce. Él y Lilia Carrillo son, quizá, los más puros pintores de la Ruptura, ambos consagrados a la voluntad de la forma que se impuso en sus deslumbrantes cuadros. 

José Antonio Lugo es colaborador habitual de Morfemacero. Su libro más reciente es Silenciar el miedo: ensayos literarios, El tapiz del unicornio, 2025.

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