Administración de los males públicos
Jorge Pech Casanova
Jayson Blair se dedica a trabajar con personas que tienen problemas de salud mental en Virginia del Norte, después de haber sido él mismo un caso de personalidad bipolar mezclado con problemas de alcoholismo y drogas.
Su caso podría merecer una nota en la prensa local, si no fuese porque en 2003 fue el protagonista de un gran escándalo que afectó severamente la reputación del New York Times y obligó a este periódico a publicar un reportaje escrito por siete de sus colaboradores para exhibir a Blair:
“Un reportero del equipo del New York Times cometió frecuentes actos de fraude periodístico cuando cubrió relevantes eventos noticiosos en meses recientes, ha revelado una investigación de periodistas del NYT”, publicó el diario el 11 de mayo de 2003. «Corrigiendo el registro: Reportero del [New York] Times que renunció deja larga pista de engaños», tituló el medio su inconcebible investigación sobre cómo los timó su propio comunicador.
La publicación del NYT expresó que “la muy amplia invención y plagiarismo representa una profunda traición a la confianza y un punto bajo en los 152 años de historia del periódico. El reportero, Jayson Blair, de 27 años, desorientó a los lectores y a colegas del NYT con despachos que simulaba enviar desde Maryland, Texas y otros estados, cuando en realidad lo hacía desde Nueva York. Fabricó declaraciones. Creó escenas. Tomó material de otros periódicos y servicios informativos. Recortó detalles de fotografías para dar la impresión de que estuvo en un lugar donde no estaba, o que se reunió con alguien a quien no trató.”
Al mes de dar a conocer los fraudes informativos de Blair, el editor ejecutivo Howell Raines y el editor gerencial del NYT, Gerald Boyd, renunciaron a sus puestos. El escándalo dejó una profunda herida en la credibilidad del medio.
Boyd aparentemente no sintió remordimiento por lo que hizo en el New York Times. Al año de su renuncia publicó el libro Quemando la casa de mi amo, por el que recibió ciento cincuenta mil dólares. En el libro afirmó que en el NYT no eran inusuales los casos de alcoholismo y drogadicción entre periodistas, como el suyo, e inclusive dijo que el prestigio del medio permitía obtener favores sexuales.
Sin embargo, años después de su escandaloso paso por el diario neoyorquino, Blair contó a estudiantes de periodismo de la Universidad de Duke que su primer “logro” en cuestión de plagios fue una cita sin atribución que tomó de una entrevista de la agencia Associated Press. Estaba seguro de que sus editores lo notarían, pero no lo hicieron. “Una vez que haces algo que cruza cualquier línea ética…, es fácil volver y repetirlo. Bailé alrededor, y crucé y tuve muchos problemas para no volver a hacerlo”, explicó a los universitarios en 2016.
Blair no cree que pueda regresar al periodismo y por eso se dedicó a apoyar a personas con problemas de salud mental. Se declaró arrepentido del daño que hizo a la reputación periodística: “Ya que has hecho algo que lleva a la gente a cuestionar tu sinceridad, tu eficacia en el campo se limita. No tienes derecho a volver”.
Blair trabajó durante cinco años en el New York Times, sin que sus editores detuviesen sus fraudes, pese a que el propio diario reconoció en su reportaje de 2003 que “Varios editores y reporteros expresaron dudas acerca de las habilidades informativas, la madurez y las conductas de Blair, desde que era aprendiz hasta que se volvió reportero de asuntos nacionales. Las advertencias se centraban en los errores en sus artículos”, resaltó el texto.
El diario neoyorquino inclusive reconoció que los errores de Blair se volvieron tan rutinarios, su conducta tan poco profesional, que en abril de 2002 el editor metropolitano Jonathan Landman envió un e-mail a los administradores de edición con dos frases: “Tenemos que impedir que Jayson escriba para el [New York] Times. Justo ahora”. Pero hasta mayo de 2003, Blair continuó publicando en ese medio.
El artículo del NYT contra su ex empleado relata cómo pudo engañar a sus jefes: un teléfono celular registrado en otro estado y una computadora laptop, con la que accedía a bases de datos de otros periódicos, a los cuales robaba información.
En 2003, el diario publicó “varias razones por las que los engaños de Blair permanecieron largo tiempo inadvertidos: una falla de comunicación entre editores en jefe; pocas quejas de los sujetos de sus artículos; su astucia y sus ingeniosos medios para cubrir sus huellas. Sobre todo, que nadie vio en su falta de cuidado una señal de que fuese capaz de cometer fraude sistemático”.
Aunque las mentiras de Jayson Blair debieron dejar una lección permanente en el periódico fundado en 1851, en 2024 el diario sigue publicando textos que provienen de fuentes sumamente dudosas, como la que tituló el 22 de febrero de 2024 “EE. UU. indagó acusaciones de vínculos del narco con aliados del presidente de México”.
La nota firmada por Alan Feuer y Natalie Kitroeff citado a fuentes no autorizadas de la DEA, admitió: “Buena parte de la información recolectada por los funcionarios estadounidenses provino de informantes cuyos testimonios pueden ser difíciles de corroborar y en ocasiones resultan ser incorrectos. Los investigadores de EE. UU. obtuvieron la información mientras seguían las actividades de los cárteles del narcotráfico, y no está claro qué tanto de lo que los informantes les dijeron fue corroborado de manera independiente”.
Un periodista serio de Estados Unidos se hubiese abstenido de publicar algo apoyado sobre bases tan endebles, a menos que fuese un reconocimiento a la ausencia de vínculos del presidente Andrés Manuel López Obrador con el narcotráfico. Pero Feuer y Kitroeff prefirieron presentar su nota de manera tendenciosa e inconsistente. Y sus editores en el New York Times sostienen su endeble alegación, quejándose además porque se hizo público un número telefónico de la empresa editora asignado a Kitroeff.
Dada la intensa campaña pagada por personajes todavía anónimos para colocar en redes sociales el hashtag “NarcopresidenteAMLO”, llama la atención un párrafo de la nota de Feuer y Kitroeff: “Aunque los esfuerzos para indagar a López Obrador ya no están activos, la revelación de que agentes estadounidenses examinaran en secreto denuncias de corrupción contra él y sus ayudantes en sí misma podría ser dañina”.
Dejan la impresión de que el New York Times se suma a la campaña que pretende alterar el proceso electoral en México. Y que la DEA estadounidense trabaja para esa campaña. Algo más grave que las mentiras de Jayson Blair publicadas por el NYT durante al menos cuatro años.

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